CHÁVEZ

Cayetano García de la Borbolla | 8 de marzo de 2013 a las 9:20

Hay una cosa que siempre me llamó la atención de Hugo Chávez: era de los pocos personajes criticados con igual saña en El País y en La Razón, en el ABC y en El Mundo; en general en toda la prensa española. Desde luego era un personaje particular. No se podría decir que Hugo Chávez fuera un gran intelectual, sus referentes Galeano, Chomsky, eran algo básicos. Por otro lado, era un gran histrión, eso es evidente, con su bailes, sus canciones y sus shows televisivos; pero esa imagen unánimemente negativa que se ha difundido de él en los últimos diez años le chirría a cualquier persona con un mínimo de espíritu crítico.

Se dice que los políticos se hacen a imagen y semejanza de la sociedad que les vota, y por ello parece  complicado que Venezuela alumbrara un Olof Palme para acaudillar su socialismo. En su lugar, en un momento de crisis nacional y de descrédito del sistema de partidos hasta entonces existente (¿les suena?) surge Chávez, que arrasó en las elecciones de 1998, con un programa que, respetando al economía de mercado y la libre empresa, postulaba un cambio en el reparto de  la riqueza en Venezuela, hasta entonces en manos de una oligarquía formada por  unas pocas familias, como sucede en América Latina. 

Ciertamente, en España el finado presidente venezolano no gozaba de buena imagen, de hecho provocaba rechazo en una gran mayoría de españoles, sin embargo, es curioso que pocos supieran decir por qué, más allá de esa imagen negativa que transmitían los medios de comunicación.  Lo cierto es que, a juicio del que escribe, había pocas razones objetivas para que desde este lado del Atlántico se le tuviera tanta inquina.

Una de las primeras decisiones que tomó Chávez cuando  alcanzó el poder en 1999,  sacar a los militares venezolanos de la Escuela de las Américas, y mandarlos a formarse a España, escoció bastante en los Estados Unidos y sería el inicio de una larga historia de desencuentro. En contraposición a  Colombia, el alumno aventajado de los EEUU en la región, Venezuela iba a transformarse en el hijo díscolo, entre otras decisiones por terminar con el monopolio de las empresas armamentísticas norteamericanas en su país, decisión que a la postre  benefició mucho a  España, ya que en el 2005 Navantia firmó unos contratos multimillonarios para construir diversos buques para la Armada venezolana que representaron la salvación para los astillero gaditanos.

Admito que resultan impresentables las imágenes de sus funerales, con esa exhibición impúdica del duelo, y los panegíricos acríticos sobre el finado que se emiten desde la otra orilla del océano, pero igualmente me resultan chocantes las acusaciones de totalitario, hostigador de los medios y azote de la oposición, que no resisten el más mínimo análisis.

Chávez, el totalitario, el que  se presentó y ganó  cuatro elecciones limpiamente, bajo la concienzuda supervisión de numerosos observadores internacionales. Cuatro elecciones, como Felipe González, uno de los próceres de nuestra democracia, al que nadie acusó de querer perpetuarse en el poder.

Chávez el  perseguidor de la oposición venezolana, a pesar de que sepamos, no hay un solo opositor en la cárcel, ni siquiera el ínclito Carlos Andrés Pérez (antiguo financiador del PSOE), condenado por malversación de caudales públicos, antes de que Chávez alcanzara el poder, no pisó la cárcel en el nuevo régimen (sí lo había hecho en el anterior) y murió en su dorado exilio de Miami, disfrutando de lo robado a los venezolanos.

Chávez el hostigador de los medios no afines… Bueno, a Polanco lo metieron en el cárcel en los años de Aznar, y la verdad es que Martín Ferrand, Ansón, Pablo Sebastián,  y el propio Pedro Jota no paraban de quejarse del acoso que sufrían en los años del felipismo.

Hay dos lunares en el periodo chavista, el primero es la caótica situación económica en la que deja el país, y el segundo su lamentable  apoyo a la satrapía cubana, y a la  teocracia medieval iraní, dos regímenes absolutamente impresentables, pero bueno Aznar y Zapatero eran amigos de Gadaffi ¿no?

Etiquetas: ,

MODIFICADOS CAÑÍ

Cayetano García de la Borbolla | 26 de febrero de 2013 a las 12:43

Hoy publica el diario El Mundo la noticia de que una reciente sentencia del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas ha rechazado los tres recursos interpuestos por España contra la reducción de los Fondos Europeos de Desarrollo Regional (FEDER) en los años noventa porque cometió irregularidades en su adjudicación de forma “sistemática”  Se trata del enésimo varapalo que da Bruselas a nuestro sistema de contratación pública.

Por otro lado no pasa un día sin que surjan nuevos escándalos de corrupción, ligados a la financiación ilegal de los partidos políticos, mediante exacciones que, en numerosos casos, pagaban los concesionarios de obra pública a los adjudicadores de  las obras.

Al espectador externo le resulta un tema sorprendente que, dentro de un ámbito que se supone transparente como la contratación pública, se de con tanta frecuencia “la mordida”, y, enseguida, surgen opiniones de todo tipo en cuanto a las causas que la favorecen y los modos más eficaces de combatirla. No quiero entrar en discursos sobre el alma y el ser de los españoles,  sobre si como dice The Economist, nuestra cultura de raíz católica favorece la tolerancia a las corruptelas; pero sí creo oportuno llamar la atención sobre determinadas estructuras legales que sin duda posibilitan, o cuando menos,  crean un entorno favorable al convoluto.

Existe una institución genuinamente española, como la mantilla, el gazpacho o la jota aragonesa: el modificado de contrato, sesuda creación de los tecnócratas del tardo franquismo ( es del año 1965), y como tantas otras cosas, incorporado a nuestro sistema actual, ya saben, aquello tan manido de la ley a la ley, o que todo cambie para que todo siga igual.

El modificado, en román paladino es la facultad que se concede a la administración para alterar los términos en los que se adjudicó una licitación administrativa, eso tan conocido en este país de adjudicar una obra por cien millones y que acabe costando ciento cuarenta;  y que pese a numerosos requerimientos  por parte de las instituciones europeas, nuestros gobernantes se han resistido a eliminar (Spain is different). El modificado, es una de las causas de que en palabras del profesor Sosa Wagner, la contratación del sector público en España “se asemeje a  un pantano donde campan a su aire las inmunidades del poder”, o sea, que gracias entre otras cosas al modificado, es más fácil acumular veintidós millones de euros en Suiza, como quien no quiere la cosa. Al final, terminando el año 2011 se decidió limitarlo, ante la postura firme de la UE de no cofinanciar los modificados de contratos: “si queréis un sistema de contratación castizo, pagadlo vosotros” vinieron a decirnos.

La ley de Contratos, que ha sufrido DOCE modificaciones en sus escasos cuatro años y medio de vigencia, intenta tras su última reforma  pasar del carácter ordinario y normal de la modificación contractual, a una naturaleza más estricta ¿Se está consiguiendo? ¿Es más difícil  ahora “echarse un sobrecito”? Pues que quieren que les diga… El modificado,  tabú para los europeos, sigue existiendo, aunque restringido, en una norma que todavía tiene significativas ambigüedades. España en esto sigue siendo diferente.

EL RENOVABLE PROBLEMA DE LA ENERGÍA

Cayetano García de la Borbolla | 20 de febrero de 2013 a las 18:27

“Oil!!” (petróleo) es el título de una novela de Upton Sinclair sobre el  boom petrolero que vivió Estados Unidos a comienzos del siglo XX. Si se escribiera hoy en día debería titularse Gas!!. En efecto, Estados Unidos está asistiendo a su enésima revolución energética en este comienzo del siglo XX, y no precisamente de la mano de las llamadas energías renovables que en España hemos protegido tanto en los últimos años, sino a través del desarrollo en la técnica de extracción de gas natural por fracturación hisdraúlica (fracking) que ha reducido enormemente los costes de  dicha materia prima haciéndola enormemente competitiva. El fenómeno es analizado pormenorizadamente en un reciente artículo de la revista del MIT, e incluso ha sido objeto de una película premiada en el festival de Sundance, “Gasland”.

 

El “fracking” se inventó en EEUU, y es controvertido por su impacto medioambiental. La técnica consiste en alcanzar depósitos de petróleo y gas en roca muy poco porosa, e inyectar miles de toneladas de agua con arena y más de 260 productos químicos para crear en ella grietas de hasta 800 metros. El gas queda así libre para ser explotado. Esta novedosa técnica ha provocado que el gas cueste en EEUU seis veces menos de lo que pagamos por él en Europa.

 

Mientras en España, -que supuestamente alberga depósitos de gas susceptibles de ser extraídos mediante “fracking”-,   sin una política energética seria desde la Transición, seguimos empeñados en pegarnos tiros en el pie, adoptando, una tras otra, decisiones antieconómicas como el rechazo a la energía nuclear, los subsidios al carbón y el sorprendente déficit de la tarifa eléctrica.  Por si fuera poco en Europa la técnica del “fracking” cuenta con detractores, por razones medioambientales, siendo su mayor enemigo Francia, que no olvidemos cuenta en su suelo con cincuenta y nueve reactores nucleares.

 

La energía, el problema energético, es otro de las maldiciones bíblicas que los españoles arrastramos desde la noche de los tiempos, y que ningún político se ha atrevido a afrontar de forma realista, la defectuosa privatización y posterior  liberalización del sector, teniendo en cuenta que en enero ha vuelto a subir la factura de la luz, no ha tenido resultados positivos… Al menos para el consumidor, otra cosa son los integrantes de los consejos de administración, revisen sus nombres, seguro que les suenan.

 

Esta carencia de política energética es otra de las fallas estructurales de nuestra economía que lastra el crecimiento, y que recientemente fue puesto de manifiesto en un informe de la Comisión Europea,  que señalaba  la insuficiencia de la competencia en el mercado español como la verdadera causa generadora del déficit de tarifa, teniendo en cuenta que más del 80% de la generación y distribución eléctrica del país está en manos de sólo dos compañías, Endesa e Iberdrola. Lo que en román paladino viene a denominarse oligopolio. Ello hace que paguemos la tercera factura de la luz más cara de Europa, tras Chipre e Irlanda, según Eurostat. Todo esto, teniendo en cuenta que después del trabajo, la energía es el principal factor de competitividad, lastra nuestras posibilidades de recuperación.

 

¿Será capaz el gobierno de meter las cabras en el corral a estas empresas oligopolistas, con consejos de administración  plagados de amiguetes, fruto, como casi todo en el sector empresarial español, de privatizaciones efectuadas de forma deficiente?  Desde luego resulta una condición imprescindible para empezar a superar la crisis.

 

Establecer  modelos es importante, y en el sector energético más; definir el papel que deben desempeñar las energías renovables, la nuclear, el gas y el petróleo, abrir un debate público, sin dogmatismos sobre las fuentes de energía más eficientes, y sobre todo, y no menos importante, sobre la estructura del mercado energético en nuestro país y la necesidad proceder a una verdadera liberalización del sector, tanto en la generación como en la distribución, es una tarea ineludible para este gobierno.

 

Para terminar, y cabrearles un poquito más: revisen en los Presupuestos Generales del Estado, cual es el porcentaje de las subidas de impuestos que se acaban llevando las eléctricas a través de las primas a las renovables…

Merienda de negros

Cayetano García de la Borbolla | 20 de febrero de 2013 a las 18:18

Merienda de negros es el título de una novela muy divertida de Evelyn Waugh, en la que se cuenta la historia de los desmanes cometidos por un gobernante  lleno de buenas intenciones, pero  totalmente alejado de la realidad de su pueblo, el imaginario país de Azania.

Y es que no hay cosa peor que un político ajeno a la realidad, empadronado en la luna.