Promoción turística de la provincia

Antonio Lao | 14 de noviembre de 2016 a las 11:13

¿Cuánto vale promocionar la provincia como destino turístico? ¿La inversión que la Junta y la Diputación hacen es barata o es cara? ¿Pagar a David Bisbal 600.000 euros por ser el embajador de esta tierra en el exterior es razonable o, por el contrario, supone un dispendio? ¿El gasto se rentabiliza y tiene retorno en beneficio de la provincia? Estas y algunas otras son las preguntas que todos nos hacemos cuando de invertir el dinero de la Diputación se trata, máxime cuando es el de todos. Luego está, claro, el papel fiscalizador de la oposición , que para eso también les pagan y, cómo no, aquellos que se haga lo que se haga siempre es un error, un “ir p’a na”, una crítica permanente, como si la vida les fuera en ello.
Trataré de ir por partes, aún a riesgo de levantar alguna que otra ampolla y comentarios banales, que siempre respetaré, aunque los olvide nada más doblar la esquina. Hasta ahora la promoción turística siempre se había ligado a las acciones puntuales en ferias o visitas a capitales españolas o europeas, tratando de vender lo que tenemos. Es una buena opción y el gasto, importante. La segunda opción llegó en la misma medida que internet y las redes sociales cobraron protagonismo. Aquí también se invierten cantidades importantes, con resultados, al parecer interesantes, aunque como todo lo relativo a la publicidad, son poco tangibles y, sobre todo, es imposible tocarlos con las manos. Te debes creer, o no, lo que te dicen y hasta la próxima promoción. Desde hace tres años, la Diputación de Almería ha fiado al cantante David Bisbal la marca turística de Almería en el exterior. A Bisbal y a la Diputación se le puede criticar cuanto ustedes quieran, y son libres para hacerlo. Pero no me negarán que el impacto de unir Almería a Bisbal es positivo. Sólo hay que ver el número de descargas del último vídeo, en el que se muestra al exterior el Arrecife de las Sirenas, para conocer hasta qué punto es positivo. Luego, claro está, pueden ustedes poner los peros que quieran, las críticas que consideren oportunas. Todas, a buen seguro, con la mejor intención porque hablamos de Almería y su provincia. Incluso podemos poner el grito en el cielo por el precio que el cantante pone a sus presencias con la Diputación y hasta si los que la dirigen lo usan para promocionarse ellos.
Lo cierto es que como los resultados no son tangibles siempre habrá algún descontento. No es menos real que cualquiera que tenga a Bisbal a su lado y más si es un político, no trate de unir su destino al del cantante. ¿Quién de los que critican no lo haría? Lo más importante, he leído quejas, lamentos, improperios y otras lindezas, pero no he visto a ninguno que sea capaz de poner sobre la mesa un plan de promoción de esta tierra más llamativo y con más impacto del que tiene el autor de Diez Mil Maneras.

Diario, 9 años de periodismo serio, riguroso y cercano

Antonio Lao | 7 de noviembre de 2016 a las 18:19

Cumplimos 9 años. Diario, el más joven de los periódicos del Grupo Joly, avanza imparable gracias a la acogida que la provincia nos ha dado desde que viera la luz el 11 de noviembre de 2007. Salimos a la calle no sólo con vocación de mantenernos, sino de convertirnos en el periódico de referencia de esta tierra. Nueve años después estamos en el camino de cumplir nuestros objetivos. Contamos con la credibilidad que da el trabajo; la confianza que ofrecen los lectores y el compromiso de los que hacemos cada día el periódico, tanto en papel como en internet elalmería.es.

Miren vivimos tiempos complejos en todos los sentidos, en el periodismo más. Hoy, en nuestro sector el debate es cuanto tiempo le queda al papel y hasta que punto internet es el futuro de la información. Nos movemos en unas aguas tan turbulentas como apasionantes. Si quieren mi opinión les diré que soy de los convencidos de la vigencia de la información. Da igual el soporte en el que la ofrezcamos, aunque el papel sigue vivo y lo estará muchos años. No lo duden. Todos queremos saber lo que pasa y para ello se hace necesario un periodismo serio, fuerte, independiente y creíble, un periodismo como el que Diario de Almería ofrece cada día: riguroso y cercano. Lo local, lo que pasa a nuestro lado suscita siempre un inusitado interés y eso nosotros estamos en disposición de darlo cada día. Y además lo completamos con la mejor información de Andalucía, de España y del Mundo.Todos los que hace nueve años nos embarcamos en esta apasionante aventura de poner en marcha una nueva cabecera periodística, que se sumaba a las ocho con las que ya contamos repartidas por la geografía andaluza, les damos las gracias por su acogida, por su paciencia, por su generosidad, por sus críticas y, cómo no, por habernos hecho merecedores de su confianza. Un periódico es, entre otras muchas cosas, una mirada compartida con sus lectores a lo largo de los años.

Diario de Almería es y quiere seguir siendo el eslabón que conecte con las generaciones que se convertirán en el eje que vertebrará esta tierra en los próximos años. Mantenemos intacta la ilusión por llegar a todos los rincones de la provincia y ser el punto de encuentro de la nueva sociedad emergente, que poco a poco se despereza de la crisis. Seguimos siendo innovadores, creativos, despiertos y si me lo permiten, “buscavidas”. Abiertos al mundo, con capacidad de aprender y de exportar. Esta cualidad nos mantiene expectantes, vivos, con una enorme capacidad para entender y comprender lo que viene y, siendo almerienses como somos, capaces, sin duda, de adelantarnos a él. Un nuevo periodismo en el que la información se cuente de otra manera: más cercana, más ágil, más fácil. Una información en la que no sólo se impliquen los que la escriben, sino los que la generan y a los que nos dirigimos. Gracias por confiar en nosotros.

Pocos y mal avenidos

Antonio Lao | 2 de noviembre de 2016 a las 11:54

El  Partido Socialista ha entrado en un bucle tan complejo del que le va a ser muy difícil salir. El espectáculo dado a nivel nacional en los últimos meses ha calado tan profundamente entre los militantes y votantes, que superar este proceso de deterioro y ruptura tendrá tal travesía del desierto que muchos de los que hoy están no llegarán a ver la tierra prometida de la normalidad y la coherencia recuperada.
Tal es el grado de división en el que se mueven que la diatriba se ha trasladado, cual reguero de pólvora, a las agrupaciones locales y provinciales. Lejos de trabajar por la normalidad, unos y otros se afanan en despellejar al contrario, tratando de quedarse con los restos putrefactos de un cadáver, que ni siquiera llegará a los postres.
El no o la abstención a Mariano Rajoy ha sido aprovechado, por ejemplo en la agrupación socialista de la capital, para recuperar las viejas rencillas, las luchas intestinas y la guerra subterránea, siempre subyacente aunque dormida, que espera cualquier exabrupto o comentario para aflorar, como la mala hierba cuando riegas la tierra.
Ver como unos y otros se despedazan, amparados en la salud democrática que es la pluralidad, me provoca tristeza, gran decepción y hasta una sonrisa malévola si quiero verlo en positivo. Con buenas palabras, mejores escritos y el mayor de los cinismo, unos y otros, los que están y los que quieren echarlos para ponerse ellos, han desenterrado el hacha de guerra cuando no toca, en un tema que a ellos les pilla lejos, pero que supone un argumento de peso para abrir una brecha en un mar calmado pese a las tormentas, sereno en el núcleo del ciclón y muy lejos de la verdadera batalla, que se librará en el Congreso Provincial y local, a celebrar en cascada tras el próximo cónclave nacional.
Visto desde la distancia y con la experiencia que me ofrece haber vivido otras guerras similares, de igual calado, observo la brecha que existe entre los militantes de base, todavía pese a tanta decepción ilusionados con un proyecto de izquierdas, frente a los que han llegado y obtenido un cargo en la administración, capaces de vender a su propio padre sin con ello lo conservan. Y es que muchos de ellos no tienen otra forma de vida que no sea la política. Eso sí, si los estudias con detalle, compruebas la inexperiencia, la vida laboral de funcionario que ejercen, la escasa preparación y el adocenamiento permanente hacia las tesis que emanan desde arriba, sin pensar siquiera en lo que están haciendo. Aquí, lamentablemente, lo que está en juego es su supervivencia personal. Lo demás le importa cuarto y mitad o sólo cuarto, vaya usted a saber, muy lejos de ideas, de creencias o de ilusión por cambiar el establishment existente, en favor de una nueva forma de hacer más solidaria, más social y más humana.

Un alcalde reivindicativo

Antonio Lao | 24 de octubre de 2016 a las 12:18

Ramón Fernández Pacheco es uno de los alcaldes más jóvenes de capitales españolas. Quizá por su juventud, es posible que por su osadía, tal vez porque aún no está institucionalizado o simplemente porque entiende la política desde la reivindicación y las propuestas de mejora de su ciudad, lo cierto es que ha caminado sobre el filo de un alambre a lo largo del casi año que lleva como alcalde de la capital.
La última sorpresa, en forma de declaraciones, llegaba hace unos días cuando ponía a disposición de la Mesa del Ferrocarril la logística necesaria y la ayuda pertinente para la manifestación, protesta, reivindicación, queja o como ustedes quieran llamar, al acto que esta asociación o grupo de personas e instituciones tiene previsto realizar en defensa de la mejora de las comunicaciones ferroviarias de Almería con el resto del país, en especial con Madrid.
Sus palabras son un suma y sigue en una política de rebeldía controlada que el primer edil viene practicando desde que llegara al sillón municipal de la Plaza Vieja. Una rebeldía que desde mi punto de vista viene a modificar, de forma sustancial, con todo lo que nos hemos encontrado hasta ahora por la fauna política que ha gobernado la provincia desde la llegada de la Democracia. Hasta ahora nadie, de ningún partido, había osado sumarse al clamor popular en la defensa justa de una causa. Tan sólo hemos encontrado valientes de pacotilla, protestones de medio pelo, altaneros y gritones con el contrario, pero jamás hacia las filas de su partido o las instituciones en las que gobiernan.
Y es aquí donde el joven alcalde de Almería ha puesto una “Pica en Flandes”. Con argumentos sólidos, sin grandes titulares ni frases grandilocuentes, Fernández Pacheco, llegó a la alcaldía y mirando desde el balcón de su despacho en la Plaza de Barcelona la vieja estación de Renfe y su progresivo deterioro, reflexionaba sobre la ingratitud del Gobierno con esta provincia, una ingratitud (palabra propia, no del primer edil) que rayaba en la indecencia por mantener un edificio cerrado, viendo como envejece, sin trabajar en su restauración.
No se ha mordido la lengua con el parón de las obras del AVE, va para cinco años y tampoco con el tiempo de viaje en tren desde Almería a Madrid y a Sevilla, un recorrido cansino, casi molesto, ahuyenta turistas y machaconamente prolongado. Es posible que sólo sean gestos, pero de vital importancia y trascendencia, al trasladar a los ciudadanos una conciencia reivindicativa que aquí se había perdido y que sólo unos pocos mantienen viva con escasos medios, más presiones y, sobre todo, en el intento permanente de distraer la atención para dejar a un lado, el tiempo que se pueda, la necesidad urgente de romper con el tradicional y secular olvido al que nos somete Madrid y Sevilla.

Agua, siempre escasa

Antonio Lao | 17 de octubre de 2016 a las 18:38

Un año lleva sin llover prácticamente nada en la provincia. Un año en el que han saltado todas las alarmas, aunque todavía hay muchos que cuando se habla de sequía miran para otro lado, como si no fuera con ellos. Y es que mientras mane agua del grifo o de la tubería que llega a tu invernadero, parecerá que la cosa no va con nosotros. Un error enorme y de gran trascendencia, pues las reservas subterráneas de esta tierra están bajo mínimos y las que aún quedan tienen serio riesgo de salinización. Diario de Almería ha presentado esta semana en Madrid Agricultura y Alimentación. La tercera edición del anuario agrícola, dedicado al líquido elemento, como argumento definitivo y definidor del presente y futuro que tiene esta tierra. Hablamos mucho, casi nos desgañitamos, de los bajos precios de aquello que cultivamos y parece que la escasez de agua no fuera con nosotros, cuando es vital para producir.
Demasiado poco nos preocupamos de la extracciones excesivas que ún hoy padece el Poniente; no le damos la importancia que merecen a las quejas de los agricultores del Levante. Y para qué decirles de la situación que se vive en las comarcas de Tabernas y Filabres con la plantación masiva de olivos o en la de Los Vélez, donde el cultivo de lechuga se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para la agricultura tradicional de una comarca acostumbrada poco a pasar sed.
Basta sólo con recorrer la provincia para certificar el enorme daño que la sequía está haciendo a esta tierra. El paisaje desértico crece en la misma medida que las precipitaciones no llegan o las extracciones ilegales crecen y desecan fuentes naturales, manantiales milenarios y bosques de encinas y pinos de repoblación que han pasado a ser historia o están a punto de hacerlo. Decía Benjamín Franklin que “cuando el pozo está seco sabemos el valor del agua”. La frase resume lo que esta tierra ha sido capaz de lograr con un líquido elemento escaso, muchas veces caprichoso para encontrarlo y las más, un bien tan preciado, que su valor supera lo conocido. La afirmación es veraz en la medida que nos hemos adaptado a todo y hemos sido capaces de exprimir hasta la extenuación una gota de agua para alcanzar un valor añadido impensable en cualquier otro punto del país.
Pero ello no es obvice para creer que ha llegado el momento de pensar un poco, de meditar otro tanto y de analizar dónde estamos y, hasta qué punto, los recursos que seguimos usando son finitos. La respuesta, bajo mi punto de vista, es que lo son y hay que reinventarse de nuevo, como otras tantas veces lo hemos hecho, para evitar la esquilmación plena de aquello que nos ha permitido desarrollarnos y crecer como pueblo. Soluciones hay. Tratemos de buscarlas conjugando desarrollo, medio ambiente y el futuro de los que vendrán después.

Sabores de Almería

Antonio Lao | 10 de octubre de 2016 a las 18:36

La Diputación Provincial de Almería acaba de poner en marcha la marca “Sabores Almería”. Un proyecto ambicioso, innovador y de futuro que, si se hace bien y se cree en él puede dar destacados beneficios a la provincia y a lo que aquí se produce.
Todos conocemos de la gran selección de productos de primer nivel, para paladares exquisitos, que aquí disponemos. Son muchas las empresas que trabajan, a veces demasiado en silencio y sin las ayudas de promoción necesarias, para sobrevivir y poner en el mercado auténticas joyas culinarias, no siempre conocidas entre el gran público. De ahí la importancia que tiene la apuesta de la Diputación. Han sido capaz de unir a treinta empresas, de muy distintos sectores, aunque con el denominador común de la gastronomía, para unificar criterios y trabajar en la misma línea.
No es baladí la importancia que tiene el posicionamiento en el mercado de una marca. Al contrario. Si se sabe aprovechar, como lo han hecho, por ejemplo, en Castilla y León, el valor de lo autóctono, de lo diferente, de lo exquisito, tiene un futuro por delante esperanzador.
No es la primera vez que la institución provincial trata de apoyar a aquellos creadores que son capaces de poner cuanto tienen por la idea en la que creen. Una prueba lo es cada año en el Salón del Gourmet de Madrid, en Andalucía Sabor en Sevilla o en Barcelona. La apuesta provincial es con aquellos que no tienen el músculo empresarial necesario para comercializar y proyectar sus productos, aunque si tienen un valor y unas posibilidades ilimitadas, si se saben aprovechar.
La tarea, que el martes se materializó en Madrid cuando la idea se visitó de largo, es inmensa. No debe quedar en una mera puesta en escena, en una fotografía para la prensa o en una degustación de productos para que los periodistas especializados sepan de esta tierra, que también.
Ahora llega lo complicado y lo difícil que es mantener en la cima de la pirámide un proyecto que necesita cariño, tanto como se le quiera dar y no será suficiente. Pero con ello se puede lograr un salto en calidad impensable hasta ahora.
La demanda de productos gourmet crece en la misma medida que los paladares de los ciudadanos buscan algo diferente, lo cual no significa más caro. Un ejemplo lo tenemos en el vino que se elabora en la provincia o en la ingente cantidad de pequeñas fábricas de cerveza artesana que se abren paso frente a las multinacionales. Y es ahí donde la Diputación tiene ese papel básico, ese papel aglutinador que no es otro que servir de vehículo de promoción, de ente capaz de aunar los intereses de muchos, a veces poco conciliables, pero con nexos comunes. La nueva marca debe y tiene que ser el embrión de proyectos mayores, de los que esta tierra está necesitada. Una fórmula capaz de mantener el individualismo, pero colectivo.

Asignaturas pendientes o en el olvido

Antonio Lao | 3 de octubre de 2016 a las 18:15

Entramos en una fase en la que las necesidades se dejan morir por inanición, las críticas se dejan pasar y ante las polémicas, se impone la ley del silencio para tratar de acallar el ruido mediático y hasta la próxima. Es tal el impás en el que nos hemos instalado que nada ya parece agitar conciencias, acelerar trabajos o cumplir con las promesas. Hoy ya no cuenta nada. Frases hechas, palabras vacías, promesas vanas y cero sensibilidad para con aquellas necesidades básicas de la provincia. Una pena.
Quince meses llevamos esperando que Fomento, tras adjudicar un tramo del AVE para retomar las obras, decida que es tiempo de remover tierras y poner raíles. Una promesa al calor de las elecciones, en la que sólo los confiados creyeron y que, con el paso del tiempo, se ha visto irreal y falsa. Dos ministros han visitado las vías del tren a la altura de El Puche para anunciar el fin del paso a nivel. Ahí sigue y, lamentablemente, por mucho tiempo.
Años llevan los padres y madres del Conservatorio de Música de Almería demandando mejoras en un centro que se hizo para todo menos para el estudio de un arte tan noble. Dos semanas desde que comenzaron las clases y la Junta todavía no ha dicho “esta boca es mía”. Parece como si tratasen de esperar a que escampe, retornar a la falsa normalidad y hasta la próxima. Una forma cruel de “matar” la huelga de cientos de familias y acabar con la ilusión de más de 400 niños y niñas que tienen en esta enseñanza depositadas ilusiones y esperanzas. Una indignidad que no sepamos realmente si la administración andaluza tiene o no intención de mejorar las instalaciones y cuando. La petición de fechas, de la que tanto se les llena la boca cuando el problema y el incumplimiento está en la acera de enfrente, parece que ahora la olvidan. La estación de Renfe, una joya arquitectónica, lleva durmiendo el sueño de los justos desde la inauguración de la Intermodal. Ante la inminencia de las segundas elecciones se descolgaron anunciando una inversión de ocho mil euros. Un dinero que sirvió para instalar los andamios y poco más. Y ahí sigue, igual que ayer y anteayer, deteriorándose poco a poco, sin que la voz de la protesta haya conseguido conmover a nadie más allá que a los amantes del patrimonio, a esos que de forma despectiva aquellos que nos gobiernan los asemejan alguna que otra vez a las “moscas cojoneras”. Bendito animal, sin con su pesadez y constancia, son capaces de remover conciencias y agitar administraciones.
En el Almanzora la autovía avanza tan despacio que ya casi nadie se acuerda de que hay obras en una vía vital para el desarrollo de una comarca. Eso sí, a la más mínima tenemos una declaraciones de compromiso, en un intento permanente de darnos el caramelo, aunque no llegamos a conocer su sabor.

Centros tecnológicos, un fiasco

Antonio Lao | 26 de septiembre de 2016 a las 9:54

Setenta millones de euros invertidos, la creencia de avanzar pasos de gigante en la excelencia industrial, puestos de trabajo específicos y de calidad y la esperanza de la industria del mármol y de la energía solar y eólica truncada. Son, a groso modo, algunas de las decepciones que deja en la provincia el escándalo destapado por Diario de Almería del cierre de los centros tecnológicos de la piedra y de las energías renovables.
Los dos, llegados y construidos en esta tierra después de años de promesas incumplidas y de planteamientos finitos, vinieron a cubrir una demanda necesaria y cierta, en la creencia de que somos o debemos ser líderes en industria de la piedra natural -contamos con toda una sierra con reservas de mármol para siglos- y pioneros en energía solar y eólica. Sol y viento tenemos todo cuanto se puede desear, por lo que no es una idea descabellada encabezar la investigación y los avances que en ambos campos se pueden hacer en el futuro.
Pero el gozo ha tardado poco en ser sepultado en el pozo de la incompetencia, la mala gestión y el incumplimiento de los compromisos adquiridos. No parece razonable que los trabajadores de ambos centros lleven meses sin percibir sus salarios y que nadie haya hecho nada por remediarlo. No es ético que el silencio se haya impuesto a una realidad evidente, cuando es desde aquí -los empresarios los primeros- a los que se les ha llenado la boca una y mil veces en sus peticiones de centros avanzados de nuevas tecnologías para avanzar en el desarrollo tecnológico de una provincia olvidada desde siempre.
Caminos serpeantes, preñados de baches se han sucedido en este tiempo hasta alcanzar el precipicio en el que nos encontramos ahora. Decenas de millones invertidos, apuestas tecnológicas de primer nivel y un fiasco tan grande como una Catepillar extractora de mármol o una torre solar de la Plataforma.
Pero estamos tan acostumbrados a que nos den de bofetadas, que nadie o prácticamente nadie ha movido un dedo para tratar de modificar el curso de los acontecimientos. Entiendo que los empresarios del mármol sabían de la situación y se han callado; se supone que la patronal Asempal estaba informada y no han dicho esta boca es mía y concluyo que la Cámara de Comercio, esa que otrora fue reivindicativa y mosca cojonera era consciente de la situación. Tampoco han mostrado o se han posicionado en contra del cierre y por la búsqueda de una solución que satisfaga a todos.
Con el finiquito de ambos centros, si finalmente se materializa al entrar en concurso de acreedores, la provincia se empobrece un poco más, nos distanciamos de la excelencia tecnológica y, lo que es peor, damos la imagen de que ocurra lo que ocurra no nos rebelamos. Un mal precedente.

Reuniones de ida y vuelta

Antonio Lao | 20 de septiembre de 2016 a las 13:03

Un nuevo curso político comienza con el desencanto de aquellos que ya lo tienen suspendido antes de empezar. Es el caso de los políticos que nos gobiernan, aquellos a los que pagamos con religiosidad cada mes, y que siguen enfrascados en sus cuitas personales y alejados de la realidad que los rodea, de los problemas rutinarios y del verdadero ser que es el devenir cotidiano.
Ellos a lo suyo, sin importarles un carajo los problemas del país, las necesidades más básicas y, ni mucho menos, la solución a lo que acontece cada día. Triste.
En este guiñol o teatrillo, en esta película de ficción, se debaten en un permanente intento de parecer que hacen algo, cuando en realidad nada se mueve de su lugar. Bueno, sí hay recorrido, pero propiciado por el trabajo y el esfuerzo del colectivo y nunca propiciado por lo que ellos, -insisto, aquellos a los que pagamos religiosamente cada mes- traten de hacer.
En las últimas semanas se han producido dos ejemplos que claman al cielo y rompen con lo que podemos entender por sentido común. El primero, una pequeña minucia, lo protagonizó el subdelegado del Gobierno en Almería en Gádor. Conocen ustedes que hasta tres pasos a nivel parten el pueblo y que ha sido intención de todos los alcaldes que ha tenido el municipio y de la actual, Lourdes Ramos, de tratar de acabar con ellos. Ora porque no era el momento, ora porque la inversión era excesiva, ora porque no les da la gana, lo cierto es que siguen ahí, seguramente por mucho tiempo, y habrá que esperar por secuela seculorum a que el Estado afronte su eliminación. Pues hete aquí que nuestro subdelegado visita a la nueva alcaldesa, cosa lógica, hablan de los problemas del pueblo, cosa lógica, y no se le ocurre otra cosa que fotografiarse en medio de las vías y expresar su compromiso con la supresión de los pasos. Faltaría más. Otra cosa es la imprudencia, no se le puede llamar de otra manera, de irse a las vías cuando es consciente, todos lo somos, de que hoy por hoy acabar con ellos es poco menos que una utopía.
El segundo ejemplo lo protagoniza el PP de Almería, que se reúne en Madrid con Fomento para apoyar el AVE con Granada, paralizado, por el propio Ministerio y su incapacidad. De paso vuelven a apostar por el de Almería, igualmente durmiendo el sueño de los justos y sin esperanzas ningunas de retomar las obras. Pero eso no importa. Aquí parece que lo que realmente triunfa es salir en la foto, tratar de engañar a la ciudadanía o, cuanto menos distraerla o entretenerla y lo verdaderamente importante, las obras, ya se harán cuando toque.
Pura indecencia. Una gran tomadura de pelo para los que aquí habitamos que vemos como los años pasan y lo prometido sigue ahí, en una promesa de difícil cumplimiento. Y luego, no se lo pierdan, pretenden que les votemos.

Instalados en la mediocridad

Antonio Lao | 12 de septiembre de 2016 a las 11:50

Mientras se apagan las brasas de la fallida investidura de Mariano Rajoy y se amontona la leña para la próxima, unas nuevas elecciones se otean en el horizonte de un país cuyos políticos han perdido el norte, alejados de la ciudadanía y sólo preocupados de sus cuitas particulares y asuntos personales, me debato en torno a la mediocridad que se ha instalado en aquellos que dicen dirigir nuestro destino, la intransigencia generalizada, el egoísmo hecho carne y la ausencia absoluta de concepto de país e interés general que nos movió, por ejemplo, en la Transición democrática. Nada, ni tan siquiera la posibilidad de recaer en la crisis, retornar a tiempos pretéritos y acercarnos a lo más parecido a una república bananera permite a quienes hemos elegido avanzar un paso en la senda de la honestidad, la coherencia, el sentido de estado y la apuesta por el bien común.
Pero no crean que es este un pecado de los Rajoy, Rivera, Sánchez o Iglesias. Al contrario. Con sólo bajar unos escalones o peldaños en la pirámide del poder, nos encontramos con casos similares, igual o más sangrantes, en los que los protagonistas sólo tienen una preocupación: salvar su culo y lo demás me importa un pimiento. ¡Qué mediocridad tan alarmante! ¡Qué falta de sentido de estado, comunidad, provincia o ciudad!
Con ser el problema del Gobierno del país el más importante y el que nos ocupa y preocupa desde hace ya nueve meses, la falta de un ejecutivo comienza a sentirse, y de qué forma, en el resto de las administraciones. La obra publica se ha paralizado. Los proyectos que nos movían al albur de los presupuestos siguen durmiendo en los cajones de la administración y la parálisis general nos atenaza, en la misma medida que nos agarramos del asiento de un avión en medio de fuertes turbulencias.
Un ejemplo local para ilustrar la mediocridad de la que les hablaba al principio. Conocen ustedes, si nos siguen con asiduidad, que la empresa que suministra agua al Levante y al Almanzora, más de veinte pueblos en total, amenaza con quebrar y trasladar su abultada deuda a los municipios. Un año llevan los dos grandes partidos de la Diputación buscando una salida razonable al desaguisado al que todos han contribuido. Pues tras este tiempo, ¡pásmense! no se ha avanzado un sólo metro. Cada uno se mantiene en su trinchera, a la espera de no se yo que milagro, mientras el tiempo pasa y el abismo en forma de gran deuda se acerca.
Creen los unos y los otros, los otros y los unos, que el rédito político del fracaso llegará en forma de maná de votos para las arcas de sus partido. Como ven, una vez más miran casa uno su culo, sin pensar en el bien común, en el de la colectividad, en el de aquellos que cada cuatro años los votamos, para que defiendan y gestionen con honestidad. Pero nunca lo hacen.