La Almería olvidada

Antonio Lao | 10 de agosto de 2015 a las 11:47

Perdida. La legislatura para la provincia de Almería, en materia de infraestructuras se puede dar por amortizada. Claro que siempre desde el Gobierno se alegará que ha sido el tiempo en el que la autovía del Mediterráneo hasta Málaga se ha terminado. Y es verdad. Pero no olvidemos que los trabajos se han desarrollado en la provincia de Granada y que debía estar concluida hace más de una década.  Almería sigue olvidada por parte de los poderes públicos. Lo acabamos de vivir en nuestras carnes con los Presupuestos del Estado para 2016. Y lo padeceremos de nuevo dentro de unos meses cuando lleguen los de la Junta. Para tratar de evitar las críticas no los provincializarán, a la espera de que el chaparrón que les caerá los moje lo menos posible y escampe en la misma medida que asciende el olor a tierra mojada con las primeras gotas en un mes de agosto. Los empresarios, aquellos que ahora reclaman más dinero del Estado, -unos 400 millones que han dejado de gastarse durante los últimos cuatro años-, han sido pacatos y benévolos en este tiempo con el Ejecutivo de Mariano Rajoy y algo más beligerantes, aunque sin excesos, con el de Susana Díaz. Lamentablemente se echan de menos los tiempos de José Antonio Picón, de José Antonio Flores, Francisco Martínez  Cosentino y Miguel Santaella, máximos responsables de la Cámara y Asempal, que se liaron la manta a la cabeza y encabezaron una reivindicación histórica para esta tierra, sin importarles las consecuencias de una protesta que les ponía frente a dos grandes máquinas de poder, como son el Estado y la Junta de Andalucía. Incluso, recuerdo con cierta nostalgia los tiempos en los que José Guijarro y Juan Antonio Verdejo, concejal de la capital y alcalde de Turrillas, respectivamente, fueron capaces de idear una “burro marcha” desde Almería aPuerto Lumbreras para presionar en la ejecución de la autovía del Mediterráneo. Son otros tiempos, claro está. Tiempos en los que el miedo atenaza más que da bríos. Tiempos en los que se vive de la inmediatez de una declaración . Tiempos de lenguas viperinas, declaraciones excelsas de decibelios, pero huecas y vacías como un huevo huero alejado del nido. Tiempos en los que se nos intenta hacer comulgar con ruedas de molino, cuando la sequía ya no es capaz de mover ni un sólo radio de la rueda ficticia de piedra que el agua mueve. Tiempos en los que la oposición tiene más miedo que el gobierno y el gobierno más pánico que la oposición, por aquello de quedar bien y que se muestre lo menos trasquilado posible.
Almería, la Almería olvidada, la Almería con síndrome de esquina, la provincia capaz de lo mejor por su gente, sin ayudas y sin promesas vanas. La Almería con imagen de indolencia, pero viva e innovadora, que se enorgullece de los que mueven, aunque sea un dedo, cuando se habla de capacidad de trabajo y de generación de riqueza y valor añadido.

Milenio de Almería, la clausura

Antonio Lao | 3 de agosto de 2015 a las 17:44

Diario de Almería dio por clausurado el miércoles el Milenio de la Taifa, con dos actos que los almerienses deben guardar en su retina. El primero fue la gala celebrada en la Plaza Vieja. Un concierto inolvidable de la Orquesta Ciudad de Almería (OCAL), con la colaboración inestimable de Ana Mar y de la bailarina Cristina Samaniego, en el que se hizo un recorrido por la música de los diez siglos transcurridos desde el año 1000, cuando Jairán gobernaba estas tierras, hasta la actualidad, en el que el Ayuntamiento ha sabido participar y colaborar, conocedor de la importancia de una conmemoración de este tipo. Cedió amablemente la Plaza Vieja para el evento, al contrario que la Junta de Andalucía, algo pacata, corta de miras y con miedo, -ellos sabrán a qué y hacia quien-, negando La Alcazaba, el monumento que los musulmanes nos dejaron en su paso por estas tierras para el evento, y que hubiera significado un plus en la celebración y el compromiso de la administración autónoma con una efeméride, que este medio ha tratado de dignificar y poner en valor, ante la pasividad de aquellos que tenían el deber, y casi la obligación, de presentarla ante la sociedad almeriense, andaluza, española y hacia el mundo árabe como una oportunidad de acercamiento, crecimiento y negocio para el futuro.
No lo han sabido ver y se suma a otro buen número de oportunidades perdidas, en una tierra que camina sola en más ocasiones de las necesarias, aunque los que la habitamos no necesitamos más fuerza que la que nos dan nuestras manos y nuestras ideas para avanzar en la senda de un crecimiento imparable y sostenido, ganado a pulso. El segundo acto del que les hablaba es el suplemento “Diario del Milenio, los personajes”, un trabajo excepcional del escritor y cronista de la ciudad, Antonio Sevillano, en el que hace un recorrido por este tiempo del que les hablaba desde el punto de vista de aquellos que construyen la historia. Desde Jairán a Juan del Aguila, desde Colombine a Nicolás Salmerón y, como no, bajando con la serenidad que la escritura merece a pícaros, vividores, hombres y mujeres de la provincia que, pese a no ser importantes en el desarrollo y crecimiento de estas tierras, permanecen la la memoria de los que aquí habitamos como imprescindibles. Con la gala de apertura y la de cierre del Milenio, este medio de comunicación, con la humildad que nos caracteriza, pero conocedores y responsables con nuestro papel vertebrador en la provincia, hemos querido ofrecer a los ciudadanos que aquí viven una oportunidad de sentirse partícipes de lo que un día fue Almería, de su papel en el contexto del Mediterráneo y de la importancia de la historia que tenemos tras de nosotros. Esperamos que el esfuerzo haya merecido la pena. Para nosotros ha sido ímprobo, pero ha significado un encuentro con nuestro pasado, que debe hacernos mejores en el futuro. Gracias.

El regreso de los rodajes

Antonio Lao | 27 de julio de 2015 a las 19:22

ALMERÍA vive una nueva época dorada del cine. Es un hecho constatable que la provincia es destino favorito de productoras nacionales e internacionales, que han entendido las posibilidades que para el séptimo arte tienen nuestros paisajes, nuestra luz y las facilidades que la administraciones, -todas sin excepción-, ofrecen a aquellos que pretendan posar aquí sus cámaras.

Si los años sesenta y setentapor aquí pasaron los mejores, aquellos que hoy ya son mitos como Omar Sharif, Steven Spielberg, Harrison Ford o Clint Eastwood, la segunda década del siglo XXI se caracteriza por la reedición del fenómeno, con nuevas cintas como Éxodus, la serie de culto Juego Tronos o el incesante goteo de rodajes de series, cortometrajes o anuncios, que dejan tras de sí un reguero de confianza en lo que hacemos, en nuestras posibilidades y, como no podía ser de otra manera, cantidades importantes de dinero en forma de salarios para aquellos que hacen de extras, además de estancias de actores, actrices y personal que rodea este mundo, nada despreciable.
La Diputación siempre tuvo el sueño de liderar el regreso al primer plano del celuloide de los paisajes provinciales. Ya en la época de Tomás Azorín de presidente y del malogrado Juan Antonio Segura como diputado de Turismo, con el apoyo empresarial, se buscó con ahínco contar en esta tierra con unos estudios permanentes, una oficina de atención y personal especializado, tratando de recuperar lo que fuimos. No lo logramos del todo, aunque se rescató parte de aquel sueño.
Ha sido ahora, con el regreso de las grandes superproducciones, cuando Almería vuelve a estar en el circuito internacional y se posiciona con fuerza. No ha sido fácil, ni lo va a ser mantenernos en una situación de privilegio. Pero si somos capaces de hacer las cosas bien, con la calma y la mesura necesarias, sin cegarnos en exceso por el brillo de las estrellas, hasta es posible que el objetivo esté al alcance de nuestra mano.
El cine es a Almería lo mismo que la naturaleza y las playas vírgenes son al Cabo de Gata. Un gran plató de contrastes, en el que hay pasado, presente y futuro y que está ahí para que los directores y productores lo cojan. Los riesgos, no obstante, permanecen. Pasan por evitar la picaresca, el control de grupos indeseables y, sobre todo, por mantener la cabeza fría y los pies en el suelo. La gallina de los huevos de oro está con nosotros, pero tengamos cuidado de no tratar que acabe cebada en exceso y fallezca de éxito. El camino a recorrer sólo acaba de empezar y habría que pensar en dar un paso más para vender Almería con la imagen de película que nos hemos ganado en seis décadas de rodajes, en el que el cine nunca dejó de estar con nosotros. Ahora, en una nueva edad dorada, unamos nuestra marca a la pantalla.

Esperando el AVE

Antonio Lao | 20 de julio de 2015 a las 11:44

CRISTÓBAL Montoro, el todopoderoso y parlanchín ministro de Hacienda del Gobierno de Rajoy anuncia que el 4 de agosto los Presupuestos Generales del Estado para 2016 deben entrar en el Congreso. La idea del presidente es que este país tenga aprobadas las cuentas del próximo año antes de las elecciones generales. Una interesante decisión, a la espera de unos resultados que se prevé no dejarán mayoría absoluta para nadie. A posteriori el diálogo será complejo y las componendas varias para buscar una alternativa sólida se me antojan poco menos que una quimera. En esos presupuestos, como otros años, deben recogerse fondos para las obras del AVE entre Murcia Almería que, como ya escribí en alguna ocasión, deben ser los mismos de hace tres años, los mismos de hace dos y, si nadie lo remedia -y no parece que vaya a ser así- los mismos de este año. Porque a pesar del bombo y platillo con el que cada cierto tiempo nos venden la burra de proyectos, licitaciones y otras zarandajas, lo cierto es que los trabajos llevan paralizados tres años, los túneles están sellados y lo que hay hecho se deteriora en la misma medida en que aquellos que nos gobiernan se afanan y ufanan en vendernos lo importante que es que el AVE llegue a Murcia, las bondades de una plataforma con una sóla línea o la cercanía que supondrá, en breve, poder desplazarnos a Granada o Murcia para coger la Alta Velocidad y viajar a Madrid.
La verdad es que llevamos una legislatura perdida, cuatro años que han supuesto el abandono de las prioridades más básicas que esta provincia tenía en infraestructuras, si bien es cierto que la crisis establece unos parámetros a los que todos debemos estar sujetos y amoldarnos.
Pero no es menos verdad que el Gobierno ha jugado con esta tierra durante la legislatura, retrasando y dilatando la adjudicación de tramos o el inicio de las obras, sabedores de que no existen fondos para retomar los trabajos.

Mientras, aquellos que siempre han sido beligerantes y reivindicativos con las necesidades de esta provincia -Cámara y patronal ASEMPAL- se les ha visto poco, ahuecando el ala en la mayoría de las ocasiones y escasamente críticos.
La venta de la burra, de la que hablaba unos párrafos atrás, se me antoja más hiriente conforme pasan los meses y cuando nos enfrentamos a unos nuevos presupuestos, sin que se haya avanzado ni un milímetro en el inicio de los trabajos. Y es que a lo largo del año, el empeño por mantener viva la llama de las obras por parte del Gobierno ha sido tal que, incluso, se ha producido cierto consenso en que iba a ser así. Pero tal y como están las cosas aquel que piense que las máquinas van a comenzar a trabajar antes de que termine el año es poco menos que un iluso. Vamos, que al final la burra, se han empeñado en que traspase la puerta de culo.

La cochinilla del carmín

Antonio Lao | 13 de julio de 2015 a las 12:14

La chumberas de la provincia agonizan. La cochinilla del carmín se impone con rotundidad y acaba con siglos de historia, con formas de vida milenarias, con quitahambres en tiempos de penurias y con un manjar exquisito para el verano como es el chumbo.
La enfermedad de las paletas, que empezó con fuerza en el Levante, Almanzora y Los Vélez, ha colonizado año tras año las plantaciones de chumberas que se diseminan por toda la provincia, arrasándolas a su paso y dejando tras de si un paisaje de algodón putrefacto, de telas de araña insoportables, incluso amenazando en las noches de verano las veladas de los vecinos de La Chanca, las visitas a La Alcazaba y el toque animoso de los guitarristas y cantaores nocturnos de Pescadería.
¡Qué tiene que pasar para que Medio Ambiente decida afrontar el problema! Una tierra es por su historia, por su pasado, por sus tradiciones, por sus pequeñas cosas, y saborear un chumbo recogido con las gotas del rocío mañanero, para evitar que las molestas espinas se claven, es un placer que no debe perderse. El vendedor ambulante en cualquier esquina de la ciudad, que te los prepara y te los pone en una bolsa para que sorprendas a la familia en cualquier hogar de esta tierra, cuando el calor te acogota y apenas te deja respirar y tradición, es sabor, es Almería.
Aún recuerdo cuando era niño, como mi padre se levantaba primera hora de la mañana y se acercaba a las paletas. Tenía las manos tan curtidas por el trabajo que no necesitaba guantes para alzarse con los mejores ejemplares y echarlos a un cubo de latón que estuvo por la casa muchos años. Metódico, como pocos, arrancaba una mata, de las muchas que se criaban entre las pencas, barría los chumbos, solo aquellos que de verdad tenían sabor. No me pregunte como distinguía los buenos de los malos, los agarraba con la mano, media vuelta, y para casa. Luego, no se extrañen que al mediodía se conviertiera en un postre especial, en una imagen que ha perdurado y que espero me acompañe siempre. Tampoco olvido a los extranjeros, aquellos turistas que llegaban a la provincia en coche, aún hoy lo hacen, y que paraban el vehículo en el arcén de la carretera y eran capaces de coger chumbos con las manos, a pleno sol, e incluso llevarlos a la boca sin pelar, ante la atónita mirada de los lugareños. ¡Qué momentos! Pues bien, todo ello prácticamente ya es historia. Aún quedan algunos focos de paletas en el Nacimiento. Los del resto de la provincia se pudren superados por la cochinilla del carmin, una plaga invasora que llegó como tantas otras, sin que nadie pusiera o ponga medios para combatirla. Ustedes se imaginan como ocurra lo mismo con la nueva enfermedad del olivo, Xilella Fastidiosa, que ya coloniza Italia y que puede dejarnos, si llega y no se actúa, sin uno de nuestros productos por antonomasia y fuente de ingreso, como es el aceite de oliva.

La nueva Diputación

Antonio Lao | 6 de julio de 2015 a las 12:01

Aunque  el Partido Popular conserva la mayoría absoluta, muchas son las cosas que parecen van a cambiar en los próximos cuatro años en la Diputación. Y es que pese al trabajo realizado, del que el presidente Amat dice sentirse más que satisfecho, un “viejo zorro” como él, a buen seguro, que ha tomado nota de los errores y del camino que debe abrirse a lo largo de la legislatura que se inicia, para recuperar la confianza perdida de los ciudadanos. Posiblemente Gabriel Amat hizo el lunes uno de los discursos más coherentes, con más chispa y más realista que le recuerdo. Sin papeles, tan sólo algunas notas a pie de página, el presidente realizó un análisis serio y riguroso del papel de la Diputación, de la recuperación de la credibilidad, de la disminución de la deuda y del rol social, a veces incluso paternalista, que la institución debe hacer, hace, con los pueblos más pequeños. Aquellos que sin el compromiso y el trabajo de la Diputación tendrían complicado, ni tan siquiera, hacer una pequeña obra de asfaltado.
El presidente, no obstante, se enfrenta a cuatro años complejos, a cuatro años que va tener que batallar con pesos pesados del partido, alcaldes y candidatos derrotados por la mínima en sus pueblos, que han encontrado un refugio en la casa de todos, desde el que esperan el paso del tiempo para un nuevo asalto al poder. No va a tener fácil controlar el gallinero, en el que abundan gallos, y en el que el dominio de las palabras debe ser exquisito y prudente. Habrán de pasar algunos meses hasta conocer el grado de compromiso de los que llegan y cómo son lidiados por un presidente al que le gusta tener todo bajo tutela, dueño de sus silencios y sus gestos, frente a los que han sido todo en sus pueblos y que deben amoldar fondos y formas al nuevo tiempo que llega.
El PSOE ha decidido rectificar para bien. Han hecho un equipo en la oposición político, sabedor de que a poco que trabajen, la sociedad les va a poner en bandeja la oportunidad de recuperar la institución provincial. El alcalde de Serón, Juan Antonio Lorenzo, llega con el bagaje de ser primer edil durante muchos años. Conocedor de las carencias y necesidades que tienen los municipios de Almería. Una buena oportunidad para recuperar la oposición seria y realista que todos han echado de menos en la legislatura quer termina.
Ciudadanos llega nuevo a la plaza. Bastante tendrá con observar y aprender. A partir de ahí todo lo que logren será bienvenido.
En Izquierda Unida no hay variación. Mismo diputado, misma política, mismos errores, escasas virtudes. En la nube de la incoherencia, el diputado insistirá en su caza de brujas en la que está empeñado, a la espera de que alguna vez, cuando abra el puchero se encuentre realmente la captura que añora y por la que suspira. Pero esa es otra historia.

Una consejera para Almería

Antonio Lao | 29 de junio de 2015 a las 18:42

Qué mal hemos debido ser tratados por Andalucía, en cuanto a cargos de relevancia se refiere desde que disponemos de gobierno propio, cuando el nombramiento de una consejera se convierte en un hecho noticiable y destacado. No se han prodigado los distintos presidentes que ha tenido la Junta en los últimos 35 años en elegir cargos públicos de relevancia de esta tierra, y no será porque no tengamos una “cantera” igual o más preparada que el resto de provincias que conforman Andalucía.
La distancia a Sevilla ha sido siempre, para nuestra desgracia, un handicap que nos aleja de los centros de poder, en la misma medida que los que han dirigido los destinos políticos de Almería no han sabido o no han querido presionar lo necesario para que esta tierra tuviera la representación que merece, cuanto menos al mismo nivel que lo han tenido siempre otras provincias. Y no es que crea en la cuota de representatividad a pie juntillas. Al contrario, pienso que los cargos se logran por méritos de formación, de preparación y políticos. Aún así, no ha sido entendible que Almería haya sido ninguneada una y otra vez por aquellos que rigen nuestro destino desde el centralismo sevillano, sin atender ni a tirios ni a troyanos y, sobre todo, despreciando el peso político y económico que esta tierra aporta al resto de la Comunidad Autónoma.
No se trata ahora, ni mucho menos, de cargar contra aquellos que una vez sí y otra también, se encargan de arrinconarnos y profundizar en lo que siempre hemos denominado “síndrome de esquina”, pero si pienso que ha llegado el momento de sacar las uñas para reivindicar el peso político que nos merecemos en el Gobierno Andaluz.
Esta vez la presidenta lo ha tenido muy claro. Sabía y era conocedora que en su primer gobierno cometió un error al olvidarse de esta provincia. Un error que sirvió para enfrentarse con los empresarios y con la sociedad en general. Aunque el PSOE buscó argumentos para tratar de restañar las heridas que provocó, lo cierto es que le puso a la oposición el argumento fácil para la crítica en cualquier comparecencia. El nombramiento de Mari Carmen Ortiz viene a restañar y a cerrar viejas heridas.Sin pensar en cuota provincial, lo cierto es que Almería es líder en horticultura y parece razonable, no ya básico, que también, que la gestión de todo lo relacionado con el campo sea llevada por alguien que conoce el sector. Y aquí, a pesar de las presiones que puedan llegar de otras provincias, hemos sido capaz de facturar miles de millones de euros con 30.000 hectáreas bajo plástico, un dinero impensable para cualquier producción agrícola del resto de la comunidad, con productos tan importantes como el olivar, los cítricos, el algodón o el cereal. Millones de hectáreas que apenas mantienen el empleo y la facturación.

Gobernar en minoría

Antonio Lao | 22 de junio de 2015 a las 11:37

Gobernar a golpe de mayoría absoluta se ha acabado. Los tiempos cambian y llega el turno a la negociación, al pacto, el consenso, tener que ceder, olvidarse del “ordeno y mando” para transgredir en fórmulas más participativas y colectivas. Desconozco, en realidad, que puede ser lo útil para que redunde en beneficio de los ciudadanos, verdaderos protagonistas del ejercicio de la política. Sea como fuere, lo cierto es que llegan nuevas formas, se instalan con la celeridad del tiempo en el que vivimos, con la rapidez que te devora el segundo perdido, la mirada en lontananza y el gesto sereno y baldío, desecho cual azucarillo en un café.
A pesar de los cambios, tan profundos que se avecinan, tan complejos y de negociación permanente, quiero creer que aquellos que nos gobiernan van a tener la mesura, el criterio y la responsabilidad de la que no han hecho gala en campaña y tampoco en las negociaciones de acuerdos para el gobierno, y que van a dejar a un lado viejas rencillas para centrarse en lo verdaderamente importante, que es el gobierno de nuestras ciudades y pueblos.
Lo cierto es que este comentario es más un deseo, una necesidad, un pensamiento instalado en la coherencia, que la realidad que vamos a vivir y que nos invadirá a partir de ahora. Entiendo harto complicado que aquellos que han jugado con los almerienses a su antojo, sin importarles la ciudad o la provincia, van a cambiar ahora de actitud cuando perciben el poder entre sus dedos. Espero poco o nada de quienes, unas horas antes de irse reventaban las redes sociales con comentarios absurdos, mensajes vanos y llenos de bilis y, unas horas después, asegurado el sillón, recuperaban la mesura, la coherencia y hasta la exquisitez en el trato.
No puedo esperar milagros de aquellos que han jugado con la mayoría absoluta como si de un paseo en la montaña rusa se tratase y ahora, cuando sólo les ha quedado un simple columpio, traten de moverlo con la misma adrenalina que provoca el descenso vertiginoso del Dragon Khan de Port Aventura, incluidos los cimbreantes tirabuzones.
Aún así, nada será igual. Se impone una nueva cultura que, a buen seguro, tardará en posarse en los pucheros de los que cocinan cada día en nuestras ciudades y pueblos, pero que se asentará a base de derrotas en los plenos, comisiones de gobierno o juntas de portavoces. Nada mejor para serenar ánimos y templar gaitas que la fuerza de los votos. Las mayorías ahora son las que son y por más que la fuerza de la costumbre salga al exterior en forma de “ordenes”, la espada habrá que envainarla en la misma medida que la realidad estalle en forma de criterio, sensibilidad, y cambio. Poco se puede hacer frente a las nuevas mayorías. Lo que es necesario y perentorio es que se apliquen y se entiendan con normalidad democrática,

El Algarrobico, una madeja enredada

Antonio Lao | 15 de junio de 2015 a las 12:05

La última opinión conocida de alguien de la administración sobre el hotel paralizado en la playa de El Algarrobico ha sido la de la consejera de medio Ambiente, en funciones, María Jesús Serrano. El ejecutivo autonómico, dice, “acepta de buen grado el anuncio de que el Tribunal Supremo podría resolver el galimatías jurídico, con cuatro sentencias de golpe, que despejarían, por fin, la eterna pregunta, con sus continuos vaivenes, de si el hotel debe derribarse o, si, por el contrario, se abre al público”.
Aún recuerdo a Cristina Narbona, ministra de Medio Ambiente en el Gobierno de Zapatero y ex-diputada cunera del PSOE de Almería, visitar la zona, antes de darse un chapuzón en las playas de San José junto al que fuera ministro de Obras Públicas y ganador de las primarias socialistas, José Borrell y, ante decenas de periodistas, anunciar la paralización de las obras, en un intento de mostrar “tolerancia cero” con los desmanes urbanísticos que se estaban produciendo y se produjeron en la costa española en los años de la burbuja inmobiliaria, años de vino, rosas y sobres, en los que parecía que vivíamos en el paraíso del dinero, años de infausto recuerdo, por lo que luego han traído para el bolsillo de millones de españoles.
El hotel y las sentencias, una tras otra lo han confirmado, se inició con los parabienes de todas las partes implicadas -Ayuntamiento, Junta y Gobierno-; se hizo una ingente campaña publicitaria, de forma paralela a la construcción de la desaladora de Carboneras, y se vendió como el gran maná que daría trabajo a la localidad, la convertiría de un plumazo en municipio turístico, sumando la pesca y el incipiente desarrollo industrial. ¡Qué más se podía pedir!
No niego que es un mamotreto de difícil digestión, confirmo que no se respetaron todos los parámetros y se trató de construir más de lo permitido. Pero de ahí a ser una y otra vez noticia nacional e internacional media un abismo. Su imagen, las protestas, las sentencias, las actuaciones varias de la Junta y el Gobierno, le han hecho un daño irreparable a la provincia y a la localidad carbonera. Un daño que, en ninguno de los casos se merecen los que allí habitan, que lo único que vieron en su construcción en una playa casi inhóspita y de peor arena, era una oportunidad de empleo y desarrollo.
Sea como fuere, la sentencia que ahora se anuncia por parte del Supremo vendrá, aunque tarde, a arrojar un poco de luz sobre un problema enquistado en el mar negro de la turbulencia. Si se sigue adelante, grandes habrán de ser las reparaciones por daños y perjuicios que debe recibir la empresa constructora y si se derriba, cosa harto complicada, la factura que todos los españoles habremos de pagar será de muchos millones de euros, una condena excesiva por el capricho de una ministra que pasó, olvidó y nunca regresó.

Regomello

Antonio Lao | 9 de junio de 2015 a las 11:20

Regomello define muy certeramente el resquemor, la desazón o el desasosiego cuando tienen que ver con cosas cotidianas, de cada día. Sientes regomello por no haber estado a la altura y haber quedado mal, y supone en quien lo tiene un pudor y una cierta finura de sentimientos que son los que de verdad están en peligro de extinción. El “regomello” obligaba a dar algún tipo de explicación posterior a la otra persona para recuperar el buen clima que se suponía dañado. Ambas definiciones obtenidas en Padrinos de la palabra Regomello, no recogida en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, pero sí en el María Moliner, define con cierta rabia, con profusión de detalles y hasta con socarronería, lo que les está ocurriendo a los negociadores de pactos políticos en la provincia, que afectan como ustedes imagino que conocen, a 16 pueblos con el mayor número de habitantes de la provincia.
Este regomello, este come-come, no deja dormir a unos pocos y ha quitado el sueño a otros tantos, que ven un futuro cercano incierto, en el que las salidas son complejas y con demasiados obstáculos como para sortearlos y se ven en la necesidad de recuperar el buen clima que había y que, por mor de “quítame tu esas pajas”, en realidad vigas de acueducto, se había dañado durante la campaña electoral. Porque no me dirán ustedes que no sorprende la suavidad, la educación y hasta el cariño que todos, sin excepción, todos profesan a Ciudadanos y a su líder en Almería, Miguel Cazorla, cuando hace dos semanas nombrarlo era como invocar al mismísimo demonio. Y como lo escrito siempre permanece, sólo hay que echar un vistazo a las redes sociales para comprobar como aquellos que más tienen que perder, generalmente mandados y algún que otro “corre, ve y dile”, escribían sin cesar al dictado, gracieta tras gracieta e sinsulto tras insulto, sin importar más allá del agrado al jefe, en la creencia que de esta manera se asegura un puesto de asesor o concejal de por vida. Cuan equivocados estaban. En política se perdona pero no se olvida. De ahí que Miguel Cazorla, por poner un ejemplo, o los concejales electos de la Plataforma de Vecinos de Adra, hayan marcado las líneas rojas que no se pueden cruzar en una negociación, en la que disfrutan, se carcajean y hasta sienten placer, mientras otros no cesan en su regomello permanente, que se prolongará, al menos, hasta el día 13 de junio, fecha de constitución de los ayuntamientos. Aunque me temo, que el tiempo de purgatorio se puede alargar hasta las elecciones generales. Varios meses de condena, que a más de uno lo van a poner almodovarizado, o lo que es lo mismo, al borde de un ataque de nervios. Y es que aquellos que tienen en su mano la llave del poder o del gobierno están llevando hasta sus últimas consecuencias aquel viejo dicho Apache que asevera: “cuando todo el mundo corra y tenga prisa tú, se lento”.