Ulyfox | 28 de febrero de 2012 a las 20:04
A pesar de todo, tengo ganas de ir a Alemania. Desde nuestra pasión absoluta por el sur, desde nuestra comunión más sanguínea con el Mediterráneo, admiramos, no creáis, las excelencias de la civilización europea, el equilibrio de líneas que hace parecer racional hasta el barroco, la maravilla de la música centroeuropea, ese caudal que nace en Bach, y continúa como un tren de cercanías sin fin haciendo paradas y tomando agua en Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, Brahms y por ejemplo Wagner (sí, sí ya sé que algunos son austríacos, pero da igual) Perdonadme la pedantería, pero me parece la expresión más elevada del refinamiento racional humano. Así que, seguro, algún día, posiblemente a no mucho tardar, iremos a Alemania. A pesar de Merkel y de su empeño en ser la propietaria única de la razón.
Es decir, volveremos a Alemania. Porque ya estuvimos hace muuuchos años. Sí. Eran tiempos de viajar barato con Mundojoven, cuando aún no habíamos descubierto Grecia, y queríamos conocer Europa. Algo conseguimos. Centroeuropa era el nombre del circuito, una gozosa paliza en autobús desde Madrid. Pero vimos Ginebra, Berna, Lucerna, Vaduz, Interlaken, Viena, Insbruck, Salzburgo… y desde aquí una excursión al fantástico castillo de Neueschwastein, una pequeña incursión en Alemania, la única parte de Alemania que conocemos.
La casa del Rey loco, Luis II de Baviera, un capricho en un emplazamiento romántico como pocos, montañas, lagos, árboles, senderos para un castillo blanco de tejados oscuros, torres y pináculos, construido en el siglo XIX a la manera de la Edad Media. Una locura, un derroche, un escenario soñado para revivir epopeyas de nibelungos (una de las habitaciones es la representación de una cueva), para representar óperas de Wagner, algo que sólo se podía permitir un rey, algo que quizá le costó la vida pero que a nosotros, sus millones de visitantes, nos traslada a territorios de fantasías y cuentos (para los alemanes, en realidad, son las leyendas de su pasado mítico) sin necesidad de acudir a Disneyland. De hecho, su bellísima estampa sirvió de modelo para el castillo de Disneylandia. Neuchswastein es tal vez tan mentira como las invenciones del genio hibernado de los dibujos animados, pero creo que el monarca impulsor del castillo quería creérselas, al menos. Su historia es excéntrica y triste, quizá quiso vivir en otro tiempo, en el que todos los príncipes eran azules. Murió ahogado, en lo que se llama “extrañas circunstancias” en el lago Starnberg.
Neueschwastein (si es que se escribe así) está rodeado de bosques y es partida de numerosos senderos que, digo yo, deben de ser una delicia para los amantes de este tipo de actividad. En aquel tiempo, me sorprendió lo bien señalizados que estaban y la información que contenían los cartelitos, algo ahora muy extendido. Pero entonces éramos pobres españoles precomunitarios o recién llegados a Europa y todo nos parecía la mar de civilizado.
Ahora, cuando volvamos a Alemania, iremos buscando otras cosas: vinos, pueblos medievales, cultura, educación, tranquilidad, belleza, lo que para nosotros es el sueño de Europa tal vez. Será este verano, quizá, si no fructifica otro proyecto más grande aún.
¡Ah! Disculpad el tono añejo de las fotografías. Mi escáner de diapositivas no es el mejor del mercado.
2 de marzo de 2012 a las 8:22 pm | Enlace permanente
Le reconcilias a uno hasta con Alemania, año cero. Bueno, en este año tan jodido quiero decir. Bueno, vale, todos los años lo fueron, lo son y lo serán.
3 de marzo de 2012 a las 2:31 pm | Enlace permanente
Supongo, Rakitico, que a pesar de Merkel y de muchos alemanes, ese país guarda inmensos tesoros humanos. También nosotros somos víctimas de los estereotipos y los tópicos. Esa parte que nosotros concimos es intensamente bella, desde luego.
3 de marzo de 2012 a las 8:19 pm | Enlace permanente
Qué jovencitos Manolo
3 de marzo de 2012 a las 8:21 pm | Enlace permanente
Yo estuve ocho meses como sabes, de becario post-doc en Hamburgo y la impresión es que a los alemanes les cuesta mucho expresar sus sentimientos, es dificil contactar con ellos. No me gustan con todo el respeto del mundo, claro. Prefiero un caótico napolitano o un dicharachero ateniense, y no digamos de un cañailla como usted don Manué.
4 de marzo de 2012 a las 12:36 am | Enlace permanente
Paco, y tan jóvenes. Y naturalmente, yo no me siento tan distinto. Pero supongo que igual que hemos cambiado físicamente lo hemos hecho mentalmente. Aunque sigo sin sentirlo.
4 de marzo de 2012 a las 12:39 am | Enlace permanente
Paco, yo también los prefiero, por supuesto. Pero no conozco a los alemanes igual que tú. Qué te voy a decir yo de los mediterráneos, tan amados. No obstante, eso no quita que Alemania tenga sitios preciosos, claro, como Neuschwastein.
4 de marzo de 2012 a las 12:33 pm | Enlace permanente
Con permiso de García Marquez: Cuando era joven, feliz e indocumentado. De Alemania me enamoré por culpa de un profesor de Filosofía (Don Eustaquio, ese enorme y afable castellano al que desde aquí le mando un saludo para él y para su encantadora esposa
Mikaela). Siempre le estaré agradecido.Te lanzo una idea Uly. Deberiamos instaurar el dia del reencuentro con nuestros profesores 25 o los años que sean. Para rendir homenaje a unas personas que nos dieron mas que su trabajo,para restañar heridas y para expresarle la gratitud. ¿Quien no tiene un profesor al que admirar? Para elevar la valoración de un colectivo tan maltratado. Y los que sois profesores sabeis mejor que nadie.
Saludos y que disfrutes.
5 de marzo de 2012 a las 1:27 am | Enlace permanente
Pues sí, Flipatxi, completamente de acuerdo. Los profesores, los maestros son las figuras más importantes de nuestras vidas fuera de nuestra familia. Antiguamente también se llamaba ‘desasnar’ a la educación. Y eso es, efectivamente, alejarnos de la animalidad. A ellos se lo debemos, y es una pena que, como tantas figuras importantes, el profesor esté siendo denostado y maltratado. No somos nada sin ellos, y sin embargo, o tal vez por eso, tanta gente poderosa está molesto con su trabajo.
Me parece muy bien esa idea de reunirnos con antiguos profesores. Lo difícil es llevarlo a cabo. ¿Cómo podríamos hacerlo?
9 de marzo de 2012 a las 10:46 am | Enlace permanente
Yo fui hace cuatro años y ha sido uno de los destinos que más me han gustado. Llegamos a Munich y enseguida fuimos a Neuschwantein (increíble el entorno, los bosques, el edificio (interior y exterior) y las locuras del rey. También fuimos al parque nacional de Berchetsgaden: muy-muy recomendable. Allí está el Nido del Águila, al que nos quedamos con las ganas de subir, y que era un refugio creado por Hitler. El lago Konigsee, coges un barquito y vas entre montañas, a una isla con capilla incluida… y, en general, hay muchos rincones para explorar. También un museo sobre el nazismo en la zona (hitler escogió este sitio tan ario de segunda residencia…)
En ese viaje también aprovechamos para ver el lago Constanza y algunos pueblos de alrededor, Heidelberg y un pueblo muy-muy típico y casi entero medieval que se llama Rhotenbur ob der Tauber. Todo muy bonito, aunque después de Neuschwantein y Berchetsgaden todo me sabía a poco.. Uly, tienes que ir…
9 de marzo de 2012 a las 10:53 am | Enlace permanente
Esta vez yo tengo algunas fotos…están desordenadas, pero para que te hagas una idea http://www.flickr.com/photos/21922430@N06/2706638073/in/set-72157606465907708/
9 de marzo de 2012 a las 11:46 am | Enlace permanente
¡Galle, oh mi Galle| Tiempo sin saber de ti. Te aseguro que entre mis planes está este año, allá por septiembre, el de dar una vuelta por Alemania… pese al odio que le estoy cogiendo a la nueva káiser Merkel. Pero hace años que queremos recorrer esos pueblos medievales. Y luego nos retiraremos, naturalmente, a descansar a Grecia. Esperemos tener tiempo, y dinero, para todo.
Besos.
9 de marzo de 2012 a las 11:55 am | Enlace permanente
Preciosas fotos, Galle, aún me dan más ganas de ir. Si todo va bien, ahí estaremos.
Y muchas gracias por la aportación gráfica