Playas en el confín

Ulyfox | 6 de noviembre de 2011 a las 22:16

La playa de Falasarna, en el confín noroeste de Creta

Cuando te acercas a cualquiera de los extremos de Creta, te sientes como si estuvieras llegando al fin del mundo: lugares frecuentemente deshabitados, o imperceptiblemente ocupados, con la tierra parda salpicada de manchas verdes a un lado, y el mar al otro o allá enfrente. Miras y callas, o haces un comentario obvio, porque la vista no alcanza: arriba y abajo, al frente o detrás todo está muy lejos, transparente, sólo el horizonte parece no tener fin. A esa sensación inquietante y placentera a la vez se suma una realidad: la belleza del paisaje. Suelen ser lugares a los que parece que uno ya no puede sobrepasar, no hay más allá, pero quieres sobrepasar la sieguiente curva. Para compensarte de la sensación de final, te ofrecen algo extraordinario, una montaña fronteriza con el cielo en la costa norte, cerca de Mohlos y camino de Sitia; una isla inaccesible y deshabitada en el horizonte en el sudoeste, frente a Makrygialos; un arenal infinito bañado por un agua sin color, prolongada sin profundidad, en el sudoeste, la apabullante Elafonisi; y un cabo enorme con una playa celestial en Falasarna, en ese oeste aún indómito cretense que son las cercanías de la península de Granvousa.

Los arenales de Falasarna

Falasarna era uno de nuestros destinos en Creta. Instalados en Chania, no deseábamos tampoco movernos mucho. Esta ciudad te lo da prácticamente todo, pero Falasarna es muy atractiva incluso desde el nombre, sus imágenes turquesa sobre verde nos decidieron a tomar el coche y acercarnos. Es poco más de una hora desde La Canea, en dirección oeste y por carretera bastante buena la mayor parte del camino. Solamente hay que tener un poco de cuidado en coger la ‘carretera nueva’, porque la ‘carretera antigua’ pasa por todos los pueblos y urbanizaciones turísticas.

Otra imagen de la playa

No tuvimos demasiado suerte. Falasarna apareció ante nuestro parabrisas a la vuelta de una curva, allá abajo, inmensa, azulísima, luminosa: playas, playas y playas y al fondo un gran promontorio. Apenas llegamos y nos introdujimos en ese agua en la que parece que no te introduces, casi aire húmedo, empezó a soplar el viento, dueño y señor de las islas. Hasta hacerse al poco tiempo, bastante desagradable. Lo mejor fue irse, en cierta forma apenados, pero sabiendo que volveremos en mejor ocasión. Al fin y al cabo, Creta está ahí mismo.

Las flores de calabacin de la taberna Zacharias

Pero no fue en vano la excursión. En el camino de ida, habíamos parado a tomar un café en una taberna a pie de carretera, la Taverna Zacharias, y ya nos dio muy buena impresión el trato del encargado, tanto como el ambiente del local, aunque era un poco extraño el mural con los personajes de Astérix (inevitable recuerdo al amigo L’Obeli). Así que decidimos que el almuerzo lo haríamos allí, de vuelta a Chania. Acertamos. Nos recordaba y nos recibió con un agradable ‘file mou’ (amigo mía). El cartel de cara a la carretera anunciaba ‘hoy, plato del día, cordero’. No lo pensamos y lo pedimos, pero lo preludiamos con unas sugerentes flores de calabacín rellenas de arroz, y tzatziki, ese rico aperitivo a base de yogur, la tradicional ensalada griega, y las sabrosas aceitunas de Creta, muy pequeñas, arrugadas y casi sin carne.

Brindando con el vino griego en Zacharias

Las flores de calabacín, de color anaranjado, resultaron deliciosas acompañadas del tzatziki, tal como nos aconsejó el camarero. Y cuando llegó el cordero con una ligera salsa, como estofado, fue la fiesta. Muy casero, muy rico. El único fallo fue que, en contra de lo que es costumbre en casi todo local cretense, no te obsequiaran con raki al final. Se lo perdonamos, pero no del todo. Al fin y al cabo, volvimos al puerto de Chania y contemplamos como el sol doraba el faro veneciano, la mezquita de los Jenízaros y todo el muelle este, allá donde el paseo se pierde hasta los restaurante y los locales de moda, donde los antiguos arsenales.

La mezquita de los Jenízaros en la parte oeste del puerto de Chania, para despedir el día.

  • avenger

    Hola Uly, se que el viento os fastidio el dia de playa de Falasarna (como a mi el resfriado todo el fin de semana, lo siento). Pero habria que agradecerle su presencia, pues creo que gracias a Eolo, Falasarna se mantiene como esta, tan poco domesticada, tan bella y libre como la describes. Nosotros tuvimos suerte los dos dias, soplo el viento pero solo un poquito y ya cuando era hora de despedida, aunque para desquitarte si te dire que el primer dia me equivoque y cogi la carretera antigua, ya te puedes hacer idea; ya no volvio a pasar el segundo. Que bonitas fotos y cronica. Un abrazo enorme.

  • Ulyfox

    Hola, Avenger. Sí, el viento nos fastidió, pero ya lo consideramos un habitante más de las islas. Tampoco nos molestó tanto. Sabemos que Falasarna está ahí, que Creta está ahí, y que volveremos. Con un día sin viento, esa playa, como Elafonisi, como tantas, debe de ser de ensueño. Nadie nos quitará esa impresión. Seguiremos en contacto.

  • viryvin

    Apuntado queda en la enorme lista de sitios a los que queremos ir. Falasarna. Suena tan bien y bonito todo lo que cuentas… Habrá que ir con estas dos a cuestas Fox. Algún día. Saludos a Penélope.

  • Ulyfox

    ¡Vir! ¡Cuánto bueno por aquí! Apúntatelo, apúntalo bien, junto con toda Creta, y reserva una semana al menos, o dos para toda la isla. Con las dos a cuestas, qué bien, qué entretenido. Te puedo recomendar algunos sitios para niños, si vas. Nos vemos Viryvin. Saludaré a Pe.

  • ana

    Sabes? después de leer tu primer párrafo he pensado en algo que siempre me ocurre cuando veo (sea un cuadro, un edificio o un paisaje)algo que me emociona: cuántos ojos lo habrán visto antes que yo? cuántos habrán sentido lo mismo? Ese fin del mundo que está ahí desde siempre, testigo callado de tanto y tanto..
    En fin, que siendo de Cádiz, es normal que en Creta te sientas como en casa: ni tu mijitita de levante pudiste echar de menos ;)
    Y las flores de calabacín (e imaginarme el cordero) me tienen ahora mismito como el perro de Pavlov…

    Creo que nos vemos pronto!

  • Ulyfox

    Ana, en algunos casos de lo que cuentas se le añade el misterio de imaginar que ese mismo paisaje lo pudo ver gente como el rey Minos, si llegó a existir, o el mismo Zeus cuando nació en una cueva de la montaña cretense. Esas costas frente al mar de Libia, de nombre tan evocador… Yo siempre he dicho que el paisaje de Creta parece hecho como escenario para combates de titanes, cíclopes y héroes. A lo mejor, todo es efecto del raki…
    Pues sí, yo también creo que nos vemos pronto! Y hablaremos de las flores de calabacín y otras cosas

  • Paco Piniella

    Qué bonitooooooooooooooooo

  • Ulyfox

    Pero bonito, Paco. Y sobre todo, grandioso, imponente. En Creta está nuestro próximo lugar de encuentro.