El valor de lo nuestro

Antonio Lao | 22 de agosto de 2011 a las 18:05

El chovinismo o chauvinismo (adaptación del apellido del patriota francés Nicolas Chauvin, un personaje histórico condecorado en las guerras napoleónicas), también conocido coloquialmente como patrioterismo, es la creencia narcisista próxima a la paranoia y la mitomanía de que lo propio del país o región al que uno pertenece es lo mejor en cualquier aspecto. El nombre proviene de la comedia La cocarde tricolore de los hermanos Cogniard, en donde un actor con el nombre de Chauvin, personifica un patriotismo exagerado. Hannah Arendt lo describe así: El chauvinismo es un producto casi natural del concepto de Nación en la medida en que proviene directamente de la vieja idea de la “misión nacional” […] La misión nacional podría ser interpretada con precisión como la traída de luz a otros pueblos menos afortunados que, por cualquier razón, milagrosamente han sido abandonados por la historia sin una misión nacional. Mientras este concepto de chauvinismo no se desarrolló en la ideología y permaneció en el reino bastante vago del orgullo nacional o incluso nacionalista, con frecuencia causó un alto sentido de responsabilidad por el bienestar de los pueblos atrasados.
A los franceses la definición les viene pintiparada. Además de los ataques a camiones españoles que, una vez más los galos han provocado y con los que estoy en desacuerdo, -aunque no deja de ser la punta del íceberg de un problema más profundo-, he recorrido esta semana el sur de Francia y nunca había visto tanto patrioterismo. Un ejemplo vale por las decenas observadas. Cuando entras en un supermercado y ves las estanterías, pronto te das cuenta del valor que dan a lo propio frente. Lo señalan con letras grandes, indicando el país en el que se ha producido y, al lado, sitúan el autóctono. Unas veces de peor calidad, otras mejor, lo cierto es que el comprador, ante un producto francés y otro que llega del exterior, seguro que en un porcentaje muy elevado opta por el nacional.  Chovinismo o no -a mi si me lo parece-, lo cierto es que saben defender lo propio como pocos. Otros,  caso de los almerienses, nos lamemos las heridas y lo fiamos todo  en exceso a la diosa fortuna. Será nuestro carácter.

Recortar para pagar las nóminas

Antonio Lao | 17 de agosto de 2011 a las 11:48

Esta semana tuve la oportunidad de escuchar a un alto cargo de la administración pública almeriense hablar de  recortes. Decía, acogotado por la responsabilidad, que las arcas de la administración que dirigía estaban vacías, y se lamentaba de las dificultades que podrían tener en septiembre para pagar las nóminas.
Una cantinela que no es nueva en los tiempos de crisis que vivimos. Recorte y ahorro se han convertido en las dos palabras más usadas por aquellos que nos gobiernan, aunque no estoy muy seguro sí, de verdad, están enfrascados en ese empeño o, por el contrario, buscan una y otra vez un titular para desprestigiar a aquellos que hasta hace dos meses nos gobernaban.
Confieso que no soy Keynes, ni lo pretendo, ni el Miguel Boyer del primer gobierno de Felipe González, ni el Rodrigo Rato del rutilante José María Aznar cuando alcanzaron La Moncloa. Sin embargo, con tanto recorte para pagar las nóminas (parece que nuestros gobernantes sólo se preoucupan por pagar a los que trabajan en la administración), al final vamos a poder sufragarlas sin problema, pero los funcionarios pronto se van a quedar cruzados de brazos porque no tendrán nada que hacer.
Porque si no hay proyectos, si no hay obras, si no hay programas y así hasta el infinito administrativamente hablando, ya me dirán ustedes qué les va a quedar a los maltratados y siempre olvidados funcionarios que echarse a la boca (perdón al ordenador) para ejercer su cotidiana jornada laboral.
Claro que, mucho me temo, que siempre va a haber un asesor que sea capaz de prestarse a ser jefe o jefa de área, el confesor de un diputado o diputada, un concejal o concejala, a cambio de asegurarse cada mes 3.000 euros y, por el mismo precio, trabajar al servicio del partido. La tarea es árdua, compleja y hasta tiene su perejil. Claro, que luego vendrá el político de turno, se pondrá delante de un micrófono y cotorreará a los cuatro vientos que han salvado la patria ahorrando 100.000 euros en sueldos, las restricciones de los móviles o el olvido de los programas culturales que nos enraizan con el pasado, tienen un gran presente y nos aseguran el futuro. ¡Qué ironía!

Amós Milton y “El abogado de Indias”

Antonio Lao | 1 de agosto de 2011 a las 11:52

Sevilla, año 1595. Un joven plebeyo, de clase llana, Alonso Ortiz de Zárate y Llerena, ultima sus oposiciones a licenciado en Derecho. Si lo logra será el primero de su escala social en hacerlo. La ciudad del Guadalquivir es una de las más populosas del mundo conocido. Ruge y bulle por los cuatro costados. El oro y la plata que llegan del Nuevo Mundo tienen que pasar por esa contradictoria Puerta de Indias, la auténtica Babilonia de Europa. Es este el magma humano que el joven escritor y empesario almeriense, Amós Milton, nos presenta como escenario de la trama de su ópera prima “El abogado de Indias”.

Con un lenguaje fácil, que no vulgar, extremadamente documentada y ambientada, logra conjugar un relato en el que se mezclan varios casos judiciales con la libertina vida del protagonista y sus amigos, junto al tío de este, su madre y el que se intuye será el gran amor de su vida, Constanza. Ironía, historia, realidad y ficción se mezclan en un enorme cóctel para alcanzar  una novela entretenida y atractiva, que hará las delicias de las tardes veraniegas de aquellos que decidan optar por su lectura.
Muy ágil en el relato, Amós Milton se atreve a que su protagonista llegue a defender a Miguel de Cervantes, preso en Sevilla, después de volver de Argel. Preña la novela de la atmósfera muy cargada de la Sevilla veraniega o de las pestilentes calles, en las que las aguas menores se lanzan a la vía pública, en la misma medida que los ciudadanos cantan y bailan por cada rincón de su casco antiguo. Y claro está, también nos presenta, -aunque será el lobjeto de un segundo relato-a un padre que ha tenido que huir hasta Cartagena de Indias, fruto de tejemanejes turbios y de bajos fondos, en los que la justicia no sale bien parada. En definitiva, una novela joven, dinámica, tierna en ocasiones, cruel en otras, poco previsible, en el que el joven autor almeriense juega con el lenguaje jurídico de la época con descaro y suma -su abuelo fue marino- un sin número de conceptos de la mar, que agrega al trajín de la trama un aspecto salado y rudo, del que es difícil abstraerse. Una vez que comienzas la lectura se complica dejarla. Te absorbe hasta su fin, que creo es lo mejor que se puede decir de una novela.

Proyecto de provincia

Antonio Lao | 18 de julio de 2011 a las 11:05

Gabriel Amat ya ejerce de presidente de la Diputación de Almería. Ayer se cumplía una semana de su toma de posesión, tiempo suficiente para que sus diputados hayan conocido las áreas, buscado debajo de las alfombras, conocido a los funcionarios y tengan una idea del toro con el que van a lidiar. Amat, viejo zorro donde los haya, lo hará bien. Conoce a la perfección el manejo de los tiempos en política y en la empresa. Sumadas ambas habilidades parece razonable que el ‘ayuntamiento de ayuntamientos’ camine sobre los railes y no descarrile antes de tiempo.
Ahora bien, si cree que va a gobernar esa casa como el Ayuntamiento de Roquetas puede sufrir algún varapalo inesperado. Son demasiados intereses, demasiados trabajadores, demasiadas influencias, demasiado de todo, como para tratar de controlar al milímetro la Diputación. En su discurso de investidura vimos al Amat más auténtico, al que comprueba hasta su voto antes de emitirlo en la urna para evitar sorpresas. Eché de menos, sin embargo, un proyecto de provincia. Una idea programática de lo que nos vamos a encontrar los próximos cuatro años. No me vale con que esa casa defienda los intereses de Almería en materia agrícola -no le corresponde-; tampoco que proyecte el turismo -la competencia es compartida con la Junta-; tampoco el mármol o las infraestructuras tienen origen o fin en la Diputación.
Quizá por ello busque, y espero que nos lo explique en las próximas semanas, que va a ser de los Planes Provinciales de Obras y Servicios, del Plan de Instalaciones Deportivas, del Plan de Electrificación Rural; de la ayuda y la colaboración con los municipios de menos de mil habitantes; cómo va a llegar la programación cultural a los pueblos y si vamos o no a seguir con la oficina de esa casa en Europa. Un sueño efímero que nos costó una pasta y que nunca sirvió para nada.
Es importante, insisto, conocer el programa de los populares en la Diputación  para avanzar en el concepto de provincia, en la solidaridad entre pueblos y en la conjunción de ideas. Y también, claro está, para evitar los bandazos, impulsos y arrancadas de caballo, que ya sabemos como terminan.

Una de Feria

Antonio Lao | 11 de julio de 2011 a las 12:44

Los feriantes no tienen el cuerpo para farolillos. El nuevo sistema de subasta para la adjudicación de las parcelas, así como la reducción del número de puestos de restauración, ha exaltado los ánimos de un colectivo que, un año sí y otro también, se encuentra con novedades cuando se acercan las fiestas mayores.
El nuevo y excepcional recinto ferial, inaugurado el año pasado con gran pompa y boato no acaba de calar en el este mundo de transhumantes incomprendidos, a veces caprichosos, con excesivos celos del vecino, pero defensores a ultranza de un euro para seguir adelante en un sector, como todos en crisis, y en el que cada céntimo que se logre es un puerto de primera categoría en una carrera que empieza con la primavera y tiene su final, año tras año, con la llegada del frío y el fin de las fiestas. El Ayuntamiento trata de cumplir la Ley. Hasta aquí nada que objetar. Pero no es menos cierto que en los tiempos que corren, cuando la crisis acogota al más pintao, tratar de negociar con la subasta de parcelas y el troceo en quesitos del recinto, parece que no contenta a casi nadie. Por fortuna, y eso esperamos, la sangre no llegará al río. Habrá la tradicional readaptación, la cesión por todas las partes y el imperio de la cordura se impondrá. Puede, sin embargo ser tarde. No es la primera vez que se ha dicho que la Feria de la noche está herida de muerte si no somos capaces de reinventarla. Con el nuevo recinto parecía que se daban pasos en el buen camino, aunque seguimos enfrascados en mantener los mismos conceptos trasnochados y caducos. La Feria debe ser el reflejo de la ciudad, del buen gusto, del criterio, de los innovadores, de aquellos que apuestan por la calidad por encima de todo, en detrimento de lo cutre y lo ya visto.
Este concepto, que debía estar claro para los responsables municipales, se olvida con facilidad, se sucumbe a las presiones de todo tipo y se escurre el bulto amparados en no se que conceptos que sería bueno explicar antes de las fiestas. Luego, a toro pasado, cuando ya no haya remedio, no valen las lamentaciones. Aún se está a tiempo de imponer la lógica, la coherencia, la estética, el criterio y el buen hacer del que casi siempre hacen gala los responsables municipales.

Un Congreso para decidir

Antonio Lao | 4 de julio de 2011 a las 11:50

El 16 de julio los socialistas de Almería se enfrentan a uno de los  momentos más trascendentales de su centenaria historia. Eligen al secretario general que los guiará hasta las elecciones nacionales y regionales más complicadas de cuantas se han celebrado rn nuestra joven democracia. De ahí la importancia de un cónclave que debe, o no, romper amarras con el pasado y mirar al frente con la cabeza alta, sin ataduras y, lo que es más importante, con ideas, que sean capaces de ilusionar de nuevo a la militancia y simpatizantes.
La tarea para el elegido no va ser fácil. Al contrario. Lo que le espera es un camino serpenteado de clavos, en el que al menor traspiés te encuentras con un pie gangrenado y, en poco, tiempo, inundado de putrefacción en forma de quejas y desilusión.
Es de vital importancia para esta fuerza política contar con una dirección fuerte, alejada de cualquier componenda o atadura que le impida desarrollar su trabajo. Por eso parece básico que el día 16 haya más de una lista y que se vote. Que los más de doscientos delegados elegidos entre miles de militantes se pronuncien por uno u otro candidato, que haya una propuesta ganadora y otra perdedora.
Todo lo que pase por acuerdos de integración de última hora servirá para el momento, para la foto de familia y poco más. Al minuto siguiente comenzará la división, las críticas y la recogida de ganancias en forma de compromisos que, lamentablemente, sólo conducirán de nuevo a una visión miope de lo que debe ser el socialismo en la provincia.
Si en realidad se quiere recuperar el tiempo perdido y la ilusión desvanecida, hay que olvidar el “qué hay de lo mío” y cambiarlo por el “cómo puedo ayudar”. La tarea para el ganador, insisto, no es fácil. Al contrario, requiere mucha mano izquierda, rapidez en las decisiones y, sobre todo, que cuando se tomen beneficien al mayor número posible de militantes.
Tiempo hay, aunque no queda mucho, para dar un giro copernicano en el concepto, en la forma y en la ejecución. Aunque claro, siempre existe la posibilidad de avanzar en el cambio para que todo siga igual. Y ese riesgo, creanme, existe.

La marca Almería en horas bajas

Antonio Lao | 27 de junio de 2011 a las 18:40

NOS creemos el ombligo del mundo y sólo somos un pequeño grano de arena en la inmensidad de la playa. Sales a la calle, hablas con los ciudadanos y el almeriensismo es capaz de romper cualquier corsé por su fuerza, su talento, su criterio y su emprendimiento.
Lo que parece un ciclón inagotable, un torrente de aguas braves, incapaces de dominar, no va más allá de nuestras fronteras y mira que lo siento.
Si nos atenemos al último informe de Analistas Económicos de Andalucía, financiado por Unicaja y presentado en la Cámara de Comercio hace unos días, sobre la fuerza de la marca Almería en el exterior, sufrimos la mayor de las decepciones al comprobar que las cosas no se están haciendo bien. Que pese a nuestras innegables potencialidades -agricultura, industria auxiliar, energías limpias o turismo- no hemos sido capaces todavía de consolidar una posición, sino dominante, si puntera, en aquellos sectores en los que somos líderes.
No es comprensible, y mucho menos aceptable, que el trabajo y los logros alcanzados en años como marca de calidad en productos hortícolas sea capaz de venirse abajo en unas horas con una acusación falsa y carente de veracidad como la hecha por Alemania con el brote de E.coli. Con ser esto preocupante, lo es más comprobar que el marketing y la labor de goteo permanente que desde el Patronato de Turismo, la Consejería o el propio Ministerio se hace, sobre la fuerza de nuestras potencialidades – recuerdan “Almería, tierra de la vida padre” o “Almería, donde el sol pasa el invierno”, o la más reciente, “Almería tierra de cine”-  no ha sido capaz de calar más allá de la primera capa de piel y, por tanto, no se ha instalado en la mentalidad de nuestros potenciales clientes a hierro y fuego como lo han hecho otras con la mitad de recursos y fuerza que nosotros. Algo se ha hecho y se sigue haciendo mal.

Los medios ilimitados con los que hemos contado, y los finitos ahora, no han sido capaces, por desgracia, de alcanzar los objetivos planteados mínimamente. Aún estamos a tiempo. Dejémonos de mirarnos la barriga, alcemos la cabeza, miremos al futuro y planifiquemos para garantizar el éxito, no sólo para salir del paso.

La nueva Diputación

Antonio Lao | 20 de junio de 2011 a las 12:03

GABRIEL Amat dispondrá a mediados de julio de la mayoría absoluta más holgada jamás conocida para gobernar la Diputación Provincial. Dieciocho diputados para gestionar el ayuntamiento de ayuntamientos durante cuatro años, sin las cortapisas de las minorías y riesgo cero de perder una votación. Poder omnímodo para hacer y deshacer. La oportunidad les llega que ni pintada para devolver a la institución provincial un prestigio que perdió hace demasiado tiempo y que la ha minado hasta convertirla en un queso gruyere.
Es cierto que no corren buenos tiempos económicos y que los recortes serán el pan nuestro de cada día año tras año, pero no lo es menos, que si las cosas se hacen con un mínimo de coherencia, con las reglas de juego bien definidas y con las propuestas sobre la mesa, los ayuntamientos de Almería -los grandes beneficiados o los grandes perjudicados siempre- tienen una oportunidad única de avanzar en el desarrollo emprendido en los últimos tiempos y que ahora se puede culminar.
No me vale la creación de empresas públicas como la que en su día buscaba la ejecución de carriles bici, ni tampoco aquella que trata de suplantar las competencias del Gobierno o de la Junta en materia de vivienda. Si me vale una Diputación preocupada por el turismo y por la marca Costa de Almería ahora olvidada y degenerada.Sí creo en una casa de Ayuntamientos capaz de resolver las pequeñas cosas de los municipios más pequeños, que son auténticos molinos de viento por su enormidad para los alcaldes y también apoyaré el trabajo en la mejora de carreteras provinciales, electrificación rural e infraestructuras básicas para mantener la población en las zonas rurales.
Sí estaré con una programación cultural que llegue a los pequeños núcleos, a los conciertos de música clásica, al teatro o a los títeres, a las pequeñas cosas que en un pueblo de 200 habitantes siguen siendo un acontecimiento.
Y no me esperen en las mega obras, ni en los grandes conciertos, ni tampoco en las magníficas ideas terminadas en polis, que lo único que buscan es el lucimiento de unos pocos y el lucramiento de otros tantos.

Regeneración y savia nueva

Antonio Lao | 13 de junio de 2011 a las 12:17

EL PSOE de Almería, como el del resto de provincias, vive sumido en una crisis de ideas. Las recetas aplicadas para la gestión de la crisis no han sido entendidas por los ciudadanos, que han visto como un partido progresista era capaz de tirar por la borda sus postulados, para abrazar los más abyectos propugnados por el capitalismo y los mercados. Bajo este paragüas, no es de extrañar que elección tras elección los hayan desalojado de allí donde gobiernan.
En Almería esta situación se ha visto agravada, magnificada, por la dilapidación de un concepto tan básico al socialismo como es la solidaridad, la colaboración, la abnegación y el sufrimiento conjunto de la militancia. En los últimos 14 años aquellos que han regido los destinos de esta fuerza política, se olvidaron de la calle y de aquellos que los situaron en la cumbre para dirigirlos para dar paso al encierro en una urna de cristal, de la que sólo salían para pisotear la dignidad y las ideas de muchos, de muchos más de los deseados y de lo humanamente soportable. Ahora se abre un nuevo tiempo. Un proceso del que debe salir un liderazgo creible, abierto, participativo y solidario, en el que se premien las ideas en vez de castigarlas; se aplauda la discrepancia y no se guillotine y, lo que es más importante, se sitúe en cada puesto de responsabilidad a los mejores, a aquellos que tengan probadas y sobradas cualidades y no a los paniaguados y pelotas de turno, que sólo sepan aplaudir las genialidades, por absurdas que fueran, del jefe. No vale lo antiguo, lo conocido, el revanchismo, ni lo casposo.

Es tiempo de soltar amarras, de buscar la colaboración de aquellos que aporten experiencia, pero sin ataduras con el pasado. El PSOE de Almería necesita del aire más puro, de la ingenuidad y el ingenio de los más jóvenes y, sobradamente preparados, para tratar de dar la vuelta a una dinámica perdedora que ha calado en la militancia. Aquellos que crean que cualquier tiempo pasado fue mejor y hay que recuperarlo se equivocan, por caduco y trasnochado, por injustificable y efímero. Muy al contrario, el camino pasa por hombres y mujeres sin pasado, implicados en la gestión y dignos sucesores de aquel que un día dio nombre a ese partido: Pablo Iglesias.

La crisis del pepino y la almohada de plumas

Antonio Lao | 6 de junio de 2011 a las 13:25

Somos extremadamente vulnerables. El sur sigue siendo visto por la todopoderosa Alemania como tierra de “vagos, pícaros y busca vidas” a los que, además de ayudar, se deben tutelar para dirigirlos por la senda de la sensatez, la cordura y el buen camino. Los que aquí habitamos mantenemos el tópico de casi “parias” a los que, claro está, es importante incrementar su renta per cápita para que compren productos manufacturados venidos de la tierra de la tecnología, el orden, el criterio y la inteligencia. ¡Qué ironía!
No es más que el intento permanente por mantener una hegemonía ficticia a costa de aquellos que, paso a paso, hemos sido capaces de exprimir la tierra hasta lograr ser la huerta de Europa. Producimos más y mejor que nadie, con todas las garantías y aplicando las más modernas tecnologías en cultivos. Nos podemos equivocar, claro está, pero ellos también. Y en el caso que nos ocupa, el de la bacteria E. Coli, no tenemos nada que ver. Son ellos los que deben seguir buscando de dónde proviene y la forma de cerrar la puerta a un problema que ha causado ya casi dos docenas de muertes.

Lo lamentable en este caso es que han sido capaces de romper la almohada de plumas y esparcirlas (el autor de la frase es el presidente de la Junta) y vamos a ver ahora quién o quienes son capaces de volver a introducirlas en el saco. Nos ha costado sangre, sudor y lágrimas crecer punto a punto en autoestima, en mercados difíciles y complejos y ahora, sin culpa alguna, hemos bajado de  quinientos en quinientos hasta situarnos al borde de la ruina, del abismo.
Luego están los que nos gobiernan. Aquellos que llegan tarde a Almería, como el caso del vicepresidente del Gobierno. Se dedica a dar largas cambiadas sin responder a nada.

Debemos, por Almería y nuestros productos, seguir vigilantes; exigir compensaciones y, lo que es más importante, desarrollar una campaña de imagen en toda Europa, que devuelva el prestigio hecho añicos en una semana a unos productos que son líderes allí donde van. El trabajo que tenemos por delante es ingente, pero como hemos hecho en otras ocasiones saldremos a flote, nos levantaremos, pero sin olvidar que “quien rompe paga y se lleva los tiestos”.