Getaria, el norte sonriente

Ulyfox | 6 de julio de 2018 a las 12:27

La kale Nagusia de Getaria.

La kale Nagusia de Getaria.

 

Habría parecido increíle, pero la gente se despojó de los chaquetones, algunos hasta de los jerseys. Era el norte de España a principios de enero, pero de pronto hacía un calor impropio y lucía un sol alegre. El mar seguía encabritado, rociando con una neblina de color de fumata blanca toda la línea de costa, y sin embargo las nubes se habían apartado propiciando que el azul fuera más azul y en la tierra el verde, más intenso. Estábamos llegando a Getaria en mañana de domingo,  así que no estábamos precisamente solos, porque al olor de sus parrillas y al reclamo de las calles pétreas y marineras de esta milenaria villa guipuzcoana, cientos de familias y grupos nos congregamos como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, como en una procesión civil que bajaba por la calle Mayor (kale Nagusia) desde el monumento a Elkano hasta el puerto de aromas sublimes.

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Exterior e interior del Museo Balenciaga.

Exterior e interior del Museo Balenciaga.

Pero nosotros habíamos preferido subir antes, tomar las empinadas escaleras, afortunadamente automáticas, hasta el magnífico Museo Balenciaga, en la parte alta de la población. Pensábamos antes de verlo, y lo confirmamos tras la visita, que era un lugar imprescindible de la visita a este puerto histórico y tan alejado de nuestro Sur natal. Casi no sabíamos nada de la vida y la obra de este genio de la costura aparte de su conocidísima importancia, pero el centro, tan moderno en concepción y presentación, nos hizo disfrutar del trabajo y la sabiduría que hay detrás de algo tan aparentemente sencillo como son trozos de tela pensados y dispuestos de determinada manera por el trabajo de la aguja y el hilo. Si el ilustre marinero Juan Sebastián de Elcano le dio la vuelta al mundo es indudable que su paisano de varios siglos después le dio más de una al mundo de la moda. Un museo para disfrutar.

Entrada al casco antiguo de Getaria.

Entrada al casco antiguo de Getaria.

Luego todo fue rodar cuesta abajo mirando balconadas, retorciendo calles y rozando la iglesia de San Sebastián, tan doblemente alta, para desembocar en el muelle con el apetito dispuesto y, afortunada y previsoramente, con mesa reservada en uno de los atestados asadores. Kokotxas, almejas y rodaballo, claro, como una maravillosa obligación gastronómica a la que nuestro educado paladar respondió devolviendo los platos casi limpios al fregadero. Txakolí de allí mismo para acompañar, y para alegrarnos el ánimo con el que nos dirigimos hacia el Ratón, el promontorio que debe su apodo a la forma que recuerda al roedor, y con el que jugamos a esquivar las bravas olas como los niños que nunca dejaremos de ser.

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Las parrillas de Getaria, el mejor lugar para un buen rodaballo a la brasa.

Las parrillas de Getaria, el mejor lugar para un buen rodaballo a la brasa.

 

Era casi imposible encontrar mejores ingredientes para un día de vacaciones en ese Norte tan amado y al que algo habremos dado también para que nos quiera tanto, así de pronto como un amor repentino después de haber pasado décadas sin saber de él. No nos faltó ni la pizca de emoción por la carretera nocturna con las olas rociando el coche. A punto estuvieron de no dejarnos pasar, pero la llegada al hotel se pudo hacer para encontrar la serenidad y el descanso después de un día de emociones suaves.

El Ratón de Getaria, el promontorio que domina el paisaje costero de Getaria.

El Ratón de Getaria, el promontorio que domina el paisaje costero de Getaria.

 

  • Paco Piniella

    Patria del txakoli, hay una ruta por las bodegas del famoso vino blanco de la tierra, altamente recomendable.

  • Avenger

    Hola amigos, nunca hay que perder el Norte…., y mucho menos si es ese territorio amigable, donde la tierra y el mar se unen creando esas estampas atemporales y de gran belleza. Lógico que unos grandes viajeros se fueran a la patria chica del gran viajero en España, el que dio por primera vez (al menos que quedara constatada) la vuelta al globo. Y por supuesto la gastronomía de la zona, casi puede olerse la parrilla y ese rodaballo. Como hace mucho está pendiente un encuentro no? a ver si podemos concretar, que luego se hace muy dificil. Nosotros hemos estado muy liados con temas laborales y nos ha comido casi todo el tiempo, ya ha remitido el chaparrón de trabajo y podemos concretar algo, os parece? Un fuerte abrazo.

  • Ulyfox

    Paco, ¡tú sí que sabes! Altamente recomendable el txakolí, prácticamente lo único que bebo en mis visitas al País Vasco, jeje

  • Ulyfox

    Hola Avenger. Qué gusto saber de ti otra vez. El País Vasco fue un descubrimiento para nosotros hace tan sólo tres o cuatro años y ya hemos vuelto varias veces. Un lugar acogedor como pocos.

  • antoniodlr

    Pues a Getaria no fuimos, pero en Junio estuvimos por el norte. Por Bilbao y por Gernika. Le hice caso a tu post de hace un par de años, así que tendré que volver al norte de nuevo. Y yo encantado. Yo quiero, bueno es solo lo que puedo, hablarte del viaje de Junio. Que ya sé que no tiene nada que ver con este post, pero es que yo jugaba en juveniles (coincidí con el Selu de Cadi; aunque él se llevó allí más tiempo que yo) de delantero centro y si sacan un córner en el último minuto e injusto, hay que ir a rematarlo.

    Así que de este viaje, a este lugar del que Kadi ocupa la mitad (Euskadi) si quiero contarte. Aquello es ahora otra cosa, con lo del Guggenheim, ¿Qué me dices? ¿ein? Que si bien es cierto, que de las exposiciones me enteré la mitad, solo el edificio y su entorno ya merece la visita.

    Y ese puente del amigo Calatrava. El del Zubizuri. Que es una preciosidad. La gente se mete mucho con él, pero a mí, que quiere que te diga. Eso de haberle puesto una alfombra para que la gente no se resbale, es un puntazo. Es como estar en casa. Lástima que no me llevara las babuchas.

    Y lo de Gernika me encantó y me cabreó. Fuimos un lunes que hay un mercado local, donde cada agricultor o ganadero lleva su producto (pudimos comprar queso y alubias); a la Casa de Juntas, con su famoso árbol, y al parque de los pueblos de Europa. Y allí fue donde me cabreé, al ver pintarrajeadas las preciosas esculturas de Chillida y Moore. Se ve que los hijosdeputas forman parte de cada patria. En fin.

    También anduve por el Bar Iruña y por el Bilbao, que son dos maravillas de la “arquitectura comercial” que hay que mantenerlas sin que se toque apenas nada. En el primero anduvimos de menú, y bien; en el segundo de pinchos, y regular. Verás, no es que estuvieran malos es que yo no soy de pinchos. Son incómodos de comer y tampoco es que, salvo excepciones, sean una maravilla. Yo soy de tapas, soy un hijo de mi tierra y sinceramente creo que lo nuestro (si se hace bien) es mejor. Luego aparte está el tema de la higiene, no quiero entrar en detalles, pero creo que me comprendes. Esa barra de pinchos al aire … Ni tampoco me hace gracia el txacoli. Otra cosa es el chuletón, que también cayó, y eso son palabras mayores.

    Lo que más me encantó fue el trato de la gente, tan cercana a pesar de su fachada seria. Sería posiblemente porque no lo son tanto. Hay buen humor. El detalle: una señora de ochentitantos con sus dos nietos detrás de mí sacando los billetes para un paseo por la ría. Y ella seria en su seriedad y con todo su acento norteño le dice al vendedor de tickets: “A ver, jubilada… (por aquello de que los billetes para ellos son más baratos) El de los tickets se le queda mirando, le echa un vistazo de arriba/abajo y le suelta: ¿seguro?

    Bueno te dejo, que se me están quemando las papas.


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