De crisis, decadencia y un país que se creía que era rico

Antonio Lao | 19 de abril de 2011 a las 18:25

EL miércoles participé en una jornada de formación para directivos del Grupo Joly. Un encuentro en el que se planteaba cómo salir de la crisis. Para ello se contó con el ex-ministro Eduardo Serra, ahora presidente de la Fundación Everis y con el empresario José Luis Manzanares, presidente de Ayesa. El primero nos dió a conocer el informe “Un momento clave de oportunidad para construir entre todos la España admirada del futuro”, en el que han participado cien empresarios del país. El segundo planteó, de forma provocativa diría yo, una conferencia bajo el título “Crónicas de un país que se creía rico”.

Escuchados ambos no sabría definir con certeza si tenemos o no futuro. Una idea fuerza si me quedó clara. Lo cerca que estamos de ser una sociedad decadente aunque, por fortuna, aún podemos luchar por salir de ese pozo en el que quizá estamos instalados y acomodados.

Llamaban Serra y Manzanares sociedades decadentes a aquellas que creen haber alcanzado la cima del desarrollo y el bienestar. Aquellas que se han instalado, digamos en una especie de “jauja”, y en las que se ha perdido todo afán de superación y trabajo.

Escuchaba y asentía de forma inconsciente. Creía que decían verdad, aunque me niego a pensar que la sociedad en la que vivimos, en la que nos hemos instalado, no vaya más allá de ahuecar el ala y esperar a que escampe; haber perdido cualquier atisbo de competitividad y, lo que es peor aún, el instinto de perdurar. En la tierra, los seres que sestean y no luchan contra los elementos siempre han sido aniquilados. No es que corramos ese riesgo, espero, aunque  como reflexión ahí queda.

Claro que aún somos capaces de recuperar lo perdido, los valores que nos han hecho pasar en los últimos 30 años de tener una renta per cápita de 1.000 a 30.000 dólares y de haber cambiado el pesimismo crónico de un país que no era capaz de trabajar en común por la colectividad y el apoyo permanente a nuestro vecino de al lado.
Reniego de la posibilidad de haber alcanzado la cima. Cuando logras una debe haber otra, y otra, y otra… Lo contrario es decadencia.

Comercializamos hortalizas

Antonio Lao | 11 de abril de 2011 a las 12:17

EL viernes concluía una nueva edición de Expo Agro. Posiblemente la más difícil de cuantas se hayan celebrado, atendiendo a la crisis que vive el sector, el cambio de fecha y, sobre todo, por el acorralamiento que ha sufrido de la mano de las grandes ferias que se celebran en Berlín, París o, más recientemente en Madrid. A pesar de los agoreros, lo cierto es que el certamen se cierra de forma digna. No se puede negar el trabajo previo que ha desarrollado durante los últimos meses la Cámara de Comercio, con Miguel López a la cabeza. Se han movido siempre en terrenos pantanosos y nadie, o casi nadie, les ha tendido la mano que tantas otras veces llegaba sin pedirla.

Es verdad que la administración ha cumplido, con la racanería propia de los tiempos que corren. Tanto Junta de Andalucía como Gobierno Central han colaborado con stands interesantes e, incluso, ha llegado hasta aquí el presidente de la Junta y la ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino. La Feria  y sus organizadores optaron, en la búsqueda de nuevos nichos de mercado y huyendo de otras similares, por el desarrollo tecnológico de los invernaderos y la industria auxiliar.

Finalizado el evento se ha comprobado que es una razonable opción, aunque por desgracia para nosotros no se ha revelado todo lo atractiva que hubiésemos querido. Somos, aunque suene a tópico, la despensa de Europa. Es aquí donde se producen las hortalizas que más de cuatrocientos millones de europeos consumen. Un dato que nunca se ha tenido en cuenta, quizá porque no lo hemos necesitado. Es hora de aprovecharlo. El futuro de la Feria pasa por aquí. Por la posibilidad de traer a miles de comerciales de aquellos países que consumen nuestras hortalizas y mostrarles lo que hacemos.

Se trata de avanzar en una Expo Agro ‘doble’: de un lado el recinto y, por el otro, y no menos importante, la programación de decenas de visitas a los invernaderos. Los que nos compran deben conocer dónde producimos, cómo producimos y la tecnología que usamos para poner en el mercado nuestras hortalizas. Aquí está la posibilidad de sobrevivir, en ofrecer algo que sólo nosotros tenemos. Descubriríamos otra Feria y  se avanzaría en lo que nos importa a todos: la comercialización.

El crucifijo de la Diputación

Antonio Lao | 5 de abril de 2011 a las 11:30

No hay problemas por resolver y atender en la Diputación de Almería que ahora desde el Observatorio de la Laicidad se propone retirar el crucifijo que preside el salón de Plenos de la Corporación Provincial, e Izquierda Unida hace suya la propueta asegurando, ahí es nada, que “su presencia somete a los diputados y a los trabajadores”.

La Constitución Española recoge en su artículo 16.3 que “ninguna confesión tendrá carácter estatal y son los poderes públicos los que tendrán en cuenta las creencias de los españoles. Bajo ese prisma parece que la petición del diputado de IU es de lo más razonable, incluso podría entenderse que hace años que el crucifijo debía haberse retirado. Pero no es esa la cuestión. La Diputación está para resolver los problemas de los pueblos, que son muchos; para atender las necesidades de miles de vecinos que, por ejemplo, no disponen de agua o necesitan ayuda en servicios sociales.

Hasta ahora el señor diputado de IU no ha tenido ningún problema en ir a los plenos y, ni se le había pasado por la cabeza “esa gran cuestión”. Ha tenido que llegar la polémica con las capillas de las universidades para volver al pasado, a los tiempos de la República, en la que algunos no tenían otra cosa que hacer -y mira que había necesidades- que buscar el enfrentamiento entre religiones,entre creyentes y ateos, para profundizar en las diferencias y no en aquello que nos une.

Lo del martes en la Diputación no es más que un “esperpento más” de los muchos que esa sagrada casa ha padecido en los últimos años, en los que unos diputados alejados de la realidad que los ciudadanos viven, sin importarle más allá que un titular en los medios de comunicación o la palmada en la espalda del jefe superior, sólo pretenden mantener las prebendas, los cargos y los asesores. Una pena.

Es hora de darle la vuelta a una situación que se enquista, de alejarnos de aquellos que no son capaces de solucionar los problemas de los vecinos y sí de crear diferencias entre los que los rodean. La política es algo más serio, más honesto y, sobre todo, más cercana para la solución de las mil y una necesidades que aún tenemos.

El corredor ferroviario del Mediterráneo

Antonio Lao | 28 de marzo de 2011 a las 12:11

LA utopía es el arte de lo posible, la alternativa a lo existente. Algo así ha debido pensar el Ministerio de Fomento, con la colaboración de la Generalitat Catalana, la Valenciana, la Comunidad de Murcia y la Junta de Andalucía, cuando presentaban el Corredor Ferroviario del Mediterráneo. Con seguridad la mayor obra civil proyectada en este país, con una inversión superior a los 51.000 millones de euros, que será capaz de unir Algeciras con la frontera francesa por alta velocidad y mercancías. Una utopía hermosa en la que debo creer, por más que la situación de crisis que vivimos nos golpee en el bolsillo y nos obligue a pensar en negativo un día sí y otro también. Escuchando en Barcelona los planteamientos del ministro Blanco, de Artur Mas, Valcárcel o Josefina Cruz, uno entiende la capacidad de generar ilusión que aún hoy destilamos.

Pero no debe quedar ahí. A partir de ahora descubrimos los entresijos de un proyecto que, por primera vez, se olvida del centralismo y piensa en Europa. Un proyecto que vendrá a vertebrar (pasajeros y mercancías) una zona en la que habita el 40% de la población de este país y que mueve casi la mitad del transporte español. Y ahí está Almería. Una de las provincias que más ha crecido en los últimos 30 años y que más posibilidades de futuro tiene por delante. Somos, por nuestro trabajo, una de las zonas con más futuro económico del país. La despensa de Europa siguen siendo nuestras hortalizas y cada día más se confirma nuestro potencial estratégico como Puerta de África. Bajo el paragüas de estas premisas no es extraño que se genere optimismo y valor añadido, aún cuando en el acto inicial de presentación la presencia de los empresarios de Almería (Miguel Uribe por Asempal y Diego Martínez Cano por la Cámara de Comercio) fuera ninguna.

En demasiadas ocasiones nos miramos tanto el ombligo y lloramos tanto en el hombro del vecino que se nos olvida la fuerza y el empuje que actos de este tipo tienen. Está bien la reivindicación permanente, el gimoteo constante de nuestras carencias. Pero no lo es menos que nuestra mirada y nuestra proyección deben estar un paso más allá de nuestras fronteras. El coche, que es Almería, siempre debe llevar las luces largas. Otra cosa es perder el tiempo.

Francisco Amizián

Antonio Lao | 21 de marzo de 2011 a las 14:13

EL lunes Francisco Amizián, concejal de Obras Públicas del Ayuntamiento de Almería, decidía abandonar la primera línea de la política y abrir un nuevo período en su vida. Los que lo conocemos desde hace casi dos décadas se nos antoja como un imposible. Es difícil entender que la vida del edil no vaya ligada a lo que ha sido “todo” durante mucho tiempo. Su salud y una mayor dedicación a la familia son los dos pilares sobre los que se asienta su decisión. Hasta aquí parece que no hay nada que reprochar. Al contrario. La coherencia y la lógica parecen haberse impuesto al corazón y al “animal político” que habita, y creo que nunca dejará de hacerlo, en el interior de un hombre distinto a lo común.

Y es que Francisco Amizián no ha pasado ni va a pasar nunca desapercibido allí donde esté. Puede tener defectos, como los tenemos todos los humanos, pero alcanza la mayor de las virtudes: “es amigo de sus amigos”.

Detrás de la crudeza, de la voluptuosidad a veces de sus declaraciones, sinceras y sin pensar en las consecuencias, alejadas de lo políticamente correcto, el concejal de Obras Públicas, guarda una capacidad de trabajo difícil de superar -se le echará de menos, el primero el alcalde-, y una empatía con los vecinos, muy cercanas a la familiaridad que casi siempre convence.

En él habita aquello que los “cursis mediáticos y de marketing” alcanzan a llamar capacidad de liderazgo, que en el fondo no es otra cosa que credibilidad, respeto y buen hacer.

Claro que detrás deja algunos enemigos. Aquellos que no le han perdonado su franqueza y sus errores, que también los ha cometido. Aquellos que han visto en el concejal de Obras Públicas el frontón sobre el que lanzar todo su lodazal de palabras, entendiendo que era la forma o la fórmula más cercana para lograr prebendas inconfesables. Aquellos que hoy pueden tener la sensación de que han alcanzado su objetivo, cuando en realidad lo que han firmado es su sentencia.

La marcha de Amizián, para los que se frotan las manos, no es más que un “hasta luego” y quizá ni eso. Seguirá ahí y no defraudará a sus amigos, que no es poco.

Gabriel Amat y Diego Asensio, todo o nada en las municipales

Antonio Lao | 14 de marzo de 2011 a las 18:30

LAS elecciones municipales no son un plebiscito sobre la continuidad o no del presidente del Gobierno, aunque un batacazo mayúsculo del PSOE lo dejaría más maltrecho de lo que ya está. El 22 de mayo se juega en más de ocho mil campos a la vez, los mismos que pueblos tiene este país. En la provincia de Almería la batalla está planteada en 102 pueblos y en la Diputación y, queramos o no, quienes de verdad echan toda la carne en el asador son los dirigentes locales de cada partido. Y es aquí donde el presidente del PP y alcalde de Roquetas, Gabriel Amat y el secretario general de los socialistas, Diego Asensio,  verán acrecentado su prestigio, su carisma y su capacidad de gestión o, por el contrario, tendrán que hacer la maleta al día siguiente y marcharse.

No dudo que la gestión de la crisis de Zapatero o Griñán no tengan su parte alícuota en el voto de los almerienses el 22-M, que la tendrán. Pero lo que de verdad está en juego ese día en la provincia es la capacidad que han tenido los alcaldes y dirigentes de uno y otro partido en gestionar la vida de sus pueblos. Proyectos, obras, iniciativas, liderazgo y talante de los primeros ediles son algunos de los argumentos que estarán más que presentes en los vecinos de Almería y su provincia a la hora de depositar el voto.

El PP, con Amat a la cabeza, parte como caballo ganador en Almería. Mantiene las alcaldías de los principales municipios y aspira a arrebatar al PSOE la Diputación. Ha cerrado con éxito la herida de Gial y las encuestas sitúan al PP muy por encima de los socialistas. En el PSOE tratan de salir a flote y mantener resultados. Una apuesta que se encuentra lastrada por los problemas en el cierre de candidaturas, como Carboneras o en su momento la propia capital.

Bajo estas premisas el 23 de mayo es como una especie de “Día D”. No valdrán paños calientes o culpabilidades ajenas a aquellos que ejercen el poder provincial en cada uno de los partidos. Todo lo que sea cargar con “el muerto” al de más arriba tiene, como las mentiras, las patitas muy cortas. Entonces será tiempo de rendir cuentas, poner en el fiel de la balanza lo hecho en positivo o en negativo. La victoria se premia con alcaldías, la derrota con dimisiones.

125 años de la Escuela de Arte, un paso hacia el futuro

Antonio Lao | 10 de marzo de 2011 a las 13:09

La Escuela de Artes de Almería celebra este curso y el próximo su 125 aniversario. Una efeméride que confirma, realza y proyecta la labor que esta institución académica ha desarrollado a lo largo de su historia. 125 años desde que un Real Decreto de 5 de noviembre de 1886 convirtiera la Escuela de Artes y Oficios de Madrid en Escuela Central, a la vez que creaba siete Escuelas de Distrito, entre ellas la de la capital. Un tiempo que debe ser entendido como aquel que le ha dado solera y prestigio, aunque su valor radica en lo que está por venir. La posibilidad, esperemos que cierta, de poder impartir las enseñanzas de grado y posgrado en Artes Plásticas, en Diseño o en Conservación y Restauración de Bienes Culturales.

Pero antes está el 125 Aniversario y las múltiples actividades, jornadas y conferencias que la Escuela ha programado y que ya se desarrollan. Para una mayor proyección y en la búsqueda de la excelencia, Diario de Almería compartirá todo este camino con el centro. Dos años en los que iremos de la mano para alcanzar las metas y los objetivos planteados y, si cabe –esperemos que así sea- superarlos con creces.

Diario de Almería y el Grupo Joly trabajan desde su nacimiento por convertirse en un referente de la sociedad almeriense, en los compañeros y en los colaboradores de todos aquellos que necesiten una voz y un altavoz para proyectar lo que hacen y, si es factible, amplificarlo más allá de las fronteras provinciales. Como primer grupo de comunicación andaluz, el Grupo Joly tratará de situar a la Escuela de Artes de Almería dentro del contexto autonómico como una marca de referencia. El trabajo que la dirección y los profesores vienen realizando cada día se conocerá en la Comunidad Autónoma. Seremos, permítanme el símil, la ventana por la que difundir una labor encomiable de formación, de innovación y de creación de las generaciones del futuro, de los hombres y mujeres que nos gobernarán pasado mañana, de los artistas y creadores que admiraremos la semana que viene y de los “genios” que casi veneraremos a no tardar mucho.

Planteados los objetivos que Diario de Almería comparte con la Escuela de Artes quisiera aderezarlos, -acepten el concepto- con aquellos recuerdos e imágenes que conservo del centro y de lo que alberga desde hace 30 años.  Visité el edificio por primera vez allá por año 1988. Almería no disponía de muchos lugares en los que celebrar eventos y el patio de la Escuela es una especie de templo, en el que lo mismo se celebra un concierto, que se instala una exposición, se diserta sobre literatura o se escucha y corea un mitin.

Los mejores conciertos de jazz, que la Universidad Complutense de Madrid trajo a esta provincia cuando Gustavo Villapalos era rector y los Cursos de Verano tenían aquí una extensión, los viví en la Escuela de Artes; las mejores exposiciones del Centro Andaluz de Fotografía con motivo de la Expo 92, las admiré en la Escuela; mis primeros mítines como reportero político los soporté en el patio de la Escuela, y así un largo etcétera, que culmina con la recepción que los Reyes de España ofrecieron a la sociedad almeriense durante su visita oficial a esta tierra.

Como ven solera y gran reserva se conjugan en un centro del que han salido grandes almerienses, hombres y mujeres que han triunfado después aquí y fuera de aquí, pero que llevan la Escuela de Artes en todos y cada uno de sus poros. Este concepto, quizá preñado de nostalgia, pero con un claro talante de fe en el futuro, es el que pienso alberga la celebración que conmemoramos. 125 años no son nada si después nos espera la consolidación de los estudios, la formación de nuevas generaciones de almerienses y la satisfacción de trabajar por un mundo mejor. Nos vamos a volcar en el evento con el trabajo serio de un grupo de profesionales que Diario de Almería ha puesto al servicio de la efeméride. En colaboración permanente con la dirección de la Escuela y todos los que la conforman, buscaremos el resultado que esperamos cuando alcancemos la meta. Con la inestimable colaboración de un grupo de empresas y administraciones que desde el principio han creído en nosotros, esperamos cumplir con nuestros objetivos.

El trabajo que tienen en la mano es el primero de una larga serie que verán la luz en los próximos meses y que culminará con la gran fiesta del 125 aniversario, en la que esperamos contar con la Casa Real y con la participación de toda la sociedad almeriense.

Gracias a todos por su colaboración y participación.

Iglesia de las Salinas, pintadas “demoníacas” de mal gusto

Antonio Lao | 8 de marzo de 2011 a las 19:16

Dicen en el Obispado que las pintadas encontradas en el suelo de la iglesia de Las Salinas no son satánicas. Habrá que creerlos, pues ellos son los expertos en esas materias. Pero no me negarán que con sólo verlas se te pone la piel de gallina. A estas alturas y, por desgracia, todo lo relacionado con esoterismo, el demonio o cosas similares sigue siendo tabú para muchos, preocupante para otros y los más huyen del tema como el gato del agua caliente.

No parece lo más adecuado para la imagen de Almería y del Parque Natural de Cabo de Gata lo que está ocurriendo con la Iglesia de Las Salinas. Años llevan los moradores del lugar pidiendo una rehabilitación que se ha hecho esperar. Demasiado tiempo con una estructura que se cae a pedazos y que ahora, precisamente ahora, el Obispado decide comenzar las obras.

Bien está lo que bien acaba si con ello conseguimos que lo que debiera ser la imagen del parque, junto con otros muchos símbolos, sorprenda a no tardar mucho tiempo a los visitantes por su serenidad, su grandeza y su blanco inmaculado, como la sal de las salinas que la circundan.

Eventos que no debemos perder

Antonio Lao | 7 de marzo de 2011 a las 13:42

SOMOS demasiado conformistas. Quizá con más frecuencia de la deseada cerramos un problema sin buscar la solución o confiamos a la providencia su continuidad. En tiempos de bonanza fiarlo todo a los demás puede que se aceptara, aunque en tiempos de crisis se hace difícil mantener la aseveración.

En Almería disponemos de varios eventos con entidad propia y trascendencia más allá de las fronteras de la provincia. Eventos que han corrido o corren serio riesgo de desaparecer si no somos capaces de ayudar a su pervivencia. Hablo de las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro, la Clásica Ciclista de Almería e, incluso, el festival de cine “Almería en Corto”. A éstos, sin duda, se pueden añadir otros como el Festival de Teatro de El Ejido o el Torneo de Ajedrez Vicente Bonill de Albox. La creencia, errónea, de que las cosas se programan, proyectan y organizan por generación espontánea ya dejó en la cuneta proyectos como el equipo ciclista profesional Costa de Almería o festivales de música como los surgidos en los sesenta y setenta en la capital y en Mojácar.

El teatro clásico es a Almería lo que los corrales de comedias a Almagro. No podemos, ni debemos, escatimar un sólo esfuerzo para que las Jornadas que en su día creó y montó Antonio Serrano pasen por el universo mediático provincial sin pena ni gloria. Los recortes, los dichosos recortes, tienen que quedar al margen de eventos de este tipo. Es ahora cuando más se necesita el apoyo de los grandes. De aquellos a los que unos miles de euros no les supone  un trabajo más allá de la firma de  un cheque.

Igual ocurre con la Clásica Ciclista, José Manuel Muñoz y su equipo merecen una medalla. La del mérito al trabajo y a la perseverancia. Las administraciones y las empresas no pueden dar largas a las ayudas a estos casi míticos eventos provinciales, cuando esta tierra, a través de ellos, proyecta al exterior lo mejor de si misma. Claro, que siempre estarán los “chinas en el zapato”, vamos envidiosos, que siguen creyendo que el éxito de los demás es su demérito, cuando debieran compartirlo. Almería y gente sólo deben tener para ellos palabras de agradecimiento, una palmada en la espalda, que no veo por ninguna parte.

Oltra, AMARRATEGUI

Antonio Lao | 1 de marzo de 2011 a las 19:52

En las últimas semanas todos los partidos del Almería acaban igual: sufriendo. No digo yo que a estas alturas vayamos al fútbol como si disfrutar de una película de cine se tratase, ¡no! Lo que pretendemos los aficionados es un poco de coherencia y la búsqueda de un equilibrio, que se rompe desde el momento en que marcamos y nos venimos atrás.

Cada uno llevamos un entrenador dentro y, por tanto, nos permitimos el lujo de opinar, debatir y hasta de situar en una pizarra cuál sería el planteamiento correcto en cualquier partido. Claro que en ningún caso estamos en el banquillo, ni seguramente lo pretendemos.

Pero volvamos al Almería. Ganamos a Osasuna y pedimos la hora como posesos al ver al equipo venirse de forma irremediable y temeraria atrás a defender el resultado; hicimos lo propio con el Deportivo de la Coruña y pasaremos a la historia del fútbol como el partido en el que el portero marcó un gol de cabeza y con el tiempo cumplido; volvimos a comenzar ganando en Málaga y al entrenador le da el “canguelo” y vuelve a las andadas de “amarrategui”. Saca a Uche y sitúa a Juanito en el campo. Yo me pregunto ¿para qué?.

Vuelta a recular, a temblar, a pasarlo mal y, con el paso del tiempo y ocasión tras ocasión, llegan los goles. No digo que salgamos como locos a atacar, que no; tampoco que seamos el Barça en su planteamiento, pero si el equipo está hecho y tiene madera de ofensivo, ¿para qué tirar de disciplina táctica y buscar poner un autobús delante de la potería? Juguemos al fútbol y nada más.