Trnes del siglo XXI, vías del XIX

Antonio Lao | 5 de agosto de 2013 a las 11:20

Una respuesta parlamentaria ofrecida por el Gobierno a un senador socialista asegura que los trenes que circulan por las vías de la provincia, hasta Sevilla, Madrid o Barcelona, pueden alcanzar los 160 kilómetros por hora.
Desconozco si el que la firma estaba actuando en un monólogo y buscaba provocar la risa de la platea osi, por el contrario, lo dice convencido de sus palabras y con datos que lo corroboren. Si se trataba del primer caso, podíamos seguir con la guasa, tomarnos unas copas en una terraza de verano, al fresco y con la brisa del Mediterráneo, rasgando nuestros cuerpos y dejarlo como una anécdota estival o, como si dice por aquí, una coña marinera. Si por el contrario, el autor de la respuesta, cree en lo que dice es para echarse las manos a la cabeza y pedir que su superior, a no tardar mucho, firme su inmediato cese. No se puede jugar con las palabras y los argumentos para componer una media verdad que, al final, se convierte en una mentira.
A saber: los trenes que recorren las vías de la provincia, los que nos unen con Sevilla y Madrid, es cierto que pueden alcanzar la velocidad que se afirma en la respuesta. Pero, todos sabemos y el que redacta también, que las vías que tiene esta provincia son del siglo XIX, railes asentados en bases anticuadas, curvas con más grados que un güisqui escocés y pendientes de hasta el 12%, que impiden a cualquier máquina de tren, por moderna que sea, ir en muchos de los tramos a más de 50 kilómetros por hora. Esa es la realidad con la que nos encontramos los que todavía usamos el tren para viajar y los que somos capaces de aguantar siete horas a Madrid mirando el paisaje, a la par que lees un libro o caminas por uno de los pasillos del Talgo a la búsqueda de un conocido para hacer más llevadero el interminable trayecto.
Y mientras, las obras del AVE, cuyo ritmo nos había sorprendido en la anterior legislatura por rápido, incluso a los que seguimos los trabajos día a día, van ahora a un ralentí imperceptible y ya duermen el sueño de los justos, provocando miedo y preocupación en los ciudadanos.
Mintras tanto, claro, el lumbrers de turno sigue dándole a la pluma para responder preguntas de la oposición, con la sana idea de dilatar los tiempos y esperar que las polémicas no perduren más allá de lo que “duran dos piezas de hielo en un güisqui on the rocks”, que diría Sabina.
Una pena que sigamos enfrascados en absurdas respuestas, en intentos vanos y baldíos por distraer la atención, con lo fácil que sería decir la verdad y buscar fórmulas para no dilatar en exceso plazos, a sabiendas de la crisis que nos atenaza es la que marca los tiempos, queramos o no.

Cainitas

Antonio Lao | 30 de julio de 2013 a las 20:28

A poco que alguien o algo despunte en esta tierra nuestra surge una legión de zapadores con la intención, inequívoca, de arrasar y certificar la defunción de la propuesta. Lamentablemente no somos capaces de felicitar y alegrarnos por el triunfo de nuestros paisanos, de nuestros vecinos, de nuestros amigos y sí, como digo, de minar, zancadillear y criticar aquello que con tino, trabajo y coherencia sale adelante y triunfa ante los ojos de los demás.
Ayer se clausuraba en Vélez Blanco el XII Festival de Música Renacentista y Barroca. Un evento de categoría nacional, al que el historiador Fernando Martínez ha logrado impulsar como un referente en su género. La semana, preñada de conciertos y jalonada de conferencias, supone un halo de aire fresco, de credibilidad, de coherencia, de constancia y de fe ciega en el buen hacer. Pues a pesar de eso, una panda de indocumentados, catetos de medio pelo y mediocres envidiosos, se han dedicado en las últimas semanas a tratar de echar tierra sobre un evento inmaculado, un proyecto joven y en alza, que con la constancia del que conoce lo que hace, ha logrado situarlo entre lo más granado del verano provincial, regional y nacional.
Somos, tristemente, una tierra de cainitas. Una tierra en la que el éxito del vecino no es el nuestro, sino una muestra de decadencia y simplicidad. Una actitud pacata y de estrechez de miras.
Pero no es el único caso. Almería se caracteriza en muchas de sus actuaciones, por tratar de de minar el campo de proyectos que han sido seña de identidad para esta provincia. Sin ir más lejos ahí están las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro, torpedeadas por aquellos que un día se lustraron con su nombre y luego las devoraron como Saturno a sus hijos; los cursos de verano de la Universidad Complutense en Almería, -cuando esta tierra no tenía universidad-, zancadilleados cuando aquí venían escritores de la talla de Mario Vargas Llosa; presidentes de gobierno de medio mundo o premios Nóbel de enorme prestigio; el equipo ciclista Costa de Almería o el propio equipo de fútbol, al que unos cuantos un año si y otro también, tratan de desacreditar, cuando Alfonso García ha sido el único que le ha echado reaños suficientes para exponer y jugarse su dinero con tal de que la ciudad tenga fútbol.
Pues a pesar de eso, luego somos tan tremendistas que lloramos de forma desconsolada cuando las cosas desaparecen. Incluso, hacemos de plañideras falsas, en un duelo al que nosotros hemos contribuido de forma descarada con trabas, quejas y críticas propias de la incultura y de la escasa capacidad de mirar más allá de lo que tenemos frente a nuestras narices.

 

El “Caso Facturas”

Antonio Lao | 22 de julio de 2013 a las 17:30

El  “Caso Facturas”, que no es otra cosa que la emisión de recibos por parte de los gestores del Patronato de Turismo, sin haber realizado viaje alguno, en la legislatura que Juan carlos Usero presidía la Diputación, amenaza con llevarse por delante el prestigio de muchos y la credibilidad de una institución que ha sido siempre modelo, ya fuera gobernada por el PSOE, ya fuera dirigida por el Partido Popular.
La trama, puesta en manos de la Fiscalía por el Partido Popular, en concreto por el vicepresidente de la institución, Javier Aureliano García, nos deja ya, y acaba de empezar la instrucción, una decena de imputados, entre los que está el anterior vicepresidente de la institución y su mujer; el ex-gerente del Patronato y su esposa; una pareja amiga de éstos que hizo uno de los viajes; la secretaria del organismo autónomo; el gerente de la agencia de viajes Leitur y el empresario Joaquín Conde, de Publifiestas Conde. Para cuatro de ellos, el exvicepresidente de la Diputación; el exgerente de la agencia de viajes; el empresario y la exsecretaria del Patronato el juez Luis Durbán ha dictado prisión, eludible bajo fianza de 12.000 euros. Si quieren evitar la cárcel antes de que finalice el mes deberán depositar esta cantidad de dinero en el juzgado.
Como ven, un caso de extrema gravedad, en el que se podrían haber defraudado a las arcas públicas en torno al medio millón de euros. Sorprende que algunas de las facturas pagadas eran por viajes que nunca se hicieron y estancias en hoteles de meses, cuando nadie se había alojado.
¿Qué hay detrás? Es algo que debe aclarar la justicia. Pero lo que si parece evidente es que la decisión de poner el caso en manos de los tribunales por parte del actual vicepresidente de la Diputación fue coherente y responsable. Hizo lo que tenía que hacer, lo que se debe de esperar de un cargo público que ha llegado a una institución y se ha encontrado con una serie de irregularidades, ya veremos cuanto de punibles, pero que, bajo ningún concepto, debía dejarlas dormir en un cajón.
Se puede criticar si lo hizo en tiempo y forma -ya llevaba el PP gobernando un año- o con los criterios más adecuados. Argumentos todos ellos banales y que se caen por su propio peso. Parece que se han producido irregularidades y la prueba más evidente es el número de imputados que ya hay. Por tanto, la actuación del máximo responsable del Patronato de Turismo de almería parece inmaculada, en cuanto está cumpliendo con su deber comogestor y como político. Otra cosa es que a más de uno no le llegue la ropa al cuerpo por lo que nos podemos encontrar. Sea lo que fuere, lo cierto es que hay que llegar al final y depurar responsabilidades.

Las aguas residuales

Antonio Lao | 15 de julio de 2013 a las 12:11

Las aguas bajan más que revueltas con mal olor. La Consejería de Medio Ambiente y Agricultura de la Junta de Andalucía deja ralentizadas 30 obras de depuración en la provincia, lo que supone un serio riesgo de sanción por parte de la Unión Europea, si en 2015 el Plan no está concluido. Y, lo que es más grave, la más que posible contaminación de los acuíferos en aquellos lugares en los que este tipo de residuos se vierten a un río seco, al mar o cualquier cauce sin control.
Quién no ha pasado por el puente sobre el Andarax, en la carretera que va a la Brigada de La Legión y ha visto como el cauce del río es serpenteado por una especie de agua gelatinosa y percibido el mal olor que desprende, a veces nauseabundo.
La denuncia, que este medio ha hecho en multitud de ocasiones, cae en el saco roto del olvido de la administración autónoma. Llego a entender que los trabajos en depuración se ralenticen por falta de dinero -los famosos recortes de la crisis- pero no concibo que todo esté en “stand by”. Y cuando digo todo, es todo.
Grandes inversiones en depuración de aguas residuales están en el aire. Muchos porque los sistemas usados no son los más adecuados y la gran mayoría porque nadie da un sólo euro porque proyectos emblemáticos como la ampliación de la Estación Depuradora de El Bobar se vaya a poner en marcha. Hace tan sólo un lustro nos las prometíamos felices. Parecía que el paraiso en forma de estaciones depuradoras iba a acabar con la contaminación de acuíferos provocada por vertidos incontrolados. Incluso, algunas de las fuentes en las que los vecinos de muchos pueblos han bebido toda la vida, ahora es imposible llevarse un vaso de agua a la boca, sin tener serio riesgo de contraer una enfermedad.
Son demasiadas cosas las que ponemos en peligro y pocas las soluciones que aquellos que tienen posibilidad nos ponen encima de la mesa. Declaraciones vacías, mentiras piadosas que lanzamos al aire para tratar de desviar la atención de hechos que son evidentes: hay una normativa europea que debemos cumplir, por ajustarnos a lo que dice la Ley de Aguas y, sobre todo, por la mejora de nuestro medio ambiente más cercano, más común. Y lo más curioso de todo es que la administración autónoma no tiene ningún empacho en aplicar la Ley de Aguas para cobrar el correspondiene canon, sin que cumplan con la otra parte de su compromiso. Y cuando preguntas surge la ya famosa frase de la película de los Hermanos Marx, “Una noche en la Ópera, de la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte…” Y esperar que escampe o llegue una nueva ocasión para la crítica.

De toblerones, de ciudad y de perroflautas

Antonio Lao | 8 de julio de 2013 a las 11:38

Mientras la empresa propietaria del Toblerone lo desmantela plancha a plancha, un trozo de la historia de la Almería se pierde jirón a jirón. Lo que en su día sirvió para evitar que el polvo de mineral de hierro se incrustara en todos y cada uno de los poros de la ciudad, especialmente en las viviendas más cercanas al puerto, se ha convertido con el paso de los años en un referente en la capital.
Asumo y comparto que no tiene valor arquitectónico alguno y que el desmantelamiento se está llevando a cabo con todos los parabienes municipales, incluidos los de la oposición que hoy “llora” su caida y que cuando tuvieron la oportunidad apoyaron sin condiciones su derribo.
Ahora, cuando paseo por la carretera de Sierra Alhamilla y miro en derredor como las máquinas se afanan en borrar de la faz de la ciudad uno de los pocos vestigios del transporte de mineral de hierro del siglo XX, siento que están sesgando una parte de la ciudad. Muchos, quizá demasiados, se han dado excesiva prisa en acabar con el Toblerone. Anclado el soterramiento en el mar de los Sargazos del olvido y con la intención de otros tantos, -más de los deseables-, de llevarse la estación a El Puche por intereses espúreos, algunos poco confesables, no alcanzo a comprender que motor de inyección de la celeridad les han inoculado. La crisis, que tantas cosas se ha llevado por delante, ha acabado también con la posibilidad de un debate sereno, en la búsqueda de una utilización del Toblerone para otros usos que no sean la urbanización y edificación posterior. No pretendo ser un iluso. La conciencia de la realidad me lleva a pensar que la empresa propietaria debe obtener los beneficios necesarios por un solar que es suyo y que pagó a buen precio. Hasta aquí, de acuerdo. Pero no me dirán ustedes que se van a poner a construir mañana, porque seguro que no es así. Otros justifican el derribo como una posibilidad de hacer el soterramiento del tren y con las plusvalías pagar las obras. Tampoco me vale, sabedores de que no hay un euro ni para quitar un rail.
Quizá por eso, me puedo permitir la ilusión de soñar con una ciudad diferente, en la que cualquier vestigio de su historia se sepa poner en valor, y no pensemos con mentalidad sesentera en subir al cielo a base de rascacielos de pacotilla, que luego -y el Zapillo es una muestra deplorable- sólo sirven para llenar algún zurrón, mientras a los que aquí habitamos se nos hurta nuestra pasado más reciente.
Vayan a cualquier ciudad europea, como Berlín, y verán como son capaces de poner en valor hasta un trozo de muro de cemento con aluminosis, pintado por artistas que aquí, algún descerebrado cateto, llamaría perroflauta.

Dos años de ayuntamientos, para olvidar

Antonio Lao | 1 de julio de 2013 a las 19:56

Do años han trancurrido desde que se celebraran las elecciones municipales. Dos años del mayor vuelco electoral de la democracia en los pueblos de la provincia. Dos años en los que la crisis económica se ha llevado por delante cualquier atisbo de gestión que no sea otra que tapar agujeros, sellar grietas y tratar de llegar a fin de mes con lo puesto.
Una efeméride para no celebrar, para ver pasar de largo y, si es posible, caminar de puntillas sobre una onomástica que amenaza con llevarse por delante lo alcanzado en años de sacificio, en favor de una nueva vuelta de tuerca económica y de un regreso al pasado en conceptos que ya teníamos olvidados.
Salvo honrosas excepciones, que las hay, los dos años de legislatura transcurridos desde las últimas municipales han servido para poco. Se acabaron las obras públicas, se alejaron los grandes macroproyectos y se han acercado las rutas turísticas, el senderismo, el cuido, cuando es posible, de un jardincito, y poco más.
Nada que echarse a la boca en decenas de ayuntamientos con alcaldes desesperados, con ediles tratando de huir hacia adelante y con escasas decisiones que pongan coto a una hemorragia económica, imposible de taponar.
Mientras esto sucede, entre plan de proveedores y recortes varios, el Gobierno se afana y ufana en restar las competencias de aquellos que realmente están cerca de los ciudadanos, aquellos que conocen sus problemas y aquellos que, so pena de ser tildados de oportunistas, son capaces de buscar una salida incluso con medios propios para más desahuciados de los deseables, más desesperados de los que quisiéramos y más problemas de los que se podrían resolver en años años de pulcra e impoluta gestión.
Hablando con alcaldes tengo, incluso, la sensación de que algunos están a un paso de arrojar la toalla, de dejar lo que un día fue vocación, servicio público o intereses partidarios, partidistas o personales, – de todo hay en la viña del señor- y dejar paso a otros con nuevas ideas, curados y hechos en la crisis y sin tantas ínfulas como los tiempos de bonanza nos dejaron a todos.
Dos años, como decía al principio, para meter en un cajón, cerrarlo con llave y arrojarlo al río del olvido y al mar del pasado. Dos años en los que las estrecheces son el pan nuestro de cada jornada, el miedo a no pagar la nómina se prolonga 29 días del mes y el que queda, se cruzan los dedos para que una ayuda pedida, otra que llegan sin saber porqué o un banco o caja caritativa, tiene a bien firmar un préstamo solicitado a cambio de intereses leoninos o, simplemente, con la esperanza de que al final sea Papá Estado quien pague.

El agua, un arma de solidaridad

Antonio Lao | 25 de junio de 2013 a las 11:39

No vale todo con tal de arañar un puñado de votos. Si rompemos las reglas de juego, la situación de normalidad, sin excesos, en la que nos movemos, se puede tornar en desagradable, preocupante y, me atrevería a decir, que peligrosa.
La caja de los truenos la ha abierto el alcalde de Vícar y presidente del PSOE, Antonio Bonilla, pidiendo como secretario general de su partido en su pueblo, que la capital deje de esquilmar los acuíferos del Poniente, lo que equivale en la práctica a dejar de bombear agua de esta zona la ciudad. Abierta la veda, como abejas, que no ovejas, han seguido a su reina los secretarios generales de La Mojonera, Roquetas y también ha intervenido el PSOE de la capital.
Parece como si el tiempo no hubise transcurrido. No puedo creer que aquellos que hace dos días estaban pidiendo trasvases de otras cuencas, ahora se atrevan a poner en entredicho una labor de solidaridad entre pueblos, que lleva vigente decenios y de la que hasta ahora ha habido pocas quejas y ha sido satisfactoria.
Almería y sus gentes son solidarias. Saben del valor de una sola gota de agua y de su rentabilidad. Los que aquí habitamos conocemos, mejor que nadie, que el agua es un tema muy delicado y complejo.Una vez que se prende la mecha, es imposible de apagar. Pues aún así, desconozco al lumbrera que se le ha ocurrido, desde el PSOE del Poniente se ha comenzado a agitar la pólvora de los Pozos de Bernal, creyendo que puede ser un granero de votos no explotado. En materia de agua bien podrían todos los partidos políticos, y los socialistas en particular -ahí está la herencia de la ministra Narbona, con desaladoras costosísimas de hacer y con un agua a precios de oro-, tratar de hacer política con otros problemas, que sin duda los ha, y no este incendiario.
Esta provincia no necesita agitadores del agua, al igual que tampoco salvapueblos o iluminados que hacen de la necesidad de mantenerse o de recuperar lo perdido una virtud a lograr, al precio que sea.
No es el camino y los ciudadanos no deben caer en el error del cortoplacismo y la escasez de miras, que no van más allá de las fronteras del término municipal, para seguir pensando, como lo han hecho hasta ahora, en ayudar a aquellas localidades que lo necesiten, sin colores políticos, y si preñados de solidaridad.
Esto no significa, claro está, que el agua no se pague a un precio justo y que revierta en mejoras para aquellos lugares de los que se extrae. A partir de aquí, insistir en criticar todo acto que conlleve incendiar el agua y abanderar una guerra política que no nos conduce a nada, a los socialistas, muy perdidos, tampoco.

Cosentino: De Silestone aDekton

Antonio Lao | 17 de junio de 2013 a las 11:07

Lejos, o quizá no tanto, queda aquel día de verano de finales de los ochenta en el que conocí a Paco Cosentino. Comenzaba mi camino en esto del periodismo haciendo prácticas en un medio local y, casi imberbe, me mandan al aeropuerto.
– Vete, que llega Paco Cosentino de Israel de ver una fábrica y un producto nuevo y que te lo explique para darlo mañana.
Las cosas se hacían entonces así. Un indocumentado redactor en prácticas, que era yo, salí como puede, atropellado, cogí un taxi y me planté en la zona de llegadas. Al poco apareció por la puerta Paco, cara de cansado, animoso como siempre, pero con la certeza de tener en su cabeza o en sus manos, una posibilidad de futuro. Me contó poco sobre su viaje y su nuevo proyecto a incorporar a la producción de mármol que ya hacía en Cantoria. Lo suficiente, sin embargo, para publicar una, creo yo, más que decente información, en la que explicaba el reto que Cosentino tenía por delante. Poco tiempo después, y tras una gran inversión, el entonces consejero de Economía de la Junta, Jaime Montaner, inauguraba la planta de Silestone y Marmolstone de Cosentino. El camino, no sin dificultades, estaba abierto. La senda marcaba el devenir que culminó el día 10 de junio con la visita del Príncipe de Asturias a inaugurar la nueva planta de Dekton. Un reto tan enorme como el primero, pero con la certeza de que parte del trabajo está hecho. El camino no es una autopista, pero si una gran carretera nacional, en la que los kilómetros se suceden en forma de nuevos Centers por el mundo, inversiones millonarias, creación de empleo, I+D+i y la certeza de que el binomio trabajo y unidad se conjuga a la perfección, en una senda que parece imparable. El lunes 10, Paco Cosentino, con la voz rota en algún momento, situó a la empresa familiar en la cima de un liderazgo mundial alcanzado con el alma, el respeto y la coherencia de aquel joven empresario que un día, siendo presidente de la Cámara de Comercio, se empeñó en saciar la sed de esta provincia. Un empeño que logró, con el apoyo y el compromiso del resto de la sociedad almeriense, pero incansable en su coletilla del tanto por ciento de capacidad a la que se encontraba el pantano de Cuevas del Almanzora y el de Benínar cada semana.
El lunes 10, la familia Cosentino avanzaba un paso más, ponía un poste más, a un camino que parece irreversible de presencia en los cinco continentes, manteniendo el centro de operaciones en Cantoria, en su casa, en su provincia. Aunque ha recibido múltiples reconocimientos, les aseguro que hasta que no pase el tiempo, no se reconocerá con la amplitud suficiente, lo que Cosentino ha hecho por esta tierra, por Almería, por su provincia.

 

La campaña agrícola

Antonio Lao | 10 de junio de 2013 a las 17:54

Luis Planas, consejero de Agricultura de la Junta de Andalucía, avanzaba hace un par de semanas el dato: la campaña agrícola, que toca a su fin, será histórica en cuanto a precios. Una afirmación que merece una seria reflexión sobre la capacidad que tiene esta tierra de sobreponerse a la crisis, avanzando en desarrollo, tecnología, nuevos retos y, sobre todo, liderazgo agroalimentario.
Con una producción menor, provocada por aspectos relacionados con la meteorología, la provincia de Almería y sus miles hectáreas de invernaderos, van a ser capaces de facturar más de dos mil millones de euros en hortalizas. Una cifra nada desdeñable, que nos confirma como la despensa de Europa, a pesar de los agoreros que habían visto en la competencia de países no europeos la muerte de un sector pujante y vigoroso.
Las cifras, aún no oficiales, demuestran la capacidad que tiene esta tierra para producir bajo invernadero productos de calidad, de los mejores del mercado, y saber venderlos en el exterior con una importante red de distribución.
Nos hemos sobrepuesto al e-coli y a las campañas de difamación de aquellos que sólo buscan bajadas de precios o competencia desleal con trabajo, criterio, responsabilidad y saber hacer. Un cóctel único al que es difícil abstraerse. En Europa conocen que Almería, las cooperatativas, alhóndigas y, especialmente los agricultores, saben lo que hacen, lo que cultivan y como lo cultivan. Productos de primer nivel, que han alcanzado esta campaña precios ya olvidados. Por fortuna la crisis nos sacó del mundo de jauja en el que se había convertido la construcción, para devolvernos a la tradición agrícola que nos ha hecho grandes, que nos mantiene más o menos inmunes a la crisis y que nos sacará, con el criterio y la seriedad de la que hacemos gala, de futuros atolladeros que están por venir. Esta tierra dispone de un clima excepcional, de unos agricultores preparados y de un sector en constante evolución, capaz de competir de tú a tú con los mercados emergentes que ya están ahí. Bajo ese prisma no hay que tener más miedo que el de la resposabilidad. Eso sí, la concentración de la oferta debe ser el objetivo a cumplir para ser más fuertes en la defensa de nuestros intereses. No olvidemos que nadie, excepto nosotros, va a estar en Europa defendiendo nuestros intereres, las ayudas que deben llegar y la colaboración, nada desdeñable, de los que son nuestros socios comerciales. Si un consumidor puede comprar un producto un céntimo más barato lo va hacer. Nosotros tenemos que convencerles de lo contrario y que piensen más en calidad y aquí hay a raudales.

Obras, acabar lo empezado

Antonio Lao | 3 de junio de 2013 a las 12:11

La Consejería de Fomento de la Junta de Andalucía decidía el jueves 23 de mayo continuar las obras de la variante de Albox y tratar de concluir los trabajos antes de que acabe el año. Ese mismo día unas mil personas reivindicaban la conclusión de la autovía del Almanzora, un proyecto largamente demandado y prometido, y ahora en un peligroso impás debido a la crisis que nos azota.
La actitud de la administración autónoma ahora parece de lo más coherente, aunque hasta llegar hasta aquí se han vivido momentos de sordera, como si no fuera con ellos.
Nadie en su sano juicio debe pretender, con la que está cayendo, que las infraestructuras previstas en la provincia de Almería avancen al mismo ritmo de hace una década. La crisis ha acabado con cualquier atisbo de normalidad y nos ha devuelto, de bruces, a una realidad triste y compleja de la que va a ser difícil reponerse. Dicho esto, no parece lo más lógico que se deje dormir el sueño de los justos trabajos ya empezados, como es el caso de la autovía del mármol o la variante de Roquetas de Mar. Si eso sucede, el día que se decida continuar, el coste se va a disparar.
En similar situación nos encontramos con el AVE a Murcia. Se ha hecho lo más díficil, es decir, avanzar en los tramos más complicados con túneles y puentes. Un proyecto que ilusiona a los que aquí habitamos y que, insistimos, por culpa de la crisis parece que se va a quedar estancado, paralizado, enchacardo y a la espera de que algún lumbrera, un ser coherente, entienda que una obra de este calado y calibre no puede ni debe permanecer en calma, sin obras.
No me vale que los presupuestos del Estado recojan una migaja para tratar de “vender” a los ciudadanos que los trabajos continuan. Todo lo que no sea terminación de proyectos, licitación y adjudicación de obras, será un simple anteojos por la atenta mirada de quienes entienden que no se pueden dejar las cosas sin concluir. Entiendo que son muchas las necesidades y pocos los fondos. Pero en un proyecto de este tipo son muchos los factores en juego, grandes las ventjas y mínimos los inconvenientes. Esta provincia aporta al conjunto de las arcas del Estado mucho más de lo que recibe. Por tanto, es de justicia que aún en tiempos de crisis se trate de equilibrar tanta insolidaridad, tanto síndrome de esquina como hemos padecido con un guiño a la coherencia, a la responsabilidad y, porque no decirlo, a los méritos que sólos o con escasa ayuda hemos alcanzado a lo largo de nuestra historia. Lo que no sea un compromiso claro será una decepción que debe ser pagada en su justa medida con castigo en las urnas.