La ansiedad de Monchi

Javier Mérida | 18 de febrero de 2009 a las 18:57

En el tiempo que hoy nos toca vivir, en el que unas 6.000 personas engrosan cada día la lista del paro, puede resultar extravagante hablar de ansiedad en el mundo del fútbol. Cierto que los honorarios que recibe un profesional no son directamente proporcionales a su estado de ánimo o mental, pero hay que convenir que pocos futbolistas, entrenadores o técnicos requieren la ayuda de profesionales para estos menesteres si se comparan con el resto de la sociedad, entre otras razones porque conviven a diario con psicólogos capaces de frenar estos estados críticos del ser humano.

El paréntesis viene al caso por las declaraciones de ayer de Monchi sobre la supuesta ansiedad, que sería más bien impotencia, que sintió ya en la quinta jornada (Sevilla-Espanyol, 2-0) y que incluso le provocó el llanto. Verdad es que los profesionales cualificados viven en el alambre y sometidos a todo tipo de juicios, además diarios, pero eso va en la soldada y no parece muy oportuno solicitar la ayuda de los medios de comunicación para atenuar ese estado de “ansiedad”.

Lógicamente, mientras más pacífica sea la convivencia entre los integrantes de un club de fútbol y los medios, mejor será el entorno en el que cada uno desarrolle su respectiva profesión. Pero, a la par, habría que recordar que el Sevilla dispone de vehículos de comunicación suficientes para hacer llegar a sus simpatizantes el estado de las cosas de su casa y que éstos no siempre contribuyen a generar armonía, más bien al contrario.

Porque es José María del Nido, el presidente, quien marca las líneas editoriales del club, quien precisamente quiere que sus profesionales vivan en continuo estado de excitación. Lo contrario sería carecer de estímulos y que la entidad y el equipo se adocenaran. Aquí no cabe término medio. Y el primero que lo sabe es Monchi, a quien en su tiempo le costó digerir esa presión y a punto estuvo de irse al Almería. Por eso me da la impresión de que ahora habla más por lo que ve que sienten otros que por lo que vivió en sus propias carnes el día del Espanyol. Que, además, tampoco sería para tanto.

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  • Miguel

    Un acertado análisis, sí señor: “Habría que recordar que el Sevilla dispone de vehículos de comunicación suficientes para hacer llegar a sus simpatizantes el estado de las cosas de su casa y que éstos no siempre contribuyen a generar armonía, más bien al contrario”, decías en tu comentario.

    El señor Del Nido, con su gabinete de prensa a la vanguardia, no paran de espolear a los suyos: “Somos un equipo grande”, se repite desde el antetítulo hasta el último párrafo. La afición cree y se ilusiona.

    Cuando la presión ambiental se convierte en la presión de un equipo grande, aparecen la ansiedad y la frustración. Son, según mi parecer, las contradicciones propias de un club sometido al sofocante efecto Pigmalión impuesto por su ‘intelligentsia’.

  • Javier Mérida

    Lo cierto es que Galatea cobró vida y ganó 5 títulos.

  • Miguel

    En efecto, Javier, Galatea despertó y ganó aquellos meritorios cinco títulos.
    De ahí que resulte poco natural que Monchi saliera cargando tintas contra la prensa por unas pocas lágrimas de ansiedad.
    Es por eso que aludía en mi comentario a “la contradicción del club (sevillista)”.
    Otro tema sería discutir sobre las ventajas e inconvenientes del efecto Pigmalión y su más que improbable contagio al otro club sevillano.