La Feria y las casetas familiares

Antonio Lao | 4 de septiembre de 2017 a las 10:43

Hace hoy justo una semana que la Feria de la capital concluyó. Tiempo suficiente para mirar con cierta perspectiva los resultados y hacer un balance sosegado, sin estridencias y, en ningún caso, a vuela pluma. La conclusión primera, bajo mi punto de vista, es que se ha dado un paso adelante en positivo, tras un 2016 para olvidar y en el que, de verdad, se tocó fondo, con serio riesgo en dejar la principal fiesta de la capital, aquella que nos vende al exterior como pueblo, como intrascendente.
La que ahora ha concluido nos deja buen sabor de boca al regresar las actividades del mediodía al Paseo. Cualquiera que haya pateado las calles durante este tiempo, espero que los que rigen los destinos de la capital también, habrán comprobado el salto de calidad y asistencia que se ha producido. Siempre he dicho que los experimentos deben hacerse con gaseosa y aquello que funciona, como la concentración de actividades durante el día en el centro de la ciudad, nunca debió de tocarse.
Resaltar que el concierto de la OCAL tiene un escenario natural que es el parque de Las Almadrabillas. Sacarlo de ahí y llevarlo al Palacio de Congresos, con un sonido pésimo y alejado de la imagen exterior que es el puerto y el Cable Inglés corría serio riesgo de ser uno más de los que celebra la orquesta y no es ese el objetivo. Luego está la noche. Consciente de la necesidad de un nuevo recinto ferial, lo que parece evidente es que todo lo que suponga alejar las actividades del centro supone un duro golpe a la asistencia de público.
La ciudad tiene un recinto moderno, preparado, amplio, hasta coqueto diría yo. Sin embargo compartimentar lo que encierra se ha visto que fue un error. No parece que vayan a tener problemas las atracciones, que mal que bien, hasta la una de la madrugada son visitadas por miles de padres con sus pequeños. Tampoco parece que sea un problema las casetas-discoteca, que tienen en su ubicación un auténtico filón, aunque habría que mirar que tipo de fauna las puebla.
Otra cosa son las casetas familiares, aquellas que alguna vez fueron el eje de la Feria de la noche, y que en esta edición casi han firmado su tarjeta de defunción. Alejadas, abandonadas, olvidadas y caras. Un cóctel difícil de gestionar y al que hay que buscar una salida. Tiene difícil solución, aunque espero que con la colaboración de todos se encuentre una salida que permita recuperar lo perdido.
Entiendo que la Feria de la capital debe ser en conjunto una suma de sonidos, colores y sabores. Volvamos a mezclar ambientes y que unos se puedan alimentar con los otros. Puede ser una opción, junto con el impulso de casetas más pequeñas, más de andar por casa, que no supongan grandes desembolsos para quienes opten a una concesión y así colaborar en el rescate del barco que se hunde.

La cuesta de septiembre

Antonio Lao | 28 de agosto de 2017 a las 11:20

Aunque al verano le queda aún casi un mes, en esta tierra ya saben que cuando termina la Feria capitalina parece que hay que calzarse las botas de lana y cubrirse como si el más crudo invierno ya hubiera llegado y se instalara para quedarse. Exageraciones al margen, si que es cierto que con la procesión de la patrona, la vida recobra el pulso habitual, nos alejamos del paréntesis agosteño y, al igual que las promociones llegan a los quioscos, comienza lo que he querido denominar la “cuesta de septiembre”.
Y lo será para muchos, no ya para los padres que comienzan con los gastos del curso escolar, a la vuelta de la esquina, sino por la enorme cantidad de problemas que esta provincia tiene por resolver y que en este tiempo de calor, playas y excesos estivales, aparcamos durante un tiempo.
El primero es el agua. No sabemos bien como, pero mientras en el resto del país la sequía está provocando grandes estragos en plantaciones y alcanza, incluso, a muchas poblaciones que han visto como sus horas de abastecimiento disminuían, aquí mantenemos una normalidad mal entendida, en la creencia de que eso no va con nosotros. Sólo los problemas de los regantes del Bajo Andarax han puesto de manifiesto la fragilidad del sistema que con inteligencia, cierta coherencia y presión popular, nos hemos ido dando a lo largo de los años. Las desaladoras que funcionan y un año hidrológico más benévolo que el resto del país, sostienen una agricultura cada vez con más necesidades y a una creciente población, en especial en verano, con una llegada récord de turistas. Pero el problema está ahí. Cada uno no puede hacer la guerra por su cuenta, sino que se hace conveniente y necesario un órgano que sea capaz de dar racionalidad, evitar problemas como el del Andarax y, sobre todo, conocer dónde estamos, qué reservas tienen aún nuestros acuíferos y cuál es el futuro que nos espera.
Septiembre es también tiempo de presupuestos del Estado y de la Junta. No esperen mucho. A pesar del triunfalismo del Gobierno de Rajoy, sabedor de que tendrá el apoyo de nacionalistas vascos y canarios a las cuentas, más Ciudadanos, lo cierto es que esta tierra mantendrá unas inversiones casi ridículas. Dinero para el AVE con Murcia no habrá, ya lo dijo el ministro de Fomento, aunque sería conveniente que se perfilaran algunas partidas para esta obra necesaria y urgente e inversiones en recuperar la todavía embarrada (es un decir) desaladora de Palomares, que un día vio como la avenida de una rambla la inundó y hasta hoy. De la Junta ya nos sentiremos satisfechos con que sigan las obras del materno-infantil y, de verdad, haya trabajos en la autovía del Almanzora. Si de unos y otros logramos arrancar algo más que promesas, la cuesta de septiembre hasta es posible que la subamos, con dificultad, pero la subamos.

Campaña agrícola, precios de récord

Antonio Lao | 21 de agosto de 2017 a las 11:34

La agricultura intensiva o bajo plástico debe estar de enhorabuena. El consejero del ramo, Rodrigo Sánchez Haro, ha presentado un avance, en el que hemos conocido que el valor de los productos comercializados superan los 3.150 millones de euros, un 18% más y lo pagado a los agricultores alcanza los 2.400. Pero lo más importante, a mi juicio, es el precio medio que se ha pagado por kilo, que ha estado en los 0,66 euros. Una cifra que permite a los miles de trabajadores de agricultura intensiva obtener un rendimiento óptimo, con un interesante margen, descontada la inversión necesaria en la producción.
La justificación a un año de récord como el vivido tiene en la ola de frío que padecieron nuestros principales competidores (Marruecos, Turquía o Grecia) en los meses de mayor producción en la provincia, su principal causa. Y este, quizá, sea el borrón que más puede preocupar a aquellos que hoy se felicitan por lo alcanzado, la mejor campaña de los últimos diez años, y que mañana cuando las inclemencias meteorológicas no acompañen, se rasgarán las vestiduras, tratando de buscar argumentos al fiasco que está por venir.
Pero no se trata de ser agoreros, ni ponernos la venda antes de que los acontecimientos ocurran. Con datos como los anunciados por el consejero Rodrigo Sánchez, esta tierra se confirma como la despensa de Europa, una frase que puede ser recurrente y hasta manida, pero que refleja de forma fiel la capacidad que tiene la horticultura bajo plástico de superar registros, a poco que las circunstancias acompañen. Con lar arcas de los agricultores llenas, ya se plasma en el inicio de la nueva campaña un crecimiento de las inversiones en infraestructuras, en la mejora de las instalaciones y en nuevos recursos innovadores, que muestran el músculo que el sector agroalimentario mantiene intacto con el paso de los años en esta provincia. Aún así hay retos pendientes, que por más que permanezcan aparcados o enmascarados por la nueva campaña, siguen siendo el objetivo a cumplir en los próximos años. Y no es otro que la comercialización y la unión del sector en cooperativas y alhóndigas más fuertes, capaces de hacer frente a las grandes superficies cuando tratan de implantar precios, con el consiguiente perjuicio para los cultivadores, la cadena más débil de un mundo cada vez más abierto, más global y más competitivo. Y por ahí nos movemos. En un ambiente de optimismo, por lo que ha sido la campaña que finalizó en junio, pero con la incertidumbre de la nueva que ya está en marcha. La mayor parte de las plantaciones ya crecen en las casi 60.000 hectáreas invernadas de la provincia, con un estrés adicional, que llega de los problemas de agua que padecen en el Bajo Andarax. Pero hay que seguir.

Segunda visita del ministro de Fomento

Antonio Lao | 21 de agosto de 2017 a las 11:33

EL martes 25 de julio, el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, visitaba Almería por segunda vez en cuatro meses. Lo hacía el 4 de abril en plena efervescencia informativa y ciudadana por los retrasos del AVE que un día nos debe unir con Madrid y acercarnos a Europa por el Corredor Mediterráneo. El ministro, quizá espoleado por los responsables provinciales del Partido Popular, se fajó con los empresarios y los medios de comunicación -no recibió a la Mesa del Ferrocarril- un día antes de que se aprobaran los Presupuestos Generales del Estado, en los que no se recogía prácticamente nada para Alta Velocidad en esta provincia. Sin embargo tuvo el valor, la gallardía, de venir y contar los planes de su Ministerio con la vista puesta en 2023.
La visita, por descontado, no dejó ni un sólo poso de optimismo en una sociedad acostumbrada a que la ninguneen y condenada al ostracismo. Sin embargo, si se le reconoció el interés, la valentía y el compromiso y, sobre todo, dar la cara para que te la partan, cuando no traes nada próximo debajo del brazo.
El día 25 de julio, como les decía, Íñigo de la Serna regresaba a Almería con poco más de lo que ya nos dio en abril. Pero ha cumplido con su palabra. Si ya entonces aseguraba que vendría a Almería cada cuatro meses para supervisar el avance de los trabajos -cuando los haya-, de los proyectos y pequeños detalles de la inversión, hay que reconocer que ha cumplido y con creces. Y eso, puede gustar más o menos, habrá quienes lo aplaudan y quienes lo critiquen, pero es un gesto a tener en cuenta y que debe ser valorado en su justo término y con carácter positivo.
El proyecto del AVE a Almería va lento, nadie lo duda. Es necesario una importante inyección económica, no ya para licitar los trabajos y los proyectos de los distintos tramos, sino para dar credibilidad a unas palabras que, hoy por hoy, y tras la visita del martes del responsable de Fomento, ganan muchos enteros de cara a la sociedad de esta tierra. Insisto en que lo importante, después de cinco años de obras paradas no son las palabras, sino los hechos y el dinero, pero creo que el señor De la Serna merece romper una lanza en su favor. No es tarea fácil la que le espera, máxime cuando los recortes siguen siendo el pan nuestro de cada día, en unos presupuestos ridículos y absurdos, no ya para esta provincia, sino para el resto del país, salvo honrosas excepciones, que tienen en los votos para sacarlos adelantes una importante condición, caso de Cataluña y País Vasco. Salvedades importantes, incluso algo hirientes como estas, lo cierto es que por primera vez en muchos años, quizá desde la época Jesús Miranda Hita como secretario de Estado de Fomento, no se producía una imagen positiva para un tren que, seamos claros, aún quedan muy lejano para una provincia alejada y olvidada como es Almería.

Miguel Cazorla

Antonio Lao | 21 de agosto de 2017 a las 11:32

Asegura que la marcha de la concejala Mabel Hernández al grupo de no adscritos le ha pillado por sorpresa (luego ha regresado). Dice desconocer las razones que la han podido llevar a hacer tal cosa, “cuando la relación en el grupo municipal era normal, con sus tiras y aflojas como en cualquier familia”. Compungido, extrañado, imagino que malhumorado por ser el último en enterarse, el concejal de Ciudadanos y portavoz municipal, Miguel Cazorla, ha visto de la noche a la mañana como su “poder” en el Ayuntamiento se diluye como un azucarillo, mengua como una prenda de vestir mal lavada en agua caliente, a la vez que la carrera política que retomaba unos meses antes de las municipales se tiñe de gris oscuro, tirando a negro. Cazorla ya nos dio una clase magistral de cómo no se hacen las cosas el día de la toma de posesión de la nueva corporación municipal, elegida en las urnas en 2015. Un día antes se aprestó a convocar a los medios de comunicación para anunciar que votaría por el cambio de gobierno, elevando a la alcaldía al socialista Juan Carlos Pérez Navas. No se había encomendado ni a Dios ni al diablo, o lo que viene a ser lo mismo, tomó una decisión precipitada sin consultar y Albert Rivera, líder de la formación naranja, le hizo cambiar de opinión en menos de doce horas. Contactos al más alto nivel de PP y Ciudadanos obligaron al señor portavoz de Ciudadanos a “morder el polvo” y llegar al acto formal y protocolario de la toma de posesión de la nueva corporación con el “rabo entre las piernas”. Pero no se arredró en ningún momento, mantuvo el tipo como pudo, cabeza alta, gesto serio, soportando los abucheos que los asistentes al acto le dedicaron. Los que lo conocemos sabíamos que nos iba a dar días gloriosos al frente de esta fuerza política. Su capacidad de trabajo, que la tiene, va unida de forma inexorable a un enorme afán de protagonismo, olvidándose en la mayoría de las ocasiones de aquellos que lo pusieron donde está y de los compañeros de partido que hacen el, digamos trabajo sucio, para que su “estrella” brille en lontananza por siempre jamás. O eso es al menos lo que él piensa. Vive en una realidad paralela de la que le cuesta salir, hasta el extremo de que la marcha y regreso de su concejala le ha “pillado” por sorpresa. Sin embargo, habría que echar mano del teléfono y ver las conversaciones mantenidas con unos y con otros, los mensajes que se han cruzado en estos meses y de la presión, por ejemplo, que ha tenido que soportar algunos de los asesores del grupo, hasta el extremo de decidir marcharse. Aun así, sigue instalado en la sorpresa continua, viendo como el fuego amigo no le permite muchos más movimientos, que los giros de torso y cabeza, tratando de esquivar las ráfagas que buscan descabalgarlo de donde está, con fecha límite, si no cambian las cosas, en las municipales.

Diario de Almería, diez años

Antonio Lao | 24 de julio de 2017 a las 12:05

Cumplimos diez años. Diario de Almería, el más joven de los periódicos del Grupo Joly, se hace mayor gracias a la acogida que la provincia nos ha dispensado desde que viéramos la luz en 2007. El paso de los años nos ha dado la razón. Diario es un nuevo periódico para una nueva generación de lectores. Haciendo honor a su nombre, llegamos para proyectar una visión local de la provincia, pero a la vez global y cosmopolita de los nuevos problemas que afectan a la sociedad. Salimos a la calle no sólo con vocación de mantenernos, sino de convertirnos en el periódico de referencia de esta tierra. Diez años después, podemos afirmar que estamos en el camino de cumplir nuestros objetivos. Ocupamos un hueco notable en el mercado y contamos con la credibilidad que da el trabajo, la confianza que ofrecen los lectores y el compromiso de los que hacemos este producto cada día. La verdad es que no ha sido fácil este tiempo. A veces hemos tenido que pagar un precio alto. Pero ahí queda el fruto de una labor periodística que ha sacado a la luz innumerables exclusivas. Hoy, transcurrida una década, existen numerosas e importantes razones para mirar atrás y sentirse satisfecho de la trayectoria. Pero también para expresar nuestra inquietud por la caída de ventas en las ediciones de papel, el descenso de la publicidad y el deterioro de la imagen de los medios. Creo que sería un error achacar nuestros problemas a las nuevas tecnologías de la información y a las redes sociales, pero es verdad que todavía los medios no hemos logrado desarrollar un modelo de negocio que nos augure la viabilidad en un entorno que evoluciona a velocidad de vértigo. Dicho esto, estoy convencido de que sólo los medios que sean capaces de preservar la calidad de sus contenidos podrán sobrevivir en el futuro. La supervivencia de un periódico no va a depender del número de clics en la web, sino en la capacidad de ofrecer una información seria y fiable. Este es el verdadero desafío y Diario de Almería está en disposición de lograrlo. Hemos sido desde el primer número de los lectores. Tratamos de servir los intereses del público, porque los verdaderos titulares de la libertad de expresión no somos los periodistas, sino el conjunto de la ciudadanía. Todos los que hace diez años nos embarcamos en esta apasionante aventura de poner en marcha una nueva cabecera provincial, que se sumaba a las ocho con las que ya contamos repartidas por la geografía andaluza, les damos sinceramente las gracias por su acogida, por su paciencia y por habernos hecho merecedores de su confianza. Soy optimista sobre el futuro de los medios convencionales si somos capaces de subirnos a esa ola de innovación, sin perder nuestras señas de identidad que han sido y serán el periodismo al servicio de la verdad. Y esto es más valioso que nunca en la era de la postverdad, en la que lo falso parece más verosímil que lo auténtico.

#Déficit Polihídrico

Antonio Lao | 17 de julio de 2017 a las 12:31

Agradezco, como creo que lo harán cientos de miles de almerienses, la implicación de la Cámara de Comercio y de los empresarios, agrupados en ASEMPAL, el “salto al ruedo” que el martes tuvieron con el problema del agua. Los presidentes de ambos organismos, Diego Martínez Cano y José Cano, tuvieron el valor -sigo con la terminología taurina- de coger al morlaco por los cuernos y tratar de torear en una plaza compleja, en la que el triunfo se me antoja caro y difícil. Incluso, es posible que sufran alguna voltereta y hasta reciban heridas por asta de toro.
Pero la faena, si finalmente se culmina, merece la pena, porque los beneficiados serán los miles y miles de almerienses, agricultores y empresarios de la tierra y ciudadanos en general, que esperan desde hace muchos años soluciones al déficit hídrico, que de forma secular afecta a nuestros campos.
La tarea no es fácil. El paso que ambos protagonistas daban esta semana es sólo, esperemos, el primero de muchos que llegarán en los próximos meses. No se trata de convocar a los medios, secuenciar el problema y dibujar la situación. Hecho el análisis, planteada la premisa, que todos en mayor o en menor medida conocemos, hay que avanzar en la senda de la presión, en la senda de la búsqueda de soluciones para tratar de alcanzar un déficit cero, que ahora está en 191 hectómetros cúbicos por año.
El problema existe, es real y está ahí. Aún así es preciso aclarar que en las cuatro últimas décadas, especialmente en los últimos 20 años, los pasos dados en el buen camino han sido muchos. Aquí se logró que llegase agua del Tajo-Segura, muy poca para la que necesitamos; aquí se hizo el trasvase del Negratín al Almanzora; la desaladora de Carboneras es una realidad; también la del Poniente y la de la capital. Entre todos son capaces de aportar a esta provincia casi 180 hectómetros cúbicos, que es una cantidad ciertamente importante y a tener en cuenta.
Pero es verdad que en la misma medida que llegaban aportaciones crecía el consumo agrícola y el humano, con lo que seguimos arrastrando un déficit considerable, complejo de abordar si no somos capaces de concluir las obras iniciadas. Y estas pasan por culminar la desaladora del Levante, enterrada en barro hace unos años tras una riada. Tampoco se ha hecho mucho con los aportes de aguas residuales depuradas y, claro está, dejando olvidado el famoso trasvase del Ebro, que es posible que fuera una quimera, pero que fue capaz de ilusionar a esta tierra. Trabajo, como ven, no falta. Y es ahí donde parece que se ha mojado la Cámara de Comercio y Asempal. Debemos darles las gracias, pero en la misma medida exigirles que no se queden en una convocatoria a los medios de comunicación. Les animo a proyectar acciones concretas, que nos devuelvan la esperanza y acaben con la sed.

Todo no vale

Antonio Lao | 10 de julio de 2017 a las 11:54

Cuando el populismo invade cualquier rincón, los riesgos de trivializar la política y transformarla en algo banal son tan elevados, que la erosión del sistema amenaza con convertir en meseta la montaña más alta. La introducción me sirve para alertar del constante uso torticero que se hace de la propaganda partidista para tratar de desgastar al contrario, sin importar lo más mínimo el daño colateral que se genera a la forma de gobierno que nos hemos dado y que, con errores, funciona con normalidad.
En las últimas semanas se han dado situaciones para lamentar, que me provocan una enorme tristeza, si no fuera porque estamos jugando con “las cosas de comer”. Me explico. No logro, por más que trato de ponerme en situación, entender los motivos que llevan a un partido político, me da igual su color, a poner en entredicho la labor de los profesionales cuando se ha gestionado con criterio y responsabilidad. El último caso lo hemos vivido con el incendio del Parque Natural de Cabo de Gata. Les faltó tiempo a algunos para poner en duda el trabajo del Infoca y para denunciar “los chambaos” que dan sombra a los bomberos de montaña en su vigilancia. ¿Qué habría que darles? Un chalet adosado con vistas a Sierra Nevada, un ático con paisajes marítimos de fondo. El compromiso de los agoreros brilla por su ausencia, en la creencia de que cuanto peor, mejor para ellos. Una irresponsabilidad.
En el caso sanitario ocurre tres cuartos de lo mismo. Cada año, cuando llega el verano, se pone el grito en el cielo por el cierre de camas, la ausencia de profesionales, el maltrato a los pacientes. En el caso de los sindicatos lo entiendo. Están en su papel de defender puestos de trabajo y los contratos de muchos trabajadores. No lo concibo, en cambio, cuando es la oposición la que pone en entredicho, en tela de juicio, la labor que se hace. Porque no se trata de desgastar a aquellos que gobiernan, que es comprensible, sino de poner en duda a uno de los mejores sistemas sanitarios del país, sembrando la inquietud entre los ciudadanos. Y eso es grave y no admisible.
El último de los casos tiene carácter municipal. Y es el intento del portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de poner en duda la colaboración que mantiene con el actual equipo de gobierno del Ayuntamiento porque el Plan de Playas ha tenido dos semanas de retraso. El señor Cazorla insiste en que no hay de por medio rencillas personales o viejas cuentas pendientes de la campaña electoral, pero escuchando a unos y a otros y viendo como se desarrolla la obra teatral y sus actos, la realidad acaba imponiéndose a la ficción y cada uno queda retratado para la posteridad. El tiempo da y quita razones y al final de legislatura, esperemos estar allí todos, verán como los ciudadanos dejan a cada uno en su lugar.

El “Pingurucho” y su traslado

Antonio Lao | 3 de julio de 2017 a las 18:40

Cuando las obras de rehabilitación del Consistorio avanzan a un ritmo razonable y con la certeza de tener una Plaza Vieja remozada a la vista, vuelve como el Guadiana el traslado del monumento de “Los Coloraos” o “Pingurucho” de su actual ubicación a otra aún por definir.
Lo que no debe ir más allá de una decisión plenaria, a tomar con el máximo consenso posible y con el justo ruido, se ha convertido en un “guirigay”, que amenaza con ser el culebrón del verano, más allá y con más trascendencia del que cada estío monta el presidente del Real Madrid con su fichaje galáctico.
Trasladarlo o no tiene una serie de connotaciones a tener en cuenta porque van a definir el futuro, tanto de la Plaza de la Constitución, como el del lugar a donde se traslade, si finalmente esto sucede. Parto de la premisa de que el original monumento estaba en la Puerta de Purchena, por lo que moverlo o no de la Plaza del Consistorio no debe suponer más trauma que el de la búsqueda de un lugar digno para la celebración anual del homenaje, que se viene sucediendo desde finales de la década de los ochenta.
El casco histórico de la ciudad necesita de forma urgente impulsos para trabajar en su recuperación. El primero vendrá de la finalización de las obras del Ayuntamiento, el segundo de un gran remozado de la plaza y el tercero de la mejora y rehabilitación de los edificios del entorno. Debemos buscar que este espacio recupere el pulso del casco histórico de la ciudad, como lo son otros similares en capitales tan emblemáticas como Salamanca, Burgos, Valladolid, Segovia y otras más cercanas como Granada o Córdoba. La Plaza tiene que ser el marco para la celebración de actividades culturales y para ello si es diáfano, mucho mejor. Sobre esta premisa me atrevo a apostar por el cambio de ubicación del “Pingurucho”, y que se busque un lugar emblemático, como puede ser el final de la Rambla, a la altura de la Plaza de las Velas. Un marco perfecto para su visualización por aquellos que entran o salen de la ciudad por el puerto, además de prestigiar y valorar en su justo término el simbolismo de la gesta de aquellos que un día llegaron de Gibraltar, para tratar de sublevar la ciudad en contra del absolutismo de Fernando VII. De forma paralela sugeriría que se trabaje en conocer si los restos hallados en el cementerio corresponden a aquellos valientes, liderados por el coronel Pablo Iglesias. En caso afirmativo, apuesto por su traslado al monumento para cerrar de forma definitiva un círculo que lleva muchos años abierto y que ya es hora de que se cierre con el máximo consenso. Como símbolo de la libertad, el Pingurucho forma parte de la ciudad, de las gentes que en ella habitan y que creen todavía en la utopía como fórmula para cambiar las cosas, frente a la adversidad.

Agua para abastecimiento

Antonio Lao | 26 de junio de 2017 a las 18:41

Parto de una premisa constatable: La Diputación Provincial es la administración que ha tratado de calmar la sed de muchos de los pueblos de la provincia, que aún hoy tienen importantes carencias de abastecimiento. Dicho esto, y reconociendo el trabajo de la institución en aquellas localidades en las que las cubas en la plaza han formado parte del paisaje hasta hace bien poco, lo cierto es que todavía el camino por recorrer en materia de agua es largo y, con seguridad, plagado de obstáculos.
Con la llegada del verano, la tradicional escasez se convierte en necesidad, no sólo porque el nivel freático de los acuíferos baja con la carencia de lluvias y el calor, sino porque la extracción de líquido elemento aumenta de forma exponencial con el crecimiento de la población estacional ligada al verano.
Si bien es cierto que vivimos en una de las provincias más áridas del país, sino la que más, no lo es menos que las cosas no siempre se hacen con la celeridad, la coherencia y el interés que cabría esperar de aquellos que nos gobiernan. Y les pongo un ejemplo. Hace más de una década que se presentaba a bombo y platillo la conexión de la desaladora de Carboneras con la comarca de Tabernas. Una tubería que vendría a romper de forma definitiva con una sed milenaria, que se sufre en una de las zonas más hermosas de la provincia, pero también la más agreste. Aquello que fue visto entonces como el “maná” salvador, transcurrido el tiempo se ha alejado en la misma medida que los acuíferos se esquilman por las miles de hectáreas de olivos plantadas y permitidas, aunque se conocía el estrés hídrico de la zona.
No es extraño por tanto, que el alcalde de Tabernas lamente la imposibilidad que tiene este año de llenar la piscina de la localidad con el agua del pueblo y hasta ha tenido que acudir a un particular que, colaborador con su pueblo, le ha brindado las cubas necesarias para que con la llegada del estío y las vacaciones todos aquellos que quieran puedan disfrutar del baño, en unas instalaciones modélicas y ubicadas en un paraje tan desértico como hermoso.
Es verdad que el verano agranda e incrementa la necesidad. Pero no es menos cierto que algo debe haber fallado, -aunque insisto desde la administración provincial se ha hecho mucho en las últimas dos décadas-, cuando aún hoy hay barriadas que deben ser abastecidas por cubas, se mira un litro de agua como si fuera el último que quedase en la faz de la tierra y se suplica un sondeo como la salvación definitiva de la escasez que, lamentablemente siempre vuelve en verano.
Sigo echando en falta un plan serio, con previsiones ciertas, en el que se busquen recursos, se cuiden los pocos que tenemos y, sobre todo, eviten la imagen de una España en blanco y negro, cuando casi se han cumplido dos décadas del siglo XXI.