La Mesa, que fue, de las Infraestructuras

Antonio Lao | 6 de febrero de 2017 a las 11:14

Tres años y medio después, la Mesa de las Infraestructuras se reunía la semana pasada, tratando de reverdecer viejos laureles, recuperar el lugar que la del Tren les ha ocupado por trabajo, coraje, consistencia y responsabilidad o, simplemente porque sin elecciones a la vista, sus responsables han visto una oportunidad de diálogo sin “molestar” a las administraciones más de lo necesario.
Con estos antecedentes y con la credibilidad bajo mínimos, no me extraña que el PSOE llegara a la reunión con el “cuchillo entre los dientes” y que el Partido Popular no tolerara ni el más mínimo desdén o crítica por parte de nadie. Flaco favor el que se hacía a un ente que tanto ha hecho por la defensa de las carencias, especialmente en materia de agua, comunicaciones y energía, de esta provincia.
Lamento y siento rabia contenida al comprobar como aquellos que la forman, o los que tienen la potestad de convocarla, no han querido, no han sabido o no les han dejado, ejercer su trabajo con la firmeza, el criterio, la defensa de la tierra y la responsabilidad que da tener la verdad de su parte. No han honrado el legado que en su día les dejaron José Antonio Picón, Francisco Martínez Cosentino, Miguel Santaella o José Antonio Flores. Todos ellos “tancredos” de la firmeza, inasequibles al desaliento, liliputienses frente a los gigantes de la presión, inagotables en paciencia y generosos a la hora de poner la otra mejilla cuando la que tienen en permanente exposición se la habían partido. Espectáculo triste el que ofrecieron los dirigentes socialistas y del Partido Popular ante los medios de comunicación, con el presidente de la mesa perplejo, en lo que entiendo fue la muerte definitiva de un ente que jamás debía haber permitido que la politización lo acabara matando.
La provincia necesita, a pesar de los avances que ha experimentado en todos los campos en los últimos 30 años, de organismos capaces de enarbolar la bandera de la reivindicación, apartando a un lado la defensa de los intereses propios y trabajar por los comunes, por las muchas cosas que nos unen y no por las que nos separan. La razón es bien sencilla: todos, sin excepción, queremos lo mejor para esta tierra, aunque se difiera de los tiempos, las inversiones o la ejecución. Quisiera equivocarme y pensar que todo ha sido un calentón a destiempo, propio de cotidianidad que nos consume. Espero ver en poco tiempo, cuando el Gobierno tenga a bien presentar los presupuestos, una nueva reunión en la que las aguas vuelvan a conducirse de forma razonable y en el que el punto de vista del contrario sea entendido como un elemento enriquecedor, nunca como un exabrupto o el deseo de buscar un titular de prensa efímero. Ahí el papel del presidente de la Mesa se me antoja fundamental y clave en el devenir futuro de la Mesa y de sus reivindicaciones.

Mociones de censura, una pensada

Antonio Lao | 30 de enero de 2017 a las 10:23

Mediada la legislatura municipal el “rum-rum” de las mociones de censura vuelve a merodear por los ayuntamientos que no alcanzaron mayorías suficientes para gobernar. Los casos de Adra, Cuevas del Almanzora o Turre son los más relevantes, aunque en la capital, Almería, es un tema recurrente en cada una de las preguntas que los implicados -PP, PSOE y C’s- responden con cierta asiduidad.
Descartada la capital -en unos días se aprobarán las cuentas del año en curso con el apoyo de Ciudadanos-, el frente abierto se sitúa en Adra y en Cuevas del Almanzora.
En el primer caso, el Partido Popular gobierna en minoría desde el inicio de la legislatura. Dos años en los que Manuel Cortés ha capeado el permanente temporal en el que vive sumido el Ayuntamiento, entendiendo como tal que Plataforma y PSOE unidos suman la mayoría. Otra cosa es que durante este tiempo hayan sido capaces de ponerse de acuerdo en lo básico para cambiar de signo político el Ayuntamiento. No lo hicieron tras las municipales y tampoco parece que lo vayan a hacer ahora. Incluso, la portavoz de Plataforma reconoce abiertamente las discrepancias que viven y permanecen en el seno de esta fuerza política. Una suma de voluntades que les permitía alcanzar el Ayuntamiento, pero que a la hora de gestionarlo se tornaría en una ensalada con ingredientes irreconciliables. Si esto ya es complejo, cuanto de difícil sería arbitrar un acuerdo de gobierno con los socialistas y aplicarlo. Ser posible, no duden que lo es, pero al final la inestabilidad sería tan grande que el perjuicio lo vivirían los vecinos. Aquellos que votaron en conciencia y que no tienen ninguna culpa de las desavenencias partidistas generadas entre los actores de esta tragicomedia política.
En Cuevas del Almanzora, el concejal de C’s decidió apoyar el cambio de gobierno tras las municipales y le dio la alcaldía al PSOE. De esta forma recuperaba la izquierda un Ayuntamiento que se le resistía desde la época de Antonio Llaguno. En el ecuador de la legislatura, el ruido de sables en forma de moción de censura está sobre la mesa. El argumento que llevó a Ciudadanos a apoyar a los socialistas, transcurridos dos años, parece que ahora no sirve. Al parecer los compromisos adquiridos no se han cumplido y el edil de Albert Rivera medita, muy seriamente, la posibilidad de firmar la moción que derroque a Antonio Fernández. He hablado con ambas partes y llego a la conclusión de que falta diálogo. Cuando se gobierna en minoría o con acuerdos puntuales de gobierno entre dos fuerzas políticas, si se quiere mantener vivo o, al menos que las diferencias no se noten en exceso, hace falta una enorme dosis de negociación. Lo que viene siendo hacer política, de la de verdad, por el bien de los vecinos.

Fitur y otras formas de vender Almería

Antonio Lao | 23 de enero de 2017 a las 13:42

La marca España como destino turístico vive un momento glorioso. 75 millones nos han visitado a lo largo de 2016 y parece que la perspectiva, al menos por lo acontecido en Fitur, parece que no va a cambiar mucho este año. Pese a la que las circunstancias geopolíticas -yihadismo y terrorismo en destinos competidores como el Norte de África, Egipto o Turquía- nos están ayudando de forma notable, no es menos cierto que la adaptación sobrevenida con la crisis nos ha hecho más competitivo, ha permitido una reinvención de lo que somos en materia turística y ha abierto nuevas perspectivas y segmentos hasta ahora olvidados y que hoy son la base sobre la que se asienta el crecimiento. Nadie pone en duda que el sol, la playa, la gastronomía y nuestro carácter, por poner algunos ejemplos, siguen siendo y lo serán, esperemos que por mucho tiempo, la base sobre la que se asienta un sector que permite crear empleo, equilibrar nuestra balanza de pagos y soportar con cierta serenidad las acometidas de la crisis.
Bajo este paraguas no es de extrañar que una provincia como la nuestra, casi virgen aún en muchos aspectos, tiene por delante aún un enorme camino por recorrer y un crecimiento exponencial que otros destinos ya han agotado. Sea como fuere, Costa de Almería ha sido una de las estrellas que han brillado con luz propia en la feria de turismo más importante que se celebrar en Europa, junto con Londres y Berlín, y en la que se calibra o se toma la temperatura a un sector que nos da alegrías sin parar en los últimos años.
Al margen del optimismo que se respiraba en Madrid, del que todos en mayor o menor medida hemos bebido, Fitur también ha servido para confirmar lo que ya es un secreto a voces: las nuevas formas de promoción han llegado para quedarse, alejando al mundo tradicional de los folletos, aunque todavía los hay que visitan los stands bolsa en mano y se cargan con lo mejor de cada pueblo, a la espera de soñar con unas vacaciones de verano o de Semana Santa de ensueño. Con un incremento notable de viajeros en 2016, esta provincia se consolida con campañas tan interesantes como las protagonizas por Bisbal, multiplicando nuestra presencia en las redes sociales o con el regreso al aeropuerto y a nuestros hoteles de tour-operadores que un día se fueron en busca de nuevos destinos y que ahora entienden que aquí había y está lo que buscan.
Pero no hay que ser complacientes. Al contrario. La época de bonanza debe ser aprovechada, no ya para subir los precios (algo que ya se ha hecho), sino para mejorar instalaciones, insistir en rutas y proyectos y alcanzar a aquellos, que son legión, que aman las tierras vírgenes como el Parque Natural de Cabo de Gata, el Desierto de Tabernas o Sierra Nevada. Es ahí donde destacamos y podemos ser líderes a poco que nos lo propongamos.

Compromisos y promesas

Antonio Lao | 16 de enero de 2017 a las 11:25

El año empieza como acabó, plagado de promesas y escasos compromisos. El horizonte apenas se otea por los nubarrones que lo cubren en forma de ausencia de Presupuestos del Estado y con unas cuentas autonómicas que distan mucho de ser para tirar cohetes y comenzar una fiesta. Y es que los recortes, pese a la tan cacareada mejora de la economía, siguen siendo hoy una realidad patente, palpable y triste para los que aquí habitan. No se percibe el más mínimo atisbo de recuperación de las inversiones en aquellos temas que son básicos para culminar el efectivo desarrollo de la provincia de Almería.
He repetido en alguna ocasión que esta provincia ha alcanzado un notable nivel de desarrollo a pesar de las administraciones. La fuerza, el tesón, la capacidad de innovación y la permanente ansiedad por mejorar, nos han permitido ser la punta de lanza de una economía productiva emergente, diferente al resto del país, en el que la pujanza de la agricultura nos ha abierto a fronteras de desarrollo impensables hace tres lustros.
Hoy, 15 de enero de 2017, cuando el sector hortícola se acerca a una de sus ferias más importantes, Fruit Logistica y el turístico a Fitur, nos volvemos a presentar en sociedad con los deberes hechos, con dos sectores pujantes, batiendo récords, asentados en una buena base de crecimiento y con la mirada puesta en la mejora que está por llegar. Todo, se lo pueden creer, a espaldas de unas administraciones que se empeñan en prometer lo que no nos van a dar, alejados del compromiso cierto y real, que una provincia como Almería se merece. Puedo entender que en época de “vacas flacas” todos vean mermadas sus aspiraciones. Comprendo que ante tanta necesidad o prioridades que pueda tener un país o una región nosotros estamos donde estamos. Pero me niego a dejar languidecer nuestras legítimas aspiraciones de mejora en materia de infraestructuras o hídricas, por poner dos ejemplos calamitosos para nuestros intereses y nuestro devenir futuro, en pos de no se qué objetivos o compromisos con otros diferentes a nosotros. Llevamos décadas aportando al conjunto del Estado y de Andalucía mucho más de lo que recibimos. La deuda acumulada de unos y otros -pongan ustedes el orden- alcanza ya categoría de indecencia. Es la hora, ha llegado el momento de romper con lo establecido, dejar a un lado la resignación, demasiado imbricada e inoculada en nuestro carácter, para dar paso a la realidad del inconformismo, de la reivindicación y la protesta como carta de presentación de una tierra laboriosa donde las haya, fiel como pocas y agradecida hasta la extenuación. Con estas premisas no me negarán ustedes que es hora poner fin a las promesas y forzar compromisos reales y cumplimientos, con objetivos, en beneficio de Almería y los que aquí habitamos.

Carta a los magos con retraso

Antonio Lao | 9 de enero de 2017 a las 12:52

Queridos Reyes Magos: perdonad el retraso y atrevimiento en enviar mi carta, aunque espero que la leáis de forma atenta y, en la medida de lo posible, hagáis posible algunas de mis peticiones. Como el anuncio de una conocida marca comercial a nivel nacional, es cierto que esta provincia quizá no haya hecho todos los deberes, es posible que aún no le toque, pero es hora de que las distintas administraciones (Gobierno Central y Junta de Andalucía) se pongan manos a la obra y pueda repasar el catálogo para tener en cuenta lo hecho, que agradecemos de forma efusiva, y lo que resta por hacer, que reivindicamos con constancia, argumentos e insistencia, ya que permanece en el debe de aquellos que nos gobiernan.
Vayamos por partes. Más de 1.500 días sin obras en el AVE que nos debe unir con Murcia no es un olvido, no es tampoco un descuido. Al contrario. Es la mayor indignidad a la que se enfrenta esta tierra en los últimos años, ya cansada de escuchar una y otra vez a todas las partes acusarse del desaguisado, aunque nadie mueve un dedo más allá de la declaración, para ahuecar el ala y permanecer en el anonimato hasta la próxima ocasión. El permanente “choteo” al que nos tienen sometidos desde Fomento sólo se puede corregir con un anuncio claro y explícito de lo que ocurre, de los motivos que han llevado a Sacyr a pedir la resolución del contrato y evitar, en la medida de lo posible, seguir hablando de las tortugas moras y de su hábitat como elemento capaz de parar una obra años.
Con ser este un regalo importante para la provincia, cuando se logre, no lo es menos que vuelvan las obras a la desaladora de Villaricos, anegada por las aguas hace casi tres años y desde entonces duerme el “sueño de los justos”. Una inversión millonaria que se deteriora a pasos agigantados y a la que nadie le presta ninguna atención. La estación de Renfe de Almería si no es el regalo estrella con el que sueña cualquier hijo de vecino de Almería, si es una parte importante, de las aspiraciones de los que aquí habitamos. Ver como se deteriora uno de los edificios más hermosos de esta tierra no es plato de gusto para nadie.
En carreteras parece necesario insistir majestades, por si lo tenéis a bien, solicitar de la Junta de Andalucía un compromiso serio, veraz y fiable para culminar la autovía del Almanzora. Una necesidad largamente demandada y que camina a trompicones, con más zancadillas de las necesarias.
Como veis, pequeñas cosas, para una provincia que es capaz de sumar en positivo el PIB nacional y que permanece en el olvido más sangrante cuando de invertir en ella se trata. Y no se crean que no miro con perspectiva histórica, que lo hago, pero por más que busco no encuentro un motivo de satisfacción a lo largo de los años. Algunas cosas habéis tenido a bien conceder, pero siempre a regañadientes.
Afectuosamente.

Abiertos al mar

Antonio Lao | 19 de diciembre de 2016 a las 11:59

Siempre permanecerá en mi retina la primera vez que recorrí el frente litoral de la ciudad. No tendría más allá de seis años cuando aquel paseo por el Zapillo. Ya entonces me sorprendió la capacidad del hombre para fastidiar algo tan hermoso como la grandeza de una costa abierta. Aquí, a finales de los setenta, el desarrollismo turístico abigarrado y mirando a las alturas, emulando los primeros edificios de Benidorm, pero en cutre, ya se habían cargado parte de la fachada litoral de la ciudad. Una pena.
El lunes se dio un paso importante para recuperar al menos el kilómetro que va desde el Cable Francés hasta la rotonda de Pescadería con la firma del convenio Puerto-Ciudad. Un proyecto, todavía en pañales, que permitirá, con la colaboración de las administraciones y la iniciativa privada, abrir Almería al mar. Una idea aplicada con éxito en ciudades como Málaga y Alicante, que ha cambiado la fisonomía y la faz de ambas capitales y que ahora espera tener el mismo recorrido en Almería.
No va a ser fácil. Quien piense que tras la firma está todo hecho se equivoca. Al contrario, por delante queda tan largo trecho que muchos se quedarán en el camino y otros “morirán” en el intento de cruzar el Rubicón de poner en valor unos terrenos hermosos, que deben cambiar la imagen que hoy tenemos de la capital y devolver a los que aquí habitamos el amor por el azul del océano, a la vez que se crean miles de puestos de trabajo y se cambia la imagen de un puerto, hasta ahora industrial y de pasajeros, a otro en el que también quepan las zonas de ocio, restauración y el turismo de calidad, que esta ciudad lleva tantos años ansiando. El exalcalde de la ciudad, Luis Rogelio Rodríguez, decía tras la firma que el paso dado era inmenso, pero que en realidad sólo se trataba de un compromiso al que se ha llegado tras seis años de negociaciones. Ahora es cuando se inicia la verdadera oportunidad. Ahora es el momento en el que la iniciativa privada debe ver las posibilidades de los terrenos, los arquitectos y paisajistas poner a la vista sus ideas y las administraciones ser capaces de resolver las múltiples trabas con las que nos vamos a encontrar. No hay que tener prisa. El proyecto hay que vestirlo con las mejores galas, sin errores de los que luego podamos arrepentirnos. El caramelo es tan apetitoso que a poco que nos descuidemos será posible encontrarnos con efectos indeseados y hasta perniciosos. Abrir el puerto al mar supone cambiar de hábitos, recuperar un espacio para la ciudad que ahora una valla nos tiene vetado, aunque sin dejar de lado que este espacio genera dos mil puestos de trabajo y, a poco que lo pongamos en valor en la parte oeste de la ciudad, seguirá siendo la principal vía de entrada de pasajeros y mercancías con África. Aprovechemos lo que se nos ofrece. Ambas opciones son compatibles y la ciudad, la única beneficiada.

La Feria recupera un día

Antonio Lao | 12 de diciembre de 2016 a las 13:41

LA Feria de Almería recupera un día. La que es por antonomasia la gran fiesta de esta tierra, la que nos vende como pueblo al exterior y atrae a miles de turistas en agosto, camina en los últimos años en un mar de dudas, del que nadie parece o quiere sacarla.
El alcalde de la ciudad, Ramón Fernández Pacheco anunciaba, cuando cumple un año de mandato, que casi volvemos a los orígenes: el alumbrado regresa al viernes, día que nunca debió perderse, porque no tiene sentido desperdiciar medio fin de semana, jornada de salida por excelencia, y luego vegetar en los días valle como son el lunes o el martes de Feria y, si me apuran, hasta el miércoles.
He escrito en alguna ocasión y lo mantengo que jamás debimos perder ni una sola de las señas de identidad de nuestra Feria y Fiestas en honor a la Virgen del Mar. Aquellos que impulsaron cambios sin sentido, absurdos y atendiendo a la crisis como argumento fácil, se equivocaron de principio a fin. La fiesta, desde entonces, se ha movido a bandazos, en despropósitos y escasos aciertos, en la misma medida que se perdían las casetas nocturnas y se agrupaban con no se yo que argumentos de ruido, cuando la noche festiva son decibelios, desorden ordenado, cambios de ánimo y, sobre todo, ambiente.
Cuando la edición de este año terminaba, y ante el fiasco que fue, desde el Ayuntamiento se apresuraron, con buen criterio, a anunciar una comisión que fuera capaz de hilvanar lo que sería una Feria remozada, adaptada a los nuevos tiempos y manteniendo, como no puede ser de otra manera, cada uno de los aspectos que la hacen diferente a cuantas se desarrollan por la amplia geografía nacional.
He de reconocer que me las prometía felices. Llegué a pensar que, por una vez, las cosas se harían con tiempo, lo que significaba criterio, seriedad y posibilidad de sumar y restar hasta lograr la “cuadratura del círculo”. Está visto que me equivocaba. Ha pasado casi medio año y estamos como la principio, aunque he de valorar que el anuncio del alcalde abre una espita de esperanza. Entiendo o quiero entender que hasta la primavera hay tiempo suficiente y más que razonable para planificar. Es evidente que los cambios han de madurarse primero, para luego ser aceptados sin grandes sobresaltos. Parece claro que el regreso al pasado en las formas, con un halo de modernidad, pueden ser el sendero por el que caminar en el futuro.
Los nuevos tiempos demandan soluciones rápidas, inteligentes y adaptadas a los gustos que los ciudadanos exigen. Lo contrario nos llevará, lamentablemente, a un lento pero paulatino declive que nadie quiere, ni pretende. No hay nada peor que ver como una llama se extingue, tener maderos para avivarla, y por la inercia negativa, la ineptitud manifiesta o la falta de deseo, se apague para siempre y Ella, de la Feria, que es de quien hablamos, pase a ser un recuerdo.

El AVE, el ministro y Sacyr

Antonio Lao | 5 de diciembre de 2016 a las 11:58

Todavía estamos esperando una explicación coherente, real y con cifras, de los motivos que han llevado a la empresa Sacyr a hacer “las de Villadiego” al Ministerio de Fomento y salir por patas del tramo que tenía adjudicado entre Cuevas y Pulpí, del AVE que alguna vez, esperemos, unirá Almería con Murcia.
Cinco años sin obras en la provincia y más de uno desde que se adjudicarán los 12 kilómetros más famosos de la historia de los contratos de la provincia, la empresa comunica al Gobierno su intención de no iniciar los trabajos, aduciendo una serie de problemas que “ellos no han buscado”, entre los que está el traslado de la tortuga mora. La reacción del Gobierno y del PP, al principio, fue negar la mayor. Una situación a la que ya estamos acostumbrados, por lo que no nos resulta, ni mucho menos, novedosa, descabellada o extraña. Ahuecar el ala se ha convertido, en la última legislatura, en el deporte favorito de aquellos que no son capaces de decir a los ciudadanos realmente cual es la situación. Con lo fácil que es dar la cara, aunque te la partan, y contar las cosas como son, sin más, aunque exista riesgo de sentirse cohibidos, abucheados y encerrados en la burbuja en la que viven. Pues no. Otra vez nos encontramos con altas dosis de cobardía, miedo escénico y pánico al qué dirán, para tratar de llegar a una meta, que no es otra que una nueva decepción hacia aquellos que nos gobiernan que, una vez más, no cumplen con los compromisos que ellos mismos han adquirido con los ciudadanos de esta provincia. Así las cosas nos encontramos de nuevo en el inicio de la partida, con lo que ello supone de acumular retrasos que, todos lo sabemos, es lo que realmente viene bien en los tiempos que corren porque dinero, lo que se dice dinero para acometer los trabajos, hay poco. Y luego está la baja temeraria con la que Sacyr se quedó con la obra. Ambas partes, empresa y ministerio, eran conscientes de que no podía hacer por esas cifras.

En el otro lado, sin duda, está el hecho cierto de poder ir a un modificado y ampliación de los fondos. Ha sido, es y será el hábitat cotidiano al que nos enfrentamos cuando de obra pública hablamos. Y mientras unos y otros se tiran los trastos a la cabeza, se reprochan los incumplimientos y se cruzan amenazas veladas, el AVE entre Almería y Murcia acumula cinco años de obras paradas, miles de declaraciones huecas y un sentimiento acrecentado de los que aquí habitamos de síndrome de esquina y de abandono. Claro que siempre está la visita del ministro, como ya lo hizo en tres ocasiones Ana Pastor, para templar gaitas, serenar ánimos y ganar tiempo en una batalla que, hoy por hoy y pese a la presión de los que aquí habitamos, la tenemos perdida de antemano. Un pesimismo forzado, que languidece en la misma medida que nos mienten una y otra vez aquellos en los que hemos confiado nuestros votos.

Fugas de agua o pistas de padel

Antonio Lao | 28 de noviembre de 2016 a las 14:00

El día uno de diciembre, si Partido Popular y Partido Socialista no se ponen de acuerdo, la empresa GALASA (Gestión de Aguas del Levante de Almería) quebrará y con ella el sueño que un día tuvo la Diputación que encabezó Tomás Azorín, de resolver los problemas de una comarca con sequía endémica, escasez permanente y peor calidad del líquido elemento.

El empecinamiento de unos y de otros, no sabría decir quien puso más para inclinar la balanza, puede dar al traste con un proyecto coherente, razonable y viable, que ha sido capaz de hacer comarca, unir pueblos y romper con el mito de la división y el individualismo, para dar paso al equipo, al trabajo común y al objetivo único.
Tan coherentes parecen las propuestas del equipo de gobierno como las de la oposición. Entonces, ¿qué los está abocando al fracaso?. Sin duda, la cabezonería, la incongruencia, el sacar tajada política, no pensar en el colectivo, sino en el individuo y, lo que es más grave, creer que con ello se asesta un golpe mortal al contrario, del que nunca será capaz de reponerse. ¡Cuánta ironía! ¡Qué profundo ahogamiento en el absurdo! ¡Qué corto de mira se llega a ser cuando te ciega la incoherencia y las anteojeras te impiden ver más allá de dos pasos frente a tus narices y no la realidad en su plenitud! Si el milagro no se produce, más de cien personas pueden ir a la calle y, lo que es peor, la deuda que arrastra la empresa, -insisto una excelente iniciativa como mal gestionada ha sido desde su creación-, tendrá que ser asumida por los ayuntamientos, a los que acogotará durante décadas y de la que van a tener muy difícil desprenderse. Con ser esto grave, lo es más que no tengan asegurado el suministro de agua potable, o al menos de calidad, para una zona en la que la población se multiplica en verano y en la que la pluviometría brilla por su ausencia en los últimos lustros.
Luego está la escasa credibilidad de unos y otros cuando hablan de pérdidas en la red. El 45% del agua desaparece en las tuberías que van desde los depósitos municipales a cada una de las viviendas de los pueblos integrados en Galasa.

¿Quién debe asumir su arreglo, para reducir en la medida de lo posible el precio del agua? Parece indudable que son los propios ayuntamientos los que, a través de ayudas de la Diputación y planes provinciales, sean los que asuman la mejora. Sin embargo, y como me comentaba un diputado hace unos días, al que no le faltaba un ápice de razón, “levantar calles y cambiar tuberías no da votos. Es dinero que se entierra y no se ve”. Viste más y parece que por ahí han caminado y caminan muchos de los pueblos, la ejecución de una pista de padel en pueblos en los que no hay niños, un edificio polivalente para que esté cerrado o se abra dos veces al año o una piscina que no se va a poder llenar por falta de agua. Un auténtico dislate.

La ruta de las pinturas rupestres

Antonio Lao | 21 de noviembre de 2016 a las 14:20

Poner en valor lo que tenemos es la base sobre la que debe asentarse el devenir de esta tierra. Un pueblo que olvida su pasado es complicado que tenga futuro. La crisis, de la que todavía padecemos sus últimos coletazos, ha llevado a las administraciones a priorizar inversiones y entre ellas, lamentablemente, no ha estado recuperar patrimonio o poner en valor aquello que la historia nos ha legado.
Diario de Almería en las últimas semanas ha publicado sendos reportajes sobre las pinturas rupestres aparecidas en Gérgal y sobre restos fosilizados de huesos de oso en una cueva de La Alpujarra. En ninguno de los dos casos la administración ha hecho nada, ni tampoco se espera, por poner en valor unos yacimientos que, si se supieran valorar, seguro que significaban, al menos, un atractivo más para esta provincia.
El caso de las pinturas rupestres es casi sangrante. Al abrigo de un saliente en la montaña, hoy son el refugio de ciervos y cabras montesas y antaño, por los restos de humo que se pueden observar, el resguardo de pastores cuando la tormenta acechaba o el frío hacía mella. Entiendo que es complicado y costoso vallar, catalogar, señalizar y, sobre todo, cuidar aquello que nuestros antepasados nos legaron. Pero, del mismo modo, creo que no se debe ni se puede desperdiciar la oportunidad de que los que hoy cogemos el testigo tengamos la oportunidad de disfrutarlos.
Si sabemos hacerlo puede ser un notable atractivo para turistas y un revulsivo económico para una comarca tan deprimida como la del Nacimiento. La propuesta o idea que lanzó es la de diseñar una ruta de las pinturas rupestres, pues no son sólo éstas las que se pueden observar, sino que hay datadas y recogidas otras en Las Tres Villas o Nacimiento o Los Vélez.
En los tiempos que vivimos, en los que lo diferente es en realidad lo que nos da valor como pueblo y nos sitúa en la vanguardia como zona turística, parece razonable que la administración entienda la aparición de las pinturas como una oportunidad y no como un problema por riesgo de expolio. Si el dinero es un handicap, siempre es posible el pago de una pequeña entrada o la explotación por una empresa privada, en la que se incluya degustación de productos típicos, rutas de senderismo rupestre y comidas en restaurantes y bares de la zona.
Un complemento perfecto para una comarca con posibilidades, en la que las pinturas pueden ser un impulso económico sin precedentes. Un complemento perfecto para una tierra diferente, atractiva y dinámica, que sólo necesita de un pequeño empujón para caminar en la senda del aprovechamiento de recursos, siempre respetando nuestro legado y manteniendo intacto un paisaje tosco, árido y hasta doloroso a veces a la vista, pero hermoso como pocos.