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Kea, la sonrisa de un león lo puede curar todo

Ulyfox | 14 de octubre de 2021 a las 13:08

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El León de Kea, más de 2.700 años sonriendo frente al valle.

 

Aún no he casi empezado a contar nuestro viaje de mayo por el centro y norte de la Grecia continental y ya me urge relatar el que acabamos de terminar por las islas. Así que vamos a ello, y ya retomaremos el periplo interior, seguro, alguna vez. Este viaje empezó difícil, no por las maletas, no por los traslados ni por las incomodidades del desplazamiento, sino por algo mucho más prosaico que todo eso: dos cajeros del aeropuerto se negaron a darnos dinero, y uno de ellos incluso nos emitió un recibo por una cantidad que no nos entregó, dejándonos bastante planchados. Bueno, tras muchas llamadas con resultados y respuestas imbéciles y maquinales de algunos que tienen como supuesta misión la atención al cliente, varios días después una empleada como tiene que ser nos resolvió el asunto con una gestión que no requería más que de la buena voluntad, pero que solo por eso tendrá mi agradecimiento siempre.

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Camino de Kea, a bordo del ‘Ionis’.

 

No pudo nada de eso empañar nuestra alegría cuando a finales de agosto aterrizábamos en el aeropuerto de Atenas. Allí nos esperaba con un cartelito Mijalis, con quien habíamos concertado el transporte hasta el puerto de Lavrio, a donde llegamos después de media hora para alojarnos en el hotel Nikolakakis, modesto, agradable e ideal para pasar una noche de tránsito a la isla de Kea, que era nuestro primer destino. El recepcionista, además, puso todo su empeño en hablarnos en un español tan precario como el griego en el que yo le respondía, en un intercambio divertido de pequeñas lecciones de idioma.

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La llegada a Kea, en una luminosa y calurosa mañana.

Sólo tuvimos tiempo para buscar un lugar en el que cenar en este pueblo pequeño y sin nada destacable, que seguramente debe toda su vida al tráfico portuario con las islas cercanas, sobre todo con las Cícladas, aunque vimos algún crucero turístico atracado también, dado que no está muy lejos de Atenas. Aunque el recepcionista nos recomendó comer en Petrino, yo me dejé llevar por la intuición infalible de Penélope, que le echó el ojo a un local llamado Limani, es decir, ‘Puerto’. Y acertamos: aún recordamos el plato de patatas fritas excelsas. No es una tontería, en Grecia aún se puede comer uno unas papas fritas como está mandado, y es muy difícil que te las pongan congeladas, si no se trata de un lugar de ‘gyros’ o una hamburguesería. Estas estaban estupendas.

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Corissia, el puerto principal de la isla.

El prólogo tuvo  de todo, así que sólo quedaba embarcarse a la mañana siguiente hacia Kea, una isla que teníamos ganas de conocer, la más cercana de las Cícladas a Atenas, y por eso mismo, muy visitada sobre todo por griegos. Temprano nos subimos al ferry ‘Ionis’, y sólo una hora y cuarto después estábamos desayunando en Corissia, puerto principal de la isla, que nos recibió con un fuerte calor a pesar de que era temprano.

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Vistas del magnfíco hotel Keos Katoikíes, en Corissia.

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La playa de Gialiskari, muy cerca del hotel.

Al poco, nos trasladamos al hotel Keos Katoikies, una maravilla frente al mar. Mientras esperábamos que la habitación estuviera lista, dimos un paseo hasta la cercana playa de Gialiskari, pequeña y abarrotada. Conseguimos un lugar a la sombra, bajo los tarajes, pero fue divertido ver como los lugareños nos iban arrinconando. Aun así, logramos una cierta tranquilidad de unas horas para leer y darnos unos baños.

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El emplazamiento del León de Kea.

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Tras tomar posesión de la habitación, decidimos ir a visitar uno de los sitios más singulares de la isla, el llamado León de Kea, una gran escultura milenaria realizada casi a la entrada del pueblo más pintoresco, Ioulida, en las alturas sobre Corissia. La escultura de piedra tiene más de 2.600 años y fue realizada durante el periodo de esplendor de la isla, anterior a la época clásica. Normalmente, los leones situados a la entrada de las ciudades deberían infundir miedo, pero este luce una extraña y amplísima sonrisa.

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En el sendero que lleva a la estatua del León. Al fondo, Ioulida.

Pedimos a un taxista que nos llevara lo más cerca del León, para que nos diera así tiempo a recorrer luego el pueblo aún con luz. El conductor, bastante serio, nos dejó en un cruce de la carretera, y al pedirle indicaciones sobre cómo llegar a la escultura nos dijo un nospikinglis bastante desalentador. Así que tiré de nuevo de mi rudimentario griego, y el hombre cambió su actitud de manera inmediata, y con una gran sonrisa y movimiento de brazos vino a decirme algo así como “¡hombre, pero si usted habla griego, por qué no lo ha dicho antes! Baje por aquí y a unos 400 metros se encontrará el León a la derecha”. Este cambio de maneras lo hemos observado muchas veces en Grecia cuando dirigimos a nuestro interlocutor algunas palabras en su idioma: las actitudes formales se convierten rápidamente en amistosas.

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Ioulida, a través de un muro roto.

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La sonrisa de piedra del León.

Así que con risas y entrechocar de puños nos despedimos de él y descendimos por un sendero hasta dar con una pequeña verja de hierro azul con un rótulo “LEON”. Al final de unos escalones de piedra estaba la estatua, dándonos la espalda y mirando al valle. Sería la sonrisa pétrea o sería el precioso paisaje que lo rodeaba y la luz del cercano atardecer, pero estar junto al león, rodearlo, acercarse y tocarlo, casi charlar con él cuando conseguimos estar solos, nos produjo una extraña y gozosa sensación de felicidad, como si su presencia fuera capaz de curar muchas cosas.

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Ioulida en su promontorio.

 

Después de eso, continuamos el verde sendero que lleva hasta Ioulida. El pueblo combina callejuelas empinadas de estilo blanco cicládico con alguna placita y rincones de casas neoclásicas de colores. El entramado urbano se derrama por una ladera que mira al mar, y se ha convertido en la principal atracción de la isla.

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Ioulida, colores y cuestas.

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Por las noches, Ioulida se llena de visitantes esforzados que ocupan los arcenes de la carretera para aparcar, recorren sus cuestas sudorosos y se asientan sobre la plaza principal para tomar algo o cenar. El conjunto nocturno, aun así, no llega a ser agobiante y resulta ciertamente bonito, siempre que se opte por subir en autobús o taxi.

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En uno de esos restaurantes, To Steki, probamos uno de los mejores platos de cabra (katziki) al limón que hemos comido nunca (por supuesto con patatas fritas), que junto a unos extraordinarios rollitos de berenjena se convirtieron en el mejor colofón para nuestro primer día en Kea. El ambiente de Ioulida nos gustó tanto que al día siguiente volvimos para vivir otro atardecer dorado y para una nueva cena, esta vez en el restaurante Kylix, en la terraza con vistas al valle y con el fondo del caserío derramándose por la ladera.

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El restaurante To Steki, ante la iglesia de San Spiridon.

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Rollitos de berenjenas y tzatziki en To Steki.

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Cabra al limón, delicia de To Steki.

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Ioulida, terraza del restaurante Kylix.

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  • Avenger

    Yasas amigos; bueno, bueno…si esta es la introducción a vuestro viaje, deseando estamos de saber más (espero que no suponga estas palabras una tensión añadida a tu tiempo de escribir) pero las fotos y la descripción de Kea,nos hacen vivir esas sensaciones. Y que fotos!, esos platos hasta huelen… que buena pinta esa isla, que curiosamente la tuvimos presente en nuestro proyecto de viaje, que luego se hizo realidad, por primera vez a Grecia, pero que al final descartamos para pasar más días en Rodas. Bueno, pues un sitio más para nuestra libreta de futuras visitas a Grecia. Gracias una vez más por abrir vuestra ventana al Mediterráneo y a esa maravillosa tierra. Abrazos y besos.

  • Ulyfox

    Yasas, querido Avenger
    La verdad es que Kea, asaltada por los atenienses, es muy recomendable. Lo que he contado es sólo el primer día de cuatro. Los otros los resumiré y contaré alguna excursión preciosa y agotadora. Tiene además como ventaja (bueno, también como inconveniente) su cercanía al continente.
    Abrazos y besos

  • Carmen

    Hola, Ulyfox. ¡Esa sí que es una isla bonita y no la que canta Madonna!. Fácil de acceder a ella, con buenas playas, bonita Ioulida, rica comida y un león pétreo histórico. ¡Un buen león con una amplia sonrisa!. ¡Qué comida! Tienes razón con las patatas fritas. Alguna vez hemos preguntado, si son congeladas y se han ofendido mucho. ¿congelada? ¡No! La patata es patata. Es nuestra o barata y fácil cocinar, dicen.
    Se os ve muy bien. En un entorno que os gusta, felices, bien comidos y relajados. Contentos de estar en Kea.
    Saludos

  • Ulyfox

    Hola Carmen
    Kea es realmente bonita, y lo pasamos muy bien en esos cuatro días. El problema debe de ser en plena temporada, en que la isla se llena pero bien. Cuando estuvimos nosotros, a finales de agosto, la gente se estaba yendo, pero aun así las playas estaban llenas y algunas zonas realmente abarrotadas. Pero eso lo contaré en próximas entradas…
    Saludos