Nisyros: un volcán en medio de una isla

Ulyfox | 26 de noviembre de 2018 a las 13:26

 

Penélope, diminuta en el interior del cráter, desafiando al gigante Polibates.

Penélope, diminuta en el interior del cráter de Stéfanos, desafiando al gigante Polibates.

Es muy inquietante. No puede dejar de serlo. Es un volcán, y está activo, ahí mismo a pocos kilómetros de la capital y principal puerto, Mandraki, en el centro de la isla de Nisyros. No se puede ignorar su presencia, las rocas son volcánicas, las playas lo son también, en el aire flota un olor ahumado. El volcán, al que los isleños dan nombre de dios, Ifestion, es además la principal atracción turística de un lugar que no anda sobrado de ellos.

Queríamos conocer Nisyros por eso, y porque era una de las pocas islas del Dodecaneso que teníamos pendientes. Y la comparación, viniendo de la singular Symi, no era necesaria. No la hay.

Vista panorámica de Mandraki desde las alturas del Monasterio Panagia Spiliani.

Vista panorámica de Mandraki desde las alturas del Monasterio Panagia Spiliani.

Tiene Mandraki un aire dormido, tal vez anestesiado por los vapores de Ifestion. Un caserío blanco de construcciones cúbicas, bello como tantos pueblos isleños griegos, de poca altura y agrupado a los pies de un monasterio encaramado en el acantilado sobre el mar, que parece siempre embravecido. El convento lleva el nombre de Panagia Spiliani, algo así como Nuestra Señora de la Cueva, porque el lugar de culto original era efectivamente una cueva, y sobre ella fue creciendo. La población tiene la típica disposición laberíntica, con calles estrechas y un par de plazas, una dando al mar y otra en el centro, sombreada por los omnipresentes plátanos de Grecia.

Pavimento de la plaza principal de Mandraki.

Pavimento de la plaza principal de Mandraki.

En esta última se concentran un par de restaurantes y un café mínimo, que sobre su superficie adornada con preciosos mosaicos de guijarros (joklakia) extienden las sillas y mesas de sus terrazas. En verano se llenan por las noches, y son un agradable remanso durante el día. La atención es amable y cercana y sus platos, sencillos y caseros.

La misma plaza, a mediodía.

La misma plaza, a mediodía.

No tuvimos una entrada agradable en Nisyros. El hotel Romantzo está muy bien situado frente al puerto, y tiene una estupenda apariencia. Pero las habitaciones no están muy renovadas. No fue eso lo peor. Los inquilinos de al lado eran una pareja rusa joven que hacía honor a todos los tópicos sobre aquel país, es decir, que la borrachera que soportaban era de aúpa. El hombre durmió toda la noche fuera de la habitación, sobre una silla metálica que acabó rompiendo. Se fueron temprano al día siguiente, y esa fue la mejor noticia.

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Otro rincón de Mandraki, e decoración improvisada en la puerta de una casa.

Otro rincón de Mandraki, e decoración improvisada en la puerta de una casa.

Además, en el primer restaurante al que fuimos parecíamos molestar desde la entrada, y nos ponían pegas a cada pedido que hicimos… algo impropio de Grecia, muy impropio.

Fumarolas en el cráter de Stéfanos, el volcán de Nisyros.

Fumarolas en el cráter de Stéfanos, el volcán de Nisyros.

Bueno, tampoco da tanto miedo el volcán...

Bueno, tampoco da tanto miedo el volcán…

... Aunque la imagen del centro del cráter es inquietante.

… Aunque la imagen del centro del cráter es inquietante.

La experiencia se enmendó algo al día siguiente, con la visita al volcán. Se puede ir andando si se tienen ganas y fuerzas, o en autobús, pero nosotros preferimos acercarnos en coche de alquiler. Fuimos temprano, no había nadie. Pudimos bajar al imponente cráter de Stefanos, pasear sobre él, teniendo cuidado para no pisar las fumarolas ni las zonas marcadas. El olor a azufre era penetrante y el humo salía por numerosas aberturas. La visita no agradó a Penélope, pero yo disfrutaba de lo extraordinario del escenario: había algo de Indiana Jones en todo eso, y no estaba ausente del todo un pequeñísimo pensamiento sobre la posibilidad de que la tierra comenzara a temblar en cualquier momento. Cuando salíamos, empezaban a llegar los autobuses de turistas rusos, pero aún tuvimos tiempo de una visita solitaria al otro cráter, más pequeño pero en apariencia más vivo, el de Alexandros, bordeado de instrumentos sismológicos.

Vista del volcán desde el mirador de Nikia.

Vista del volcán desde el mirador de Nikia.

Como todo en Grecia, esta isla alberga una historia mitológica sobre su origen, la que dice que, en plena guerra contra los titanes, Zeus arrancó una enorme piedra de la cercana isla de Kos y la lanzó sobre el gigante Polibotes. La piedra sería la isla de Nisyros, y bajo ella quedó sepultado el gigante. Las erupciones (la última de las cuales ocurrió hace poco más de cien años, en 1887) y los gases expulsados son los bufidos de un Polibotes bastante enfadado, como ya habréis imaginado, según la leyenda.

Cerca de la plaza de Nikia.

Cerca de la plaza de Nikia.

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Detalles en las calles de Nikia.

Detalles en las calles de Nikia.

Rodeando el volcán y sobre el fértil valle que han formado las tierras volcánicas, hay dos pequeños pueblos encaramados: Nikia y Emporios. Blancos como ellos solos, sobre todo el primero es una belleza blanca en las alturas. Huele constantemente a barbacoa, y es el mejor punto panorámico tanto sobre el volcán como sobre el mar al otro lado. La plaza principal condensa en un espacio muy reducido y brillante varias imágenes típicas de las islas griegas del Dodecaneso: el suelo de mosaico, la torre de la iglesia, casi de tarta, los kafenion… La excursión de rusos nos iba pisando los talones, y al poco llenó la placita.

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Dos rincones de Emporios.

Dos rincones de Emporios.

Vista del pueblecito y puerto de Pali.

Vista del pueblecito y puerto de Pali.

Después bajamos a almorzar muy bien en el puertecito de Pali y probamos una de las playas volcánicas, para terminar la jornada cenando en la placita de Mandraki de los plátanos.

El mar bate Mandraki, a los pies del monasterio Panagia Spiliani.

El mar bate Mandraki, a los pies del monasterio Panagia Spiliani.

Camino de la antigua acrópolis.

Camino de la antigua acrópolis.

El último día en Nisyros fue para andar: paseamos por Mandraki, subimos los escalones haste el monasterio sobre la cueva, fotografiamos las esquinas y nos atrevimos a ascender hasta la antigua acrópolis, otra de las atracciones. Los lugareños la llaman Paliokastro, es decir, algo así como ‘el castillo viejo o antiguo’, y son los restos de una impresionante fortaleza datada entre los siglos IV y III antes de Cristo, con unas gruesas murallas formada por enormes bloques de piedra volcánica. Restaurada recientemente, se podría decir que lleva también la imaginación a tiempos de titanes. Casi se siente uno guerrero vencedor cuando sube la gran escalinata hacia lo alto de la muralla y vislumbra a sus pies el caserío de Mandraki…

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Delante, y encima, de los muros del Paliokastro de Mandraki.

Delante, y encima, de los muros del Paliokastro de Mandraki.

Y además, constituye un excelente ejercicio físico.

La noche del tercer día fue corta. Debíamos zarpar hacia nuestro siguiente destino muy temprano, a las cuatro de la mañana. Hacia Tilos…

A las claritas del día, en el puerto de Mandraki, esperando el ferry para Tilos.

A las claritas del día, en el puerto de Mandraki, esperando el ferry para Tilos.

  • Carmen

    ¡Son tantas las islas griegas y tan diversas que, necesitaría más de una vida para conocerlas todas y disfrutar de ellas!.

    ¡Qué bonitas las calles de cualquier pueblo costero griego, isleño o no! Bonitas y entrañables, con las buganvillas colgando o trepando por las paredes de las casas encaladas y en las que las ventanas, de muchas de ellas, están enmarcadas con ese azul omnipresente. Azul y blanco, como su bandera.
    ¡Vaya viaje más chulo, Ulyfox!

  • Ulyfox

    Carmen, ¡ni nosotros las conocemos todas, jeje! Son innumerables. Quizá al final de nuestra vida hayamos conocido la mayoría. De todas formas, no es un objetivo hacerlo, el objetivo es buscar en cuál lo podemos pasar mejor. La próxima de las que hablaré será Tilos, un gran descubrimiento, muy cerquita de Nisyros. Ahí nos veremos

  • Carmen

    Ya. Nosotros hemos repetido varias veces los sitios que más nos gustan y los que nos sentimos “como en casa o mejor…”, aunque siempre queremos ver algo nuevo. En el 2019, vamos a Corfú. Haremos una ruta un poco más alternativa. Buscando pueblos del interior. ¿Sabes algo de Corfú, para ayudarme un poco?
    Saludos

  • Ulyfox

    Carmen, pues sí. Te podría decir muchas cosas de Corfú. Estuvimos allí, hace ya mucho tiempo. Creo recordar que fue en nuestra segunda visita a Grecia, así que sería por lo menos 1994. Y luego volvimos en una visita fugaz de camino hacia la pequeñísima isla de Paxos. Te va a encantar su capital, tan deudora de Venecia, con un casco antiguo precioso con hermosas huellas italianas y otras más recientes, británicas y francesas. Es una delicia, entre dos altas fortalezas. La costa muestra un montón de calas verdes, llenas de cipreses y olivos y el interior es como un gran olivar de árboles altísimos.
    Lo recomendable, quizá es alojarse en Corfú capital y moverse con coche por toda la isla, ir a Kalami, a Sidari, a Pontikonisi, ¡Paleokastritsa! Y algo imprescindible, para mi gusto, llevarse en la maleta la Trilogía de Corfú de Gerald Durrell: los hilarantes y tiernos ‘Mi familia y otros animales’, ‘Bichos y demás parientes’ y ‘El jardín de los dioses’. Con ellos el disfrute será aún más integral.
    Corfú, totalmente recomendable, aunque te hablo de hace mucho tiempo, como ves. No sé qué destrozos habrá hecho el turismo masivo. Espero que pocos.
    Ea, de nada

  • Carmen

    Gracias por tus consejos sobre Corfú.
    Supongo que, como todo el Mediterráneo la especulación inmobiliaria y el turismo masivo habrán hecho mella en la isla. Ya voy mentalizada. Sin embargo, iba asustada cuando fui a Lefkada. Esperaba que Lefkada tuviera su costa y su interior, más masificado y no obstante no me lo pareció. Creo que están mucho más masificadas las costas del mediterráneo español. De hecho, ya estoy acostumbrada a ver un montón de urbanizaciones en la Costa del Sol, la Costa Blanca, del Azahar o la Costa Brava. Solamente, se salvan de la especulación unos pequeños tramos del litoral costero. Una pena, pero es así.
    Saludos


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