Una escalera de espuma para los turcos

Ulyfox | 2 de julio de 2011 a las 15:00

La playa de Scala dei Turchi, cerca de Agrigento

Bastante cerca de Agrigento está el asombro de Scala dei Turchi. Se llega después de un corto pero no muy bonito camino en coche, en el curso del cual se pasa por algún pueblo muy feo e incluso por una refinería de petróleo o fábrica de cemento, es difícil para mí distinguirlas. Es un peaje indeseado, pero merece la pena. Y hay que estar con el ojo preparado, porque es fácil pasar de largo.

En la cumbre de la Scala, mirando al otro lado

Scala dei Turchi es un increíble espolón blanco, como de algodón o espuma de afeitar aplicada a lo bruto sobre el mar Mediterráneo. Era nuestro tercer día en Sicilia, y consideramos que había llegado el momento de nuestro primer baño, un día de relax ante la previsible borrachera de barroco que teníamos por delante. En temporada baja, aún se puede dejar el coche bastante cerca. Luego es cuestión de bajar a la playa y caminar unos diez minutos por la orilla mientras uno se va a acercando a este paraje insólito de roca caliza y arcilla, modelado por qué sé yo qué fuerzas de la naturaleza. Según parece, su nombre (Escalera o Escala de los Turcos) se debe a que era el lugar preferido por los turcos para hacer escala en sus frecuentes incursiones.

A mitad de ascensión, sobre la roca blanca

Se puede subir por la roca, como la auténtica escalera a la que hace alusión su nombre, y todo el mundo lo hace. Nosotros también lo hicimos, con cuidado al principio y luego con toda seguridad, aunque Pepa se quedó abajo. Para ella era más peligroso. Cuando uno asciende, parece como si el terreno se fuera a hundir a cada paso. Pero no. Es blanco y ondulado, pero firme. Es cegador también, por el fuerte reflejo que da la piedra bajo la limpísima luz siciliana. Y es alegre porque es como ir caminando sobre un mundo de solo dos colores: blanco y azul. Y al otro lado del promontorio de falsa espuma, un acantilado con huecos como sofás naturales donde acomodarse a contemplar el extraordinario paisaje. También hay una playa cercana, pero no averigué como bajar.

El mundo en blanco y azul.

Así que la opción fue volver sobre nuestros pasos y acomodarnos en el bien atendido Lido Majata. Ya hablaré en otra ocasión sobre esta institución playera italiana que son los Lidos. Algo así como un chiringuito con todos los servicios, incluidos por supuesto las hamacas y el restaurante. Y ya fue el tiempo para la lectura, la siesta y el intento de baño, porque el agua estaba extrañamente helada: a ver si va a resultar que la Scala dei Turchi está hecha de nieve…

Era nuestro segundo y último día en Agrigento. El siguiente nos reservaba una desagradable sorpresa…

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