La nueva vida de Mostar

Ulyfox | 19 de octubre de 2016 a las 13:19

Mostar y su puente sobre el rio Neretva.

Mostar y su puente sobre el rio Neretva.

Mostar tiene un nombre que resuena con dolor en las cabezas de todos los integrantes de una cierta generación que se estremeció en la distancia cercana con su sonido. Mostar sonaba a bombas y a asedio al principio de los años 90, cuando la guerra de los Balcanes golpeaba a Bosnia con una crueldad que se nos antojaba imposible en una Europa exhuberante en lo económico y a punto de entrar en el siglo XXI. Y Mostar era en los telediarios un puente altivo y airoso, construido por los turcos sobre el río Neretva y que unía los barrios cristiano y musulmán de la preciosa ciudad. Un puente que es una obra de arte, patrimonio de la Humanidad, y que en el año 93 saltó por los aires ante los ojos de todo el mundo, cuando el ansia separadora acertó con el mortero sobre el arco de piedra hasta entonces en pie.

La voladura del puente de Mostar por las tropas serbias, junto con el asedio implacable y cruento de Sarajevo, las numerosas matanzas perpetradas por los ultranacionalistas hicieron por fin intervenir a la OTAN, que paró el genocidio. Luego vinieron los cascos azules de la ONU, muchos de los cuales provenían de aquí mismo, de Cádiz y San Fernando, y la paz se impuso. Lo único que puede curar o al menos aliviar tanto mal es un final feliz, y ese parece que es el que están viviendo ahora los habitantes de Mostar, un nombre que, tal vez por todo lo dicho antes, nos llamaba con su sonido de esperanza desde que decidimos viajar a Croacia el pasado septiembre.

Personalmente, a esa montaña de sentimientos y evocaciones se sumaban los recuerdos de mi época de responsable de la información nacional e internacional del Diario en aquella intensa y tremenda época. Demasiados días, años. Una época en la que todavía esas noticias nos impresionaban y nos ocupaban horas y horas de pensamiento y conversación. Sí, el final parece feliz ahora en la ciudad mixta, ya sin guerra entre religiones, y parece que otra vez unida por el puente reconstruido por la Unesco.

El puente otomano, siempre presente al fondo.

El puente otomano, siempre presente al fondo.

El puente es hermoso, impresiona visto desde el río y desde todos los ángulos de las callejuelas que lo rodean. Es un estrecho pasaje, empinadísimo y resbaladizo, fortificado en sus dos extremos, a un lado las iglesias y al otro las mezquitas. Estremece los sentidos oír el canto del muecín en mitad de la tarde en una nación tan europea, nos resulta extraño y a la vez emocionante como sucede siempre con esas salmodias que se lanzan desde los minaretes llamando a la oración. En medio del puente, varios estilizados muchachos venden a los turistas por unos euros la posibilidad de verlos saltar desde la altura hasta el río. No vimos ninguno hacerlo, pero comprendimos que pidieran un alto precio por la demostración de audacia.

Un café a la orilla del Neretva.

Un café a la orilla del Neretva.

 

Ahora son los turistas los que invaden la preciosa y evocadora población, convertidas sus principales calles en un inmenso zoco en los que no es posible comprar mucho más que baratijas de lo más tópicas. Era casi imposible transitar por el puente y las callejuelas, llenas todo el día de un gentío afanoso procedente en su mayoría, según nos pareció, de cruceros atracados en la cercana Croacia: Dubrovnik y Split. Pero abundaba también el visitante musulmán, con mujeres cubiertas en mayor o menor proporción.

Desde el puente, saltadores a sueldo esperan que los turistas paguen por ver su salto.

Desde el puente, saltadores a sueldo esperan que los turistas paguen por ver su salto.

Sería casi imposible encontrar huellas de la tremenda destrucción provocada por la guerra, si no fuera por algunos pequeños restos y por la disposición a la venta de algunos de esos recuerdos en forma de balas, cascos y cartucheras, para mi gusto de manera un tanto inadecuada. Más apropiada me resultó una piedra pintada a la entrada del puente con el rótulo “Don’t forget 93′ y rodeada de chatarra bélica. El pueblo está precioso, pero es verdad que no se debe olvidar aquella tragedia. Sí nos sentimos felices, en cambio, de que después de tanta penalidad, llegue la bienaventuranza del turismo. Y que Mostar ofrezca su puente, sus mezquitas y sus calles solo al asalto de este tipo de hordas, más pacíficas. Alivia.

Casas musulmanas, minaretes y mezquitas a la orilla del Neretva.

Casas musulmanas, minaretes y mezquitas a la orilla del Neretva.

La ciudad, no obstante, es mucho más grande que esas vías atestadas, y es posible alejarse unos metros para encontrar rincones mucho más serenos, con otros puentes cruzando afluentes del Neretva y mezquitas escondidas. A salvo de la barahúnda, y mucho mejor si se tiene la feliz ocurrencia de pernoctar allí. El paseo vespertino es ya mucho más sosegado, y mucho más fácil hallar sitio en los estupendos y baratos restaurantes. Lo mismo ocurre con los hoteles, a unos precios que ni soñados por los occidentales.

Numerosos visitantes sobre el puente.

Numerosos visitantes sobre el puente. Al fondo, la ciudad.

Llegar a Mostar nos supuso un desplazamiento un tanto largo, cruzar la frontera y descruzarla en una lentísima cola, pero sobre todo una experiencia que llevábamos años queriendo tener. Inolvidable.

Los turistas, no las tropas, invaden ahora Mostar.

Los turistas, no las tropas, invaden ahora Mostar.

 

Comida sabrosa y barata en Mostar.

Comida sabrosa y barata en Mostar.

 

No olvidar la guerra.

No olvidar la guerra.

Rincones en el interior más tranquilo de Mostar.

Rincones en el interior más tranquilo de Mostar.

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  • avenger

    Yasas. Precioso Mostar, para mí siempre unido a los telediarios y a la imagen impactante de la voladura del puente-icono de la ciudad. Ciudad que como dices está unida a España y a la Provincia, por el paso de soldados encuadrados en las misiones de la ONU. Entrando en modo “abuelo Cebolleta”, cuando estuve en la Infantería de Marina, se produjo el primer envío de efectivos del Cuerpo para integrarse en la misión ONU, yo no estuve en el terreno, pero si que participé (y mucho) en las labores de logística y administrativas que dicho traslado supuso. Así que muchos recuerdos, ha traido este precios (como siempre) post. A la vista de las fotos y de la lectura del mismo, está claro que hay que buscar un hueco para hacer una parada en esa Zona. Un fuerte abrazo.

  • Ulyfox

    Yasas, Avenger
    Mostar es una experiencia, y también una cierta pena por la invasión turística, que todo lo mercantiliza. Pero eso es la vida. Yo me alegro profundamente por ellos. Abrazo

  • Paco Piniella

    Falta Pérez Reverte por ahí haciendo su crónica de Territorio Comanche.
    Muy bonita las fotos aunque con esa modelo es difícil fallar.
    Besos

  • Ulyfox

    Paco, qué te puedo decir respecto a la modelo. Afortunadamente, la tengo contratada en exclusiva. Besos