La Feria de la recuperación

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2014 a las 20:50

LaA Feria es la Feria y no debería saber de recesiones, crecimientos, primas de riesgo o rescate de bancos. La Feria de Almería es el acontecimiento más importante para la capital durante todo el año. Debe disponer de los fondos económicos necesarios para superar la prueba con nota. Tiene que contar con la seriedad, el rigor y el trabajo de todo el equipo de gobierno y los técnicos municipales y, lo más importante, en ella deben volcarse todos y cada uno de los ciudadanos que habitan en la capital, en los pueblos y los muchos que cada año entienden la celebración como una oportunidad para pasarlo bien, para reunirse con los amigos y, porqué no, hasta pasarse un poco, sólo un poco, con el alcohol.
La de este año, la que anoche comenzó, cabe esperar que sea la de la recuperación, la que suponga la vuelta a las calles de los almerienses, con menos limitaciones económicas que otros años y la de las actividades. Bien es verdad que la fiesta está bastante encorsetada, que es complicado innovar en un formato que, mal que bien funciona, pero si es cierto que se pueden dar los retoques y cambios necesarios para hacerla atractiva y avanzar en lo que debe ser una celebración moderna, pero con sabor a historia; innovadora, pero con la raigambre de antaño; dispersa y solitaria, pero en la que las familias la usen como argumento para verse.

Parece, sólo parece, que hay más alegría económica entre los ciudadanos y eso, seguro, se traduce en un mayor consumo y gasto. La traducción y conjunción de ambos conceptos sólo producirá éxito.
Pero para ello debe acompañar el tiempo, los ambigús del mediodía caminar en la senda de la coherencia y precios razonables, los toros ser buenos y la noche, ¡ay la noche!, alejarse de la cutrez o los botellones a la vera del Andarax y caminar más en la senda de las familias en las casetas de toda la vida y en la diversión en las que son discotecas montadas para la ocasión.

Sin grandes alardes, sin más pretensión que devolver a la Feria más abierta de Andalucía el prestigio que en las últimas ediciones se había visto algo mermado, la gran semana de la capital se abre para que todos, sin excepción, acudan a los actos organizados, paseen por las calles engalanadas, se miren en las cientos de propuestas que se les ofrecen y, como no, traten de sacar de su interior cualquier atisbo de estrés que todavía quede del trabajo y dejarse llevar por la fiesta.

El otoño se presume más que caliente en la provincia y en España. Despidamos pues las vacaciones tal y como se merecen y nada mejor que la Feria de Almería, la Feria de toda la provincia, la Feria centenaria, la que siempre aporta algo a los que acudimos a ella.

Recuperar las tradiciones

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2014 a las 20:49

Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. La frase, atribuida a Marco Tulio me sirve para zambullirme de lleno en la recuperación de las tradiciones y oficios antiguos que, de un tiempo a esta parte, podemos encontrar salpicados por los pueblos de la provincia. Hace unas semanas tuve la oportunidad de acudir a lo que hoy se llama “fiesta de la trilla” o “la parva”.
Les aseguro que, tras más de una hora con aquellos que han hecho posible regresar a un pasado muy cercano, la emoción me embargó y hasta aparecieron algunas lágrimas en mis ojos. Y es que, de golpe, regresé a mi infancia, ya no se si lejana o fue anteayer, cuando decenas de agricultores de casi todos los pueblos de Almería trataban de subsistir sumando a sus escasos ingresos unas fanegas de cereal, especialmente trigo y cebada, con el que alimentar a los animales de corral y ganado el resto del año.
La parva, hoy como les decía una fiesta, era entonces un trabajo duro, extremadamente duro. Tras semanas de siega con hoces, el acarreo de la mies a la era y unos días de sol, se procedía a la trilla. Mulos, burros -he llegado a ver hasta bueyes-, en yuntas arrastraban un trillo hasta que lograban separar el grano de la paja. Una tarea árdua, que llevaba en ocasiones más de una jornada. Si la familia que trillaba era de cierto nivel hasta podías encontrar varias parejas de mulos en la misma parva. Un espectáculo visual entonces y ahora, aunque allá por los años sesenta y sententa el objetivo no era otro que terminar cuanto antes.
Logrado el objetivo, se recogía todo con horcas de madera en una parte de la era. Amontonar era para los niños de entonces una especie de juego, aunque luego acababas con el polvo de la mies incrustado hasta en los sentidos. Al día siguiente llegaba la hora de aventar si el viento de levante venía bueno y te daba la posibilidad. Y así un agricultor y otro, por turnos, durante el mes de julio y agosto. Hoy todo se olvidó. Las eras están en su mayoría deterioradas, los pajares derruidos y prácticamente no hay siembra de cebada y trigo en los pueblos de interior. La sequía y el despoblamiento han acabado con producciones de subsistencia, que en la actualidad son impensables.
Quizá por ello cuando hace unos días volví a ver a un niño subido a un trillo en una era de Abla, sólo con un pequeño bañador y dominando la yunta como los más pequeños de hace cuarenta años cerré los ojos, volví atrás en el tiempo y vi a mi vecinos de entonces en Las Eras, en Los Soleres o en los Gregorios cobijados en la sombra durante los descansos, quemados por el sol insistente de julio y agosto, camisas remangadas y la mirada perdida en una trilla que garantizaba el grano del año para los animales de corral, sin más esperanza que estar vivo.

 

La sequía

Antonio Lao | 2 de septiembre de 2014 a las 20:48

Almería está acostumbrada a pasar sed. La provincia ha hecho de la sequía una forma de vida, un intento permanente de búsqueda de soluciones a un mal endémico que, queramoslo o no, nos ha ayudado a innovar en soluciones que de otra forma nunca habríamos tenido.
La sequía es a Almería lo que un guante a una mano. La lucha permanente de los que aquí habitan por lograr una gota de agua y hacerla producir. De ella nacieron los invernaderos, el uso racional y eficiente del líquido elemento y la batalla nunca ganada por alcanzar el equilibrio para abastecimiento humano y agrícola que jamás llega.
Padecemos uno de los peores años hidrológicos que se recuerdan, sólo comparable a los primeros de la década de los ochenta, en los que muchas de las fuentes y cauces de esta provincia se secaron para ya nunca volver. Fue entonces cuando vislumbramos los primeros efectos del cambio climático y a partir de aquí, unos años más y otros menos, la falta de lluvia se ha hecho una constante en esta tierra.
Durante la década de los noventa y los primeros años del siglo XXI la provincia de Almería ha vivido un proceso agrícola y turístico expansivo en la costa y el progresivo abandono de tierras en el interior. Para ser capaces de cubrir necesidades llegó el agua del trasvase del Tajo y la del Negratín y logramos desaladoras como la de Carboneras y la propia capital, con escaso éxito en cuanto a su puesta en valor, pues nunca han estado por encima del 20 por ciento de rendimiento. Aún así aprendimos a ser eficientes hasta la extenuación, a ahorrar como el que más y a mirar una gota de agua como si de un lingote de oro se tratase.
En 2014, pese a todos nuestros esfuerzos, la situación se torna de nuevo imposible. Utilizando terminología coloquial hasta las lagartijas van con cantimplora en unos campos yermos, sedientos y polvorientos, con un serio riesgo de pérdida de árboles frutales y de almendros.
Una realidad que seguro mejorará algo con la llegada del otoño, pero a la que debemos acostumbrarnos. Vendrá algún buen año, aunque la mayoría tendrán el calibre del que padecemos. De ahí la urgente necesidad de poner en valor todo lo que hemos aprendido, de desempolvar los viejos proyectos que permitían a esta tierra capear la sed, ya sea en forma de trasvase, ya sea en forma de desalación, aunque con precios razonables atendiendo al valor de los productos.
Las reivindicaciones de asociaciones agrarias y otros colectivos abundan en la necesidad de concienciación de una realidad que está ahí y que, como una Espada de Damocles, pende de nosotros. Pensar en que las administraciones vendrán a solucionarnos el problema de una hora para otra es una quimera.

La Almería olvidada

Antonio Lao | 1 de septiembre de 2014 a las 18:06

 

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”, artículo 47 de la Constitución Española de 1978.
Ni un solo concepto de los aquí recogidos se cumple en la mayor parte de las viviendas del barrio de Los Almendros de la capital. La fotografía que ilustraba la portada del Diario del 10 de agosto, en la que una madre sostenía en la mano una goma, por la que manaba un hilo de agua, con la que duchaba a uno de sus hijos nos da de bruces con la otra realidad que también padece Almería: la pobreza.
Muchos de los habitantes de esta zona de la ciudad llevan semanas sin agua y sin luz.Gran parte de los que allí viven no pueden hacer frente a los recibos y han tirado por la calle de en medio con enganches ilegales, tanto en la electricidad como en el agua de abastecimiento. Es razonable que la compañía que suministra la corriente como la del agua busquen evitar la picaresca y que todos paguen por el uso de un bien que es privado. Hasta aquí, de acuerdo. Pero otra cosa es la realidad con la que cada díabuena parte de las familias se encuentran al levantarse. Alguien me hablaba de que la forma de vida de los que aquí habitan se parece más a la de los ciudadanos de Sierra Leona que a los de la Europa desarrollada. Creo, con sinceridad, que está en lo cierto.
Quizá ha llegado el momento de, entre todos, administraciones incluidas, buscar el punto ide inflexión para evitar que barrios como este caminen hacia el pozo de la deshumanización, del desafecto, de la tristeza y pérdida de alma y remonten en la búsqueda de un futuro que, para todos, debe ser siempre mejor. Debemos aspirar a ello.
Me invade una profunda tristeza ver como estos barrios se asemejan a los que vemos en las películas en blanco y negro de los años sesenta españolas, de triste recuerdo. Aquellos que ya contamos con una edad y que vivimos de soslayo las penurias a las que tuvieron que hacer frente nuestros padres y familias lamentamos tener que repetir clichés, denunciar una situación inimaginable en la sociedad en la que vivimos y criticar el escaso eco que las dificultades que padecen los más vulnerables tienen en los medios de comunicación. Somos capaces de llorar al ver la pobreza por la que traviesan muchos pueblos de África y desconocemos quela tenemos aquí a lado.

 

Municipales, el miedo los atenaza

Antonio Lao | 4 de agosto de 2014 a las 12:44

Nueve meses quedan para las elecciones municipales y el miedo atenaza a muchos. Los resultados de las elecciones europeas, desgranados en concejales para las distintas fuerzas políticas, ha puesto a más de uno y de dos de los nervios. Tanto es así que en las dos grandes fuerzas políticas suman, restan, dividen y multiplican, en una especie de cuenta de la vieja o cuento de la lechera por la que se avecina. Triunfos y derrotas, sonrisas y lágrimas en la misma medida y a partes iguales, aunque mucho me temo que habrá más de tristeza y lamento que de aplausos y palmaditas en la espalda. Los gurús del Partido Popular y del Partido Socialista se afanan en tratar de dar la vuelta a la tortilla, conscientes de que a partir de mayo de 2015 nada volverá a ser igual.
Y es que en el Partido Popular, por ejemplo, son conscientes de que o cambian mucho las cosas o están poniendo en riesgo muchos de los pueblos que hace ahora algo más de tres años les dieron la Diputación Provincial. Conocen que tienen serios problemas en el río Andarax, se mira con preocupación lo que pueda suceder en el Almanzora y no lo tienen nada claro en el Levante. A pesar de la probable bajada de apoyos, saben que la clave está en la capital. De ahí que en lo que resta de legislatura vayan a dar todo lo que tienen dentro por mantener resultados y, si no es posible, que la pérdida sea mínima o se reduzca a daños más o menos colaterales. Parece que no van a tener muchos problemas en revalidar sus mayorías en Roquetas, El Ejido, Adra o Níjar.
En la acera contraria, en el Partido Socialista, podrían estar frotándose las manos por la que se avecina y, sin embargo, no las tienen todas consigo. Las diferencias soterradas en la capital y la lucha por el poder a nivel provincial entre “Los Adelos” y aquellos que un día auparon al secretario general actual a la cima “Los Nonistas” es tan dura y cruel que puede pasar cualquier cosa en los próximos meses. De ahí que anden con cautela, con paso sereno y prudente, a la espera de que los acontecimientos vayan madurando una situación que se nos antoja compleja. A todo esto no olviden el papel de bisagra que hará Izquierda Unida y la capacidad que puede tener Podemos para hacerse fuerte dentro de todos y cada uno de los 102 pueblos de la provincia.Con esta música, más cercana a los momentos de locura de Mozart que a los de cordura de Beethoven, no es extraño que la tensión se dispare.Y eso que aún tenemos por delante el mes de agosto para serenar ánimos, recargar baterías y diseñar batallas. Porque no duden que a poco que la fecha se acerque, las tendremos e importantes. Nervios a flor de piel porque muchos, más de los que ustedes piensan, se juegan estar o no cuatro años más en primera línea o caminar hacia el olvido.

La dos listas

Antonio Lao | 28 de julio de 2014 a las 11:08

Los socialistas de la capital aprovechan cualquier votación para mostrar en público sus diferencias. La última tuvo lugar el 13 de julio, con motivo de la elección de los delegados que acudirán al Congreso Provincial encargado de elegir a los representantes del socialismo almeriense en el Congreso que consolidará a Pedro Sánchez como nuevo hombre fuerte de este partido centenario.
En alguna ocasión ya he escrito que lo peor que le puede pasar a un partido político es ser noticia por sus disputas internas y por el intento permanente de desgastar a aquellos que, de forma legítima, ganaron un congreso. No me malinterpreten. Quien está o quien venga no es objeto del análisis, sino de la “guerra” permanente en la que este partido vive y que, si nadie lo remedia, proseguirá mientras haya un descontento, un ambicioso demedido o, simplemente, un militante con intereses más espúreos que el de trabajar por recuperar el poder perdido.
Mucho me temo que la dinámica en la que ha entrado esta fuerza política los arrastrará como un vendaval hacia una nueva derrota. Parece incomprensible, diría que irracional, pero lo cierto es que están pensando más en cómo laminar al compañero que en arbitrar y conformar una mayoría, con ideas y propuestas para la ciudad, que sea capaz de enfrentarse con un mínimo de garantías al actual gobierno municipal.
Quizá por ello, y pese a los nervios que se han instalado en las filas de las huestes de Luis Rogelio por los resultados de las europeas, existe cierta quietud al entender que las luchas instestinas en las que se sume una y otra vez el socialista capitalino les volverá a poner en bandeja la alcaldía de la capital y, con ella, posiblemente también la Diputación.
Escuchando hablar a las partes enfrentadas parecería que lo que hay en juego es el reino de jauja. Y no es así. Lo que está encima de la mesa y que estos jugadores en prácticas parecen no ver, es el cambio de tendencia en una ciudad que perdieron a finales de los años noventa y que tienen muy complicado recuperar.
Pero claro, instalados en la permanente guerra de guerrillas desde hace tantos años, bien parece que no saben hacer otra cosa o no tienen la capacidad de abstracción necesaria para establecer prioridades. Y la más importante, a poco que sean capaces de pensar, no es si el secretario general sigue siendo Fernando Martínez o el que la secretaria de Política Institucional, Adela Segura, quiera poner en cada momento. La clave son las municipales del mes de mayo, el trabajo conjunto y un programa de gobierno con el que los ciudadanos sean capaces de identificarse. En las últimas tres legislaturas no lo han logrado y mucho me temo que en esta, si nadie lo remedia, tampoco serán capaces de vertebrar una propuesta creible.

 

El hartazgo de los empresarios

Antonio Lao | 21 de julio de 2014 a las 12:28

Reconozco que echaba de menos la fuerza, el empuje, la garra, el criterio y la independencia que en su día tuvieron los presidentes de Asempal, Miguel Santaella y los de la Cámara de Comercio, José Antonio Picón, Francisco Martínez Cosentino y José Antonio Flores. Ellos me dirán que es probable, pero que eran otros tiempos, en los que se conjugaron muchos factores que alumbraron la Mesa de las Infraestructuras y una reivindicación única de las necesidades de esta provincia, difícil de repetir. En los últimos años Asempal y Cámara -posiblemente lastrados por sus propios problemas- han sesteado en la creencia que la contemplación era el camino, el agrado la línea recta y las buenas palabras el derribo del muro de las lamentaciones y la ruta hacia los compromisos. Error. Por eso, cuando el lunes vi sentados en la misma mesa a José Cano, presidente de Asempal, un empresario coherente y activo y a Diego Martínez Cano, inteligente, negociador y hábil, desplegando velas frente a los reiterados incumplimientos del Gobierno de España con Almería, especialmente en materia de ferrocarril y autovías, me dije: ¡ya era hora!
La coherencia y la verdad son argumentos más que suficientes para aplaudir la crítica de los empresarios, la manifestación convocada para el 29 de julio y el dibujo de la línea que el Gobierno no debe traspasar con esta provincia. En caso contrario los tendrá, nos tendrá, enfrente. No podemos llevar tres años jugando a poner 100 millones de euros para el AVE y luego no gastarlos. No podemos abanderar las bonanzas y lo mucho que estamos en los pensamientos del presidente y sus ministros, cuando aquí no se ha puesto una sola traviesa y sí se han tapiado los túneles. No podemos creer las promesas del diputado Rafael Hernando anunciado el AVE para 2018, cuando ya nos lo prometió para 2013, 2014, 2015 y hasta el ministro Rodrigo Rato ya lo hizo para 2005. Bajo estas premisas no cabe más que la reivindicación justa, la denuncia de las permanentes mentiras o las ruedas de molino con las que nos quieren hacer comulgar y el abanderamiento de una lucha por unas infraestructuras que esta provincia necesita para seguir creciendo. No estamos pidiendo nada que no tengan otros. Aportamos más que muchas provincias alPIB nacional, y aunque creo en el principio de solidaridad, lo que me parece injusto es limitar nuestro desarrollo por la ceguera de unos pocos o por la complecencia de muchos. El AVE que nos debe unir con Murcia y la autovía con Málaga son irenunciables. Basta ya de paños calientes, de promesas huecas y de palabras más vacías que una bolsa de caramelos en la puerta de un colegio.

 

Fomento no licita en Almería

Antonio Lao | 14 de julio de 2014 a las 11:05

Con la cercanía de las elecciones municipales, las generales a la vuelta de la esquina, la perceptible mejora de la situación económica y la llegada de fondos de la Unión Europea, el Ministerio de Fomento se ha enfrascado en una vorágine de licitaciones de obras y proyectos del AVE en este país. Los datos, que Diario de Almería avanzaba hace una semana, dejan lugar a pocas dudas: un 35% más de tramos licitados en lo que va a de año, lo que supone un enorme avance en el mapa ferroviario de alta velocidad planificado y proyectado por los sucesivos gobiernos y que han hecho que España sea, con diferencia, uno de los países con mayor número de kilómetros construidos. Visto así parece que vivamos en jauja. Pero la realidad para nosotros, los almerienses, dista mucho de acercarse a algo similar al paraíso y si tiene ciertos toquetes, tufo o aroma a infierno.
Los Presupuestos Generales del Estado para 2014, cortos, muy cortos para esta provincia, contemplaban una inversión de 100 millones de euros para el AVE que debe unir la capital con Murcia.Una obra que el anterior gobierno y de la mano del secretario de Estado de Infraestructuras, el almeriense Jesús Miranda Hita, vivió momentos de gloria. Tal fue la implicación, que se licitaron tramos, se adjudicaron obras y las máquinas los han ejecutado. Son los más complejos por la orografía del terreno, con túneles y puentes. Pero es tal la desidia que nos ha inudado, aderezada con enormes pizcas de crisis, que al Ministerio no se le ha ocurrido otra cosa que tapiar los túneles.
Mucho me temo que si nadie lo remedia, cuando las cosas mejoren, porque mejorarán, y cuando aquellos que nos gobiernan crean, de verdad, que a esta tierra le ha llegado el momento de contar con un tren de alta velocidad que nos una con Madrid y nos abra una nueva vía hacia Europa de la mano de los railes, la inversión puede duplicarse para recuperar, aunque sea con una mano de pintura, lo ejecutado. Porque para desgracia de los que aquí habitamos, la ministra ha potenciado el AVE con Galicia, que no digo yo que no sea necesario, en detrimento del nuestro. Y es que la señora Ana Pastor es gallega. Como en su momento Felipe González, sevillano, llevo el caballo de hierro de alta velocidad hasta hispalis; Magdalena Álvarez, malagueña, lo dejó en las puertas de la calle Larios en la ciudad de la Costa del Sol; Aznar, siendo presidente lo dejó en Valladolid y así una larga lista de prohombres que alcanzaron el poder y que, a través de su influencia, acercaron las obras públicas a sus patrias chicas. Ahora, nuestra presencia en Madrid es tan escasa que no cabe esperar más que otros 100 millones en los presupuestos del estado para 2015, que como los de 2014, no se gastarán y pasarán a engrosar el ahorro del Estado. Triste, pero es la realidad.

 

La Almería del interior se vacía

Antonio Lao | 7 de julio de 2014 a las 10:58

Almería es la provincia con las madres más jóvenes de España y con mayor número de partos. Pero existe un preocupante envejecimiento de la población en la mayor parte de los pueblos del interior. Existen municipios, hermosos, lugares para perderse como Beires, Velefique u Olula de Castro, en la que la media de edad de sus habitantes se sitúa en torno a los 60 años. El dato es tan alarmante como lo puede ser en Castilla y León donde, las propias cortes castellanas, han hecho bandera del problema y buscan atajar el problema en la medida de lo posible. En Bayárcal, por ejemplo, ha sido el propio alcalde el que está buscando familias que sean capaces de repoblar el pueblo y no dejarlo sin colegio el próximo curso por falta de niños. El ejemplo, con seguridad, cundirá y lo veremos en los próximos meses en otras localidades de interior en las que un día de invierno cualquiera parece como si llegaras a pueblos fantasmas, en los que la imagen de la mata recorriendo la avenida principal arrastrada por el viento y el polvo en suspensión dibuja un panorama de película de vaqueros y de pueblo abandonado, porque la fiebre del oro ha pasado y ya nada te ata a lo que ha sido tu terruño.
En la provincia de Almería este no es el caso. Cualquiera de los pueblos que se mueren de forma irremediable tiene detrás una hermosa historia, generaciones y más generaciones de vecinos que creyeron que el lugar que habitaban era el más hermoso, cargado de prosperidad y futuro. Hoy, lamentablemente, no tienen ninguno.
El dato no es baladí. 64 de los 102 pueblos de la provincia de Almería pierden habitantes cada año. Un goteo de defunciones y ningún nacimiento capaz de sembrar la tristeza y la depresión entre los que amamos los pueblos, entre los que creemos que, pese a las dificultades para poder ganarse la vida, el pueblo es como el cordón umbilical al que te sientes unido. Si te falta saltan en pedazos las bases sobre las que se asienta tu formación como persona, tu desarrollo intelectual y hasta profesional.
El pueblo es una especie de madre que siempre está ahí. Un lugar al que viajas o no, pero que permanece en tu imaginación o regresa a ella en todos los momentos. Son historias, vivencias, chascarrillos, hombres y mujeres diferentes, a los que conoces y con los que te has forjado y formado. Una familia más o menos grande que participa de tus problemas, los entiende o los cuenta, pero una familia al fin y al cabo. Todo ello hoy está en peligro. La población se ha desplazado a la costa y a no tardar muchos años, muchos de las villas que conforman estatierra serán sólo un recuerdo, un lugar en los libros locales de historia y poco más.

La hora de cambiar prometer por hacer

Antonio Lao | 30 de junio de 2014 a las 11:28

Algo se está moviendo en este país. Las elecciones europeas, esa convocatoria que a pocos interesaba y a muchos menos les hizo trabajar más allá de la obligación del mitin o el recorrido exigido del mercadillo, amenaza con cambiar todos los conceptos que, parecía, teníamos asumidos sobre las formas y el fondo en el que se mueve la ciudadanía. Los resultados van a ser capaces remover los cimientos de una sociedad que parecía adormilada, noqueada por la crisis y resignada a aguantar de forma estoica todo cuanto sucedía como Don Tancredo. De sopetón nos encontramos con la dimisión del secretario general de los socialistas, la abdicación del Rey y, lo que me parece más llamativo, la irrupción de nuevas fuerzas políticas y la necesidad de participación de los ciudadanos en todo cuanto nos rodea. Se acabaron las decisiones adoptadas en las alturas, se pone fin ‘al ordeno y mando’ revestido de democracia y se abre paso, contra viento y marea, una tempestad de democracia, de nuevas formas, de rebeldía capaz de acabar con lo establecido, con lo común, para avanzar en la senda de las nuevas formas. Nuevas dinámicas en las que el protagonismo es de los ciudadanos, de aquellos que realmente conforman la sociedad en la que vivimos.
A nivel local se ha pasado del “no ocurre nada” al “miedo escénico”, al pánico a perder lo que se tiene si no se actúa con responsabilidad, criterio y, sobre todo, con la capacidad de generar apoyos, alegría. La clave está en lo que el primer ministro italiano, Matteo Renzi, cree fundamental que es sustituir el “tan gastado verbo prometer por otro mucho más olvidado en la política: hacer”. Se acabaron los tiempos en los que los que nos gobiernan salían a la calle durante las elecciones para buscar el voto de los ciudadanos y luego “si te ví no me acuerdo”. Se avanza en la senda en la que el protagonismo es de aquellos que siempre lo tuvieron y se les arrebató con la anestesia de las buenas palabras, las promesas huecas y los compromisos vacíos. Ahora se precisa acudir al tajo de los ciudadanos, visitarlos, hablar con ellos, estar atentos a sus preocupaciones, a su vida diaria, para avanzar en los compromisos con mayúsculas, en las realidades y las verdades. Es tiempo de alejarse del humo como promesa, de la frase bien hecha o de un titular rimbombante para abrir un nuevo tiempo en el que aquellos que nos gobiernan o quieran hacerlo firmen un compromiso a “sangre y fuego” de realidad, de apoyo, de verdad. Lejos quedan las dinámicas del marketing, del anuncio publicitario o de la red social con nombre figurado. Ha llegado el momento de entender que todo aquello que no pase por el servicio a los votantes se volverá, muy pronto, en contra de los que preconicen experimentos basados en la nube intangible, poco práctica y nada real de los sueños.