Regenerar, regenerar y regenerar

Antonio Lao | 30 de mayo de 2016 a las 18:39

Pretender devolver a la política el prestigio que tuvo durante la Transición pasa por la regeneración, no del sistema, que se ha demostrado que funciona, si no por los resortes que lo mantienen en pie. No digo que el que “la hace que la pague, pero casi”. Viene esto a colación de lo que se producía hace unos días en el Ayuntamiento de Cantoria. Un pueblo “castigado” por la incapacidad, la opacidad, el compadreo y la ineficacia de su alcaldes prácticamente desde el alumbramiento de la democracia.
La fuerza de los votos sacó del Ayuntamiento en en las últimas elecciones al Partido Popular, muy castigado por la gestión de un alcalde, Pedro Llamas, inhabilitado por la Justicia. Los socialistas se las prometían felices y sus gestores no tuvieron mejor idea que situar de candidato a un vecino que había sido detenido por la Guardia Civil en posesión de una papelina de cocaína y en la puerta de un club de alterne. La noticia, que alcanzó las portadas de los periódicos nacionales, les llevó a cambiar de candidato. Ni cortos ni perezosos, sin encomendarse a Dios ni al diablo, lo sacaron de la lista y auparon, con un par, a su mujer al primer puesto de la candidatura.
Aún así ganaron las elecciones y parecía que todo caminaba por la senda establecida, retomando poco a poco la normalidad y abriendo las puertas del Ayuntamiento a los vecinos, que para eso son los protagonistas, y levantando las alfombras de tantos años de opacidad, oscurantismo y “ordeno y mando”, al que habían acostumbrado a los que allí habitan, sin que muchos se atrevieran, por miedo muchas veces, por desidia otras, a levantar la voz.
Pero los días de vino y rosas tenían fecha de caducidad. Aquellos que tanto denunciaron y criticaron a Pedro Llamas, y con razón, nada más llegar al gobierno municipal retoman pronto los mismos vicios y, si me apuran acrecentados. Y si no cómo explican que la alcaldesa, una de las primeras decisiones que toma sea tener de asesor a su marido. Sí, a su marido, aquel que iba para candidato y que tuvo que salir por la puerta de atrás,poco menos que diciendo “fu”, como los gatos.
Pero no contentos con ello, en el último pleno celebrado por el Ayuntamiento tuvo que ser desalojado por la alcaldesa, su mujer, por llamar “gilipollas” (textual) al portavoz de la oposición. Entenderán que la credibilidad de los políticos, de unos y de otros, de los que estuvieron y de los que llegan, no está más arriba de la suela de un zapato. La regeneración de la que se les llena la boca de forma permanente, mucho me temo que en casos como este parece poco probable. ¡Ahh!, no crean que el Partido Socialista ha tomado cartas en el asunto, ha abierto expediente o ha presionado para que deje de ser asesor. No ha abierto la boca, como tampoco lo hizo cuando lo eligió como cabeza de lista.

Voluntad de liderazgo

Antonio Lao | 23 de mayo de 2016 a las 12:23

Eduardo Baamonde ya es el nuevo presidente de Cajamar. Este ingeniero agrónomo y director general de Cooperativas Agro-Alimentarias hasta hace unos meses tiene ante sí uno de los mayores retos que afronta la caja almeriense en los próximos años: la unión de todas las rurales de España, en un mundo muy competitivo y en el que el modelo de negocio cooperativo busca su hueco.
El presidente de Cajamar afronta el reto con la claridad que da la experiencia, con la voluntad de una entidad con vocación de liderazgo, desde que abrió su primera oficina hace cuarenta años, y alejado de la soberbia y del afán de monopolio en el que algunos de sus competidores lo quieren situar.
El Grupo Cajamar tiene voluntad de liderazgo, sí, pero desde el convencimiento de que el modelo de banca cooperativa que propugnan y defienden está a la vanguardia de lo que un país como este necesita y en línea con la que gestiona amplias cuotas de mercado en otros países, plenamente competitiva e integrada en la economía global. Estas palabras de Baamonde son toda una declaración de intenciones para el proceso abierto que se avecina y que, con seguridad, acabará cristalizando en los próximos años.
En el mundo global en el que nos movemos, no parece que tenga mucho sentido la individualidad. Se me antoja básico y vital la alianza de grupos europeos similares en la defensa del cooperativismo de crédito, un modelo que tiene su espacio y en el que una provincia como la nuestra ha sido fundamental para el desarrollo experimentado en las últimas cuatro décadas. Hoy no se puede ir de Llanero Solitario por el mundo. Al contrario, es necesario reforzar el peso político de crédito corporativo ante Europa, en el nuevo escenario de la unión bancaria europea, dejando a un lado individualismos y las aventuras en solitario que siempre tienen fecha de caducidad.
Y en eso Cajamar ha sido un lider sólido desde su nacimiento. Un lider que no debe olvidar nunca sus raíces, la cercanía y el asesoramiento individual de sus clientes. Un criterio que le ha hecho superar de lejos el 50% de cuota de mercado en la provincia, lo que es visto por sus competidores como un hecho extraordinario y que, a buen seguro, acabará siendo estudiado en las universidades como algo único e irrepetible.
Todo ello desde la humildad, desde el trato preferente con aquellos que forman el mundo cooperativo y el agro, en la seguridad de que en el cara a cara, en el regate corto y en la cercanía al terruño está el éxito que ha permitido que hoy, cuarenta años después, el sueño de pioneros como Juan del Águila, se haya convertido en la punta de lanza de una provincia que se muestra al mundo segura, con lustre, esplendor y con vocación de liderazgo.

Almería, provincia de cuneros

Antonio Lao | 16 de mayo de 2016 a las 19:08

La nula fuerza que los órganos provinciales de los distintos partidos políticos tienen en esta provincia la ha hecho vulnerable al aterrizaje frecuente de candidatos cuneros. La llegada del exgeneral Julio Rodríguez, como cabeza de cartel de Podemos por esta tierra, nos es más que un punto y seguido en una larga lista que comenzara allá por la primera legislatura y que se ha ido repitiendo, sin pausa, en cada una de las elecciones que se han celebrado, ya sean al Congreso, Senado e, incluso, al Parlamento de Andalucía. Y es que, tal que al perro flaco todo se le vuelven pulgas, a los organigramas de los partidos provinciales, débiles, conniventes y en muchos casos acongojados, cuando suena el teléfono y los llaman de sus direcciones nacionales bajan la cabeza, miran para otro lado y “tragan” con lo que les dictan sus superiores sin rechistar. Pocos han tenido la valentía de la coordinadora provincial de Izquierda Unida, Rosalía Martín, capaz de decir lo que piensa, sin subterfugios ni palabras huecas, sobre el aterrizaje del exgeneral. De nada le va a servir en la política de hechos consumados que practica el partido de Pablo Iglesias, pero ahí queda. No entraré en su comparación con el entrañable mono Amedio de Marco, -original, distinta, y viral, (objetivo logrado)-, aunque tiene más razón que una santa en todas y cada una de sus apreciaciones. Pero hasta ahora nunca ha habido una contestación y un rechazo tan claro a la llegada de cuneros como candidatos por esta provincia. Se calló, por ejemplo, el secretario general de los socialistas almerienses, José Antonio Amate, cuando el PSOE decidió que Juan de Dios Ramírez Heredia debía ir por esta tierra. Tampoco dijo nada cuando le colocaron a la que luego fue ministra, Cristina Narbona, y le introdujeron con el mismo calzador en la candidatura de las andaluzas al que fuera consejero de Agricultura, Miguel Manaute.
En el PP también callan y otorgan. No tienen más remedio. Y a las pruebas me remito. El actual cabeza de lista al Congreso y portavoz del grupo parlamentario, ya integrado en el paisaje y almeriense de adopción, Rafael Hernando, llegó rebotado de Guadalajara donde le enseñaron la puerta de salida. Y lo mismo ocurrió con Javier Arenas, en las últimas legislaturas andaluzas, en las que encabezó o fue número dos de la lista, con el beneplácito y el aplauso de la dirección provincial. Y es que no hay nada como el aterrizaje de un cunero para hacer méritos ante el órgano superior del partido, en la creencia de que alcanzarán prebendas que nunca llegan. Lo de las candidaturas en listas cerradas, con dedazo o con nombramiento revestido de democracia en esta provincia, es una constante tan habitual y se hace con tanto descaro, que pocos se sorprenden. Pero el 26J, con los ojos más abiertos, los votantes tendrán la última palabra. ¿Los cuneros nos aportan algo? Creo, con sinceridad, que nada.

La vieja estación de Renfe

Antonio Lao | 9 de mayo de 2016 a las 13:55

La estación de Renfe se deteriora al mismo ritmo que el tren, como medio de transporte en esta provincia, tiene fecha de caducidad o en la misma medida que las palomas colonizan el cuerpo central en el que se vendían los billetes y hacía de sala de espera. El edificio, Bien de Interés Cultural, representó el orgullo de la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España, según se recoge en Ferropedia, que abanderaba su estación como símbolo de modernidad de finales del siglo XIX en el que, por fin, contemplarían la llegada de este novedoso transporte conocido por “ferrocarril”. La compañía francesa “Compagnie de Fives-Lille”, diseñó, en 1892, el cuerpo central de estructura de hierro y amplias cristaleras de vidrio en el que destaca el carácter representativo y moderno del edificio, cuyas proporciones arquitectónicas, así como la combinación del hierro y de los ladrillos decorativos, recuerdan mucho los hermosos modelos admirados en Francia en la Exposición Universal de 1889 y cuyo arco monumental dota a esta estación de un sello digno de la importancia del camino de hierro de Linares a Almería. En la fachada principal, una placa deja constancia del arquitecto autor del proyecto, el francés L. Farge, vinculado a la citada compañía.
No es posible catalogar esta estación con un único estilo:historicista en cuanto a la decoración en algunas partes del cuerpo central, ecléctico historicista más o menos barroquizante en los cuerpos laterales y mudejarista por sus ladrillos vistos y barandillas. Los elementos decorativos, se multiplican tanto en el interior como en el exterior. En la fachada principal se repite en azulejos la “A” de Almería con el grafismo típico vasco de txapela, como aporte de los artesanos que participaron. Un reloj en labor de hierro destaca sobre la cristalera central y, dentro, se eleva el mural cerámico de Francisco Cañadas (Almería 1928) que refleja el presente (primer término), pasado (plano intermedio) y futuro (convoy sobre el viaducto en el fondo) del ferrocarril en Almería, mediante escenas vinculadas a los viajeros y paisajes ferroviarios típicamente almerienses, todo ello adornado por piedras naturales y vidrios pintados en teselas irregulares para dar movilidad a la obra. El edificio fue concluido en 1893, pero no entraría en uso hasta la inauguración del tramo Almería-Guadix, el 23 de julio de 1895. La estación se vio afectada por la Guerra Civil, la balaustrada de ladrillos que contornea el remate superior debió ser reconstruida tras el bombardeo de la aviación alemana. Debajo de la estación se improvisaron dos refugios antiaéreos, quedando al descubierto sus entradas durante la remodelación de 1988 – 1991. Con cargo al Plan de Modernización y Equipamiento de Estaciones, se consiguieron restaurar estos casi 600 m² de superficie construida. Todo ello ahora está cerrado y abandonado. Una pena.

Viajar en tren a Sevilla y la reivindicación recurrente

Antonio Lao | 3 de mayo de 2016 a las 17:39

No voy a ser yo quien critique o trate de deslegitimar la reivindicación político-asociativo-sindical que hace unos días protagonizaron los almerienses con el viaje en tren a Sevilla, tratando de hacer ruido sobre las carencias de un servicio arcaico, trasnochado y decimonónico. Claro que no. Al contrario, entiendo como positivas acciones de este tipo, capaces de remover conciencias y crear en la sociedad y en aquellos que nos gobiernan la necesidad de una realidad que padecemos desde tiempos inmemoriales y, mucho me temo, que así va a seguir siendo todavía durante muchos años. Lo que si pongo en duda y me cuestiono es este Guadiana permanente en el que nos movemos en materia de protesta ferroviaria. Lo digo porque, lamentablemente, pasamos de la ebullición y la efervescencia que nos provocan a todos acciones de este tipo, al más profundo de los olvidos y hasta la próxima. Lamento que padezcamos del “síndrome de la arrancada de caballo y parada de burro” en un tema tan principal como son las comunicaciones para la provincia de Almería. Echo la vista atrás y paso las hojas de la hemeroteca, miro las portadas de los periódicos de los años ochenta y me encuentro, ¡sorpresa! las mismas necesidades, las mismas reivindicaciones y los mismos titulares de forma recurrente, cada cierto tiempo, tal que el río Guadiana aparece y desaparece en su discurrir hacia el Oceano Atlántico. Echo de menos un planteamiento serio, eficaz, contundente, global y aglutinador de todos, sin excepciones, para mantener en el tiempo la fuerza de la reivindicación, la constancia de la crítica, el llanto dolorido de la necesidad y la lucha de aquellos a los que la razón les asiste.
¿Qué logramos con el viaje festivo a Sevilla? ¿Qué nos aporta la visita al Parlamento de Andalucía? ¿Que nos puede ofrecer la mano tendida de la presidenta de la Junta a sus cargos de Almería, mientras la veneran con la admiración de un súbdito a su Rey? ¿Dónde está la acción hacia aquel que tiene que resolver el problema?, el Gobierno de España. Preguntas sin respuesta o si la tienen tibias y descafeinadas, pues el síndrome de esquina que siempre nos ha consumido no nos deja desperezarnos, levantarnos y mirar de frente a aquellos que permiten que hoy, en mayo de 2016, todavía se tarden siete horas en viajar a Madrid y otras tantas a Sevilla. No me extraña, por tanto, que la ocupación de los trenes sea tan escasa como el alpiste en una jaula de jilgueros hambrientos. Con la indignación de una situación irresponsable y con la serenidad que la distancia debe provocar en el análisis, dejar claro que el hecho de trasbordar por las obras del AVE en Granada no es más que un hecho coyuntural, que finalizará con la llegada de la alta velocidad a la capital de la Alhambra. No nos quejemos por todo, que no es caso.

Uso y abuso del agua

Antonio Lao | 25 de abril de 2016 a las 12:14

No es la primera vez y seguro que no será la última. Los regantes de la Comarca de Los Vélez y los del Bajo Andarax, denuncian las prácticas no habituales, -desconozco si ilícitas o no-, que vienen padeciendo en los últimos años y que llevan a la esquilmación de los recursos y a un reparto del líquido elemento que no contenta a nadie y disgusta a casi todos.
Vayamos por partes. En la comarca de Los Vélez, la puesta en regadío de 500 hectáreas en la zona alta del término de Vélez Blanco se ha notado y mucho en el caudal habitual de los barrancos que surten de agua a esta localidad y a sus vecinos de Vélez Rubio. Tanto es así que se ha pasado de más de 130 litros por segundo a unos pírricos 35. Incluso, algunas de las fuentes habituales del pueblo han dejado de manar.
Sabemos, nadie lo pone en duda, que la última década no ha sido especialmente lluviosa. Al contrario, la sequía atenaza cultivos y pone en riesgo la supervivencia de muchos pueblos como tales, si nadie lo remedia. Pero eso no es obvice para confirmar que los acuíferos se están sobreexplotando con cultivos intensivos y que nadie parece hacer nada por conjugar desarrollo con preservación de la naturaleza.
En el Bajo Andarax la guerra por el agua es similar. Falta líquido elemento para riego y ha sido el propio alcalde el que ha levantando la voz de alarma ante el riesgo, cierto, de que el bosque de naranjos que hace de barrera del desierto de Tabernas se seque si no hay agua para regarlos y ya empieza a escasear
La política de la administración en cuanto a la concesión de sondeos para riego se me antoja en los últimos años arbitraria y poco exigente. Han sido tantos los que se han realizado y tanta el agua que se extrae de ellos, tratando de resolver un problema cierto de escasez, que parece volverse en contra. Fuentes, barrancos y canales han visto como su caudal disminuía en muchos casos y en otros tantos, incluso, se han secado. El abandono de tierras y la despoblación de muchos núcleos urbanos ha sido tan elevada en este tiempo, que son pocos los que han alzado la voz para denunciarlo. Pero si es patente que la sequía extrema se desplaza y se distribuye por la geografía provincial de manera evidente, alterando habitats y poblaciones arbóreas y faunísticas, que jamás volverán a ser las mismas.
Gran parte, dicen los expertos, achacable al cambio climático y a la disminución de precipitaciones que se ha padecido desde hace medio siglo. Razón no les falta. Pero estarán ustedes conmigo en que la mano del hombre no ha sido todo lo “pulcra”, por poner un calificativo, que cabría esperar. Creemos que la naturaleza al final acaba reparando cualquier daño y mucho me temo que en casos flagrantes no va a ser posible. El problema está en manos de la administración. Hagan algo, antes de que sea tarde.

La guerra de los mosquitos

Antonio Lao | 18 de abril de 2016 a las 11:55

Años  llevan las aguas residuales bajando por el Río Andarax, casi desde Santa Fe, sin que la administración andaluza haya sido capaz de solucionar el problema. Años los vecinos de los pueblos de la ribera del Andarax soportan los malos olores, acrecentados cuando el viento sopla en una u otra dirección. Años han discurrido las aguas fecales por el cauce, contaminando cualquier acuífero que exista por la zona, sin que se hayan puesto, de verdad, medidas serias para acabar con un problema que va más allá de la mera disputa política, para acercarse y bordear el problema sanitario. Pero a nadie parece importarle más allá de lo que viene siendo un titular de periódico, para tratar de desgastar al contrario o una riña de partidos, en la convicción de que se hace daño al oponente sin más. Las aguas residuales mantienen su fluir todo el año, aunque es en verano cuando el problema se vuelve más acuciante, porque trae como añadido los molestos mosquitos. Y es aquí donde la capital ha encontrado un filón contra la Junta de Andalucía, no sin razón, abriendo una brecha que va a tardar, si siguen así las cosas, mucho en cerrarse. Ya ni me acuerdo de las decenas de promesas, visitas, propuestas, declaraciones de intenciones y otras zarandajas que he escuchado de unos y de otros, todas cortoplacistas, algunas con buenas intenciones y la mayoría buscando sólo el intento de apagar un fuego que quema en exceso en las manos de los que nos gobiernan, ora porque no disponen de los medios para solucionar el problema, ora porque su propia incapacidad en la gestión los lleva a dilatar la solución sine die. Y así nos encontramos. Denuncias en la fiscalía, mociones en los plenos, buenas palabras y hasta que ese Guadiana de la polémica, -nunca mejor usado el término- regrese a primea línea, a la espera de un solución real para todos los que habitan en esta zona del Andarax, que son miles de personas. Y es que sólo hay que preguntar a los vecinos de la ribera su opinión sobre el desaguisado, para que el malestar y hasta la ira carguen contra aquellos que, un día si y otro también, basan su quehacer diario en la promesa incumplida. Los mosquitos, si nadie los remedia, volverán a campar esta primavera-verano por el Andarax, con especial incidencia en las áreas habitadas y cercanas al río. Los que los sufren sólo les quedará, como en otras temporadas, acercarse a la farmacia para buscar el repelente para untarse, tal que una crema para el sol, las fumigaciones espontáneas y recurrentes, que sólo tienen algún efecto de forma puntual y encomendarse a los hados para esquivar las picaduras de estos molestos insectos, compañeros del estío, que ya afilan “picos” para chupar la sangre de los incautos vecinos que esperan las buenas temperaturas para disfrutar y que, al final, acaban con sus cuerpos convertidos en un campo de minas.

La tortuga mora y el AVE

Antonio Lao | 11 de abril de 2016 a las 12:20

Cuando de confundir se trata, no hay nada como unas declaraciones del político de turno, en las que se pongan en valor premisas falsas, tratando de lograr que la conclusión sea verdadera. Nada más lejos de la realidad. Hace unos días el portavoz del PP en el Congreso y diputado por Almería, Rafael Hernando, en un intento de echar balones fuera y alejar responsabilidades, se descolgó con unas afirmaciones en torno al reinicio de las obras del AVE entre Almería y Murcia que hicieron temblar todos los cimientos de la lógica para acercarse al esperpento informativo y al postureo político. Sin mediar anestesia previa, el diputado Hernando pedía a la Junta de Andalucía que retire las tortugas moras de la zona de Cuevas y Pulpí, en la que los trabajos deben desarrollarse, para que las obras puedan comenzar.
Recordar que llevan seis meses adjudicadas y que, pese a contar con 100 millones de euros consignados en los Presupuestos Generales del Estado, ni la empresa adjudicataria ni el albañil de Los Herrerías por hablar de una pequeña pedanía de la provincia, ha aparecido por el trazado para nada. Al contrario, todos creen, creemos que la adjudicación de los trabajos tenía un claro tinte electoralista, sabiendo el Gobierno entonces que las elecciones eran en diciembre y que la promesa de unos y de otros, incluida la ministra, era reiniciar la construcción del trazado antes de que finalizase el año 2016.
Lo cierto es que han pasado tres meses de 2016 y todo sigue igual. Y ante la posibilidad, más que probable, de que en junio vuelva a haber elecciones, nada mejor que sacar un conejo de la chistera y culpar al otro de los errores que no ha cometido para tú quedar ante la opinión pública libre de cualquier sospecha.
Lo de las obras del AVE en Almería ha pasado por múltiples vicisitudes en la legislatura pasada. Se paralizaron con la crisis y nunca más se supo. Lo único cierto, y es una realidad constatable, es que se han perdido cuatro años, pese a que en cada uno de ellos se ha destinado una partida a retomar los trabajos. Una partida que suma 400 millones de euros que la provincia ha perdido, ante la indiferencia de quienes nos gobernaban, la desidia de aquellos que no han pasado de un leve crítica por miedo a represalias y ante la pasividad de los ciudadanos que habían depositado grandes esperanzas en un medio de transporte rápido, eficaz y limpio y que siguen soportando las siete horas de rigor a Madrid, en un Talgo trasnochado y en unas vías tan lentas como “el caballo del malo”.
Claro que siempre nos quedará un diputado como Rafael Hernando, tan eficaz entantas cosas, y tan “Ramonet” en otras cuando de salvar la cara del Gobierno se trata. Entiendo que defienda el trabajo de su gobierno, aunque no me explico que no haga lo mismo con los ciudadanos de la provincia que les ha votado.

El Plan General se ahoga en los Pozos de Bernal

Antonio Lao | 5 de abril de 2016 a las 12:45

El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de la capital se ahoga en los pozos de Bernal. La Consejería de Medio Ambiente ha tumbado el proyecto redactado y aprobado por el Ayuntamiento. El informe medioambiental, en el que se asegura que no se garantiza el agua para los nuevos desarrollos urbanos, ha sido un escollo insalvable y la causa por la que la Junta de Andalucía ha optado por suspender el Plan.
Una decisión que ha levantado ampollas en el actual equipo de gobierno, comprensión entre los socialistas y una de cal y otra de arena en Ciudadanos, -la muleta actual del gobierno municipal-, aunque en permanente observación y control de gestión. Con ser grave la suspensión, y pese a los intentos conciliadores de la Junta, dando un plazo de un año para subsanar errores y aprobarlo, lo cierto es que desde el Ayuntamiento no se ha buscado nunca de forma clara la complicidad y el acuerdo con la la administración andaluza. Al contrario, desde el inicio de la tramitación, aprobación y remisión a la administración autonómica (mirar hemeroteca) se ha puesto en duda siempre el compromiso y el deseo de Medio Ambiente por sacarlo adelante. Incluso, en alguna ocasión, se ha hablado de intereses ocultos e intentos de torpedear el proyecto, con argumentos tan peregrinos como la ideología diferente de aquellos que rigen los destinos de Andalucía y los que lo hacen en la capital.
Sea como fuere, lo cierto es que desde el principio las cartas se pusieron sobre la mesa, se advirtió de los problemas de agua que los nuevos crecimientos iban a generar,sin garantías de abastecimiento y, aún así, desde el Ayuntamiento se ha esperado hasta el último momento para tratar de buscar una salida que permitiera sacarlo adelante. Se ha trabajado tarde y mal, por lo que no es de extrañar que dos semanas antes de conocerse una decisión anunciada y pregonada por todos, se acudiera a Sevilla para buscar una solución de compromiso que no ha llegado. Una solución que hubiera “lavado la cara” de aquellos que no han hecho de forma correcta su trabajo durante años y que ahora, cuando las prisas obligan, han tratado de culpar al contrario de sus errores.
Así no se va a ninguna parte. Ahora no valen lamentos, llantos o críticas hacia el contrario, tratando de ahuecar el ala, esperar a que escampe y mojarse lo menos posible. Gran error. En un proyecto de vital importancia para el desarrollo futuro de la ciudad; no se pueden ni se deben dar palos de ciego o gestionar al albur del viento que sople, porque al final el tornado acaba por cogerte y luego, por más que lo intentes, no saldrás de su núcleo. Hay tiempo. La Junta da un año para subsanar errores. Háganse, dejemos a un lado la confrontación y las cartas que de nada sirven y afrontemos la realidad. Criterio, coherencia, trabajo y buen gobierno.

La Feria que viene

Antonio Lao | 28 de marzo de 2016 a las 11:01

La Feria de la capital es el evento más importante que celebra la ciudad a lo largo del año. Tradición, participación y devoción se unen en unas fiestas tan arraigadas como las migas los días de lluvia o las tapas en los bares. Es tan almeriense que cada cambio o modificación, por pequeña que sea, va a contar con el apoyo o la crítica de los ciudadanos que, a partes iguales, son capaces de encontrar los matices más pequeños que pueden dar al traste con aquellos que han osado modificarlos. Y es que como en el fútbol, -todos llevamos un seleccionador dentro- en lo que a la Feria se refiere cada uno la haríamos a nuestra manera y, posiblemente, todas serían válidas.
En septiembre, cuando la procesión de la Virgen del Mar se encierra, desde el Ayuntamiento se hace balance de un evento que en los últimos años ha venido a menos, en la misma medida que las actividades se repiten y se confunden con el paisaje, alejadas de lo actual y ancladas en un pasado que dispersa la participación. Si a ello se suma lo alejado del recinto ferial, aunque coqueto y multiusos, el cóctel que encontramos no aspira a que lo saboreemos con gusto.
Bajo estas premisas, no es extraño que se busque, desde todos los ámbitos, la cuadratura del círculo de una fiesta que nos atañe a todos por lo que representa. He escrito en más de una ocasión que fue un error bajar el número de días, en aras a no se que concepto y en la búsqueda de ahorro en tiempos de crisis. Se pueden cambiar muchas cosas del contenido, pero nunca se deben tocar aquellos elementos que suponen una seña de identidad para los almerienses y, las jornadas festivas, es una de ellas.
Tampoco es asumible que la Feria del mediodía esté en manos de unos pocos hosteleros, vetando la entrada de otros nuevos. Si de diversión hablamos Almería, desde el centro a la periferia, debe ser una fiesta durante las fiestas. En Pamplona los sanfermines son un gran botellón y nadie protesta más de lo deseado. Con control, limpieza y mesura todo es soportable si de generar buen ambiente, tradición y distinción frente al resto hablamos. Aquí, siendo más papistas que el Papa, nos hemos rasgado las vestiduras por pequeñeces, por miedo a perder unos votos o, simplemente, por el ansia de protagonismo de algunos, empeñados en dejar huella o rastro por su paso por el Ayuntamiento. Otro error.
Mi propuesta. Devolver a la feria todos sus días, potenciar el recinto ferial, abrirla a todos los colectivos, multiplicar los eventos lúdico festivos, buscar la participación de los almerienses, proyectarla en el exterior y, muy importante, buscar que los precios no se disparen. Con ello el gasto, al final, crecerá, en la misma medida que las salidas se multiplicarán en nuestra fiesta por antonomasia.