El perfil: Alfredo Valdivia, siempre a pie de obra

Antonio Lao | 16 de mayo de 2011 a las 10:53

Alfredo Valdivia repite como candidato del PSOE a la alcaldía de Fiñana. Enrocado en un cargo que estuvo a punto de dejar a mitad de legislatura, para dar el salto a la política provincial o regional, se mantiene en una plaza que domina a la perfección y en la que no espera sorpresas de última hora.

Valdivia se ha hecho a si mismo en política. Curtido en mil batallas municipales, está siempre a pie de obra. Es el alcalde para todo. Lo mismo ejerce de cocinero en unas jornadas gastronómicas, que hace de jurado en un concurso de vinos o pincha discos en una fiesta de los ochenta, en la que recupera los viejos vinilos de la discoteca Escorpio o Bombín Club.

Pelea para su pueblo cada proyecto que se deja caer por la zona. Ese afán localista lo aleja de un concepto de comarca en el que debe creer y luchar y del que ahora está ausente. Es sólo un pero a una gestión que ha sido positiva y que lo mantendrá, salvo sorpresas, al frente de la alcaldía de uno de los pueblos más hermosos de la provincia, en la falda de Sierra Nevada.

No ha tenido suerte en el Partido Socialista. La fuerza de los votos llevaron a los dirigentes provinciales a prometerle dar el salto a la política provincial. Un camino que no ha llegado a recorrer, no porque no esté preparado, sino por el miedo de algunos a verse superados. A pesar de ello mantiene fidelidad eclesiástica a las siglas.

En su casa ha tenido algún que otro problema solventado con cirugía precisa en las listas, eliminando cualquier atisbo de gangrena, que pudiera instalar en el rebaño que pastorea más pus de la necesaria.

Ha mantenido en las últimas legislaturas la mayoría absoluta que heredó de Juan Martínez Molina y la aumentó. De ahí que se haya sentido legitimado a actuar con bisturí cuando lo ha creído necesario y con torniquetes reparadores en los momentos de mayor hemorragia. Una política de palo y zanahoria precisa y que sigue dando sus frutos. Nada que objetar.

Campaña a medio gas

Antonio Lao | 16 de mayo de 2011 a las 10:52

CUANDO falta una semana para la cita con las urnas, la sensación en la calle es de pasotismo. Una especie de desánimo se ha instalado en los ciudadanos, más preocupados por como van a llegar a final de mes, que de conocer quién va a regir los destinos de su ciudad o su pueblo a partir del día 22.
La apatía es tan brutal que los candidatos se afanan por acercarse a los vecinos. Éstos sonríen, tratan de ser amables, si pueden se alejan y, en el mejor de los casos te atienden con paciencia infinita, para después encogerse de hombros y a otra cosa.
No sabría con certeza de quién es la culpa. Los hay que lo achacan al hartazgo permanente de mentiras que tienen que escuchar un día sí y otro también; otros creen que es como un partido amañanado, en el que se conoce el resultado final, con lo que la emoción es ninguna y los iluminados ven en el intento de hacer de estas elecciones una especie de primarias sobre las nacionales, la desgana que nos inunda. Yo me instalo en la normalidad democrática.
Han pasado más de treinta años desde las primeras elecciones municipales y se ha perdido todo efecto sorpresa, todo romanticismo y todo sueño que vaya más allá de ejercer tu derecho el 22 de mayo, cumplir como ciudadano y esperar que la opción elegida sea la ganadora. En caso contrario, al menos es de desear que se gobierne para todos, con criterio, mesura algo de cordura y, lo que es más importante, la gestión de los fondos públicos se haga con absoluta trasparencia y equidad.
Luego está la crisis. Una sensación que nos atenaza, que nos ahoga y en la que los medios de comunicación cumplimos un papel casi asfixiante. No hay día que no bombardeemos con el apocalipsis y así llevamos cuatro años. Un tiempo que confirma que cada día echemos una solicitud para levantarnos, marchar al frente y capear con trabajo el acoso.
La situación está mal, nadie lo niega. Pero no es menos cierto que es infinitamente mejor de la que, por ejemplo, sufrieron nuestros padres y salieron adelante. Aportar un grano de arena en positivo se me antoja básico. De lo contrario cualquier día cerramos el chiriguito y nos vamos.

Unión Deportiva Almería

Antonio Lao | 9 de mayo de 2011 a las 12:30

CERTIFICADO el descenso de categoría llega el momento de hacer balance. De cerrar una herida que se abrió a las pocas jornadas de comenzar el campeonato de liga y que hoy, a tres jornadas del final, ha quedado confirmada. No se trata de hacer leña del árbol caído, ni de culpar y culpar a los dirigentes de los errores cometidos, que han sido muchos a lo largo de la competición. Pero si es bueno reorganizar ideas y planteamientos, pensar qué se ha hecho mal y, lo que es más importante, tratar de no volver a caer en los mismos fallos.
Nadie en esta provincia creo que pone en duda el trabajo realizado por el presidente de la UD Almería desde que llegó al club. Lo cogió de la nada y ha sido capaz de mantenerlo cuatro años en Primera División. Dicho esto, también es verdad que es presidencialista hasta extremos insospechados, ha dejado siempre de lado a los aficionados y pocas veces se ha dejado aconsejar por sus allegados o por lo que los aficionados le pedían a gritos.
Económicamente el club no está mal, lo que incluimos en su haber. Pero en su debe está su total carencia de feeling con los aficionados y con la ciudad. Cuando todo ha ido bien los problemas se han minimizado e, incluso, se han guardado en un baúl. Pero cuando la “pelotita” no ha querido entrar, todo se ha vuelto grisaceo y en algunas ocasiones negro.
Ha sido terco -se jugaba su dinero- en el mercado de fichajes invernal. Ha sido condescendiente con algunos entrenadores y con otros casi irreverente. Una mezcla difícil de entender en una liga en la que el dinero se mueve con excesiva holgura.
Pero ahora toca hablar de futuro. Toca consolidar el equipo en Segunda División y tratar de regresar a Primera. No es fácil y no es exigible el año próximo.Pero si es importante que se aprenda de los errores, se corrijan a no más tardar y que la comunión entre el presidente, sus colaboradores, las administraciones, las empresas y los aficionados sea  perfecta. Si este camino lo andamos sin sobresaltos, con coherencia y dejando a un lado personalismos absurdos, tendremos mucho ganado para volver a iniciar el camino de la Liga de las Estrellas.

Demagogia, mentiras y verdades a medias

Antonio Lao | 3 de mayo de 2011 a las 12:35

Algún día espero que aquellos que nos gobiernan se alejen de la demagogia, las mentiras y las verdades a medias, para acercarse un poco, aunque sólo sea un poco, a la realidad. Estoy convencido de que entonces la comunión con los ciudadanos ganará y, sobre todo, subirán enteros en credibilidad.
Esta semana se han producido varios hechos para analizar, que demuestran hasta que extremo estamos sumidos en la irrealidad y en el intento permanente de engañar a los ciudadanos. ¿Acaso pueden pensar que comulgan con ruedas de molino o son tontos? No lo creo.
La primera llega de la mano del delegado de Educación de la Junta. Empeñado en salir del atolladero en el que se ha convertido el obsoleto Conservatorio de Música, echa balones fuera y trata de culpar a los demás de sus errores. ¿Es tan difícil asumir que se hizo un edificio que no cuenta con las características necesarias para la música y la danza y, además ahora, no hay dinero para remoderlarlo o hacer otro nuevo?
La segunda llega de la mano del Director General de Carreteras de la Junta, Pedro Rodríguez. Llega a Almería y nos vende una milonga sobre la variante de Roquetas. Asegura, y no se sonroja, que sólo queda expropiar una finca y las obras continuan. Le lanza piropos al Ayuntamiento y se marcha. Todos conocemos que hasta ahora la relación con Amat ha sido inexistente y, por si fuera poco, el período de expropiación puede suponer años de gestiones y negociaciones. ¿En qué quedamos: en que todo va sobre ruedas o la cosa puede ir para largo?
Y la última. El trabajo de la  Consejería de Cultura para recuperar el Cortijo del Fraile es poco menos que un esperpento. Podría tomarse a cachondeo o a charanga si no estuviéramos hablando de un lugar emblemático para esta provincia y que no son capaces de poner en valor. Lo de la delegada Yolanada Callejón, anunciando que va a enviar un inspector para comprobar si se usa como almacén agrícola cuando tiene las fotografías de las cajas en la puerta, es para que cierre el chiringuito y se dedique a la campaña electoral en su pueblo, Dalías, por la que va de candidata. Demuestra, ironías de la vida, ser una ‘gran gestora’.

Personas y proyectos

Antonio Lao | 25 de abril de 2011 a las 14:21

Levamos un año en campaña electoral y les confieso que no he escuchado a nadie todavía hablar del proyecto de ciudad que quiere, de la Almería que vamos a legar a nuestros hijos, de la tierra que un día fue yerma y que hoy es la despensa de Europa. Por más que escarbo en mi memoria sólo encuentro nombres y más nombres (que si este candidato sí, que tal otro no, que sí este no es de mi cuerda, que sí aquella busca sólo su interés); guerras encubiertas (ahí está para los anales el papel que jugó el Partido Socialista con Antonio Cantón, el Partido Popular y su inigualable José Carlos Dopico creando una plataforma para seguir en el “machito” o el papelón que ha jugado en las últimas semanas el PSOE con la marcha-regreso de Cristóbal Fernández o la vuelta de los hijos pródigos de Gial al PP.

Como ven, nombres y más nombres y ausencia de propuestas. Si han llegado hasta aquí dirán que no es cierto, que miento, pues un día sí y otro también encontramos a los candidatos en los lugares más insospechados echando mano de la demagogia para anunciar proyectos. Es verdad, lo admito, el señor Usero se ha ido a La Molineta; Luis Rogelio ha decidido retrasar el PGOU a la nueva corporación y se abunda en el manido soterramiento… Pero, realmente han encontrado ustedes, hasta hoy, un proyecto de ciudad a largo plazo -diez años- de alguno de los partidos que aspira a gobernarnos. Yo, sinceramente, todavía no lo he visto. Anclados en el cortoplacismo, somos devorados por la inmediatez de un titular o una propuesta que logre o alcance una fotografía y un montón de parabines de los palmeros de turno, que haberlos haylos en todos los partidos.

Pero nada más. Echo de menos una propuesta de ciudad y provincia con la mirada puesta en la próxima década, en la que sepamos si tendremos o no soterramiento, por donde va a crecer la ciudad, si será de negocios o de turismo, si se vertebra en torno a la agricultura o lo fiamos todo a la construcción, si tendremos palacio de congresos o soterraremos la vía parque… Las anteojeras lo cubren todo. Nos dejamos llevar por la corriente de la inmediatez, en la línea que bordea la decadencia, sin pararnos a pensar, planificar y, después, seguir.

De crisis, decadencia y un país que se creía que era rico

Antonio Lao | 19 de abril de 2011 a las 18:25

EL miércoles participé en una jornada de formación para directivos del Grupo Joly. Un encuentro en el que se planteaba cómo salir de la crisis. Para ello se contó con el ex-ministro Eduardo Serra, ahora presidente de la Fundación Everis y con el empresario José Luis Manzanares, presidente de Ayesa. El primero nos dió a conocer el informe “Un momento clave de oportunidad para construir entre todos la España admirada del futuro”, en el que han participado cien empresarios del país. El segundo planteó, de forma provocativa diría yo, una conferencia bajo el título “Crónicas de un país que se creía rico”.

Escuchados ambos no sabría definir con certeza si tenemos o no futuro. Una idea fuerza si me quedó clara. Lo cerca que estamos de ser una sociedad decadente aunque, por fortuna, aún podemos luchar por salir de ese pozo en el que quizá estamos instalados y acomodados.

Llamaban Serra y Manzanares sociedades decadentes a aquellas que creen haber alcanzado la cima del desarrollo y el bienestar. Aquellas que se han instalado, digamos en una especie de “jauja”, y en las que se ha perdido todo afán de superación y trabajo.

Escuchaba y asentía de forma inconsciente. Creía que decían verdad, aunque me niego a pensar que la sociedad en la que vivimos, en la que nos hemos instalado, no vaya más allá de ahuecar el ala y esperar a que escampe; haber perdido cualquier atisbo de competitividad y, lo que es peor aún, el instinto de perdurar. En la tierra, los seres que sestean y no luchan contra los elementos siempre han sido aniquilados. No es que corramos ese riesgo, espero, aunque  como reflexión ahí queda.

Claro que aún somos capaces de recuperar lo perdido, los valores que nos han hecho pasar en los últimos 30 años de tener una renta per cápita de 1.000 a 30.000 dólares y de haber cambiado el pesimismo crónico de un país que no era capaz de trabajar en común por la colectividad y el apoyo permanente a nuestro vecino de al lado.
Reniego de la posibilidad de haber alcanzado la cima. Cuando logras una debe haber otra, y otra, y otra… Lo contrario es decadencia.

Comercializamos hortalizas

Antonio Lao | 11 de abril de 2011 a las 12:17

EL viernes concluía una nueva edición de Expo Agro. Posiblemente la más difícil de cuantas se hayan celebrado, atendiendo a la crisis que vive el sector, el cambio de fecha y, sobre todo, por el acorralamiento que ha sufrido de la mano de las grandes ferias que se celebran en Berlín, París o, más recientemente en Madrid. A pesar de los agoreros, lo cierto es que el certamen se cierra de forma digna. No se puede negar el trabajo previo que ha desarrollado durante los últimos meses la Cámara de Comercio, con Miguel López a la cabeza. Se han movido siempre en terrenos pantanosos y nadie, o casi nadie, les ha tendido la mano que tantas otras veces llegaba sin pedirla.

Es verdad que la administración ha cumplido, con la racanería propia de los tiempos que corren. Tanto Junta de Andalucía como Gobierno Central han colaborado con stands interesantes e, incluso, ha llegado hasta aquí el presidente de la Junta y la ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino. La Feria  y sus organizadores optaron, en la búsqueda de nuevos nichos de mercado y huyendo de otras similares, por el desarrollo tecnológico de los invernaderos y la industria auxiliar.

Finalizado el evento se ha comprobado que es una razonable opción, aunque por desgracia para nosotros no se ha revelado todo lo atractiva que hubiésemos querido. Somos, aunque suene a tópico, la despensa de Europa. Es aquí donde se producen las hortalizas que más de cuatrocientos millones de europeos consumen. Un dato que nunca se ha tenido en cuenta, quizá porque no lo hemos necesitado. Es hora de aprovecharlo. El futuro de la Feria pasa por aquí. Por la posibilidad de traer a miles de comerciales de aquellos países que consumen nuestras hortalizas y mostrarles lo que hacemos.

Se trata de avanzar en una Expo Agro ‘doble’: de un lado el recinto y, por el otro, y no menos importante, la programación de decenas de visitas a los invernaderos. Los que nos compran deben conocer dónde producimos, cómo producimos y la tecnología que usamos para poner en el mercado nuestras hortalizas. Aquí está la posibilidad de sobrevivir, en ofrecer algo que sólo nosotros tenemos. Descubriríamos otra Feria y  se avanzaría en lo que nos importa a todos: la comercialización.

El crucifijo de la Diputación

Antonio Lao | 5 de abril de 2011 a las 11:30

No hay problemas por resolver y atender en la Diputación de Almería que ahora desde el Observatorio de la Laicidad se propone retirar el crucifijo que preside el salón de Plenos de la Corporación Provincial, e Izquierda Unida hace suya la propueta asegurando, ahí es nada, que “su presencia somete a los diputados y a los trabajadores”.

La Constitución Española recoge en su artículo 16.3 que “ninguna confesión tendrá carácter estatal y son los poderes públicos los que tendrán en cuenta las creencias de los españoles. Bajo ese prisma parece que la petición del diputado de IU es de lo más razonable, incluso podría entenderse que hace años que el crucifijo debía haberse retirado. Pero no es esa la cuestión. La Diputación está para resolver los problemas de los pueblos, que son muchos; para atender las necesidades de miles de vecinos que, por ejemplo, no disponen de agua o necesitan ayuda en servicios sociales.

Hasta ahora el señor diputado de IU no ha tenido ningún problema en ir a los plenos y, ni se le había pasado por la cabeza “esa gran cuestión”. Ha tenido que llegar la polémica con las capillas de las universidades para volver al pasado, a los tiempos de la República, en la que algunos no tenían otra cosa que hacer -y mira que había necesidades- que buscar el enfrentamiento entre religiones,entre creyentes y ateos, para profundizar en las diferencias y no en aquello que nos une.

Lo del martes en la Diputación no es más que un “esperpento más” de los muchos que esa sagrada casa ha padecido en los últimos años, en los que unos diputados alejados de la realidad que los ciudadanos viven, sin importarle más allá que un titular en los medios de comunicación o la palmada en la espalda del jefe superior, sólo pretenden mantener las prebendas, los cargos y los asesores. Una pena.

Es hora de darle la vuelta a una situación que se enquista, de alejarnos de aquellos que no son capaces de solucionar los problemas de los vecinos y sí de crear diferencias entre los que los rodean. La política es algo más serio, más honesto y, sobre todo, más cercana para la solución de las mil y una necesidades que aún tenemos.

El corredor ferroviario del Mediterráneo

Antonio Lao | 28 de marzo de 2011 a las 12:11

LA utopía es el arte de lo posible, la alternativa a lo existente. Algo así ha debido pensar el Ministerio de Fomento, con la colaboración de la Generalitat Catalana, la Valenciana, la Comunidad de Murcia y la Junta de Andalucía, cuando presentaban el Corredor Ferroviario del Mediterráneo. Con seguridad la mayor obra civil proyectada en este país, con una inversión superior a los 51.000 millones de euros, que será capaz de unir Algeciras con la frontera francesa por alta velocidad y mercancías. Una utopía hermosa en la que debo creer, por más que la situación de crisis que vivimos nos golpee en el bolsillo y nos obligue a pensar en negativo un día sí y otro también. Escuchando en Barcelona los planteamientos del ministro Blanco, de Artur Mas, Valcárcel o Josefina Cruz, uno entiende la capacidad de generar ilusión que aún hoy destilamos.

Pero no debe quedar ahí. A partir de ahora descubrimos los entresijos de un proyecto que, por primera vez, se olvida del centralismo y piensa en Europa. Un proyecto que vendrá a vertebrar (pasajeros y mercancías) una zona en la que habita el 40% de la población de este país y que mueve casi la mitad del transporte español. Y ahí está Almería. Una de las provincias que más ha crecido en los últimos 30 años y que más posibilidades de futuro tiene por delante. Somos, por nuestro trabajo, una de las zonas con más futuro económico del país. La despensa de Europa siguen siendo nuestras hortalizas y cada día más se confirma nuestro potencial estratégico como Puerta de África. Bajo el paragüas de estas premisas no es extraño que se genere optimismo y valor añadido, aún cuando en el acto inicial de presentación la presencia de los empresarios de Almería (Miguel Uribe por Asempal y Diego Martínez Cano por la Cámara de Comercio) fuera ninguna.

En demasiadas ocasiones nos miramos tanto el ombligo y lloramos tanto en el hombro del vecino que se nos olvida la fuerza y el empuje que actos de este tipo tienen. Está bien la reivindicación permanente, el gimoteo constante de nuestras carencias. Pero no lo es menos que nuestra mirada y nuestra proyección deben estar un paso más allá de nuestras fronteras. El coche, que es Almería, siempre debe llevar las luces largas. Otra cosa es perder el tiempo.

Francisco Amizián

Antonio Lao | 21 de marzo de 2011 a las 14:13

EL lunes Francisco Amizián, concejal de Obras Públicas del Ayuntamiento de Almería, decidía abandonar la primera línea de la política y abrir un nuevo período en su vida. Los que lo conocemos desde hace casi dos décadas se nos antoja como un imposible. Es difícil entender que la vida del edil no vaya ligada a lo que ha sido “todo” durante mucho tiempo. Su salud y una mayor dedicación a la familia son los dos pilares sobre los que se asienta su decisión. Hasta aquí parece que no hay nada que reprochar. Al contrario. La coherencia y la lógica parecen haberse impuesto al corazón y al “animal político” que habita, y creo que nunca dejará de hacerlo, en el interior de un hombre distinto a lo común.

Y es que Francisco Amizián no ha pasado ni va a pasar nunca desapercibido allí donde esté. Puede tener defectos, como los tenemos todos los humanos, pero alcanza la mayor de las virtudes: “es amigo de sus amigos”.

Detrás de la crudeza, de la voluptuosidad a veces de sus declaraciones, sinceras y sin pensar en las consecuencias, alejadas de lo políticamente correcto, el concejal de Obras Públicas, guarda una capacidad de trabajo difícil de superar -se le echará de menos, el primero el alcalde-, y una empatía con los vecinos, muy cercanas a la familiaridad que casi siempre convence.

En él habita aquello que los “cursis mediáticos y de marketing” alcanzan a llamar capacidad de liderazgo, que en el fondo no es otra cosa que credibilidad, respeto y buen hacer.

Claro que detrás deja algunos enemigos. Aquellos que no le han perdonado su franqueza y sus errores, que también los ha cometido. Aquellos que han visto en el concejal de Obras Públicas el frontón sobre el que lanzar todo su lodazal de palabras, entendiendo que era la forma o la fórmula más cercana para lograr prebendas inconfesables. Aquellos que hoy pueden tener la sensación de que han alcanzado su objetivo, cuando en realidad lo que han firmado es su sentencia.

La marcha de Amizián, para los que se frotan las manos, no es más que un “hasta luego” y quizá ni eso. Seguirá ahí y no defraudará a sus amigos, que no es poco.