La gota mágica de Quíos

Ulyfox | 5 de marzo de 2010 a las 1:08

gota mastika

vieja mastika quiosSus habitantes griegos la llaman mastija, pero a los españoles nos llegó con el arabizado nombre de almáciga. Sólo en la isla de Quíos, en el Egeo nororiental, enfrente de la majestuosa Esmirna de dolorosos recuerdos, se produce esta sustancia pegajosa que lo mismo se convierte en goma de mascar que en cosmético, que aromatiza un delicado aguardiente o da sabor a los postres tradicionales. Sólo en Quíos se cultiva el lentisco, el arbusto de cuya resina se obtiene este resultado extraordinario.

Yo aún no sé si la palabra masticar viene de ahí o si es esta acción la que da nombre al producto. Lo cierto es que en estos extraños campos, los lentiscos brillan con multitud de perlas doradas al mediodía de septiembre, pero sobre todo al atardecer. Quienes los explotan hacen una y otra vez pequeñas incisiones en su corteza y esperan pacientemente a que la savia aflore y caiga al suelo, donde solidifica y es recogida.

Y desde hace siglos, las mujeres mayores de la región de la Mastihohoria (pueblos de la almáciga) componen una estampa común y tertuliante a las puertas de su casa, con las bolsas o barreños de resina a un lado y una especie de cedazo donde separan con las manos la mastija de hojas y otras impurezas. La selección del blanco fruto queda en cualquier envase, por ejemplo una tarrina de yogur. Una de esas mujeres nos explicó el proceso, que entendimos todo lo que nos permite nuestro elemental griego, de selección, lavado y elaboración. Luego se dejó hacer fotos, y nos dio a probar con una sonrisa la sustancia al natural. Es como un chicle pegajoso cuyo perfume arresinado y agradable permanece horas, y ha sido la base de la riqueza de la isla desde que se recuerda, al menos desde que en el siglo XIII los genoveses se apoderaron de su explotación y crearon pueblos fortificados para defender este tesoro.

Hoy los singulares y bellísimos pueblos de la almáciga son un atractivo turístico para viajeros especiales. Pero eso queda, de momento, para otro día.

Roma con chocos, aquí al lado

Ulyfox | 3 de marzo de 2010 a las 9:56

Tiene razón alguno de mis amables comunicantes cuando me dicen que no hay que ir tan lejos (a veces) para ver y sentir paisajes y gentes memorables. ¿Quién no conoce la playa de Bolonia, ese paraje grandioso a poco más de una hora en coche desde Cádiz? ¿Qué les voy a descubrir hablando de ella? Seguramente nada: sus evocadoras ruinas romanas, misteriosas por las maravillas que esconden aún, “esperando la mano de nieve que sepa arrancarlas” que diría Bécquer; su mar azul y profundo, helado; las montañas a su espalda, verdísimas ahora. Eso, lo que todos saben… o deberían saber. Pero es que estuve allí hace dos días y quiero contarlo. Contar lo del restaurante Las Rejas, hago publicidad gratis y tan a gusto, y lo de sus memorables chocos en su tinta, y lo de sus croquetas de ídem, su atún en manteca, su ensaladilla de pimientos, sus pescados recién cogidos, su arroces… Lo de la atención por parte de sus dueños es mejor que lo conozcan ustedes allí mismo. La conversación con Carlos y José Manuel incluye las risas. Tienen algo que le hace a uno desear que el negocio les vaya bien. Volvemos siempre y siempre es igual de familiar. Y con la bajada a la playa a diez pasos.

Está en el poblado del Lentiscal, tomando en dirección contraria a las ruinas de Baelo Claudia, a unos 400 metros más o menos. No recomiendo, sólo cuento lo que disfrutamos.

¡Buen viaje y buen provecho!

Una pensión en Turquía, con un libro

Ulyfox | 2 de marzo de 2010 a las 10:11

Taksiyarhis-Pansiyon_12_2_bAl poco de iniciar este blog, mi fiel Picaporte me preguntó por el mejor lugar para leer. Le contesté que cualquier terraza al atardecer en una isla griega. Y he de añadir la cama de cualquier buen hotel, haciendo un liaíllo con la almohada para adoptar la postura correcta. Pero probablemente uno de los mejores sitios para entregarse a una lectura inabandonable es una peculiar pensión en la ciudad de Ayvalik, en la costa norte del Egeo turco, justo enfrente de la isla griega de Lesbos. Y no lo digo porque lo experimentara yo mismo, sino por el éxtasis lector que acometió a Penélope en los cuatro días en que nos alojamos allí. Se trata de un establecimiento llevado por una mujer que ha recorrido el mundo y en el que se impone al huésped la deliciosa obligación de andar descalzos por todas sus estancias. Las cuatro mañanas nos despertó el pregón de un niño que vendía rosquillas de pan, tempranísimo, todavía a oscuras. Yo, perezoso, daba una vuelta en la cama y seguía durmiendo. No Penélope,que se levantaba poco después y se dirigía a la terraza, con un ejemplar de bolsillo de Los pilares de la Tierra a vivir el amanecer de una manera mucho más literaria. El sol se levanta en Turquía igual de temprano que los turcos, y desde los primeros rayos ella se sumergía en la lectura de tan recomendable novela de Ken Follet. Desde esa atalaya se divisa buena parte de las azoteas y minaretes del pueblo, y un poco a los lejos el mar Egeo de los troyanos. Pegada, la iglesia griega en ruinas que da nombre al establecimiento, Taksiyarhis. De hecho, la pensión es la antigua casa del párroco, supongo que huido como tantos helenos en las sangrientas guerras entre los dos países, hace ya casi cien años. En esa terraza de la Taksiyarhis Pansiyon, y en cuatro largas mañanas sentada en cómodo sofá turco, Penélope se acabó el largúisimo libro. Sólo el canto del almuédano llamando a la oración le hacía levantar la vista para disfrutar del bello sonido, y luego continuar la lectura. Y más de una hora después, mi llegada, que precedía a uno de los mejores desayunos del mundo (huevos, quesos, aceitunas, tomates, café, yogurt…) interrumpía el deleite lector para entregarse al de la excelente comida turca. Querido Picaporte, probablemente es el mejor lugar que conozco para leer.

La manera más recomendable, para mí, de llegar a Ayvalik es desde la isla de Lesbos, en poco más de media hora de barco. Hay que pagar visado y aguantar la espera interesada de los guardias, pero es una inmersión brusca y emocionante en el mundo turco. Muy cerca están Assos, donde enseñó Aristóteles, y ¡Troya! Al ladito, Pérgamo y un poco más lejos Éfeso. No sigo. Hay transbordador todos los días en verano. Si queréis llegar a Lesbos, hay al menos dos aviones diarios desde Atenas.

Si logro escanear las diapositivas, otro día colgaré mis fotos, pero de momento id mirando… y pensando en vuestras próximas vacaciones, pinchando esta dirección.  De nada

www.taksiyarhispansiyon.com

Aquella Habana antigua…

Ulyfox | 28 de febrero de 2010 a las 12:54

… que tanto en Cádiz dio que hablar con su pregonado parecido. Fue casi nuestro primer viaje, el de luna de miel, hace ya… Existía aún la Unión Soviética, y bajo su paraguas vivía la isla caribeña. No ha cambiado mucho la situación, excepto que la URSS ya es historia, el bloque comunista saltó por los aires y la Perla de las Antillas permanece fiel a un sistema fracasado. Ninguno es perfecto, pero preferimos el que no deja morir a la gente de huelga de hambre en una cárcel y permite que las ideas circulen e incluso conspiren contra él. El bloqueo norteamericano tiene culpa de muchas cosas, pero no de esta.

Cuando Penélope y yo viajamos a Cuba éramos unos inexpertos en casi todo. Con decir que se nos olvidó el bañador y un montón de ropa al hacer la maleta… Los compañeros de aquel viaje que nos salió tan barato se portaron estupendamente, porque casi no había ni ropa que comprar. En las fotos aparecemos con bañadores prestados. De risa. Menos mal que yo aún cabía en los bañadores de otros. Nos encontramos un país pobre pero muy digno. Nadie pedía dinero, si acaso los niños algún bolígrafo o caramelos. Los mayores querían cambiar por ron o puros las cosas más inverosímiles. Pero se veía a la gente contenta… si no fuera por los que nos perseguían para cambiar en el mercado negro dólares por pesos. Los más listos decían que eran agentes del propio Gobierno cubano, para así recaudar más divisas. No sé. La isla me pareció espléndida, pero chocante en asuntos como que había un horario para tomar cervezas, eso sí, el ron estaba disponible todo el día. Lo que más nos gustó: Santiago de Cuba y su ambiente, su música, y la playa de Guardalavaca.

En la Habana Vieja se notaba la mano de la Unesco en las pinturas, y también que era muy vieja en otros sitios, descuidados. Hace tanto… pero no le encontramos el parecido a Cádiz, si no era por la vista desde el borde marítimo del Malecón, algunas fortalezas, y la portada de la Catedral en la parte más histórica. Cambiamos dólares en el mercado negro y comimos, usando ese cambio ventajoso, una langosta grillé en el histórico Floridita, cuna del daiquiri, por muy poco dinero. Defraudamos como guiris listillos y nos volvimos con una ligera sensación de haber desaprovechado algo los 15 días. Pero es que éramos inexpertos en casi todo.

Otra forma de holgar en Atenas

Ulyfox | 25 de febrero de 2010 a las 16:35

tabernaNo todo son problemas y huelgas en Grecia. Estoy en campaña propagandística pro griega, lo admito. Los trabajadores griegos, hartos como muchos de que se les quiera hacer pagar una crisis que no han causado, han hecho una huelga general contra las medidas que Europa les exige para solventar su bancarrota. Yo, que amo Atenas y toda Grecia, constato que los griegos son belicosos cuando se ponen, como si el mismo Jerjes les estuviera amenazando de nuevo en las Termópilas, y no requieren mucha provocación para lanzar un adoquín, preferentemente contra la cristalera de un banco.

Pero hay otra imagen de Grecia, de la misma Atenas, mucho más amistosa, retratada en las terrazas de sus tabernas y cafés, innumerables. Como esta de la foto, la taberna O Platanos, en referencia al mítico árbol que sombrea tantas plazas griegas. Está en plena zona arqueológica de Atenas, siguiendo una callecita que sale junto a la Torre de los Vientos, ese antiguo reloj romano de agua cerca del Ágora, un rincón evocador como pocos, a trescientos metros en línea recta de la Acrópolis, apartada de la zona más turística del barrio de Plaka. Es la calle Diógenes, en un ensanchamiento. El que aparece al fondo en la puerta es el dueño, un hombre mayor y con el cuerpo ladeado a la izquierda de tanto llevar la bandeja en el hombro derecho. Comimos cordero estofado (para chuparse los dedos) y patatas, con un entrante de tzatziki, todo regado con una sola cerveza porque teníamos que volar pocas horas después. Me pareció auténtica y no sé si sobrevivirá al encargado.

Están ustedes invitados.

Las huelgas en Grecia

Ulyfox | 24 de febrero de 2010 a las 9:44

Los griegos están hoy de huelga general. Palabras mayores. La primera vez que estuvimos en Grecia Penélope y yo (hace 18 años, y ya van…) no nos encontramos con una huelga general, pero casi. Estaban de paro los autobuses urbanos, los empleados de las eléctricas, los bancos… Los griegos cuando protestan lo hacen en serio: los de la compañía eléctrica no se contentaban con no ir al trabajo, sino que directamente cortaban la luz en unos horarios determinados, y había que tener cuidado con coger ascensores a cierta hora, o con ducharse sin mirar el reloj. Nuestro primer souvenir en Atenas fue una linterna para poder andar por la habitación del hotel o por las calles de la capital, oscuras como boca de lobo. De cualquier forma, y extrañamente, paseábamos con una seguridad absoluta, sin ninguna sensación de peligro. Ese aire como antiguo de gente buena y confiada alrededor fue de las primeras cosas que nos enamoró de ese antiguo y castigado país, luminoso como pocos. Y desde entonces, cada año hemos vuelto a la tierra de Apolo y Dionisos, y algunos más de una vez. Qué queréis, los amores no se pueden explicar, aunque aunque ya iréis viendo algunas pistas de nuestra pasión en estas cartitas.

De momento, ¡viva Grecia!, y suerte para ellos

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Las torres de San Gimignano (Toscana I)

| 23 de febrero de 2010 a las 0:40

Torres en San Gimignano

Torres en San Gimignano

No somos maestros. Quiero decir de los que dan clases. Por lo tanto no podremos disfrutar de cuatro días libres seguidos este fin de semana del Día de Andalucía. Envidia. Nosotros no podemos coger todos los puentes, pero eso no quiere decir que no aprovechemos los que caen en nuestras manos. No hace mucho estuvimos listos y, juntando días libres, por fin pudimos cumplir uno de nuestros planes viejos: recorrer la Toscana en coche. Leer el resto del artículo »

En un lugar de Creta

Ulyfox | 21 de febrero de 2010 a las 14:25

El camarero era muy joven. “Esta taberna la hemos visto en la portada de una revista”, le dije en mi inglés tan malo como el suyo.  O sea, que nos entendimos rápido. “Sí, sí, en la revista ‘Travel’ “, dijo él. No sé si acertó. Era temprano para nosotros españoles, y sólo le pedimos una cerveza (“¿Heineken, Amstel, Mythos?” preguntan siempre en Grecia), que acompañamos con un plato de minúsculas aceitunas, poco más grandes que unos guisantes y sutilmente aliñadas. Las disfrutamos como si fuera caviar iraní, imaginando como debe saber el caviar. La temporada turística en el Este de Creta, mediado septiembre, estaba dando sus estertores, y además el viento golpeaba de manera inmisericorde. Pero había dos parejas de guiris almorzando y mirando el azul y violeta frente a sus ojos, o al revés. Sólo estuvimos una media hora. La taberna solitaria está en la playa de Hionas, y tiene unos pocos apartamentos por si quieres reinar al atardecer. Nosotros, sin embargo, queríamos llegar a Kato Zakros, un lugar sólo creíble cuando llegas. Pero de eso os hablaré otro día.

Taberna en la playa de Hionas, Creta

Si alguno estuviera realmente interesado en visitar Hionas, lo tiene fácil. Sólo requiere tiempo y ganas. Tiene que volar de Madrid a Atenas (en Iberia, pero hay mejores precios en Aegean Airlines fuera de temporada) y luego en la misma compañía o en Olympic de Atenas a Heraklion, capital de Creta; también hay vuelos a Sitia, una ciudad más pequeña pero más cerca de este lugar. En cualquiera de las dos, ya hay que alquilar un coche y recorrer una carretera no siempre en buen estado, digamos una hora y media. ¿Demasiado? Sí, pero una vez que estás en Creta, ¿para qué te vas a perder esta maravilla?. La taberna es familiar, con esa vista la comida debe de ser fabulosa y seguramente te regalarán el postre y el raki, maravillosa costumbre de las tabernas cretenses. No es para ir un fin de semana, es cierto. Pero nadie dijo que el cielo estuviera cerca.

Aquí estoy

Ulyfox | 18 de febrero de 2010 a las 20:29

Penélope contempla el atardecer en Santorini
Mil sitios tan bonitos como Cádiz… o más. Lo primero es que estuve tentado de titular este blog ‘Mil sitios más bonitos que Cádiz’, pero luego recapacité que es mejor no molestar, si alguien se puede molestar por reconocer la incomparable belleza de Venecia. En realidad, está feo comparar. Si queréis le ponemos a esto ‘Diario de Ulyfox’, en homenaje a Ulises y alusión a mi verdadero nombre.

Lo segundo es por qué viaja uno. Por qué viajo yo. A lo mejor, sólo para tocar con la punta de mis dedos la Puerta de los Leones de Micenas, que hasta entonces y durante años fue sólo el recuerdo fijo de una mala foto en blanco y negro en el libro de Historia del Arte de sexto de bachillerato. Es una razón ¿Viajo, entonces, para tocar lo que he soñado? Claro, me he movido para comprobar si La Habana se parece a Cádiz (no tanto), y para llorar ante las colosales Pirámides; y para alegrarme porque se me saltaron las lágrimas de verdad en el primer patio del templo de Medinat Habu, o ante el Friso de los Arqueros del palacio de Darío, no allá en la inaccesible Persia, sino en la sala dedicada a ellos en el Louvre.

Viajo porque sí y por muchas razones, o tal vez sin razones y sólo porque necesito moverme, como esos zumos que hay que agitar para que lo sabroso suba del fondo y adquiera su sentido.

El viajero es valiente a su manera, porque busca el encuentro con lo desconocido fuera de su hábitat. Y un sentimental, porque tiende a encontrar un lugar preferido. Yo ya lo tengo, y está bajo el cielo de los dioses griegos. Soy un viajero acompañado. Ella me guía (no es una alusión religiosa, por favor) y se deja guiar. Es una Penélope que no se quiso quedar esperando. Prepara los viajes y me deja los mapas.Y tiene mucho que ver en estos cosas que os iré contando. Bien escoltado es más fácil sentirse valiente.

Podéis llamarme Uly, y además de compartir mis rincones, me gustaría que intercambiáramos lugares, recuerdos, vivencias, sensaciones… y por supuesto consejos sobre cómo llegar, dónde dormir, dónde comer o dónde conversar en esos mil sitios… o más. Si hay que estar en el mundo, estáis en vuestra casa.

Buen viaje.