Compromisos y promesas

Antonio Lao | 16 de enero de 2017 a las 11:25

El año empieza como acabó, plagado de promesas y escasos compromisos. El horizonte apenas se otea por los nubarrones que lo cubren en forma de ausencia de Presupuestos del Estado y con unas cuentas autonómicas que distan mucho de ser para tirar cohetes y comenzar una fiesta. Y es que los recortes, pese a la tan cacareada mejora de la economía, siguen siendo hoy una realidad patente, palpable y triste para los que aquí habitan. No se percibe el más mínimo atisbo de recuperación de las inversiones en aquellos temas que son básicos para culminar el efectivo desarrollo de la provincia de Almería.
He repetido en alguna ocasión que esta provincia ha alcanzado un notable nivel de desarrollo a pesar de las administraciones. La fuerza, el tesón, la capacidad de innovación y la permanente ansiedad por mejorar, nos han permitido ser la punta de lanza de una economía productiva emergente, diferente al resto del país, en el que la pujanza de la agricultura nos ha abierto a fronteras de desarrollo impensables hace tres lustros.
Hoy, 15 de enero de 2017, cuando el sector hortícola se acerca a una de sus ferias más importantes, Fruit Logistica y el turístico a Fitur, nos volvemos a presentar en sociedad con los deberes hechos, con dos sectores pujantes, batiendo récords, asentados en una buena base de crecimiento y con la mirada puesta en la mejora que está por llegar. Todo, se lo pueden creer, a espaldas de unas administraciones que se empeñan en prometer lo que no nos van a dar, alejados del compromiso cierto y real, que una provincia como Almería se merece. Puedo entender que en época de “vacas flacas” todos vean mermadas sus aspiraciones. Comprendo que ante tanta necesidad o prioridades que pueda tener un país o una región nosotros estamos donde estamos. Pero me niego a dejar languidecer nuestras legítimas aspiraciones de mejora en materia de infraestructuras o hídricas, por poner dos ejemplos calamitosos para nuestros intereses y nuestro devenir futuro, en pos de no se qué objetivos o compromisos con otros diferentes a nosotros. Llevamos décadas aportando al conjunto del Estado y de Andalucía mucho más de lo que recibimos. La deuda acumulada de unos y otros -pongan ustedes el orden- alcanza ya categoría de indecencia. Es la hora, ha llegado el momento de romper con lo establecido, dejar a un lado la resignación, demasiado imbricada e inoculada en nuestro carácter, para dar paso a la realidad del inconformismo, de la reivindicación y la protesta como carta de presentación de una tierra laboriosa donde las haya, fiel como pocas y agradecida hasta la extenuación. Con estas premisas no me negarán ustedes que es hora poner fin a las promesas y forzar compromisos reales y cumplimientos, con objetivos, en beneficio de Almería y los que aquí habitamos.

Carta a los magos con retraso

Antonio Lao | 9 de enero de 2017 a las 12:52

Queridos Reyes Magos: perdonad el retraso y atrevimiento en enviar mi carta, aunque espero que la leáis de forma atenta y, en la medida de lo posible, hagáis posible algunas de mis peticiones. Como el anuncio de una conocida marca comercial a nivel nacional, es cierto que esta provincia quizá no haya hecho todos los deberes, es posible que aún no le toque, pero es hora de que las distintas administraciones (Gobierno Central y Junta de Andalucía) se pongan manos a la obra y pueda repasar el catálogo para tener en cuenta lo hecho, que agradecemos de forma efusiva, y lo que resta por hacer, que reivindicamos con constancia, argumentos e insistencia, ya que permanece en el debe de aquellos que nos gobiernan.
Vayamos por partes. Más de 1.500 días sin obras en el AVE que nos debe unir con Murcia no es un olvido, no es tampoco un descuido. Al contrario. Es la mayor indignidad a la que se enfrenta esta tierra en los últimos años, ya cansada de escuchar una y otra vez a todas las partes acusarse del desaguisado, aunque nadie mueve un dedo más allá de la declaración, para ahuecar el ala y permanecer en el anonimato hasta la próxima ocasión. El permanente “choteo” al que nos tienen sometidos desde Fomento sólo se puede corregir con un anuncio claro y explícito de lo que ocurre, de los motivos que han llevado a Sacyr a pedir la resolución del contrato y evitar, en la medida de lo posible, seguir hablando de las tortugas moras y de su hábitat como elemento capaz de parar una obra años.
Con ser este un regalo importante para la provincia, cuando se logre, no lo es menos que vuelvan las obras a la desaladora de Villaricos, anegada por las aguas hace casi tres años y desde entonces duerme el “sueño de los justos”. Una inversión millonaria que se deteriora a pasos agigantados y a la que nadie le presta ninguna atención. La estación de Renfe de Almería si no es el regalo estrella con el que sueña cualquier hijo de vecino de Almería, si es una parte importante, de las aspiraciones de los que aquí habitamos. Ver como se deteriora uno de los edificios más hermosos de esta tierra no es plato de gusto para nadie.
En carreteras parece necesario insistir majestades, por si lo tenéis a bien, solicitar de la Junta de Andalucía un compromiso serio, veraz y fiable para culminar la autovía del Almanzora. Una necesidad largamente demandada y que camina a trompicones, con más zancadillas de las necesarias.
Como veis, pequeñas cosas, para una provincia que es capaz de sumar en positivo el PIB nacional y que permanece en el olvido más sangrante cuando de invertir en ella se trata. Y no se crean que no miro con perspectiva histórica, que lo hago, pero por más que busco no encuentro un motivo de satisfacción a lo largo de los años. Algunas cosas habéis tenido a bien conceder, pero siempre a regañadientes.
Afectuosamente.

Abiertos al mar

Antonio Lao | 19 de diciembre de 2016 a las 11:59

Siempre permanecerá en mi retina la primera vez que recorrí el frente litoral de la ciudad. No tendría más allá de seis años cuando aquel paseo por el Zapillo. Ya entonces me sorprendió la capacidad del hombre para fastidiar algo tan hermoso como la grandeza de una costa abierta. Aquí, a finales de los setenta, el desarrollismo turístico abigarrado y mirando a las alturas, emulando los primeros edificios de Benidorm, pero en cutre, ya se habían cargado parte de la fachada litoral de la ciudad. Una pena.
El lunes se dio un paso importante para recuperar al menos el kilómetro que va desde el Cable Francés hasta la rotonda de Pescadería con la firma del convenio Puerto-Ciudad. Un proyecto, todavía en pañales, que permitirá, con la colaboración de las administraciones y la iniciativa privada, abrir Almería al mar. Una idea aplicada con éxito en ciudades como Málaga y Alicante, que ha cambiado la fisonomía y la faz de ambas capitales y que ahora espera tener el mismo recorrido en Almería.
No va a ser fácil. Quien piense que tras la firma está todo hecho se equivoca. Al contrario, por delante queda tan largo trecho que muchos se quedarán en el camino y otros “morirán” en el intento de cruzar el Rubicón de poner en valor unos terrenos hermosos, que deben cambiar la imagen que hoy tenemos de la capital y devolver a los que aquí habitamos el amor por el azul del océano, a la vez que se crean miles de puestos de trabajo y se cambia la imagen de un puerto, hasta ahora industrial y de pasajeros, a otro en el que también quepan las zonas de ocio, restauración y el turismo de calidad, que esta ciudad lleva tantos años ansiando. El exalcalde de la ciudad, Luis Rogelio Rodríguez, decía tras la firma que el paso dado era inmenso, pero que en realidad sólo se trataba de un compromiso al que se ha llegado tras seis años de negociaciones. Ahora es cuando se inicia la verdadera oportunidad. Ahora es el momento en el que la iniciativa privada debe ver las posibilidades de los terrenos, los arquitectos y paisajistas poner a la vista sus ideas y las administraciones ser capaces de resolver las múltiples trabas con las que nos vamos a encontrar. No hay que tener prisa. El proyecto hay que vestirlo con las mejores galas, sin errores de los que luego podamos arrepentirnos. El caramelo es tan apetitoso que a poco que nos descuidemos será posible encontrarnos con efectos indeseados y hasta perniciosos. Abrir el puerto al mar supone cambiar de hábitos, recuperar un espacio para la ciudad que ahora una valla nos tiene vetado, aunque sin dejar de lado que este espacio genera dos mil puestos de trabajo y, a poco que lo pongamos en valor en la parte oeste de la ciudad, seguirá siendo la principal vía de entrada de pasajeros y mercancías con África. Aprovechemos lo que se nos ofrece. Ambas opciones son compatibles y la ciudad, la única beneficiada.

La Feria recupera un día

Antonio Lao | 12 de diciembre de 2016 a las 13:41

LA Feria de Almería recupera un día. La que es por antonomasia la gran fiesta de esta tierra, la que nos vende como pueblo al exterior y atrae a miles de turistas en agosto, camina en los últimos años en un mar de dudas, del que nadie parece o quiere sacarla.
El alcalde de la ciudad, Ramón Fernández Pacheco anunciaba, cuando cumple un año de mandato, que casi volvemos a los orígenes: el alumbrado regresa al viernes, día que nunca debió perderse, porque no tiene sentido desperdiciar medio fin de semana, jornada de salida por excelencia, y luego vegetar en los días valle como son el lunes o el martes de Feria y, si me apuran, hasta el miércoles.
He escrito en alguna ocasión y lo mantengo que jamás debimos perder ni una sola de las señas de identidad de nuestra Feria y Fiestas en honor a la Virgen del Mar. Aquellos que impulsaron cambios sin sentido, absurdos y atendiendo a la crisis como argumento fácil, se equivocaron de principio a fin. La fiesta, desde entonces, se ha movido a bandazos, en despropósitos y escasos aciertos, en la misma medida que se perdían las casetas nocturnas y se agrupaban con no se yo que argumentos de ruido, cuando la noche festiva son decibelios, desorden ordenado, cambios de ánimo y, sobre todo, ambiente.
Cuando la edición de este año terminaba, y ante el fiasco que fue, desde el Ayuntamiento se apresuraron, con buen criterio, a anunciar una comisión que fuera capaz de hilvanar lo que sería una Feria remozada, adaptada a los nuevos tiempos y manteniendo, como no puede ser de otra manera, cada uno de los aspectos que la hacen diferente a cuantas se desarrollan por la amplia geografía nacional.
He de reconocer que me las prometía felices. Llegué a pensar que, por una vez, las cosas se harían con tiempo, lo que significaba criterio, seriedad y posibilidad de sumar y restar hasta lograr la “cuadratura del círculo”. Está visto que me equivocaba. Ha pasado casi medio año y estamos como la principio, aunque he de valorar que el anuncio del alcalde abre una espita de esperanza. Entiendo o quiero entender que hasta la primavera hay tiempo suficiente y más que razonable para planificar. Es evidente que los cambios han de madurarse primero, para luego ser aceptados sin grandes sobresaltos. Parece claro que el regreso al pasado en las formas, con un halo de modernidad, pueden ser el sendero por el que caminar en el futuro.
Los nuevos tiempos demandan soluciones rápidas, inteligentes y adaptadas a los gustos que los ciudadanos exigen. Lo contrario nos llevará, lamentablemente, a un lento pero paulatino declive que nadie quiere, ni pretende. No hay nada peor que ver como una llama se extingue, tener maderos para avivarla, y por la inercia negativa, la ineptitud manifiesta o la falta de deseo, se apague para siempre y Ella, de la Feria, que es de quien hablamos, pase a ser un recuerdo.

El AVE, el ministro y Sacyr

Antonio Lao | 5 de diciembre de 2016 a las 11:58

Todavía estamos esperando una explicación coherente, real y con cifras, de los motivos que han llevado a la empresa Sacyr a hacer “las de Villadiego” al Ministerio de Fomento y salir por patas del tramo que tenía adjudicado entre Cuevas y Pulpí, del AVE que alguna vez, esperemos, unirá Almería con Murcia.
Cinco años sin obras en la provincia y más de uno desde que se adjudicarán los 12 kilómetros más famosos de la historia de los contratos de la provincia, la empresa comunica al Gobierno su intención de no iniciar los trabajos, aduciendo una serie de problemas que “ellos no han buscado”, entre los que está el traslado de la tortuga mora. La reacción del Gobierno y del PP, al principio, fue negar la mayor. Una situación a la que ya estamos acostumbrados, por lo que no nos resulta, ni mucho menos, novedosa, descabellada o extraña. Ahuecar el ala se ha convertido, en la última legislatura, en el deporte favorito de aquellos que no son capaces de decir a los ciudadanos realmente cual es la situación. Con lo fácil que es dar la cara, aunque te la partan, y contar las cosas como son, sin más, aunque exista riesgo de sentirse cohibidos, abucheados y encerrados en la burbuja en la que viven. Pues no. Otra vez nos encontramos con altas dosis de cobardía, miedo escénico y pánico al qué dirán, para tratar de llegar a una meta, que no es otra que una nueva decepción hacia aquellos que nos gobiernan que, una vez más, no cumplen con los compromisos que ellos mismos han adquirido con los ciudadanos de esta provincia. Así las cosas nos encontramos de nuevo en el inicio de la partida, con lo que ello supone de acumular retrasos que, todos lo sabemos, es lo que realmente viene bien en los tiempos que corren porque dinero, lo que se dice dinero para acometer los trabajos, hay poco. Y luego está la baja temeraria con la que Sacyr se quedó con la obra. Ambas partes, empresa y ministerio, eran conscientes de que no podía hacer por esas cifras.

En el otro lado, sin duda, está el hecho cierto de poder ir a un modificado y ampliación de los fondos. Ha sido, es y será el hábitat cotidiano al que nos enfrentamos cuando de obra pública hablamos. Y mientras unos y otros se tiran los trastos a la cabeza, se reprochan los incumplimientos y se cruzan amenazas veladas, el AVE entre Almería y Murcia acumula cinco años de obras paradas, miles de declaraciones huecas y un sentimiento acrecentado de los que aquí habitamos de síndrome de esquina y de abandono. Claro que siempre está la visita del ministro, como ya lo hizo en tres ocasiones Ana Pastor, para templar gaitas, serenar ánimos y ganar tiempo en una batalla que, hoy por hoy y pese a la presión de los que aquí habitamos, la tenemos perdida de antemano. Un pesimismo forzado, que languidece en la misma medida que nos mienten una y otra vez aquellos en los que hemos confiado nuestros votos.

Fugas de agua o pistas de padel

Antonio Lao | 28 de noviembre de 2016 a las 14:00

El día uno de diciembre, si Partido Popular y Partido Socialista no se ponen de acuerdo, la empresa GALASA (Gestión de Aguas del Levante de Almería) quebrará y con ella el sueño que un día tuvo la Diputación que encabezó Tomás Azorín, de resolver los problemas de una comarca con sequía endémica, escasez permanente y peor calidad del líquido elemento.

El empecinamiento de unos y de otros, no sabría decir quien puso más para inclinar la balanza, puede dar al traste con un proyecto coherente, razonable y viable, que ha sido capaz de hacer comarca, unir pueblos y romper con el mito de la división y el individualismo, para dar paso al equipo, al trabajo común y al objetivo único.
Tan coherentes parecen las propuestas del equipo de gobierno como las de la oposición. Entonces, ¿qué los está abocando al fracaso?. Sin duda, la cabezonería, la incongruencia, el sacar tajada política, no pensar en el colectivo, sino en el individuo y, lo que es más grave, creer que con ello se asesta un golpe mortal al contrario, del que nunca será capaz de reponerse. ¡Cuánta ironía! ¡Qué profundo ahogamiento en el absurdo! ¡Qué corto de mira se llega a ser cuando te ciega la incoherencia y las anteojeras te impiden ver más allá de dos pasos frente a tus narices y no la realidad en su plenitud! Si el milagro no se produce, más de cien personas pueden ir a la calle y, lo que es peor, la deuda que arrastra la empresa, -insisto una excelente iniciativa como mal gestionada ha sido desde su creación-, tendrá que ser asumida por los ayuntamientos, a los que acogotará durante décadas y de la que van a tener muy difícil desprenderse. Con ser esto grave, lo es más que no tengan asegurado el suministro de agua potable, o al menos de calidad, para una zona en la que la población se multiplica en verano y en la que la pluviometría brilla por su ausencia en los últimos lustros.
Luego está la escasa credibilidad de unos y otros cuando hablan de pérdidas en la red. El 45% del agua desaparece en las tuberías que van desde los depósitos municipales a cada una de las viviendas de los pueblos integrados en Galasa.

¿Quién debe asumir su arreglo, para reducir en la medida de lo posible el precio del agua? Parece indudable que son los propios ayuntamientos los que, a través de ayudas de la Diputación y planes provinciales, sean los que asuman la mejora. Sin embargo, y como me comentaba un diputado hace unos días, al que no le faltaba un ápice de razón, “levantar calles y cambiar tuberías no da votos. Es dinero que se entierra y no se ve”. Viste más y parece que por ahí han caminado y caminan muchos de los pueblos, la ejecución de una pista de padel en pueblos en los que no hay niños, un edificio polivalente para que esté cerrado o se abra dos veces al año o una piscina que no se va a poder llenar por falta de agua. Un auténtico dislate.

La ruta de las pinturas rupestres

Antonio Lao | 21 de noviembre de 2016 a las 14:20

Poner en valor lo que tenemos es la base sobre la que debe asentarse el devenir de esta tierra. Un pueblo que olvida su pasado es complicado que tenga futuro. La crisis, de la que todavía padecemos sus últimos coletazos, ha llevado a las administraciones a priorizar inversiones y entre ellas, lamentablemente, no ha estado recuperar patrimonio o poner en valor aquello que la historia nos ha legado.
Diario de Almería en las últimas semanas ha publicado sendos reportajes sobre las pinturas rupestres aparecidas en Gérgal y sobre restos fosilizados de huesos de oso en una cueva de La Alpujarra. En ninguno de los dos casos la administración ha hecho nada, ni tampoco se espera, por poner en valor unos yacimientos que, si se supieran valorar, seguro que significaban, al menos, un atractivo más para esta provincia.
El caso de las pinturas rupestres es casi sangrante. Al abrigo de un saliente en la montaña, hoy son el refugio de ciervos y cabras montesas y antaño, por los restos de humo que se pueden observar, el resguardo de pastores cuando la tormenta acechaba o el frío hacía mella. Entiendo que es complicado y costoso vallar, catalogar, señalizar y, sobre todo, cuidar aquello que nuestros antepasados nos legaron. Pero, del mismo modo, creo que no se debe ni se puede desperdiciar la oportunidad de que los que hoy cogemos el testigo tengamos la oportunidad de disfrutarlos.
Si sabemos hacerlo puede ser un notable atractivo para turistas y un revulsivo económico para una comarca tan deprimida como la del Nacimiento. La propuesta o idea que lanzó es la de diseñar una ruta de las pinturas rupestres, pues no son sólo éstas las que se pueden observar, sino que hay datadas y recogidas otras en Las Tres Villas o Nacimiento o Los Vélez.
En los tiempos que vivimos, en los que lo diferente es en realidad lo que nos da valor como pueblo y nos sitúa en la vanguardia como zona turística, parece razonable que la administración entienda la aparición de las pinturas como una oportunidad y no como un problema por riesgo de expolio. Si el dinero es un handicap, siempre es posible el pago de una pequeña entrada o la explotación por una empresa privada, en la que se incluya degustación de productos típicos, rutas de senderismo rupestre y comidas en restaurantes y bares de la zona.
Un complemento perfecto para una comarca con posibilidades, en la que las pinturas pueden ser un impulso económico sin precedentes. Un complemento perfecto para una tierra diferente, atractiva y dinámica, que sólo necesita de un pequeño empujón para caminar en la senda del aprovechamiento de recursos, siempre respetando nuestro legado y manteniendo intacto un paisaje tosco, árido y hasta doloroso a veces a la vista, pero hermoso como pocos.

Promoción turística de la provincia

Antonio Lao | 14 de noviembre de 2016 a las 11:13

¿Cuánto vale promocionar la provincia como destino turístico? ¿La inversión que la Junta y la Diputación hacen es barata o es cara? ¿Pagar a David Bisbal 600.000 euros por ser el embajador de esta tierra en el exterior es razonable o, por el contrario, supone un dispendio? ¿El gasto se rentabiliza y tiene retorno en beneficio de la provincia? Estas y algunas otras son las preguntas que todos nos hacemos cuando de invertir el dinero de la Diputación se trata, máxime cuando es el de todos. Luego está, claro, el papel fiscalizador de la oposición , que para eso también les pagan y, cómo no, aquellos que se haga lo que se haga siempre es un error, un “ir p’a na”, una crítica permanente, como si la vida les fuera en ello.
Trataré de ir por partes, aún a riesgo de levantar alguna que otra ampolla y comentarios banales, que siempre respetaré, aunque los olvide nada más doblar la esquina. Hasta ahora la promoción turística siempre se había ligado a las acciones puntuales en ferias o visitas a capitales españolas o europeas, tratando de vender lo que tenemos. Es una buena opción y el gasto, importante. La segunda opción llegó en la misma medida que internet y las redes sociales cobraron protagonismo. Aquí también se invierten cantidades importantes, con resultados, al parecer interesantes, aunque como todo lo relativo a la publicidad, son poco tangibles y, sobre todo, es imposible tocarlos con las manos. Te debes creer, o no, lo que te dicen y hasta la próxima promoción. Desde hace tres años, la Diputación de Almería ha fiado al cantante David Bisbal la marca turística de Almería en el exterior. A Bisbal y a la Diputación se le puede criticar cuanto ustedes quieran, y son libres para hacerlo. Pero no me negarán que el impacto de unir Almería a Bisbal es positivo. Sólo hay que ver el número de descargas del último vídeo, en el que se muestra al exterior el Arrecife de las Sirenas, para conocer hasta qué punto es positivo. Luego, claro está, pueden ustedes poner los peros que quieran, las críticas que consideren oportunas. Todas, a buen seguro, con la mejor intención porque hablamos de Almería y su provincia. Incluso podemos poner el grito en el cielo por el precio que el cantante pone a sus presencias con la Diputación y hasta si los que la dirigen lo usan para promocionarse ellos.
Lo cierto es que como los resultados no son tangibles siempre habrá algún descontento. No es menos real que cualquiera que tenga a Bisbal a su lado y más si es un político, no trate de unir su destino al del cantante. ¿Quién de los que critican no lo haría? Lo más importante, he leído quejas, lamentos, improperios y otras lindezas, pero no he visto a ninguno que sea capaz de poner sobre la mesa un plan de promoción de esta tierra más llamativo y con más impacto del que tiene el autor de Diez Mil Maneras.

Diario, 9 años de periodismo serio, riguroso y cercano

Antonio Lao | 7 de noviembre de 2016 a las 18:19

Cumplimos 9 años. Diario, el más joven de los periódicos del Grupo Joly, avanza imparable gracias a la acogida que la provincia nos ha dado desde que viera la luz el 11 de noviembre de 2007. Salimos a la calle no sólo con vocación de mantenernos, sino de convertirnos en el periódico de referencia de esta tierra. Nueve años después estamos en el camino de cumplir nuestros objetivos. Contamos con la credibilidad que da el trabajo; la confianza que ofrecen los lectores y el compromiso de los que hacemos cada día el periódico, tanto en papel como en internet elalmería.es.

Miren vivimos tiempos complejos en todos los sentidos, en el periodismo más. Hoy, en nuestro sector el debate es cuanto tiempo le queda al papel y hasta que punto internet es el futuro de la información. Nos movemos en unas aguas tan turbulentas como apasionantes. Si quieren mi opinión les diré que soy de los convencidos de la vigencia de la información. Da igual el soporte en el que la ofrezcamos, aunque el papel sigue vivo y lo estará muchos años. No lo duden. Todos queremos saber lo que pasa y para ello se hace necesario un periodismo serio, fuerte, independiente y creíble, un periodismo como el que Diario de Almería ofrece cada día: riguroso y cercano. Lo local, lo que pasa a nuestro lado suscita siempre un inusitado interés y eso nosotros estamos en disposición de darlo cada día. Y además lo completamos con la mejor información de Andalucía, de España y del Mundo.Todos los que hace nueve años nos embarcamos en esta apasionante aventura de poner en marcha una nueva cabecera periodística, que se sumaba a las ocho con las que ya contamos repartidas por la geografía andaluza, les damos las gracias por su acogida, por su paciencia, por su generosidad, por sus críticas y, cómo no, por habernos hecho merecedores de su confianza. Un periódico es, entre otras muchas cosas, una mirada compartida con sus lectores a lo largo de los años.

Diario de Almería es y quiere seguir siendo el eslabón que conecte con las generaciones que se convertirán en el eje que vertebrará esta tierra en los próximos años. Mantenemos intacta la ilusión por llegar a todos los rincones de la provincia y ser el punto de encuentro de la nueva sociedad emergente, que poco a poco se despereza de la crisis. Seguimos siendo innovadores, creativos, despiertos y si me lo permiten, “buscavidas”. Abiertos al mundo, con capacidad de aprender y de exportar. Esta cualidad nos mantiene expectantes, vivos, con una enorme capacidad para entender y comprender lo que viene y, siendo almerienses como somos, capaces, sin duda, de adelantarnos a él. Un nuevo periodismo en el que la información se cuente de otra manera: más cercana, más ágil, más fácil. Una información en la que no sólo se impliquen los que la escriben, sino los que la generan y a los que nos dirigimos. Gracias por confiar en nosotros.

Pocos y mal avenidos

Antonio Lao | 2 de noviembre de 2016 a las 11:54

El  Partido Socialista ha entrado en un bucle tan complejo del que le va a ser muy difícil salir. El espectáculo dado a nivel nacional en los últimos meses ha calado tan profundamente entre los militantes y votantes, que superar este proceso de deterioro y ruptura tendrá tal travesía del desierto que muchos de los que hoy están no llegarán a ver la tierra prometida de la normalidad y la coherencia recuperada.
Tal es el grado de división en el que se mueven que la diatriba se ha trasladado, cual reguero de pólvora, a las agrupaciones locales y provinciales. Lejos de trabajar por la normalidad, unos y otros se afanan en despellejar al contrario, tratando de quedarse con los restos putrefactos de un cadáver, que ni siquiera llegará a los postres.
El no o la abstención a Mariano Rajoy ha sido aprovechado, por ejemplo en la agrupación socialista de la capital, para recuperar las viejas rencillas, las luchas intestinas y la guerra subterránea, siempre subyacente aunque dormida, que espera cualquier exabrupto o comentario para aflorar, como la mala hierba cuando riegas la tierra.
Ver como unos y otros se despedazan, amparados en la salud democrática que es la pluralidad, me provoca tristeza, gran decepción y hasta una sonrisa malévola si quiero verlo en positivo. Con buenas palabras, mejores escritos y el mayor de los cinismo, unos y otros, los que están y los que quieren echarlos para ponerse ellos, han desenterrado el hacha de guerra cuando no toca, en un tema que a ellos les pilla lejos, pero que supone un argumento de peso para abrir una brecha en un mar calmado pese a las tormentas, sereno en el núcleo del ciclón y muy lejos de la verdadera batalla, que se librará en el Congreso Provincial y local, a celebrar en cascada tras el próximo cónclave nacional.
Visto desde la distancia y con la experiencia que me ofrece haber vivido otras guerras similares, de igual calado, observo la brecha que existe entre los militantes de base, todavía pese a tanta decepción ilusionados con un proyecto de izquierdas, frente a los que han llegado y obtenido un cargo en la administración, capaces de vender a su propio padre sin con ello lo conservan. Y es que muchos de ellos no tienen otra forma de vida que no sea la política. Eso sí, si los estudias con detalle, compruebas la inexperiencia, la vida laboral de funcionario que ejercen, la escasa preparación y el adocenamiento permanente hacia las tesis que emanan desde arriba, sin pensar siquiera en lo que están haciendo. Aquí, lamentablemente, lo que está en juego es su supervivencia personal. Lo demás le importa cuarto y mitad o sólo cuarto, vaya usted a saber, muy lejos de ideas, de creencias o de ilusión por cambiar el establishment existente, en favor de una nueva forma de hacer más solidaria, más social y más humana.