Directamente de la tierra del vino

Ulyfox | 9 de julio de 2012 a las 1:57

Vino de Creta, recién llegado.

Acaba de llegar el envío. Doce botellas de vino blanco y otras tantas de tinto compradas en el pueblo de Peza, en el centro de la comarca vinícola cercana a Heraklion, la más importante zona productora de Creta, cuna de buenos vinos, retsinas y rakis. Un servicio rápido y eficaz para hacerse con una buena muestra de uvas autóctonas de Creta, sabores especiales y ricos. Algunos de vosotros ya sabéis que las probaréis. A nosotros nos gustaron.

Una vista de la Tierra del Vino de Heraklion

La llegada de las cajas nos ha traído el cercano recuerdo de la Tierra del Vino, una comarca sorprendente, pocos kilómetros al sur de la capital, dibujada con colinas suaves, plantaciones de viñas y olivos y festoneada de cipreses, como una pequeña Toscana dentro de la isla más griega de todas. Aparecía esplendorosa desde nuestro coche, verde y coloreada al final de la primavera, descubriendo en cada curva un rincón admirable, y rodeada de altas montañas de color rojizo que por la tarde se volvían violetas, con restos de nieve aún en las cumbres.

El paisaje, subiendo a Houdetsi

La carretera está salpicada de indicaciones de bodegas, la mayoría de ellas visitables y degustables, atendidas por personal muy amable y experto. Las grandes firmas griegas, como Boutari, están instaladas aquí. La firma Milarakis, la primera que embotelló vino en el área, fue la elegida para recompensarnos a nosotros y a nuestros amigos porque sí con este pedido. Podría haber sido cualquier otra, porque estos vinos están alcanzando grandes niveles de calidad y obteniendo premios nacionales e internacionales. Veremos cómo han llegado. Milarakis tiene además la ventaja de estar casi pegada a una gran taberna: Onísimos, en la que continuamos nuestro autoagasajo con algo de cordero al limón, queso feta a la parrilla y empanadillas de queso, con vino de la zona por supuesto y el regalo acostumbrado de la fruta confitada casera y la garrafita de raki.

La Tierra del Vino ha sido una de las sorpresas más agradables de este viaje, el desmentido definitivo de la imagen uniforme de Creta. Entramos y parecíamos haber aterrizado de pronto en otro país, menos salvaje y más domado por la mano del hombre, que extrae de ella todo lo bueno. Doblábamos curvas y ascendíamos colinas con la alegría de quien se felicita por la idea de haber llegado hasta allí, abriendo los ojos a aquel paisaje inesperadamente italiano, feraz y generoso.

Una sala del museo de instrumentos 'Labyrinthos' en Houdetsi.

En uno de los pequeños pueblos que manchan de blanco este verdor, Houdetsi, paramos a conocer un curioso museo de instrumentos musicales de todo el mundo: Labyrinthos ( http://www.labyrinthmusic.gr/ ), que además de albergar cientos de preciosas piezas, es a la vez un taller de fama universal dedicado a la música cretense y oriental, y que atrae cada año a cientos de músicos a sus clases y conciertos. El catalán Jordi Savall es uno de los visitantes de este pueblo que parece perdido pero que en verdad es un lugar de encuentro, y de encuentros. El músico irlandés Ross Daly, asentado aquí desde hace décadas, es el padre de todo esto, el autor de este idilio con la lira cretense que tiene lugar en un ya de por sí idílico paisaje. Unos viejos, los que componen la habitual imagen ante la puerta de los kafeneion cretenses, nos indicaron el fácil camino. Felices guías hacia una casa antigua de piedra llena de cajas, mástiles, cuerdas, clavijas, arcos y trastes componiendo una hermosa canción de amor a la música que hermana.

Hora punta en Arhanes.

La capital de esta tierra ebria es Arhanes, un espléndido conjunto de casas neoclásicas bien cuidadas, iglesias renacentistas blanqueadas, con una plaza principal llena de vida y buenos restaurantes para reparar los estragos de la jornada, que forzosamente debe incluir un paseo por este pueblo inclinado hacia las viñas y en el que el día acaba antes por la gran sombra que proyecta el imponente monte Yiouhtas. Nosotros, en cambio, por las dificultades de acercar nuestro gran equipaje a cualquier hotel, decidimos pasar esa noche en Heraklion, ahí cerca, llegando a la capital después de bordear un impresionante acueducto y dejar a la derecha el palacio de Knosos. Difícilmente se podría redondear mejor una jornada que comenzamos en la costa del otro lado.

Una calle de Arhanes, el pueblo más bonito de la Tierra del Vino.

Hemos vuelto, pero cargados

Ulyfox | 5 de julio de 2012 a las 1:57

Imágenes cargadas desde Myrtos, Creta

Estamos aquí, desde allí. El viaje a Creta acabó hace unos días, y de sopetón nos hemos visto inmersos en lo que llaman inapropiadamente la vida real. Los mapas están rotos de tanto usarlos, los bolígrafos agotados, los papeles arrugados. Y sin embargo, no nos hemos vaciado, sino que venimos cargados de… palabras, imágenes, abrazos, paisajes, sabores, descubrimientos, emociones, espíritu. Estamos aquí, de nuevo, y el chapuzón sin solución de continuidad en todo lo que nos da de comer ha sido sin anestesia. Perdonadnos por ello, retomamos el contacto.

Donde viven Ilías y su familia

Ulyfox | 5 de julio de 2012 a las 1:41

 

Kato Zakros, el lugar de residencia de Ilías y su familia.

Una de las muchas alegrías de este viaje inesperado a la tierra que amamos es la gente que hemos conocido, esas sorpresas globales de las personas en su entorno perfecto, como si lugar y ser humano hubieran encontrado su matrimonio bien avenido. En Creta, eso sucede a menudo, tan importante es el medio en esta isla, el hábitat que dirían los naturalistas. Por eso quisiera presentaros a Ilías, el hombre de las nieves, del que no tengo foto porque me dio reparo hacérsela. Junto con su mujer Stella regentan el Stella Traditional Appartments, un alojamiento perfecto, increíble, integrado en la ladera verde que domina el valle de Kato Zakros, otro sitio de los que solo son posibles en Creta.

La vista desde nuestro apartamento en Stella Appartments

Empiezo por hablaros de Kato Zakros, o mejor, por resumirlo: una ensenada de aguas transparentes en forma de media luna, un fértil valle en tierra lleno de frutales y olivos, una pared montañosa en derredor, los restos de un palacio minoico en la boca de una garganta preciosa, y varias tabernas y apartamentos. En este paraíso viven como únicos habitantes permanentes Ilías, Stella y su hijo Stratis. En temporada, hay algunos residentes más, propietarios de restaurantes y alojamientos de muy buena calidad en general, y por supuesto, unas decenas de turistas. Pero Ilías y su familia son los tres habitantes de Kato Zakros, en realidad una pedanía de Zakros, allá arriba en la montaña, capital del aceite de oliva más antiguo de Grecia, lo que ya es decir. De hecho, junto al pueblo hay un olivar que gasta fama y usa carteles de estar ahí desde los tiempos minoicos, calculad los años, miles.

El azul del mar de Kato Zakros

Ilías, que nació en Salónica, es montañero, y antes fue culturista, o a la vez. Tiene la recepción de sus apartamentos llena de fotos de sus expediciones. Colecciona cámaras de fotografía y ha hecho con sus propias manos todos los remates de las habitaciones de su negocio. Es un excelente carpintero y le gusta hablar de García Lorca tanto como de Kazantzakis. Ha abierto senderos, habilitado caminos y explorado cuevas en los maravillosos alrededores y da con gusto todas las informaciones sobre ellos.

 

Andando por la Garganta de los Muertos

 

Durante nuestra estancia en Kato Zakros, recorrimos la Garganta de los Muertos, dos horas y media de caminata por una hendidura hecha en la tierra por un riachuelo que desemboca en la playa. Nos preguntábamos quién habría señalado el camino poniendo marcas de pintura roja en las piedras. En una charla posterior descubrimos que había sido él, el mismo Ilía sque ha colocado flechas, instalado escaleras de hierro y limpiado de malezas tantos caminos en su tierra tan amada, de la que hablaba con orgullo y dolor.

Descansando en los apartamentos

Stella es de Zakros y da nombre a los apartamentos, los atiende y gestiona las reservas, pero si quieres te da lecciones de danza cretense. Es una experta bailarina que se arrancó al atardecer con unas sevillanas que aprendió en Salónica, su silueta casi dibujada frente al mar de Creta, y que al despedirnos después de varias horas de conversación en el porche de su otro negocio, Terra Minoica, nos regaló un pan auténtico, tomates y un bizcocho que fueron nuestra cena junto con un poco de queso y aceitunas que compramos en la taberna de la playa, con aceite y raki cortesía de Stella. Y fue una cena inolvidable junto al precioso apartamento de piedra, bajo los árboles, ya calladas las chicharras.

El opíparo desayuno tras el recorrido por la garganta, en la playa de Kato Zakros.

 

El refugio cretense de Manolo García

Ulyfox | 24 de junio de 2012 a las 12:57

Una vista 'general' de Mochlos

Es posible que ya os haya hablado alguna vez de Mochlos. Estuvimos en este rincón marinero al pie de una montaña, donde empieza la parte más salvaje del Este cretense, hace unos tres años, y ya nos enamoró. Unos 100 habitantes en invierno, una playa minúscula, un pequeño embarcadero, una luz brillante, algún pequeño hotel y varias casas que alquilan apartamentos, tres tabernas de pescado, y un islote con un importante yacimiento minoico separado apenas por un estrecho brazo de mar.

La vista desde la taberna Ta Kokilia

Desde el puertecito se puede ver a los arqueólogos trabajar allí enfrente. Y desde la taberna Ta Kokilia se les ve llegar a la hora de comer, atravesando el estrecho en una barquita, desembarcando frente a las mesas con sus bolsas llenas de piezas listas para limpiar, clasificar y estudiar. El otro día, algunos más osados cruzaron nadando para sentarse luego a refrescarse con una cerveza y a almorzar. Resultaba emocionante verlos, con su ropa de inconfundibles arqueólogos, pensando que tal vez llevaban en su histórica talega alguna pieza valiosa, jóvenes y procedentes de varios países, escarbando en el país con más historia de Europa, en el centro de la civilización avanzada más antigua, los minoicos.

Los arqueólogos de Mochlos, llegando de su trabajo

Recordé que en este pueblo se refugió durante unos 15 días el cantante Manolo García para grabar algunas canciones de su disco ‘Salgamos a la lluvia’, hará unos cinco años, y pregunté al camarero si recordaba algo. El joven, tan agradable como sólo pueden serlo los camareros griegos, no sabía nada, llevaba un año trabajando en la taberna de su tío. Pero a los pocos minutos vino éste, Yiorgos, un hombre grande de mediana edad, con una gran sonrisa, a preguntarme: “¿Me han dicho que es usted amigo de Manolo García?”. Inmediatamente lo saqué de su error, pero a él no le importó para empezar a recordar al cantante como una persona “muy atenta y amistosa”, que todas las noches, después de pasar el día trabajando en un estudio que hay cerca del pueblo, se acercaba a cenar con sus músicos a la taberna. Yiorgos se señaló el antebrazo con el típico gesto que indica que se le erizaba el vello de recordarlo: “Fueron noches fantásticas, Manolo vino a introducir en algunas de sus canciones el acompañamiento de músicos cretenses, intérpretes de la lyra y del laúd. Algunas veces se juntaban hasta 20 músicos en mi casa, y se dedicaban a improvisar y a hacer ritmos. Manolo García hacía ritmo con todo, con tambores, con vasos, con la mesa…”

La ensalada de erizos (ajinosalata) de la taberna Ta Kokilia.

Mientras hablaba, el hombre abrió su ordenador y me enseñó una carpeta con fotos muy malas de aquellos momentos, en las que se veía al cantante español rodeado de solistas de instrumentos tradicionales cretenses. En verdad se le notaba entusiasmado al contar a otro español sus recuerdos de aquel músico venido de lejos. Naturalmente, nos mostró el disco que le había enviado.

Con el amigo de Manolo García en Creta

Si os digo que además comimos una estupenda sopa de pescado, unos boquerones marinados deliciosos y una sabrosa ensalada de erizos, regados con retsina Kekrivari y obsequiados con fruta y rakí como es costumbre en las tabernas griegas, no tengo que esforzarme en describir la alegría con la que reemprendimos el camino, esta vez hacia Sitía, por una carretera bordeada de adelfas rosas y blancas.

¡Arriba ese rakí cretense!

Nombre malsonante

Ulyfox | 19 de junio de 2012 a las 23:29

Llegando a la isla de Spinalonga

Diréis que no, que Spinalonga suena bien, que es un nombre italiano con resonancias marineras o aventureras, y más si divisáis a distancia la isla fortaleza que lleva ese apelativo, a la entrada de la bahía de Elounda, un lugar que además reúne lo más selecto del turismo cretense. Y sin embargo, tiene una historia tan triste que su nombre evoca entre los griegos siempre el sufrimiento y la existencia desgraciada.

Una iglesia del interior de la enfermería-prisión

El islote fue amurallado por completo en tiempos de la dominacion veneciana como los hijos de la Serenísima sabían hacerlo, y de hecho fue una de las cuatro fortalezas que quedaron en su poder muchos años después de que los turcos conquistaran Creta. Pero cuando los otomanos la tomaron por fin su poblacion quedó presa, y peor fue después, cuando ya con la independencia griega fue convertida en leprosería. Los enfermos quedaban confinados de por vida, y morían dentro de sus muros. Allí mismo eran enterrados. Bien es verdad que organizaban su propia vida, que al final consiguieron mejores condiciones y muchos incluso se casaban en esa verdadera cárcel enfermería. Eso, hasta que la leprosería fue cerrada, que no hace tanto, en los años 70 del pasado siglo. Si se mira bien, es un monumento a la desgracia.

La costa de tierra firme, tan cerca y tan lejos de la isla de Spinalonga.

Y sin embargo, hoy es un gran negocio turístico, uno más de los que ofrece el precioso golfo de Mirabello cretense. Decenas de barcos salen todos los días de Elounda, llevando turistas en una excursión que no es barata. La isla, una especie de Alcatraz con muchos más siglos (de hecho ha sido el tema de una serie griega de televisión de mucho éxito), impresiona, sobre todo si se tiene presente su historia, sus historias, y si uno es capaz de ponerse en el lugar de tantas personas condenadas por una pena que no habían cometido, castigados por su enfermedad. Son murallas contra la solidaridad y en defensa de la intransigencia y la ignorancia las que se ven en Spina

El interior de Spinalonga, no tan bello para sus moradores.

longa. Aunque ya sólo sea un recuerdo necesario. Y ahora, un negocio.

 

¿Dónde nacen los dioses?

Ulyfox | 18 de junio de 2012 a las 19:32

La enorme hendidura de la Cueva Diktea

Uno puede creer o no creer en estas cosas, pero lo que es cierto es que uno siempre quiere creer. Que hay dios que arregla cosas, que hubo dioses que cuidaron de nosotros. Como el niño que no deseamos abandonar, suspiramos por que los personajes de la mitología, los héroes, los titanes, las diosas arteras y las sabias, las nereidas y las sirenas, los habitantes del Olimpo y del Hades hayan existido. Da igual si fue así, en Creta tienes que creer en el Minotauro, en Ariadna y Teseo, en el rapto de Europa por Zeus, en el trabajoso nacimiento y crianza de este mismo en una remota cueva de Creta.

Desde las entrañas de la tierra. Aquí jugó Zeus de niño

Si queremos ser creyentes, en esta isla que estamos recorriendo está el lugar donde la diosa Rea escondió a su  hijo Zeus para protegerlo de la terrible costumbre de su esposo, Cronos, de zamparse a sus descendientes para evitar que le arrebataran el trono. Rea, mujer al fin, engañó a su marido dándole a comer una piedra envuelta en pañales. Cronos, hombre al fin, se lo creyó. El lugar del engaño se llama Cueva Diktea, y está muy cerca de un pueblo agrícola de los que rodean la meseta de Lasithi, una llanura que se descubre después de subir más de 800 metros sobre el nivel del mar por una carretera rodeada de verdes árboles. Nosotros fuimos llenos de credulidad.

Rusos vestidos para la ocasión en la mitológica cueva.

Como de todo se hace negocio, hay dispuesto un gran parking muy cerca, con varios bares, tabernas y tiendas de recuerdos, para que el turista voraz sacie su sed de historia y mitología a su manera. A la cueva se llega por un abrupto camino de casi un kilómetro de subida, y es hermosa, profunda y llena de humedad. O debe de serlo si no te encuentras con una excursión de rusos que suben y bajan por las bien dispuestas escaleras. El lugar puede llegar a ser mágico cuando ellos se van y uno puede quedarse a rogarle al gran Zeus por nuestro trágico destino, y salir del santuario lleno de esperanza para admirar las hermosas vistas de la meseta. En la soledad, cuando cae la tarde, seguramente debe de ser fácil imaginar los cuidados de Rea a su hijo Zeus, que tanto habría de dar que hablar, que amar y odiar por los siglos de los siglos. No cabe imaginar Creta sin su hijo más predilecto, que a la vez fue padre de todos los dioses y de los humanos, diciendo guguuu tataaaa en las profundidades de la tierra, en la cueva más mítica del mundo.

El descenso desde la cueva a la hermosa meseta de Lasithi, al fondo.

Tantas cosas o ‘toses prágmates’

Ulyfox | 17 de junio de 2012 a las 0:18

Grupo de mayores griegos, ante un café de Arhanes, en la tierra del vino de Creta.

A estas alturas de trabajo en Creta, uno ya no sabe si en un blog de viajes es más conveniente contar de dónde que de quién, si lo que espera la gente es que hablemos de lugares o de personas, de la belleza de la bahía de Kato Zakros o de las pequeñas confidencias del monje Christódulos en el monasterio de Agios Nikolaos, junto al lago Vótomos; si es más conveniente contar las bondades estéticas de la tierra del vino de Heraklion o las risas con las dos mujeres que preparaban flores de calabación en Zaros para rellenarlas de arroz y tomate; si hablaros de unos mejillones excelsos en el restaurante Pelagos o de los constantes agasajos finales con fruta y rakí en todos los lugares. ¿Qué preferís: la descripción de la belleza serena que emana de uno de los códigos legislativos más antiguos del mundo, grabados en piedra en Gortina, o la conversación con Ilías y Stella, que terminó bailando sevillanas contra el atardecer de Zakros?

Tantas cosas que irán cayendo como cae la música de la lyra cretense al final de una tragoudi. Si tenéis la paciencia. Como este pueblo que hoy decide su futuro, y tal vez el nuestro, en las elecciones.

Mundos paralelos

Ulyfox | 15 de junio de 2012 a las 23:00

La plaza principal de Antiguo Hersónisos, llena de tabernas y tranquilidad.

Creta es tan grande, tan diversa que si te mueves un poco al este, o a oeste, o al interior, o subes entre curvas vertiginosas a las carreteras de montaña, te parece haber entrado en otra isla sin haberte bajado del coche. Eso ya lo sabíamos cuando, estando a lo mejor en el destartalado, pueblerino y acogedor Makry Gialos, sumergido en el aire africano del mar de Libia, te acordabas de pronto de que hacía sólo dos días paseabas por las hermosas y estucadas calles venecianas o turcas de La Canea.

A la espera de clientes en Antiguo Hersónisos.

Pero lo que es más extraordinario es que a una distancia de menos de un kilómetro y a una diferencia de altitud de sólo unas decenas de metros, transcurran dos mundos casi opuestos, paralelos hasta en el sentido de que nunca llegarán a encontrarse. Es lo que ocurre entre Limeni Hersónisos, el núcleo más masificado del turismo cretense, en la costa norte, y el Antiguo Hersónisos. Tres minutos en coche cuesta arriba nunca significaron tanta distancia. Abajo, en la playa, los edificios alcanzan alturas impropias de una isla griega, y se amontonan en calles estrechas y desordenadas, llenos de apartamentos con toallas colgadas de los balcones y de carteles en inglés, alemán y últimamente, ruso; los turistas pasean en bikini o con el torso al descubierto y los quads se adueñan de las estrechas carreteras, montados por parejas rubias.

Una calle de Koutouloufari

Arriba, como colgados de una carretera que es una cornisa, casi pegados uno a otro, tanto que se pueden conocer en un agradable paseo andando, hay tres pueblecitos: el Antiguo Hersónisos, Piskopianó y Koutuloufari. Ahí hay placitas donde los niños juegan y corretean, las terrazas tienen el atractivo ambiente hostelero de la Grecia de siempre, y las tiendas están puestas con gusto, los cartelitos escritos en maderas pintadas, y los hoteles son viejas casas restauradas, pintadas o con la piedra vista. Al atardecer es posible contemplar el agradable espectáculo griego de la gente sentada a la puerta de su casa o de su negocio. “Kalispera, kalispera sas, yásas” vas saludando con ansias de que el día se prolongue y no te atrape la obligación de la ducha, la cena y la cama. La misma pasión incontrolada que empuja a las golondrinas a revolotear bajo y haciendo figuras al ponerse el sol parece atrapar al paseante, de la misma forma que abajo, junto al puerto, el ajetreo bárbaro te impulsa a salir huyendo. Hasta tal punto somos reos del entorno.

El campanario de la iglesia de Koutouloufari.

Ya os imaginaréis cuál fue nuestra elección para pasar la tarde y noche de aquel día.

La crisis griega, según Vasilis

Ulyfox | 10 de junio de 2012 a las 1:13

La explicación gráfica escrita por Vasilis en un mantel de su taberna.

 

Ahora que ya los españoles estamos al misno nivel que Grecia, rescatados por los representantes de los mismos que nos han hundido, a lo mejor sería conveniente importar a algún ciudadano griego, conocedor y sufridor, para que nos explique la crisis. Por ejemplo, a Vasilis, dueño de la taberna de comida tradicional ‘Kronios’ en Tzermiados, un pueblito de los que rodean la meseta de Lasithi, en el interior de Creta. Lasithi es una sorprendente llanura cultivada a más de 800 metros de altura y rodeada de montañas, algunas nevadas aún a principios de junio. En una de sus laderas se encuentra la impresionante cueva Diktea, donde Rea dio a luz y escondió a Zeus para salvarlo de la ira de su padre, Cronos, que acostumbraba a devorar a sus hijos. Antes, la meseta estaba llena de cientos de molinos para sacar agua y circundada por otros tantos para moler el cereal. Ahora las bombas y las máquinas han reemplazado esa energía natural, y sólo quedan restos de aquellos gigantes con velas.

Vasilis explica la situación griega, bolígrafo en mano.

A Vasilis se nos ocurrió preguntarle por la complicada situación política y económica griega, y por las próximas elecciones. Los griegos son políticos como ningún pueblo, les encanta hablar de política. Pidió permiso para sentarse con nosotros, y en el mismo mantel en el que nos había hecho la corta cuenta del increíble cordero con alcachofas y limón, la gloriosa ensalada de berenjenas, las albóndigas, el vino y el postre con el raki regalados, explicó con su bolígrafo la crisis griega: “Antes había diferencias entre la derecha de Nueva Democracia y los socialistas del Pasok, ahora los dos dicen lo mismo, cortar, cortar, cortar. Las anteriores elecciones las ganó el Pasok porque prometía y daba dinero a la gente, para estudiar, por tener hijos, por casarse… En las últimas, nadie sacó suficientes votos para gobernar, y tenemos que repetirlas. Ahora aparece Tsiriza, la nueva izquierda, que vuelve a prometer que dará dinero a todos, y a mí me da miedo, porque me pregunto ¿de dónde?” Y usted ¿a quién va a votar? le preguntamos. Tocándose la barbilla y tras un breve silencio contestó: “Por primera vez en mi vida, no lo sé, porque ninguno tiene la solución. El pueblo griego tiene que cambiar, y dejar de pedir a los partidos, para empezar a dar. En nuestras manos está la solución, tenemos que cambiar”.

Molinos abandonados y en ruinas en la meseta de Lasithi.

“Pues todos dicen en Europa que los griegos podrían empezar por pagar impuestos”, me atrevo a decir. “¿Impuestos?”, pregunta con una mirada irónica, coge el ticket de nuestra cuenta para señalar el porcentaje que el Estado se lleva de la misma y demostrar que él sí los paga, y toma de nuevo el bolígrafo: “Les cuento. Mi hermano, con 48 años y después de 24 trabajando como funcionario, se ha retirado con una indemnización de 90.000 euros, y con el 80% de su sueldo, es decir 14 pagas al año de 2.400 euros. Yo tengo esta taberna, trabajo todo el día, y no me importa pagar impuestos, pero sí para gente como mi hermano que está cobrando sin trabajar” Y Vasilis soltó el bolígrafo.

La meseta de Lasithi vista desde una de las laderas que la circundan.

La pesadilla de la Merkel

Ulyfox | 7 de junio de 2012 a las 23:44

 

Los jóvenes cretenses bailan en la pesadilla de la Merkel.

 

Resulta difícil de creer que Angela Merkel tenga sueños pesados por una noche en la que se pase con el alcohol, pero alguna vez habrá tenido una pesadilla, supongo. Hoy, en Sitía, una apacible población portuaria y centro de una comarca de sabrosos vinos del nordeste de Creta, hemos vivido lo que la canciller alemana podría soñar en sus peores noches: un pueblo griego que sale a beber y a comer, fuma debajo de los carteles de prohibición, y canta y baila en una taberna hasta que el cuerpo, el mejor baremo humano de la cordura, diga basta.

La lira cretense es un hermoso instrumento, como una viola antigua que se toca apoyándola en el muslo mientras la mano derecha rasga las cuerdas con el arco. Su sonido es quejoso pese a que el ritmo puede sonar alegre. El que la toca suele cantar a la vez unas canciones repetitivas, como una letanía relajante. Los laúdes la acompañan. Esta noche, cuatro jóvenes vestidos de negro bailaban de vez en cuando al son de esta música que parece venir de muy antiguo. Forman un círculo abierto y van dando vueltas. Una vez que se han calentado, el del extremo de la derecha empieza a dar saltos apoyándose en su compañero contiguo, sin soltarse de su mano, que le sirve de apoyo como si fuera una barra, a la vez que se golpea rítmicamente muslos y talones haciendo figuras acrobáticas. Es el viril baile de Creta.

El local, la Taverna Rakadiko (que quiere decir un lugar donde el rakí es el rey)Tzivaeri, estaba llena de gente, de griegos aparentemente despreocupados por el euro, por las elecciones y por la Merkel. Hemos comido cuatro platos abundantes y naturales, una cerveza para calentar, medio litro de vino blanco de la zona, una botellita de rakí, una enorme ración de fruta buenísima, y un yogur con fruta para cada uno, con música y baile en directo. Y todo por 26 euros.

Estos griegos no van a prosperar nunca. Hemos sido felices (aprended la palabra en griego: eutihismenos)

Un cumpleaños familiar improvisado con raki. El chef Stelios y su familia.

 

 

 

Otro ejemplo: ayer fue mi cumpleaños (gracias) Coincidimos en una taverna junto al mar, dónde si no, con una familia que resultó ser la de un cocinero de la isla. Tras decirle una tontería al rubio niño que acompañaba a la pareja (Angelos), entablamos conversación. El chef se llamaba Stelios y le preguntamos a dónde podíamos ir a cenar para celebrar este día tan especial, al menos para mí. Antes de decir nada, llamó al camarero inmediatamente: “Una botellita de raki, que vamos a celebrar el cumpleaños de este compañero (palikari)” ¡Error griego, de nuevo! ¡Tanto celebrar ni tanto celebrar, con lo que debe este pueblo, hombre ya! La Merkel se revolvió de nuevo en su cama, entre sudores. Así no hay forma de que este pueblo salga de su postración. Y sin embargo, parecen felices, lo son seguramente cuando convidan a raki a los desconocidos extranjeros que se esfuerzan en chapurrear la hermosa lengua de Kazantzakis, ese cretense.