Abiertos al mar

Antonio Lao | 19 de diciembre de 2016 a las 11:59

Siempre permanecerá en mi retina la primera vez que recorrí el frente litoral de la ciudad. No tendría más allá de seis años cuando aquel paseo por el Zapillo. Ya entonces me sorprendió la capacidad del hombre para fastidiar algo tan hermoso como la grandeza de una costa abierta. Aquí, a finales de los setenta, el desarrollismo turístico abigarrado y mirando a las alturas, emulando los primeros edificios de Benidorm, pero en cutre, ya se habían cargado parte de la fachada litoral de la ciudad. Una pena.
El lunes se dio un paso importante para recuperar al menos el kilómetro que va desde el Cable Francés hasta la rotonda de Pescadería con la firma del convenio Puerto-Ciudad. Un proyecto, todavía en pañales, que permitirá, con la colaboración de las administraciones y la iniciativa privada, abrir Almería al mar. Una idea aplicada con éxito en ciudades como Málaga y Alicante, que ha cambiado la fisonomía y la faz de ambas capitales y que ahora espera tener el mismo recorrido en Almería.
No va a ser fácil. Quien piense que tras la firma está todo hecho se equivoca. Al contrario, por delante queda tan largo trecho que muchos se quedarán en el camino y otros “morirán” en el intento de cruzar el Rubicón de poner en valor unos terrenos hermosos, que deben cambiar la imagen que hoy tenemos de la capital y devolver a los que aquí habitamos el amor por el azul del océano, a la vez que se crean miles de puestos de trabajo y se cambia la imagen de un puerto, hasta ahora industrial y de pasajeros, a otro en el que también quepan las zonas de ocio, restauración y el turismo de calidad, que esta ciudad lleva tantos años ansiando. El exalcalde de la ciudad, Luis Rogelio Rodríguez, decía tras la firma que el paso dado era inmenso, pero que en realidad sólo se trataba de un compromiso al que se ha llegado tras seis años de negociaciones. Ahora es cuando se inicia la verdadera oportunidad. Ahora es el momento en el que la iniciativa privada debe ver las posibilidades de los terrenos, los arquitectos y paisajistas poner a la vista sus ideas y las administraciones ser capaces de resolver las múltiples trabas con las que nos vamos a encontrar. No hay que tener prisa. El proyecto hay que vestirlo con las mejores galas, sin errores de los que luego podamos arrepentirnos. El caramelo es tan apetitoso que a poco que nos descuidemos será posible encontrarnos con efectos indeseados y hasta perniciosos. Abrir el puerto al mar supone cambiar de hábitos, recuperar un espacio para la ciudad que ahora una valla nos tiene vetado, aunque sin dejar de lado que este espacio genera dos mil puestos de trabajo y, a poco que lo pongamos en valor en la parte oeste de la ciudad, seguirá siendo la principal vía de entrada de pasajeros y mercancías con África. Aprovechemos lo que se nos ofrece. Ambas opciones son compatibles y la ciudad, la única beneficiada.

La Feria recupera un día

Antonio Lao | 12 de diciembre de 2016 a las 13:41

LA Feria de Almería recupera un día. La que es por antonomasia la gran fiesta de esta tierra, la que nos vende como pueblo al exterior y atrae a miles de turistas en agosto, camina en los últimos años en un mar de dudas, del que nadie parece o quiere sacarla.
El alcalde de la ciudad, Ramón Fernández Pacheco anunciaba, cuando cumple un año de mandato, que casi volvemos a los orígenes: el alumbrado regresa al viernes, día que nunca debió perderse, porque no tiene sentido desperdiciar medio fin de semana, jornada de salida por excelencia, y luego vegetar en los días valle como son el lunes o el martes de Feria y, si me apuran, hasta el miércoles.
He escrito en alguna ocasión y lo mantengo que jamás debimos perder ni una sola de las señas de identidad de nuestra Feria y Fiestas en honor a la Virgen del Mar. Aquellos que impulsaron cambios sin sentido, absurdos y atendiendo a la crisis como argumento fácil, se equivocaron de principio a fin. La fiesta, desde entonces, se ha movido a bandazos, en despropósitos y escasos aciertos, en la misma medida que se perdían las casetas nocturnas y se agrupaban con no se yo que argumentos de ruido, cuando la noche festiva son decibelios, desorden ordenado, cambios de ánimo y, sobre todo, ambiente.
Cuando la edición de este año terminaba, y ante el fiasco que fue, desde el Ayuntamiento se apresuraron, con buen criterio, a anunciar una comisión que fuera capaz de hilvanar lo que sería una Feria remozada, adaptada a los nuevos tiempos y manteniendo, como no puede ser de otra manera, cada uno de los aspectos que la hacen diferente a cuantas se desarrollan por la amplia geografía nacional.
He de reconocer que me las prometía felices. Llegué a pensar que, por una vez, las cosas se harían con tiempo, lo que significaba criterio, seriedad y posibilidad de sumar y restar hasta lograr la “cuadratura del círculo”. Está visto que me equivocaba. Ha pasado casi medio año y estamos como la principio, aunque he de valorar que el anuncio del alcalde abre una espita de esperanza. Entiendo o quiero entender que hasta la primavera hay tiempo suficiente y más que razonable para planificar. Es evidente que los cambios han de madurarse primero, para luego ser aceptados sin grandes sobresaltos. Parece claro que el regreso al pasado en las formas, con un halo de modernidad, pueden ser el sendero por el que caminar en el futuro.
Los nuevos tiempos demandan soluciones rápidas, inteligentes y adaptadas a los gustos que los ciudadanos exigen. Lo contrario nos llevará, lamentablemente, a un lento pero paulatino declive que nadie quiere, ni pretende. No hay nada peor que ver como una llama se extingue, tener maderos para avivarla, y por la inercia negativa, la ineptitud manifiesta o la falta de deseo, se apague para siempre y Ella, de la Feria, que es de quien hablamos, pase a ser un recuerdo.

El AVE, el ministro y Sacyr

Antonio Lao | 5 de diciembre de 2016 a las 11:58

Todavía estamos esperando una explicación coherente, real y con cifras, de los motivos que han llevado a la empresa Sacyr a hacer “las de Villadiego” al Ministerio de Fomento y salir por patas del tramo que tenía adjudicado entre Cuevas y Pulpí, del AVE que alguna vez, esperemos, unirá Almería con Murcia.
Cinco años sin obras en la provincia y más de uno desde que se adjudicarán los 12 kilómetros más famosos de la historia de los contratos de la provincia, la empresa comunica al Gobierno su intención de no iniciar los trabajos, aduciendo una serie de problemas que “ellos no han buscado”, entre los que está el traslado de la tortuga mora. La reacción del Gobierno y del PP, al principio, fue negar la mayor. Una situación a la que ya estamos acostumbrados, por lo que no nos resulta, ni mucho menos, novedosa, descabellada o extraña. Ahuecar el ala se ha convertido, en la última legislatura, en el deporte favorito de aquellos que no son capaces de decir a los ciudadanos realmente cual es la situación. Con lo fácil que es dar la cara, aunque te la partan, y contar las cosas como son, sin más, aunque exista riesgo de sentirse cohibidos, abucheados y encerrados en la burbuja en la que viven. Pues no. Otra vez nos encontramos con altas dosis de cobardía, miedo escénico y pánico al qué dirán, para tratar de llegar a una meta, que no es otra que una nueva decepción hacia aquellos que nos gobiernan que, una vez más, no cumplen con los compromisos que ellos mismos han adquirido con los ciudadanos de esta provincia. Así las cosas nos encontramos de nuevo en el inicio de la partida, con lo que ello supone de acumular retrasos que, todos lo sabemos, es lo que realmente viene bien en los tiempos que corren porque dinero, lo que se dice dinero para acometer los trabajos, hay poco. Y luego está la baja temeraria con la que Sacyr se quedó con la obra. Ambas partes, empresa y ministerio, eran conscientes de que no podía hacer por esas cifras.

En el otro lado, sin duda, está el hecho cierto de poder ir a un modificado y ampliación de los fondos. Ha sido, es y será el hábitat cotidiano al que nos enfrentamos cuando de obra pública hablamos. Y mientras unos y otros se tiran los trastos a la cabeza, se reprochan los incumplimientos y se cruzan amenazas veladas, el AVE entre Almería y Murcia acumula cinco años de obras paradas, miles de declaraciones huecas y un sentimiento acrecentado de los que aquí habitamos de síndrome de esquina y de abandono. Claro que siempre está la visita del ministro, como ya lo hizo en tres ocasiones Ana Pastor, para templar gaitas, serenar ánimos y ganar tiempo en una batalla que, hoy por hoy y pese a la presión de los que aquí habitamos, la tenemos perdida de antemano. Un pesimismo forzado, que languidece en la misma medida que nos mienten una y otra vez aquellos en los que hemos confiado nuestros votos.

Fugas de agua o pistas de padel

Antonio Lao | 28 de noviembre de 2016 a las 14:00

El día uno de diciembre, si Partido Popular y Partido Socialista no se ponen de acuerdo, la empresa GALASA (Gestión de Aguas del Levante de Almería) quebrará y con ella el sueño que un día tuvo la Diputación que encabezó Tomás Azorín, de resolver los problemas de una comarca con sequía endémica, escasez permanente y peor calidad del líquido elemento.

El empecinamiento de unos y de otros, no sabría decir quien puso más para inclinar la balanza, puede dar al traste con un proyecto coherente, razonable y viable, que ha sido capaz de hacer comarca, unir pueblos y romper con el mito de la división y el individualismo, para dar paso al equipo, al trabajo común y al objetivo único.
Tan coherentes parecen las propuestas del equipo de gobierno como las de la oposición. Entonces, ¿qué los está abocando al fracaso?. Sin duda, la cabezonería, la incongruencia, el sacar tajada política, no pensar en el colectivo, sino en el individuo y, lo que es más grave, creer que con ello se asesta un golpe mortal al contrario, del que nunca será capaz de reponerse. ¡Cuánta ironía! ¡Qué profundo ahogamiento en el absurdo! ¡Qué corto de mira se llega a ser cuando te ciega la incoherencia y las anteojeras te impiden ver más allá de dos pasos frente a tus narices y no la realidad en su plenitud! Si el milagro no se produce, más de cien personas pueden ir a la calle y, lo que es peor, la deuda que arrastra la empresa, -insisto una excelente iniciativa como mal gestionada ha sido desde su creación-, tendrá que ser asumida por los ayuntamientos, a los que acogotará durante décadas y de la que van a tener muy difícil desprenderse. Con ser esto grave, lo es más que no tengan asegurado el suministro de agua potable, o al menos de calidad, para una zona en la que la población se multiplica en verano y en la que la pluviometría brilla por su ausencia en los últimos lustros.
Luego está la escasa credibilidad de unos y otros cuando hablan de pérdidas en la red. El 45% del agua desaparece en las tuberías que van desde los depósitos municipales a cada una de las viviendas de los pueblos integrados en Galasa.

¿Quién debe asumir su arreglo, para reducir en la medida de lo posible el precio del agua? Parece indudable que son los propios ayuntamientos los que, a través de ayudas de la Diputación y planes provinciales, sean los que asuman la mejora. Sin embargo, y como me comentaba un diputado hace unos días, al que no le faltaba un ápice de razón, “levantar calles y cambiar tuberías no da votos. Es dinero que se entierra y no se ve”. Viste más y parece que por ahí han caminado y caminan muchos de los pueblos, la ejecución de una pista de padel en pueblos en los que no hay niños, un edificio polivalente para que esté cerrado o se abra dos veces al año o una piscina que no se va a poder llenar por falta de agua. Un auténtico dislate.

La ruta de las pinturas rupestres

Antonio Lao | 21 de noviembre de 2016 a las 14:20

Poner en valor lo que tenemos es la base sobre la que debe asentarse el devenir de esta tierra. Un pueblo que olvida su pasado es complicado que tenga futuro. La crisis, de la que todavía padecemos sus últimos coletazos, ha llevado a las administraciones a priorizar inversiones y entre ellas, lamentablemente, no ha estado recuperar patrimonio o poner en valor aquello que la historia nos ha legado.
Diario de Almería en las últimas semanas ha publicado sendos reportajes sobre las pinturas rupestres aparecidas en Gérgal y sobre restos fosilizados de huesos de oso en una cueva de La Alpujarra. En ninguno de los dos casos la administración ha hecho nada, ni tampoco se espera, por poner en valor unos yacimientos que, si se supieran valorar, seguro que significaban, al menos, un atractivo más para esta provincia.
El caso de las pinturas rupestres es casi sangrante. Al abrigo de un saliente en la montaña, hoy son el refugio de ciervos y cabras montesas y antaño, por los restos de humo que se pueden observar, el resguardo de pastores cuando la tormenta acechaba o el frío hacía mella. Entiendo que es complicado y costoso vallar, catalogar, señalizar y, sobre todo, cuidar aquello que nuestros antepasados nos legaron. Pero, del mismo modo, creo que no se debe ni se puede desperdiciar la oportunidad de que los que hoy cogemos el testigo tengamos la oportunidad de disfrutarlos.
Si sabemos hacerlo puede ser un notable atractivo para turistas y un revulsivo económico para una comarca tan deprimida como la del Nacimiento. La propuesta o idea que lanzó es la de diseñar una ruta de las pinturas rupestres, pues no son sólo éstas las que se pueden observar, sino que hay datadas y recogidas otras en Las Tres Villas o Nacimiento o Los Vélez.
En los tiempos que vivimos, en los que lo diferente es en realidad lo que nos da valor como pueblo y nos sitúa en la vanguardia como zona turística, parece razonable que la administración entienda la aparición de las pinturas como una oportunidad y no como un problema por riesgo de expolio. Si el dinero es un handicap, siempre es posible el pago de una pequeña entrada o la explotación por una empresa privada, en la que se incluya degustación de productos típicos, rutas de senderismo rupestre y comidas en restaurantes y bares de la zona.
Un complemento perfecto para una comarca con posibilidades, en la que las pinturas pueden ser un impulso económico sin precedentes. Un complemento perfecto para una tierra diferente, atractiva y dinámica, que sólo necesita de un pequeño empujón para caminar en la senda del aprovechamiento de recursos, siempre respetando nuestro legado y manteniendo intacto un paisaje tosco, árido y hasta doloroso a veces a la vista, pero hermoso como pocos.

Promoción turística de la provincia

Antonio Lao | 14 de noviembre de 2016 a las 11:13

¿Cuánto vale promocionar la provincia como destino turístico? ¿La inversión que la Junta y la Diputación hacen es barata o es cara? ¿Pagar a David Bisbal 600.000 euros por ser el embajador de esta tierra en el exterior es razonable o, por el contrario, supone un dispendio? ¿El gasto se rentabiliza y tiene retorno en beneficio de la provincia? Estas y algunas otras son las preguntas que todos nos hacemos cuando de invertir el dinero de la Diputación se trata, máxime cuando es el de todos. Luego está, claro, el papel fiscalizador de la oposición , que para eso también les pagan y, cómo no, aquellos que se haga lo que se haga siempre es un error, un “ir p’a na”, una crítica permanente, como si la vida les fuera en ello.
Trataré de ir por partes, aún a riesgo de levantar alguna que otra ampolla y comentarios banales, que siempre respetaré, aunque los olvide nada más doblar la esquina. Hasta ahora la promoción turística siempre se había ligado a las acciones puntuales en ferias o visitas a capitales españolas o europeas, tratando de vender lo que tenemos. Es una buena opción y el gasto, importante. La segunda opción llegó en la misma medida que internet y las redes sociales cobraron protagonismo. Aquí también se invierten cantidades importantes, con resultados, al parecer interesantes, aunque como todo lo relativo a la publicidad, son poco tangibles y, sobre todo, es imposible tocarlos con las manos. Te debes creer, o no, lo que te dicen y hasta la próxima promoción. Desde hace tres años, la Diputación de Almería ha fiado al cantante David Bisbal la marca turística de Almería en el exterior. A Bisbal y a la Diputación se le puede criticar cuanto ustedes quieran, y son libres para hacerlo. Pero no me negarán que el impacto de unir Almería a Bisbal es positivo. Sólo hay que ver el número de descargas del último vídeo, en el que se muestra al exterior el Arrecife de las Sirenas, para conocer hasta qué punto es positivo. Luego, claro está, pueden ustedes poner los peros que quieran, las críticas que consideren oportunas. Todas, a buen seguro, con la mejor intención porque hablamos de Almería y su provincia. Incluso podemos poner el grito en el cielo por el precio que el cantante pone a sus presencias con la Diputación y hasta si los que la dirigen lo usan para promocionarse ellos.
Lo cierto es que como los resultados no son tangibles siempre habrá algún descontento. No es menos real que cualquiera que tenga a Bisbal a su lado y más si es un político, no trate de unir su destino al del cantante. ¿Quién de los que critican no lo haría? Lo más importante, he leído quejas, lamentos, improperios y otras lindezas, pero no he visto a ninguno que sea capaz de poner sobre la mesa un plan de promoción de esta tierra más llamativo y con más impacto del que tiene el autor de Diez Mil Maneras.

Diario, 9 años de periodismo serio, riguroso y cercano

Antonio Lao | 7 de noviembre de 2016 a las 18:19

Cumplimos 9 años. Diario, el más joven de los periódicos del Grupo Joly, avanza imparable gracias a la acogida que la provincia nos ha dado desde que viera la luz el 11 de noviembre de 2007. Salimos a la calle no sólo con vocación de mantenernos, sino de convertirnos en el periódico de referencia de esta tierra. Nueve años después estamos en el camino de cumplir nuestros objetivos. Contamos con la credibilidad que da el trabajo; la confianza que ofrecen los lectores y el compromiso de los que hacemos cada día el periódico, tanto en papel como en internet elalmería.es.

Miren vivimos tiempos complejos en todos los sentidos, en el periodismo más. Hoy, en nuestro sector el debate es cuanto tiempo le queda al papel y hasta que punto internet es el futuro de la información. Nos movemos en unas aguas tan turbulentas como apasionantes. Si quieren mi opinión les diré que soy de los convencidos de la vigencia de la información. Da igual el soporte en el que la ofrezcamos, aunque el papel sigue vivo y lo estará muchos años. No lo duden. Todos queremos saber lo que pasa y para ello se hace necesario un periodismo serio, fuerte, independiente y creíble, un periodismo como el que Diario de Almería ofrece cada día: riguroso y cercano. Lo local, lo que pasa a nuestro lado suscita siempre un inusitado interés y eso nosotros estamos en disposición de darlo cada día. Y además lo completamos con la mejor información de Andalucía, de España y del Mundo.Todos los que hace nueve años nos embarcamos en esta apasionante aventura de poner en marcha una nueva cabecera periodística, que se sumaba a las ocho con las que ya contamos repartidas por la geografía andaluza, les damos las gracias por su acogida, por su paciencia, por su generosidad, por sus críticas y, cómo no, por habernos hecho merecedores de su confianza. Un periódico es, entre otras muchas cosas, una mirada compartida con sus lectores a lo largo de los años.

Diario de Almería es y quiere seguir siendo el eslabón que conecte con las generaciones que se convertirán en el eje que vertebrará esta tierra en los próximos años. Mantenemos intacta la ilusión por llegar a todos los rincones de la provincia y ser el punto de encuentro de la nueva sociedad emergente, que poco a poco se despereza de la crisis. Seguimos siendo innovadores, creativos, despiertos y si me lo permiten, “buscavidas”. Abiertos al mundo, con capacidad de aprender y de exportar. Esta cualidad nos mantiene expectantes, vivos, con una enorme capacidad para entender y comprender lo que viene y, siendo almerienses como somos, capaces, sin duda, de adelantarnos a él. Un nuevo periodismo en el que la información se cuente de otra manera: más cercana, más ágil, más fácil. Una información en la que no sólo se impliquen los que la escriben, sino los que la generan y a los que nos dirigimos. Gracias por confiar en nosotros.

Pocos y mal avenidos

Antonio Lao | 2 de noviembre de 2016 a las 11:54

El  Partido Socialista ha entrado en un bucle tan complejo del que le va a ser muy difícil salir. El espectáculo dado a nivel nacional en los últimos meses ha calado tan profundamente entre los militantes y votantes, que superar este proceso de deterioro y ruptura tendrá tal travesía del desierto que muchos de los que hoy están no llegarán a ver la tierra prometida de la normalidad y la coherencia recuperada.
Tal es el grado de división en el que se mueven que la diatriba se ha trasladado, cual reguero de pólvora, a las agrupaciones locales y provinciales. Lejos de trabajar por la normalidad, unos y otros se afanan en despellejar al contrario, tratando de quedarse con los restos putrefactos de un cadáver, que ni siquiera llegará a los postres.
El no o la abstención a Mariano Rajoy ha sido aprovechado, por ejemplo en la agrupación socialista de la capital, para recuperar las viejas rencillas, las luchas intestinas y la guerra subterránea, siempre subyacente aunque dormida, que espera cualquier exabrupto o comentario para aflorar, como la mala hierba cuando riegas la tierra.
Ver como unos y otros se despedazan, amparados en la salud democrática que es la pluralidad, me provoca tristeza, gran decepción y hasta una sonrisa malévola si quiero verlo en positivo. Con buenas palabras, mejores escritos y el mayor de los cinismo, unos y otros, los que están y los que quieren echarlos para ponerse ellos, han desenterrado el hacha de guerra cuando no toca, en un tema que a ellos les pilla lejos, pero que supone un argumento de peso para abrir una brecha en un mar calmado pese a las tormentas, sereno en el núcleo del ciclón y muy lejos de la verdadera batalla, que se librará en el Congreso Provincial y local, a celebrar en cascada tras el próximo cónclave nacional.
Visto desde la distancia y con la experiencia que me ofrece haber vivido otras guerras similares, de igual calado, observo la brecha que existe entre los militantes de base, todavía pese a tanta decepción ilusionados con un proyecto de izquierdas, frente a los que han llegado y obtenido un cargo en la administración, capaces de vender a su propio padre sin con ello lo conservan. Y es que muchos de ellos no tienen otra forma de vida que no sea la política. Eso sí, si los estudias con detalle, compruebas la inexperiencia, la vida laboral de funcionario que ejercen, la escasa preparación y el adocenamiento permanente hacia las tesis que emanan desde arriba, sin pensar siquiera en lo que están haciendo. Aquí, lamentablemente, lo que está en juego es su supervivencia personal. Lo demás le importa cuarto y mitad o sólo cuarto, vaya usted a saber, muy lejos de ideas, de creencias o de ilusión por cambiar el establishment existente, en favor de una nueva forma de hacer más solidaria, más social y más humana.

Un alcalde reivindicativo

Antonio Lao | 24 de octubre de 2016 a las 12:18

Ramón Fernández Pacheco es uno de los alcaldes más jóvenes de capitales españolas. Quizá por su juventud, es posible que por su osadía, tal vez porque aún no está institucionalizado o simplemente porque entiende la política desde la reivindicación y las propuestas de mejora de su ciudad, lo cierto es que ha caminado sobre el filo de un alambre a lo largo del casi año que lleva como alcalde de la capital.
La última sorpresa, en forma de declaraciones, llegaba hace unos días cuando ponía a disposición de la Mesa del Ferrocarril la logística necesaria y la ayuda pertinente para la manifestación, protesta, reivindicación, queja o como ustedes quieran llamar, al acto que esta asociación o grupo de personas e instituciones tiene previsto realizar en defensa de la mejora de las comunicaciones ferroviarias de Almería con el resto del país, en especial con Madrid.
Sus palabras son un suma y sigue en una política de rebeldía controlada que el primer edil viene practicando desde que llegara al sillón municipal de la Plaza Vieja. Una rebeldía que desde mi punto de vista viene a modificar, de forma sustancial, con todo lo que nos hemos encontrado hasta ahora por la fauna política que ha gobernado la provincia desde la llegada de la Democracia. Hasta ahora nadie, de ningún partido, había osado sumarse al clamor popular en la defensa justa de una causa. Tan sólo hemos encontrado valientes de pacotilla, protestones de medio pelo, altaneros y gritones con el contrario, pero jamás hacia las filas de su partido o las instituciones en las que gobiernan.
Y es aquí donde el joven alcalde de Almería ha puesto una “Pica en Flandes”. Con argumentos sólidos, sin grandes titulares ni frases grandilocuentes, Fernández Pacheco, llegó a la alcaldía y mirando desde el balcón de su despacho en la Plaza de Barcelona la vieja estación de Renfe y su progresivo deterioro, reflexionaba sobre la ingratitud del Gobierno con esta provincia, una ingratitud (palabra propia, no del primer edil) que rayaba en la indecencia por mantener un edificio cerrado, viendo como envejece, sin trabajar en su restauración.
No se ha mordido la lengua con el parón de las obras del AVE, va para cinco años y tampoco con el tiempo de viaje en tren desde Almería a Madrid y a Sevilla, un recorrido cansino, casi molesto, ahuyenta turistas y machaconamente prolongado. Es posible que sólo sean gestos, pero de vital importancia y trascendencia, al trasladar a los ciudadanos una conciencia reivindicativa que aquí se había perdido y que sólo unos pocos mantienen viva con escasos medios, más presiones y, sobre todo, en el intento permanente de distraer la atención para dejar a un lado, el tiempo que se pueda, la necesidad urgente de romper con el tradicional y secular olvido al que nos somete Madrid y Sevilla.

Agua, siempre escasa

Antonio Lao | 17 de octubre de 2016 a las 18:38

Un año lleva sin llover prácticamente nada en la provincia. Un año en el que han saltado todas las alarmas, aunque todavía hay muchos que cuando se habla de sequía miran para otro lado, como si no fuera con ellos. Y es que mientras mane agua del grifo o de la tubería que llega a tu invernadero, parecerá que la cosa no va con nosotros. Un error enorme y de gran trascendencia, pues las reservas subterráneas de esta tierra están bajo mínimos y las que aún quedan tienen serio riesgo de salinización. Diario de Almería ha presentado esta semana en Madrid Agricultura y Alimentación. La tercera edición del anuario agrícola, dedicado al líquido elemento, como argumento definitivo y definidor del presente y futuro que tiene esta tierra. Hablamos mucho, casi nos desgañitamos, de los bajos precios de aquello que cultivamos y parece que la escasez de agua no fuera con nosotros, cuando es vital para producir.
Demasiado poco nos preocupamos de la extracciones excesivas que ún hoy padece el Poniente; no le damos la importancia que merecen a las quejas de los agricultores del Levante. Y para qué decirles de la situación que se vive en las comarcas de Tabernas y Filabres con la plantación masiva de olivos o en la de Los Vélez, donde el cultivo de lechuga se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza para la agricultura tradicional de una comarca acostumbrada poco a pasar sed.
Basta sólo con recorrer la provincia para certificar el enorme daño que la sequía está haciendo a esta tierra. El paisaje desértico crece en la misma medida que las precipitaciones no llegan o las extracciones ilegales crecen y desecan fuentes naturales, manantiales milenarios y bosques de encinas y pinos de repoblación que han pasado a ser historia o están a punto de hacerlo. Decía Benjamín Franklin que “cuando el pozo está seco sabemos el valor del agua”. La frase resume lo que esta tierra ha sido capaz de lograr con un líquido elemento escaso, muchas veces caprichoso para encontrarlo y las más, un bien tan preciado, que su valor supera lo conocido. La afirmación es veraz en la medida que nos hemos adaptado a todo y hemos sido capaces de exprimir hasta la extenuación una gota de agua para alcanzar un valor añadido impensable en cualquier otro punto del país.
Pero ello no es obvice para creer que ha llegado el momento de pensar un poco, de meditar otro tanto y de analizar dónde estamos y, hasta qué punto, los recursos que seguimos usando son finitos. La respuesta, bajo mi punto de vista, es que lo son y hay que reinventarse de nuevo, como otras tantas veces lo hemos hecho, para evitar la esquilmación plena de aquello que nos ha permitido desarrollarnos y crecer como pueblo. Soluciones hay. Tratemos de buscarlas conjugando desarrollo, medio ambiente y el futuro de los que vendrán después.