Soterramiento de las vías del tren ¡Cuánto tiempo perdido!

Antonio Lao | 16 de abril de 2012 a las 12:05

El soterramiento de las vías del ferrocarril a su entrada a Almería es algo así como “La Tarara, que sí, que no…”. En 2012 y con una crisis económica sin límite y sin freno, hablar de un proyecto como este es poco menos que ciencia ficción. Entiendo a quienes, como el alcalde, Luis Rogelio Rodríguez, tiene la valentía de llamar a las cosas por su nombre y dejarse de paños calientes. La realidad, mal que pese, duela y cree problemas electorales -que los creará- es simple: no hay dinero para un proyecto hermoso, necesario para la ciudad y aceptado por todos como el salto definitivo de la capital hacia el siglo XXI. Lo que desconocemos es cuando, en esta centuria, realmente saldremos lanzados hacia ese trampolín.
A estas alturas creo, con sinceridad, que hemos desaprovechado las mejores oportunidades para acabar con la herida que parte la ciudad en dos. Nos hemos enrocado en disputas políticas, desde el inicio del siglo, para retrasar, posponer u olvidar un proyecto que tenía posibilidades reales de hacerse y que hoy, por mucho que se empeñen quienes gobiernan, no tiene una sola posibilidad de salir adelante.
No se dan las condiciones. El suelo no vale casi nada: pocos quieren construir y, lo que es vital, los tiempos que corren son tan duros que casi nadie apostaría por un proyecto caracterizado casi siempre por la disparidad de criterios, por los intereses de parte y por el intento, siempre lícito, aunque no social, de que unos pocos -no me pidan quiénes- pudieran hacer el negocio de su vida.
Bajo estas circunstancias, con el futuro negro, negrísimo, urge dejar de flagelarnos, olvidarnos de declaraciones absurdas y válidas sólo para un titular, coger la obra por los cimientos y tratar de sentar las bases del futuro. Bases que nunca, no nos empeñemos, tienen una fecha de finalización más allá de finales de las próxima década. El que piense lo contrario vive en una galaxia que no es la nuestra.
Claro que no estaría demás, que aquellos que hablaron hace unos meses se callasen y reflexionaran y aquellos que hoy lo hacen, en la misma línea, guarden el mismo silencio que antaño mantenían. Calladitos y con trabajo, a buen seguro, que el soterramiento de las vías, hasta puede lucir.

Presupuestos de Gobierno y oposición

Antonio Lao | 9 de abril de 2012 a las 17:57

Un destacado dirigente del Partido Popular de Almería, posiblemente barruntado la que se avecinaba, reconocía en este periódico la semana pasada que la provincia iba a recibir poco menos que “migajas” de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). En la misma línea, el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al hablar de sus primeros 100 días al frente del Ejecutivo aseguraba, con solemnidad, que “no son tiempos de construir pabellones, aeropuertos o autopistas”.

Ambas afirmaciones tienen la misma raíz, el mismo concepto y, si hablamos en términos políticos, el mismo argumentario: hay que ajustarse el cinturón, sí o sí. Una vez que ya conocemos las cifras de Almería vemos que confirman, punto por punto, incluso con comas, la predicción del dirigente popular. Esta tierra, mal que nos pese, verá reducidas las inversiones del Estado el próximo año en aras a la crisis y con el objetivo de alcanzar el déficit del 5,3% planteado por el Ejecutivo y solicitado por Bruselas.

 

Quiero creer, y me aferro a ello como a un clavo ardiendo, que no avanzando nada más que lo justo en el AVE entre Murcia y Almería; ralentizando la autovía con Málaga; aparcando para mejores tiempos el soterramiento o minimizando el impacto del Plan del Agua -qué decir del Trasvase del Ebro- vamos a sentar las bases de nuestro crecimiento futuro.

 

Y lo quiero creer porque ya me quedan pocas cosas a las que agarrarme en esta crisis maldita, que nos esquilma como a las caladeros, y a la que no se le ve final por ninguna parte. Pero ante tanta fe y buena voluntad, me van a permitir al menos el recurso al pataleo, mi opción a una crítica legítima hacia aquellos que hasta hace unas fechas vociferaban y amplificaban con altavoces las rácanas cifras del Estado para con esta provincia e, imbuidos de “bruja Lola” con varita mágica, aseguraban que cuando ellos llegaran a La Moncloa esto iba a ser poco menos que jauja.

 

Pues va a ser que no. Que una cosa es lo que se dice desde la oposición, en la que la incoherencia la mayor parte de las veces se impone, y otra cuando estás en el Gobierno. Aquí, por fortuna para todos, lo que prima es el interés general. O eso quiero pensar.

 

 

Alberti, Huércal Overa y el concejal miope

Antonio Lao | 2 de abril de 2012 a las 11:49

Un dicho popular asegura que “cuando el diablo no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas”. El refrán le viene que ni pintado al concejal del Partido Popular de Huércal Overa, Antonio Lázaro, que ante la escasez de presupuesto, su miopía política y su más que dudosa gestión, va a a pasar a la historia como el “demócrata” que arrancó el nombre de Rafael Alberti del teatro municipal, sin encomendarse al Pleno, ni a sus vecinos.
Sólo su personal capricho, su incapacidad manifiesta y la aquiescencia del alcalde, han llevado a que ordene a los funcionarios municipales quitar las letras de la fachada del teatro, birlar el nombre a los vecinos y hacerse famoso en todo el país por sus dotes de prestidigitador de pacotilla, incapaz de sacarse de la chistera algo más de una gaviota, usurpando a un pueblo el nombre de un poeta universal como Alberti, más allá de sus connotaciones políticas y su lucha contra el franquismo, algo que le valió vivir en el exilio gran parte de su vida.
Todos esos méritos no han sido suficientes para un concejal de Cultura que parece incapacitado siquiera para gobernar la comunidad de vecinos de su edificio, con una cortedad de miras preocupante y con una dotes de mando en plaza alejadas de lo coherente, lo justo y lo razonable, que sin encomendarse a nadie ha roto lo más sagrado de la democracia, que no es otra cosa que el sometimiento de las decisiones a la voluntad de sus vecinos.
Si el pueblo se pronuncia sería aceptable el atropello que ha perpetrado. Pero nunca antes de consultarlo. Luego están sus compañeros de partido. Muchos de ellos han mirado para otro lado, quizá temiendo que se marche, como ya lo ha hecho en otras ocasiones, del Partido Popular y los deje en minoría en el Ayuntamiento.
En política, como en la vida, no vale todo. Y en este caso, el juego atroz en el que se ha colocado el señor Lázaro tiene multitud de aristas, multitud de opiniones y alguna que otra justificación. Pero tras escucharlas todas y conociendo cómo se han desarrollado los acontecimientos, todo apunta a que el señor edil ha hecho de su capa un sayo y ha actuado de forma arbitraria, vamos una cacicada.

25-M

Antonio Lao | 25 de marzo de 2012 a las 20:37

LOS andaluces y los almerienses estamos llamados hoy a las urnas. A unas elecciones, que como los partidos del siglo, son las más importantes de la historia para esta tierra milenaria y  preñada de historia. Hoy votamos por mantener al socialismo en el poder -treinta años- o por el cambio que asegura representar el Partido Popular.
Si nos guiamos por las encuestas parece que el resultado de esta noche está claro. Sin embargo, hasta que no se abra la última urna y se recuenten todos los votos, parece ser que hay partido. Sea como fuere, lo cierto es que los andaluces, y también los almerienses, hoy nos jugamos parte de nuestro futuro reciente. Hoy estamos ante una de las encrucijadas más importantes de cuantas nos han rodeado en los últimos años. Hoy optamos por mantener lo que conocemos o buscar el revulsivo que siempre se encuentra en el cambio. El dilema al que nos enfrentamos los ocho millones de andaluces es de órdago y de complicada resolución. Debemos ser los que votamos, aquellos que pasaremos por las urnas, los que con nuestros sufragios decidamos los designios de esta comunidad en los próximos cuatro años. Una tierra asediada por el paro, con más de 30 por ciento en algunas provincias, con una crisis que nos golpea más que en el resto de España y con una imagen exterior lastrada por casos de presunta corrupción.
A sensu contrario, estamos en una comunidad que mantiene una de las sanidades más completas y valoradas del Estado, con claros avances en el estado de bienestar y con una aplicación de políticas sociales comprometida.
Como ven todo un dilema para optar a lo largo del día de hoy. La respuesta la tienen ustedes en sus manos y no tendrá solución hasta las diez de la noche. Será entonces cuando una parte se bañará en cava, celebrando un triunfo al que no le arriendo la ganancia, por lo que espera. Mientras, los otros, los perdedores, plegarán velas, se justificarán por la derrota, las heridas tratarán de cicatrizarlas a la espera del día siguiente, en el que se abrirá la caja de los truenos en forma de enemigos por doquier y petición de responsabilidades. Hora de dimisiones y larga travesía del desierto.

Infraestructuras, tiempo de espera

Antonio Lao | 19 de marzo de 2012 a las 11:51

Los temidos ajustes nos traen de cabeza. Tanto, que en esta campaña nadie habla de proyectos concretos de obras e infraestructuras. Todo se reduce a propuestas y a planes millonarios que luego se desarrollarán o no.
Lejos ha quedado el nuevo hospital que el Partido Popular planteó en la anterior legislatura. Tan lejos, que ahora, como el señor que llegó a Lourdes en silla de ruedas a la espera de un milagro,  se contenta, -al despeñarse por un barranco-, con quedarse como estaba.
La dureza de los recortes ha acabado, o amenaza con hacerlo, con proyectos de carreteras tan peregrinos como la autovía que algunos propusieron para unir Los Vélez con la capital. Hoy, y de cara al 25-M, el delegado de Obras Públicas de la Junta se afana en asegurar que la autovía del Almanzora sigue adelante, pese a que algunos tramos están parados y los que restan por adjudicar esperan que la iniciativa privada crea en ellos y ayude a su ejecución.
La magtnitud de la asfixia económica ha dejado en un baúl, para mejor ocasión, los accesos a Almería desde la rotonda de Viator. Nadie, ni populares ni socialistas, han recurrido al tema durante la campaña. Y es que cuando no hay un euro que llevarse a la boca, y en unos comicios tan reñidos donde todo puede pasar, nadie se atreve a prometer cosas que luego será más que difícil cumplir. A lo más que llegamos son a declaraciones, más o menos contundentes, en las que la delegada del Gobierno -ya lo hac ía siendo parlamentaria y alcaldesa de Adra- se compromete con la terminación de la A-7 que nos une a Málaga.
Las obras de palacio van tan despacio, que sólo basta echar la mirada atrás y recordar que siendo ministro de Fomento Francisco Álvarez Cascos -ahora está fuera del PP y aspira a ser presidente de Asturias- señalaba en 2002 que pasara lo que pasase o contra viento marea, lo mismo da que lo mismo tiene, está vía sería una realidad para los Juegos del Mediterráneo. Estamos en 2012 y aún quedan más de 50 kilómetros por terminar. Con suerte y con euros, llegamos 2015 o 2016 y estaremos conectados con Málaga por autovía, diez años después de lo previsto.

Ana, la cocinera del comedor de Abla

Antonio Lao | 12 de marzo de 2012 a las 12:46

Estamos tan preocupados por el día a día, por las grandes cuestiones que pensamos van a cambiar el mundo o, al menos, el curso de las cosas, que cuando la vida, de verdad, te golpea, sales tan noqueado que reaccionas siempre a destiempo.
La muerte de Ana, la cocinera del comedor escolar de Abla a manos de su hija, me ha dejado un sabor amargo, lo más parecido a la tuera. Una alerta del 112 me daba la primera noticia. Un suceso desgraciado más, pensé. Cuando llevas en esto años y años tratas de poner una coraza de por medio  para que las cosas te afecten sólo lo necesario. Al poco un buen amigo me decía quién era: Ana, la cocinera del comedor escolar. la mujer que durante años preparó la comida para cientos de niños que entonces, como yo, tuvimos que emigrar del colegio de nuestro pueblo a otro centro más grande para mejorar las condiciones educativas.
Ana era todo virtud, todo genio si me apuran, pero de una bondad exquisita. Nos trataba, a todos, como si de sus hijos se tratase. No desperdiciaba ocasión para obligarnos a comer, lo que nos gustaba y lo que no era santo de nuestra devoción. Fueron aquellos años difíciles, los del final de la dictadura y el comienzo de la incipiente democracia.  Años en los que la abundancia no era lo común y en los que una ración doble de dulce de membrillo como postre era la mayor de las delicias que un niño obtenía tras un primer y segundo plato, siempre abundantes.
Eran años en los que los cien niños que comíamos en el comedor del colegio Joaquín Tena Sicilia de Abla lo hacíamos desesperados para aprovechar las dos horas del mediodía, hasta el inicio de las clases de la tarde -entonces las había- para disfrutar de las instalaciones del centro.
Jugar al fútbol, a canicas, a chapas, a baloncesto -cuando alguien se llevaba un balón- y a pelear con el agricultor que tenía su finca paralela al campo, era una delicia. Cada dos pos tres el balón salía por encima de la valla que nos protegía y el propietario de las tierras, Juan creo que se llamaba, se empeñaba en quitarnoslo, argumentando que le dañábamos las habas, los guisantes o las lechugas, que también las había que cultivaba. El agua nunca llegó al río. Ana siempre estuvo allí para poner paz.

La vuelta a la calle

Antonio Lao | 5 de marzo de 2012 a las 12:20

La capital ha vivido en las últimas semanas dos de las manifestaciones más numerosas que se recuerdan. La aprobación por el Gobierno de la reforma laboral ha logrado sacar a la calle a más de siete mil almerienses en la primera protesta y tres mil en la segunda. Una cifra nada desdeñable, que ha envalentonado a los sindicatos, en la creencia de que la más que probable huelga general será un éxito.
No voy a entrar en aplaudir o silbar la reforma. Esa es una tarea que que corresponde a los sesudos expertos, economistas, sindicalistas, políticos o juristas. Si que me ha llamado la atención la capacidad de convocatoria que, de pronto, han logrado los sindicatos. De estar  vituperados, derrotados o casi, han pasado a jugar un papel preponderante en la “toma de la calle” que en las últimas semanas todos hemos visto. Esta renovada capacidad, pienso, no viene dada porque hayan encontrado la varita mágica con la que llegar a la conciencia de los ciudadanos. Al contrario. Lo que sucede es que los trabajadores han visto cómo se les toca el bolsillo. Es esta, por tanto, una causa más que justificada para abrir una brecha de lucha contra los recortes y cuantos derechos comienzan a ser mermados consecuencia de la crisis. El segundo argumento en el nuevo escenario que se plantea, tras la llegada al Gobierno del Partido Popular, es el regreso a la calle de los políticos socialistas. Aquellos que hasta ahora se sentían acomodados y arropados y que, de pronto, han visto el frío que hace fuera. En el río revuelto regresan a un asfalto que nunca debieron abandonar y a protestar y defender unos derechos que hasta hace unos meses habían dado esquinazo. Ver a diputados, alcaldes, concejales y senadores en una manifestación choca. Aunque si realmente quieren recuperar el terreno perdido, la credibilidad ante la ciudadanía y, sobre todo, las raíces de su ideología, quizá nunca debieran haber abandonado lo que siempre fue su razón de ser. No quiero creer que la causa de la vuelta a las barricadas, a la pancarta y a los eslóganes callejeros se quede sólo en el intento de mostrar, a los votantes que hace tres meses perdieron, que mantienen su esencia y que el alejamiento de la realidad y de los problemas,  sólo ha sido un mal sueño.

Antonio Pérez Lao, medalla de oro de Andalucía

Antonio Lao | 29 de febrero de 2012 a las 16:32

El Consejo de Gobierno de la Junta acordaba en su reunión del martes conceder la Mellalla de Oro de Andalucía a Antonio Pérez Lao, presidente de Cajamar, por su trayectoria al frente de la entidad de crédito almeriense. Una distinción más que merecida, que viene a rubricar una trayectoria impecable de un hombre hecho a si mismo, con una excelente visión empresarial y, lo que creo más importante, con un enorme corazón y humanidad extrema.
Pérez Lao le ha dado a Cajamar cercanía, credibilidad y la sensación permanente de tener a tu lado a amigos y no a banqueros. Y eso, para una entidad bancaria, es un valor que va más allá de todos cuantos conforman el mundo de la banca. Antonio Pérez Lao ha seguido como nadie la estela que dejó Juan del Águila en su época de presidente y la ha redoblado con capacidad, crecimiento, cercanía, buen trato y hasta exquisitez. Antonio, todo bondad, ha abierto en sus muchos años en Cajamar una espita tan grande que permanecerá en la historia de esta provincia y de su caja por excelencia.
El martes, cuando recoja la Medalla de manos de José Antonio Griñán, el presidente de Cajamar estará rodeado de su familia, de sus compañeros y de sus muchos amigos. Será entonces cuando hará balance, cuando regresará a su Doña María, a su cortijo en Los Gregorios, a su infancia, a su juventud, a sus primeros pasos en la Caja. A los tiempos pretéritos, que siempre son mejores sólo porque se recuerdan con cariño y se alejan los malos momentos.
Regresará a Los Pozos o a Las Torrecillas, al Haza la Era o a la Hoja de lo Alto o al Olivarillo. A esos tiempos en lo que lo importante no era lo superfluo sino lo cotidiano. A los amigos de toda la vida como Antonio Taona o Manuel el de Frasco o Pepe Trabuco. A los tiempos en que una pequeña tienda de comestibles regentada por Antonio Pérez y Visitación, sus padres, era el centro de un pueblo que trataba de buscar su identidad y su futuro en la posguerra, a los tiempos en los que estudiaba en Madrid o a los tiempos en los que para sacar unos duros era capaz de hacer de vendedor de radios. Una de ellas, aquella vieja Inter de la que ya he escrito alguna vez, que vendiste a Alfredo, mi padre, aún la conservo. Enhorabuena.

La Clásica y el Teatro del Siglo de Oro

Antonio Lao | 20 de febrero de 2012 a las 11:34

Si no cuidamos y mimamos lo que tenemos ¿quién lo va a hacer? Aunque la respuesta parece obvia parece que nadie o casi nadie está por la labor de preservar aquellos eventos que, con mucho trabajo y esfuerzo, han dado un salto de calidad y han traspasado las fronteras provinciales para convertirse en referente de esta tierra en el exterior. Dos casos nos han ocupado en los últimos días, con distinta suerte para cada uno de ellos. Me refiero a la Clásica Ciclista y a las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro.
La primera es un referente en el pelotón internacional desde hace más de un cuarto de siglo. El buen hacer de los Hermanos Muñoz ha situado la prueba en lo más alto del escalafón internacional. Aunque no lo crean y, pese a su protagonismo, ha faltado “un pelo” para dar al traste con el evento y, lo que es más inquietante, con la promoción exterior que tiene para esta tierra. Por fortuna la Diputación Provincial de Almería, esta vez sí, ha estado al quite y no va a permitir que merme un ápice la calidad y la proyección que de esta provincia se hace con la carrera.
No corren la misma suerte las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro. La directora, Ascensión Bascuñana, ha lanzado una llamada de socorro ante el riesgo, serio, de desaparición que tiene uno de los certámenes culturales por excelencia de la provincia y de España. No podemos estar al albur, por más que nos pese, de los buenos o malos momentos económicos del país. Hay determinados eventos -lo he escrito en otras ocasiones- que deben ser intocables. La Clásica Ciclista y las Jornadas del Siglo de Oro son dos de ellos.
Nos definen, nos marcan y nos proyectan como provincia en el exterior. Son santo y seña de Almería y, por tanto, tienen o deben tener prioridad. Es aquí donde se debe ver la voluntad, la coherencia y el buen hacer de aquellos que nos gobiernan -me da igual la institución-. El compromiso, inequívoco, tiene caracter permamente. En ningún caso hay que depender del concejal, delegado o diputado de turno o de las arcas, más llenas o mermadas, para su celebración. Las señas de identidad de un pueblo, y estas lo son, tienen, como las especies en peligro, especial protección.

Marruecos, el vecino

Antonio Lao | 6 de febrero de 2012 a las 11:48

El pleno del Parlamento Europeo aprobará, casi con seguridad, el próximo día 15 de febrero el acuerdo de libre comercio entre ambos territorios. Aquí, en Almería, llevamos años implorando respuestas por parte de los gobiernos andaluz y español, vetos y otras propuestas que acaben con el tratado o, al menos, minimice sus consecuencias.
En una suerte de “harakiri”, en esta provincia maldecimos al vecino marroquí y pronosticamos sobre nosotros una especie de “plaga bíblica”, sí el tratado llega a firmarse.
Unos y otros, otros y unos, se empeñan en arrimar el ascua a una sardina que está más que achicharrada en el espeto. Si nadie lo remedia, y por más que lamentemos, declaremos o nos quejemos, la suerte está más que  echada.
¿Será Marruecos el fin del modelo Almería? Con las lógicas reservas creo que no. Muy al contrario. Los que aquí habitamos estamos más que acostumbrados a los retos y de todos, incluidos los más inverosímiles, hemos salido airosos. Lo he escrito desde esta tribuna en más de una ocasión y lo reitero. En un mundo global, donde la competitividad y la innovación es lo que prima, no podemos perder un sólo minuto en lamentaciones y en hablar de cifras probables o posibles, porque en realidad las desconocemos. Al contrario. Sólo hemos de mirarnos, por ejemplo  en Holanda, y ver cómo ha sabido sobreponerse a la competencia que fue, es y será España. Por tanto, basta de lamentaciones, basta  de quejas y basta de cuchillos afilados contra los que gobiernan o nos gobernaron. Tenemos la tierra, tenemos a los mejores agricultores, tenemos a los empresarios, las alhóndigas, las cooperativas y los mercados. Trabajemos pues en mejorar nuestra oferta, en ofrecer la calidad de la que carece  nuestro vecino y la que en mucho tiempo no podrá ofrecer.
Si algo bueno tiene el libre mercado es la competencia. Una competencia que nos debe hacer mejores y con mayor capacidad de penetración en los mercados, incluso por encima de los bajos salarios que paga nuestro vecino. Marruecos es parte de nuestro presente y nuestro futuro. Debemos convivir con ellos y ganarles en buena lid.