La tortuga mora y el AVE

Antonio Lao | 11 de abril de 2016 a las 12:20

Cuando de confundir se trata, no hay nada como unas declaraciones del político de turno, en las que se pongan en valor premisas falsas, tratando de lograr que la conclusión sea verdadera. Nada más lejos de la realidad. Hace unos días el portavoz del PP en el Congreso y diputado por Almería, Rafael Hernando, en un intento de echar balones fuera y alejar responsabilidades, se descolgó con unas afirmaciones en torno al reinicio de las obras del AVE entre Almería y Murcia que hicieron temblar todos los cimientos de la lógica para acercarse al esperpento informativo y al postureo político. Sin mediar anestesia previa, el diputado Hernando pedía a la Junta de Andalucía que retire las tortugas moras de la zona de Cuevas y Pulpí, en la que los trabajos deben desarrollarse, para que las obras puedan comenzar.
Recordar que llevan seis meses adjudicadas y que, pese a contar con 100 millones de euros consignados en los Presupuestos Generales del Estado, ni la empresa adjudicataria ni el albañil de Los Herrerías por hablar de una pequeña pedanía de la provincia, ha aparecido por el trazado para nada. Al contrario, todos creen, creemos que la adjudicación de los trabajos tenía un claro tinte electoralista, sabiendo el Gobierno entonces que las elecciones eran en diciembre y que la promesa de unos y de otros, incluida la ministra, era reiniciar la construcción del trazado antes de que finalizase el año 2016.
Lo cierto es que han pasado tres meses de 2016 y todo sigue igual. Y ante la posibilidad, más que probable, de que en junio vuelva a haber elecciones, nada mejor que sacar un conejo de la chistera y culpar al otro de los errores que no ha cometido para tú quedar ante la opinión pública libre de cualquier sospecha.
Lo de las obras del AVE en Almería ha pasado por múltiples vicisitudes en la legislatura pasada. Se paralizaron con la crisis y nunca más se supo. Lo único cierto, y es una realidad constatable, es que se han perdido cuatro años, pese a que en cada uno de ellos se ha destinado una partida a retomar los trabajos. Una partida que suma 400 millones de euros que la provincia ha perdido, ante la indiferencia de quienes nos gobernaban, la desidia de aquellos que no han pasado de un leve crítica por miedo a represalias y ante la pasividad de los ciudadanos que habían depositado grandes esperanzas en un medio de transporte rápido, eficaz y limpio y que siguen soportando las siete horas de rigor a Madrid, en un Talgo trasnochado y en unas vías tan lentas como “el caballo del malo”.
Claro que siempre nos quedará un diputado como Rafael Hernando, tan eficaz entantas cosas, y tan “Ramonet” en otras cuando de salvar la cara del Gobierno se trata. Entiendo que defienda el trabajo de su gobierno, aunque no me explico que no haga lo mismo con los ciudadanos de la provincia que les ha votado.

El Plan General se ahoga en los Pozos de Bernal

Antonio Lao | 5 de abril de 2016 a las 12:45

El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de la capital se ahoga en los pozos de Bernal. La Consejería de Medio Ambiente ha tumbado el proyecto redactado y aprobado por el Ayuntamiento. El informe medioambiental, en el que se asegura que no se garantiza el agua para los nuevos desarrollos urbanos, ha sido un escollo insalvable y la causa por la que la Junta de Andalucía ha optado por suspender el Plan.
Una decisión que ha levantado ampollas en el actual equipo de gobierno, comprensión entre los socialistas y una de cal y otra de arena en Ciudadanos, -la muleta actual del gobierno municipal-, aunque en permanente observación y control de gestión. Con ser grave la suspensión, y pese a los intentos conciliadores de la Junta, dando un plazo de un año para subsanar errores y aprobarlo, lo cierto es que desde el Ayuntamiento no se ha buscado nunca de forma clara la complicidad y el acuerdo con la la administración andaluza. Al contrario, desde el inicio de la tramitación, aprobación y remisión a la administración autonómica (mirar hemeroteca) se ha puesto en duda siempre el compromiso y el deseo de Medio Ambiente por sacarlo adelante. Incluso, en alguna ocasión, se ha hablado de intereses ocultos e intentos de torpedear el proyecto, con argumentos tan peregrinos como la ideología diferente de aquellos que rigen los destinos de Andalucía y los que lo hacen en la capital.
Sea como fuere, lo cierto es que desde el principio las cartas se pusieron sobre la mesa, se advirtió de los problemas de agua que los nuevos crecimientos iban a generar,sin garantías de abastecimiento y, aún así, desde el Ayuntamiento se ha esperado hasta el último momento para tratar de buscar una salida que permitiera sacarlo adelante. Se ha trabajado tarde y mal, por lo que no es de extrañar que dos semanas antes de conocerse una decisión anunciada y pregonada por todos, se acudiera a Sevilla para buscar una solución de compromiso que no ha llegado. Una solución que hubiera “lavado la cara” de aquellos que no han hecho de forma correcta su trabajo durante años y que ahora, cuando las prisas obligan, han tratado de culpar al contrario de sus errores.
Así no se va a ninguna parte. Ahora no valen lamentos, llantos o críticas hacia el contrario, tratando de ahuecar el ala, esperar a que escampe y mojarse lo menos posible. Gran error. En un proyecto de vital importancia para el desarrollo futuro de la ciudad; no se pueden ni se deben dar palos de ciego o gestionar al albur del viento que sople, porque al final el tornado acaba por cogerte y luego, por más que lo intentes, no saldrás de su núcleo. Hay tiempo. La Junta da un año para subsanar errores. Háganse, dejemos a un lado la confrontación y las cartas que de nada sirven y afrontemos la realidad. Criterio, coherencia, trabajo y buen gobierno.

La Feria que viene

Antonio Lao | 28 de marzo de 2016 a las 11:01

La Feria de la capital es el evento más importante que celebra la ciudad a lo largo del año. Tradición, participación y devoción se unen en unas fiestas tan arraigadas como las migas los días de lluvia o las tapas en los bares. Es tan almeriense que cada cambio o modificación, por pequeña que sea, va a contar con el apoyo o la crítica de los ciudadanos que, a partes iguales, son capaces de encontrar los matices más pequeños que pueden dar al traste con aquellos que han osado modificarlos. Y es que como en el fútbol, -todos llevamos un seleccionador dentro- en lo que a la Feria se refiere cada uno la haríamos a nuestra manera y, posiblemente, todas serían válidas.
En septiembre, cuando la procesión de la Virgen del Mar se encierra, desde el Ayuntamiento se hace balance de un evento que en los últimos años ha venido a menos, en la misma medida que las actividades se repiten y se confunden con el paisaje, alejadas de lo actual y ancladas en un pasado que dispersa la participación. Si a ello se suma lo alejado del recinto ferial, aunque coqueto y multiusos, el cóctel que encontramos no aspira a que lo saboreemos con gusto.
Bajo estas premisas, no es extraño que se busque, desde todos los ámbitos, la cuadratura del círculo de una fiesta que nos atañe a todos por lo que representa. He escrito en más de una ocasión que fue un error bajar el número de días, en aras a no se que concepto y en la búsqueda de ahorro en tiempos de crisis. Se pueden cambiar muchas cosas del contenido, pero nunca se deben tocar aquellos elementos que suponen una seña de identidad para los almerienses y, las jornadas festivas, es una de ellas.
Tampoco es asumible que la Feria del mediodía esté en manos de unos pocos hosteleros, vetando la entrada de otros nuevos. Si de diversión hablamos Almería, desde el centro a la periferia, debe ser una fiesta durante las fiestas. En Pamplona los sanfermines son un gran botellón y nadie protesta más de lo deseado. Con control, limpieza y mesura todo es soportable si de generar buen ambiente, tradición y distinción frente al resto hablamos. Aquí, siendo más papistas que el Papa, nos hemos rasgado las vestiduras por pequeñeces, por miedo a perder unos votos o, simplemente, por el ansia de protagonismo de algunos, empeñados en dejar huella o rastro por su paso por el Ayuntamiento. Otro error.
Mi propuesta. Devolver a la feria todos sus días, potenciar el recinto ferial, abrirla a todos los colectivos, multiplicar los eventos lúdico festivos, buscar la participación de los almerienses, proyectarla en el exterior y, muy importante, buscar que los precios no se disparen. Con ello el gasto, al final, crecerá, en la misma medida que las salidas se multiplicarán en nuestra fiesta por antonomasia.

Diputaciones, la administración de los pueblos pequeños

Antonio Lao | 21 de marzo de 2016 a las 17:15

Irreparable. Si finalmente las diputaciones desaparecen, quienes más lo van a sentir son los pueblos pequeños. Muchos de ellos no superan los mil habitantes y no tienen ni medios materiales, ni presupuestarios para sacar adelante proyectos esenciales para su desarrollo futuro y su existencia como villa. Son las grandes desconocidas para muchos ciudadanos, sobre todo para aquellos que viven en comunidades uniprovinciales, donde ni siquiera existe ese órgano administrativo. Entre sus funciones, si se pregunta en la calle, la mayoría dirá que sirven para auxiliar a los municipios pequeños. Sus competencias se vieron reducidas según fueron ganando terreno las comunidades autónomas. Desde que estalló la crisis han estado en el punto de mira, no solo por su presupuesto y su deuda creciente, sino por la necesidad de simplificar los niveles administrativos en España. Entre los partidarios de su supresión se encuentra Ciudadanos, pero también el PSOE de Rubalcaba, y ahora el de Pedro Sánchez. El PP, en cambio, se ha opuesto a su eliminación, ya que entiende que prestan unos servicios insustituibles en muchas localidades pequeñas. Ya en 2011, Pérez Rubalcaba propuso sustituir las por Consejos de Alcaldes. Sostenía que no hacía faltar cambiar la Constitución, ya que esta dice que el gobierno y la administración autónoma de las provincias estarán encomendados a Diputaciones u otras Corporaciones de carácter representativo. Por tanto, los Consejos de Alcaldes sustituirían sin más a las diputaciones. El líder socialista encontró entonces una fuerte resistencia interna, sobre todo en Andalucía y Extremadura, y la propuesta se metió en un cajón. Entre los detractores, se sostiene que son instituciones perfectas para tejer redes clientelares, y se insiste que la opacidad de muchas de sus actuaciones y subvenciones son otro argumento para su reforma o desaparición. Entre sus defensores se pone el acento en el auxilio a miles de municipios, que sin ellas no tendrían capacidad de prestar muchos servicios.
En España desde 1836 son, según la Constitución (artículo 141.2), el órgano de gobierno y de administración de las provincias. Entre sus competencias está la coordinación de servicios municipales, la asistencia y cooperación jurídica, económica y técnica de los municipios, la prestación de servicios de carácter supramunicipal, el fomento del desarrollo económico y social, recaudación tributaria, la administración electrónica, el desarrollo de infraestructuras y actividades culturales y de ocio. Un notable conjunto de competencias que muchas localidades, la mayoría sin recursos administrativos, no podrían prestar. Si finalmente desaparecen, todas ellas deben ser asumidas por la Comunidad Autónoma, incluidos los trabajadores. No veo, por tanto, donde está la ventaja de su supresión.

Tengo un plan para Carboneras

Antonio Lao | 14 de marzo de 2016 a las 18:39

Todos, sin excepción, se han apresurado nada más conocer la sentencia del Tribunal Supremo sobre El Algarrobico a anunciar un plan de dinamización económica para Carboneras. Una actitud que muestra a las claras el interés de las administraciones y de la clase política en general por esta localidad del levante almeriense. La propuesta debe ser y entenderse como notable y saludada con aplausos, si no fuera porque, como siempre, es poco creíble.
El papel lo aguanta todo y las palabras se las lleva el viento. Son tantos los años que escucho promesas huecas y proyectos vacíos, que necesito de hechos para creer lo que oigo. La boca se les ha llenado a todos, desde la presidenta de a la Junta, la vicepresidenta del gobierno, el secretario general de los socialistas y la portavoz del PP en el Parlamento Andaluz, al hablar de la necesidad de responder al derribo del hotel, tal y como exige el Tribunal Supremo, con una propuesta para fomentar el empleo y buscar alternativas a lo que hubiera significado este proyecto para la localidad.
Palabras y palabras, sin concretar nada, a la espera de que el tiempo transcurra y caer en el olvido informativo, hasta que las máquinas y las palas regresen para derribar lo que nunca debió comenzar a construirse sí, realmente, estaba en suelo no urbanizable como confirma el alto tribunal.
Pero que no es así. Desde el Ayuntamiento, hasta el Gobierno, pasando por la Junta de Andalucía creyeron y apostaron por la construcción del hotel. Lo aplaudieron y se fotografiaron con primeras piedras y campañas de publicidad, argumentando las posibilidades turísticas que se abrían para un pueblo que había quedado al margen del desarrollo del turismo del sol y playa hasta ahora.
Con tanto para bien y todos encantados, llega la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. Asidua visitante a la provincia y hasta diputada por esta tierra, para dar carnaza a los ecologistas y no se le ocurre otra cosa que paralizar los trabajos. Portada de todos los medios nacionales e internacionales y se convierte, de la noche a la mañana, en el adalid y gran defensora de la construcción sostenible y del medio ambiente por encima de la cultura del ladrillo.
Un cóctel perfecto, que la aúpan como gran defensora de las nuevas formas de entender la vida, la construcción y el turismo en este país. Pero sólo era postureo, fachada y deseos de votos. Salió por patas del Ministerio de Medio Ambiente y nunca más se supo, nunca más se preocupó y nos dejó un legado que, diez años después, los habitantes de Carboneras y la provincia padecen. Marcados por la infame construcción, lo peor de todos es que usted lector, y yo, quien escribe, junto al resto de ciudadanos pagaremos euro a euros, hasta cien millones, el desaguisado.

El Algarrobico, suma y sigue

Antonio Lao | 7 de marzo de 2016 a las 10:56

El Tribunal Supremo ha dejado al hotel del paraje de El Algarrobico, uno de los símbolos de la destrucción del litoral, al borde de su desaparición. Los magistrados han fallado sobre dos asuntos clave de la maraña de recursos judiciales que envuelven a este hotel, cuyas obras están paralizadas desde hace diez años, cuando era ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. El Supremo establece que los suelos en los que se levantó no son urbanizables. Además, fija que los terrenos en los que está la edificación son propiedad de la Junta, que tras la polémica levantada hace una década ejerció el derecho de retracto. El hotel, que comenzó a construirse en 2003, se hizo dentro del parque natural de Cabo de Gata. Pero en el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) los jueces discrepan sobre si los suelos en los que está son urbanizables o no. Una sección de la sala de lo contencioso de Granada sentenció en 2012 que en ese terreno no se podía construir. Pero, dos años después, otra sección de la misma sala del TSJA falló lo contrario, que los suelos eran urbanizables. El Supremo ha zanjado este asunto al señalar que esos terrenos están en “área ambientalmente protegida y no en un área urbanizable”. Estas sentencias se suman a una cadena de fallos contrarios al hotel. En estos momentos, según esos pronunciamientos judiciales, el edificio está en una zona donde no se podía construir e invade la zona de dominio público, como estableció también el Supremo en 2012. Además, los terrenos sobre los que se levanta son ahora de la Junta. No así el hotel, que seguiría siendo de la promotora.
¿Qué espera ahora? La respuesta es compleja. Aunque el Supremo deja claro que su misión no es entrar en “la responsabilidad patrimonial” que puedan tener las Administraciones implicadas, ya que en la Audiencia Nacional hay un pleito abierto sobre este asunto. La promotora del hotel, Azata, reclama 70 millones de euros al Ayuntamiento de Carboneras, a la Junta y al Gobierno central. Antes de que se desatara la polémica por la construcción del hotel, las Administraciones concedieron los permisos para que el edificio se levantara. La principal baza con las que cuenta la promotora ahora en su reclamación es la licencia de obras. Esta fue anulada en primera instancia, pero la misma sección del TSJA que ha sido corregida por el Supremo en el asunto de los suelos, falló en 2014 que la licencia que se le concedió es legal. Esa sentencia es firme, con lo que no cabe la posibilidad de ser anulada como ha ocurrido con el asunto de los terrenos. Por tanto, se me antoja un paso más hacia el derribo del hotel, aunque la cantidad a indemnizar a la promotra es tan cuantiosa que aún no se ha dicho la última palabra. El tiempo sigue corriendo y el mamotreto sigue ahí

Procesionaria y cochinilla del carmín

Antonio Lao | 1 de marzo de 2016 a las 18:39

Inanición, dejadez o simplemente desconocen lo que tienen entre manos. En la provincia más seca de la península, en las tierras en las que se han invertido millones y millones de euros en repoblación, en los paisajes en los que lograr que una planta crezca sin ayuda de agua o cuido casi es un milagro, nos empeñamos en mirar para otro lado cuando de buscar soluciones se trata.
Hace una semana Diario de Almería mostraba en un notable reportaje del periodista Rafael Espino como la procesionaria del pino se adueña de hectáreas y hectáreas repobladas hace más de tres décadas, algunas incluso más, sin que desde la administración autonómica se haga nada por evitarlo. Todo lo que hemos conseguido que declaren los responsables es que está prohibido por la Unión Europea la fumigación aérea. No comparto tanta pasividad. Las leyes y las normas están ahí para cambiarlas, si se demuestra con ello que el beneficio es mayor que el daño. Entiendo que una fumigación sin sentido puede perjudicar a las aves y otra fauna habitual de estas zonas. Pero mucho me temo que si seguimos empecinados en situaciones de este tipo, al final no vamos a tener fauna porque todo va a ser del desierto.
Ocurre con la cochinilla del carmín y las paletas. La excusa de que es una planta invasora ha acabado con un paisaje tan típico de Almería como las migas o el potaje de gurullos. Una nueva inanición de la administración, que ni tan siquiera ha apostado por una alternativa viable a conservar, si no toda la población, si una buena parte. Ahora, a poco que viajes por los pueblos te encuentras zonas paleteras por excelencia muertas, que producen desolación y tristeza. Una indecencia supina ver como se busca el paso del tiempo, a la espera de que las críticas escampen, sin soluciones coherentes, acertadas y que , de verdad, busquen la defensa de nuestros paisajes.
Pero aún hay más. En comarcas como el Nacimiento, La Alpujarra, parte del Almanzora y Los Vélez, se acabó la aceituna negra para consumo. Y es que la mosca mediterránea, esa que pudre toda fruta que se produce campa a sus anchas. Aquí nos topamos otra vez con la prohibición europea. ¿Que se ha conseguido?, pues que los sufridos agricultores de interior, aquellos que subsisten con mil difucultades, pierdan parte de sus ingresos vendiendo la oliva sólo para aceite, que se paga casi a la mitad de lo que se obtenía hace unos años por la de consumo. Las normas, no discuto, están para cumplirlas. Pero la flexibilidad y la coherencia debe imponerse por encima de aquellos sesudos que las dictan, que jamás han estado aquí. Y la administración, en este caso la andaluza, debe estar para hacerles entender la situación y no limitarse a verlas venir, sin importarles poco o nada el mundo en el que nos movemos. Una pena.

Nos toman el pelo

Antonio Lao | 22 de febrero de 2016 a las 12:31

A los incumplimientos varios a los que nos tienen acostumbrados los sucesivos gobiernos de España en esta provincia, se suma ahora el presunto choriceo, cuarto y mitad, destapado en ACUAMED (Aguas del Mediterráneo) con el que el Partido Popular ha culminado una legislatura memorable, con todas las connotaciones negativas, para la tierra noble que habitamos. Lamentable y triste es conocer el tejemaneje que se traían los altos cargos de la sociedad que ha gestionado en esta provincia cientos de millones de euros para obras de desalación de agua, tanto para abastecimiento, como para riego. Pero lo es aún más saber que después de tres años, caso de la desaladora del Levante, ubicada en Villaricos, nadie ha sido capaz de solucionar los problemas generados por las inundaciones, mientras la planta sigue ahí, deteriorándose y a la espera de soluciones, mientras la escasez de agua se agrava cada día en una zona que puede, si la dejan, convertirse en un referente de la agricultura europea.
Pero aún hay más. La ministra del ramo, conocedora de lo que se jugaba en regiones como Murcia, no tuvo empacho alguno en rebajar el precio del metro cúbico de agua, tratando de atraer votos y voluntades, en un esfuerzo electoral final que fue vano y baldío. Mientras, los regantes almerienses se desgañitan un día sí y otro también reclamando igualdad de trato y similitud de precios que aún no han llegado. Pero viendo lo sucedido, uno tiene la sensación que la preocupación de aquellos que gestionan el dinero público nada tiene que ver con la defensa del bien común, la mejora de las estructuras o el bienestar de los ciudadanos, sino más bien con el intento, desconozco si logrado o no -es algo que dirimirán los tribunales- de acrecentar el trinque con el que nos hemos venido desayunando un día si y otro también a lo largo de los últimos cuatro años.
Qué profunda es la fractura que han provocado entre los ciudadanos y sus gobernantes, hasta el extremo de que ya nadie cree nada de lo que le dicen, y tan sólo esperan que el agujero que al final se encuentren sea lo más leve posible.
La regeneración que se necesita es tan grande que van a tener que temblar muchas de las columnas sobre las que se asienta el sistema, si no para derribarlas y partir de cero, sí para levantar uno a uno los ladrillos y las alfombras para que no quede nada debajo. Y para ello lo mejor es un tiempo de oposición, que permita reflexionar de forma profunda, padecer el frío que hace fuera y atender, de verdad, los problemas de la gente. A esto se llega a servir y no a servirse, cuestión esta última tan extendida en aquellos que nos gobiernan, que sacarla de sus cerebros necesita del mejor cirujano para que la extirpación sea tan limpia como el agua cristalina de una playa virgen, jamas visitada por los humanos.

La trastienda del PP

Antonio Lao | 15 de febrero de 2016 a las 17:38

El Partido Popular de Almería se aferra a los resultados electorales de las municipales, andaluzas y nacionales para mantener la cabeza fría. Son conscientes de las dificultades que se avecinan a nivel nacional, las viven a nivel regional y pretenden que la provincia se mantenga como referente dentro del panorama estatal por “liderazgo, resultados y mantenimiento de poder”. Las palabras de un destacado dirigente provincial confirman la serenidad con la que afrontan el futuro, sabedores de que vienen curvas. Con las principales alcaldías en su poder, más la Diputación, entienden que mantienen un parapeto en el que cobijarse a la espera de que escampe y lleguen tiempos mejores.
Ahora, subrayan, “debemos saber manejar lo que tenemos, si realmente pensamos en el futuro recuperar lo perdido”. Esa dinámica pasa por alejar todo lo posible los contubernios, evitar la división interna y, sobre todo, las aventuras “que no conducen a ninguna parte” de aquellos que creen que a río revuelto ganancia de pescadores.
Esa normalidad la encarna el actual presidente, Gabriel Amat, quien pese a las presiones que recibe de todo tipo no ha pensado en dejar la presidencia del partido e, incluso, se plantea seguir al frente de la formación, no sólo este mandato, sino optar a la reelección de sus compañeros. El “viejo zorro”, es muy consciente de que lo esperan desde todos los frentes, incluso internos. Conoce con detalle los movimientos de sus correlegionarios, los que almuerzan en restaurantes apartados y los que se cobijan a la luz de las velas a la espera del codiciado botín. Pero no se arredra. Al contrario, maneja los tiempos como pocos, sitúa a sus peones en puestos claves y se deshace de aquellos que pueden ser un estorbo, -no lo tomen al pie de la letra- en la misma medida que un azucarillo se diluye en agua hirviendo.
Y es que la experiencia es un grado. Un grado tan enorme que le hace ver las jugadas con mucha antelación. Cuando aquellos/as que dibujan un escenario sin Amat, el veterano presidente, que no cansado, ya ha pintado la cara de los que tratan de difuminar su imagen y los ha alejado de la cocina en la que se elaboran los menús.
Aún así hay que estar atentos las próximas semanas, los próximos meses, a los gestos, a los movimientos de ficha de los peones para tener una imagen real de la partida de ajedrez que se está jugando. No valen triunfos efímeros, apuestas de escasa consistencia, sino jaques mates concluyentes, en los que el rey no tenga ni una sola opción de triunfo, a pesar de la fuerza de la ayuda de alguna que otra pieza del tablero, incluida la reina, que muestra y expresa toda la contundencia de su valor, en un juego tan interesante por su despliegue de estrategia, poderío y crueldad en el resultado: victoria o derrota, no hay más opciones.

Líderes en exportación, precios por el suelo

Antonio Lao | 9 de febrero de 2016 a las 11:58

EL viernes concluía en Berlín Fruit Logistica. La feria agrícola más importante del mundo en la que, una vez más, la provincia ha destacado por su capacidad de producción, su fuerza exportadora, el anhelo innovador y su liderazgo camaleónico para adaptarse a los nuevos tiempos, a los nuevos gustos del consumidor y, lo que es más importante, a las exigencias de un mercado cada vez más globalizado y gourmet.
En el otro lado, y mientras casi un millar de empresarios y comerciales trataban de abrir aún más el mercado europeo y mundial de hortalizas, los productores, los agricultores y las familias, vivían el primer paro del año y se manifestaban por las calles de la capital, en demanda de unos precios acordes con el esfuerzo, el gasto y el trabajo que cada día ponen para satisfacer los paladares más exquisitos de 500 millones de europeos.
Un contrapunto que pone de manifiesto la enorme distancia que existe entre aquellos que producen y el consumidor final. Un contrapunto que eleva aún más la tensión entre dos actores que representan la misma función. Unos muy mal pagados y escasamente reconocidos y otros bien remunerados a costa de los primeros.
Algo hay que hacer y pronto. La brecha que separa a un mismo mundo crece, mientras que lo que se ha venido en llamar el sector no encuentra la fórmula para alejarse de los vaivenes que producen las temperaturas y la capacidad de control de las grandes superficies para instaurar y pactar precios, sabedores de la caducidad de un producto que “sí o sí” debe estar en el mercado cuando está maduro. Mucho se ha escrito y dicho sobre la necesidad de unión que la industria agroalimentaria urge. Pero tanto o más se ha hecho por evitarla. Lo poco que conocemos se ha realizado a regañadientes y sólo porque los protagonistas han visto como la única salida a sus déficits pasaba por la conciliación de intereses para sobrevivir con garantías, en un mundo tan global y tan competitivo que el pez grande en Almería no deja de ser un simple huevo de esturión en el mercado mundial de las hortalizas.
Tenemos el clima, contamos con los agricultores más experimentados y preparados, somos -y es un tópico- la despensa de Europa. Nuestra capacidad es tal que pese a no creérnoslo tenemos la sartén por el mago. Otra cosa es que aquellos que tienen capacidad de liderazgo y fuerza para unir voluntades, de verdad se sienten y busquen soluciones coherentes, respetadas y de futuro para que el sector, ese del que eufemísticamente nos vanagloriamos para mayor loa de unos cuantos, sufra lo menos posible y tenga, de verdad, capacidad de decisión, no ya para enriquecerse, que también, sino para, mínimamente, obtener una renta básica que permita un crecimiento sostenido, variado y alejado de las turbulencias a las que está sometido de forma permanente.