La nueva Diputación

Antonio Lao | 20 de junio de 2011 a las 12:03

GABRIEL Amat dispondrá a mediados de julio de la mayoría absoluta más holgada jamás conocida para gobernar la Diputación Provincial. Dieciocho diputados para gestionar el ayuntamiento de ayuntamientos durante cuatro años, sin las cortapisas de las minorías y riesgo cero de perder una votación. Poder omnímodo para hacer y deshacer. La oportunidad les llega que ni pintada para devolver a la institución provincial un prestigio que perdió hace demasiado tiempo y que la ha minado hasta convertirla en un queso gruyere.
Es cierto que no corren buenos tiempos económicos y que los recortes serán el pan nuestro de cada día año tras año, pero no lo es menos, que si las cosas se hacen con un mínimo de coherencia, con las reglas de juego bien definidas y con las propuestas sobre la mesa, los ayuntamientos de Almería -los grandes beneficiados o los grandes perjudicados siempre- tienen una oportunidad única de avanzar en el desarrollo emprendido en los últimos tiempos y que ahora se puede culminar.
No me vale la creación de empresas públicas como la que en su día buscaba la ejecución de carriles bici, ni tampoco aquella que trata de suplantar las competencias del Gobierno o de la Junta en materia de vivienda. Si me vale una Diputación preocupada por el turismo y por la marca Costa de Almería ahora olvidada y degenerada.Sí creo en una casa de Ayuntamientos capaz de resolver las pequeñas cosas de los municipios más pequeños, que son auténticos molinos de viento por su enormidad para los alcaldes y también apoyaré el trabajo en la mejora de carreteras provinciales, electrificación rural e infraestructuras básicas para mantener la población en las zonas rurales.
Sí estaré con una programación cultural que llegue a los pequeños núcleos, a los conciertos de música clásica, al teatro o a los títeres, a las pequeñas cosas que en un pueblo de 200 habitantes siguen siendo un acontecimiento.
Y no me esperen en las mega obras, ni en los grandes conciertos, ni tampoco en las magníficas ideas terminadas en polis, que lo único que buscan es el lucimiento de unos pocos y el lucramiento de otros tantos.

Regeneración y savia nueva

Antonio Lao | 13 de junio de 2011 a las 12:17

EL PSOE de Almería, como el del resto de provincias, vive sumido en una crisis de ideas. Las recetas aplicadas para la gestión de la crisis no han sido entendidas por los ciudadanos, que han visto como un partido progresista era capaz de tirar por la borda sus postulados, para abrazar los más abyectos propugnados por el capitalismo y los mercados. Bajo este paragüas, no es de extrañar que elección tras elección los hayan desalojado de allí donde gobiernan.
En Almería esta situación se ha visto agravada, magnificada, por la dilapidación de un concepto tan básico al socialismo como es la solidaridad, la colaboración, la abnegación y el sufrimiento conjunto de la militancia. En los últimos 14 años aquellos que han regido los destinos de esta fuerza política, se olvidaron de la calle y de aquellos que los situaron en la cumbre para dirigirlos para dar paso al encierro en una urna de cristal, de la que sólo salían para pisotear la dignidad y las ideas de muchos, de muchos más de los deseados y de lo humanamente soportable. Ahora se abre un nuevo tiempo. Un proceso del que debe salir un liderazgo creible, abierto, participativo y solidario, en el que se premien las ideas en vez de castigarlas; se aplauda la discrepancia y no se guillotine y, lo que es más importante, se sitúe en cada puesto de responsabilidad a los mejores, a aquellos que tengan probadas y sobradas cualidades y no a los paniaguados y pelotas de turno, que sólo sepan aplaudir las genialidades, por absurdas que fueran, del jefe. No vale lo antiguo, lo conocido, el revanchismo, ni lo casposo.

Es tiempo de soltar amarras, de buscar la colaboración de aquellos que aporten experiencia, pero sin ataduras con el pasado. El PSOE de Almería necesita del aire más puro, de la ingenuidad y el ingenio de los más jóvenes y, sobradamente preparados, para tratar de dar la vuelta a una dinámica perdedora que ha calado en la militancia. Aquellos que crean que cualquier tiempo pasado fue mejor y hay que recuperarlo se equivocan, por caduco y trasnochado, por injustificable y efímero. Muy al contrario, el camino pasa por hombres y mujeres sin pasado, implicados en la gestión y dignos sucesores de aquel que un día dio nombre a ese partido: Pablo Iglesias.

La crisis del pepino y la almohada de plumas

Antonio Lao | 6 de junio de 2011 a las 13:25

Somos extremadamente vulnerables. El sur sigue siendo visto por la todopoderosa Alemania como tierra de “vagos, pícaros y busca vidas” a los que, además de ayudar, se deben tutelar para dirigirlos por la senda de la sensatez, la cordura y el buen camino. Los que aquí habitamos mantenemos el tópico de casi “parias” a los que, claro está, es importante incrementar su renta per cápita para que compren productos manufacturados venidos de la tierra de la tecnología, el orden, el criterio y la inteligencia. ¡Qué ironía!
No es más que el intento permanente por mantener una hegemonía ficticia a costa de aquellos que, paso a paso, hemos sido capaces de exprimir la tierra hasta lograr ser la huerta de Europa. Producimos más y mejor que nadie, con todas las garantías y aplicando las más modernas tecnologías en cultivos. Nos podemos equivocar, claro está, pero ellos también. Y en el caso que nos ocupa, el de la bacteria E. Coli, no tenemos nada que ver. Son ellos los que deben seguir buscando de dónde proviene y la forma de cerrar la puerta a un problema que ha causado ya casi dos docenas de muertes.

Lo lamentable en este caso es que han sido capaces de romper la almohada de plumas y esparcirlas (el autor de la frase es el presidente de la Junta) y vamos a ver ahora quién o quienes son capaces de volver a introducirlas en el saco. Nos ha costado sangre, sudor y lágrimas crecer punto a punto en autoestima, en mercados difíciles y complejos y ahora, sin culpa alguna, hemos bajado de  quinientos en quinientos hasta situarnos al borde de la ruina, del abismo.
Luego están los que nos gobiernan. Aquellos que llegan tarde a Almería, como el caso del vicepresidente del Gobierno. Se dedica a dar largas cambiadas sin responder a nada.

Debemos, por Almería y nuestros productos, seguir vigilantes; exigir compensaciones y, lo que es más importante, desarrollar una campaña de imagen en toda Europa, que devuelva el prestigio hecho añicos en una semana a unos productos que son líderes allí donde van. El trabajo que tenemos por delante es ingente, pero como hemos hecho en otras ocasiones saldremos a flote, nos levantaremos, pero sin olvidar que “quien rompe paga y se lleva los tiestos”.

El daño ya está hecho

Antonio Lao | 1 de junio de 2011 a las 13:57

UN alivio parcial para la agricultura de Almería. Los científicos alemanes descartan ya que las bacterias encontradas en dos de los pepinos españoles analizados en Hamburgo causaran el brote de infecciones por Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC, por sus siglas en inglés) en el norte de Alemania. Así lo reconocía ayer la senadora (ministra) de Sanidad de la ciudad-Estado, Cornelia Prüfer-Storcks. Los laboratorios del Instituto de Higiene hamburgués continúan estudiando otros dos pepinos, uno de origen español, en los que se encontró EHEC.Aún se desconoce si están contaminados por bacterias del serotipo 0104, la cepa que ha sido identificada como la causante del brote infeccioso en el país.

Nunca es tarde si la dicha es buena. La certeza de este refrán español, en el caso que nos ocupa, llega tarde, pues el daño ya está hecho. Nos va a costar sangre, sudor y lágrimas recuperar para Almería el crédito y el prestigio de nuestras hortalizas en un mercado tan tradicional y fundamental para esta provincia como es el alemán y el europeo. Dicho esto, sólo cabe exigir a las autoridades españolas –la ministra de Medio Rural y Marino y el vicepresidente del Gobierno llegan hoy a Almería una semana tarde- la contundencia de la que no han hecho gala en la firma de acuerdo bilateral UE Marruecos y que defiendan un sector capaz de generar más de dos mil millones de euros en exportaciones y de dar empleo a más de cien mil personas.

Todo lo que no sea recibir compensaciones por parte de la UE y promover una campaña de imagen en toda Europa, contando las excelencias de los productos hortícolas de esta provincia, deberá entenderse como un fiasco más de aquellos que nos gobiernan, capaces de llegar para colgarse la medalla y, si te he visto no me acuerdo. Rubalcaba y Aguilar, como ayer lo hizo el presidente de la Junta, José Antonio Griñán, tienen una oportunidad de oro para recuperar el crédito perdido ante los agricultores, dejando a un lado la palabrería y las imágenes mediáticas y zafándose donde verdaderamente importa: en los despachos de la UE y en las ayudas a los cultivadores de hortalizas.

Sin rumbo, sin ideas, sin proyecto

Antonio Lao | 30 de mayo de 2011 a las 11:33

SIN paliativos. No hay paños calientes para enjugar la derrota que los socialistas han sufrido en las elecciones municipales. Con las cifras sobre la mesa, y barridos del mapa provincial, es hora de articular un nuevo proyecto que vuelva a ilusionar a militantes, simpatizantes y ciudadanos. La tarea es tan ingente que nadie se ha puesto a ello. Los dirigentes provinciales están todavía bajo el shock anafiláctico, incapaces de reaccionar y a la espera de conocer qué deciden en las alturas para, como siempre, aplicar en cascada las soluciones.
Hasta ahí parece lógico. Pero en esta provincia llueve sobre mojado. Los socialistas viven desde hace demasiados años en una burbuja oscurecida, incapaces de escuchar lo que los ciudadanos les sugieren y, mucho menos, de aplicar las demandas que les realizan. Inmersos en una epecie de “Síndrome de la Moncloa” han creído -gran error- que todo el mundo vivía en la pompa, boato y festivaleo en la que ellos se movían, alejados de la realidad de forma peligroa y dejándose comer el terreno por sus contrincantes.
De forma parelela han situado en las administraciones militantes incapaces, escasamente preparados y planos, aunque dispuestos de forma permanente a aplaudir al líder, sin preguntar nada más. Así se han encontrado una administración autonómica ajena a la gestión, alejada de la realidad y, lo que es más preocupante, sin una idea o proyecto de futuro que proyectar hacia los posibles votantes. Han llegado tarde a la asunción de la crisis; han tardado un mundo en reconocer la necesidad de apretarse el cinturón y, lo que es más grave, se han rodeado de una guardia pretoriana, al borde del caciquismo, tratando de impedir cualquier movimiento.
La conclusión a tanta incapacidad no es otra que el alejamiento de las bases hacia otros postulados y la búsqueda de parámetros más cercanos a la realidad que vivimos. No es de extrañar, por tanto, que el Partido Popular haya ilusionado a los votantes porque les han hecho recuperar la ilusión. Y mientras, la dirección socialista envuelta en la demagogia de tomar la calle y salir a explicar sus propuestas. ¿Qué les ha impedido hacerlo hasta ahora?

El PSOE evita la autocrítica

Antonio Lao | 24 de mayo de 2011 a las 11:24

EL secretario general de los socialistas de Almería, Diego Asensio, analizó horas después del batacazo electoral de su partido los resultados. Llama la atención la total ausencia de autocrítica en la nota hecha pública tras su comparecencia. En ninguno de los casos asume  una mínima parte de la culpa de la debacle y sí divaga acerca de las causas que, a su juicio, los han llevado a esta situación. Se atreve, además, a asegurar que van a estar vigilantes “ante cualquier intento de la derecha de recortar derechos sociales”.

No se conforma el máximo dirigente de los socialistas almerienses con “pasar de puntillas” por su gestión, sino que además –y parece una ironía- ofrece una serie de datos sobre los resultados, en los que habla de los 42 municipios en los que han sido la fuerza más votada y en los 35 en los que han alcanzado la mayoría absoluta. Se jacta del número de concejales logrados “412, cincuenta y ocho menos que en la anterior cita electoral”.

Cualquiera que lea esto podría sentir consuelo, si no fuera porque la mayoría de los pueblos en los que gobernarán tienen menos de 1.000 habitantes y otros muchos no alcanzan ni los 500. Se olvida de decir que se han quedado con 7 ediles en la capital, 5 en Roquetas o 5 en El Ejido. Que han perdido de una tacada todos los pueblos medianos y que tan sólo se ha salvado de la quema dos municipios, Albox y Vícar, en el que el trabajo de Pepe García y Antonio Bonilla ha dado sus frutos. Achaca a la crisis el dirigente provincial el tsunami que los ha barrido y dice que van a trabajar para recuperar el crédito perdido.

Esta afirmación sería perfecta si no fuera porque hace cuatro años y hace ocho años dijeron lo mismo cuando perdieron la capital y los grandes pueblos y el propósito de enmienda quedó en eso, en un propósito. Decir ahora que van a centrar la atención en la calle durante los próximos cuatro años suena a hueco, cuando en la campaña que finaliza han dejado casi sólos a los candidatos, preocupados por otras guerras.

El día después

Antonio Lao | 23 de mayo de 2011 a las 11:54

LA jornada electoral de hoy está cargada de mil matices. Tensión, nervios, adrenalina, sudores y, claro está, cava para los ganadores y tila, mucha tila, para los perdedores. Con ser importante todo lo que rodea al domingo, las votaciones, el seguimiento y el recuento de los votos, lo que amenaza con convertirse en un tsunami es el día después.

Las encuestas dicen que en Almería habrá pocas sorpresas. El Partido Popular mantendrá sus feudos (capital, Roquetas, Adra, La Mojonera y Vícar) y dará un enorme bocado a los pueblos más pequeños, que hasta ahora han sido socialistas. Además, la Diputación puede amanecer socialista y acostarse popular, claro que con el permiso de los resultados que obtenga el Partido de Almería en el Poniente. Amat, Luis Rogelio, Carmen Crespo o Antonio Jesús Rodríguez verán reforzados sus liderazgos y la borrachera de poder puede ser de las que hacen época. En las filas socialistas la camisa no les llega al cuello. Tras una campaña triste, sin dinero y con enormes diferencias entre ellos, sólo disimuladas por la fuerza de la campaña, se temen lo peor.

Sí -condicional- el “batacazo” es el que vaticinan las encuestas, se desatará la gran tormenta, la madre de todas las tormentas, en la que proyectará un enorme cambio, liderado por el secretario general de los socialistas andaluces, José Antonio Griñán, en un intento desesperado de llegar a las andaluzas y a las generales con alguna garantía de éxito. Ese cambio conlleva el desalojo de muchas de las caras que hemos conocido estos años y la generación de una profunda revolución, en la que se visualice un cambio real. Claro que sobre el papel todo parece fácil. Luego habrá que ver dónde está el límite del fracaso y de qué fuerza disponen unos y otros para llevar a cabo el desalojo o para mantener la trinchera inamovible y todos los flancos cubiertos para alargar la agonía.

Los pequeños, como Izquierda Unida, esperan consolidar lo que tienen. Si llega algo más, -un hecho bastante probable- será considerado un éxito. Les permitirá ser bisagra en muchos pueblos, con lo que ello supondrá de giro a la izquierda y a lo social que vienen propugnando en los últimos años.

El perfil: Eugenio Gonzálvez, su pueblo y lo que venga

Antonio Lao | 17 de mayo de 2011 a las 12:53

Eugenio Gonzálvez repite como candidato del Partido Popular a la alcaldía de Gádor. El dirigente popular opta a un nuevo mandado como si fuera la primera vez. La experiencia y los años tienen su importancia, aunque en la piel de Gonzálvez sólo es un acicate o un aliciente. No cree que sean ambos méritos para obtener la alcaldía y, por tanto, no deja nada al azar. Trabaja como un pipiolo y busca sumar, en la misma medida que sus enemigos políticos lo zancadillean, sin descanso.

Gonzálvez llegó a la política siendo casi un niño. Desde el principio tuvo clara su capacidad de liderazgo y la ha aprovechado. No lo ha tenido fácil. Al contrario. Los empujones y las patadas han sido una constante dentro de su propio partido y las denuncias y la búsqueda de errores se han convertido en el pan nuestro de cada día de sus opositores. A unos y otros los ha esquivado como ha podido, sacando lo mejor de si mismo, para darles una larga cambiada, una verónica, un pase de pecho o una estocada (figurada), definitiva.

Su capacidad para extraer agua del pozo más árido lo han llevado a ser diputado provincial, parlamentario andaluz, candidato a presidir la Diputación y senador. A nivel de partido alcanzó la secretaría general, en épocas complejas y para olvidar, en las que un paso en falso se pagaba muy caro.

Nada y guarda la ropa con la misma serenidad que el que se toma un café en la plaza del pueblo una mañana de domingo. Otea el horizonte, percibe el peligro y se agazapa como una liebre si su integridad está en juego. Segundos después saca las zarpas y se lanza al ataque con la misma mesura y sin la piedad que estos casos requieren. Un político en estado puro. Tan sólo se muestra condescendiente si hablamos de su familia o su pueblo. Es aquí donde encontramos al Gonzálvez más humano, aquel que se carga de razón y romanticismo a partes iguales y que se aleja del ruido mediático para centrarse en las pequeñas cosas, en aquellas que son verdaderamente importantes.

Ahora llega uno de esos momentos. La hora de decidir hacia donde camina la localidad. Gonzálvez sabe de las dificultades, no en vano desde la oposición han querido apartarlo de la lucha por la alcaldía desde los tribunales sin conseguirlo. Un acicate más para echar toda la carne en el asador en una batalla que se me antoja incruenta, pero que dejará algunos cadáveres en el camino. Y si no esperen al 22 de mayo por la noche.

El perfil: Alfredo Valdivia, siempre a pie de obra

Antonio Lao | 16 de mayo de 2011 a las 10:53

Alfredo Valdivia repite como candidato del PSOE a la alcaldía de Fiñana. Enrocado en un cargo que estuvo a punto de dejar a mitad de legislatura, para dar el salto a la política provincial o regional, se mantiene en una plaza que domina a la perfección y en la que no espera sorpresas de última hora.

Valdivia se ha hecho a si mismo en política. Curtido en mil batallas municipales, está siempre a pie de obra. Es el alcalde para todo. Lo mismo ejerce de cocinero en unas jornadas gastronómicas, que hace de jurado en un concurso de vinos o pincha discos en una fiesta de los ochenta, en la que recupera los viejos vinilos de la discoteca Escorpio o Bombín Club.

Pelea para su pueblo cada proyecto que se deja caer por la zona. Ese afán localista lo aleja de un concepto de comarca en el que debe creer y luchar y del que ahora está ausente. Es sólo un pero a una gestión que ha sido positiva y que lo mantendrá, salvo sorpresas, al frente de la alcaldía de uno de los pueblos más hermosos de la provincia, en la falda de Sierra Nevada.

No ha tenido suerte en el Partido Socialista. La fuerza de los votos llevaron a los dirigentes provinciales a prometerle dar el salto a la política provincial. Un camino que no ha llegado a recorrer, no porque no esté preparado, sino por el miedo de algunos a verse superados. A pesar de ello mantiene fidelidad eclesiástica a las siglas.

En su casa ha tenido algún que otro problema solventado con cirugía precisa en las listas, eliminando cualquier atisbo de gangrena, que pudiera instalar en el rebaño que pastorea más pus de la necesaria.

Ha mantenido en las últimas legislaturas la mayoría absoluta que heredó de Juan Martínez Molina y la aumentó. De ahí que se haya sentido legitimado a actuar con bisturí cuando lo ha creído necesario y con torniquetes reparadores en los momentos de mayor hemorragia. Una política de palo y zanahoria precisa y que sigue dando sus frutos. Nada que objetar.

Campaña a medio gas

Antonio Lao | 16 de mayo de 2011 a las 10:52

CUANDO falta una semana para la cita con las urnas, la sensación en la calle es de pasotismo. Una especie de desánimo se ha instalado en los ciudadanos, más preocupados por como van a llegar a final de mes, que de conocer quién va a regir los destinos de su ciudad o su pueblo a partir del día 22.
La apatía es tan brutal que los candidatos se afanan por acercarse a los vecinos. Éstos sonríen, tratan de ser amables, si pueden se alejan y, en el mejor de los casos te atienden con paciencia infinita, para después encogerse de hombros y a otra cosa.
No sabría con certeza de quién es la culpa. Los hay que lo achacan al hartazgo permanente de mentiras que tienen que escuchar un día sí y otro también; otros creen que es como un partido amañanado, en el que se conoce el resultado final, con lo que la emoción es ninguna y los iluminados ven en el intento de hacer de estas elecciones una especie de primarias sobre las nacionales, la desgana que nos inunda. Yo me instalo en la normalidad democrática.
Han pasado más de treinta años desde las primeras elecciones municipales y se ha perdido todo efecto sorpresa, todo romanticismo y todo sueño que vaya más allá de ejercer tu derecho el 22 de mayo, cumplir como ciudadano y esperar que la opción elegida sea la ganadora. En caso contrario, al menos es de desear que se gobierne para todos, con criterio, mesura algo de cordura y, lo que es más importante, la gestión de los fondos públicos se haga con absoluta trasparencia y equidad.
Luego está la crisis. Una sensación que nos atenaza, que nos ahoga y en la que los medios de comunicación cumplimos un papel casi asfixiante. No hay día que no bombardeemos con el apocalipsis y así llevamos cuatro años. Un tiempo que confirma que cada día echemos una solicitud para levantarnos, marchar al frente y capear con trabajo el acoso.
La situación está mal, nadie lo niega. Pero no es menos cierto que es infinitamente mejor de la que, por ejemplo, sufrieron nuestros padres y salieron adelante. Aportar un grano de arena en positivo se me antoja básico. De lo contrario cualquier día cerramos el chiriguito y nos vamos.