La isla paraíso

Ulyfox | 20 de enero de 2015 a las 13:43

 

Un brindis desde Koufonisia.

Un brindis desde Koufonisia.

Un rincón de Koufonisia, desde nuestro apartamento.

Un rincón de Koufonisia, desde nuestro apartamento.

Ahora que el viento azota, y el frío cala y la luz es incapaz de traspasar las nubes, ahora os quiero ofrecer este rayo de esperanza en la felicidad posible de unos días, esa que es creíble en pocos sitios pero probable, siempre, en una isla en verano. “Cada uno tiene su paraíso”, sostiene Penélope, y no es un secreto que el nuestro particular está en las islas griegas. No en todas, pero sí repartido en muchas. En las grandes pero abarcables con el corazón como Creta, en las escogidas como Simi, en las turísticas como Mikonos, Santorini o Rodas, en las evocadoras como Corfú, en las exquisitas y pueblerinas como Paros, en las minúsculas y recorribles a pie como Halki. O Koufonisia, una de las perlas repartidas alrededor de Naxos conocidas como las Pequeñas Cícladas.

Una de las dos calles de Koufonisia, por la mañana.

Una de las dos calles de Koufonisia, por la mañana.

Koufonisia tiene apenas unos 300 habitantes permanentes, una anchura máxima de tres kilómetros, se puede cruzar fácilmente de un lado a otro en poco más de media hora, y se rodea en aproximadamente hora y media. Doy por supuesto que en julio y agosto todo esto se puede convertir en un infierno turístico, pero después del 15 o el 20 de septiembre, su maravilla azul y ocre queda como un verdadero paraíso casi en exclusiva para ti. Así ha sido este pasado verano, en el que la tranquilidad sin masas se sumó a un tiempo espléndido y nos sentimos mimados por el viento del norte llamado meltemi, tan inclemente otras veces.

Habíamos visitado Koufonisia hacía una quincena de años, cuando aún estábamos en nuestros inicios del enamoramiento por Grecia, y contribuyó con su transparencia y casi virginidad al crecimiento del idilio. Hemos conocido ahora una isla una mijita más dotada, más diseñada, un apreciable y digno enriquecimiento de la acogida al turista, y sine embargo, en la época en que la hemos visitado, mucho más atractiva. El último día, todos parecíamos habernos puesto de acuerdo para marcharnos. La camarera del estupendo restaurante ‘Gastronauta’ nos preguntaba a todos los clientes con aire compungido si también nosotros nos íbamos a la mañana siguiente.

Penélope ante el mar de Koufonisia.

Penélope ante el mar de Koufonisia.

Alquilamos tres noches de un muy mejorable apartamento, en Christina’s House, situado sin embargo en una inmejorable ubicación, en un extremo del pueblo, con vistas al mar por las dos terrazas. Pero con una limpieza y estado general muy descuidados. Bueno, los amaneceres y atardeceres nos compensaban de esto. Encontramos en la isla la elegancia que se adquiere con la calma, el señorío de la ausencia casi absoluta de vehículos a motor, la clase que se demuestra al ir andando a todos sitios, el placer de una cocina natural y en algunos lugares escogida e imaginativa.

Mesas a la espera de clientes.

Mesas a la espera de clientes.

En aquellos lejanos tiempos, sólo se podía llegar a las Pequeñas Cícladas desde Naxos, en el heroico y cabeceante transbordador ‘Skopeliti’, divertido si no te importa hacer toda la travesía al borde del mareo. En la actualidad, los grandes ferris ya atracan en sus diminutos puertos, conectan con Atenas y muchas islas y son capaces de desembarcar cientos de personas en un solo viaje. Nosotros llegamos casi de madrugada, el encargado de los apartamentos nos esperaba con un desvencijado coche, emprendimos un viaje de un minuto, y nos acomodamos para tres noches.

El frente marítimo del pequeño y único pueblo.

El frente marítimo del pequeño y único pueblo.

En los dos siguientes días poco teníamos que hacer: bajar a desayunar al pueblo, disponer nuestros improvisados tiestos de playa y andar a la busca del mejor rincón donde asentarlos y disfrutar de un agua como pocas. En Koufonisia no hay hamacas en las playas, y sólo un par de tabernas fuera del casco principal, pero casi cualquier lugar que linde con el mar es apto para bañarse, desde el arenal que sirve de plaza del pueblo, junto al muelle hasta la más lejana e impresionante playa de Pori, una herradura casi perfecta de arena blanca y mar esmeralda, justo detrás de un hueco natural que llaman Piscina, muy frecuentado por los barcos de excursiones. Esa fue nuestra ocupación durante dos jornadas transcurridas con la sonrisa en la boca. Al atardecer volvíamos al apartamento, nos adecentábamos lo justo para no quitarnos el aire de robinsones felices, y salíamos a cenar, porque el tamaño de Koufonisia pueblo no da ni para un paseo que merezca ese nombre. Así que era mejor la sobremesa, la conversación en la mesa al aire libre, las ojeadas a la calle feliz en la noche veraniega, y la charla tal vez con el dueño del restaurante, uno de esos cocineros empeñados en conservar los sabores dotándolos de una presencia nueva. Algo así como la isla al final del verano.

Tantas playitas como esta...

Tantas playitas como esta…

 

Baño de turistas en las piscinas naturales.

Baño de turistas en las piscinas naturales.

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Oportunidades para el baño sobran.

Oportunidades para el baño sobran.

Verde o azul, transparente

Verde o azul, transparente

 

El mejor final de la jornada.

El mejor final de la jornada.

 

Noche en la calle.

Noche en la calle desde nuestra mesa en el ‘Gastronauta’.

Ya sabéis, hay que ir en septiembre, y guardar el secreto.

  • Avenger

    Yasas amigos, guardaremos el secreto, pero mientras intentaremos comprobar de primera mano esas bondades, que seguro son aun mejores allí a pie de playa. Que buena crónica, en un día como hoy apetecería estar allí, no obstante de la crónica de hoy trasciende el calor y la luz de ese Mediterráneo prodigioso. Gracias por volver a acercarnoslo. Un abrazo enorme.

  • Ulyfox

    Yasou, Avenger! Es inevitable, siempre volvemos a ese Mediterráneo y a esa luz, tan añorada en estos días fríos. Koufonisia es ese lugar deseado cuando se dan las circunstancias adecuadas. Ideal para conectarse con lo mejor de uno mismo. Y ya sabes: ¡shhhhhhh!

  • Ricardo y Cana

    Querido amigos…..por decir algo,eso pensábamos ,hay que ser mu malo o tener mu mala leche para recordarnos donde está vuestro paraíso,también nuestro,con esas fotitos.Quereis que entremos en depresión invernal profunda e irremediable…o nos estáis picando para que preparemos nuestro próximo viajecito,en nuestro caso Sicilia.
    Eso no se hace con la que cae hoy en Cádiz y el frío que hace.
    Abrazos mil …..amigos.

  • Ulyfox

    Bueno, queridos Ricardo y Cana, uno lo hace con la mejor intención. Como bien decís, con la intención de que sigáis buscando y encontrando esos paraísos mediterráneos que tanto os gustan. Y ahora, que uno se queda en casita, hay más tiempo para preparar viajes. Por cierto, que a ver si lo preparamos juntos un día de estos. Abrazos

  • Carmen

    Hola! Envidia sana he sentido al ver estas fotos maravillosas! Ni siquiera había oído hablar de esta isla: Koufonisia.
    No sé cómo se llega hasta ella, pero seguro que merece la pena.
    ¡Enhorabuena por el viaje!

    Este año volvemos al Peloponeso. Aunque, inicialmente, pensábamos ir a la costa croata este verano, al final, hemos sucumbimos otra vez al influjo griego…
    Saludos

  • Carmen

    perdón… “hemos sucumbido” y no “hemos sucumbimos” esto me pasa por no repasar lo que escribo…
    Salu2

  • Ulyfox

    Hola Carmen ¡cuánto tiempo! Pues si no habías oído hablar de Koufonisia ya tienes otro destino dentro de las islas griegas. Eso sí, tienes que ir en junio o septiembre, porque el resto del verano debe de estar insoportable. En esos meses, sobre todo al final de septiembre, con buen tiempo, es un paraíso de verdad.
    Es muy fácil llegar desde Naxos o desde Paros. El Blue Star ferry es una manera estupenda de viajar a Koufonisia.
    Veo que estáis enganchados de verdad al Peloponeso. No me extraña, aunque la costa croata es ciertamente apasionante.
    Saludos!