Sofia y Mark

Ulyfox | 5 de junio de 2012 a las 23:39

Sofia es griega, guapa de cara pero con exceso de peso. Atiende, junto con su madre, que parece la regidora absoluta, los apartamentos Amarilis en Sissi, la joyita del norte de Creta, de la que ya os he hablado. Se extraña, y se alegra, mucho de ver españoles en su pueblo, y nos desea suerte en la realización de la guía. Y se lamenta del grave descenso del turismo en Grecia: “La gente en Europa ve las noticias en televisión, la difícil situación del país, y tiene miedo. Hasta ahora todos los años teníamos los apartamentos llenos durante seis meses, desde finales de mayo a octubre. Ahora, solo tenemos ocho ocupados. La cosa no está bien, hay una gran crisis, y es verdad que en Atenas la situación es muy difícil, y está aumentando la delincuencia, y hay mucha gente pasándolo mal. Pero en Creta es diferente, esto es una isla, aquí hay paz”. Damos fe, nadie diría que esto es el terrible país, ejemplo de todo lo malo, que se quiere pintar en Europa. Pero se nota el descenso del turismo. “Diga usted en España que esto no es un desastre”. Le contamos a Sofía, que lo sabemos, y que por eso hace 20 años que volvemos, pero que por supuesto que lo diremos.

Mark es holandés, alto, fuerte y rubio y es el novio de Sofía. Y es la representación de la eterna historia: hace cuatro años vino de vacaciones a Creta, conoció a Sofía y se enamoró, y se quedó. “Aquí se vive bien, hace un tiempo espléndido y hay paz”, pero en invierno no hay trabajo. Mark trabaja en Amarilis todos los días sin parar durante los seis meses en que el hotel está abierto. Es el régimen de trabajo normal en el sector turístico griego. “En invierno vuelvo con Sofía a mi país, y allí encuentro trabajo con facilidad” ¿Es la vida ideal? “Es la que tengo y no me disgusta, no sé qué pasará con este país, y tampoco sé cuál de los dos me gusta más”, dice Mark, un gancho efectivo para el numeroso turismo holandés que se aloja en el Amarilis, a ocho minutos del puerto de Sissi, un complejo con piscina y jardines relajante y acogedor.

Sofia y Mark son como la Grecia más antigua y en crisis casada con la Europa central poderosa. A ellos dos no les va mal con su relación. A Europa a lo mejor tampoco le iría mal un entendimiento, en todos los sentidos, entre el Norte y el Sur, en el que las dos partes aprendieran. Y por supuesto, se amaran como son.

Un pueblo con nombre de emperatriz…

Ulyfox | 5 de junio de 2012 a las 0:14

El minúsculo puerto de Sissi

 

… pero que no tiene nada que ver con Elizabeth ni con Francisco José, pero se llama Sissi. Ha sido nuestra primera parada en Creta. No es casi nada, apenas un puerto minúsculo habilitado en una pequeña ría, con un turismo incipiente si lo comparamos con sus ruidosos vecinos de la masificada costa norte cretense, Hersónisos y Malia. Como en un resumen de Grecia, aúna el encanto de sus barcas de colores, con los pescadores regresando al atardecer, con el turismo familiar de europeos norteños y los cada vez más abundantes rusos. Y esto es raro, porque no tiene playas que merezcan tal nombre. La gente pasa el día en los hoteles familiares, más bien conjuntos de villas o apartamentos con piscina incluida, y algunos andan un cuarto de hora para acercarse a las calas de Boufos y Kalimera Kriti, de aguas transparentes y servicios ligados a hoteles. También hay algunos resorts de lujo con spa incluido. Nosotros nos hemos alojado en los apartamentos Amarilis, encantadoramente decorados, un lugar llevado por griegos y habitado por holandeses.

La taberna Apostolos, sobre el mar de Sissi.

Pero sobre todo, para nosotros, Sissi tiene ese puertecito donde pasar tardes enteras tomando una cerveza, leyendo, escribiendo o contemplando el atardecer. Nada especial, todo especial. Como esas horas vespertinas de luz dorada que nos tocó pasar esta vez, ya cansados de andar fisgoneando un pueblo que empieza la temporada, yendo lejos a comer un sabroso cerdo fricassé en la taberna Nerómilos, y de subir a la cueva de Milatos, estremecedora por su historia, que os contaré en próximos días. Sissi, un oasis entre el ruido turístico.

Detalle en los Apartamentos Amarilis, de Sissi, Creta

Disfrutar trabajando

Ulyfox | 4 de junio de 2012 a las 20:03

 

Con Giorgos en la Taberna Hipokampos, y detrás su hijo Aléxandros

En la taberna Hipokampos, junto al puerto veneciano de la capital de Creta, Heraklion, Giorgos nos saludó en inglés, con un gesto dudoso y entrecerrando los ojos para recordar mejor: “Yo les conozco”. “Sí, claro” le respondí en español para ayudarle a refrescar la memoria. “¡Aaah! ¡bienvenidos!”, dijo él con esa claridad con la que los griegos pronuncian nuestra lengua. Giorgos es un hombre bajo, menudo y calvo, casi siempre muy colorado y de sonrisa apretada. Es el dueño de la taberna, a la que vamos cada vez que paramos en Heraklion, y ya van unas cuantas veces. Habla algo de español porque estuvo en Barcelona tres meses, cuando huyó de su país para no hacer el servicio militar durante la dictadura de los coroneles. Y ahora nos preguntó: “Vienen ustedes mucho ¿siempre de vacaciones?” “Sí, pero esta vez no, venimos de trabajo, estamos haciendo una guía de Creta” “Entonces, es un magnífico trabajo” Eso mismo digo yo. Hasta ahora, todo el mundo al que hemos contado aquí, en la isla donde nació Zeus, nuestra tarea, ha coincidido. Y nosotros también, nunca hemos tenido un trabajo mejor, el oficio mejor pagado porque no sólo se compensa con dinero. Y no creáis, estamos trabajando duro, pero disfrutando con la misma intensidad. No tenemos mucho tiempo para leer, ni para escribir, ni por supuesto para darnos un baño. Pero lo habrá. De momento, estamos charlando mucho.

La taberna Hipokampos ha sido nuestro primer contacto con Creta. De verdad, de verdad, hasta ahora, en solo dos días, la isla nos ha recibido con la hospitalidad general que la caracteriza. En próximos días, espero ir contando cosas, y más que contar, transmitiros algo de todo esto, algo que resuma dos días de visitas a la cueva donde nació Zeus, a otra cueva donde tantos cretenses fueron masacrados, a un pueblo tranquilo en medio de un caos de turismo masivo, a una meseta a casi mil metros de altura… y lo que venga. Cuando tenga tiempo y haya conexión de internet, claro.

Paciencia, todo será contado, más tarde o más temprano. Como dicen, repiten, los griegos, “tzigá, tzigá” (poco a poco), el equivalente del “piano, piano” de los italianos.

Coincidencia u oráculo

Ulyfox | 1 de junio de 2012 a las 1:09

Una premonición en el dormitorio.

 

Mira por dónde, hombre. Este es el cuadro que preside el dormitorio del Hotel Clement de Barajas, donde estamos pasando la noche antes de emprender mañana camino a ¡Atenas! ¿Quién dijo que las coincidencias no significan nada? Y sin embargo, ahí lo tenéis: una fotografía del Partenón velando nuestro sueño, sin que lo hubiéramos pedido. La gloria del dórico como preámbulo a nuestro gran viaje a Creta, donde el dórico brilla por su ausencia precisamente. ¿Una señal de bienvenida de los dioses, teniendo en cuenta que en Creta precisamente nació Zeus? Tendremos que consultar el oráculo, quizá mañana mismo.

Mientras, buenas noches desde este hotel Clement, en pleno ‘casco histórico’ de Barajas pueblo. Mañana empieza todo.

El gurú de la cocina imaginativa

Ulyfox | 29 de mayo de 2012 a las 21:55

Su cocina es tan imaginativa que casi no existe. Al menos si nos atenemos a los usos ordinarios de la gastronomía. Falsarius Chef presume de considerar una pérdida de tiempo invertir más de media hora en la cocina para preparar un plato que se come en diez minutos. Aun sin estar en contra de la cocina de mercado, es un adalid de la cocina de supermercado. Muchos ya lo conocéis: con latas, congelados y comida envasada en general es capaz de preparar platos con buena presencia y mejor sabor.

Además de eso, me honra con atenciones como la de enviarme su último libro, sus grandes éxitos. Estoy convencido que, entre todas sus imposturas, el afecto es la más creíble. Encima es un enamorado de esta tierra, por la que cayó hace algunos años y firmó sobre sus propias latas que nunca abandonaría. Si recomiendo este libro es porque sé que, siendo casi la antítesis de Ferran Adriá, el gurú de la cocina moderna, Falsarius ha tenido una de las ideas más brillantes y prácticas para el hombre (y la mujer) moderno. Consigue divertirse cocinando con latas, y más aún, nos divierte con los textos introductorios y la forma en la que cuenta las recetas. Si comer es pasarlo bien, Falsarius es de los que más entienden de comer.

Y, favor con favor se paga, me ha distinguido enlazando este blog al suyo. Así que yo haré lo mismo, ahí en esa columna de la derecha.

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Y vinieron los besos

Ulyfox | 27 de mayo de 2012 a las 1:31

El equipaje que te llevas a un viaje es más grande que lo que cabe en una maleta. Pero yo ya le he hecho hueco inusurpable a un cuaderno Moleskine y a un precioso bolígrafo plateado que unos cuantos amigos (de los que se hacen en el trabajo, donde es más difícil) me han regalado para anotar los muchos recuerdos que pienso traerme de Creta, también para ellos. Amor con amor se paga dice el ecuánime, justo refrán que habla de aquello que más nos falta. Unos vinos, unas viandas y unas charlas y esos regalos (dorean les dicen los griego) tuvieron su merecido final en un reparto de besos que querían decir más de lo que yo puedo expresar con palabras. Que los demás se alegren con tu buena suerte y que se molesten en demostrártelo se merece que los besos corran por las calles y además, con emoción y orgullo, una furtiva lágrima agradecida.

El tortuoso y provechoso camino

Ulyfox | 27 de mayo de 2012 a las 1:20

El puertecito de Frikes, al atardecer. Penelope, siempre presente

Dice el poema de Kavafis que todo el mundo conoce que “cuando emprendas el camino a Itaca, debes rezar para que el camino sea largo, lleno de aventuras y de descubrimientos, que sean muchas las mañanas en que llegues a un puerto que no conocías…” En fin, aquello de que es más, o por lo menos tan, importante el camino como el destino. Ulyses no conocía el poema de Kavafis, naturalmente, pero desde luego él lo aplicó bien con las calamidades que pasó para volver a su reino y con los mil ardides que tuvo que inventar para lograrlo.

A bordo del 'Capitán Aristide', saliendo de Nydrí hacia Ítaca

Itaca es mucho más que un destino, es un nombre, una palabra para designar el mismo concepto de viaje, y no puede desprenderse de la idea de retorno que le dio para siempre Homero en la ‘Odisea’, siempre esperando a Ulyses. Es una isla muy pequeña y no precisamente de las más hermosas, rodeada de hermosuras como está en el archipiélago griego de las Jónicas, las que caen al Oeste de Grecia casi pegando con el tacón de la bota italiana por un lado, y a un tiro de piedra de la península balcánica por el otro. Casi esconde su modestia compartiendo compañía con bellezas como Corfú, Paxos, Zakintos, Lefkada o Cefalonia. Digamos que Homero y Odiseo la engrandecieron, pero de eso hace tantos cientos de años que la fama no le da más que para recibir unos pocos turistas. Para ir a Ítaca tienes que estar enamorado de la Odisea.

La costa de Lefkada, desde el 'Capitán Aristide'

Nosotros, naturalmente, estábamos enamorados de la Odisea, de Ulyses, de la misma idea de Ítaca cuando decidimos aquel lejano septiembre llegar hasta sus costas. Fue un largo y provechoso camino, como mandaba el poema. Veníamos de la Costa Amalfitana, de Capri, cruzando Italia desde Nápoles hasta Brindisi en tren, alcanzando a lo justo un ferry hasta Corfú y luego, casi sin descanso, en hidrodeslizador sobre un mar encrespado hasta la maravillosa y pequeñísima isla de Paxos, desde la que, tras unos días de aislamiento inolvidable, se suponía que era fácil acceder a lo que fue el reino de Ulyses y Penélope, los auténticos.

La playa de Lakka, en la pequeñísima Paxos.

Pero el Mediterráneo tiene sus propias leyes, y la mañana prevista para zarpar se despertó de mal humor. El barco, tipo catamarán, no salió. Plantados con nuestras maletas en el muelle, decidimos volver al pueblo y recapacitar ante una taza de café. Ya vendría la solución. Y si no viene, Penélope, la mía, discurre ella sola como toda una agencia de viajes de las grandes.

Nos enteramos, no recuerdo cómo, de que un barco mercante, suficientemente grande para resistir el temporal, salía hacia el continente, al puerto de Igoumenitsa, y que admitía pasajeros. Se podría intentar, aunque ello supusiera dar un gran rodeo, llegar hasta ese puerto y luego viajar en autobús hasta la isla de Lefkada, que en realidad está unida al continente por un puente, y de allí saltar al día siguiente hasta Ítaca. ¿Quién dijo miedo?

En Ítaca, tal vez la playa en la que desembarcó Ulyses

Volvimos al muelle de la capital de Paxos, Gaios, con las maletas. Y nos embarcamos en el mercante, inquietos y excitados por lo incierto del camino que emprendíamos. En una hora arribamos a Igoumenitsa, una ciudad con el aspecto destartalado que tienen muchas poblaciones griegas. No era nuestro día. Perdimos el autobús a Lefkada por unos pocos minutos. Y allí estábamos, parados en medio de un puerto grande, gris, descuidado y polvoriento, bastante lejos de nuestro destino itaquiano. La cabeza de Pe dibujó entonces el plan C: había que alquilar un coche y conducir hacia el sur hasta Lefkada capital y luego tomar el último autobús hasta el puerto de Nydrí, en la misma isla, hacer noche allí y partir con el amanecer, por fin, a Ítaca ¿quién dijo miedo?

Kioni, un agradable puertecito de Ítaca, en un día gris.

Poco después, tras almorzar ligeramente y esperar a que abriera la tienda de alquiler de coches, costeábamos con nuestro utilitari0 sobrepasando ciudades medianas, playas extensas y solitarias, ruinas de murallas griegas, tomando un transbordador para sortear las marismas de Preveza para llegar con la caída del largo día a la capital de la llamada isla blanca. Ya habréis imaginado lo que pasó después de que entregáramos el coche: el último autobús a Nydrí se acababa de marchar.

Una vista mucho más bonita del 'Capitán Aristide'

No hay problema sin solución, mientras haya un plan D y taxis que te puedan llevar veintitantos kilómetros más allá. Acordamos el precio con uno, y mientras las verdes costas se iban haciendo cada vez más oscuras en la carretera, el angloparlante torpe que vive en mí se torturaba con una pregunta: “¿El taxista me ha dicho fifteen thousands dracmas o fifty thousands ?” La diferencia era sustancial y esa inquietud monetaria, unida a la incertidumbre de si encontraríamos donde dormir en Nydrí, desconocida para nosotros, nos llenó de zozobra el trayecto silencioso. Pero Palas Atenea nunca abandona a sus hijos. ¡Eran fifteen! El hombre nos dejó cerca del muelle, junto a una taberna, una muchedumbre impedía el paso más allá. Fue abrir la puerta del coche y empezar a sonar una banda de música entre aplausos y vítores ¡vaya recibimiento! ¿qué pasa, qué pasa? Athina, la nieta de Aristóteles Onassis, estaba descubriendo una estatua en honor a su abuelo que le dedicaba el pueblo de Nydrí por su labor en la ciudad. A un tiro de piedra, allí en la Bahía, está la isla de Skorpios, propiedad del gran magnate naviero griego, y en la que pasaba sus vacaciones junto a sus poderosos amigos. Por el mismo suelo que pisábamos había paseado numerosas veces con María Callas, con Jacqueline…

El perfecto amanecer dorado que nos condujo a Ítaca.

Y claro que encontramos cama, y un pueblo turístico muy animado, y nos zampamos una suculenta parrillada de pescado… y a la mañana siguiente, una de las más bellas que recuerdo, con la aurora de rosáceos dedos abriéndose entre la bruma y sobre un mar como de vino, viajábamos a bordo del ‘Capitán Aristide’, rumbo por fin al puerto de Frikes, Ítaca. Pero lo importante había sido el camino, difícil como manda el poema, provechoso…

Lazos viajeros

Ulyfox | 22 de mayo de 2012 a las 0:53

 

En la Plaza Mayor de Módena, en enero pasado

El viaje es mucho más que moverse de sitio. Te vas por ahí pensando que eres siempre el mismo y resulta que vas dejando jirones de tí y a la vez vas engordando tus costuras con cosas, personas y hechos. Y ya no puedes evitarlo. Si eres un viajero vas agrandando tu patria. Por ejemplo: vives la tragedia griega, la mendicidad en Omonia o los suicidios en Syntagma como si fueran familiares tuyos los sufrientes. Y si has estado en Egipto y Túnez, lo que los analistas o los observadores llaman ‘la primavera árabe’ para ti es algo más, simplemente porque conociste gente allí, vendedores, chóferes o guías.

Las hermosas tiendas de alimentación de Bolonia.

Nos ha pasado hoy mismo. Ha habido un terremoto en Italia, con muertos, y la región más afectada ha sido Emilia Romaña, lo que es igual que decir Bolonia o Módena. Allí estuvimos hace pocos meses, en invierno, hace nada, gozando de las tiendas de alimentación y del lambrusco de verdad, de sus plazas medievales o de una experiencia sin igual en la trattoría Omer. Allí hemos visto torres inclinadas y soportales sin fin, algunos de los cuales han caído con el sismo. Lo que quiero decir es que viajar, en el buen sentido que va desde ti hacia lo otro y con billete de vuelta, te ensancha la patria. Hace muchos años, viajamos en un ferry griego, el ‘Samina Express’, que hacía la ruta entre las islas del Norte del Egeo y las Cícladas. Íbamos desde la isla de Samos hasta la de Naxos, un montón de horas de navegación. A la semana siguiente, cuando acabábamos de volver a España, el ‘Samina’ fue trágica noticia. Se había estrellado contra un islote frente a la isla de Paros y perecieron varias decenas de personas. Nos acordamos, por ejemplo, de aquel camarero que nos habló de fútbol español mientras nos ponía la cerveza. Quién sabe si fue una de las víctimas. La noticia, un simple suceso en el extranjero, adquirió un carácter personal y cercano para nosotros. Nuestro mundo interior se hace cada vez más grande cuando viajamos como se debe. Y más solidarios. Supongamos que es una suerte.

La Piazza del Nettuno, en Bolonia, capital de Emilia Romaña.

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Viaje al centro de la crisis

Ulyfox | 18 de mayo de 2012 a las 14:33

Penélope, en la orilla de la bahía de Elounda, en Creta.

 

Ahora, de vez en cuando, nos miramos y nos decimos ¿seremos unos insensatos? ¿Ahora, precisamente, pedir un mes sin sueldo y viajar a Creta? ¿a ese país incapaz de formar gobierno siquiera? ¿ahora cuando los gobiernos que iban a afrontar la crisis de otra manera no encuentran otra que la misma: quitar dinero a sus trabajadores? ¿Ahora que todo lo que teníamos, el sueldo, el trabajo, la casa, el futuro, vale menos y se intuye que valdrá menos aún? ¿Ahora se nos ocurre irnos a Grecia? Locos.

Es posible que nos encontremos cuando lleguemos un país en descomposición, en camino hacia su evaporación. Igual que es posible que cuando volvamos al nuestro, este ya haya emprendido un rumbo parecido ¿Irse, quedarse? Irse. Todo menos quedarse quietos ante la posibilidad de vivir algo que no pensamos nunca que íbamos a vivir. Aprovechar, viajar, apuntar, contar, reflexionar, y a la vuelta ya veremos. Y nuestros ojos, seguro, tendrán otra forma de mirar, y nuestras bocas otra manera de contar, y vuestros oídos, un modo diferentes de escucharnos. Pidamos a los dioses por eso.

Hacerse a la mar

Ulyfox | 12 de mayo de 2012 a las 1:35

Barcas en el caño y en el Club Puente de Hierro, y el Juan Sebastián de Elcano en La Carraca, San Fernando

Parece mentira. Tanta agua como nos rodea en Cádiz y la Bahía, y la mayoría de las veces sólo miramos al mar cuando entramos a bañarnos. A lo mejor es que aquí el mar es demasiado grande, un gigante que infunde mucho respeto. Miras y ves solo mar, y sabes que más allá de donde cae el horizonte sigue siendo azul líquido. Ni se adivina donde puede haber un trozo sólido. Si acaso, y afortunadamente, entre los caños de las salinas están surgiendo pequeños puertos, más bien clubes. Pasa en San Fernando, en el Puente de Hierro, en el clásico renovado Gallineras, ahora en La Casería. Pero en otras tierras, el panorama de enfrente está salpicado o interrumpido por salientes del fondo marino, islas, cabos, calas, penínsulas, islotes, radas que recortan o interrumpen la visión. En esos lugares privilegiados, cuando te tumbas en la hamaca o tomas algo en el bar, allá a lo lejos se dibuja durante el día una silueta inmóvil que primero es marrón, luego verde y luego azul violeta, un destino, una parada cercana tras el brazo de mar. Son los archipiélagos que te llaman. Por eso en esos lugares, en las islas griegas o croatas, o en la recortada costa turca, o en las Baleares, o en las grandes islas italianas, son tan populares los barcos de recreo que ahora fondean ante una playa, y después se refugian en una ensenada y terminan amarrando en un puerto ante la taberna: porque todo, incluido otro mundo, está a un paseo en barco.

Penélope, en el puerto de Agnondas, Skópelos, en el archipiélago griego de las Espóradas.

De estas embarcaciones son especialmente bellas las goletas, sobre todo las turcas con sus cuidadas y brillantes popas de madera. Y existe una amplia oferta de viajes en grupo para una semana. Y suena tan atractivo. Se puede calcular unos mil euros por personas como media con todo incluido. No hemos vivido esa experiencia, pero disfrutarla por la costa azul turca nos hace soñar. Me ha llegado esta oferta por Sicilia y os la expongo:

http://www.topsailingcharter.com/embarcacion.php?idioma=ESP&em=3644

Pero si queréis probar en otros países del Mediterráneo (y yo probaría con Turquía, su costa licia, desde Mármaris hasta Antalya, o con las Espóradas), no tenéis más que rellenar las casillas e ir viendo precios. Eso sí, os tenéis que juntar con gente que aguante la convivencia. No está permitido tirar a nadie por la borda.

Pueblo y puerto en la isla de Procida, frente a Nápoles.