Matala, la de los hippies

Ulyfox | 24 de noviembre de 2012 a las 22:12

Las cuevas que alojaron a los hippies en la playa de Matala

A lo mejor era un alto en su largo camino hacia Katmandu o de retorno hacia el hogar de sus papás una vez que estos decidieron dejar de mandarles dinero, pero hay un rincón en Creta donde los hippies buscaron su refugio en los años 60 y 70. Matala, así se llama el lugar, está en el golfo de Messara, el de las playas inmensas y azotadas por el viento, una curva de arena enorme junto a un mar muy azul y con un fondo de montañas oscuras y nevadas buena parte del año.

Comer sobre la playa de Matala, un placer de hippies.

Los hippies podrían ser llamativos, con sus camisas y trajes de flores, pero no eran originales. Porque miles, tal vez millones, de años antes (¿quién puede contar el tiempo tratándose de dioses?) a esta misma playa llegó Zeus disfrazado de toro con la raptada Europa sobre su lomo volando desde las costas de Fenicia. Algo tendrá Matala, que luego habría de ser puerto minoico de Festos y romano de Gortina.

Recuerdos del poder de las flores en las calles de Matala.

Los hippies encontraron fácil alojamiento aquí. En un promontorio sobre el mar ocuparon milenarias cuevas que habían servido de vivienda y hasta de tumbas en época romana. Allí se quedaron, con camas, ventanas, chimeneas y escaleras talladas en la roca. No creáis, no eran unos cualquieras. Entre los trogloditas estuvieron temporalmente nombres ilustres como Bob Dylan, Cat Stevens y Janis Joplin.

Todo el pueblo es mercadillo y tabernas.

Eran jóvenes, artistas, muchos de ellos famosos y tenían prisa por vivir. Pero a los lugareños no los impresionaron. Sencillamente, los cretenses no los soportaron, no aguantaron sus costumbres libertinas y drogatas, ni tanto amor libre ni tanta música extraña. Los expulsaron y ni siquiera se lamentaron por perder el tren del flower power y del haz el amor y no la guerra. Los cretenses, que sí sabían lo que era una guerra, prefirieron gente que les diera dinero, es decir turistas normales. Los hippies buscaron otros territorios griegos más propicios, y los hallaron en las Cícladas, sobre todo en Mikonos e Ios.

Negocios hosteleros para robinsones occidentales.

Pero ya Matala había cobrado fama, su playa de arena, sus cuevas en el promontorio, sus mercadillos de abalorios… Y decidió convertirse casi en un museo hippie, hacer del mercadillo dos calles, pintar sus calzadas de flores y colores, montar bares playeros con cañas de bambú, celebrar un festival de música sesentera. Y le salió bien. H0y es un lugar divertido, masificado por horas, pero ordenado y relajado cuando los autobuses de excursión se van. La playa sigue siendo magnífica, las cuevas están protegidas como vestigio arqueológico y sobre la arena aún se ven algunos melenudos que quizá fueran hippies de temporada pero ahora parecen de saldo. En algunas tabernas se come buen pescado con una vista inmejorable y las pensiones familiares tienen un buen precio y, sí, un aspecto en cierta forma provisional. De noche, la playa es acogedora.

Y el atardecer puede ser maravilloso si no hace viento.

Todo el conjunto tiene un aire africano. La música que suena es buena. En cierta forma, podríamos creer haber llegado a un paraíso con una guitarra y una flor en la boca. Si queremos creerlo, claro. Y dan ganas.

Parte de la inmensa curva del golfo de Messara, con el Psiloritis nevado todavía en junio.

  • Paco Piniella

    Yo quiero ser hippie, pero ya, y tener veinte años, jajaja
    Besitos

  • Ulyfox

    Paco, yo creo que no quiero tener 20 años. Entonces, cuando los tenía, era tonto, y ahora lo sería más. Lo de hippie, no sé, pero vivir en Matala seguramente sí. Aunque hace mucho viento. Besos