El vuelo más corto del mundo

Ulyfox | 15 de abril de 2018 a las 18:38

El avión de Sky Express, en su escala en Kasos.

El avión de Sky Express, en su escala en Kasos.

Todo está dispuesto a bordo del avión de la línea Sky Express en el aeropuerto de Kárpathos. El avión bimotor de turbohélice con destino a Sitia, en Creta, empieza a rodar por la pista. Despega y a los dos minutos la azafata dice: “Iniciamos el descenso al aeropuerto de Kasos”.

Esta es la cortísima historia del vuelo más corto del mundo. Kasos es casi como una escala inevitable, como un pequeñísimo salto de pulga, pero seguramente le ha dado sentido y rentabilidad a un vuelo entre las islas de Kárpathos y Creta que tal vez no existiría sin esta casi broma. Los pasajeros, apenas una decena, descendimos y esperamos en la pequeña sala del aeródromo, casi sin tiempo ni para ir al servicio si alguien lo hubiera necesitado. El avión vuela a muy baja altura, claro, no tiene tiempo de subir más y uno viaja casi tocando las olas. Es cómodo, tranquilo y todo el pasaje sonríe ante lo singular de esta experiencia, duda de si merece la pena bajarse, pero ahí la tripulación es clara: todo el mundo tiene que hacerlo.

Luego sí, ya el segundo salto hasta Creta es sólo una mijita más largo, y al menos merece el nombre de vuelo. Sin embargo, no merece que se cuente nada sobre él.

  • antoniodlr

    A mí me gusta volar, así sin más. Sin necesidad de psicotrópicos, ni Mary Jane. Yo hasta el café me lo tomo descafeinado. Pero lo mismo te digo que los güisquis los prefiero solos.
    Otra cosa son los aeropuertos; a esos cada día los odio más. Son unos cabrones que te quitan el cinturón, los zapatos y sobre todo la dignidad. Súmale el tiempo de antes y el de después. Luego búscate la vida para llegar a la ciudad, que a veces está a una hora de camino. Ya casi no te compensa y no me extraña que el Ave le esté quitando viajeros.
    El último viaje que hice fue un crucero por el Mediterráneo que salía de Barcelona (sé que no obtendré tu perdón por esta alta traición, por los siglos de los siglos. Tenía que probar el chopper pork -porque a mí la mortadela me encanta- para diferenciarla del jamón ibérico).
    Le di mil vueltas a si debía ir hasta allí en avión o en tren. El vuelo era una hora y media, pero a eso hay que sumarle todo lo demás y multiplicarlo por mi dignidad pisoteada. Así que elegí el Ave con transbordo en Sevilla: 8 horas. (Lástima que se perdiera ese coche cama de Cádiz a Barcelona que utilicé tantas veces)
    ¿Mucho tiempo, no? Pues al final salí ganando, porque cuando volví del crucero se habían cancelado infinidad de vuelos por lo de la huelga de los controladores de seguridad.
    Qué bonito sería poder volar (y a tu lado ponerme yo a cantar, dice la niña de Lola Flores) sin entrar en un aeropuerto.
    Yo hice un vuelo precioso por la Bahía de Cádiz en una avioneta de 4 plazas, que se asemejaba más a un motocarro con alas. Lo ofertaba una compañía de Jerez, creo que un club deportivo. El viaje fue alucinante viendo toda la bahía a baja altura, quedándote con todos los detalles. Lo que más me impresionó fueron los colores de las salinas. Porque no son blancas; no, son de colorines: Azules, grises, verdes o rosa palo (según opina mi señora que maneja con soltura el cromatismo; del que tiene un Master expedido por Danone; eso sí, por dos tapas de yogurt y griego por más señas). El piloto incluso me dejó que tomara los mandos durante unos minutos. Y allí estaba yo tenso y tieso como un palo. Luego el tipo se dio el gusto de hacer un picado sobre La Caleta. Una pasada.
    Todo esto te lo cuento porque si lo más bonito es volar y lo más jodido es estar en el aeropuerto, al menos que lo primero compense a lo segundo. Pero volar solo dos minutos, eso no es volar. Yo pa eso me hubiera ido nadando.

  • Ulyfox

    Querido Antonio, me encantan tus comentarios largos y llenos de ingenio, y los echo mucho de menos.
    Además, estoy de acuerdo contigo en lo de los aeropuertos, que se han convertido en uno de los lugares más inhóspitos que se han inventado, debiendo ser todo lo contrario. Miles y miles de personas cada día sin un sitio donde sentarse, o donde comer bien o en el que simplemente esperar cómodamente. Pero a veces es preferible eso a ir nadando…
    Este cortísimo vuelo, un saltito gracioso, por lo menos nos hizo sonreír a todos. Y además, suponía volver a nuestra amada Creta, así que… bien valió la pena.
    Abrazo


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