Grecia nos ama

Ulyfox | 4 de octubre de 2013 a las 2:04

Con Vasilis, el factótum del restaurante Nautilus de Mikonos..

Con Vasilis, el factótum del restaurante Nautilus de Mikonos..

Si no ¿de qué otra forma explicar lo que nos sucede allí? Además, no es que lo digamos nosotros, es que lo dicen algunos de ellos, los griegos, y sobre todo lo proclaman la fuerza de los hechos, de los gestos y de las sorpresas. En el mismo día nos los dijeron Anna y Bora, las dos camareras búlgaras del Hotel Damianos de Mikonos que cada año nos reciben con besos y achuchones de verdadera alegría en el primer desayuno. “S’agapame!!” (“os queremos”) gritaron cuando nos despedíamos, a la vez que nos deseaban que el año próximo volviéramos al menos por una semana. Digo yo que será verdad.

La terraza del siempre renovado Hotel Damianos  de Mikonos.

La terraza del siempre renovado Hotel Damianos de Mikonos.

El día anterior, en la playa de Ornos de esa isla, casi habíamos decidido no volver más a Mikonos cada año. En realidad,  nos dijimos, sólo veníamos ya porque nos sentíamos en la obligación deliciosa de ver todos los septiembres a la gente del Damianos, a la entusiasta Eleni y a su hijo Thanasis, encargados del establecimiento al que hemos visto crecer y mejorar durante casi una década, y donde siempre tienen una habitación, la número 27, para nosotros, aunque los llamemos dos días antes y estén completos. “Pero tampoco hay ninguna obligación” conversamos, teniendo las opciones cicládicas de Naxos o Paros, también ideales para acabar unas vacaciones griegas. Sí, sí, o casi sí, no volveríamos de momento. Pero eso fue antes de aquel último día, antes del grito amoroso de las dos búlgaras. Y antes de que esa misma noche fuéramos a cenar, de nuevo, al Nautilus, un blanquísimo restaurante en una blanquísima callecita del blanquísimo centro. El factótum de ese rincón se llama Vasilis, y es alto, bronceado, simpático a más no poder, guapo y con una hermosa melena negra, con lo que evito aquí decir en qué grado le encanta a Penélope. Nos vio llegar y empezó a abundar en exclamaciones de alegría del tipo kalós ílzate, yásas, y tí kánete! como es habitual en los pobladísimos saludos de los griegos, seguidas de besos y apretones de manos hasta acomodarnos en las apretadas mesas. A unos ingleses que se sentaron a nuestro lado la dueña les explicó que éramos unos very old customers cuando nos levantamos para dejarlos pasar, y cuando pedimos la carta de los postres después de una suculenta cena, lo que nos trajeron fue una bandeja con bizcocho de chocolate y helado “de parte de Vasilis”. Este apareció a los pocos segundos con una botella de mastija (un licor riquísimo de la isla de Quíos aromatizado con resina de lentisco) y tres vasitos. Yámas! (por nosotros) gritamos mientras compartíamos los tres el brindis. Al poco se sumaron los ingleses y la botella vio su fin con tanta ayuda, porque Vasilis no paraba de servirnos y de brindar. A esa hora, nuestra decisión de no volver tanto a Mikonos había decaído como una propuesta de la oposición en un parlamento con mayoría absoluta, sin llegarse a presentar.

El otro lado de la terraza del Damianos. Al fondo, arriba, nuestra habitación de siempre, la 27.

El otro lado de la terraza del Damianos. Al fondo, arriba, nuestra habitación de siempre, la 27.

Pero si hubiera alguna duda de la fuerza de esa mayoría aplastante que es Mikonos para nosotros, y de la laxitud de nuestra oposición, cuento nuestra última mañana, tras la declaración de amor de Anna y Bora. Dimos una vuelta por el centro, inmarcesiblemente bello, lleno de cruceristas extasiados o aburridos según. Hacíamos tiempo hasta la hora de nuestro avión a Atenas, tirábamos fotos, declarábamos de nuevo nuestra pleitesía a la Pequeña Venecia, y mirábamos tiendas. Entramos en una a que Pe se probara un traje que le había gustado. Mientras estaba en el probador le dije en griego al dependiente, por halagarlo y para que se supiera: “Oreos horos”, es decir, “bonito sitio”, y era verdad porque en el Mikonos del glamour cuidan tanto o más la apariencia de los locales como el contenido. Se sorprendió muy agradablemente porque le hablara en griego, y explicó que no le gustaba que mucha gente que iba uno y otro año no se preocupara por aprender siquiera cinco palabras. Yo le demostré que conocía bastantes más, y le conté por encima nuestra relación con Grecia, que escuchó con atención y una sonrisa. Le resumí y sentencié: “Agapame Helada”, amamos a Grecia. Y él nos lo confirmó, por segunda vez en el mismo día: “Ke Helada agapae sas”, o sea “y Grecia os ama a vosotros, seguro”. Pues ya está. Y rubricó su afirmación regalando a Pe un pañuelo a juego con el vestido, “por España, por dos españoles que aman a Grecia y que hablan su lengua”.

Con el dueño y uno de los camareros de la taberna Kounelas.

Con el dueño y uno de los camareros de la taberna Kounelas.

Menos efusivo, dos noches antes el dueño de la taberna de pescado Kounelas, un hombre  bajito que nos saluda como “los españoles” y nos habla en italiano, nos reconoció en seguida y nos dedicó una sonrisa y un apretón de manos para acceder a otra foto. Por cierto, el pescado, las almejas crudas y la ensalada de erizos, exquisitos como siempre. Volvemos, sin duda.

Con Andonis, 'dáskalo mou' , ante el Hotel Helena de La Canea.

Con Andonis, ‘dáskalo mou’ , ante el Hotel Helena de La Canea.

Última historieta de agapi (ya sabréis que ‘agapi mou’ en griego es ‘amor mío’) que os cuento: en La Canea, la preciosa joya de Creta, hemos descubierto un hotel con una de las mejores habitaciones del mundo, el Hotel Helena, y yo descubrí el mejor profesor de griego voluntario, su dueño, Andonis. Grande, charlatán y con bigote marinero, a todas horas nos preguntaba a dónde íbamos, de dónde veníamos y qué ibamos a hacer ese día. Yo procuraba que me hablara en su lengua, y yo intentaba seguirle la conversación. Terminó diciéndome que las clases eran gratuitas, por supuesto, y proclamándose ‘megas dáskalo’ (gran maestro). Yo, por supuesto, terminé dándole el tratamiento de ‘dáskalo mou heliniká’, mi maestro de griego. Ese hombre acabó haciéndonos una considerable rebaja en el precio de la habitación, simplemente porque éramos “unos muy buenos clientes”.

Puesta de sol romántica para el amor con Grecia.

Puesta de sol romántica para el amor con Grecia.

Así que, comprendednos, a despecho de nosotros mismos, a despecho de quienes puedan pensar con cierta razón que estamos ya pesados con tanto viaje a tierras helénicas ¿cómo romper esta relación en lo mejó del queré? ¿cómo darnos ni siquiera un tiempo como las parejas en crisis? Así que ahora que hemos vuelto, preparáos a un porrón de entradas de amor, que nos queda por contar casi todo. Helada, agapi mas.

  • Avenger

    Yasas amigos. Os entendemos perfectamente, también nosotros nos preguntamos por que volvemos siempre, al menos unos días a Mykonos; pero la verdad es que desde nuestro primer viaje, no podemos dejar de hacerlo. Es como un “fin de fiesta”, nos gusta terminar nuestro periplo griego, en esa isla. Tan contradictoria, donde pasas del tumulto y bullicio, en solo una callejueal de Chora. Donde perviven Paradise y Super Paradise, con sus muchedumbres y música a toda pastilla (entiéndase en todos los sentidos de la expresión) y lugares como Kikki’s Beach una taberna estupenda en la playa de Agios Sostris, o la tranquila playa de Panormos (cuando no sopla el Meltemi) o “nuestra playa” la semi solitaria Megali Amnos, y eso que está a menos de un Kilómetro del caso antiguo. Nos pasa como a vosotros, nos encanta perdernos en las calles de Pequeña Venecia, saludar un año y otro a Sergio, el argentino-italo-griego y español (no se cuantos pasaportes tiene ya este hombre) que regenta con su mujer profesora durante el invierno en un colegio francés de Atenas, una tiendecita de joyas y abalorios. Siempre nos recibe con un calurosísimo abrazo y unas quilmes heladas, además de unos chupitos de fernet, el licor de su Córdoba natal.Nos encanta cenar en Kounellas, o en el Nautilus, que lo descubrimos el año pasado, o en Barkia, con su pasta fresca, o en Joanna’s Niko’s place, con sus postres caseros imbatibles, o tomar una copa tranquila en el Veranda, allí viendo los molinos, o pasar una noche entera sin darnos cuenta bailando y riéndonos en Jackie O… en fín, que no nos cansamos. Este año, los tres días que pasamos allí fueron balsámicos, y eso que estábamos deseando volver (no había otra, había que estar en casa pronto y con un hospital de garantía cerca). Pero allí, pese al meltemi y pese a los malos ratos que habíamos pasado, todo cambió. Para nosotros Mykonos, ya es casi una actitud, una forma de entender la vida, nos encantaría estar siempre “en Mykonos”, entendiéndolo como la “buena onda”, que siempre tenemos cuando estamos allí. Así que a repetir Mykonos, es lo que nos mueve a que un año más en Junio o en Septiembre, pasemos al menos esos cinco o seis días balsámicos, generosos en tranquilidad y en placeres, pequeños pero que son los más grandes. Disfrutando de nuestra habitación (si también tenemos una “garantizada” en el K Hotel, donde Nikoletta nos acoge como en casa, con Eleftheria (Libertad quiere que le digamos) y Aris,que nos saludan en español y una sonrisa como solo allí se puede ver. Nosotros, cada año también intentamos saber algo más de griego (aunque siempre nos confunden con italianos en los locales). Disculpa la entrada tamaño “king size”, pero ya sabeis que cuando se trata de Mykonos, los sentimientos se nos desbordan. Un abrazo fuerte y muchos besos.

  • Paco Piniella

    Comprendemos Manolo que hayas tenido abandonado a tus lectores, con estos paisajes quién se va a poner a escribir en un ordenador. Te recuerdo que tenemos pendiente al menos una cervecita. Besitos a los dos.

  • alondra

    ¡ Cuántos sentimientos han removido tus palabras! Al leerlas me he dado cuenta de que quizá los que amamos Grecia es simplemente, porque Grecia nos ama y únicamente devolvemos lo que ella nos da…

    Aunque ahora que lo pienso, no sé exactamente cuál es la razón del amor a Grecia, porque la considero mi arcadia particular, pero sinceramente… me da igual

  • Ulyfox

    Un abrazo mikoniano, en el mejor sentido del término, querido Avenger. Sabemos lo que es Mikonos para ti, igual que lo es para nosotros. Creo que en definitiva, es la gente lo que nos amarra más a aquella tierra. No pidas disculpas por el tamaño del comentario. Ya me gustaría que todos fueran así. Demuestran que lo que se habla interesa. Esa isla, pese a su apabullante invasión turística y el derroche de sus tiendas y locales de lujo, guarda una población permanente y auténtica. De otro modo no se entendería su encanto. Y sí, naturalmente que volveremos, igual que lo haremos siempre a Creta y en general a Grecia. Hemos estado un mes y en ningún momento hemos sentido el deseo de volver a España, es decir que no nos aburrimos nunca allí. En fin… abrazos fuertes y besos.

  • Ulyfox

    Esa cervecita, Paco, la podemos tomar este fin de semana si os parece y os viene bien. En principio estoy libre, así que…
    Y a ver si ahora que no tengo tanto paisaje en el que entretenerme, voy metiendo más entraditas, que hay mucho que contar.

  • Ulyfox

    Alondra, realmente debe darnos igual la razón por la que queremos a Grecia, y simplemente tirarnos de cabeza cada vez que podamos a disfrutar de este amor mutuo. Y ya puestos, del vino, la comida, las aguas…

  • MANOLO LUBIAN

    Uno obtiene lo que da….¡¡¡¡¡ de forma que es natural que Grecia os ame. Recordad que aquí también hay gente que os quiere…
    Besos para los dos.

  • Ulyfox

    Manolo, lo sabemos, y nos alegra que nos quieran también aquí ¿Qué más podemos pedir? Y al final, en Grecia, también han terminado queriéndonos a fuerza de nuestra pesadez de pretendientes. Besos a ti.

  • MANOLO LUBIAN

    Disfrutad de la vida….como sabeis hacerlo los dos…¡¡¡¡¡
    Os lo merecéis.

  • Ulyfox

    Manolo, en el disfrute de la vida sólo somos aprendices pertinaces. Y algo vamos sacando, eso sí.