Salónica, por fin

Ulyfox | 15 de octubre de 2017 a las 21:49

El impresionante interior de la Rotonda.

El impresionante interior de la Rotonda.

Puerta de una tumba macedonia en el Museo Arqueológico de Salónica

Puerta de una tumba macedonia en el Museo Arqueológico de Salónica

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Exquisitas coronas florales y jarrón de oro en el Museo Arqueológico.

Exquisitas coronas florales y jarrón de oro en el Museo Arqueológico.

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Tres imágenes del Museo de la Cultura Bizantina.

Tres imágenes del Museo de la Cultura Bizantina.

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Puede parecer mentira, pero no conocíamos Salónica, también llamada Tesalónica, Thessaloniki para los griegos. Imaginaos a alguien que llevara 25 años viniendo por España y no conociera Barcelona. Pues esos éramos nosotros en relación con Grecia: amantes y buenos conocedores de Atenas, disfrutadores en las islas, casi nativos en Creta, pero extraños del norte y de la segunda ciudad del país. Era como si hubiéramos empeñado nuestro afán en el mundo clásico y bizantino y renunciado al helenístico que hubo entre los dos, a ese gran periodo que impulsó la figura enorme de Alejandro y que se personifica en la tierra en la que nació y donde empezó su gran aventura planetaria: Macedonia.

La Torre Blanca preside el paseo marítimo de Salónica, Leóforos Niki.

La Torre Blanca preside el paseo marítimo de Salónica, Leóforos Niki.

La estatua de Alejandro el Grande, también en el paseo marítimo de Salónica.

La estatua de Alejandro el Grande, también en el paseo marítimo de Salónica.

 

El barrio de Ladádika, lleno de terrazas y restaurantes.

El barrio de Ladádika, lleno de terrazas y restaurantes.

El precioso nombre de Salónica resonaba en mi cabeza con dejes sefardíes, con notas de canciones en ladino y se me aparecía con la silueta de la Torre Blanca en el paseo marítimo, pero alguna otra impresión sacada de quién sabe dónde me la hacía aparecer como una ciudad demasiado moderna y sin alma.

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Murallas, casas otomanas antiguas mezquitas e iglesias bizantinas en Anópolis, el barrio alto de Salónica

Murallas, casas otomanas antiguas mezquitas e iglesias bizantinas en Anópolis, el barrio alto de Salónica

Bastó tomar la decisión por fin, emprender el viaje y caer en la cuenta de que habíamos tardado demasiado en conocer esa gran ciudad de más de un millón de habitantes, llena de vida, al borde de un mar cargado con toda nuestra historia. Pero bien está lo que bien acaba. Ya la descubrimos, a Salónica y luego Macedonia, la tierra de Alejandro… o más bien de su padre, Filipo. Porque Alejandro era griego, sí, pero no tuvo más patria que su impar ansia de conocer lo que había siempre más allá. Que le hablaran de nacionalismo a él, rendido ante la cultura y arte de sus enemigos ancestrales, los persas, por ejemplo, a los que derrotó para siempre, y respetuoso siempre con las leyes y las lenguas de las tierras que, eso sí, conquistaba previamente por las armas.

 

Vista de la Rotonda con las murallas de Anópoli al fondo.

Vista de la Rotonda con las murallas de Anópoli al fondo.

Y basta de introducción: Salónica merece definitivamente la pena. Por su gran plaza Aristotelous, centro de la vida social; por el animado barrio de Ladadika, donde se reúne la animación nocturna con terrazas y restaurantes de todo tipo; por el largo paseo frente al Glofo Termaico presidido por la Torre Blanca (encalada después de una de las muchas matanzas causadas por los turcos) y regado de esculturas como la dedicada a Aléxandros O Mégas y otras de corte contemporáneo; por su casco antiguo amurallado allá arriba, llamado Anópolis y donde más fácil es toparse con las huellas bizantinas, con un aire que recuerda a algunos barrios de Estambul; por sus huellas romanas como el Arco de Galerio y la impresionante Rotonda, con su cúpula semejante al Panteón romano pero más emocionante por sus restos de mosaicos; por sus magníficos museos Arqueológico y de la Cultura Bizantina, espléndidos y didácticos, descubridores de tantas cosas, bálsamo para nuestra ignorancia sobre el mundo macedonio.

Penélope ante los relieves del Arco de Galerio.

Penélope ante los relieves del Arco de Galerio.

El Ágora romana.

El Ágora romana.

Mosaicos en el interior de la Rotonda.

Mosaicos en el interior de la Rotonda.

El Arco de Galerio y la Rotonda al fondo

El Arco de Galerio y la Rotonda al fondo

Vista exterior de la Rotonda

Vista exterior de la Rotonda

Estuvimos dos días en los que recordamos a nuestras piernas que tienen músculos, arriba y abajo, y tratando de recordar a nuestras mentes que tienen muchos huecos que llenar. Y en los que nos quedó pendiente la visita al Museo Judío, por culpa de la falta de tiempo y los horarios. Salónica fue la gran capital sefardí, es decir del mundo hebreo que hablaba ese castellano preservado desde el siglo XVI, cuando los judíos fueron expulsados de España. Allí se asentaron y casi llegaron a ser la mayoría de la población hasta la Segunda Guerra Mundial. La ocupación nazi acabó con ellos, trasladados en masa y exterminados en los campos de concentración. Ahora, su presencia en la gran ciudad es casi anecdótica.

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Tres imágenes del Museo de la Cultura Bizantina.

Tres imágenes del Museo de la Cultura Bizantina.

Y además, Salónica es la gran y magnífica puerta de entrada para el descubrimiento y exploración de Macedonia y Tracia, regiones con tantas trazas otomanas, búlgaras… es decir, un portalón a la Historia. Y aquí amamos tanto la Historia.

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  • Alondra

    ¡¡¡¡ Lo qué os echábamos de menos!!!!!

  • Ulyfox

    Bueno, Alondra, aquí estamos!
    Y que nos alcance la fuerza.
    Besos

  • Carmen

    El Museo de la Cultura Bizantina me parece muy interesante y completo. Una idea excelente la de visitarlo.

    Vaya, vaya. ¡Me están entrando ganas de ir a Salónica! Pero antes seguiré, en parte, vuestros pasos y para el 2018 voy a Lefkada… y algún rincón más de Grecia. Me he guiado por tus relatos sobre Lefkada, para elegir los alojamientos.

    Un buen viaje, con buena compañía es todo lo que deseo para pasarlo bien. Al final, la vida es más sencilla de lo que pensamos. Parece poco cosa, pero a mí me hace feliz.

  • Ulyfox

    ¿Poca cosa, Carmen? ¿Un buen viaje con buena compañía? ¿Hay algo mejor?
    Con Lefkada, ya sabes: una isla preciosa, con unas playas impresionantes, pero repletas. Hay que elegir bien la fecha… y Cefalonia también es preciosa. Verde, montañosa y con magníficos vinos.
    Saludos

  • Carmen

    ¡Hola, Ulyfox!
    Ya lo sé, porque lo he leído en tus entradas, que en verano Lefkada está repleta de turistas de países limítrofes (Albania, Macedonia etc) y también, de turistas ingleses. Pero, es que, me dejó muy buen sabor de boca lo que escribiste sobre Sivota y Markis Gialos y me apetece ir allí, aunque sólo sea un ratito.

    Nos gusta el campo, así que durante unos días estaremos por la costa, pero otros en el interior de la isla y el horario que hacemos es muy diferente al típico turista de playa. Nosotros madrugamos mucho y siempre buscamos pequeños lugares para nadar, aunque sea complicada la entrada al mar.

  • Ulyfox

    Carmen, pues si vas a esos sitios que me dices, podrás escapar ‘algo’ de la masificación.
    Seguro que te gusta