Tantas cosas o ‘toses prágmates’

Ulyfox | 17 de junio de 2012 a las 0:18

Grupo de mayores griegos, ante un café de Arhanes, en la tierra del vino de Creta.

A estas alturas de trabajo en Creta, uno ya no sabe si en un blog de viajes es más conveniente contar de dónde que de quién, si lo que espera la gente es que hablemos de lugares o de personas, de la belleza de la bahía de Kato Zakros o de las pequeñas confidencias del monje Christódulos en el monasterio de Agios Nikolaos, junto al lago Vótomos; si es más conveniente contar las bondades estéticas de la tierra del vino de Heraklion o las risas con las dos mujeres que preparaban flores de calabación en Zaros para rellenarlas de arroz y tomate; si hablaros de unos mejillones excelsos en el restaurante Pelagos o de los constantes agasajos finales con fruta y rakí en todos los lugares. ¿Qué preferís: la descripción de la belleza serena que emana de uno de los códigos legislativos más antiguos del mundo, grabados en piedra en Gortina, o la conversación con Ilías y Stella, que terminó bailando sevillanas contra el atardecer de Zakros?

Tantas cosas que irán cayendo como cae la música de la lyra cretense al final de una tragoudi. Si tenéis la paciencia. Como este pueblo que hoy decide su futuro, y tal vez el nuestro, en las elecciones.

Mundos paralelos

Ulyfox | 15 de junio de 2012 a las 23:00

La plaza principal de Antiguo Hersónisos, llena de tabernas y tranquilidad.

Creta es tan grande, tan diversa que si te mueves un poco al este, o a oeste, o al interior, o subes entre curvas vertiginosas a las carreteras de montaña, te parece haber entrado en otra isla sin haberte bajado del coche. Eso ya lo sabíamos cuando, estando a lo mejor en el destartalado, pueblerino y acogedor Makry Gialos, sumergido en el aire africano del mar de Libia, te acordabas de pronto de que hacía sólo dos días paseabas por las hermosas y estucadas calles venecianas o turcas de La Canea.

A la espera de clientes en Antiguo Hersónisos.

Pero lo que es más extraordinario es que a una distancia de menos de un kilómetro y a una diferencia de altitud de sólo unas decenas de metros, transcurran dos mundos casi opuestos, paralelos hasta en el sentido de que nunca llegarán a encontrarse. Es lo que ocurre entre Limeni Hersónisos, el núcleo más masificado del turismo cretense, en la costa norte, y el Antiguo Hersónisos. Tres minutos en coche cuesta arriba nunca significaron tanta distancia. Abajo, en la playa, los edificios alcanzan alturas impropias de una isla griega, y se amontonan en calles estrechas y desordenadas, llenos de apartamentos con toallas colgadas de los balcones y de carteles en inglés, alemán y últimamente, ruso; los turistas pasean en bikini o con el torso al descubierto y los quads se adueñan de las estrechas carreteras, montados por parejas rubias.

Una calle de Koutouloufari

Arriba, como colgados de una carretera que es una cornisa, casi pegados uno a otro, tanto que se pueden conocer en un agradable paseo andando, hay tres pueblecitos: el Antiguo Hersónisos, Piskopianó y Koutuloufari. Ahí hay placitas donde los niños juegan y corretean, las terrazas tienen el atractivo ambiente hostelero de la Grecia de siempre, y las tiendas están puestas con gusto, los cartelitos escritos en maderas pintadas, y los hoteles son viejas casas restauradas, pintadas o con la piedra vista. Al atardecer es posible contemplar el agradable espectáculo griego de la gente sentada a la puerta de su casa o de su negocio. “Kalispera, kalispera sas, yásas” vas saludando con ansias de que el día se prolongue y no te atrape la obligación de la ducha, la cena y la cama. La misma pasión incontrolada que empuja a las golondrinas a revolotear bajo y haciendo figuras al ponerse el sol parece atrapar al paseante, de la misma forma que abajo, junto al puerto, el ajetreo bárbaro te impulsa a salir huyendo. Hasta tal punto somos reos del entorno.

El campanario de la iglesia de Koutouloufari.

Ya os imaginaréis cuál fue nuestra elección para pasar la tarde y noche de aquel día.

La crisis griega, según Vasilis

Ulyfox | 10 de junio de 2012 a las 1:13

La explicación gráfica escrita por Vasilis en un mantel de su taberna.

 

Ahora que ya los españoles estamos al misno nivel que Grecia, rescatados por los representantes de los mismos que nos han hundido, a lo mejor sería conveniente importar a algún ciudadano griego, conocedor y sufridor, para que nos explique la crisis. Por ejemplo, a Vasilis, dueño de la taberna de comida tradicional ‘Kronios’ en Tzermiados, un pueblito de los que rodean la meseta de Lasithi, en el interior de Creta. Lasithi es una sorprendente llanura cultivada a más de 800 metros de altura y rodeada de montañas, algunas nevadas aún a principios de junio. En una de sus laderas se encuentra la impresionante cueva Diktea, donde Rea dio a luz y escondió a Zeus para salvarlo de la ira de su padre, Cronos, que acostumbraba a devorar a sus hijos. Antes, la meseta estaba llena de cientos de molinos para sacar agua y circundada por otros tantos para moler el cereal. Ahora las bombas y las máquinas han reemplazado esa energía natural, y sólo quedan restos de aquellos gigantes con velas.

Vasilis explica la situación griega, bolígrafo en mano.

A Vasilis se nos ocurrió preguntarle por la complicada situación política y económica griega, y por las próximas elecciones. Los griegos son políticos como ningún pueblo, les encanta hablar de política. Pidió permiso para sentarse con nosotros, y en el mismo mantel en el que nos había hecho la corta cuenta del increíble cordero con alcachofas y limón, la gloriosa ensalada de berenjenas, las albóndigas, el vino y el postre con el raki regalados, explicó con su bolígrafo la crisis griega: “Antes había diferencias entre la derecha de Nueva Democracia y los socialistas del Pasok, ahora los dos dicen lo mismo, cortar, cortar, cortar. Las anteriores elecciones las ganó el Pasok porque prometía y daba dinero a la gente, para estudiar, por tener hijos, por casarse… En las últimas, nadie sacó suficientes votos para gobernar, y tenemos que repetirlas. Ahora aparece Tsiriza, la nueva izquierda, que vuelve a prometer que dará dinero a todos, y a mí me da miedo, porque me pregunto ¿de dónde?” Y usted ¿a quién va a votar? le preguntamos. Tocándose la barbilla y tras un breve silencio contestó: “Por primera vez en mi vida, no lo sé, porque ninguno tiene la solución. El pueblo griego tiene que cambiar, y dejar de pedir a los partidos, para empezar a dar. En nuestras manos está la solución, tenemos que cambiar”.

Molinos abandonados y en ruinas en la meseta de Lasithi.

“Pues todos dicen en Europa que los griegos podrían empezar por pagar impuestos”, me atrevo a decir. “¿Impuestos?”, pregunta con una mirada irónica, coge el ticket de nuestra cuenta para señalar el porcentaje que el Estado se lleva de la misma y demostrar que él sí los paga, y toma de nuevo el bolígrafo: “Les cuento. Mi hermano, con 48 años y después de 24 trabajando como funcionario, se ha retirado con una indemnización de 90.000 euros, y con el 80% de su sueldo, es decir 14 pagas al año de 2.400 euros. Yo tengo esta taberna, trabajo todo el día, y no me importa pagar impuestos, pero sí para gente como mi hermano que está cobrando sin trabajar” Y Vasilis soltó el bolígrafo.

La meseta de Lasithi vista desde una de las laderas que la circundan.

La pesadilla de la Merkel

Ulyfox | 7 de junio de 2012 a las 23:44

 

Los jóvenes cretenses bailan en la pesadilla de la Merkel.

 

Resulta difícil de creer que Angela Merkel tenga sueños pesados por una noche en la que se pase con el alcohol, pero alguna vez habrá tenido una pesadilla, supongo. Hoy, en Sitía, una apacible población portuaria y centro de una comarca de sabrosos vinos del nordeste de Creta, hemos vivido lo que la canciller alemana podría soñar en sus peores noches: un pueblo griego que sale a beber y a comer, fuma debajo de los carteles de prohibición, y canta y baila en una taberna hasta que el cuerpo, el mejor baremo humano de la cordura, diga basta.

La lira cretense es un hermoso instrumento, como una viola antigua que se toca apoyándola en el muslo mientras la mano derecha rasga las cuerdas con el arco. Su sonido es quejoso pese a que el ritmo puede sonar alegre. El que la toca suele cantar a la vez unas canciones repetitivas, como una letanía relajante. Los laúdes la acompañan. Esta noche, cuatro jóvenes vestidos de negro bailaban de vez en cuando al son de esta música que parece venir de muy antiguo. Forman un círculo abierto y van dando vueltas. Una vez que se han calentado, el del extremo de la derecha empieza a dar saltos apoyándose en su compañero contiguo, sin soltarse de su mano, que le sirve de apoyo como si fuera una barra, a la vez que se golpea rítmicamente muslos y talones haciendo figuras acrobáticas. Es el viril baile de Creta.

El local, la Taverna Rakadiko (que quiere decir un lugar donde el rakí es el rey)Tzivaeri, estaba llena de gente, de griegos aparentemente despreocupados por el euro, por las elecciones y por la Merkel. Hemos comido cuatro platos abundantes y naturales, una cerveza para calentar, medio litro de vino blanco de la zona, una botellita de rakí, una enorme ración de fruta buenísima, y un yogur con fruta para cada uno, con música y baile en directo. Y todo por 26 euros.

Estos griegos no van a prosperar nunca. Hemos sido felices (aprended la palabra en griego: eutihismenos)

Un cumpleaños familiar improvisado con raki. El chef Stelios y su familia.

 

 

 

Otro ejemplo: ayer fue mi cumpleaños (gracias) Coincidimos en una taverna junto al mar, dónde si no, con una familia que resultó ser la de un cocinero de la isla. Tras decirle una tontería al rubio niño que acompañaba a la pareja (Angelos), entablamos conversación. El chef se llamaba Stelios y le preguntamos a dónde podíamos ir a cenar para celebrar este día tan especial, al menos para mí. Antes de decir nada, llamó al camarero inmediatamente: “Una botellita de raki, que vamos a celebrar el cumpleaños de este compañero (palikari)” ¡Error griego, de nuevo! ¡Tanto celebrar ni tanto celebrar, con lo que debe este pueblo, hombre ya! La Merkel se revolvió de nuevo en su cama, entre sudores. Así no hay forma de que este pueblo salga de su postración. Y sin embargo, parecen felices, lo son seguramente cuando convidan a raki a los desconocidos extranjeros que se esfuerzan en chapurrear la hermosa lengua de Kazantzakis, ese cretense.

Sofia y Mark

Ulyfox | 5 de junio de 2012 a las 23:39

Sofia es griega, guapa de cara pero con exceso de peso. Atiende, junto con su madre, que parece la regidora absoluta, los apartamentos Amarilis en Sissi, la joyita del norte de Creta, de la que ya os he hablado. Se extraña, y se alegra, mucho de ver españoles en su pueblo, y nos desea suerte en la realización de la guía. Y se lamenta del grave descenso del turismo en Grecia: “La gente en Europa ve las noticias en televisión, la difícil situación del país, y tiene miedo. Hasta ahora todos los años teníamos los apartamentos llenos durante seis meses, desde finales de mayo a octubre. Ahora, solo tenemos ocho ocupados. La cosa no está bien, hay una gran crisis, y es verdad que en Atenas la situación es muy difícil, y está aumentando la delincuencia, y hay mucha gente pasándolo mal. Pero en Creta es diferente, esto es una isla, aquí hay paz”. Damos fe, nadie diría que esto es el terrible país, ejemplo de todo lo malo, que se quiere pintar en Europa. Pero se nota el descenso del turismo. “Diga usted en España que esto no es un desastre”. Le contamos a Sofía, que lo sabemos, y que por eso hace 20 años que volvemos, pero que por supuesto que lo diremos.

Mark es holandés, alto, fuerte y rubio y es el novio de Sofía. Y es la representación de la eterna historia: hace cuatro años vino de vacaciones a Creta, conoció a Sofía y se enamoró, y se quedó. “Aquí se vive bien, hace un tiempo espléndido y hay paz”, pero en invierno no hay trabajo. Mark trabaja en Amarilis todos los días sin parar durante los seis meses en que el hotel está abierto. Es el régimen de trabajo normal en el sector turístico griego. “En invierno vuelvo con Sofía a mi país, y allí encuentro trabajo con facilidad” ¿Es la vida ideal? “Es la que tengo y no me disgusta, no sé qué pasará con este país, y tampoco sé cuál de los dos me gusta más”, dice Mark, un gancho efectivo para el numeroso turismo holandés que se aloja en el Amarilis, a ocho minutos del puerto de Sissi, un complejo con piscina y jardines relajante y acogedor.

Sofia y Mark son como la Grecia más antigua y en crisis casada con la Europa central poderosa. A ellos dos no les va mal con su relación. A Europa a lo mejor tampoco le iría mal un entendimiento, en todos los sentidos, entre el Norte y el Sur, en el que las dos partes aprendieran. Y por supuesto, se amaran como son.

Un pueblo con nombre de emperatriz…

Ulyfox | 5 de junio de 2012 a las 0:14

El minúsculo puerto de Sissi

 

… pero que no tiene nada que ver con Elizabeth ni con Francisco José, pero se llama Sissi. Ha sido nuestra primera parada en Creta. No es casi nada, apenas un puerto minúsculo habilitado en una pequeña ría, con un turismo incipiente si lo comparamos con sus ruidosos vecinos de la masificada costa norte cretense, Hersónisos y Malia. Como en un resumen de Grecia, aúna el encanto de sus barcas de colores, con los pescadores regresando al atardecer, con el turismo familiar de europeos norteños y los cada vez más abundantes rusos. Y esto es raro, porque no tiene playas que merezcan tal nombre. La gente pasa el día en los hoteles familiares, más bien conjuntos de villas o apartamentos con piscina incluida, y algunos andan un cuarto de hora para acercarse a las calas de Boufos y Kalimera Kriti, de aguas transparentes y servicios ligados a hoteles. También hay algunos resorts de lujo con spa incluido. Nosotros nos hemos alojado en los apartamentos Amarilis, encantadoramente decorados, un lugar llevado por griegos y habitado por holandeses.

La taberna Apostolos, sobre el mar de Sissi.

Pero sobre todo, para nosotros, Sissi tiene ese puertecito donde pasar tardes enteras tomando una cerveza, leyendo, escribiendo o contemplando el atardecer. Nada especial, todo especial. Como esas horas vespertinas de luz dorada que nos tocó pasar esta vez, ya cansados de andar fisgoneando un pueblo que empieza la temporada, yendo lejos a comer un sabroso cerdo fricassé en la taberna Nerómilos, y de subir a la cueva de Milatos, estremecedora por su historia, que os contaré en próximos días. Sissi, un oasis entre el ruido turístico.

Detalle en los Apartamentos Amarilis, de Sissi, Creta

Disfrutar trabajando

Ulyfox | 4 de junio de 2012 a las 20:03

 

Con Giorgos en la Taberna Hipokampos, y detrás su hijo Aléxandros

En la taberna Hipokampos, junto al puerto veneciano de la capital de Creta, Heraklion, Giorgos nos saludó en inglés, con un gesto dudoso y entrecerrando los ojos para recordar mejor: “Yo les conozco”. “Sí, claro” le respondí en español para ayudarle a refrescar la memoria. “¡Aaah! ¡bienvenidos!”, dijo él con esa claridad con la que los griegos pronuncian nuestra lengua. Giorgos es un hombre bajo, menudo y calvo, casi siempre muy colorado y de sonrisa apretada. Es el dueño de la taberna, a la que vamos cada vez que paramos en Heraklion, y ya van unas cuantas veces. Habla algo de español porque estuvo en Barcelona tres meses, cuando huyó de su país para no hacer el servicio militar durante la dictadura de los coroneles. Y ahora nos preguntó: “Vienen ustedes mucho ¿siempre de vacaciones?” “Sí, pero esta vez no, venimos de trabajo, estamos haciendo una guía de Creta” “Entonces, es un magnífico trabajo” Eso mismo digo yo. Hasta ahora, todo el mundo al que hemos contado aquí, en la isla donde nació Zeus, nuestra tarea, ha coincidido. Y nosotros también, nunca hemos tenido un trabajo mejor, el oficio mejor pagado porque no sólo se compensa con dinero. Y no creáis, estamos trabajando duro, pero disfrutando con la misma intensidad. No tenemos mucho tiempo para leer, ni para escribir, ni por supuesto para darnos un baño. Pero lo habrá. De momento, estamos charlando mucho.

La taberna Hipokampos ha sido nuestro primer contacto con Creta. De verdad, de verdad, hasta ahora, en solo dos días, la isla nos ha recibido con la hospitalidad general que la caracteriza. En próximos días, espero ir contando cosas, y más que contar, transmitiros algo de todo esto, algo que resuma dos días de visitas a la cueva donde nació Zeus, a otra cueva donde tantos cretenses fueron masacrados, a un pueblo tranquilo en medio de un caos de turismo masivo, a una meseta a casi mil metros de altura… y lo que venga. Cuando tenga tiempo y haya conexión de internet, claro.

Paciencia, todo será contado, más tarde o más temprano. Como dicen, repiten, los griegos, “tzigá, tzigá” (poco a poco), el equivalente del “piano, piano” de los italianos.

Coincidencia u oráculo

Ulyfox | 1 de junio de 2012 a las 1:09

Una premonición en el dormitorio.

 

Mira por dónde, hombre. Este es el cuadro que preside el dormitorio del Hotel Clement de Barajas, donde estamos pasando la noche antes de emprender mañana camino a ¡Atenas! ¿Quién dijo que las coincidencias no significan nada? Y sin embargo, ahí lo tenéis: una fotografía del Partenón velando nuestro sueño, sin que lo hubiéramos pedido. La gloria del dórico como preámbulo a nuestro gran viaje a Creta, donde el dórico brilla por su ausencia precisamente. ¿Una señal de bienvenida de los dioses, teniendo en cuenta que en Creta precisamente nació Zeus? Tendremos que consultar el oráculo, quizá mañana mismo.

Mientras, buenas noches desde este hotel Clement, en pleno ‘casco histórico’ de Barajas pueblo. Mañana empieza todo.

El gurú de la cocina imaginativa

Ulyfox | 29 de mayo de 2012 a las 21:55

Su cocina es tan imaginativa que casi no existe. Al menos si nos atenemos a los usos ordinarios de la gastronomía. Falsarius Chef presume de considerar una pérdida de tiempo invertir más de media hora en la cocina para preparar un plato que se come en diez minutos. Aun sin estar en contra de la cocina de mercado, es un adalid de la cocina de supermercado. Muchos ya lo conocéis: con latas, congelados y comida envasada en general es capaz de preparar platos con buena presencia y mejor sabor.

Además de eso, me honra con atenciones como la de enviarme su último libro, sus grandes éxitos. Estoy convencido que, entre todas sus imposturas, el afecto es la más creíble. Encima es un enamorado de esta tierra, por la que cayó hace algunos años y firmó sobre sus propias latas que nunca abandonaría. Si recomiendo este libro es porque sé que, siendo casi la antítesis de Ferran Adriá, el gurú de la cocina moderna, Falsarius ha tenido una de las ideas más brillantes y prácticas para el hombre (y la mujer) moderno. Consigue divertirse cocinando con latas, y más aún, nos divierte con los textos introductorios y la forma en la que cuenta las recetas. Si comer es pasarlo bien, Falsarius es de los que más entienden de comer.

Y, favor con favor se paga, me ha distinguido enlazando este blog al suyo. Así que yo haré lo mismo, ahí en esa columna de la derecha.

Etiquetas: ,

Y vinieron los besos

Ulyfox | 27 de mayo de 2012 a las 1:31

El equipaje que te llevas a un viaje es más grande que lo que cabe en una maleta. Pero yo ya le he hecho hueco inusurpable a un cuaderno Moleskine y a un precioso bolígrafo plateado que unos cuantos amigos (de los que se hacen en el trabajo, donde es más difícil) me han regalado para anotar los muchos recuerdos que pienso traerme de Creta, también para ellos. Amor con amor se paga dice el ecuánime, justo refrán que habla de aquello que más nos falta. Unos vinos, unas viandas y unas charlas y esos regalos (dorean les dicen los griego) tuvieron su merecido final en un reparto de besos que querían decir más de lo que yo puedo expresar con palabras. Que los demás se alegren con tu buena suerte y que se molesten en demostrártelo se merece que los besos corran por las calles y además, con emoción y orgullo, una furtiva lágrima agradecida.