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La fuerza del cooperativismo en la provincia

Antonio Lao | 21 de junio de 2017 a las 12:38

Cinco cooperativas de Almería, Unica Group, Vicasol, Murgiverde, Indasol y Nature Choice, figuran entre las veinte primeras del país en exportación. Los datos, recogidos en el informe “El Cooperativismo Agroalimentario Español” del Ministerio de Agricultura revela la fortaleza de una forma de trabajar que ha calado hondo en esta provincia, un modo de hacer pionero y destacado, que se ha convertido en uno de los pilares sobre los que se asienta el sector de las hortalizas de esta tierra.
Almería, pionera en tantas cosas, supo desde el principio de los invernaderos que el futuro estaba fuera de España. Aquellos que avanzaron en el desarrollo de una forma de hacer innovadora y creativa sabían que no sólo la supervivencia estaba fuera, sino que el crecimiento futuro se basaba en la capacidad de abrir nuevos mercados, de mantenerlos y consolidarlos como consumidores de un producto perecedero, pero muy demandado.
Aquellos precursores que dieron los primeros pasos en el enarenado y en el invernado eran conscientes de su debilidad frente a los grandes grupos de comercialización si trabajaban en solitario -la experiencia de la uva de Ohanes estaba reciente-, por lo que avanzaron y consolidaron el cooperativismo como instrumento de defensa de sus intereses, de defensa de sus productos y de parapeto capaz de sostener un mercado amplio, enorme y por descubrir, de millones de consumidores, a los que se abrió esta tierra, en la misma medida que la superficie invernada crecía por la demanda.
No es extraño por tanto que hoy, transcurridos más de 50 años, aquellas formas primitivas de unión, se hayan consolidado en grandes empresas de primer o de segundo grado, capaces de defender y poner en el mercado millones y millones de kilos de hortalizas y recibir por ello, en la mayoría de las ocasiones, precios razonables para sus socios, el primer eslabón de la cadena, que es el agricultor. Con porcentajes que van del 60% al 80% vendido al exterior, el trabajo por hacer es hoy aún ímprobo. Aquellos que piensen que todo está hecho se equivocan. En un mundo global, con competidores duros y preparados, la clave sigue siendo la calidad de aquello que producimos, la apertura de canales de comercialización y, como no, la posibilidad de insistir en la consolidación de la unión con estructuras aún más fuertes.
Es el reto del futuro y será la base sobre la que se trabaje en los próximos años. Aquellos que nos compran son gigantes de la industria a los que debemos hacer frente con empresas y cooperativas fuertes, capaces de hablar de tú a tú, sin complejos. El camino, claro está, está plagado de retos a superar, pero no me cabe la menor duda de que serán sorteados y superados con nota, como lo hemos hecho hasta el día de hoy.

El Corredor Mediterráneo y la posverdad

Antonio Lao | 12 de junio de 2017 a las 19:06

Al director del Washington Post, Martín Baron, le preocupa el crédito que da hoy el público a las falsedades, que se niega a llamar posverdades (o verdades alternativas, como dicen los portavoces de Donald Trump). “Mucha gente no tiene interés en los hechos sino solo en la información, entre comillas, que está de acuerdo con su opinión preexistente. Es una amenaza a la sociedad civil y a la democracia. Es importante que estemos de acuerdo con los hechos, aunque estemos en desacuerdo con su análisis o las soluciones. ¿Cómo va a funcionar una democracia donde no se aceptan los hechos básicos?”. Estoy tan de acuerdo con el director del Post que no he podido resistir la tentación de que mi artículo de esta semana comience con parte de su intervención, -una lección magistral diría yo-, que ofrecía en su última visita a España. Y es que los riesgos de instalarnos en la falsedad, y de tanto repetirla perder la conciencia y creer que se está en lo cierto son tan enormes en el periodismo y sociedad actual, que me producen rubor, inquietud y cierto miedo.
Viene esto a cuento de la última reunión celebrada en Valencia de responsables del Ministerio de Fomento con algunos de los representantes de las comunidades autónomas por las que transcurre el Corredor Mediterráneo. Una reunión importante, sin duda, pero que no deja de ser una más dentro de la política del Ministerio, instaurada por su actual titular, de contar lo que sucede y los pasos que se van dando en la obra. Pues bien. Aquí, en esta tierra nuestra, algunos han querido coger el rábano por las hojas y han intentado hacer de lo secundario lo importante. Aquí se ha buscado hacer noticia la no asistencia del consejero de Fomento de la Junta a la reunión -si hubo un director general-, cuando lo realmente importante son los pasos que el Ministerio de Fomento, el Gobierno de España, está dando para que la gran obra que puede vertebrar el Mediterráneo y este país a lo largo de este siglo, avance con la celeridad que merecemos, sin olvidar que, por ejemplo, en esta provincia los trabajos llevan parados cinco años.
Aquí, de forma torticera y no sin intención, se ha querido culpar a la Junta de Andalucía del desaguisado, cuando ellos no tienen una sola responsabilidad en la ejecución de las obras. Con seguridad los incumplimientos de la administración autónoma con esta tierra son muchos y serios, pero no lo es el retraso del Corredor Mediterráneo. Una falsedad que a base de repetirla se quiere hacer real o la posverdad en la que el presidente norteamericano ha instalado en la Casa Blanca y en su mandato y que unos y otros, los interesados y sus acólitos, tratan de distribuir cual reguero de pólvora para distraer la atención de lo trascendental. ¿Y qué es lo importante aquí? El retraso de las obras del AVE en la provincia, paradas un lustro y que su ejecución corresponde al Gobierno de la Nación. Sin más.

Chiringuitos

Antonio Lao | 5 de junio de 2017 a las 12:35

Acercarse a un chiringuito a tomar una cerveza fresca con una buena tapa de sardinas en bañador, con arena incrustada hasta en el carnet de identidad, en chanclas o descalzo, abrasándote las plantas de los pies, es un clásico sin el que no se entendería un buen día de playa. La importancia de este tipo de establecimientos en la costa española, y en la almeriense en particular, los hace imprescindibles y casi habría que declararlos Bien te Interés Cultural (BICI), algo así como se hizo con Toro de Osborne en las carreteras españolas. Queda clara pues la defensa numantina que hago de los chiringuitos, como elementos imprescindibles de la costa española en verano. Incluso voy un paso más allá. Forman parte de nuestra cultura turístico-gastronómico-veraniega. Si no existieran habría que inventarlos.
Pero dicho esto, vayamos a la polémica generada en la última semana en la capital y Mojácar en torno a estos “templos gastronómicos” del pueblo playero. En Almería, el responsable de Urbanismo, Miguel Ángel Castellón, ha llegado a afirmar que para seguir como están, mejor ninguno. Y no le falta razón. La mayor parte de ellos son una especie de aglomerado de maderas, chapas y otros artilugios, que han ido copando y ocupando la playa a su antojo, con la aquiescencia municipal en la mayoría de las ocasiones, respetando poco o nada los intereses de los bañistas y, ni mucho menos, las servidumbres y zonas de paso. Así pues, parece más que comprensible la necesidad de adaptarlos a los nuevos tiempos, a las nuevas circunstancias, que nos hablan de mejorar, no ya los productos que degustamos en ellos, que también, sino las instalaciones, en la búsqueda de una armonía en diseño acorde con la imagen de modernidad y prosperidad que queremos ofrecer a los que nos visitan.
En Mojácar la situación no es mejor. Con criterio, coherencia y a la búsqueda de armonizar la costa y concluir el Paseo Marítimo, la alcaldesa de la localidad, Rosa María Cano, ha presentado la obra que ejecutará en breve y que viene a dignificar uno de los pueblos más hermosos de la costa española y, -pueden visitarlo-, uno de los más cuidados.
Pues bien. En ese intento se ha encontrado con el rechazo de los propietarios – la mayor parte de ellos ocupan lugares y zonas que no le corresponden- y también la de algunos grupos de la oposición que han visto en la polémica un suculento manjar de votos para próximas citas electorales. No les importa nada que no se respete la Ley de Costas. Les importa un pimiento la imagen turística del municipio y, lo que es peor, se alían con aquellos que tratan de incumplir la ley. No es el camino. La solución pasa por acuerdos entre las partes, ya negociando, y por el escrupuloso respeto a lo que marca la legalidad vigente. Otra cosa es sólo populismo.

Después de las primarias

Antonio Lao | 29 de mayo de 2017 a las 11:07

LA victoria clara de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE tendrá consecuencias. Las llamadas a la unidad de todos y al trabajo en común para alcanzar la presidencia del Gobierno no es más que un deseo de buena voluntad. El camino para lograrlo tendrá múltiples vericuetos, grandes atajos y profundos cambios. El corolario alcanzará en cascada a las distintas federaciones regionales. Pero donde realmente se librará la batalla será en los congresos provinciales, con un horizonte que no irá más allá del verano y en el que unos y otros plantarán sus reales, tratando de sumar para sus líderes. Todos conocen que el camino llega serpenteado de espinas, hasta el punto de que recibirán a los “compañeros” con el cuchillo en la boca. En Almería los resultados de las primarias dejaron una victoria clara para los partidarios de Susana Díaz. Sin embargo, en la capital el triunfo fue para Pedro Sánchez. Su hombre en Almería, el exalcalde de Almería, Fernando Martínez, ha trabajado muy duro en las últimas semanas, en favor de la candidatura pedrista, hasta el punto de que el ya secretario general ha hablado de él en algunos de los mítines de campaña.
Parece, sólo parece, que los tiempos de “calma chicha” que se han vivido hasta ahora, sólo con escarceos leves y de forma interna, han pasado a mejor vida. Comienza una nueva etapa en la que la lucha por el poder provincial en el PSOE de Almería va a ser un hecho y se va a vivir en toda su intensidad en los próximos meses. Una batalla fratricida que volverá a minar a las maltrechas, divididas y heridas huestes del socialismo, troceado, cuarto y mitad, por la batalla nacional de las primarias.
Aquí la la disputa se planteará entre el actual secretario general, José Luis Sánchez Teruel, hombre de Susana en Almería y sus partidarios, frente al pedrismo reforzado y animado que ha encabezado el exalcalde de Almería, Fernando Martínez y el que fuera secretario general, José Antonio (Nono) Amate. Firmado entre las partes un armisticio hace un lustro con la salida de Martín Soler, las llagas vuelven a manar de nuevo, en un partido acostumbrado a las luchas internas siempre, pero que sangra en exceso cuando las discrepancias salen a la calle y forman parte del café de la mañana en el bar o del “chismorreo” vespertino de la merienda.
Flaco favor el que unos y otros van a hacer a un partido centenario, que ha gobernado este país durante 21 años y que ahora trata de sobrevivir a la peor crisis de su historia. Los beneficiados serán, claro está, el PP en el gobierno de la mayoría de las administraciones provinciales (Diputación y casi sesenta ayuntamientos, los más importantes) y las nuevas fuerzas políticas (Podemos y Ciudadanos), ávidos por recoger los restos de un barco que un día fue un trasatlántico y que hoy trata de seguir a flote como barquilla.

Todo se fía a la ‘Marca’

Antonio Lao | 22 de mayo de 2017 a las 11:53

La ‘marca’ es la base sobre la que se asienta el crecimiento de un producto. Si tienes ‘marca’ has ganado gran parte del futuro. Todo se fía a la ‘marca’, como argumento invencible contra cualquier vaivén, tumulto o cambio imprevisto. Sin ‘marca’ todo avance en el desarrollo de una empresa se verá limitado y coartado por la fuerza de aquellos que son más conocidos que tú.
Este quizá sea el resumen, siempre libre, de la conferencia que el presidente de la Confederación Española de Alojamientos Turísticos y Establecimiento Hoteleros de España (CEHAT), Juan Molas, ofrecía en el Foro de Diario de Almería la pasada semana.
Interesante, distentida, argumentada y con criterio. Casi una hora de datos, anécdotas, ejemplos, trufados con premisas incuestionables, para llegar a conclusiones más que evidentes. Siendo consciente del potencial turístico que la provincia de Almería tiene, -innegable por otra parte-, el señor Molas puso sobre la mesa el recorrido de otros destinos, caso de Barcelona o en menor medida Málaga, y como en los últimos años han alcanzado ese nivel de excelencia y conocimiento internacional, como referentes en un mundo global, en lo que lo individual, lo diferente, triunfa necesariamente, si se logran conjugar una serie de parámetros y que confluyan en el vértice de la pirámide.
Ejemplos obvios como el de la coca-cola, capaz de acaparar el mercado hasta el punto que nadie, o casi nadie, pide un refresco de cola, sino la marca en concreto, sirvieron para concienciarnos de la necesidad de trabajar en un proyecto y hacerlo el mejor, el de referencia. Aquí no vale ser segundo, pues siempre serás un perdedor.
Juan Molas no es el primero que postula el valor de la ‘marca’ y su importancia. Ya hace unos años, el ahora presidente de las Cámaras de España y fundador de Freixenet, José Luis Bonet, en el mismo Foro de Diario de Almería, argumentaba en la misma línea. Y es que esta tierra, que hoy vive momentos de bonanza agrícola y turístico, será capaz de mantenerse y crecer en aquello que sabe hacer bien, siempre que lo que producimos se venda bajo el paraguas de una misma marca, amén de contar con la calidad, la selección y el buen hacer del que siempre hemos hecho gala.
Pero la calidad no será suficiente. Porque a ese nivel siempre habrá otro u otros que te pongan en el mercado lo mismo que tu haces, pero mejorado. Por tanto, cuando un comprador de unas vacaciones se acerque al mundo global de internet o a una agencia a adquirir un viaje debe tener claro y grabado a sangre y fuego qué ofrece un destino como el nuestro, qué va a encontrar en nuestras playas o la calidad de los hoteles. Igual ocurre con la agricultura. Huerta y despensa de Europa sí, pero avalados por la imagen, invencible siempre, de una marca de garantía.

#Quiero Corredor

Antonio Lao | 15 de mayo de 2017 a las 12:19

Incontestable. La cita del miércoles pasado en Almería al Encuentro del Corredor Mediterráneo, convocada por los empresarios del Levante español, y que daba continuidad a las celebradas en Tarragona y Murcia, ha supuesto un paso más -no debe ser el último- en la presión que distintos colectivos y sectores sociales, especialmente del mundo de la empresa, ejercen desde hace años, -más acentuada en los últimos meses-, para “convencer” al Gobierno de la necesidad de acometer las obras de un proyecto de comunicaciones básico para del desarrollo de la costa levantina, desde Gerona hasta Huelva. Más de 800 personas, encabezadas por el presidente de Mercadona, Juan Roig o por los empresarios más representativos de la provincia de Almería, demandaron compromisos serios de la administración estatal, en pro de una obra que se nos antoja clave para el presente y devenir futuro de la costa mediterránea.
La tarea es ingente. No va a ser un camino de rosas. Muy al contrario. El trabajo que hay por delante se me antoja de tal magnitud que sólo con constancia, argumentos y presión, se puede lograr un objetivo, no sólo necesario y justificado, sino esencial para entender el desarrollo de una costa preñada de un gran presente y un notable futuro. No se trata de priorizar unas infraestructuras sobre otras, aún siendo consciente de la importancia que tiene e Corredor del Centro para el futuro del país y las tierras por las que atraviesa. Pero dicho esto, es que la demanda mediterránea alcanza unos parámetros y límites muy por encima de cualquier argumento en contra. La costa levantina concentra una gran parte de la población de este país y ha alcanzado grados de desarrollo impensables, incluso sin el apoyo del Estado. ¿Se imaginan dónde estaríamos si nuestra realidad y nuestra proyección hubiera sido entendida y apoyada desde la administración central?
Pues ha llegado el momento de plantarse. De decir basta al olvido secular, al síndrome de esquina o al punto término, para abrazar la idea que el Levante es capaz de crear empleo, sumar Producto Interior Bruto (PIB) y tirar del carro de la economía, incluso en los momentos de crisis. Sentadas las bases y aunadas las voluntades, parece evidente que no es suficiente con los permanentes anuncios de los miembros del Gobierno, ministros y el propio presidente. Las palabras que el viento aleja nada más pronunciarse han de venir acompañadas de hechos tangibles, que en el caso de Almería y su provincia no bastan con la visita del responsable de Fomento, sino con euros contantes y sonantes en los Presupuestos Generales del Estado. Pero mucho me temo que entre catalanes, vascos y canarios y el peaje para aprobar las cuentas, vamos seguir más tiempo del necesario viendo pasar el tren, nunca mejor dicho, pero por otras vías que no son las nuestras.

Ya pasará…

Antonio Lao | 8 de mayo de 2017 a las 11:29

El presidente del Gobierno tiene bien merecida fama de tranquilo, o al menos de cara al exterior no expresa con vehemencia opiniones de las que luego pueda arrepentirse. Al contrario. Ejerce de Don Tancredo en tantas ocasiones que aburre al contrario y sale triunfador por agotamiento de su oponente. En los últimos casos de corrupción, que alcanzan de lleno a su partido, ha vuelto a hacer gala de esa flema que le caracteriza, con una nueva frase para la historia de la política española y su currículum particular. “Es una situación coyuntural, que pasará, igual que han pasado otras tormentas”. Y ahí sigue.
Valga esta introducción para situarnos en los problemas de infraestructuras que padece la provincia de Almería, especialmente en materia ferroviaria, y en cómo el Gobierno de Rajoy en los últimos cinco años ha ido prometiendo una y otra vez mejoras, que nunca llegan, a la vez que capea con la misma flema los momentos más virulentos de presión de la sociedad almeriense. Ya pasará…, deben pensar aquellos que nos representan. Y tanto que pasa.
A los hechos me remito. Hace un mes, coincidiendo con el viaje a Bruselas de los responsables de la Mesa del Ferrocarril y con la visita del ministro de Fomento a Almería, Íñigo de la Serna, se producía uno de los momentos más preocupantes para los dirigentes de esta fuerza política en la provincia. Por primera vez en muchos años se sentían débiles, vulnerables, acosados por la fuerza de la razón de aquellos que piden con vehemencia que Almería dejase de ser la gran olvidada.
Llega el ministro un día antes de que se presenten de forma oficial los Presupuestos Generales del Estado, se reúne con algunas de las organizaciones más representativas de la ciudad y trata de serenar ánimos, de aplacar tensiones, anunciando el final de los trabajos del AVE para 2023, aunque no habrá obras ni dinero en dos años. El grito de decepción seguramente se escuchó hasta en Moncloa, pero imitando la actitud del propio presidente del Gobierno, sólo se trata de esperar a que deje de llover “al igual que han escampado otras tormentas”.
Y así ha sido. Treinta días después la vida sigue en esta tierra, la presión mediática, empresarial y social ha bajado de forma considerable y el recuerdo de las obras no hechas, de las promesas incumplidas, se ciñe sólo a pequeños disparos, con munición de fogueo, que no espanta ni a los gorriones, acostumbrados a cambiar de rama cuando se les espanta de la cosecha, sabedores que pasado el fragor inicial, regresarán a comer con la normalidad de siempre.
Y es que todavía no hemos sido capaces de mantener la tensión en el tiempo. Presión que sólo se consigue con criterio, con unidad y soportando las presiones, que no todos están en disposición de aceptar y salir indemnes del intento.

Calles peatonales

Antonio Lao | 2 de mayo de 2017 a las 13:49

Peatonalizar calles en la capital siempre ha sido visto como un tema tabú. Los comerciantes ha creído, erróneamente o no, que aquellas vías por las que no transitan o se reduce a la mínima expresión el tráfico de rodado salen perjudicadas en las ventas. El planteamiento, no certificado con encuestas, comenzó a cambiar en la capital cuando la crisis hizo mella en las arcas municipales y en los bolsillos de los compradores. Y llegó Zapatero con su famoso Plan E. Un proyecto que buscaba la reactivación económica, lograda con los conocidos brotes verdes, y que sirvió para que una lluvia de millones de euros llegara a ciudades y pueblos en forma de proyectos, obras e infraestructuras, que dieron trabajo a muchos desempleados. Servir para acabar con la crisis, realmente no sirvió, aunque la mejora transitoria fue evidente. Si nos llevó, en cambio, a un aumento considerable de la deuda del país, que aún hoy estamos pagando.
Consideraciones económicas al margen, el dinero que los ayuntamientos recibieron en forma de maná salvador si ayudó para avanzar en una serie de proyectos de infraestructuras viarias y ciudadanas, especialmente en los cascos urbanos, dando pasos notables en la peatonalización. En Almería ciudad nos encontramos pronto con calles libres de coches, en torno a la zona del Mercado Central, que al principio encontraron algunas reticencias de los comerciantes y que hoy han significado un alivio y notable mejora en las ventas de las tiendas que en ellas persisten. Hoy es una delicia pasear por ellas y ver convertido el lugar en un gran centro comercial al aire libre que otras vías envidian, con seguridad de forma sana.
Ahora, el Ayuntamiento nos propone, no han sido los únicos que ya lo han avanzado en otras legislaturas, la posibilidad de peatonalizar la que es la arteria principal de la ciudad, por historia y por tradición, como es el Paseo. Los resultados son bastante halagüeños, en cuanto al pensamiento de los comerciantes. Lo que que antaño sólo eran pegas, quejas y posturas contrarias, hoy se convierten en encuestas favorables, en apoyo al gobierno municipal y, si me apuran, en un ¿cuándo empezamos?
Ahora habrá que resolver el problema del tráfico, que pienso no debe ser un gran quebradero de cabeza, por las arterias paralelas que a lo largo de los últimos años soportan la mayor parte del volumen de vehículos de la ciudad y por la remodelación, más que necesaria, que debe conllevar este céntrico e histórico Paseo. Si como todo apunta, se hace con el consenso de todos, escuchando a las partes implicadas y buscando las mejores ideas, el cambio que puede experimentar el centro de la ciudad será de los que hacen época, y para bien. No lo malogremos en disputas banales, en comunicados vacíos y en protagonismos absurdos.

El espíritu perdido

Antonio Lao | 25 de abril de 2017 a las 11:12

La muerte del que fuera diputado del PSOE en el Congreso, Bartolomé Zamora, me ha dejado el poso de amargura que toda pérdida trae aparejada. Pero también me lleva a reflexionar sobre el espíritu de la transición olvidado entre aquellos que nos gobiernan, alejados de la búsqueda del consenso, del bien común y enfrascados en un mundo cainita. Lo que hoy es importante no va más allá de la búsqueda del logro particular, del éxito personal, de la supervivencia a costa de lo que sea, aunque ello suponga alejarse de una sociedad, en la que el bien común si sitúa por encima del individual. Cuarenta años han pasado desde que aquellos pioneros de la democracia, entre los que se encontraba Bartolomé Zamora, se arremangaron para obrar un país abierto, dinámico, tolerante, con capacidad de perdón y, sobre todo, sabedor de que el interés colectivo requiere sacrificios personales que hoy hemos olvidado.
Lejos quedan los tiempos, ahora se acaba de conmemorar la fecha, en la que se legalizaba el Partido Comunista, en medio de fuertes tensiones políticas y ruidos de sable en el ejército. Sin embargo todos, casi sin excepción, eran conscientes de que la nueva España que se abría a Europa, que despertaba del mal sueño de la dictadura, necesitaba de mentes abiertas, de políticos de enorme cintura, capaces de posponer los éxitos personales para abrazar eso que se dio en llamar “interés común”, y que hoy parece haberse olvidado y como si nunca hubiera existido.
Cuando un pueblo olvida su historia corre el riesgo de repetirla y caer en los errores cometidos. El miércoles, en el funeral del diputado almeriense pude ver algunos históricos de la política y la sociedad provincial, aquellos que han hecho grande esta tierra con el sacrificio personal y la entrega al objetivo público y social. Eran pocos. No estaban, y comienza a ser habitual, al menos un representante del Partido Socialista, fuerza política a la que Zamora dio tanto en aquellos momentos. Y no es la primera vez que esto sucede. Lamentablemente el “olvido”, desconozco si premeditado o simplemente por dejadez, comienza a ser la moneda común con la que comerciamos cada día. Pero no es sólo en la izquierda donde se ha deshumanizado el recuerdo y el homenaje a los que un día fueron. En la derecha sucede tres cuartos de lo mismo. Han muerto alcaldes, presidentes provinciales y han pasado a mejor vida sin el recuerdo y homenaje de aquellos que hoy “manejan” y que creen en la inmortalidad de los cargos que ocupan. Ilusos.
Reivindico el espíritu de la transición perdido, aquel que un día nos unió en pos del beneficio común, aquel que desprendía un enorme halo de solidaridad, capaz de abrazar cualquier paso que se daba. Hoy caminan solos y perdidos en el individualismo. Sumidos en la nada.

Presupuestos del Estado y el respeto perdido

Antonio Lao | 17 de abril de 2017 a las 17:43

Los almerienses nos hemos acostumbrado a poner la otra mejilla cuando nos abofetean. Una actitud pacifista, poco gratificante y con escasas repercusiones en forma de aguinaldos. Esta forma de ser, que debe tener encantados a aquellos que nos gobiernan, sean del signo de que sean, permite, por ejemplo, que el ministro de Fomento venga a Almería, no traiga nada, lo escuchemos con educación, se marche y hasta la próxima. Este talante, verbigracia, hace que la inversión en los Presupuestos Generales del Estado para el año en curso, si el Gobierno es capaz de sacarlos adelante, sea más que paupérrima, y que nadie se mueva o alce la voz para atajar tanta tomadura de pelo, tanto engaño y tanto olvido.
Esta conducta, más propia de pueblos avanzados y sin necesidades aparentes, acarrea que el Ministerio de Fomento destine dos millones de euros a la Alta Velocidad, dinero que no se gastará, y que permitamos que los distintos representantes del Ejecutivo en Almería sean capaces de sentarse frente a los ciudadanos, defender la calderilla de inversión, sin ponerse colorados, y que los dejemos escapar con una sonrisa.
Este ánimo de quienes habitamos en la provincia es capaz de soportar que haga cinco años que la desaladora que se construía en Villaricos fuese anegada por las aguas -ya se construyó en una zona inundable- y que no encontremos un sólo euro para culminar los trabajos en las cuentas de 2017. Lo contrario lo hayamos en nuestra vecina Murcia, cuyos agricultores hartos de tomaduras de pelo, son capaces de juntar 400 tractores y tomar la capital, colapsarla y exigir un compromiso de la ministra Isabel García Tejerina, para buscar soluciones a la escasez de agua que padece esa tierra, que es la misma sed que nosotros soportamos desde hace décadas.
Este porte almeriense tiene ante sí el reto, la oportunidad, de decir ¡basta ya! a que nos tomen por el “pito del sereno” y no somos ni capaces de ponernos de acuerdo. No tenemos ni la fuerza, ni la valentía de convocar una gran manifestación, alejada de ideologías, sólo reivindicativa, para alzar la voz ante tanta ignominia, ante tanta carencia, ante tanto ostracismo, ante tanto vacío inversor como llevamos padeciendo más de una década.
Cuando se trata de dar un paso al frente también tenemos ese miedo reverencial, ese respeto hacia el prójimo, en la creencia que algún hada madrina se apiadará de nosotros y nos sacará del atolladero. Una creencia errónea que sirve a los pillos para seguir instalados en el pedestal del poder, sabedores de que aquí la paciencia nunca se agota; de que aquí somos capaces de levantarnos una y otra vez, afrontar el gran desafío de la innovación y el desarrollo, pero no tenemos el más mínimo interés por parar los pies a aquellos que nos han perdido el respeto.