Agua, siempre escasa

Antonio Lao | 17 de octubre de 2016 a las 18:38

Un año lleva sin llover prácticamente nada en la provincia. Un año en el que han saltado todas las alarmas, aunque todavía hay muchos que cuando se habla de sequía miran para otro lado, como si no fuera con ellos. Y es que mientras mane agua del grifo o de la tubería que llega a tu invernadero, parecerá que la cosa no va con nosotros. Un error enorme y de gran trascendencia, pues las reservas subterráneas de esta tierra están bajo mínimos y las que aún quedan tienen serio riesgo de salinización. Diario de Almería ha presentado esta semana en Madrid Agricultura y Alimentación. La tercera edición del anuario agrícola, dedicado al líquido elemento, como argumento definitivo y definidor del presente y futuro que tiene esta tierra. Hablamos mucho, casi nos desgañitamos, de los bajos precios de aquello que cultivamos y parece que la escasez de agua no fuera con nosotros, cuando es vital para producir.
Demasiado poco nos preocupamos de la extracciones excesivas que ún hoy padece el Poniente; no le damos la importancia que merecen a las quejas de los agricultores del Levante. Y para qué decirles de la situación que se vive en las comarcas de Tabernas y Filabres con la plantación masiva de olivos o en la de Los Vélez, donde el cultivo de lechuga se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para la agricultura tradicional de una comarca acostumbrada poco a pasar sed.
Basta sólo con recorrer la provincia para certificar el enorme daño que la sequía está haciendo a esta tierra. El paisaje desértico crece en la misma medida que las precipitaciones no llegan o las extracciones ilegales crecen y desecan fuentes naturales, manantiales milenarios y bosques de encinas y pinos de repoblación que han pasado a ser historia o están a punto de hacerlo. Decía Benjamín Franklin que “cuando el pozo está seco sabemos el valor del agua”. La frase resume lo que esta tierra ha sido capaz de lograr con un líquido elemento escaso, muchas veces caprichoso para encontrarlo y las más, un bien tan preciado, que su valor supera lo conocido. La afirmación es veraz en la medida que nos hemos adaptado a todo y hemos sido capaces de exprimir hasta la extenuación una gota de agua para alcanzar un valor añadido impensable en cualquier otro punto del país.
Pero ello no es obvice para creer que ha llegado el momento de pensar un poco, de meditar otro tanto y de analizar dónde estamos y, hasta qué punto, los recursos que seguimos usando son finitos. La respuesta, bajo mi punto de vista, es que lo son y hay que reinventarse de nuevo, como otras tantas veces lo hemos hecho, para evitar la esquilmación plena de aquello que nos ha permitido desarrollarnos y crecer como pueblo. Soluciones hay. Tratemos de buscarlas conjugando desarrollo, medio ambiente y el futuro de los que vendrán después.

Sabores de Almería

Antonio Lao | 10 de octubre de 2016 a las 18:36

La Diputación Provincial de Almería acaba de poner en marcha la marca “Sabores Almería”. Un proyecto ambicioso, innovador y de futuro que, si se hace bien y se cree en él puede dar destacados beneficios a la provincia y a lo que aquí se produce.
Todos conocemos de la gran selección de productos de primer nivel, para paladares exquisitos, que aquí disponemos. Son muchas las empresas que trabajan, a veces demasiado en silencio y sin las ayudas de promoción necesarias, para sobrevivir y poner en el mercado auténticas joyas culinarias, no siempre conocidas entre el gran público. De ahí la importancia que tiene la apuesta de la Diputación. Han sido capaz de unir a treinta empresas, de muy distintos sectores, aunque con el denominador común de la gastronomía, para unificar criterios y trabajar en la misma línea.
No es baladí la importancia que tiene el posicionamiento en el mercado de una marca. Al contrario. Si se sabe aprovechar, como lo han hecho, por ejemplo, en Castilla y León, el valor de lo autóctono, de lo diferente, de lo exquisito, tiene un futuro por delante esperanzador.
No es la primera vez que la institución provincial trata de apoyar a aquellos creadores que son capaces de poner cuanto tienen por la idea en la que creen. Una prueba lo es cada año en el Salón del Gourmet de Madrid, en Andalucía Sabor en Sevilla o en Barcelona. La apuesta provincial es con aquellos que no tienen el músculo empresarial necesario para comercializar y proyectar sus productos, aunque si tienen un valor y unas posibilidades ilimitadas, si se saben aprovechar.
La tarea, que el martes se materializó en Madrid cuando la idea se visitó de largo, es inmensa. No debe quedar en una mera puesta en escena, en una fotografía para la prensa o en una degustación de productos para que los periodistas especializados sepan de esta tierra, que también.
Ahora llega lo complicado y lo difícil que es mantener en la cima de la pirámide un proyecto que necesita cariño, tanto como se le quiera dar y no será suficiente. Pero con ello se puede lograr un salto en calidad impensable hasta ahora.
La demanda de productos gourmet crece en la misma medida que los paladares de los ciudadanos buscan algo diferente, lo cual no significa más caro. Un ejemplo lo tenemos en el vino que se elabora en la provincia o en la ingente cantidad de pequeñas fábricas de cerveza artesana que se abren paso frente a las multinacionales. Y es ahí donde la Diputación tiene ese papel básico, ese papel aglutinador que no es otro que servir de vehículo de promoción, de ente capaz de aunar los intereses de muchos, a veces poco conciliables, pero con nexos comunes. La nueva marca debe y tiene que ser el embrión de proyectos mayores, de los que esta tierra está necesitada. Una fórmula capaz de mantener el individualismo, pero colectivo.

Asignaturas pendientes o en el olvido

Antonio Lao | 3 de octubre de 2016 a las 18:15

Entramos en una fase en la que las necesidades se dejan morir por inanición, las críticas se dejan pasar y ante las polémicas, se impone la ley del silencio para tratar de acallar el ruido mediático y hasta la próxima. Es tal el impás en el que nos hemos instalado que nada ya parece agitar conciencias, acelerar trabajos o cumplir con las promesas. Hoy ya no cuenta nada. Frases hechas, palabras vacías, promesas vanas y cero sensibilidad para con aquellas necesidades básicas de la provincia. Una pena.
Quince meses llevamos esperando que Fomento, tras adjudicar un tramo del AVE para retomar las obras, decida que es tiempo de remover tierras y poner raíles. Una promesa al calor de las elecciones, en la que sólo los confiados creyeron y que, con el paso del tiempo, se ha visto irreal y falsa. Dos ministros han visitado las vías del tren a la altura de El Puche para anunciar el fin del paso a nivel. Ahí sigue y, lamentablemente, por mucho tiempo.
Años llevan los padres y madres del Conservatorio de Música de Almería demandando mejoras en un centro que se hizo para todo menos para el estudio de un arte tan noble. Dos semanas desde que comenzaron las clases y la Junta todavía no ha dicho “esta boca es mía”. Parece como si tratasen de esperar a que escampe, retornar a la falsa normalidad y hasta la próxima. Una forma cruel de “matar” la huelga de cientos de familias y acabar con la ilusión de más de 400 niños y niñas que tienen en esta enseñanza depositadas ilusiones y esperanzas. Una indignidad que no sepamos realmente si la administración andaluza tiene o no intención de mejorar las instalaciones y cuando. La petición de fechas, de la que tanto se les llena la boca cuando el problema y el incumplimiento está en la acera de enfrente, parece que ahora la olvidan. La estación de Renfe, una joya arquitectónica, lleva durmiendo el sueño de los justos desde la inauguración de la Intermodal. Ante la inminencia de las segundas elecciones se descolgaron anunciando una inversión de ocho mil euros. Un dinero que sirvió para instalar los andamios y poco más. Y ahí sigue, igual que ayer y anteayer, deteriorándose poco a poco, sin que la voz de la protesta haya conseguido conmover a nadie más allá que a los amantes del patrimonio, a esos que de forma despectiva aquellos que nos gobiernan los asemejan alguna que otra vez a las “moscas cojoneras”. Bendito animal, sin con su pesadez y constancia, son capaces de remover conciencias y agitar administraciones.
En el Almanzora la autovía avanza tan despacio que ya casi nadie se acuerda de que hay obras en una vía vital para el desarrollo de una comarca. Eso sí, a la más mínima tenemos una declaraciones de compromiso, en un intento permanente de darnos el caramelo, aunque no llegamos a conocer su sabor.

Centros tecnológicos, un fiasco

Antonio Lao | 26 de septiembre de 2016 a las 9:54

Setenta millones de euros invertidos, la creencia de avanzar pasos de gigante en la excelencia industrial, puestos de trabajo específicos y de calidad y la esperanza de la industria del mármol y de la energía solar y eólica truncada. Son, a groso modo, algunas de las decepciones que deja en la provincia el escándalo destapado por Diario de Almería del cierre de los centros tecnológicos de la piedra y de las energías renovables.
Los dos, llegados y construidos en esta tierra después de años de promesas incumplidas y de planteamientos finitos, vinieron a cubrir una demanda necesaria y cierta, en la creencia de que somos o debemos ser líderes en industria de la piedra natural -contamos con toda una sierra con reservas de mármol para siglos- y pioneros en energía solar y eólica. Sol y viento tenemos todo cuanto se puede desear, por lo que no es una idea descabellada encabezar la investigación y los avances que en ambos campos se pueden hacer en el futuro.
Pero el gozo ha tardado poco en ser sepultado en el pozo de la incompetencia, la mala gestión y el incumplimiento de los compromisos adquiridos. No parece razonable que los trabajadores de ambos centros lleven meses sin percibir sus salarios y que nadie haya hecho nada por remediarlo. No es ético que el silencio se haya impuesto a una realidad evidente, cuando es desde aquí -los empresarios los primeros- a los que se les ha llenado la boca una y mil veces en sus peticiones de centros avanzados de nuevas tecnologías para avanzar en el desarrollo tecnológico de una provincia olvidada desde siempre.
Caminos serpeantes, preñados de baches se han sucedido en este tiempo hasta alcanzar el precipicio en el que nos encontramos ahora. Decenas de millones invertidos, apuestas tecnológicas de primer nivel y un fiasco tan grande como una Catepillar extractora de mármol o una torre solar de la Plataforma.
Pero estamos tan acostumbrados a que nos den de bofetadas, que nadie o prácticamente nadie ha movido un dedo para tratar de modificar el curso de los acontecimientos. Entiendo que los empresarios del mármol sabían de la situación y se han callado; se supone que la patronal Asempal estaba informada y no han dicho esta boca es mía y concluyo que la Cámara de Comercio, esa que otrora fue reivindicativa y mosca cojonera era consciente de la situación. Tampoco han mostrado o se han posicionado en contra del cierre y por la búsqueda de una solución que satisfaga a todos.
Con el finiquito de ambos centros, si finalmente se materializa al entrar en concurso de acreedores, la provincia se empobrece un poco más, nos distanciamos de la excelencia tecnológica y, lo que es peor, damos la imagen de que ocurra lo que ocurra no nos rebelamos. Un mal precedente.

Reuniones de ida y vuelta

Antonio Lao | 20 de septiembre de 2016 a las 13:03

Un nuevo curso político comienza con el desencanto de aquellos que ya lo tienen suspendido antes de empezar. Es el caso de los políticos que nos gobiernan, aquellos a los que pagamos con religiosidad cada mes, y que siguen enfrascados en sus cuitas personales y alejados de la realidad que los rodea, de los problemas rutinarios y del verdadero ser que es el devenir cotidiano.
Ellos a lo suyo, sin importarles un carajo los problemas del país, las necesidades más básicas y, ni mucho menos, la solución a lo que acontece cada día. Triste.
En este guiñol o teatrillo, en esta película de ficción, se debaten en un permanente intento de parecer que hacen algo, cuando en realidad nada se mueve de su lugar. Bueno, sí hay recorrido, pero propiciado por el trabajo y el esfuerzo del colectivo y nunca propiciado por lo que ellos, -insisto, aquellos a los que pagamos religiosamente cada mes- traten de hacer.
En las últimas semanas se han producido dos ejemplos que claman al cielo y rompen con lo que podemos entender por sentido común. El primero, una pequeña minucia, lo protagonizó el subdelegado del Gobierno en Almería en Gádor. Conocen ustedes que hasta tres pasos a nivel parten el pueblo y que ha sido intención de todos los alcaldes que ha tenido el municipio y de la actual, Lourdes Ramos, de tratar de acabar con ellos. Ora porque no era el momento, ora porque la inversión era excesiva, ora porque no les da la gana, lo cierto es que siguen ahí, seguramente por mucho tiempo, y habrá que esperar por secuela seculorum a que el Estado afronte su eliminación. Pues hete aquí que nuestro subdelegado visita a la nueva alcaldesa, cosa lógica, hablan de los problemas del pueblo, cosa lógica, y no se le ocurre otra cosa que fotografiarse en medio de las vías y expresar su compromiso con la supresión de los pasos. Faltaría más. Otra cosa es la imprudencia, no se le puede llamar de otra manera, de irse a las vías cuando es consciente, todos lo somos, de que hoy por hoy acabar con ellos es poco menos que una utopía.
El segundo ejemplo lo protagoniza el PP de Almería, que se reúne en Madrid con Fomento para apoyar el AVE con Granada, paralizado, por el propio Ministerio y su incapacidad. De paso vuelven a apostar por el de Almería, igualmente durmiendo el sueño de los justos y sin esperanzas ningunas de retomar las obras. Pero eso no importa. Aquí parece que lo que realmente triunfa es salir en la foto, tratar de engañar a la ciudadanía o, cuanto menos distraerla o entretenerla y lo verdaderamente importante, las obras, ya se harán cuando toque.
Pura indecencia. Una gran tomadura de pelo para los que aquí habitamos que vemos como los años pasan y lo prometido sigue ahí, en una promesa de difícil cumplimiento. Y luego, no se lo pierdan, pretenden que les votemos.

Instalados en la mediocridad

Antonio Lao | 12 de septiembre de 2016 a las 11:50

Mientras se apagan las brasas de la fallida investidura de Mariano Rajoy y se amontona la leña para la próxima, unas nuevas elecciones se otean en el horizonte de un país cuyos políticos han perdido el norte, alejados de la ciudadanía y sólo preocupados de sus cuitas particulares y asuntos personales, me debato en torno a la mediocridad que se ha instalado en aquellos que dicen dirigir nuestro destino, la intransigencia generalizada, el egoísmo hecho carne y la ausencia absoluta de concepto de país e interés general que nos movió, por ejemplo, en la Transición democrática. Nada, ni tan siquiera la posibilidad de recaer en la crisis, retornar a tiempos pretéritos y acercarnos a lo más parecido a una república bananera permite a quienes hemos elegido avanzar un paso en la senda de la honestidad, la coherencia, el sentido de estado y la apuesta por el bien común.
Pero no crean que es este un pecado de los Rajoy, Rivera, Sánchez o Iglesias. Al contrario. Con sólo bajar unos escalones o peldaños en la pirámide del poder, nos encontramos con casos similares, igual o más sangrantes, en los que los protagonistas sólo tienen una preocupación: salvar su culo y lo demás me importa un pimiento. ¡Qué mediocridad tan alarmante! ¡Qué falta de sentido de estado, comunidad, provincia o ciudad!
Con ser el problema del Gobierno del país el más importante y el que nos ocupa y preocupa desde hace ya nueve meses, la falta de un ejecutivo comienza a sentirse, y de qué forma, en el resto de las administraciones. La obra publica se ha paralizado. Los proyectos que nos movían al albur de los presupuestos siguen durmiendo en los cajones de la administración y la parálisis general nos atenaza, en la misma medida que nos agarramos del asiento de un avión en medio de fuertes turbulencias.
Un ejemplo local para ilustrar la mediocridad de la que les hablaba al principio. Conocen ustedes, si nos siguen con asiduidad, que la empresa que suministra agua al Levante y al Almanzora, más de veinte pueblos en total, amenaza con quebrar y trasladar su abultada deuda a los municipios. Un año llevan los dos grandes partidos de la Diputación buscando una salida razonable al desaguisado al que todos han contribuido. Pues tras este tiempo, ¡pásmense! no se ha avanzado un sólo metro. Cada uno se mantiene en su trinchera, a la espera de no se yo que milagro, mientras el tiempo pasa y el abismo en forma de gran deuda se acerca.
Creen los unos y los otros, los otros y los unos, que el rédito político del fracaso llegará en forma de maná de votos para las arcas de sus partido. Como ven, una vez más miran casa uno su culo, sin pensar en el bien común, en el de la colectividad, en el de aquellos que cada cuatro años los votamos, para que defiendan y gestionen con honestidad. Pero nunca lo hacen.

La Feria languidece, no lo permitamos

Antonio Lao | 5 de septiembre de 2016 a las 11:49

La Feria 2016 ya es historia. Es tiempo de análisis de felicitarse por los aciertos (escasos) y tratar de poner coto y corregir los errores. Las fiestas de la capital están un punto muerto, de especial complejidad, en el que la preocupación por su futuro es un hecho, aunque se dan pasos en positivo que hay que consolidar para rehabilitar una fiesta que es, debe y tiene que seguir siendo la más importante cuantas se celebran cada año en la provincia.
Con un recinto ferial moderno y excepcional, no se entiende que la Noche siga a la baja, con una preocupante disminución de casetas y empresas que optan por instalarse, así como un descenso notable en el número de visitas. La solución no es fácil, sin duda, pero desde el consenso y desde la tormenta de ideas de todos los sectores implicados se puede hallar una salida que satisfaga a todos, contente a la mayoría y, sobre todo, atraiga al recinto a la marabunta de personas que tradicionalmente lo hacían. Habrá que replantearse la división por sectores, la instalación de casetas permanentes y la bajada, aún más, del canon municipal. La Noche es una mezcla perfecta. Si alguno de los condimentos se trata de retirar, el sabor se pierde y puede ser para siempre. No lo hagamos. El nuevo recinto de conciertos y la recuperación del Parque de Las Almadrabillas para grandes actuaciones es un acierto. No se debe desdeñar un habitáculo natural como este. La respuesta del público muestra, a las claras, lo que supone devolver las actividades a aquellos lugares de los que nunca debieron salir.
La Feria del Mediodía vuelve a dejar mucho que desear. El intento del Ayuntamiento, loable, de evitar el desmadre y que el centro de convierta en un enorme botellón se ha logrado. Se contenta a los vecinos del casco histórico que tanto temen el ruido y se evitan aglomeraciones, algún tumulto y basura en demasiados lugares. A cambio, lamentablemente, una actividad como esta, espontánea y diferente, languidece como una flor cortada con el paso de los días. Para colmo este año el Paseo no se ha cortado, con lo que la sensación de que no había Feria del Mediodía se imponía frente a los intentos, baldíos, de mostrar otra cosa. Claro que si la intención de la concejalía es trasladarlo todo al recinto ferial, no lo podían haber hecho mejor.
Pero mucho me temo que por mucho que intenten cambios contra natura, serán los propios festivos los que se encarguen de echarlos para atrás con su inasistencia. Un ejemplo claro es el concurso de gastronomía. Toda una delicatesen en la Plaza Vieja, que ahora pasa sin pena ni gloria por la Caseta Municipal. La Feria de Almería, todas las ferias, son bullicio, desorden ordenado y alegría. Y la nuestra parece que nos estamos empeñando en entristecerla hasta morir de pena. No lo permitamos.

Galasa, una solución debe ser posible

Antonio Lao | 29 de agosto de 2016 a las 11:25

GALASA es la empresa que presta el servicio de abastecimiento de agua en el Levante de Almería y Almanzora. Una empresa pública, con un capital social del 51% en manos de la Diputación Provincial y el resto para los ayuntamientos que reciben el servicio. Con más de cien trabajadores atraviesa la peor de las situaciones económicas posible. La deuda es insoportable, más de 40 millones de euros, y los ayuntamientos no están dispuestos, de momento, a subir las tarifas a sus usuarios para equilibrar gastos y los políticos han comenzado una partida de poker con la empresa de impredecibles consecuencias. Si la situación no está resuelta antes del 31 de diciembre de este año, la disolución de Galasa será un hecho y la deuda debe ser asumida por aquellos que ostentan el accionariado.
Nacida en la época de Tomás Azorín como presidente, buscaba resolver los problemas de abastecimiento de los doce pueblos del Levante, aunque con el paso de los años se han sumado a la empresa los del Almanzora. Ya entonces generó tantos problemas y se hizo tanta política con el agua, que el PSOE perdió la Diputación y muchos de los pueblos que había tenido alcalde socialista siempre, caso de Vera, Huércal Overa o Mojácar, por poner algunos ejemplos, pasaron a manos del PP. Los años han pasado y los presidentes de Diputación también -Luis Rogelio Rodríguez, Pepe Añez y Juan Carlos Usero- y la deuda de la empresa, lejos de aminorar se hacía más grande. La pelota rodaba hacia adelante, en una carrera suicida que amenaza hoy, año 2016, con estallarle en las manos a los actuales dirigentes de la Diputación y a los pueblos que consumen el agua que distribuye.
El problema no es baladí. Al contrario, la Diputación se enfrenta a uno de los mayores desafíos que ha tenido en décadas. Gabriel Amat se juega su prestigio y la oposición su credibilidad, en un asunto en el que urge dejar a un lado las visiones de partido, tener amplitud de miras, cintura para el regate y visión de provincia. Nada justifica las críticas y los reproches mutuos. La deuda no la ha generado Amat. Está ahí y es fruto de todos los que han permitido el desaguisado. Por tanto, la prudencia, la coherencia y el criterio es el que debe primar ahora frente a aquellos que ven en el río revuelto la ganancia de pescadores. Error. Un gran error. Si finalmente se llega a la quiebra el agujero que van a tener que tapar unos y otros, los del PP y los del PSOE, los va a dejar heridos para mucho tiempo.
La búsqueda de soluciones consensuadas, la cintura y la solidaridad entre pueblos es el objetivo. Tirarse los trastos a la cabeza, declaraciones huecas y vacías de contenido y reproches mutuos sólo es la vía que conduce al desastre. Un caos que nadie quiere y al que sólo pueden aspirar aquellos que no aman esta tierra.

La Alcazaba, un bien a preservar

Antonio Lao | 22 de agosto de 2016 a las 11:05

La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, por vía de urgencia, ha aprobado obras en la muralla norte del primer recinto del Conjunto Monumental de la Alcazaba de Almería. Los trabajos, ya iniciados, suponen una inversión de 34.157 euros y consistirán esencialmente en “la restauración de las fábricas donde se ha producido un proceso acelerado de deterioro como pérdida de las capas protectoras superficiales”. Todo lo que sea trabajar en la mejora, recuperación y rehabilitación de nuestro conjunto monumental más importante y de referencia es positivo y merece mi reconocimiento y apoyo.
Pero tengo la sensación de que todo este proceso llega tarde y en un intento de recuperar el terreno y la imagen perdida tras el escándalo del “taladrazo”, que ha dejado en evidencia las carencias del monumento, el olvido de la administración y, lo que es más grave, la sensación de cierta desidia y torpeza a la hora de actuar.
No se trata, ni pretendo, hacer más leña de un cúmulo de errores cometidos y encadenados en el último mes, más propios de “Pepe Gotera y Otilio” que de lo que se supone una administración seria, competente y con capacidad de acción y reacción en menos que canta un gallo. Muy al contrario, hemos visto este tiempo a una Junta atosigada, con miedo y tratando de parchear el tejado para tapar una gotera, cuando la realidad lo que hacía falta y era necesario es afrontar la totalidad de la obra. Aplaudo y apoyo que La Alcazaba sea un lugar en el que se desarrollen actividades culturales de todo tipo. El escenario es único y hay que aprovecharlo todo lo que se pueda, tal y como hace Granada con espacios históricos similares. Pero el control a ejercer para evitar situaciones tan esperpénticas como el uso del taladro para sujetar unos focos debe ser estricto. La falta de criterio de unos desalmados no puede poner en jaque a toda una administración. Pero, al parecer, no hay mal que por bien no venga. De un error podemos extraer multitud de consecuencias positivas y, especialmente, una conciencia ciudadana de la necesidad de restaurar y rehabilitar un monumento que lidera por si mismo y sin ayuda el turismo en la capital. Quizá por ello, y como llueve sobre mojado, he echado en falta la visita de la Consejera de Cultura, Rosa Aguilar, antes; unas explicaciones más rápidas y con más coherencia;la asunción de culpas y culpables y el cese de aquellos que no han sido lo suficientemente diligentes, como era el caso de la directora del monumento, que al final ha caído.
La situación vivida no puede, bajo ningún concepto, volver a producirse. Y para ello nada mejor que se redoblen los controles, se mime el monumento y se ponga sobre la mesa un plan que ponga en valor aquello que estamos perdiendo. Todavía es posible, mañana puede que sea tarde. Y luego llegan las lamentaciones.

Eugenio Gonzálvez

Antonio Lao | 22 de agosto de 2016 a las 11:03

Eugenio Gonzálvez, ya no es alcalde de Gádor. Lo ha sido a lo largo de 29 años de forma ininterrumpida y ha ganado elecciones con mayoría absoluta, una tras otra, encontrando siempre el apoyo de sus vecinos. Cerrado un ciclo y con el sosiego que me da conocer al protagonista de éste récord desde que llegó al sillón municipal, estoy en condiciones de afirmar que ha sido un buen alcalde para su pueblo.
En las últimas semanas he escuchado y leído casi de todo; en los últimos años se ha escrito mucho, unas veces bueno y otras no tanto, de una figura que pasará a la historia de su pueblo por haber alcanzado cotas de bienestar y servicios para sus vecinos impensables. Tiene sus detractores, como no podía ser de otro modo. Ha cometido errores, es humano y, por supuesto, ha dejado en el camino muchos amigos y enemigos. Cuando se ejerce el poder nadie es capaz de lograr el beneplácito de la mayoría. Al contrario, cuando se toman decisiones, se trata de lograr que el número de beneficiarios siempre sea mayor que el de perjudicados. Y estos últimos, lamentablemente, también existen. Pero les aseguro que si ustedes, especialmente los vecinos de Gádor, ponen en el fiel de una balanza la gestión de Eugenio Gonzálvez, se decanta, de forma notable, del lado positivo, del lado del trabajo, del lado del compromiso, del lado de sus vecinos.
El ahora senador es un hombre inteligente, con una habilidad innata en el ejercicio de la política y es especialmente listo. Cuando algunos tratan de llegar a la meta el ha cruzado la cinta y se ha echado una siesta. Y esto, que debe y es una virtud, no ha sido visto nunca por sus adversarios e incluso por sus compañeros como un efecto beneficioso. Muy al contrario han tratado de buscar los argumentos que acabasen con un líder indomable y complicado de derrotar. No han podido con él en las urnas y lo buscaron en los tribunales. Tampoco lo lograron. Aunque a fuerza de ser justos, hay que decir que tratando de beneficiar y lograr cosas para su pueblo siempre que podía bordeaba la legalidad, aunque nunca, y ahí están las sentencias ha cometido irregularidad alguna.
Los que lo conocemos sabemos de su bondad, de la fuerza y la voluntad de hacer el bien para con aquellos que están con él. También conocemos que no es buen adversario. Se faja como pocos, aguanta todo el castigo necesario con una sonrisa y cuando tiene la oportunidad, acaba por fuera de combate con aquel que osó retarlo. Y eso, no me lo discutan, es política.
Ahora lo deja. Se dedicará a tareas más mundanas y con menos contubernios en el Senado. Aún así soy de los que piensan que seguirá en primera línea -no ya en el pueblo que deja a Lourdes Ramos-, pero sí a nivel provincial. Porque, no lo olvidemos, el que nace para figura, aunque se jubile, lo será por siempre con el permiso o no, de los que trabajan con él.