El vuelo con Sevilla, una necesidad

Antonio Lao | 23 de septiembre de 2013 a las 12:28

En las próximas semanas la Junta de Andalucía debe decidir si mantiene como Obligación de Servicio Público (OSP) la línea aérea que une Almería con Sevilla y viceversa. Después de casi cuatro años de una notable prestación por parte de la compañía Air Nostrum, parece claro que no cabe otra decisión que no sea la prórroga del servicio a la aerolínea que preside Javier Serratosa.
Los datos que ofrece, tanto la administración autónoma como la propia compañía aérea, no dejan lugar a la especulación o a la duda: desde todos los ángulos, el matrimonio formado por ambas ha supuesto una mayor vertebración de Andalucía, uniendo ambos territorios. Con una ocupación cercana al 50%, pese a la crisis, la ruta que une por la mañana y por la tarde esta provincia con la capital andaluza supone un importante avance social, al que sería absurdo renunciar y un error creer que su coste no está justificado.
No me cabe duda de que vendrán mejores tiempos,

la ruta, como la fruta, madurará, el tráfico de pasajeros se incrementará y llegará un día en que no será necesaria la Obligación de Servicio Público. Pero hasta que suceda es importante que la administración autónoma, que en su día apostó de forma clara por el servicio, lo preserve, con la colaboración, inestimable, del Ministerio de Fomento.
He volado en numerosas ocasiones desde Almería y Sevilla y viceversa. Me consta, como usuario, que el trabajo desarrollado por Air Nostrum durante este tiempo,es digno de mención porque ha cumplido, con creces, con las expectativas que se depositaron en la compañía: puntualidad en horarios, calidad y garantía en las prestaciones. Tanto es así, que la aerolínea cuyo consejero delegado es Carlos Bertomeu, por méritos similares, acaba de obtener la renovación de la Obligación de Servicio Público del Estrasburgo-Madrid y ha alcanzado el Madrid-Menorca.
Con excesiva frecuencia en esta tierra se recurre al síndrome de esquina y al “olvido” al que somete la Junta a esta provincia. En ocasiones la aseveración puede ser cierta y tener algo de sentido. Con propuestas y acciones como la ruta área que une Almería con la capital de Andalucía muchos de esos tópicos cayeron hechos añicos. La administración autónoma no puede ni debe permitirse ni un solo agravio más con Almería. Por tanto, el mantenimiento de la línea no debe tener cabida en una sola rendija del ejecutivo que preside ahora Susana Díaz. Un estreno de su mandato manteniendo el apoyo a la ruta le dará credibilidad y alejará fantasmas. Lo contrario será dar la razón a los agoreros provincianos que, incluso, nos ven fuera de Andalucía.

Almería, Andalucía y el concejal de Cuenca

Antonio Lao | 16 de septiembre de 2013 a las 11:16

La “bofetada” que la nueva presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha dado al PSOE de Almería todavía se digiere en las huestes que dirige José Luis Sánchez Teruel, y como una mala digestión va a necesitar de varias cajas de Alka Seltzer para retornar a la normalidad. La opinión de la práctica totalidad de la dirección provincial es la misma: incredulidad, tanto por la forma como en el fondo. Aún así, de puertas hacia fuera se han cerrado filas y se trata de vender Andalucía como un todo, sin importar el lugar de nacimiento de los consejeros. Reconozco que siendo justos así debieran funcionar las cosas. No importar donde has nacido, si al final de lo que se trata es de trabajar por y para Andalucía. Dicho esto, no deja de resultar extraño que la única provincia que no tiene consejero sea Almería. Un dato a tener en cuenta, que para nadie ha pasado desapercibido, y que, no lo duden, traerá cola en el futuro para los dirigentes de esta tierra. Unos dirigentes que califican el hecho de “mero accidente”, aunque van a tener que lidiar con este Miura durante el resto de legislatura.
No va a ser fácil restañar las heridas abiertas. Una y otra vez se ha lamentado que se tiré de provincianismo o victimismo desde esta tierra cuando la realidad parecía otra. Lo que pasa es que los hechos son testarudos y una y otra vez vienen a dar la razón a aquellos que insisten en el síndrome de esquina de esta provincia. Con hechos como este es complicado creer que no exista marginación u olvido hacia esta tierra, capaz de generar, por ejemplo, el 25% del valor agrícola de toda la comunidad.
Susana Díaz y su Gobierno van a tener que hilar muy fino con Almería. Sus visitas aquí van a ser miradas con lupa, sus palabras descifradas vocal a vocal y los fondos que en forma de presupuestos nos alcancen van a tener muy generosos para desterrar lo que, no sólo los militantes y dirigentes consideran una afrenta, sino lo que se ha convertido en un pensamiento generalizado en toda la sociedad.
José Luis Sánchez Teruel y sus compañeros de ejecutiva no lo van a tener fáacil. Si la primera zancadilla llega de aquellos que se suponen deben ayudarlo, imagínense lo que les va a llover desde la oposición. Aún así quiero ser positivo y entender que de los errores se aprende y será la última vez en la que un almeriense se siente marginado y olvidado por aquellos que lo gobiernan.
Este partido ha empezado a perderlo Almería y su provincia desde el minuto uno, aunque dura todavía casi tres años. La rectificación y convencimiento deben llegar cuanto antes, no con palabras que se las lleva el viento, sino con hechos.

Conversación con Paco Cosentino

Antonio Lao | 19 de agosto de 2013 a las 12:46

Dos horas de conversación con Paco Cosentino dan para mucho. Un tiempo que trancurre con una mezcla recurrente, nunca premeditada ni pactada, entre el presente, el futuro y el pasado. Dos horas para analizar con minuciosidad el profundo cambio que ha experimentado su empresa -en septiembre estará en los mercados Dekton, un nuevo hijo de la marca-, su trayectoria, sus tiempos de presidente de los empresarios del mármol y de la Cámara de Comercio y el futuro. El futuro de un hombre joven, tan impetuoso o más que cuando comenzaba y con la ilusión intacta por crear y creer, avanzar y proyectar, innovar y generar empleo.
Conceptos todos ellos que se resumen en una preocupación real por la situación que viven sus paisanos y su comarca, atenazada por la lacra del paro y abierta a acelerar el desperezo de una siesta en forma de crisis que se prolonga demasiados años.
Las ideas del presidente de Cosentino son pura sensatez. La coherencia de un hombre que se ha forjado a si mismo, que mantiene a sus amigos de toda la vida y que no piensa, por ejemplo, en hacer unas vacaciones más allá de unos días de descanso en Mojácar porque ya se pasa el resto del año de avión en avión y de país en país.
Inquieto y preocupado por hacer una transición modélica en la empresa que preside para perdurar en el tiempo, Paco Cosentino sabe que su tierra, Andalucía, España, crecerá si se produce aquí y se vende en el exterior. Lejos quedan modas o ideas de deslocalizar que sólo conducen al empobrecimiento de las regiones y sus países.
Cerca, sin embargo, está la apuesta del “centro del mundo”, el espacio en el que habita y al que hay que dotar de todos los servicios. Infraestructuras para poder desplazarte con garantías, solidez y celeridad y conocimiento para mejorar en productividad y competitividad. Una ecuación casi perfecta de un hombre feliz por lo que ha conseguido; preocupado por lo que no puede hacer por aquellos que tienen necesidades; inquieto por cómo va a acoger el mercado su nuevo producto, Dekton, un paso más allá del silestone, y lider en un mercado competitivo donde los haya, en el que han tratado de imitarlo y superarlo, incluso las grandes multinacionales. El, a lo suyo, seguro de que con tesón, eficacia, eficiencia y un espíritu emprendedor imperturbable e inasequible al desaliento será capaz de afrontar el tiempo presente y el futuro que está por llegar, con fundadas garantías de éxito. Y si no, una ducha, fuera tristezas, y a comenzar de nuevo. Los retos están para cumplirlos y Cosentino se los pone y los alcanza.

Olula de Castro, para descubrirla

Antonio Lao | 12 de agosto de 2013 a las 17:01

Hoy, hace una semana, tuve la oportunidad de pregonar las Fiestas del Emigrante de Olula de Castro. El alcalde, Guillermo Mesas, pensó en mí, cosa que agradezco y…,claro, no me pude negar.
Debo reconocer que hacía años que no estaba en esta localidad de Los Filabres y confieso que me sorprendió de forma agradable. Los accesos, por una carretera de sierra, bien asfaltada, te transportan en el tiempo a medida que avanzas por una vía serpenteada por un bosque de retamas, esparto, pinos diseminados, olivos milenarios de secano y alguna higuera blanca temprana, con un sabroso manjar para los amantes de la fruta en el árbol. Todo un placer para los sentidos.
Olula de Castro es el blanco inmaculado en sus casas; el verde en las parras que dan sombra a los porches; los geranios que adornan cada balcón; las curvas imposibles en sus calles; las puertas con vecinos tomando el fresco en la velada; un único bar preñado de amabilidad en quienes lo regentan y la hospitalidad infinita de aquellos que saben que para ir hasta allí hay que amar la sierra, el sonido de la noche, la berrea de los ciervos en septiembre o el olor a tomillo reseco por un sol abrasador y tórrido, que da la vida a un paisaje hermoso por agreste y duro.
Los que vivimos en la ciudad o en la costa nos olvidamos, con prontitud, de la vida tranquila de pueblos en los que el tiempo parece haberse detenido, en el que el mañana no importa y el presente no va más allá de una partida de dominó, mientras la tarde languidece.
Un lugar, como les digo, para descubrir, para serenar ánimos, templar el estrés cotidiano y respirar mientras una cigarra deja de batir sus alas porque la noche refresca, los grillos regresan y un sapo, enorme, trata de alcanzar la otra parte de la carretera recién asfaltada de entrada al pueblo.
Y es que Olula sabe a gastronomía tradicional, al regreso de decenas de paisanos, de sus hijos y los hijos de sus hijos. Una amalgama de idiomas con una raiz común se dan cita cada año en el pueblo, en las fiestas del Emigrante en verano o en la Virgen del Patrocinio en noviembre, con la representación de Moros y Cristianos.
Unas horas bastaron para confirmar lo que arrastra la tierra, el lugar en el que naciste o lo hicieron tus padres. Te seduce como si de un imán se tratase, en la misma medida que los abuelos, en el silencio inmaculado de una noche estrellada a los pies de Calar Alto, te cuentan una y otra vez la misma historia, aventuras siempre de final feliz, imágenes en blanco y negro o sepia, que calan como el agua en la roca para que cada año, invariablemente, los hijos de los hijos vuelvan por agosto a Olula de Castro. Prometo regresar.

Trnes del siglo XXI, vías del XIX

Antonio Lao | 5 de agosto de 2013 a las 11:20

Una respuesta parlamentaria ofrecida por el Gobierno a un senador socialista asegura que los trenes que circulan por las vías de la provincia, hasta Sevilla, Madrid o Barcelona, pueden alcanzar los 160 kilómetros por hora.
Desconozco si el que la firma estaba actuando en un monólogo y buscaba provocar la risa de la platea osi, por el contrario, lo dice convencido de sus palabras y con datos que lo corroboren. Si se trataba del primer caso, podíamos seguir con la guasa, tomarnos unas copas en una terraza de verano, al fresco y con la brisa del Mediterráneo, rasgando nuestros cuerpos y dejarlo como una anécdota estival o, como si dice por aquí, una coña marinera. Si por el contrario, el autor de la respuesta, cree en lo que dice es para echarse las manos a la cabeza y pedir que su superior, a no tardar mucho, firme su inmediato cese. No se puede jugar con las palabras y los argumentos para componer una media verdad que, al final, se convierte en una mentira.
A saber: los trenes que recorren las vías de la provincia, los que nos unen con Sevilla y Madrid, es cierto que pueden alcanzar la velocidad que se afirma en la respuesta. Pero, todos sabemos y el que redacta también, que las vías que tiene esta provincia son del siglo XIX, railes asentados en bases anticuadas, curvas con más grados que un güisqui escocés y pendientes de hasta el 12%, que impiden a cualquier máquina de tren, por moderna que sea, ir en muchos de los tramos a más de 50 kilómetros por hora. Esa es la realidad con la que nos encontramos los que todavía usamos el tren para viajar y los que somos capaces de aguantar siete horas a Madrid mirando el paisaje, a la par que lees un libro o caminas por uno de los pasillos del Talgo a la búsqueda de un conocido para hacer más llevadero el interminable trayecto.
Y mientras, las obras del AVE, cuyo ritmo nos había sorprendido en la anterior legislatura por rápido, incluso a los que seguimos los trabajos día a día, van ahora a un ralentí imperceptible y ya duermen el sueño de los justos, provocando miedo y preocupación en los ciudadanos.
Mintras tanto, claro, el lumbrers de turno sigue dándole a la pluma para responder preguntas de la oposición, con la sana idea de dilatar los tiempos y esperar que las polémicas no perduren más allá de lo que “duran dos piezas de hielo en un güisqui on the rocks”, que diría Sabina.
Una pena que sigamos enfrascados en absurdas respuestas, en intentos vanos y baldíos por distraer la atención, con lo fácil que sería decir la verdad y buscar fórmulas para no dilatar en exceso plazos, a sabiendas de la crisis que nos atenaza es la que marca los tiempos, queramos o no.

Cainitas

Antonio Lao | 30 de julio de 2013 a las 20:28

A poco que alguien o algo despunte en esta tierra nuestra surge una legión de zapadores con la intención, inequívoca, de arrasar y certificar la defunción de la propuesta. Lamentablemente no somos capaces de felicitar y alegrarnos por el triunfo de nuestros paisanos, de nuestros vecinos, de nuestros amigos y sí, como digo, de minar, zancadillear y criticar aquello que con tino, trabajo y coherencia sale adelante y triunfa ante los ojos de los demás.
Ayer se clausuraba en Vélez Blanco el XII Festival de Música Renacentista y Barroca. Un evento de categoría nacional, al que el historiador Fernando Martínez ha logrado impulsar como un referente en su género. La semana, preñada de conciertos y jalonada de conferencias, supone un halo de aire fresco, de credibilidad, de coherencia, de constancia y de fe ciega en el buen hacer. Pues a pesar de eso, una panda de indocumentados, catetos de medio pelo y mediocres envidiosos, se han dedicado en las últimas semanas a tratar de echar tierra sobre un evento inmaculado, un proyecto joven y en alza, que con la constancia del que conoce lo que hace, ha logrado situarlo entre lo más granado del verano provincial, regional y nacional.
Somos, tristemente, una tierra de cainitas. Una tierra en la que el éxito del vecino no es el nuestro, sino una muestra de decadencia y simplicidad. Una actitud pacata y de estrechez de miras.
Pero no es el único caso. Almería se caracteriza en muchas de sus actuaciones, por tratar de de minar el campo de proyectos que han sido seña de identidad para esta provincia. Sin ir más lejos ahí están las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro, torpedeadas por aquellos que un día se lustraron con su nombre y luego las devoraron como Saturno a sus hijos; los cursos de verano de la Universidad Complutense en Almería, -cuando esta tierra no tenía universidad-, zancadilleados cuando aquí venían escritores de la talla de Mario Vargas Llosa; presidentes de gobierno de medio mundo o premios Nóbel de enorme prestigio; el equipo ciclista Costa de Almería o el propio equipo de fútbol, al que unos cuantos un año si y otro también, tratan de desacreditar, cuando Alfonso García ha sido el único que le ha echado reaños suficientes para exponer y jugarse su dinero con tal de que la ciudad tenga fútbol.
Pues a pesar de eso, luego somos tan tremendistas que lloramos de forma desconsolada cuando las cosas desaparecen. Incluso, hacemos de plañideras falsas, en un duelo al que nosotros hemos contribuido de forma descarada con trabas, quejas y críticas propias de la incultura y de la escasa capacidad de mirar más allá de lo que tenemos frente a nuestras narices.

 

El “Caso Facturas”

Antonio Lao | 22 de julio de 2013 a las 17:30

El  “Caso Facturas”, que no es otra cosa que la emisión de recibos por parte de los gestores del Patronato de Turismo, sin haber realizado viaje alguno, en la legislatura que Juan carlos Usero presidía la Diputación, amenaza con llevarse por delante el prestigio de muchos y la credibilidad de una institución que ha sido siempre modelo, ya fuera gobernada por el PSOE, ya fuera dirigida por el Partido Popular.
La trama, puesta en manos de la Fiscalía por el Partido Popular, en concreto por el vicepresidente de la institución, Javier Aureliano García, nos deja ya, y acaba de empezar la instrucción, una decena de imputados, entre los que está el anterior vicepresidente de la institución y su mujer; el ex-gerente del Patronato y su esposa; una pareja amiga de éstos que hizo uno de los viajes; la secretaria del organismo autónomo; el gerente de la agencia de viajes Leitur y el empresario Joaquín Conde, de Publifiestas Conde. Para cuatro de ellos, el exvicepresidente de la Diputación; el exgerente de la agencia de viajes; el empresario y la exsecretaria del Patronato el juez Luis Durbán ha dictado prisión, eludible bajo fianza de 12.000 euros. Si quieren evitar la cárcel antes de que finalice el mes deberán depositar esta cantidad de dinero en el juzgado.
Como ven, un caso de extrema gravedad, en el que se podrían haber defraudado a las arcas públicas en torno al medio millón de euros. Sorprende que algunas de las facturas pagadas eran por viajes que nunca se hicieron y estancias en hoteles de meses, cuando nadie se había alojado.
¿Qué hay detrás? Es algo que debe aclarar la justicia. Pero lo que si parece evidente es que la decisión de poner el caso en manos de los tribunales por parte del actual vicepresidente de la Diputación fue coherente y responsable. Hizo lo que tenía que hacer, lo que se debe de esperar de un cargo público que ha llegado a una institución y se ha encontrado con una serie de irregularidades, ya veremos cuanto de punibles, pero que, bajo ningún concepto, debía dejarlas dormir en un cajón.
Se puede criticar si lo hizo en tiempo y forma -ya llevaba el PP gobernando un año- o con los criterios más adecuados. Argumentos todos ellos banales y que se caen por su propio peso. Parece que se han producido irregularidades y la prueba más evidente es el número de imputados que ya hay. Por tanto, la actuación del máximo responsable del Patronato de Turismo de almería parece inmaculada, en cuanto está cumpliendo con su deber comogestor y como político. Otra cosa es que a más de uno no le llegue la ropa al cuerpo por lo que nos podemos encontrar. Sea lo que fuere, lo cierto es que hay que llegar al final y depurar responsabilidades.

Las aguas residuales

Antonio Lao | 15 de julio de 2013 a las 12:11

Las aguas bajan más que revueltas con mal olor. La Consejería de Medio Ambiente y Agricultura de la Junta de Andalucía deja ralentizadas 30 obras de depuración en la provincia, lo que supone un serio riesgo de sanción por parte de la Unión Europea, si en 2015 el Plan no está concluido. Y, lo que es más grave, la más que posible contaminación de los acuíferos en aquellos lugares en los que este tipo de residuos se vierten a un río seco, al mar o cualquier cauce sin control.
Quién no ha pasado por el puente sobre el Andarax, en la carretera que va a la Brigada de La Legión y ha visto como el cauce del río es serpenteado por una especie de agua gelatinosa y percibido el mal olor que desprende, a veces nauseabundo.
La denuncia, que este medio ha hecho en multitud de ocasiones, cae en el saco roto del olvido de la administración autónoma. Llego a entender que los trabajos en depuración se ralenticen por falta de dinero -los famosos recortes de la crisis- pero no concibo que todo esté en “stand by”. Y cuando digo todo, es todo.
Grandes inversiones en depuración de aguas residuales están en el aire. Muchos porque los sistemas usados no son los más adecuados y la gran mayoría porque nadie da un sólo euro porque proyectos emblemáticos como la ampliación de la Estación Depuradora de El Bobar se vaya a poner en marcha. Hace tan sólo un lustro nos las prometíamos felices. Parecía que el paraiso en forma de estaciones depuradoras iba a acabar con la contaminación de acuíferos provocada por vertidos incontrolados. Incluso, algunas de las fuentes en las que los vecinos de muchos pueblos han bebido toda la vida, ahora es imposible llevarse un vaso de agua a la boca, sin tener serio riesgo de contraer una enfermedad.
Son demasiadas cosas las que ponemos en peligro y pocas las soluciones que aquellos que tienen posibilidad nos ponen encima de la mesa. Declaraciones vacías, mentiras piadosas que lanzamos al aire para tratar de desviar la atención de hechos que son evidentes: hay una normativa europea que debemos cumplir, por ajustarnos a lo que dice la Ley de Aguas y, sobre todo, por la mejora de nuestro medio ambiente más cercano, más común. Y lo más curioso de todo es que la administración autónoma no tiene ningún empacho en aplicar la Ley de Aguas para cobrar el correspondiene canon, sin que cumplan con la otra parte de su compromiso. Y cuando preguntas surge la ya famosa frase de la película de los Hermanos Marx, “Una noche en la Ópera, de la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte…” Y esperar que escampe o llegue una nueva ocasión para la crítica.

De toblerones, de ciudad y de perroflautas

Antonio Lao | 8 de julio de 2013 a las 11:38

Mientras la empresa propietaria del Toblerone lo desmantela plancha a plancha, un trozo de la historia de la Almería se pierde jirón a jirón. Lo que en su día sirvió para evitar que el polvo de mineral de hierro se incrustara en todos y cada uno de los poros de la ciudad, especialmente en las viviendas más cercanas al puerto, se ha convertido con el paso de los años en un referente en la capital.
Asumo y comparto que no tiene valor arquitectónico alguno y que el desmantelamiento se está llevando a cabo con todos los parabienes municipales, incluidos los de la oposición que hoy “llora” su caida y que cuando tuvieron la oportunidad apoyaron sin condiciones su derribo.
Ahora, cuando paseo por la carretera de Sierra Alhamilla y miro en derredor como las máquinas se afanan en borrar de la faz de la ciudad uno de los pocos vestigios del transporte de mineral de hierro del siglo XX, siento que están sesgando una parte de la ciudad. Muchos, quizá demasiados, se han dado excesiva prisa en acabar con el Toblerone. Anclado el soterramiento en el mar de los Sargazos del olvido y con la intención de otros tantos, -más de los deseables-, de llevarse la estación a El Puche por intereses espúreos, algunos poco confesables, no alcanzo a comprender que motor de inyección de la celeridad les han inoculado. La crisis, que tantas cosas se ha llevado por delante, ha acabado también con la posibilidad de un debate sereno, en la búsqueda de una utilización del Toblerone para otros usos que no sean la urbanización y edificación posterior. No pretendo ser un iluso. La conciencia de la realidad me lleva a pensar que la empresa propietaria debe obtener los beneficios necesarios por un solar que es suyo y que pagó a buen precio. Hasta aquí, de acuerdo. Pero no me dirán ustedes que se van a poner a construir mañana, porque seguro que no es así. Otros justifican el derribo como una posibilidad de hacer el soterramiento del tren y con las plusvalías pagar las obras. Tampoco me vale, sabedores de que no hay un euro ni para quitar un rail.
Quizá por eso, me puedo permitir la ilusión de soñar con una ciudad diferente, en la que cualquier vestigio de su historia se sepa poner en valor, y no pensemos con mentalidad sesentera en subir al cielo a base de rascacielos de pacotilla, que luego -y el Zapillo es una muestra deplorable- sólo sirven para llenar algún zurrón, mientras a los que aquí habitamos se nos hurta nuestra pasado más reciente.
Vayan a cualquier ciudad europea, como Berlín, y verán como son capaces de poner en valor hasta un trozo de muro de cemento con aluminosis, pintado por artistas que aquí, algún descerebrado cateto, llamaría perroflauta.

Dos años de ayuntamientos, para olvidar

Antonio Lao | 1 de julio de 2013 a las 19:56

Do años han trancurrido desde que se celebraran las elecciones municipales. Dos años del mayor vuelco electoral de la democracia en los pueblos de la provincia. Dos años en los que la crisis económica se ha llevado por delante cualquier atisbo de gestión que no sea otra que tapar agujeros, sellar grietas y tratar de llegar a fin de mes con lo puesto.
Una efeméride para no celebrar, para ver pasar de largo y, si es posible, caminar de puntillas sobre una onomástica que amenaza con llevarse por delante lo alcanzado en años de sacificio, en favor de una nueva vuelta de tuerca económica y de un regreso al pasado en conceptos que ya teníamos olvidados.
Salvo honrosas excepciones, que las hay, los dos años de legislatura transcurridos desde las últimas municipales han servido para poco. Se acabaron las obras públicas, se alejaron los grandes macroproyectos y se han acercado las rutas turísticas, el senderismo, el cuido, cuando es posible, de un jardincito, y poco más.
Nada que echarse a la boca en decenas de ayuntamientos con alcaldes desesperados, con ediles tratando de huir hacia adelante y con escasas decisiones que pongan coto a una hemorragia económica, imposible de taponar.
Mientras esto sucede, entre plan de proveedores y recortes varios, el Gobierno se afana y ufana en restar las competencias de aquellos que realmente están cerca de los ciudadanos, aquellos que conocen sus problemas y aquellos que, so pena de ser tildados de oportunistas, son capaces de buscar una salida incluso con medios propios para más desahuciados de los deseables, más desesperados de los que quisiéramos y más problemas de los que se podrían resolver en años años de pulcra e impoluta gestión.
Hablando con alcaldes tengo, incluso, la sensación de que algunos están a un paso de arrojar la toalla, de dejar lo que un día fue vocación, servicio público o intereses partidarios, partidistas o personales, – de todo hay en la viña del señor- y dejar paso a otros con nuevas ideas, curados y hechos en la crisis y sin tantas ínfulas como los tiempos de bonanza nos dejaron a todos.
Dos años, como decía al principio, para meter en un cajón, cerrarlo con llave y arrojarlo al río del olvido y al mar del pasado. Dos años en los que las estrecheces son el pan nuestro de cada jornada, el miedo a no pagar la nómina se prolonga 29 días del mes y el que queda, se cruzan los dedos para que una ayuda pedida, otra que llegan sin saber porqué o un banco o caja caritativa, tiene a bien firmar un préstamo solicitado a cambio de intereses leoninos o, simplemente, con la esperanza de que al final sea Papá Estado quien pague.