En auxilio de Grecia

Ulyfox | 28 de marzo de 2010 a las 2:07

El Partenón y  la Acrópolis, vistos desde el templo de Zeus, en Atenas

El Partenón y la Acrópolis, vistos desde el templo de Zeus, en Atenas

Qué le vamos a contar a los griegos de crisis, si la palabra la inventaron ellos, supongo que allá por el 500 antes de Cristo, cuando Pericles y eso. Tal vez mucho antes, cientos de años antes aún, en tiempos de los aqueos que cantara Homero en la Iliada y la Odisea. Pero ahora sí, ahora parece que, de nuevo, va en serio, que lo están pasando mal o que lo van a pasar muy mal.

Y yo propongo humildemente desde aquí que les ayudemos. Que echemos un cable a ese pueblo al que debemos tantas cosas, yo qué sé: el principio de Arquímedes, el teorema de Pitágoras, el mundo de Ulises y Aquiles, el teatro, el número pi, ¡la democracia! (anthropon zoon politikon el hombre es un animal político), la virtud, la ética, la estética, la filosofía, la comedia y la tragedia, el dórico, el jónico y el corintio, el discóbolo de Mirón y el Hermes de Praxíteles, la venus de Milo, la Victoria Alada, el Partenón, los Juegos Olímpicos, la palabra ‘policromático’, las metáforas, la poesía,

Tantas cosas que nunca podremos pagar. Paguemos con nuestra visita, con el amor a su herencia. Vayamos de vacaciones a Grecia. Si queréis os ayudo. Preguntadme cosas, algunas sé: la belleza interior de Atenas, el viento de sus islas, la reciedumbre de su comida, la sutileza de su música, la aridez de las Cícladas, la exuberancia de las Espóradas, la calma de las Jónicas, la mezcla turca y veneciana del Dodecaneso, la historia plasmada en piedra del Peloponeso, la ingravidez de Tesalia y Meteora, el aislamiento de Kastelorizo, el fin del mundo en Creta,

Tantas cosas nuestras,

Penélope se teje

Ulyfox | 27 de marzo de 2010 a las 1:15

DSC_0246

Hay veces que Penélope no está. Bueno, está, pero en otro sitio. En su mundo. En un mundo que puede ser muy oscuro. A lo mejor coincide en un viaje, pero es más difícil. Normalmente, es cuando se queda en puerto demasiado tiempo. Esta Penélope no es de esas Penélopes que todos conocemos a las que les gusta o se conforman con tejer y destejer, a la espera del regreso del amado. Le va más lo de ir a buscarlo. Pero, en ocasiones, sin que se sepa muy bien qué mecanismo desata la tormenta, desaparece y se va; a su mundo. Y ahí ya es un no parar de darle a la lanzadera, venga enredarse en su propia tela, propia, propia, propia. Uno tiene ganas de arrebatársela, de liberarla de ese tul o esa arpillera obsesiva y personalmente intransferible. Intruso, la amo, aunque no sea capaz de encontrar un punto mal lanzado, un hueco en esa labor, demasiadas veces cota de malla.

En ruta, es mucho más difícil que ocurra, pero puede. Entonces es preciso arrastrarla a la intemperie, exponerla a los vientos que se lleven esa capa. Intruso por vocación en ese viaje individual aunque doloroso, no puedo esperar agradecimiento, sólo la propia satisfacción de su sonrisa retornada. Así sea.

Un viejo en la Bahía del Silenzio

Ulyfox | 25 de marzo de 2010 a las 10:14

La Bahía del Silenzio, en Sestri Levante

La Bahía del Silenzio, en Sestri Levante

La playita en la que estaba ese hombre es como una Caleta en el corazón de la Liguria, en Sestri Levante, con la notoria diferencia del grande estilo italiano. Estás en un istmo estrechísimo, que es el centro de la ciudad, coges una callecita y llegas en seguida a la Bahía del Silenzio, precioso nombre que los lugareños truecan muchas veces por el más cariñoso de mare piccolo (mar pequeño). Probablemente, el oficial se lo puso un poeta porque el mar abierto del otro lado se llama Bahía delle Favole (de las Fábulas). Apareces en la playa y dejas a tu espalda una hilera de casas antiguas, de colores rojizos y amarillos de todos los tonos; a la derecha, cerrando el promontorio, una iglesia rayada, y a tu izquierda una colina que trepa llena de pinos, con un sendero bordeado de bancos y salpicada de mansiones ajardinadas. Enfrente, un mar calmo para hacer homenaje al nombre del enclave.

El viejo estaba rodeado de mujeres de su edad y les daba charla a todas, más bien un discurso. Vestía un bañador tipo meyba, de hombre mayor, vaya. No paraba de hablar y todas le prestaban mucha atención. Seguro que eran asiduos. Era vivificante oírlos conversar de todo. En un momento dado, el viejo reparó en que éramos españoles. Porque, a la vez que hablaba, era capaz de pegar el oído a la conversación de aquella pareja de forasteros, no asiduos. Ché bella spiaggia! le dije sacando mi macarrónico. Bellísima, questo é il paradiso, me respondió, y siguió hablando del espléndido verano que estaba muriendo. Hay que aprovechar ahora, continuó, perche l’inverno é troppo lungo! Al día siguiente seguía allí, escoltado por los mismos. Parecía que no se habían movido ni para ir a dormir. Saludó discretamente con la mano, mientras no paraba de hablar a su fiel y sonriente  auditorio.

DSC_0200 Sestri Levante es una ciudad mediana, reposado centro de veraneo, situada estratégicamente a medio camino de las increíbles bellezas de Portofino y Cinque Terre. A nosotros nos resultó más barato alojarnos  aquí, y el magnífico y panorámico tren nos dejaba en menos de una hora en estos dos lugares únicos, que quedan para otro capítulo. El pueblo es encantadoramente elegante, de una gran categoría, pocas calles, muy colorido, con fachadas pintadas con trampantojo y no mucha gente cuando fuimos, con un buen surtido de restaurantes y tiendas y ese aire de distinción italiana inimitable. El hotel estaba en el camino del castillo, y no debéis perdonarme haber olvidado el nombre. De todas formas, la oferta de alojamiento es amplia, y toda con el sabor sosegado de la zona.

Casas cerca del Paseo Marítimo

Casas cerca del Paseo Marítimo

Es muy fácil llegar desde Pisa a Sestri en tren, en menos de dos horas, y ya sabéis que Pisa tiene buenas opciones en vuelo barato desde España. Pasamos cinco días allí, visitando en varios días, ya lo he dicho, Portofino y Cinque Terre, que dan para muchos capítulos. Ciao!

Calle principal del centro de Sestri

Calle principal del centro de Sestri

Fachada decorada con trampantojo

Fachada decorada con trampantojo

Terraza en la Bahía del Silenzio

Terraza en la Bahía del Silenzio

Vuelos de bajo coste a Grecia

Ulyfox | 24 de marzo de 2010 a las 1:04

playa agios dimitris alonissos
Hoy he puesto, en un recipiente de plástico pequeño con tapadera, media taza de aceite de oliva virgen extra. Le he añadido el zumo de un limón pequeño, sal y pimienta. Luego he cerrado el tarrito y lo he agitado con fuerza. La mezcla verde clara la he vertido sobre el robalo a la espalda recién hecho por Penélope. Y ha sido probarlo y volar en una fracción infinitesimal de segundo a decenas de tabernas en islas griegas. Imagino que algo parecido le pasa a mucha gente con los sabores.

 

Pulpo a la parrilla, sardinas con ladolémono, y taramosalata con ensalada griega y vino blanco, en una taberna playera griega

Pulpo a la parrilla, sardinas con ladolémono, y taramosalata con ensalada griega y vino blanco, en una taberna playera griega

 

La salsa que fabriqué en un minuto se llama ladolémono (aceite y limón, en griego) y, si es vuestro gusto, se le puede añadir orégano o perejil picado. Si se tiene los receptores debidamente entrenados bajo el cielo de los dioses, la metáfora (el transporte, en griego) no falla. Es ideal para los pescados. Y es muy barato para un vuelo tan largo.

Un billete un poco más caro, pero con más personalidad, se obtiene si se mezclan 100 gramos de hueva de pescado cruda, 300 de patata cocida, el zumo de un limón y una taza de aceite de oliva, con su puñadito de sal. Se aglutina todo con la batidora y se mete en el frigorífico. Sale un aperitivo rosado y glorioso para untar en un buen pan. Su hermoso nombre es taramosalata (ensalada de hueva) y a mí se suele transportar directamente a una taberna espléndida, con un camarero que habla español porque estuvo en Cuba, y que conoce Cádiz porque aquí cogió el barco para Canarias. Está en la hermosa playa de Kolimbitres, en la intimista (comparada con las de su entorno) isla de Paros, donde el mármol es el más blanco.

Pajaritos en Lisboa

Ulyfox | 23 de marzo de 2010 a las 1:00

Plato de Pasarinho, junto a un timbre antiguo

Plato de Pasarinho, junto a un timbre antiguo

Recuerdo que su nombre es José, pero le conocen como Pasarinho porque en sus cerámicas utiliza habitualmente como motivo uno o varios pajaritos de diferentes colores. Su historia nos la contó el dueño de una tienda de artesanía en Lisboa. El local no tiene pérdida, está en el barrio de Alfama, cerca del Castelo San Jorge; no hay más que seguir el reguero de turistas, y en su exterior están colgados numerosos platos de este artista casi anónimo. Creo recordar que el maestro trabaja en Arraiolos, en el Alentejo, y ya es muy mayor. El hombre de la tienda no supo decirnos si tenía aprendices. Compramos varias piezas absolutamente hermosas, al menos para nuestro gusto. Es uno de los recuerdos que nos trajimos de Lisboa, hace poco más de dos años, en un puente de la Inmaculada con la capital portuguesa llena de españoles. Entre ellos, por las atestadas calles de la Baixa nos cruzamos con la ministra de Defensa, Carme Chacón, muy abrazada a su novio o marido y seguida por dos guardaespaldas. Cuando volvimos a España nos dimos cuenta de que algún periódico había querido hacer un pequeño escándalo porque la ministra se había ido de vacaciones a Portugal cuando ocurría no sé qué cosa importante en nuestro país ¡Algo más importante que irse de puente!

La tienda, en el barrio de Alfama

La tienda, en el barrio de Alfama

Siempre nos ha gustado comprar cerámica de los sitios que visitamos. Recuerdo que hace muchos, muchos años, nos desviamos bastantes kilómetros exclusivamente para buscar a dos alfareros que trabajaban en Arroyo de la Luz, en Cáceres, y que hacían unos trabajos con unos verdes preciosos, cada uno con un tono exclusivo de ellos. Los encontramos casi a la hora de la siesta, preguntando en las calles desiertas, y pudimos adquirir algunas piezas en el mismo taller. Fijaos qué tontería, pero eso nos gustó muchísimo. Pero ahora, después de años de viajes ¿dónde colocamos tantos cacharros? ¿dónde los guardáis vosotros, o es que los ponéis todo a la vista? ¿habéis tirado muchos? ¿podemos tirar sin dolor ese pedazo del alma?

Alfama, casi a vista de pájaro desde uno de los numerosos miradores

Alfama, casi a vista de pájaro desde uno de los numerosos miradores

Por qué a los italianos les gusta hablar de comida

Ulyfox | 21 de marzo de 2010 a las 22:47

Elena Kostioukovitch

Elena Kostioukovitch

No es mío el título. En realidad corresponde a un libro escrito por Elena Kostioukovich (no, a mí tampoco me decía nada antes este nombre), y se trata, según la autora, de “un itinerario a través de la historia, la cultura y las costumbres”. A pocos libros se les puede aplicar con tanta propiedad el calificativo de delicioso. Para nosotros, en nuestro último (penúltimo) viaje a la Toscana fue tan guía como la Lonely Planet y la Routard que también llevábamos. Era casi leer el capítulo y probar el plato descrito, o viceversa, con lo grato que resulta comprobar que lo escrito corresponde con lo comido. Descubrir lo que es el lardo (tocino) de Colonnata, el atún de Chianti (que en realidad es cochinillo hervido en vino y después metido en aceite, y así se supone que sabe a atún, este no lo probamos); la historia de la enorme y exquisita vaca de raza chianina (uuuuhm); de cómo el movimiento Slow Food ha logrado entre otras cosas recuperar el sabroso cerdo cinta senese, que es negro como el nuestro pero con una cinta blanca en el pecho, de ahí su nombre (estupendo carpaccio casero que nos pusieron en Cortona), y tantísimas cosas. 

Un libro que es a la vez de cocina y de historia, de viajes y de costumbre, rebozado en un gran amor por ese país excelso, irrepetible que es Italia, una tierra rebosante de arte, también en su comida. Es imposible andar por la península sin que entren ganas de comer y de hablar de comida: viñedos de Toscana, excelsas tiendas de alimentación en Bolonia, anuncios de ‘pecorino di Pienza’, escaparates de pasta, mercados en la calle, terrazas con el buen tiempo.

porquealositalianos_big

Por qué a los italianos les gusta hablar de comida, escrito por Elena Kostioukovich, está editada en España por Tusquets y tiene un sabroso prólogo de Umberto Eco. Kostioukovich es ucraniana, y profesora de Literatura rusa en la Universidad de Milán. Activa difusora de la literatura italiana en su país, en este libro se demuestra además como una gran amante de ese país grande, amable, impresionante y seductor como pocos. Una obra para viajeros por Italia y para amantes de la buena cocina, si es que ambas cosas pueden ir por separado, que no creo. Ha sido para mí un placer ¡Que disfruten!

Cacela Velha, así era el Algarve

Ulyfox | 21 de marzo de 2010 a las 1:49

Una casa de Cacela Velha

Una casa de Cacela Velha

Calle empedrada, y al fondo la iglesia

Calle empedrada, y al fondo la iglesia

Las guías dicen que es un milagro que en pleno Algarve de la explosión turistica se haya salvado este enclave, poco más que dos calles con el típico y bello empedrado portugués, una iglesia y una fortaleza en un promontorio frente al mar, al final de la larga lengua de arena que recorre paralela a la costa de buena parte de la costa sur portuguesa. Para nosotros fue una sorpresa, bien entrada la tarde y ya de vuelta a España. Cacela Velha está muy cerca de la frontera, a medio camino entre Tavira y Monte Gordo, en una desviación de la antigua carretera que lleva aVila Real (no confundir con Vilanova de Cacela Velha, dos kilómetros tierra adentro). Casi no tiene para quedarse (unas cuantas habitaciones de alquiler y un restaurante, cuando nosotros fuimos). Dicen que también posee una playa deliciosa. No pudimos estar más de un par de horas, dar una vuelta y tomar un café, pero puede ser una alternativa para una estancia más tranquila que sus pobladas y atestadas vecinas. Aunque no creo que sea tampoco el paraíso en temporada alta. Ya no quedan secretos, así que por eso lo cuento. Fue un mes de junio de hace cuatro años, tiempo suficiente para que haya cambiado. Eso sí, merece la pena acercarse, respirar, y probar ese restaurante. Si alguno lo ha hecho, que lo cuente también.

Allí no nos pasó nada, no nos dio tiempo más que a imaginar cómo sería el Algarve antes de que empezaran a crecer monstruos de ladrillo. A pesar de eso, nos sigue gustando la zona. Quizá volvamos pronto.

La fortaleza y el mar a la vista

La fortaleza y el mar a la vista

Vista desde la fortaleza

Vista desde la fortaleza

Etiquetas: , ,

Nieblas de Castilla, la Majestad de Toro

Ulyfox | 20 de marzo de 2010 a las 0:50

El río de Burgos

El río de Burgos

No sólo salimos al Mediterráneo. Siempre nos gusta viajar a Castilla, a la Vieja y a la Nueva. Y siempre en invierno, primavera como mucho. ¿Qué nos gusta? La piedra de sus fachadas, la tranquilidad y educación de su gente, lo natural y tradicional de su cocina. Cuando vamos a Castilla, por eso, siempre sabemos que los días son cortos, que pasaremos frío y que buscaremos un hotel calentito, el románico, el gótico y el plateresco, la ausencia de prisa y los picos nevados al fondo de los paisajes. Y en ciertas épocas, la niebla.

El Duero y Zamora

El Duero y Zamora

 DSC_0103

Hace unos años, la niebla nos persiguió durante todo el viaje, o casi todo, como el frío. Descubrimos Zamora, Toro y su colegiata, con esa increíble piedra policromada del Pórtico de la Majestad, extrañamente poco conocido; Burgos, que es su catedral; Covarrubias entramado de madera; Lerma y el mejor cordero que hemos comido nunca. Silos y su convento de Santo Domingo, con su claustro y su ciprés, enhiesto surtidor de sombra y sueño. La niebla cala, enfría, da miedo en las carreteras, pero también queda estupendamente en las fotos, sobre todo cuando hay un río cerca, ya sea el Arlanzón o el Duero. 

Una calle de Toro, con la Colegiata al fondo

Una calle de Toro, con la Colegiata al fondo

Insisto, buscad Toro, entre Zamora y Burgos. No dejéis de ver el Pórtico gótico de la Majestad, dentro de la iglesia, cerrado ante las inclemencias del tiempo y maravillosamente conservado en sus colores y su intensidad musical. Digo musical, porque en una de sus arquivoltas están labrados en la piedra polícroma 18 músicos de la época, con sus instrumentos. Pero no dejaban hacer fotos a esa espléndida y anónima obra de arte. No importa, merece la pena ir a verlo in situ.

De una vasca para una Galle (colaboración)

Ulyfox | 19 de marzo de 2010 a las 20:20

He recibido la primera colaboración externa, con recomendaciones para un sitio que no conozco aún: el País Vasco. En un comentario anterior, Galle pedía consejos, porque se quiere ir a Lekeitio. Para ella, y para todos, estas recomendaciones, largas pero enjundiosas, de parte de la Vasca. Me ha enviado fotos, pero de momento no las he recibido bien. Cuando las tenga en condiciones, las pego. Gracias, y que aproveche:

 

Excursión al País Vasco

 

Aunque es una buena idea darse un paseo por la zona de Lekeitio, una de las más bonitas de Vizcaya. yo os propongo un recorrido empezando por la capital. Alguien que ha visitado hace poco la ciudad y a quien se lo recomendé me comentó que le parecía el mejor ejemplo de reconversión de una ciudad, “quien la ha visto y quien la ve”, organizada, limpia, moderna, volcada al turismo, estructurada, un casco antiguo rehabilitado y lleno de vida y por supuesto el Guggenheim.

  
Desde hace ya unos años, Bilbao hay que disfrutarla porque es verdad que el “efecto Guggenheim” ha hecho mucho por ella. Podéis daros una relajante vueltecita por el corte de la ría, justo por el camino que lleva o trae del famoso museo.
 

Si empezáis el paseo desde el Guggengeim podéis aprovechar y acabar en el Casco Viejo, en donde las barras de los bares de la “ruta de los pintxos” pone los pelos de punta. Allí en la céntrica Plaza Nueva tenéis que jartaros en el Victor Montes (aquí venían fotitos).  

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

La barra del Víctor Montes

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Este es el ambiente a las puertas de cualquier bar del Casco Viejo de Bilbao. 

Toda la parte del Casco Viejo es zona de poteo, o lo que es lo mismo ir de bar en bar bebiendo y comiendo. Si preferís la cervecita, tenéis que pedir zuritos, que no es otra cosa que un corto de cerveza y, si no, pues el típico pote bilbaíno, vino tinto o clarete. Por supuesto, también podéis probar el txakolí.

La variedad de pintxos van desde el calabacín relleno de gulas y birutas de jamón ibérico, mejillones con gelatina, tostas con huevos de codorniz y bacon, rabas, chistorra con bacon, pasas, sésamo y salsa de frambuesa y por supuesto las famosas gildas, banderillas de aceitunas con anchoas y piperrak (guindillas verdes). 

Os voy a dejar también un mapa con una ruta de poteo muy recomendable:Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.    
 

Ya sé  que se me nota que soy de Bilbao, no lo puedo evitar, pero la verdad que todo el que va queda “encantao”. 

Vamos ahora hacia la zona de Lekeitio. Hace unos meses hice una excursión por aquellos pueblecitos que hacía mucho tiempo no había visitado. Fue gracias a mi hija que, después de 16 años viajando dos veces al año a Bilbao, presentó una queja porque no conocía el Arbol de Gernika y aprovechamos para visitar también a un amigo surfero canario que conoció en Madrid (uff!! qué lío de niña) que estaba cogiendo olas en la playa de Mundaka. 

Toda esa zona está salpicada por un sinfín de pueblos que pillan a mano y no se pueden dejar de ver. Lekeitio está aproximadamente a 60 kilómetros de Bilbao.

Durante el viaje debéis parar por supuesto en Gernika y en el Castillo de Butrón, situado en el municipio de Gatika a unos 20 kilómetros de Bilbao, muy cerca de Mungía (os voy a dejar un planito para que os orientéis).

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Butrón se alza sobre un monte de poca altura que se encuentra en medio de un compacto bosque de robles. Impresiona bastante la visión de la construcción elevada y rodeada de vegetación. La historia de este castillo, que parece sacado de un cuento de hadas, se remonta al siglo XI, fecha en la que se construyó una torre típicamente medieval sobre la antigua casa de los Butrón. En el siglo XIV la torre primitiva fue transformada en un castillo inexpugnable. Sobre sus muros flotó siempre el temido pendón de los Butrones, los caudillos más famosos de la comarca y los más fuertes y pendencieros banderizos. 

Los pueblos pesqueros que se pueden visitar por su proximidad y belleza son Bermeo, Mundaka (punto de encuentro de surfistas de todo el mundo) Elantxobe y Lekeitio. En esta época son sitios muy tranquilos, con relajantes vistas, pero en verano se llenan de ambiente y la martxa está garantizada. Por comer y beber no os preocupéis: son pequeños y accesibles y los bares y restaurantes suelen estar concentrados alrededor de la Iglesia o el Ayuntamiento. Si queréis comer bien y barato, entrad en un Batzoki. 

Bueno, creo que voy a terminar poniendo algunas imágenes: 
 
 

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Lekeitio 

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Bermeo 

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Mundaka 

Gero arte eta ondo ibili, o lo que es lo mismo, hasta luego y andar bien (es la traducción literal pero es una expresión que se utiliza para desearte lo mejor)

 

 

 

 

La mítica higuera

Ulyfox | 19 de marzo de 2010 a las 0:32

Mi higuera en Grecia, no os riáis

Mi higuera en Grecia, no os riáis

Va por ti, Impugnator. Ahí está, en el centro del salón, enseñoreándose de la antigua chimenea derruida como toda la casa. Piedras y, entre las piedras, las raíces de este mítico árbol que tantos placeres daba a Jasón en su camino accidentado hacia el Vellocino de Oro. Es la higuera que ha crecido en la ruina que hemos comprado en Creta. La casa lleva decenios abandonada y ésa es una oportunidad que una higuera no puede desaprovechar. Estoy pensando en conservarla, pero claro, trasplantándola al jardín, que es esa zona que se ve detrás. ¿Cuándo? Algún día… Los dioses no temen al tiempo. Tienen a su dueño de su parte, a Cronos, principio de todo.

Y bien ¿qué os parece? Admito calificativos de todo tipo. A mí me gusta.