La belleza del desierto

Ulyfox | 12 de abril de 2014 a las 1:27

Penélope, en el Sáhara marroquí en 1988.

Penélope, en el Sáhara marroquí en 1988.

Era la primera vez que veíamos el desierto, pero el desierto de las películas, el de verdad, con sus altas dunas de color amarillo rojizo, su horizonte infinito y agobiante porque inmediatamente se te venía a la cabeza la maldición que supondría perderse en él, andar a trompicones por la arena, mirar hacia el sol abrasador, apurar las últimas gotas de la cantimplora seca, caer finalmente de bruces y perecer abandonado, o quizá no, quizá de pronto abrirías los ojos en un último esfuerzo y verías una figura bamboleante y extraña, desenfocada, que poco a poco se iría aclarando a la vez que se acercaba y verías ¡oh, sí, gracias a dios! que era un hombre a camello, tu salvación. Como en las películas.

Viendo el amanecer en el desierto marroquí.

Viendo el amanecer en el desierto marroquí.

Pero no, no era una película de aventuras, sino una excursión domesticada que nos levantó a las cuatro de la madrugada en aquel hotel también de película, en Tinerghir, a las puertas del Sáhara marroquí, en una habitación calurosa, refrescada (es un decir) sólo por un ventilador de pie de los que tenían una luz difuminada azul en el centro. Y Penélope además se despertó mal, porque llevaba un día arrastrando una infección estomacal que le provocaba fiebre y otras molestias. Pero en una decisión fruto de su arrojo y de sus 28 años, se puso en pie, se tomó una culdina y se subió al jeep con todos los excursionistas. No se arrepintió, aunque antes de llegar a las dunas hubo que hacer un camino de más de una hora por unas pistas pedregosas, con unos conductores que se empeñaron en hacer carreras entre ellos. Muy divertido, lo juro, a esa edad, todos con el pañuelo tuareg en dos tonos de azul, anudado con maestría para evitar el polvo. Creo que aún podría ponérmelo correctamente, tras aquellas lecciones improvisadas.

Pose fílmica en las arenas.

Pose fílmica en las arenas.

La excursión, dentro de aquel inolvidable circuito en 1988 con Unijoven por todo Marruecos, con paliza de autobús y hoteles a tono con el precio tan económico, resultaba imprescindible. Su objetivo era ver el amanecer en el desierto, contemplar la salida del sol desde lo alto de una duna. Y sí, fue impresionante, porque el sol emergió como de una niebla roja, lentamente allí enfrente, mientras que detrás de la duna aún era noche cerrada y…  no habíamos visto nada igual antes.

Luego, más tarde, tras volver al hotel, el grupo siguió el camino, y seguimos viendo otro tipo de desierto, de montañas amarillas y tierras yermas. Y muy de vez en cuando, un oasis. Oasis enormes, extensos palmerales junto a los cuales crecían verdes huertas gracias al agua de esos wadi o ríos subterráneos que cruzan los desiertos.

Luego hemos estado en el también espectacular Wadi Rum, en Jordania, con sus piedras sabias y el recuerdo de Lawrence de Arabia el el aire. No es fácil apreciar la belleza del desierto, pero yo lo tuve más sencillo, porque la llevaba de compañera, como podéis ver en la primera foto que ilustra esta entrada.

Este es un verdadero oasis.

Este es un verdadero oasis.

 

Penélope Travels

Ulyfox | 9 de abril de 2014 a las 13:54

Terraza del Stella Apartments en Kato Zakros, en Creta.

Terraza del Stella Apartments en Kato Zakros, en Creta.

Así nos gustaría llamar a una agencia de viajes que montáramos para amigos y confiados. Estos nos buscan y nosotros los buscamos. Se nos abre la expresión cuando alguien nos pregunta ¿habéis estado en tal sitio? y si es que sí, empezamos y no paramos. Especialmente conocida es nuestra pasión por el Mediterráneo, por lo que nos llueven las preguntas sobre ese lugar central del mundo que nosotros todos conocemos y vivimos.

Casas de Cefalú, en Sicilia, al borde de la playa.

Casas de Cefalú, en Sicilia, al borde de la playa.

A Ricardo y Cana, amigos en el alma viajera, les compartimos preparativos y están a punto de cerrarlo todo para irse a Creta este verano. Y era ver hoteles, lugares, tabernas y crecer la envidia en nosotros, la envidia porque ellos irán antes. Pero es a la vez llegar a casa Penélope y hacer lo que más le gusta: repasar estancias, comprobar direcciones, aconsejar alojamientos, confirmar horarios. De nuevo, una guía personalizada. Ya está.

Hace unos días, tres amigas y compañeras me consultaban su viaje a Sicilia. Programamos juntos paradas y fondas, desechamos algunos, reforzamos otros y rectificamos lo que había que rectificar, entre referencias cinematográficas a ‘El Padrino’ y ‘Cinema Paradiso’. Nada más agradable comprobar a la vuelta que ese lugar bendecido por la herencia griega y latina les ha encantado.

Y una pregunta que nos hacemos cada vez más a menudo: ¿no deberíamos dedicarnos a esto, a ayudar al necesitado de consejo a planificar su viaje, a no perderse los detalles más humanos de cada lugar, a compartir nuestros amigos, a que les lleven recuerdos y besos, a que los traten bien cuando lleguen, a cuidar que no tengan problemas y si los tienen encuentren la solución?

Esa es la cuestión.

Etiquetas: , , , ,

Y la elegida es… ¡Bilbao!

Ulyfox | 2 de abril de 2014 a las 13:34

PENSION-ARIAS-BILBAO_-CASCO-VIEJO

Mira que estuvimos a punto de reservar vuelo y hotel en Edimburgo. Mira que de pronto apareció en nuestra búsqueda el brillante nombre de Palermo y la promesa de revivir Sicilia. Mira que tenemos algunas guías de Escocia que nos ha prestado un amigo, y mira que las palabras de quienes han ido a visitar ese país son muy convincentes, y entre todas ellas las que pronuncia la enamorada Pili. Pero no, al final, por fin, en este próximo Puente del 1 de Mayo ¡nos vamos a Bilbao!

Es interesante analizar el proceso por el que algunas veces hemos hecho todos los preparativos, menos el paso definitivo, para irnos a algún sitio y luego lo hemos pospuesto. Nos dice Pili: “Cuando por fin vayáis a Edimburgo, os preguntareis por qué no habéis ido antes”. Ojalá, y seguro que iremos. No vamos a ir todavía por varias razones, cada una de las cuales podría considerarse nimia según el momento. Pero, resumidamente, es bastante más caro, el viaje bastante más largo, y las combinaciones de vuelos bastante más incómodas. Y el Norte-Norte con sus nieblas y sus paisajes bucólicos que atrapan las ensoñaciones de Pili aún no nos toca el corazón tanto como el brillo mediterráneo. Por otra parte, está el tema del tiempo, del atmosférico me refiero. Ya sé que Bilbao no es precisamente Cancún, pero tiene otro argumento de más peso: seguro que comemos mucho mejor. Siempre me ha extrañado mucho la poca importancia que se le da a la comida en los países del norte de Europa, la dificultad de encontrar algo realmente rico, al contrario de lo extremadamente fácil que es comer bien en cualquier país del Sur.

Es curioso que muchos de estos argumentos, algunos excepto el de la comida, nos han servido muchas veces para posponer nuestra deuda con el País Vasco. Esta vez, quién sabe, los iones en el aire tal vez se dispusieron para abrir definitivamente las puertas de nuestra resistencia. Así que nos prometemos una ciudad moderna, una gente educada, unos paisajes verdes y una comida excelsa. Eso esperamos, y que la visita nos contraríe de una vez por todas nuestras reticencias.

Por eso, por favor, como seguro que muchos habréis hecho la tarea antes que nosotros y conocéis ya la gran capital del Norte y sus alrededores, soltadnos por aquí unos consejitos, unas pistas de lugares para ver, oler y comer en sus calles, costas y montes. Se agradecerán. Os devolveremos el favor con creces dándole, a la vuelta y quizá durante, forma a varias entradas en este blog que es vuestro.

El mar bravío de Nazaré

Ulyfox | 28 de marzo de 2014 a las 1:29

El mar bravío en la playa de Nazaré.

El mar bravío en la playa de Nazaré.

 

Sí, ha vuelto el invierno cuando parecía que la primavera tenía que empezar su reinado. Este invierno ha sido persistente, insistente, ha funcionado como un tirano que de vez en cuando aflojaba la mano,  dejando una mínima tregua de uno, dos días. Tan sólo hace un par de semanas el buen tiempo asomó la cara, pareció decirnos “¿os acordais de lo guapo que soy, de lo simpático que puedo resultar?”, para después volver a marcharse, o quizá ser expulsado por el déspota.

Precisamente los últimos coletazos del invierno oficial los vivimos, según empezamos a contaros, en el centro de Portugal. Un viaje relámpago, en el puente festivo de Andalucía, en el que pasamos por Óbidos, nuestro vicio, y Alcobaça, y en el que volvimos también a Nazaré, el gran pueblo pesquero de pasado heroico, en el que los pescadores se echaban a la mar en hermosos barcos de proa afilada y curva. Nazaré, de nombre tan bíblico, es una gran playa atlántica, un inmenso arenal muy visitado en verano por portugueses de todo el país, y también muy conocido entre los españoles que visitan Fátima, no muy lejos.

Aguantando el temporal en el Paseo Marítimo de Nazaré.

Aguantando el temporal en el Paseo Marítimo de Nazaré.

 

Cerca, muy cerca de Nazaré, está Sitio, que viene a ser como la parte alta del pueblo, allá arriba del acantilado y comunicado con la parte baja por un funicular, que los lugareños titulan ‘ascensor’. Desde Sitio, cuando no hay nubes, se contempla una panorámica espectacular y bellísima de la playa, larga y larga, azul a un lado, dorada al otro. Pero ese día, cuando llegamos nosotros, ni siquiera era posible distinguir desde el Paseo Marítimo las casas en lo alto, y el ascensor se perdía entre la niebla a medio camino. Soplaba además un viento fuerte que hacía que el oleaje golpeara con fuerza sobre la base del acantilado, bajo el faro, haciendo comprender por qué tantas rocas parecen desgarradas de tierra firme. La carretera había sido protegida de los embates del océano amontonando arena en la playa, a modo de muro defensivo, para que las olas no llegaran a las casas. Guarecidos dentro de los chaquetones, era hermoso soportar el espectáculo visual y sonoro, pero desagradable al poco rato.

Así que después de almorzar un arroz de marisco en una calle del interior algo más protegida, y de pasear como héroes turistas un rato por el pueblo, decidimos que era lo mejor refugiarse en la calidez del hotel, a procurar una tranquila siesta y un rato de lectura hasta la hora de la cena.

Era, al parecer, la noche grande del Carnaval de Nazaré, que goza de una cierta fama en la región. Y pudimos contemplar una serie de grupos y personajes con máscaras del género que en Cádiz se llamaría mamarracho, reunidos en los bares, guarecidos del temporal en sus disfraces y con el abrigo de paredes y cervezas. Parecían bastante animados, algo difícil de comprender teniendo en cuenta que el viento incluso había arreciado y a su rachear se había sumado una ligera llovizna. Los restaurantes estaban ocupados por grupos de familias enteras disfrazadas, y hay que reconocer que en contados casos había algún tipo coral muy bien trabajado y conseguido. Bien, la gente se divertía pese a todo. En nuestro caso, apañamos una cena ligera en un bar, contemplando el deambular de los divirtientes y nos fuimos relativamente temprano a la cama. Al día siguiente, nos esperaba un largo camino de regreso a la cotidianeidad, tras un fugaz paseo por ese país extraño que es Portugal.

Casas tradicionales en en la playa de Nazaré. Arriba, entre la niebla, Sitio.

Casas tradicionales en en la playa de Nazaré. Arriba, entre la niebla, Sitio.

 

 

 

Gracias, gracias, gracias

Ulyfox | 23 de marzo de 2014 a las 12:08

El ser humano y el mar de Creta.

El ser humano y el mar de Creta.

Acabo de añadir esta foto.

Acabo de añadir esta foto.

 

¿Por qué vino tanta gente a la presentación de nuestra guía de Creta? No hay respuesta segura, a menos que se pregunte a todos y cada uno de los asistentes. Pero puedo deducirlo, si repaso mentalmente sus rostros. Estaba mi familia, la familia de Penélope, amigos, compañeros del trabajo, compañeros de profesión, conocidos, y sí, algún compromiso, supongo. Da igual, cualquiera de estas condiciones personales confiere buenas vibraciones a todos los que acudieron. Permítanme entonces que presumamos de que fue el cariño que nos tienen lo que les hizo acudir a la convocatoria. No es mal patrimonio para ir contento por esta vida.

Da igual, entre todos, con su paciencia y buena disposición al escucharnos, con sus risas, con sus sonrisas, con sus felicitaciones cuando acabamos, con esa generosa cola que se formó para que les firmáramos ejemplares, hicieron que fuera una de las mejores tardes de nuestra vida. Al final, continuaron con su generosidad al decirnos que les había gustado. De verdad que esto no tiene precio.

Tenía razón Óscar cuando me insistió, ante mi incredulidad, en que había que presentar el libro en Cádiz. Tenía razón Jesús cuando acudió porque entendió que el acto era la culminación de nuestro sueño. Tuvo el mérito de un amigo el desvelo de Fabián porque todo saliera bien; encerraba el compromiso del compañero la ayuda de Antonio y de la APC en la organización; contenían los gestos de Jose y Fito la importancia desinteresada de una mano técnica; desbordaron el apoyo y los besos familiares los límites obligados; acompañó en esa noche el cariño de compañeros que no tienen por qué demostrarlo tanto y sin embargo lo hicieron ¿Y sin el proyector de Paco, qué habríamos hecho? ¿Y si el apoyo de Anaya no hubiera tenido ese condimento del interés cierto y sonriente de Ana, el acompañamiento en la distancia del gaditano-bilbaíno Pedro? Y por supuesto, por supuesto, por supuesto ¿habría tenido el acto el ambiente de risas, amistad y calor si Pepe-Lobeli no hubiera tenido esa intervención llena de amor y humor?

Dos años de trabajo, investigación, escritura y pasión culminaron el viernes en la sede de la Asociación de la Prensa de Cádiz. Podemos descansar y, gracias a todos vosotros, sentirnos satisfechos.

Gracias, gracias, gracias. Y hasta la próxima.

 

Aquí Creta, aquí unos amigos

Ulyfox | 19 de marzo de 2014 a las 12:49

invitacion buena

Gran ocasión, al menos (perdonadnos el autobombo) para nosotros. Este próximo viernes, a las ocho de la noche en la sede de la Prensa, presentaremos al respetable nuestro humilde trabajo, declaración de amor impresa, normalizada y oficializada por Creta patrocinada por nuestros editores, los amables y generosos chicos y chicas de Anaya Touring. No es necesario decir lo que nos gustaría que estuviérais allí. Prometemos la actuación nerviosa, ilusionada y en directo de los auténticos Ulyfox y Penélope, con la compañía y presentación del mísmísimo Lobeli, que intentarán explicar entre todos por qué los humanos necesitan viajar a esa isla, patria del Minotauro y cuna del mismo Zeus, lugar donde nacieron los mejores olivos y viven sus descendientes, una de las tierras más salvajemente delicadas que quedan en Europa, el sitio donde comer y beber es un agradable trabajo social, y donde la recompensa de playas transparentes aparece siempre al cabo de largas gargantas y desfiladeros.

La isla donde casi necesariamente floreció la primera gran civilización europea, la minoica, donde los venecianos decidieron dejar su huella colorida y los turcos se empeñaron en dominar pese a las periódicas y duras rebeliones. El lugar donde vieron la luz tanto uno de los padres de la moderna Grecia, Elefterios Venizelos como uno de los escritores con mayor conciencia universal del siglo XX, Nikos Kazantzakis. Este libro, escrito por dos gaditanos reciclados en griego sin dejar de serlos, y que quiere ser una brújula en el amigable rincón cretense, es de lo que hablaremos este viernes. Y si sois tan amables de comprarlo, os lo dedicaremos personal, amigable y sinceramente.

Nos vemos allí! Y qué queréis que os diga: difundidlo.

Alcobaça, la cocina, los monjes y doña Inés de Castro

Ulyfox | 17 de marzo de 2014 a las 1:45

Altísima nave lateral en la iglesia del monasterio de Alcobaça.

Altísima nave lateral en la iglesia del monasterio de Alcobaça.

Todo es impresionante en el monasterio de Alcobaça, desde su altísima iglesia gótica hasta la enorme chimenea de la enorme cocina donde los poderosos monjes preparaban los manjares que podían costear con su enorme riqueza. Una comunidad satisfecha compuesta por centenares de frailes que mandaban en toda la zona.

Llegamos a Alcobaça en una mañana casi lluviosa a una ciudad casi despoblada. No había turistas. Una pareja joven canturreaba bajo los evidentes efectos de una noche de viernes de Carnaval aún no dormido. Él se dirigió a nosotros: “¿Es la primera vez en Alcobaça?”.  “En Alcobaça sí, pero no en Portugal”. Y entonces, con un hablar resacoso que suavizaba el ya de por sí suave idioma portugués, empezó a contarnos la historia del monasterio, que es la misma de aquel rey que, tras vencer en una batalla a los árabes, decidió agradecer la victoria a Dios levantando allí un monasterio, justo donde convergen dos ríos, el Alcoa y el Baça. De ahí, pues, el nombre del convento, y del pueblo al que dio lugar.

 

En la granplaza ante la fachada principal del monasterio.

En la gran plaza ante la fachada principal del monasterio.

 

Dice la tradición que para determinar la extensión de la edificación, el rey ofreció a la Orden Cisterciense tanta distancia como alcanzara una flecha lanzada por él mismo. El resultado fue una barbaridad en la que cabe la iglesia gótica de Santa María, con una de las naves centrales más grandes de Europa, dos claustros y cientos de dependencias. Y cabe una cocina impresionante forrada de azulejos desde el suelo hasta el altísimo techo, con una chimenea en el centro bajo cuyo tiro podría vivir una familia.

La nave central impresiona al entrar en la iglesia.

La nave central impresiona al entrar en la iglesia.

 

Y fue el mismo joven el que nos contó, aunque también viene en libros, que los monjes idearon el desvío por un canal interior del río hasta la misma cocina, de modo que el cauce fluvial pasaba por un estanque artificial para que los cocineros dispusieran tanto de agua como los peces más frescos, que saltaban prácticamente del río a las ollas. Que el río pasa por debajo de esta dependencia es evidente por el agua que almacena el estanque tanto como por la humedad que sube de los suelos. Fregaderos, pilas y grifos aún parecen en disposición de usarse en esta estancia altísima y lujosa.

El claustro de Alcobaça.

El claustro de Alcobaça.

 

Los jóvenes no nos contaron pero nosotros supimos también de la trágica historia de Don Pedro y de Inés de Castro, cuyos labrados sepulcros góticos están en la iglesia. Entre la historia y la tradición se dice que Inés fue la amante de Don Pedro, príncipe de Portugal, antes de hacerla su esposa. Pero las intrigas palaciegas para evitar que la noble gallega llegara a reina acabaron con su asesinato. Cuando Don Pedro accedió a la corona, mandó desenterrar el cadáver de su mujer, la sentó en el trono y obligó a los nobles que habían acabado con su vida a besar su mano putrefacta como verdadera reina. Verdad o leyenda, los sepulcros se hallan en el crucero de la iglesia, el uno frente al otro como ordenó Pedro para que lo primero que vieran cuando se produjera la resurrección de los cuerpos fuera el rostro de su amado.

El estanque al que llegaba directamente el agua y el pescado del río.

El estanque al que llegaba directamente el agua y el pescado del río.

Todo, todo, es impresionante en Alcobaça

 

La espectacular chimenea de la 'cocinita' del monasterio.

La espectacular chimenea de la ‘cocinita’ del monasterio.

El sepulcro de la infortunada Inés de Castro.

El labrado sepulcro de la infortunada Inés de Castro.

 

 

Etiquetas: ,

Un vicio: volver a Óbidos

Ulyfox | 5 de marzo de 2014 a las 12:34

Mujer vendiendo encajes en la Porta da Vila de Óbidos.

Mujer vendiendo bordados en la Porta da Vila de Óbidos.

 

Tiene razón Rafa: somos unos viciosos ¿Qué o quién nos manda emplear el Puente del Día de Andalucía en hacernos ocho horas de coche, entrar en Portugal y subir más allá de Lisboa, más al norte, para almorzar, pasar una tarde, cenar y dormir en Óbidos, donde ya habíamos estado dos veces más? No tiene fácil respuesta esta pregunta, como no sea la evidente y ya sugerida antes: somos unos viciosos del viaje. Asumida pues esta condición, nos pusimos en marcha el pasado viernes, muy de mañana, y a la hora de almorzar estábamos en este maravilloso pueblo, soltábamos la maleta en el Hotel Real, donde nos recibió un hombre vestido a la que se supone era la usanza medieval, y nos sentábamos en la Adega de Ramada. Doy fe de que el bacalao a la brasa que nos tomamos era exquisito, y vino blanco de la casa bastante apreciable.

Color medieval.

Color medieval.

Óbidos es de hecho un ejemplo perfecto, bellísimo y casi tópico de casco medieval, rodeado de murallas que se conservan en su integridad, con sus puertas, sus torreones y su castillo en uno de los extremos. Es de una hermosura deslumbrante, por más que esta última visita las nubes y una ligera lluvia se empeñaron en quitar luz al paisaje. Se nota que el invierno está siendo duro porque las paredes blancas con sus ribetes y remates de colores azul o amarillo se están destiñendo. Estoy casi seguro de que en esta ya próxima primavera la gente se aplicará a pintar sus casas. ¿Por qué volvemos a Óbidos? Será porque siempre esperamos reencontrar algo y descubrir algo.

Vista de Óbidos desde el Hotel Real.

Vista de Óbidos desde el Hotel Real.

Entonces, el objetivo era sólo volver. Y eso significaba pasear de nuevo la Rúa Direita desde la Porta da Vila hasta el Castelo, subir y bajar por las calles perpendiculares, parar en la iglesia de Santa María para descubrir sus azulejos antiguos y las hermosas pinturas de Josefa de Óbidos, extremeña y portuguesa, detenerse y caer en la tentación de degustar en algún puesto callejero un chupito de ginjinha de Óbidos, y luego comerse el vasito (copo) de chocolate, descubrir la cantidad de tiendas bien puestas que han ido surgiendo desde nuestra última visita, para turistas, para coleccionistas, y los acogedores bares con terraza para soñar el buen tiempo, dejar que se te escape la sonrisa y el beso a quien te acompaña en este vicio.

DSC_5179Es verdad que a Portugal le casa bien este tono gris y lluvioso en la atmósfera. Deseamos siempre el sol espléndido, pero cuando viajamos al tópicamente llamado país hermano, ya sabemos que nos recibirá casi siempre el nublado y la amenaza de agua. También sabemos que nos sorprenderá la caída de la tarde paseando por pueblos durmientes, recogidos muy de temprano, sabemos que nos gustaría un poco más de animación, pero no sería Portugal. Y ese idioma que es como un castellano con muchas eses silbantes y hablado con acelerador a tope, salpicado de palabras que sólo nos suenan como cultismos o como vocablos españoles casi en desuso, y adornado con numerosas fórmulas de cortesía y constantes apelaciones al permiso (licença) del interlocutor. Cuando oigo el portugués, siempre recuerdo esa escena de la delirante comedia Cuatro corazones con freno y marcha atrás, de Enrique Jardiel Poncela, en la que los protagonistas se encontraban con un náufrago en una isla desierta, y como no sabían su origen comenzaban a preguntarle en varios idiomas ¿do you speak english?, ¿sprechen sie deutsch?, ¿parlez vous français?, y en llegando al portugués le espetan al pobre: fala sua excelença a formosa lingua de Camoes?.

Detalle de decoración en añil en un muro.

Detalle de decoración en añil en un muro.

Como recuerdos, nos trajimos de Óbidos algunos pequeños regalos y un delicado y suave disco de Mariza, la estrella del fado, y esto sólo porque su delicado sonido y su brillante voz ambientaba un pequeño rincón de la calle al salir de la pequeña tienda de música. Y porque el día lo requería y las ganas también. Después de tres visitas, no puedo ni quiero descartar volver de nuevo a este pueblo, tal vez con más tiempo, y parando de nuevo en Estremoz, en Évora, subiendo de una vez a Évoramonte, cuyo castillo imponente y redondeado nos saluda siempre desde su altura junto a la autopista, y siempre declinamos su invitación. Seguro.

Arcos y piedras.

Arcos y piedras.

Y para que comprendáis esta certeza, y para no cansaros más con palabras, os dejo con las fotos que quizá os ayuden a comprender de donde viene nuestro vicio:

DSC_5165

Tantos rincones en su interior...

Tantos rincones en su interior…

Una casa envidiable.

Una casa envidiable.

Aun con poca luz, Óbidos brilla.

Aun con poca luz, Óbidos brilla.

El castillo de öbidos.

El castillo de Óbidos.

A juego con el paisaje.

A juego con el paisaje.

La casa de Sao Thiago

La casa de Sao Thiago

Cerca del castillo.

Cerca del castillo.

Disfrutando Óbidos.

Disfrutando Óbidos.

La iglesia de Santa María.

La iglesia de Santa María.

Una puerta casi veneciana.

Una puerta casi veneciana.

Tejados y torres dentro de las murallas.

Tejados y torres dentro de las murallas.

Empedrado, blanco y colores.

Empedrado, blanco y colores.

 

 

El amor está en el aire

Ulyfox | 1 de marzo de 2014 a las 1:43

Brindis en el puerto de La Canea. Al fondo, difuminado, el faro veneciano.

Brindis en el puerto de La Canea. Al fondo, difuminado, el faro veneciano.

Siempre hay que buscar motivos para festejar. Y yo lo he encontrado hoy en una cifra: se cumple con ésta la entrada número 500 en este blog que tiene en el nombre otra cifra: mil ¿Significa esto que hemos llegado a la mitad del camino? Tal vez. Si me pusiera la meta de escribir al menos otras quinientas entradas el blog tendría asegurados unos cuantos años más de vida, y además tendría marcada una fecha de liberadora defunción. Pero quién sabe. Mil es sólo un número hipotético. Seguramente hay más de mil sitios tan bonitos como Cádiz y otros tantos al menos que la superan en belleza. A fin de cuentas, ésta se puede encontrar en cualquier lugar, persona o animal que nos rodea. Por no hablar de la música.

Y yo, que abomino de los llamados balances, de los ajustes de cuentas en la vida, de pararme a pensar en lo que he hecho y odio lamentarme de lo que no hice, que ni siquiera me pregunté nunca qué propósito me movería en la vida, encuentro un resultado satisfactorio en esta andadura. Si animé a alguien a visitar e intentar disfrutar de lo que nosotros disfrutamos en los lugares en que lo hicimos, en tan sólo alguno de ellos, sería ya motivo de satisfacción (dejo el orgullo para la Casa Real). Si, como los comentarios al blog dejan entrever, ayudé a viajar con nuestras palabras y fotos a quien no puede hacerlo de verdad, doy por bueno el empeño. Nunca me animó presumir, siempre contar.

Pero la mayor alegría, por inesperada, ha sido la creación de amistades verdaderas a partir del aire, esos espíritus que se han ido sumando al blog como atraídos por una llamada de raíz incierta pero común, esas personas a las que antes ni imaginaba y a las que ahora pongo nombres, rostros, y palabras y regalos intercambiados. Desde este aire virtual de los comentarios tomaron cuerpo Ana y Carlos (os echamos de menos), Jose y Moni (no sé cuándo, pero haremos el trasiego de grappa), Ricardo y Encarna (os prometemos el paraíso en Creta) y Antonio y Carmen (aprendemos tanto de vosotros…), amigos nuevos como traídos por los dioses antropomorfos porque estábamos quizá destinados a encontrarnos.

Y que unas palabras y unas fotos pegadas en la realidad virtual te sume amigos y te recupere a otros (Pedro, Flipatxi…) me hace a mí, al descreído en el que los años me han convertido, volver a creer, como cuando era niño, en los milagros.

Etiquetas: , ,

¿De quién es la Mezquita?

Ulyfox | 26 de febrero de 2014 a las 14:03

Crucifijo en el mihrab de la Mezquita de Córdoba.

Crucifijo en el mihrab de la Mezquita de Córdoba.

Si Dios está en todas partes (pero donde más para es en la Iglesia, decía mi abuelo), debería dar igual a la Iglesia la propiedad de los templos, pero como tantas cosas en este asunto de religiones, la teoría no pasa casi nunca al terreno de lo práctico. Bueno, que me está interesando hasta cierto punto esa polémica que existe ahora en Córdoba entre una plataforma que pide que la gestión de la extraordinaria Mezquita pase a las autoridades civiles, lo que en cierta forma apoya la Junta, y el Cabildo Catedralicio, gestor y propietario por vía interpuesta del singular monumento.  Sólo quiero (y nadie me lo impide, claro) decir aquí algunas cositas al respecto, pensamientos sin autoridad ninguna, ideítas, ocurrencias de admirador del arte.

Una de las puertas, con la mezcla cristiana y musulmana.

Una de las puertas, con la mezcla cristiana y musulmana.

Primero, la Mezquita está edificada sobre un antiguo templo cristiano visigodo, eso es sabido, por lo tanto la historia es muy larga. Y además, posteriormente a la conquista cristiana se construyó en su interior una para mí desafortunada catedral cristiana, destrozando buena parte del singular bosque de columnas musulmanas, una hermosura de repetición arquitectónica que yo creo mucho más espiritual que las filigranas barrocas del templo católico. Por tanto, diríase que el recinto no debería ser patrimonio de ningún dios, sino un compendio del ansia humana por entender algo del más allá y también del mismo ansia de expresarlo con construcciones. Pero el Cabildo hace ya un tiempo que quitó la referencia a la palabra mezquita en la denominación del monumento humano, haciendo desaparecer toda huella de un pasado imborrable y dejándolo solo en Catedral. Un error que revela una cierta prepotencia, además de una negación de la realidad. Como catedral, el monumento no pasa de ser normalito, como Mezquita es una joya universal. Así que…

La Catedral dentro de la Mezquita.

La Catedral dentro de la Mezquita.

Me da igual quien gestione el monumento. Parece que la Iglesia no lo está haciendo mal, y que se debe a sus esfuerzos (también a la enorme fuente de ingresos que supone) el hecho de que permanezca abierto todos los días del año. Parece igualmente excesivo el precio normal de 8 euros por la visita. No estoy en contra de que se cobre la entrada, es una forma voluntaria de contribuir a su conservación, pero tal vez los españoles nos merezcamos que no nos toquen tanto el bolsillo cuando se trata de apreciar lo que es nuestro, fruto de nuestra historia, de sus claros y oscuros, de sus hermandades y sus peleas entre hermanos. Visto desde un punto de vista personal, desearía que sus espacios los pudieran compartir, a la vez y sin molestar, cristianos, musulmanes, creyentes, agnósticos o descreídos, turistas o simples interesados por la historia del hombre y sus afanes artísticos. Que lo que la Historia ha unido no lo separe el hombre.

El fabuloso mihrab.

El fabuloso mihrab.

He visitado varias veces la Mezquita (permitidme que la llame como todo el mundo lo hace) y siempre me ha impresionado. Naturalmente, el maravilloso mihrab, adornado tanto con ideas y anhelos musulmanes como con los mosaicos bizantinos que regaló el jerarca cristiano Nikíforos Fokas desde la lejana Grecia. Pero sobre todo, sobre todo, ese bosque de columnas y capiteles reutilizadas de anteriores edificios romanos con esa fantástica sucesión de arcos de medio punto y de herradura, sencillos o lobulados, ladrillo y piedra, como una oración interrumpida por la irrupción orgullosa de otra creencia.  Debe de ser, como dios manda, patrimonio de todos y demostración de la enormidad de la cultura andaluza.

El bosque de columnas de la Mezquita.

El bosque de columnas de la Mezquita.