Ulyfox | 16 de abril de 2012 a las 1:01
(Por fin he podido meter alguna foto, así que ahí va la versión corregida y mejorada)
Ya estamos en marcha. Chuu chuuuuuu, me escribió un amigo hace unos días. El tren del lujo discurre a su ritmo adecuado por tierras andaluzas. Cava de bienvenida rodeado de maderas preciosas que debe empezar a compensar los 2.500 euros como mínimo que pagarán los pasajeros de verdad. Si alguien quiere una suite superior, el precio alcanza los 2.900 euros por persona. Os aseguro que hay mucha gente que lo puede pagar, y no pienso hacer bromas sobre la familia real de determinado país. He recorrido el convoy de arriba a abajo y he fisgoneado en salones con sofás de raso, sillones de estilo inglés y tulipas art decó en las luces. He llegado hasta la cocina y he saludado a los afanados cocineros.
El tren Al Andalus ha salido de Sevilla con una impuntualidad señorial, bien pasadas la una y media de la tarde. Si uno paga tanto dinero es para permitirse llegar tarde, supongo. No importa, en este crucero de lujo sobre raíles el tiempo no debe existir. Al fin y al cabo, se trata de volver al pasado, con esa idea tal vez afortunada que indica que el a todo tren en este medio de transporte remite, como mínimo a la belle époque. Quién quiere alta velocidad cuando ha cumplido suficientes años como para permitirse andar lento. De todas formas, la compañía FEVE, que ha invitado a dos decenas de periodistas de España y el extranjero, quiere que el viaje inaugural del Al Andalus se cocine a fuego lento, creo.
La comida a bordo ha tenido el punto justo de cantidad, y ha culminado con una carrillera de cerdo majestuosa, sublime. El cocinero, Ramón Celorio, es asturiano y está dispuesto con estas mezclas a bautizarse de andaluz en poco tiempo. La charla da para comenzar a conocer gente, por ejemplo a Sebastián, un discreto chileno que trabaja para El Mercurio y a una pareja de italianos ya algo mayores, lo que les da una mirada irónica inimitable.
Inmediatamente después de la comida, que ha terminado llegando a Córdoba, hemos salido a hacer la visita guiada por el centro histórico de la ciudad, judería de calles blancas, comercios en abundancia, plazas de suelo con cantos rodados y la única sinagoga de Andalucía, para acabar en una de las joyas que se visitan en este viaje: la siempre emocionante, apabullante y cautivadora Mezquita, que la cristiandad lleva siglos empeñada en convertir y llamar catedral. Nuevamente la vista arriba hacia el bosque de columnas y arcos dobles, triples y lobulados; otra vez el asombro ante el mihrab de mosaicos bizantinos brillantes, regalo de aquel jerarca Nicéforo Fokas que reinaba en el Imperio Romano de Oriente, detalles que se tenían en otros tiempos entre capitales universales, Córdoba y Constantinopla, lo que un pedante llamaría una Alianza de Civilizaciones avant la lettre; y la misma decepción ante el gótico tardío y el barroco construidos fuera de lugar en aquel templo rectilíneo y místico que debía ser la Mezquita.
La vuelta al tren a primera hora de la tarde da el necesario tiempo para la ducha reparadora (si hubiéramos trabajado en algo) y para la charla inevitable sobre la decadencia de la prensa en papel. Últimamente, no puede ser que varios periodistas nos reunamos sin que corramos un velo negro y un cielo oscuro sobre nuestro futuro. Estos presagios se prolongan durante el trayecto de vuelta de nuevo al centro y el agradable paseo mientras anochece, cruzando el puente romano que han dejado tan nuevo, sin su pátina histórica. Al menos la amable llegada al restaurante El Churrasco, con su minicata de aceites vírgenes, su visita a lo que era una casa de vecinos y la asomada a la azotea con el alminar de la Mezquita iluminado apacigua nuestro ánimo, y lo predispone a una charla con risas, chanzas y temática gastronómica. Las cosas volvieron a su cauce cuando debían, de la misma manera que, ya cercana la medianoche, regresamos al tren, y en un tranquilo salón escribo estas líneas. Agradecédmelo. Dicen que mañana, a las ocho, nos despertarán con una campanilla.
16 de abril de 2012 a las 1:15 pm | Enlace permanente
Gracias a la vida que me ha dado tanto…
16 de abril de 2012 a las 1:37 pm | Enlace permanente
Que malos son los celos.
16 de abril de 2012 a las 10:27 pm | Enlace permanente
El lujo, con vosotros dos, está a bordo
17 de abril de 2012 a las 1:00 am | Enlace permanente
…me dio el corazón, que agita su manto, cuando miro al fruto del cerebro humano… grande Violeta Parra, Paco Pi. Aquí estamos, vertebrando Andalucía, ayer en Córdoba, hoy en Granada… todo sea por España y la Humanidad. Lo malo es la conexión a internet. Nos toca sufrir con la tecnología. Saludos
17 de abril de 2012 a las 1:01 am | Enlace permanente
Morse, me dijeron que no querían diseñadores a bordo, que preferían vividores tipo Lovely. Amantes del gintonic en general. No te pongas celoso, nno es pa tanto (noniná)
17 de abril de 2012 a las 1:03 am | Enlace permanente
Ana, ahí lleva rasón. Estamos prestigiando este tren, que ya está bastante bien, la verdad. De tdas formas, el Ca Xaro es mejor que el cava que nos dieron de bienvenida. Aunque no estaba mal. Besos exprés.
17 de abril de 2012 a las 6:32 pm | Enlace permanente
Los chicos de Smark Magazine están contando esta aventura en sus páginas de Facebook y Twitter. Yo les sigo y es como ir viviéndolo por fascículos, os recomiendo que les sigáis!
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17 de abril de 2012 a las 8:34 pm | Enlace permanente
Mmmmm, no me gusta la decoración, el Orient Express ya está inventado ¿no? Hace casi un año Patxi y yo comimos en el Churrasco, antes de llegar nos perdimos por el laberinto de la judería y fuimos a preguntar por el restaurante a un señor muy elegante que resultó ser el dueño. Nos llevó antes a una deliciosa vivienda-bodega de su propiedad con vestigios romanos, árabes y judíos y en la que nos invitó a una copa de vino. Después, una vez nos instaló en un salón del restaurante, seguimos disfrutando con unas berenjenas con salmorejo y un buen chuletón de buey. Maravillosa Córdoba. Dejo lo de la Taberna Salinas para otro día, jeje. Que disfrutes de tu periplo alandalusí- expresí. Besos
18 de abril de 2012 a las 9:52 am | Enlace permanente
María, yo también lo intento, pero la conexión, y los horarios lo dificultan bastante. Sigamos a los chicos de Smark, pues
18 de abril de 2012 a las 9:54 am | Enlace permanente
Mangas, es verdad, el Orient ya está inventado. El modelo no es original, pero me parece que no está mal como forma de conocer Andalucía, para gente de fuera, claro. Y las visitas guiadas son bastante buenas.