Un tren del XIX en el siglo XXI

Antonio Lao | 28 de septiembre de 2015 a las 11:54

Aplaudo y apoyo los esfuerzos de la sociedad civil, de las asociaciones, de los empresarios y otros colectivos en su lucha por mejorar las comunicaciones ferroviarias de la provincia. Parece, sólo parece, -porque al final la lucha puede ser muy larga y no pocos se bajarán del vagón-, que se fragua una conciencia reivindicativa, hasta ahora intermitente, que puede, de verdad, influir para ablandar las posturas, inamovibles hasta ahora, del Gobierno con respecto a esta provincia.
Sea como fuere, lo cierto es que si todos somos capaces de remar en la misma dirección el final del largo túnel que son las comunicaciones por tren entre Almería y el resto del país puede estar más cerca. Pero no nos engañemos. La provincia dispone de un servicio casi del siglo XIX  cuando cruzamos el umbral de la quincena de años del XXI.
No me vale la demagogia que los partidos usan, según les conviene o gobiernen, en reivindicaciones vacías, a la búsqueda del desgaste del contrario. No comulgo con aquellos que esperan que a estas alturas, con unas obras del AVE en marcha, aunque paralizadas, apuestan por invertir los escasos fondos que existen en una vía muerta, como es la que une la capital con Madrid por Linares. Si es interesante la idea de conectar esta ciudad con Madrid por Granada, con intercambiador o sin el, pero en la búsqueda de acortar el tiempo de viaje entre ambas ciudades. Lo demás, me permiten la expresión, son brindis al sol pensando un titular de prensa, que dura lo que las burbujas de una gaseosa en una botella abierta.
La verdad, siempre tozuda se impone con el paso del años y nos despierta del sueño de la alta velocidad que mantuvimos vivo en la primera década de este siglo. La crisis fue capaz de acabar con las expectativas generadas cuando parecía que esta tierra, secularmente abandonada, podía superar a otras muchas con las mismas necesidades y en igualdad de condiciones, por el empecinamiento de aquellos que creyeron que ya nos toca por olvido, por crecimiento, por desarrollo y, porqué no, por nuestra capacidad de reinventarnos y avanzar siempre contracorriente.
So pena de ser pesimista, y lo siento, mucho me temo que vamos a seguir estrellándonos contra el muro de la sinrazón que es un Gobierno que ha olvidado Almería en materia de infraestructuras, un Gobierno que ha cubierto una legislatura sin avanzar un paso en la verdadera solución ferroviaria para esta tierra, que no es otra que el AVE con Murcia. Lo demás son parches y postureo que sólo sirven para emborronar cuartillas. Decir otra cosa sería engañarme a mí y a ustedes que cada día creen en la coherencia, en la firmeza y en el sentido común. No desviemos la atención. Apuntalemos la idea de reiniciar las obras de la Alta Velocidad y presionemos para que terminen cuanto antes.

Nicasio Marín, el breve

Antonio Lao | 21 de septiembre de 2015 a las 11:28

Lui Rogelio Rodríguez Comendador anunció la presencia de Nicasio Marín en las listas del Partido Popular a las municipales como fichaje estrella. El edil, que ya había querido ser concejal en la anterior legislatura, veía cumplida una de sus aspiraciones, tras años en el Sindicato Médico. Había colaborado con el partido en temas sanitarios, se le veía en ruedas de prensa, en actos públicos y eventos sanitarios de todo tipo.
Le gustaba la política y tras superar los problemas personales que hace cuatro años le hicieron desistir de su intento por ser concejal, el PP lo recupera y le ofrece acudir en sus listas. Hombre preparado, culto, funcionario y conocedor de los entresijos de la administración pública, llega al Ayuntamiento de número cuatro. Por razones que todavía no se han aclarado del todo, antes de cumplir cien días como concejal de Personal, Nicasio Marín decide dejar el área, que no su puesto en el Ayuntamiento, y regresar a su trabajo de médico.
Las razones no están muy claras todavía, -esperamos conocerlas en el futuro-, aunque todo indica que la gestión municipal dista mucho de lo que él creía. Ha tenido dificultades para integrarse en un grupo de concejales, la mayoría de ellos amigos y juntos desde hace legislaturas. Sin quererlo, es posible que se haya sentido sólo, con un vacío difícil de soportar. El protagonismo que buscaba -los medios le pirran- se diluía como un azucarillo encerrado en el área de Personal, con escasa gestión, menos proyección pública y cuando la tuviera, si es que en algún momento fuera así, sería por problemas de convenios colectivos y similares. Platos con regusto amargo para degusta, ante una opinión pública capaz de devorar la imagen en menos que canta un gallo.
Hacer política no es fácil y menos en grupos consolidados como es el equipo de gobierno del Ayuntamiento. Si a ello le sumas que no cuentan con la mayoría, no es extraño que la espantá de Nicasio Marín haya sido de las que hacen época. Y todo ello sin pensar en que se creyó una estrella, el fichaje del año, tipo Messi o Cristiano Ronaldo, y se ha sentido ninguneado y herido en su orgullo. Algo de ello puede haber cuando he escuchado declaraciones suyas, en las que se llegó a atribuir haber sumado a la candidatura del PP hasta cuatro mil votos, una cifra nada desdeñable, aunque complejo de cuantificar.
Y la oposición, mientras tanto, en su papel de desgaste permanente, a la espera de las elecciones generales de noviembre y conocer cuál será la función que entonces asuma Ciudadanos. De ellos va a depender la consolidación del actual gobierno popular en el Ayuntamiento o una moción de censura, para regresar al pacto primigenio que Miguel Cazorla hubo de romper por orden expresa de su líder nacional, Albert Rivera.

 

La sequía de cada verano y el uso racional del agua

Antonio Lao | 14 de septiembre de 2015 a las 11:40

Decía hace unos días el presidente de la Diputación que durante la última legislatura han logrado bajar el número de municipios que dependen de las cubas para el abastecimiento humano de agua. Y es verdad. Pero no lo es menos que ya desde la época de Tomás Azorín, Luis Rogelio Rodríguez, e incluso el ínclito Juan Carlos Usero, la institución provincial ha trabajado mucho por erradicar un mal endémico de esta tierra que es la sequía.
No hay nada más desolador que abrir el grifo y que salga un líquido pastoso parecido al agua o que, simplemente, no mane nada. La provincia de Almería es seca. Nadie alberga una sola duda sobre las características de nuestro clima y de las dificultades que entraña cubrir las necesidades básicas de sus ciudadanos. Los sondeos, en los lugares más remotos, han sido la solución milagrosa que han permitido a muchos núcleos urbanos disfrutar del líquido elemento, impensable hace unas décadas.
Todavía pinchar y obtener agua es motivo de euforia por parte de aquellos que nos gobiernan y de los propios vecinos. Ojos brillantes y emoción a raudales al comprobar que el agua, fuente de vida, va a calmar la sed de aquellos que la necesitan.
Pero la realidad, siempre tozuda, supera siempre las previsiones. Y es que padecemos, una vez más, una de las sequías más profundas de cuantas nos han afectado. Incluso el duro verano de calor que soportamos, provoca un cóctel imposible de beber para aquellos que tienen en sus manos dinero y medios para realizar sondeos. El agua, un bien tan preciado, no se encuentra en todos los lugares. Ojalá. Muy al contrario, la escasez también es real en el subsuelo y las cantidades que se hallan, o son muy pequeñas, o carecen de la calidad que cabría esperar.
Pero no hay que desfallecer y tampoco rasgarse las vestiduras porque las cubas ocupen parte del paisaje estival en los pueblos de los  Filabres. Tampoco debe sorprender que los alcaldes, sabedores de las dificultades, echen mano de los bandos para tratar de reducir el consumo al mínimo, en un intento de prolongar los escasos recursos con los que cuenta, hasta que las lluvias otoñales y las primeras nieves hagan su aparición y, como Bálsamo de Fierabrás, sacien los acuíferos y se tienda a recuperar la normalidad.
Claro que siempre están ahí las desaladoras, reducidas a la mínima expresión pese al gasto ingente de millones que están costando y que nadie parece usar por su alto precio o porque realmente somos incapaces de cumplir con la planificación prevista. Sea como fuere, siempre quedará una tormenta de verano que aliviará carencias, paliará en algunos grados el calor y recuperará la esperanza en que las cabañuelas de agosto, aquellas que nuestros abuelos tan bien conocían, traigan un otoño cargado de chubascos, buenas borrascas y nieve, mucha nieve. Sea.

La Feria: más plural, mas participativa, más de todos

Antonio Lao | 14 de septiembre de 2015 a las 11:38

Cuando la Feria acaba es tiempo propicio para el análisis que, a un año vista, siempre se produce de forma serena y mirando al próximo agosto con distancia. Concluido el evento, en el que la mayoría se ha felicitado por la participación, el consumo y el gasto, cabría preguntarse, sin prisa. pero sin pausa, qué se puede mejorar, qué debe mantenerse y hasta dónde estamos dispuestos a llegar para consolidar la semana grande, no ya como atractivo para la ciudad y la provincia, sino como referente y lugar marcado en el calendario con rotulador rojo para visitarlo. No digo, válgame Dios, que alcancemos la notoriedad de Sevilla o Málaga, pero si podemos aspirar, con nuestras peculiaridades, a ser la Feria del Mediterráneo, en un mes que todo el país está de vacaciones y en el que nosotros podemos ofrecer, tradición, ocio, espectáculo y nuevas aventuras para aquellos que buscan en el divertimento una forma de echar fuera sus días de asueto. Vaya de antemano que no quitaría nada de lo que ya hay. Pero considero que se cometen errores de bulto, que es necesario pulir, para avanzar en la senda de lograr que la Feria sea referente. Vayamos por partes. No entendía nunca los motivos de la reducción de días. El 10 era identitario. Cuál es la diferencia entre empezar el viernes, como siempre, o el sábado. Si ya estamos en fin de semana, ¿porqué privar a los hosteleros de un día de negocio y a los visitantes de una jornada festiva?
Nadie me ha sabido explicar aquello de tener en los ambigús la misma música. Eso de no molestarse me parece extraño, cuando no creo que la música de la Plaza Flores se oiga en el Paseo o la Plaza Vieja. Sí controlaría los decibelios, no ya durante el día, sino en el recinto ferial, para evitar que al final se derive en una batalla de sonidos. El control de los hosteleros de ASHAL de los ambigús y otros aspectos de las fiestas me parece poco recomendable. Entiendo que la Feria debe permitir a cualquier garito, siempre pagando cuotas y respetando normas, sacar una barra a la calle y ofrecer tapas y música. Algunos alegarán que esto puede ser un gran botellón y es posible que se produzca, pero Pamplona en San Fermín es un barra libre durante una semana, día y noche, y es una de las fiestas má conocidas del país. Mal camino se toma dando sólo a unos pocos la posibilidad de explotar negocios, apartando a tantos y tantos que quieren apoyar el resurgimiento de la fiesta. En la noche fue un gran error dividir casetas por sectores. Esto ha hecho que las tradicionales a las doce de la noche se vacíen y los visitantes se trasladen a las de marcha. Mezcladas damos posibilidades a todos, de entrar y salir y, claro está, consumir. Otra cosa es el volumen de la música y su enormidad, que la mayoría no pueden pagar. Módulos más pequeños, una Feria más recogida y, posiblemente, más abierta, participativa y bullanguera.

La Almería olvidada

Antonio Lao | 10 de agosto de 2015 a las 11:47

Perdida. La legislatura para la provincia de Almería, en materia de infraestructuras se puede dar por amortizada. Claro que siempre desde el Gobierno se alegará que ha sido el tiempo en el que la autovía del Mediterráneo hasta Málaga se ha terminado. Y es verdad. Pero no olvidemos que los trabajos se han desarrollado en la provincia de Granada y que debía estar concluida hace más de una década.  Almería sigue olvidada por parte de los poderes públicos. Lo acabamos de vivir en nuestras carnes con los Presupuestos del Estado para 2016. Y lo padeceremos de nuevo dentro de unos meses cuando lleguen los de la Junta. Para tratar de evitar las críticas no los provincializarán, a la espera de que el chaparrón que les caerá los moje lo menos posible y escampe en la misma medida que asciende el olor a tierra mojada con las primeras gotas en un mes de agosto. Los empresarios, aquellos que ahora reclaman más dinero del Estado, -unos 400 millones que han dejado de gastarse durante los últimos cuatro años-, han sido pacatos y benévolos en este tiempo con el Ejecutivo de Mariano Rajoy y algo más beligerantes, aunque sin excesos, con el de Susana Díaz. Lamentablemente se echan de menos los tiempos de José Antonio Picón, de José Antonio Flores, Francisco Martínez  Cosentino y Miguel Santaella, máximos responsables de la Cámara y Asempal, que se liaron la manta a la cabeza y encabezaron una reivindicación histórica para esta tierra, sin importarles las consecuencias de una protesta que les ponía frente a dos grandes máquinas de poder, como son el Estado y la Junta de Andalucía. Incluso, recuerdo con cierta nostalgia los tiempos en los que José Guijarro y Juan Antonio Verdejo, concejal de la capital y alcalde de Turrillas, respectivamente, fueron capaces de idear una “burro marcha” desde Almería aPuerto Lumbreras para presionar en la ejecución de la autovía del Mediterráneo. Son otros tiempos, claro está. Tiempos en los que el miedo atenaza más que da bríos. Tiempos en los que se vive de la inmediatez de una declaración . Tiempos de lenguas viperinas, declaraciones excelsas de decibelios, pero huecas y vacías como un huevo huero alejado del nido. Tiempos en los que se nos intenta hacer comulgar con ruedas de molino, cuando la sequía ya no es capaz de mover ni un sólo radio de la rueda ficticia de piedra que el agua mueve. Tiempos en los que la oposición tiene más miedo que el gobierno y el gobierno más pánico que la oposición, por aquello de quedar bien y que se muestre lo menos trasquilado posible.
Almería, la Almería olvidada, la Almería con síndrome de esquina, la provincia capaz de lo mejor por su gente, sin ayudas y sin promesas vanas. La Almería con imagen de indolencia, pero viva e innovadora, que se enorgullece de los que mueven, aunque sea un dedo, cuando se habla de capacidad de trabajo y de generación de riqueza y valor añadido.

Milenio de Almería, la clausura

Antonio Lao | 3 de agosto de 2015 a las 17:44

Diario de Almería dio por clausurado el miércoles el Milenio de la Taifa, con dos actos que los almerienses deben guardar en su retina. El primero fue la gala celebrada en la Plaza Vieja. Un concierto inolvidable de la Orquesta Ciudad de Almería (OCAL), con la colaboración inestimable de Ana Mar y de la bailarina Cristina Samaniego, en el que se hizo un recorrido por la música de los diez siglos transcurridos desde el año 1000, cuando Jairán gobernaba estas tierras, hasta la actualidad, en el que el Ayuntamiento ha sabido participar y colaborar, conocedor de la importancia de una conmemoración de este tipo. Cedió amablemente la Plaza Vieja para el evento, al contrario que la Junta de Andalucía, algo pacata, corta de miras y con miedo, -ellos sabrán a qué y hacia quien-, negando La Alcazaba, el monumento que los musulmanes nos dejaron en su paso por estas tierras para el evento, y que hubiera significado un plus en la celebración y el compromiso de la administración autónoma con una efeméride, que este medio ha tratado de dignificar y poner en valor, ante la pasividad de aquellos que tenían el deber, y casi la obligación, de presentarla ante la sociedad almeriense, andaluza, española y hacia el mundo árabe como una oportunidad de acercamiento, crecimiento y negocio para el futuro.
No lo han sabido ver y se suma a otro buen número de oportunidades perdidas, en una tierra que camina sola en más ocasiones de las necesarias, aunque los que la habitamos no necesitamos más fuerza que la que nos dan nuestras manos y nuestras ideas para avanzar en la senda de un crecimiento imparable y sostenido, ganado a pulso. El segundo acto del que les hablaba es el suplemento “Diario del Milenio, los personajes”, un trabajo excepcional del escritor y cronista de la ciudad, Antonio Sevillano, en el que hace un recorrido por este tiempo del que les hablaba desde el punto de vista de aquellos que construyen la historia. Desde Jairán a Juan del Aguila, desde Colombine a Nicolás Salmerón y, como no, bajando con la serenidad que la escritura merece a pícaros, vividores, hombres y mujeres de la provincia que, pese a no ser importantes en el desarrollo y crecimiento de estas tierras, permanecen la la memoria de los que aquí habitamos como imprescindibles. Con la gala de apertura y la de cierre del Milenio, este medio de comunicación, con la humildad que nos caracteriza, pero conocedores y responsables con nuestro papel vertebrador en la provincia, hemos querido ofrecer a los ciudadanos que aquí viven una oportunidad de sentirse partícipes de lo que un día fue Almería, de su papel en el contexto del Mediterráneo y de la importancia de la historia que tenemos tras de nosotros. Esperamos que el esfuerzo haya merecido la pena. Para nosotros ha sido ímprobo, pero ha significado un encuentro con nuestro pasado, que debe hacernos mejores en el futuro. Gracias.

El regreso de los rodajes

Antonio Lao | 27 de julio de 2015 a las 19:22

ALMERÍA vive una nueva época dorada del cine. Es un hecho constatable que la provincia es destino favorito de productoras nacionales e internacionales, que han entendido las posibilidades que para el séptimo arte tienen nuestros paisajes, nuestra luz y las facilidades que la administraciones, -todas sin excepción-, ofrecen a aquellos que pretendan posar aquí sus cámaras.

Si los años sesenta y setentapor aquí pasaron los mejores, aquellos que hoy ya son mitos como Omar Sharif, Steven Spielberg, Harrison Ford o Clint Eastwood, la segunda década del siglo XXI se caracteriza por la reedición del fenómeno, con nuevas cintas como Éxodus, la serie de culto Juego Tronos o el incesante goteo de rodajes de series, cortometrajes o anuncios, que dejan tras de sí un reguero de confianza en lo que hacemos, en nuestras posibilidades y, como no podía ser de otra manera, cantidades importantes de dinero en forma de salarios para aquellos que hacen de extras, además de estancias de actores, actrices y personal que rodea este mundo, nada despreciable.
La Diputación siempre tuvo el sueño de liderar el regreso al primer plano del celuloide de los paisajes provinciales. Ya en la época de Tomás Azorín de presidente y del malogrado Juan Antonio Segura como diputado de Turismo, con el apoyo empresarial, se buscó con ahínco contar en esta tierra con unos estudios permanentes, una oficina de atención y personal especializado, tratando de recuperar lo que fuimos. No lo logramos del todo, aunque se rescató parte de aquel sueño.
Ha sido ahora, con el regreso de las grandes superproducciones, cuando Almería vuelve a estar en el circuito internacional y se posiciona con fuerza. No ha sido fácil, ni lo va a ser mantenernos en una situación de privilegio. Pero si somos capaces de hacer las cosas bien, con la calma y la mesura necesarias, sin cegarnos en exceso por el brillo de las estrellas, hasta es posible que el objetivo esté al alcance de nuestra mano.
El cine es a Almería lo mismo que la naturaleza y las playas vírgenes son al Cabo de Gata. Un gran plató de contrastes, en el que hay pasado, presente y futuro y que está ahí para que los directores y productores lo cojan. Los riesgos, no obstante, permanecen. Pasan por evitar la picaresca, el control de grupos indeseables y, sobre todo, por mantener la cabeza fría y los pies en el suelo. La gallina de los huevos de oro está con nosotros, pero tengamos cuidado de no tratar que acabe cebada en exceso y fallezca de éxito. El camino a recorrer sólo acaba de empezar y habría que pensar en dar un paso más para vender Almería con la imagen de película que nos hemos ganado en seis décadas de rodajes, en el que el cine nunca dejó de estar con nosotros. Ahora, en una nueva edad dorada, unamos nuestra marca a la pantalla.

Esperando el AVE

Antonio Lao | 20 de julio de 2015 a las 11:44

CRISTÓBAL Montoro, el todopoderoso y parlanchín ministro de Hacienda del Gobierno de Rajoy anuncia que el 4 de agosto los Presupuestos Generales del Estado para 2016 deben entrar en el Congreso. La idea del presidente es que este país tenga aprobadas las cuentas del próximo año antes de las elecciones generales. Una interesante decisión, a la espera de unos resultados que se prevé no dejarán mayoría absoluta para nadie. A posteriori el diálogo será complejo y las componendas varias para buscar una alternativa sólida se me antojan poco menos que una quimera. En esos presupuestos, como otros años, deben recogerse fondos para las obras del AVE entre Murcia Almería que, como ya escribí en alguna ocasión, deben ser los mismos de hace tres años, los mismos de hace dos y, si nadie lo remedia -y no parece que vaya a ser así- los mismos de este año. Porque a pesar del bombo y platillo con el que cada cierto tiempo nos venden la burra de proyectos, licitaciones y otras zarandajas, lo cierto es que los trabajos llevan paralizados tres años, los túneles están sellados y lo que hay hecho se deteriora en la misma medida en que aquellos que nos gobiernan se afanan y ufanan en vendernos lo importante que es que el AVE llegue a Murcia, las bondades de una plataforma con una sóla línea o la cercanía que supondrá, en breve, poder desplazarnos a Granada o Murcia para coger la Alta Velocidad y viajar a Madrid.
La verdad es que llevamos una legislatura perdida, cuatro años que han supuesto el abandono de las prioridades más básicas que esta provincia tenía en infraestructuras, si bien es cierto que la crisis establece unos parámetros a los que todos debemos estar sujetos y amoldarnos.
Pero no es menos verdad que el Gobierno ha jugado con esta tierra durante la legislatura, retrasando y dilatando la adjudicación de tramos o el inicio de las obras, sabedores de que no existen fondos para retomar los trabajos.

Mientras, aquellos que siempre han sido beligerantes y reivindicativos con las necesidades de esta provincia -Cámara y patronal ASEMPAL- se les ha visto poco, ahuecando el ala en la mayoría de las ocasiones y escasamente críticos.
La venta de la burra, de la que hablaba unos párrafos atrás, se me antoja más hiriente conforme pasan los meses y cuando nos enfrentamos a unos nuevos presupuestos, sin que se haya avanzado ni un milímetro en el inicio de los trabajos. Y es que a lo largo del año, el empeño por mantener viva la llama de las obras por parte del Gobierno ha sido tal que, incluso, se ha producido cierto consenso en que iba a ser así. Pero tal y como están las cosas aquel que piense que las máquinas van a comenzar a trabajar antes de que termine el año es poco menos que un iluso. Vamos, que al final la burra, se han empeñado en que traspase la puerta de culo.

La cochinilla del carmín

Antonio Lao | 13 de julio de 2015 a las 12:14

La chumberas de la provincia agonizan. La cochinilla del carmín se impone con rotundidad y acaba con siglos de historia, con formas de vida milenarias, con quitahambres en tiempos de penurias y con un manjar exquisito para el verano como es el chumbo.
La enfermedad de las paletas, que empezó con fuerza en el Levante, Almanzora y Los Vélez, ha colonizado año tras año las plantaciones de chumberas que se diseminan por toda la provincia, arrasándolas a su paso y dejando tras de si un paisaje de algodón putrefacto, de telas de araña insoportables, incluso amenazando en las noches de verano las veladas de los vecinos de La Chanca, las visitas a La Alcazaba y el toque animoso de los guitarristas y cantaores nocturnos de Pescadería.
¡Qué tiene que pasar para que Medio Ambiente decida afrontar el problema! Una tierra es por su historia, por su pasado, por sus tradiciones, por sus pequeñas cosas, y saborear un chumbo recogido con las gotas del rocío mañanero, para evitar que las molestas espinas se claven, es un placer que no debe perderse. El vendedor ambulante en cualquier esquina de la ciudad, que te los prepara y te los pone en una bolsa para que sorprendas a la familia en cualquier hogar de esta tierra, cuando el calor te acogota y apenas te deja respirar y tradición, es sabor, es Almería.
Aún recuerdo cuando era niño, como mi padre se levantaba primera hora de la mañana y se acercaba a las paletas. Tenía las manos tan curtidas por el trabajo que no necesitaba guantes para alzarse con los mejores ejemplares y echarlos a un cubo de latón que estuvo por la casa muchos años. Metódico, como pocos, arrancaba una mata, de las muchas que se criaban entre las pencas, barría los chumbos, solo aquellos que de verdad tenían sabor. No me pregunte como distinguía los buenos de los malos, los agarraba con la mano, media vuelta, y para casa. Luego, no se extrañen que al mediodía se conviertiera en un postre especial, en una imagen que ha perdurado y que espero me acompañe siempre. Tampoco olvido a los extranjeros, aquellos turistas que llegaban a la provincia en coche, aún hoy lo hacen, y que paraban el vehículo en el arcén de la carretera y eran capaces de coger chumbos con las manos, a pleno sol, e incluso llevarlos a la boca sin pelar, ante la atónita mirada de los lugareños. ¡Qué momentos! Pues bien, todo ello prácticamente ya es historia. Aún quedan algunos focos de paletas en el Nacimiento. Los del resto de la provincia se pudren superados por la cochinilla del carmin, una plaga invasora que llegó como tantas otras, sin que nadie pusiera o ponga medios para combatirla. Ustedes se imaginan como ocurra lo mismo con la nueva enfermedad del olivo, Xilella Fastidiosa, que ya coloniza Italia y que puede dejarnos, si llega y no se actúa, sin uno de nuestros productos por antonomasia y fuente de ingreso, como es el aceite de oliva.

La nueva Diputación

Antonio Lao | 6 de julio de 2015 a las 12:01

Aunque  el Partido Popular conserva la mayoría absoluta, muchas son las cosas que parecen van a cambiar en los próximos cuatro años en la Diputación. Y es que pese al trabajo realizado, del que el presidente Amat dice sentirse más que satisfecho, un “viejo zorro” como él, a buen seguro, que ha tomado nota de los errores y del camino que debe abrirse a lo largo de la legislatura que se inicia, para recuperar la confianza perdida de los ciudadanos. Posiblemente Gabriel Amat hizo el lunes uno de los discursos más coherentes, con más chispa y más realista que le recuerdo. Sin papeles, tan sólo algunas notas a pie de página, el presidente realizó un análisis serio y riguroso del papel de la Diputación, de la recuperación de la credibilidad, de la disminución de la deuda y del rol social, a veces incluso paternalista, que la institución debe hacer, hace, con los pueblos más pequeños. Aquellos que sin el compromiso y el trabajo de la Diputación tendrían complicado, ni tan siquiera, hacer una pequeña obra de asfaltado.
El presidente, no obstante, se enfrenta a cuatro años complejos, a cuatro años que va tener que batallar con pesos pesados del partido, alcaldes y candidatos derrotados por la mínima en sus pueblos, que han encontrado un refugio en la casa de todos, desde el que esperan el paso del tiempo para un nuevo asalto al poder. No va a tener fácil controlar el gallinero, en el que abundan gallos, y en el que el dominio de las palabras debe ser exquisito y prudente. Habrán de pasar algunos meses hasta conocer el grado de compromiso de los que llegan y cómo son lidiados por un presidente al que le gusta tener todo bajo tutela, dueño de sus silencios y sus gestos, frente a los que han sido todo en sus pueblos y que deben amoldar fondos y formas al nuevo tiempo que llega.
El PSOE ha decidido rectificar para bien. Han hecho un equipo en la oposición político, sabedor de que a poco que trabajen, la sociedad les va a poner en bandeja la oportunidad de recuperar la institución provincial. El alcalde de Serón, Juan Antonio Lorenzo, llega con el bagaje de ser primer edil durante muchos años. Conocedor de las carencias y necesidades que tienen los municipios de Almería. Una buena oportunidad para recuperar la oposición seria y realista que todos han echado de menos en la legislatura quer termina.
Ciudadanos llega nuevo a la plaza. Bastante tendrá con observar y aprender. A partir de ahí todo lo que logren será bienvenido.
En Izquierda Unida no hay variación. Mismo diputado, misma política, mismos errores, escasas virtudes. En la nube de la incoherencia, el diputado insistirá en su caza de brujas en la que está empeñado, a la espera de que alguna vez, cuando abra el puchero se encuentre realmente la captura que añora y por la que suspira. Pero esa es otra historia.