Para qué quieres un perro

Ulyfox | 7 de mayo de 2017 a las 19:20

Aquiles

Aquiles, ese perro.

 

 

He calculado que son ochenta y tantas veces. No, esperad: muchas más al día. Sí, porque había olvidado el momento en que cojo las llaves y hacen su sonido metálico, el de subir las escaleras, el de bajarlas y mirar hacia el sofá, el de amarrarse los cordones para salir, el de salir a buscar el periódico, el de volver a casa de donde sea, el de preparar la comida, aquel momento en que te parece haber oído un ruido y esperas ver aparecer su cabeza tras la puerta… Sí, son muchas más las veces que todavía me acuerdo de Aquiles, nuestro perro, ahora que hace más de diez días que murió. Más bien, que decidimos que era mejor sacrificarlo, arrastrando como iba su cansado cuerpo con toda la energía que aún tenía cuando lo invitaba a dar sus paseos diarios.

Y desde ese mismo momento decidimos, con la fuerza que tienen ese tipo decisiones, que no tendríamos nunca más un perro. No sé ni pretendo explicar por qué, pero se sufre demasiado. Y, afortunadamente, es de los pocos sufrimientos que puedes decidir no tener más. ¿Para qué quieres un perro? ¿Para qué quiere la gente un perro? Para mí es una idiotez tener un animal de tan extraordinaria clase para convertirlo en el último de una manada de la que tú eres el jefe, según aconsejan los manuales para amos que circulan por ahí, y los veterinarios que abundan cada vez más. Tampoco se tiene un perro para darle de comer pienso de vete tú a saber qué origen y composición… Tienes un perro porque fundamentalmente, si no eres policía ni pastor, lo que quieres es su compañía, sea esta del tipo y la forma en que sea llamada. Para que esté ahí, sobre todo.  Para que se convierta, porque tú así lo quieres, en algo (¿alguien?) casi imprescindible. Y los perros tienen el instinto o la inteligencia, o tal vez el corazón, de conseguirlo. Siempre que uno sea todo lo humano que un canino espera.

Así que, de verdad, una vez que un perro entra, lo invitas a entrar, en tu casa, digo yo que deber ser tratado como un invitado. Ya pasaron los tiempos, que nosotros nunca tuvimos, de usarlos para defensa, o vigilancia o pastoreo. Y si lo invitas a ser parte de tu familia, así debe ser. Que nadie entienda que debe ser tratado como un humano, sino que siempre que sea posible, hay que entenderlo como animal del que nos hemos hecho cargo. No sé si los perros sienten cariño o quieren a sus amos. Esa categoría de sentimientos es demasiado humana para aplicarla directamente a ellos, pero de hecho no conocemos otra forma de expresarlo. Y desde luego, nosotros estamos en la obligación, una vez que los hemos acogido, de ser cariñosamente humanos con ellos.

Así creo que nos tratamos Aquiles y nosotros, él exigiendo con sus ladridos su ración diaria de comida, paseos y juegos, y nosotros condescendiendo a cada rato como el ser superior que se supone que somos. Y así fuimos construyendo una convivencia diaria de gritos, caricias, órdenes y súplicas, discusiones y reconciliaciones que quizá mucha gente no llega a tener en toda su vida.

Ya digo, tienen que ser cientos de veces al día las que lo recordamos. Aún.

 

  • antoniodlr

    ¿Qué para qué quieres un perro?
    Pues para sacarlo a su paseo diario, aunque no te apetezca.
    Para llevarlo al veterinario, aunque te cueste el dinero.
    Para sacudir sus pelos del sofá y lo maldigas de camino.
    Para preocuparte cuando está enfermo.
    Para ponerle la inyección de insulina.
    Para quitar sus mierdas, aunque sea con repugnancia.
    Para lavarlo y de camino te laves tú, por mucha precaución que tomes.
    Para encararte o disculparte por culpa de una de sus perrerías.
    Para volverte loco intentando “encajarlo con alguien” para poder irte de vacaciones.
    Para discutir con tu pareja porque hoy le toca a ella bajarlo.
    Para ponerte colorado si en una reunión de amigos al perro se le va el punto.
    Para incomodarte mientras comes, porque él también quiere de tu plato.
    Para sofocarte porque el perro lleva todo el día ladrando y molesta al vecindario.
    Para cabrearte porque no hace caso a nada de lo que le ordenas.
    Para, de vez en cuando, cambiarles las “dichosas bolitas preparadas de no se sabe que” y darle un trozo de carne con su hueso.
    Para, al fin, ser piadoso con él y conseguir que el sufrimiento no sea el último recuerdo que se lleva de esta perra vida( A los humanos, de momento, nos está vetado).
    “Piccola cosa”, que diría cualquier antepasado tuyo, tú mismo o yo. Lo que Aquiles ha dado a cambio, sin que viniese en el contrato, sólo lo sabes tú y Pe. Parece que no se puede querer a un perro, solo nos está permitido el eufemismo de “cogerle cariño”. Como bien dices, una vez que entra en tu casa, es un invitado más. Ni más ni menos. Entiendo que cuentes los momentos de su ausencia.
    Ya sabes que lo siento.

  • Ulyfox

    Querido Antonio
    Veo que lo has captado a la perfección.
    Un abrazo perruno


Comentar


Nombre (Obligatorio)

Correo electrónico (Obligatorio)

Página web (Opcional)

El autor, en este espacio, se limita a recoger la opinión y contenidos de los lectores, por lo que no se hace responsable de los mismos. Si encuentra algún texto ofensivo, erróneo o alguna opinión que no sea respetuosa, le rogamos que nos lo haga saber