Nuestro comedor en la playa de Bolonia

Ulyfox | 12 de junio de 2011 a las 23:03

Carlos a la izquierda, José Manuel a la derecha, en la barra del restaurante Las Rejas.

Hace muchos años, no recuerdo cuántos, pero muchos, comimos por primera vez en el Restaurante Las Rejas de la playa de Bolonia. Llegamos a ese sitio casi por casualidad, no recuerdo si porque estaban todos los demás (cuando no eran muchos) llenos de gente. Dos hermanos, Carlos y José Manuel, estaban a cargo de atender a los clientes, no demasiado numerosos. Todo lo que os diga de estos dos camareros sui géneris tendréis que ir a comprobarlo en persona. Es la risa asegurada desde el primer momento, no reñida sino hermanada con el mejor servicio posible y una cocina tradicional inmejorable, sobre todo los pescados y mariscos, pero también los pimientos asados o las croquetas. Es imprescindible probar los chocos en tinta y el mero a la plancha. Antes (ahora creo que ya no, o ya no tanto), mucho de este género lo pescaba el propio José Manuel con todo su aparejo de pesca submarina. El caso es que aquella primera vez estuvimos comiéndonos una enorme centolla cogida por él, recién cocida, aún caliente, lenta y golosamente durante más de una hora. El almuerzo se prolongó hasta bien entrada la tarde, y el propio Carlos vino a halagarnos nuestra forma de comer, pausada y amorosa. No volvimos hasta el año siguiente, pero nos saludaron como si fuéramos clientes de cada fin de semana, nos reconocieron, con todo lo que esa actitud tiene de agradable.

Las vacas tienen preferencia en Bolonia...

 Desde entonces, nuestra visitas son periódicas, y por desgracia mucho más espaciadas de lo que nos gustaría, con la culpa a medias repartida entre el trabajo y la distancia a recorrer. Una de aquellas veces antes más frecuentes, nos dijeron que les iba estupendamente, que venía mucha gente en verano, que ganaban mucho dinero, pero que eso les había supuesto no tener el tiempo que tenían antes para charlar con los clientes. Y se les notaba una cierta tristeza por eso. Es verdad que ahora es más arriesgado ir hasta allí sin reservar, y que sigue yendo mucha gente. Cada vez que vamos está asegurado el abrazo y la broma de José Manuel a Penélope: “Hombre, menos mal que vienes, tengo guardada hace un montón de meses una olla de chocos en tinta para ti”. Con Carlos hemos hecho algunos intercambios de música brasileña. Siempre tiene una estupenda selección sonando en el local.

Esa inmensa playa de Bolonia.

El sábado volvimos a ir, a disfrutar con sus excelentes platos, con sus chistes, con su compañía, y luego con el maravilloso día que hacía en la ensenada de Bolonia, tomando el primer baño de sol de la temporada. Y a sorprendernos con las vacas, los burros y los caballos sueltos, con preferencia de paso, mezclados con las familias nativas y con los guiris sonrosados, lo que da a la playa ese aspecto antiguo y ese aire auténtico. Sólo ha faltado la visita a las ruinas romanas, porque salimos demasiado tarde. Queda para otro día, pero ya quizá después del verano. Y volveremos a reír y a comer bien. Y a saludar a los amigos, lo mejor de esta vida.

... y los burros, por supuesto

El Restaurante Las Rejas está en la playa de Bolonia, cerca de Tarifa y poco después de pasar Facinas si vienes desde Cádiz. No está cerca de las ruinas romanas, sino en la dirección contraria, torciendo a la izquierda en cuanto se llega a la playa, en el poblado del Lentiscal, frente al colegio.

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  • Manolis, Sofía y dos que cogieron el tranvía

    Gran recomendación. Veo que dominais el Mediterráneo (empanadilla de langostino) tan bien como nuestro Atlántico (meros y chocos). Tengo que probar ese sitio antes de que vaya aún más gente. Buen aperitivo para el banquete siciliano.

    Como veras, acabo de hacer las paces con el WiFi de Manoulis y, por primera vez en cinco días, estamos conectados con el cibermundo.

    Ia sas. Nos espera el ferry.

  • Naira

    La primera vez que fui a Bolonia casi se me saltaron las lágrimas. No daba crédito cómo desde una pequeña carretera serpeneante se podía llegar a un mar azul que se abría detrás de esa montañita. Como decimos por Madriz… ‘flipé’. Y desde esa vez siempre he vuelto a Bolonia, contra viento, vaca o burro que se me ponga por delante. Si bien es cierto que la última vez que estuve me llevé una pequeña decepción: esa playa vírgen sin nada alrededor había dejado de serlo. Sé que el centro de Baelo Claudia hace las delicias de los visitantes… pero a mi no me gustó… por favor, vosotros que estáis allí, no dejéis que construyan casas, que levanten hoteles ni nada de nada. Muy egoísta por mi parte, lo sé… pero esos paraísos están desapareciendo.

  • Ulyfox

    Yiá sas!! Malegro polí de tu reconciliación con internet. Así podremos estar más en contacto con vuestra experiencia cicládica. Ya sabes que os tenemos en nuestras oraciones a los dioses. Cuando escribo esto, supongo que ya estás en Santorini y has tenido contacto con los Vallas, la caldera y puede que con el Archipélagos. Saludos a la hecatómbica Thira.
    Las Rejas es un santuario de buenas sensaciones. Tenemos que visitarlo juntos.
    Pasadlo bien.

  • Ulyfox

    Bella Naira!! Bolonia sigue siendo un paraíso si uno va fuera de temporada, por ejemplo un martes de junio. Imposible los fines de semana y en julio y agosto. Siguen construyendo casas, pero no excesivamente. No es un prodigio de urbanismo, pero todavía no han podido con las vacas y los burros. Y el ambiente sigue siendo de pueblo. Y en Las Rejas se come estupendamente, y se ríe, y se siente.
    Besosss

  • Naira

    Afortunados vosotros que podéis ir los martes de junio… ayssss por ahora disfruto sólo de las brisitas gaditanas que me llegan a Madrid en gotero…. (hoy tengo a Tamarita por aquí!) Iré a Las Rejas a comer…

    Besoooosss

  • Ulyfox

    Naira, qué más quisiera yo que poder ir cualquier martes. Ya sabes como es este trabajo. Saluda a Tamarita, que esa sí que es un soplo de brisa, un chorro más bien.
    Besos