Ya pasará…

Antonio Lao | 8 de mayo de 2017 a las 11:29

El presidente del Gobierno tiene bien merecida fama de tranquilo, o al menos de cara al exterior no expresa con vehemencia opiniones de las que luego pueda arrepentirse. Al contrario. Ejerce de Don Tancredo en tantas ocasiones que aburre al contrario y sale triunfador por agotamiento de su oponente. En los últimos casos de corrupción, que alcanzan de lleno a su partido, ha vuelto a hacer gala de esa flema que le caracteriza, con una nueva frase para la historia de la política española y su currículum particular. “Es una situación coyuntural, que pasará, igual que han pasado otras tormentas”. Y ahí sigue.
Valga esta introducción para situarnos en los problemas de infraestructuras que padece la provincia de Almería, especialmente en materia ferroviaria, y en cómo el Gobierno de Rajoy en los últimos cinco años ha ido prometiendo una y otra vez mejoras, que nunca llegan, a la vez que capea con la misma flema los momentos más virulentos de presión de la sociedad almeriense. Ya pasará…, deben pensar aquellos que nos representan. Y tanto que pasa.
A los hechos me remito. Hace un mes, coincidiendo con el viaje a Bruselas de los responsables de la Mesa del Ferrocarril y con la visita del ministro de Fomento a Almería, Íñigo de la Serna, se producía uno de los momentos más preocupantes para los dirigentes de esta fuerza política en la provincia. Por primera vez en muchos años se sentían débiles, vulnerables, acosados por la fuerza de la razón de aquellos que piden con vehemencia que Almería dejase de ser la gran olvidada.
Llega el ministro un día antes de que se presenten de forma oficial los Presupuestos Generales del Estado, se reúne con algunas de las organizaciones más representativas de la ciudad y trata de serenar ánimos, de aplacar tensiones, anunciando el final de los trabajos del AVE para 2023, aunque no habrá obras ni dinero en dos años. El grito de decepción seguramente se escuchó hasta en Moncloa, pero imitando la actitud del propio presidente del Gobierno, sólo se trata de esperar a que deje de llover “al igual que han escampado otras tormentas”.
Y así ha sido. Treinta días después la vida sigue en esta tierra, la presión mediática, empresarial y social ha bajado de forma considerable y el recuerdo de las obras no hechas, de las promesas incumplidas, se ciñe sólo a pequeños disparos, con munición de fogueo, que no espanta ni a los gorriones, acostumbrados a cambiar de rama cuando se les espanta de la cosecha, sabedores que pasado el fragor inicial, regresarán a comer con la normalidad de siempre.
Y es que todavía no hemos sido capaces de mantener la tensión en el tiempo. Presión que sólo se consigue con criterio, con unidad y soportando las presiones, que no todos están en disposición de aceptar y salir indemnes del intento.

Calles peatonales

Antonio Lao | 2 de mayo de 2017 a las 13:49

Peatonalizar calles en la capital siempre ha sido visto como un tema tabú. Los comerciantes ha creído, erróneamente o no, que aquellas vías por las que no transitan o se reduce a la mínima expresión el tráfico de rodado salen perjudicadas en las ventas. El planteamiento, no certificado con encuestas, comenzó a cambiar en la capital cuando la crisis hizo mella en las arcas municipales y en los bolsillos de los compradores. Y llegó Zapatero con su famoso Plan E. Un proyecto que buscaba la reactivación económica, lograda con los conocidos brotes verdes, y que sirvió para que una lluvia de millones de euros llegara a ciudades y pueblos en forma de proyectos, obras e infraestructuras, que dieron trabajo a muchos desempleados. Servir para acabar con la crisis, realmente no sirvió, aunque la mejora transitoria fue evidente. Si nos llevó, en cambio, a un aumento considerable de la deuda del país, que aún hoy estamos pagando.
Consideraciones económicas al margen, el dinero que los ayuntamientos recibieron en forma de maná salvador si ayudó para avanzar en una serie de proyectos de infraestructuras viarias y ciudadanas, especialmente en los cascos urbanos, dando pasos notables en la peatonalización. En Almería ciudad nos encontramos pronto con calles libres de coches, en torno a la zona del Mercado Central, que al principio encontraron algunas reticencias de los comerciantes y que hoy han significado un alivio y notable mejora en las ventas de las tiendas que en ellas persisten. Hoy es una delicia pasear por ellas y ver convertido el lugar en un gran centro comercial al aire libre que otras vías envidian, con seguridad de forma sana.
Ahora, el Ayuntamiento nos propone, no han sido los únicos que ya lo han avanzado en otras legislaturas, la posibilidad de peatonalizar la que es la arteria principal de la ciudad, por historia y por tradición, como es el Paseo. Los resultados son bastante halagüeños, en cuanto al pensamiento de los comerciantes. Lo que que antaño sólo eran pegas, quejas y posturas contrarias, hoy se convierten en encuestas favorables, en apoyo al gobierno municipal y, si me apuran, en un ¿cuándo empezamos?
Ahora habrá que resolver el problema del tráfico, que pienso no debe ser un gran quebradero de cabeza, por las arterias paralelas que a lo largo de los últimos años soportan la mayor parte del volumen de vehículos de la ciudad y por la remodelación, más que necesaria, que debe conllevar este céntrico e histórico Paseo. Si como todo apunta, se hace con el consenso de todos, escuchando a las partes implicadas y buscando las mejores ideas, el cambio que puede experimentar el centro de la ciudad será de los que hacen época, y para bien. No lo malogremos en disputas banales, en comunicados vacíos y en protagonismos absurdos.

El espíritu perdido

Antonio Lao | 25 de abril de 2017 a las 11:12

La muerte del que fuera diputado del PSOE en el Congreso, Bartolomé Zamora, me ha dejado el poso de amargura que toda pérdida trae aparejada. Pero también me lleva a reflexionar sobre el espíritu de la transición olvidado entre aquellos que nos gobiernan, alejados de la búsqueda del consenso, del bien común y enfrascados en un mundo cainita. Lo que hoy es importante no va más allá de la búsqueda del logro particular, del éxito personal, de la supervivencia a costa de lo que sea, aunque ello suponga alejarse de una sociedad, en la que el bien común si sitúa por encima del individual. Cuarenta años han pasado desde que aquellos pioneros de la democracia, entre los que se encontraba Bartolomé Zamora, se arremangaron para obrar un país abierto, dinámico, tolerante, con capacidad de perdón y, sobre todo, sabedor de que el interés colectivo requiere sacrificios personales que hoy hemos olvidado.
Lejos quedan los tiempos, ahora se acaba de conmemorar la fecha, en la que se legalizaba el Partido Comunista, en medio de fuertes tensiones políticas y ruidos de sable en el ejército. Sin embargo todos, casi sin excepción, eran conscientes de que la nueva España que se abría a Europa, que despertaba del mal sueño de la dictadura, necesitaba de mentes abiertas, de políticos de enorme cintura, capaces de posponer los éxitos personales para abrazar eso que se dio en llamar “interés común”, y que hoy parece haberse olvidado y como si nunca hubiera existido.
Cuando un pueblo olvida su historia corre el riesgo de repetirla y caer en los errores cometidos. El miércoles, en el funeral del diputado almeriense pude ver algunos históricos de la política y la sociedad provincial, aquellos que han hecho grande esta tierra con el sacrificio personal y la entrega al objetivo público y social. Eran pocos. No estaban, y comienza a ser habitual, al menos un representante del Partido Socialista, fuerza política a la que Zamora dio tanto en aquellos momentos. Y no es la primera vez que esto sucede. Lamentablemente el “olvido”, desconozco si premeditado o simplemente por dejadez, comienza a ser la moneda común con la que comerciamos cada día. Pero no es sólo en la izquierda donde se ha deshumanizado el recuerdo y el homenaje a los que un día fueron. En la derecha sucede tres cuartos de lo mismo. Han muerto alcaldes, presidentes provinciales y han pasado a mejor vida sin el recuerdo y homenaje de aquellos que hoy “manejan” y que creen en la inmortalidad de los cargos que ocupan. Ilusos.
Reivindico el espíritu de la transición perdido, aquel que un día nos unió en pos del beneficio común, aquel que desprendía un enorme halo de solidaridad, capaz de abrazar cualquier paso que se daba. Hoy caminan solos y perdidos en el individualismo. Sumidos en la nada.

Presupuestos del Estado y el respeto perdido

Antonio Lao | 17 de abril de 2017 a las 17:43

Los almerienses nos hemos acostumbrado a poner la otra mejilla cuando nos abofetean. Una actitud pacifista, poco gratificante y con escasas repercusiones en forma de aguinaldos. Esta forma de ser, que debe tener encantados a aquellos que nos gobiernan, sean del signo de que sean, permite, por ejemplo, que el ministro de Fomento venga a Almería, no traiga nada, lo escuchemos con educación, se marche y hasta la próxima. Este talante, verbigracia, hace que la inversión en los Presupuestos Generales del Estado para el año en curso, si el Gobierno es capaz de sacarlos adelante, sea más que paupérrima, y que nadie se mueva o alce la voz para atajar tanta tomadura de pelo, tanto engaño y tanto olvido.
Esta conducta, más propia de pueblos avanzados y sin necesidades aparentes, acarrea que el Ministerio de Fomento destine dos millones de euros a la Alta Velocidad, dinero que no se gastará, y que permitamos que los distintos representantes del Ejecutivo en Almería sean capaces de sentarse frente a los ciudadanos, defender la calderilla de inversión, sin ponerse colorados, y que los dejemos escapar con una sonrisa.
Este ánimo de quienes habitamos en la provincia es capaz de soportar que haga cinco años que la desaladora que se construía en Villaricos fuese anegada por las aguas -ya se construyó en una zona inundable- y que no encontremos un sólo euro para culminar los trabajos en las cuentas de 2017. Lo contrario lo hayamos en nuestra vecina Murcia, cuyos agricultores hartos de tomaduras de pelo, son capaces de juntar 400 tractores y tomar la capital, colapsarla y exigir un compromiso de la ministra Isabel García Tejerina, para buscar soluciones a la escasez de agua que padece esa tierra, que es la misma sed que nosotros soportamos desde hace décadas.
Este porte almeriense tiene ante sí el reto, la oportunidad, de decir ¡basta ya! a que nos tomen por el “pito del sereno” y no somos ni capaces de ponernos de acuerdo. No tenemos ni la fuerza, ni la valentía de convocar una gran manifestación, alejada de ideologías, sólo reivindicativa, para alzar la voz ante tanta ignominia, ante tanta carencia, ante tanto ostracismo, ante tanto vacío inversor como llevamos padeciendo más de una década.
Cuando se trata de dar un paso al frente también tenemos ese miedo reverencial, ese respeto hacia el prójimo, en la creencia que algún hada madrina se apiadará de nosotros y nos sacará del atolladero. Una creencia errónea que sirve a los pillos para seguir instalados en el pedestal del poder, sabedores de que aquí la paciencia nunca se agota; de que aquí somos capaces de levantarnos una y otra vez, afrontar el gran desafío de la innovación y el desarrollo, pero no tenemos el más mínimo interés por parar los pies a aquellos que nos han perdido el respeto.

AVE Almería-Murcia, cuestión de fe

Antonio Lao | 10 de abril de 2017 a las 11:31

Reconozco el valor del ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, presentándose en Almería con las manos vacías, con la presión que la sociedad está ejerciendo por la consecución de un tren digno. Aunque también los hay que aseguran que no hay mérito ninguno, pues va en el sueldo. Sea como fuere, esta no es la cuestión, lo cierto es que las palabras del máximo responsable de la cartera de Fomento no han dejado indiferente a nadie. Aún así, hay que hacer un enorme ejercicio de fe para creer que el tren de altas prestaciones surcará las vías entre Murcia y Almería allá por el año 2023.
Para empezar no habrá un sólo euro, o al menos cantidades importantes en los dos próximos años. Con un paisaje tan yermo como el que se nos ha dibujado, es harto complicado pensar que el Gobierno, pese a la afirmación rotunda del ministro de que hay fondos, va a tener entre sus prioridades a la provincia de Almería.
El problema no es baladí. Otros 730 días sin trabajos sumarán siete años y, lo que es peor y tiñe el horizonte de negro, es que en ese tiempo, con seguridad, habrá nuevas elecciones generales, con lo que conlleva de cambio o no de gobierno, nuevas alianzas y, con toda seguridad, baile de carteras ministeriales.
Al ministro se le exigía por parte de la sociedad almeriense un calendario de trabajos y lo trajo, pero ni siquiera ha quedado plasmado en papel y menos firmado, por lo que mucho me temo que estamos peor que al principio. No sólo partimos de cero, sino que el lastre es de menos siete años. Un ejercicio real de fe que nos traslada a la época más oscura de esta provincia, en la que la agricultura nos desarrollaba a marchas agigantadas y el Gobierno, entonces socialista, se preocupaba más de que la autovía del Mediterráneo llegara a Sevilla para la Exposición Universal (y se la llevó por Los Vélez) que prolongarla hasta Adra para que la riqueza que emergía de los campos de invernaderos del Poniente se trasladara de forma rápida, eficaz y segura, hasta Europa para servir a millones de consumidores.
Demasiado desgaste, terribles los esfuerzos que esta sociedad, innovadora, trabajadora y eficiente, tiene que hacer para que su voz se escuche con nitidez, alta y clara, para afrontar las carencias, muchas, que todavía hoy tenemos en materia de infraestructuras.
Es la hora de decir ¡basta ya!, la hora de aunar esfuerzos, de que toda la provincia camine en torno a una misma idea y dejar claro a quienes nos gobiernan con nuestros votos que Almería no puede pasar ni un minuto más sin que sus demandas sean atendidas. Los proyectos que el ministro De la Serna dice que no se pueden adelantar en el tiempo si pueden tramitarse por la vía de urgencia. Se hicieron con el AVE de Málaga y con muchas otras y ahí está. Es voluntad lo que hace falta, no fe.

Compromisos ineludibles del ministro con Almería

Antonio Lao | 3 de abril de 2017 a las 12:24

El lunes es  el gran día. Por fin, y tras meses esperando, el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, llega a Almería. La visita viene precedida de una serie de fiascos, decepciones y compromisos incumplidos del Gobierno para con esta tierra en materia de infraestructuras, sobre todo ferroviarias, que no le van a hacer fácil su estancia entre nosotros. Los almerienses, hospitalarios por naturaleza, lo esperamos “de uñas” ante tanta tomadura de pelo, promesas insatisfechas y palabrería hueca y vacía. Mucho y bueno debe traer el señor De la Serna bajo el brazo para no irse de aquí a ritmo de gaitas destempladas y música de viento. Ojalá que no sea el caso.
Esta provincia lleva más de 1.690 días con las obras del AVE que nos debe unir con Murcia paradas. Llevamos esperando la eliminación del paso a nivel de El Puche la intemerata. La estación de Renfe, un edificio único y catalogado, se deteriora sin remedio de continuidad y con unas obras de rehabilitación que más bien parecen sacadas de “Mani, manitas”. Sin olvidar, claro está, que viajar hoy a Madrid en tren supone casi siete horas y que no está nada claro que haya un intercambiador en Granada para cuando el AVE llegue a esa provincia y así poder recuperar tiempos en el trayecto desde Almería.
Un paisaje gris, tirando a negro, que el ministro debe mañana limpiar con bayeta, hasta dejarlo como los “chorros del oro”. ¿Qué esperamos los almerienses de Íñigo de la Serna y del Gobierno del PP?: Sencillo. Un calendario de obras detallado, con euros en los presupuestos generales del Estado. Bien está, que en los últimos cinco años se haya reflejado sobre el papel un gasto de 100 millones que nunca se invertían. Bien está, que distintos secretarios de Estado, incluso algún ministro de Fomento, se haya comprometido de palabra con esta tierra, para luego “si te he visto no me acuerdo”. Ha llegado el momento de pasar de las palabras a los hechos; de las promesas a los compromisos, de declaraciones revestidas de grandes titulares, a las máquinas en el tajo. Si el lunes el ministro no trae un cronograma detallado, con inversiones y por tramos del AVE mejor que no venga. Esta tierra está cansada de ser la última, de padecer un ‘síndrome de esquina’ acentuado durante siglos por aquellos que nos gobernaron, unos y otros. La costumbre de salir adelante sin la colaboración de los detentan el poder se ha hecho ley en una provincia emprendedora y trabajadora como pocas, responsable y luchadora, capaz de convertir un desierto en un vergel, sin más ayuda que las manos, la imaginación y el tesón de los que aquí habitamos. ¡Dónde estaríamos sí, como esperamos a partir del lunes, aquellos que nos gobiernan y elegimos, se comprometen, de verdad, con la provincia!

Justificaciones para un AVE descarrilado

Antonio Lao | 27 de marzo de 2017 a las 11:31

El miércoles, el presidente de la Diputación y del PP de Almería, Gabriel Amat, se reunía en Madrid con el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, tras el último fiasco de las obras del AVE con esta tierra. En el encuentro, en el que también estaba el alcalde de la ciudad, Ramón Fernández Pacheco y el líder regional de esta fuerza política, Juan Manuel Moreno Bonilla, se pudo apreciar, a tenor de la nota que remitieron a los medios de comunicación, un cambio de actitud con respecto a la postura que han mantenido en los últimos cinco años. Por primera vez han expresado públicamente su preocupación por “la situación de los proyectos del AVE y la exigencia de que el tramo Murcia-Almería esté entre las prioridades inversoras del Gobierno”. No es mucho, pero es más que nada. Es un paso adelante, en el que se prioriza el interés de los que aquí vivimos frente al interés del partido político en el Gobierno. Aunque haya que tomarlo con la cautela debida y cogerlo con pinzas, si es cierto que se vislumbra un cambio que debe ratificarse en la visita del ministro la primera semana de abril a la provincia de Almería, donde expondrá el nuevo calendario -esperemos- de las obras que aún faltan por realizarse y, lo que es más importante, cómo se va a ver reflejado en los Presupuestos Generales del Estado que el Gobierno de Rajoy presentará públicamente el próximo día 31 de marzo.
Visto lo visto y acontecido no creo que vayan a producirse cambios significativos de la noche a la mañana, aunque insisto en lo positivo del cambio de actitud del PP de Almería. Por más que pretendamos empujar los trabajos y acelerar obras, harto difícil pues hay que cumplir con unos plazos, el tiempo juega en contra de aquellos que llevan más de 1.600 días sin poner una sola traviesa para hacer realidad el sueño de conectarnos con AVE con Madrid el resto del Mediterráneo. Han sido demasiadas declaraciones fallidas, excesivas palabras huecas, defensas numantinas de los indefendible y engaños permanentes a la ciudadanía, en un intento vano y baldío por evitar la degradación y putrefacción de un asunto que acabará pasando factura a aquellos que lo han permitido.
Los almerienses somos en muchas ocasiones indolentes, poco dados a salir a la calle en defensa de nuestros derechos e intereses, pero en situaciones como la que estamos viviendo con las obras del AVE, parece, y sólo parece, que puede producirse un cambio de actitud y romper de forma definitiva con una tradición no escrita de serenidad y , si quieren, hasta de pasotismo.
Reivindicación tras reivindicación y manifestación tras manifestación, la conciencia acaba creándose y la necesidad también. Y siempre quedan las urnas para hacer pagar los agravios permanentes a los que llevamos sometidos demasiado tiempo. ¿O no?

Juego de túneles

Antonio Lao | 20 de marzo de 2017 a las 18:04

Lo  del AVE entre Almería y Murcia bien pudiera servir para el título de una película: ‘Juego de Túneles’. Tres años se cumplen este mes de la decisión del Gobierno de tapiar las bocanas de aquellos que se habían construido, en vista de que obras no iba a a haber en mucho tiempo. La rescisión del contrato con Sacyr lo confirma. Sabían lo que hacía. Tenían claro el futuro de unos trabajos que, en los tiempos de Miranda Hita como secretario de Estado de Infraestructuras, volaban en rapidez y fondos y que desde su marcha pasaron a dormir el sueño de los justos. Lamentable comedia de medio pelo, la que desde entonces han protagonizado todos aquellos que dicen ser los protagonistas de esta historia. Actores primarios, secundarios y hasta figurantes, nos ofrecen sesión tras sesión múltiples versiones de un mismo libreto, en el que nadie quiere aprenderse el guión, sencillo como pocos, y que sólo tiene dos frases: “El AVE entre Almería y Murcia es una prioridad. El calendario de las obras evitará más especulaciones y los presupuestos del Estado de este y los años sucesivos contemplarán la inversión necesaria para su ejecución”. A partir de aquí podríamos encontrarnos con un buen film, si no con pretensiones de ser la mejor película de los Oscar, si alcanzar al menos alguna mención en los Goya españoles.
Pero no. Nadie parece estar por una labor fácil y si por jugar a escondidillas, a declaraciones varias, a confirmaciones que luego se tornan falsas y a papeles aterciopelados y guiones de películas malas de vídeo club, más propias de un Estrenos TV, que de un metraje de calidad, propio para ser visto en la gran pantalla y disfrutarlo en toda su extensión.
Seis meses lleva en el cargo el nuevo ministro de Fomento. Seis meses en los que sus acólitos provinciales y nacionales hacen de palmeros bien dirigidos y acompasados, en un intento por distraer la atención, mientras las protestas, quejas y reivindicaciones arrecian y ya logran sumar apoyos con cuentagotas, pero apoyos al fin y al cabo para una causa justa, necesaria y, lo que es más importante, merecida para aquellos que habitan en esta provincia. Hay que pasar página de los agravios permanentes y del síndrome de esquina. Debemos adentrarnos en la del orgullo de ser almerienses, en el tiempo de entender que recibimos aquello por lo que hemos luchado y necesitamos para continuar en la senda del crecimiento económico. Una posición que nadie nos ha dado y que alcanzamos por el trabajo, por el tesón y por la iniciativa particular.
Hay que acabar con el juego medido, con la rumorología calculada, con las declaraciones vacías y alcanzar compromisos propios de gente seria, de ciudadanos y gestores comprometidos, para con una tierra que aporta más de lo que recibe, tanto que ya se nos olvidó que las administraciones ayudan a avanzar por la senda del futuro.

Libertad de expresión

Antonio Lao | 14 de marzo de 2017 a las 11:48

La Cátedra Rafael Escuredo organizaba esta semana, en colaboración con el Grupo Joly, una jornada sobre la Libertad de Expresión. Un seminario en el que destacados juristas y periodistas debatíamos sobre un derecho fundamental que garantiza la igualdad, para el que corren, como explicaba el propio Escuredo, “tiempos de preocupación”. El problema no es baladí. Más allá del acoso a la prensa tradicional de Estados Unidos, al que está sometiendo el presidente Trump, caminamos por una delgada línea en la que “si no admitimos la crítica se acaba con una parte fundamental de la democracia”. Las palabras  son del catedrático de Derecho Penal, Francisco Muñoz Conde y adquieren especial relevancia cuando vemos como es la propia Asociación de la Prensa de Madrid (APM) la que ha alertado de las amenazas y la persecución a la que se están viendo sometidos determinados periodistas por parte de Podemos.

Y es que si los periodistas no mantenemos nuestras especial relevancia como titulares de esta libertad, el camino que tenemos por delante se torna serpenteante, oscuro y con cierta preocupación. Si no somos capaces de plantar cara a aquellos que se creen en posesión de la verdad, a aquellos que usan sus puestos en política eternizados y a los que se aferran con uñas y dientes al cargo, corremos serio riesgo de caminar en la senda del retroceso de la libertad de expresión, como ha sucedido en los últimos años. Decía Barak Obama, expresidente de EE.UU que “aceptaba que la gente va a decir de mí cosas horribles todos los días, y siempre defenderé su derecho a hacerlo”.

Pero no siempre parece que vaya a ser así. Está claro que la guerra abierta con la prensa en este país confirma el más rotundo éxito de la demagogia, del nacionalismo y las ideologías de odio que en los últimos años han proliferado en distintas partes del mundo. Es muy posible que la corriente no se detenga ahí. En varios países de Europa se va a poner a prueba muy pronto la fortaleza del actual sistema de democracia liberal frente a la acometida de proyectos igualmente extremistas, xenófobos y populistas. Una de las características de ese nuevo populismo en ascenso es su hostilidad con la prensa, especialmente con la prensa profesional. Con el pretexto de la presunta comunión entre los medios más implantados y un perverso establishment, los políticos que se presentan en defensa del pueblo, de la gente, de los de abajo frente a los de arriba, intentan antes que nada laminar la credibilidad de los periódicos con el objetivo de eliminar obstáculos en su camino y dejar espacio a otros medios —confidenciales, cuentas de redes sociales, blogs— que ellos controlen y con los que puedan acceder sin intermediarios a su público, a sus votantes. Aquí en Almería un ejemplo lo tenemos en las redes de Rafael Esteban en la capital  y Juan Pablo Yakubiuk, en Roquetas.

Precios agrícolas, bulos y brokers

Antonio Lao | 6 de marzo de 2017 a las 11:18

El sector hortícola de la provincia ha vivido una campaña histórica en precios. Ahora falta completarla con los cultivos de primavera para consolidar un año que se recordará, por bueno, en los anales de la historia de la agricultura de esta tierra. Esta afirmación, como primera premisa, sin embargo, tiene innumerables flecos que conviene aclarar, porque de ser ciertos todos la conclusión no puede ser más positiva, pero lamentablemente para los que cultivan la tierra y para todos aquellos que se mueven en torno al mundo del plástico no todo son excelencias y, ni mucho menos,buenos dividendos por aquello que cultivan. Me explico. En uno de los autobuses que nos trasladaba cada día desde el hotel hasta la Messe de Berlín en febrero, tuve la oportunidad de charlar, largo y tendido, con uno de los históricos del mundo de la agricultura de esta provincia. Un hombre curtido en mil batallas y al que nada de lo que ocurre le sorprende ya. Y no es que venga de vuelta o que esté por encima de todo lo que acontece. Al contrario. Asentado, firme y gran conocedor de lo que se mueve en torno a la agricultura, se lamentaba amargamente de la incapacidad que tenemos, aún hoy, de marcar el paso, de dirigir nuestro propio destino frente a las grandes cadenas de distribución. “No hemos sido capaces todavía de sentarnos en una misma mesa y mucho menos de unirnos y blindar nuestros productos frente a los permanentes intentos de desestabilización o de marcar precios a la baja que nos atenazan. Y es que los pocos que ha habido sólo han servido para vernos las caras, alcanzar algún acuerdo y, nada más salir por la puerta, romperlo por la presión de aquellos que nos compran, por el miedo a perder un producto tan perecedero como el nuestro o simplemente, porque a pesar de todo, todavía existe un pequeño margen de beneficio que nos aleja de la concentración como alternativa real de lo que pudiera ser la gran marca Almería”.
Alertaba de los impagados que pueden provocar los precios elevados que se han logrado en enero en algunos productos. Los brokers, que son realmente a quienes les vendemos, han comprado por encima de lo que a ellos las grandes cadenas de distribución les ofrecen. El riesgo, por tanto, es muy alto. Y la queja principal. La incapacidad manifiesta para dirigir nuestro propio destino agrícola y empresarial. “Llevamos 50 años en este negocio y hoy, puedes creerme, estamos peor que hace veinte años. Desconocemos a quien vendemos y, en muchas ocasiones, hasta el precio que nos van a pagar por cada camión de género que sale de nuestros invernaderos , cooperativas y alhóndigas. Estamos casi como en la época de la uva de Ohanes, en la que los murcianos llegaban, se la llevaban, por supuesto sin precio, y luego había que confiar -no siempre sucedía- en que la pagaran.