Archivos para el tag ‘amigos’

Vascos y sus cosas

Ulyfox | 26 de marzo de 2015 a las 14:13

El rito de la sidrería.

El rito de la sidrería.

No éramos una reunión común, no formábamos un grupo de excursionistas. Era más bien una de las convocatorias más singulares a las que he acudido en mi vida, una experiencia única. Nuestro amigo lo definió diciendo que haber estado allí era como un privilegio. No sé si nos encontramos un compendio del País Vasco, pero desde mi punto de vista era lo más parecido a eso que podíamos esperar.

Volvíamos a Bilbao antes de que pasara un año de nuestra primera y única visita. Quién nos lo iba a decir. Tantos años aplazándolo, tanto tiempo diciendo que casi lo único que nos quedaba por visitar de España era la tierra vasca (ahora ya sólo está pendiente Asturias) y en el corto espacio que va desde mayo pasado a este marzo ya hemos estado dos veces. Naturalmente, no fueron sólo el ambiente de la capital vasca, su arquitectura ni su gastronomía, que por supuesto que sí, lo que nos llamó de vuelta. Ya lo he dicho muchas veces: fue sobre todo esa cuadrilla que integramos en una noche de sábado entre potes, barras y risas. Y además, esta vez Verónica, Joseba, su familia y sus amigos nos tenían preparada una, o mejor varias sorpresas.

El lluvioso y peculiar sábado empezó a una hora y media de coche de Bilbao, en el cogollo de la comarca de El Goierri, lo que nuestros propios anfitriones llamaban la “Guipúzcoa profunda” y, más jocosamente, “el corazón de Giputxilandia”. Una comarca verde a la vista, pero en realidad verde, blanco y rojo, los colores de la ikurriña y del sentimiento nacionalista, en el corazón. Estábamos en Lazkao, que en castellano se conoce más por una denominación que sólo nos suena como apellido: Lazcano. Allí están el Archivo de Lazkao y su extraordinario creador, recopilador y cuidador, el benedictino Juan José Agirre. Nos había hablado Verónica con entusiasmo de este personaje, alto, todavía espigado y muy ágil a sus más de ochenta años, que con una pasión propia de vasco y una rigurosidad y paciencia de monje ha logrado reunir todo lo reunible sobre la historia de la Transición en el País Vasco. Y al decir todo queremos decir papeles, folletos, panfletos, carteles, comunicados, fotografías, libros… todo lo que circulaba por Euskadi en aquellos años ilusionantes, trágicos, alegres y tristes en los que el país tuvo un parto aún más doloroso de lo que se nos ha contado para dar a luz a la democracia.

Juanjo Agirre da explicaciones sobre uno de los incunables guardados en el Archivo de Lazkao.

Juanjo Agirre da explicaciones sobre uno de los incunables guardados en el Archivo de Lazkao.

En el Archivo nos reunimos de pronto y conforme íbamos llegando, cuatro gaditanos y 19 vascos. Y entre estos, la muestra demográfica improvisada: la viuda y la hija de un periodista asesinado por ETA; un ex etarra reinsertado; un ex gobernador civil de Vizcaya con el PSOE; la hermana de José Antonio Zabala, uno de los tristes protagonistas del ‘caso Lasa y Zabala'; un alto cargo de la Ertzaintza y una miembro importante del cuerpo; varios periodistas, entre los que estaban los antiguos directores del nacionalista Deia y de los ‘abertzales’ Egin, Gara y Egunkaria, considerados estrechamente vinculados a lo que los más exquisitos llamaban el “entorno de ETA”, cien veces perseguidos por la justicia; una encantadora y animosa pareja con caserío, encargada de buscar todos los años una sidrería para remojar el encuentro, y cuatro españoles venidos de Cádiz. Creo que sólo faltaba una pareja de guardias civiles para completar una película que, visto el reparto, podía desembocar tanto en una comedia satírica como en un drama de fondo político. Aunque Verónica nos había adelantado algo en conversaciones telefónicas, no dejaba yo de sentir cierta tensión y expectación interior, que se debatía entre las ganas de preguntar y una quizá malentendida discreción ¿Para qué nos habíamos reunido, para hablar o para no hablar de “eso”? ¿Qué era más adecuado, preguntar sobre el hermano torturado, sobre el padre asesinado, sobre sus sentimientos a un criminal condenado, o dejar que el circunloquio educado llevara al tema?

Ese era mi cacao mental mientras Juanjo, como le llamamos desde el principio, nos enseñaba las maravillas antiguas que atesora su archivo a la vez que nos iba rodeando todo con su discurso de recopilador de huellas del conflicto, del nacionalismo y de la Transición, mientras contaba entre mediasbromas cómo el juez Garzón lo quiso relacionar con la red de apoyo a ETA, y la visita que le hicieron 15 hombres “de paisano”, cuando él -decía- lo único que hacía era limitarse a recoger papeles de todo signo. Lo cierto es que Lazkao guarda, gracias a él y a su paciencia insistente, cientos de miles, seguramente millones de documentos, y que escritos en ellos debe estar la historia diversa de una época crucial y aún no terminada. Muchos de ellos, como los de Juan María Bandrés, están allí, pero prohibidos a la vista aún por su carácter delicado. Sí pudimos ver el primer comunicado de ETA y su libro blanco fundacional, e intuir muchos más, miles de carteles, revistas, periódicos, documentación de partidos, asociaciones, gestoras, grupos… todo lo que bullía en tres provincias pequeñas, antiguas y mecidas por el odio y la esperanza de todos y por el enfrentamiento y el compañerismo no sé si a partes iguales.

A esas alturas, lo que se había estado gestando desde hacía meses como un encuentro de sidra y chuletón, con correos y llamadas telefónicas que viajaban del norte al sur, tenía visos de ir a convertirse en algo más y muy diferente. La delicia estaba en escuchar a Juanjo hablar de su trabajo y sus incunables, en tocar alegremente y sin precauciones libros con cientos de años, vivas demostraciones de que el papel no ha muerto. Así transcurría la visita. Pero incluso el dominico locuaz de fuerte acento y hablar disperso se puso serio cuando nos llevó a una dependencia pequeña repleta de libros, con una mesita en el centro. En torno a ella nos apretamos los integrantes del heterogéneo grupo. Encima había un cofre de madera con la tapa labrada con un laubur, esa especie de svástica curva que se ve en muchos lugares del País Vasco, y dentro de ella otra cajita. El fraile explicó, con su dosis de misterio, la historia del paquete, y mostró su contenido: guardaba los casquillos de las balas que mataron a Juan Paredes Manot, alias Txiki, uno de los cinco últimos terroristas fusilados por el régimen de Franco en septiembre de 1975, apenas dos meses antes de la muerte del dictador. Venían con un escrito de la abogada del etarra, que certificaba la procedencia de esos casquillos, fotos y algunos documentos más. A mí me vino en seguida a la cabeza la canción Al alba de Luis Eduardo Aute, compuesta con ese motivo. No sé si fue lo más adecuado que fuera la hermana de Zabala la que leyera el certificado de la abogada en ese momento en voz alta para todos. Seguramente Juanjo no se dio cuenta cuando le dio el papel para que lo recitara. Un segundo de estremecimiento al menos recorrió la habitación débilmente iluminada. Diría que sólo se oyó en ese momento la fuerte lluvia que caía afuera. Y, ahora, pasados unos días, rememorando aquella escena con un cura, un convento y un cofre misterioso, me pregunto cuánto había en ella de veneración de aquellos mortíferos objetos como reliquia de mártir.

Las últimas balas del franquismo.

Las últimas balas del franquismo.

No sé si fue un exorcismo o algún tipo de ritual, pero a partir de ahí la visita volvió al modo cultural y el dominico octogenario de nariz aguileña se apresuró (y esto es literal, no imagináis como ese hombre corría por los pasillos) a mostrarnos varios incunables, libros censurados por la inquisición, tesoros cartográficos, un cantoral con las hojas hechas de piel de oveja (“hizo falta un rebaño para fabricarlo” contó expresivamente), y por último su joya personal, un libro hecho por él mismo, en los cinco idiomas de la Península, castellano, catalán, euskera, gallego y portugués, e iluminado a mano con miniaturas hechas al modo medieval: en esta obra maestra de paciencia y tiempo libre Juanjo ha escrito la regla de la orden dominica, las normas presididas por el gran lema de San Bernardo: ora et labora, reza y trabaja.

El orgullo de Juanjo, su obra.

El orgullo de Juanjo, su obra.

Vino después la sidrería, el motivo original de nuestro viaje, ya todos con hambre y ganas de beber. Todo eso había que remojarlo y quizá rumiarlo. El lagar, Sidrería Urbitarte, en Ataun, era una especie de gran chozo en medio del monte, al lado de una carretera que transcurría entre prados, caseríos y ovejas muy lanudas, aplicadas a su manera en las labores previas de fabricación del fabuloso queso Idiazábal. Llegamos y ya había gente haciendo cola ante los tanques de sidra, aguantando el sirimiri. Dentro, varios grupos sentados en mesas alargadas. Nos pusieron en mesas separadas, y empezó la fiesta. Había que levantarse a empezar a beber. El rito es el siguiente: alguien abre el grifo de la kupela (los barriles o botas) y al final del chorro se coloca el vaso. Hay que procurar que el chorro golpee contra las paredes del vaso, se llena poca cantidad y se bebe de un trago. Si queda algo, se tira al suelo y se sigue la ronda. Así, cuantas veces quieras. De vez en cuando, los encargados del local gritan ¡txotx! que es algo así como el aviso de que va a abrir alguna kupela exclusiva, y entonces todo el personal se levanta hasta ese tanque. Tiene su gracia.

Algo espectacular!

Algo espectacular!

Tres de los gaditanos que dieron cuenta de la txuleta vasca.

Tres de los gaditanos que dieron cuenta de la txuleta vasca.

El menú de sidrería es siempre el mismo, con un precio por persona y pudiendo repetir las veces que quieras: tortilla de bacalao, bacalao frito con pimientos y chuleta, que aquí llamaríamos chuletón y que en esta ocasión era la carne más sabrosa que he probado en mi vida, de por lo menos cinco centímetros de grosor, hecha en su punto perfecto de cocción, quemadita por fuera, una maravilla. De postre, queso Idiazábal  de allí al lado con membrillo y nueces. Al parecer, esta costumbre de las sidrerías no es muy antigua, y antes sólo la practicaban los comerciantes de sidra en la temporada de elaboración, cuando acudían a los lagares a probar la sidra de temporada, de enero a marzo, y se llevaban algo de comer para acompañar esta sin duda ingrata tarea. Ahora, hay excursiones masivas los fines de semana de todo el País Vasco a las sidrerías, sobre todo a las guipuzcoanas, las mejores por tradición. Comimos muy bien. A mi lado, aunque separados por el ex gobernador civil, no sé si como involuntario intermediario, se sentó el ex etarra. No hubo forma de entablar conversación con él. Respondía con frases cortas y parecía ido, contó que se dedicaba a los maratones. Me enteré por el intermediario de que tenía dos asesinatos a sus espaldas, 24 años de cárcel y un arrepentimiento al menos oficial que le ha permitido salir de la cárcel no hace mucho y tener un trabajo, que ha entrado en un programa de encuentros de reconciliación con víctimas y que incluso se ha hecho amigo de verdad de una de ellas. Es más, buena parte de toda aquella reunión en la que participábamos parecía ser parte de ese programa de reconciliación, como una especie de terapia de grupo no se sabe si oficial o personal, una ceremonia que nació hace años, y que ni siquiera sé si se puede contar.

Dos seglares y un cura compatiendo sidrería.

Dos seglares y un cura compatiendo sidrería.

En realidad, luego se pudo comprobar en el larguísimo epílogo de la comida, con las copas en la mano, todos parecían necesitar hablar de eso, eso sí, de buen ánimo. Me dio la impresión de que no han podido superar aún lo que ellos mismos llaman los años de plomo, tantos miles de días conviviendo con un terror que llegó a parecerles normal pero que les persigue, tanta defensa de un nacionalismo que sienten incomprendido desde fuera. Debe de ser todo muy complicado, doloroso y esquizofrénico, en un hábitat pequeño en el que absolutamente todo el mundo es o conoce, o comparte amistad o sangre, o simplemente vecindario y mercado, colegio de los niños, con un verdugo o una víctima, cómplice o colega, encubridor o delator, y en el que tenían y tienen que seguir viviendo. El policía no podía entender que en Andalucía no hubiera ni asomo de nacionalismo ni, por supuesto, ganas de defender ese ideal hecho de cromosomas, tradiciones, paisajes, solidaridades, afrentas e himnos. Es un conversador magistral y apasionado. Le dije que existía incluso la posibilidad de convencerme si empleaba como arma sólo las palabras. “Puedes cachearme, si quieres”, me respondió con una sorna desarmante. No llegamos a un acuerdo porque por mi parte no había siquiera desacuerdo, yo, que tengo mi patria repartida, como mi corazón, entre tantos sitios. Y uno de ellos es desde hace poco esa Euskadi, la de gente apasionada y acogedora, de paisaje verde y civilizado, la que nunca, creo, debió disparar ni justificar o por lo menos tuvo que parar mucho antes de hacerlo. Pude ver en esa reunión que ahora están intentando una reconciliación entre ellos, los más dañados, que aún están curando sus heridas.

Un poco antes, en la sidrería, ante tanta controversia, yo terminé prefiriendo entablar animada conversación con el dueño, un enorme Demetrio Terradillos que nos dio a probar su selección personal del afrutado líquido, con un reconocible aroma y sabor a manzana, y nos contó que todos los años viene a Sanlúcar.

¿Volvería? Sí, porque me gusta la gente, sus historias y sus secretos. Sobre todo, éstos, y me quedaron un montón por desvelar. Me provocan unas ganas enormes de conocerlos, pero aún no sé qué pintábamos allí los cuatro gaditanos. Tal vez éramos invitados de honor, honrados por la extraordinaria amabilidad de Verónica, tal vez sólo espectadores privilegiados, o bien, quién sabe, actores secundarios pero imprescindibles para una trama que está ahora en su nudo más difícil y que ojalá alumbre un desenlace feliz.

Y  veréis otra igual y diferente manera, con el corazón a borbotones y el lenguaje magistral, de ver aquel día si pincháis aquí:

http://www.lobeli.net/os-acordais-de-la-entrada-del-etarra-y-el-viaje-a-bilbao/

La llamada

Ulyfox | 8 de marzo de 2015 a las 13:03

Interior de La Alhóndiga de Bilbao.

Interior de La Alhóndiga de Bilbao.

 

Esta vez no iremos tan lejos, pero iremos. Este viaje que emprenderemos pronto es en realidad una continuación de otro, pertenece a la serie que nos gusta, la de los trayectos que una vez realizados dan ganas de repetirlo, los que te dejan con ganas de más. Es decir, que volvemos a Bilbao, respondiendo a la llamada y cumpliendo el compromiso que sellamos entre txakolís y cervezas hace menos de un año. La cuadrilla de animosos y divertidos que nos acogió con tanto cariño nos comprometió a volver, a realizar la visita a la sidrería de Lazkao, lo que nos quedó por cumplir, y allá que vamos, a cumplir con lo pactado como si nosotros mismos fuéramos vascos. Serán solo algo más que un par de días, apenas nada, quizá, seguro, sólo por el ansia de respirar otro aire, por la necesidad de beber otras aguas y oír otros acentos, estrechar otras manos o juntar otras mejillas. Es decir, la causa de donde nace toda gana de viajar.

En la ría, junto al Casco Viejo y frente al Mercado.

En la ría, junto al Casco Viejo y frente al Mercado.

DSC_5722

Será por apoyarnos en otras barras y subir y bajar otros puertos, pero sobre todo es porque tenemos ganas de verlos, a ellos, a la cuadrilla, un grupo humano tan diverso y divertido, que viene de la misma raíz o si no, debería. Y sí, claro, recorreremos de nuevo las calles viejas y nuevas, antiguas y futuras del Bilbao que nos encantó, a lo mejor buscamos un muelle donde sentarnos o anclamos frente a unos pintxos. El caso es navegar con un refugio seguro siempre al alcance. O no.

DSC_5733 DSC_5731

No nos había ocurrido nunca hacer tantos amigos de pronto, en una noche, como nos pasó en la capital vizcaína. Excepto en alguna isla griega. Quién hubiera tal ventura siempre. Personas tan distantes y distintas acercadas por mor de la risa franca. Ya veis, la esquina más luminosa puede aparecer al doblar cualquier calle. Por eso no hay que dejar de andar. Quién es capaz de pronunciar con seguridad la frase ‘como en casa en ningún lado’ sin haber explorado el inmenso poliedro mundial. A veces, sólo con salir a la calle con los ojos abiertos basta.

Un estupendo lugar para comer.

Un estupendo lugar para comer.

Por todo eso, Bilbao otra vez. Y esta vez con dos grandes amigos de lo propio y lo ajeno. Y lo veremos para contarlo, desde las animadas y gastronómicas Siete Calles hasta el Guggenheim.

Las calzadas de Mallona, casco Viejo.

Las calzadas de Mallona, casco Viejo.

En el Portal de Zamudio, centro de las Siete Calles.

En el Portal de Zamudio, centro de las Siete Calles.

Las alegrías de la guía

Ulyfox | 2 de noviembre de 2014 a las 21:33

Una mañana radiante en Kato Zakros desde los apartamentos Terra Minoika.

Una mañana radiante en Kato Zakros desde los apartamentos Terra Minoika.

La Canea, septiembre de 2014.

La Canea, septiembre de 2014.

Antes de volver a Creta este pasado septiembre fantaseábamos con la idea de ir paseando por alguna de sus ciudades, pueblos o playas y encontrarnos de pronto con alguien que llevara nuestra guía (ya sabéis, esta: http://www.anayatouring.com/Guias/creta/ ) y presentarnos como los autores, y comentar cosas, y contar nuestra historia, y si hiciera falta dar algún consejo sobre la marcha, y preguntarles temerosos si les había gustado… ¡Pues nos pasó! Y no una sino dos veces.

 

Cenando en el Glossitses de La Canea con Isabel y Santiago, dos de nuestros lectores.

Cenando en el Glossitses de La Canea con Isabel y Santiago, dos de nuestros lectores.

Bien es verdad que una de ellas ya la teníamos preparada. Una pareja de León, Isabel y Santiago, nos escribió hace un tiempo diciéndonos que habían comprado la guía y que se iban a Creta con ella. La feliz casualidad era que coincidía su estancia con la nuestra, así que nos citamos en La Canea en lo que luego resultó una hermosa y larga velada de charla, vino, mejillones, pulpo y sardinas que empezó en una cervecería del puerto, continuó en el maravilloso restaurante Glossitses con la especial atención de su dueño, Christos, y finalizó en el hotel Helena, que coincidentemente también compartimos. Isabel y Santiago parecían encantados con Creta y excuso deciros que eso no nos sorprendía en absoluto. Comentamos la belleza de la isla, la amabilidad de sus gentes, la excelencia de su acogedora hostelería y nosotros participábamos en la conversación con la complacencia de quien oye hablar bien de los suyos. Naturalmente, de aquello derivó un gran deseo de devolver la visita en León. Seguro.

El otro encuentro fue una deliciosa sorpresa en uno de nuestros lugares favoritos de Creta, Kato Zakros, en el extremo oriental, en donde pasamos dos noches invitados por Stella e Ilías, los afortunados dueños de los aparatamentos Stella y Terra Minoika, un paraíso que es como un compendio de la isla con su playa, sus olivares, su garganta, sus tabernas y su importantísimo palacio minoico en unos pocos cientos de metros cuadrados. Esa noche habíamos ido a cenar a la Taberna Nostos porque habíamos resuelto despedirnos del lugar con una kakaviá (suprema sopa de pescado). El dueño, el charlatán Christóforo, ya nos conocía de anteriores ocasiones y había visto también la guía, al igual que sus hijos Angelikí y Kostas. Cuando la hija nos vio llegar nos dijo: “Os tenemos una sorpresa”, sin añadir nada más. Pero al entrar en la preciosa terraza junto al mar vimos en una mesa la inconfundible portada roja del libro, y sentados ante ella a una pareja muy joven. “¡Ah, mira!”” exclamó Penélope, y la argentina Alfonsina y el catalán Charli volvieron la cabeza y nos sonrieron. “¿Sois vosotros los autores?”, preguntó el joven, y nos explicó que habían estado almorzando y que Christóforo les contó que estábamos allí y que por la noche iríamos a su taberna. Y nos esperaban, y nos dieron la satisfacción de decirnos que estaban en ese pueblo y esa taberna, precisamente porque la guía lo recomendaba.

Cantando con Christóforo en su taberna, Nostos, en Kato Zakros.

Cantando con Christóforo en su taberna, Nostos, en Kato Zakros.

El zalamero dueño apareció entonces y volvió a hacer las presentaciones. Y eso dio lugar, naturalmente, a una cena enorme de sabrosísima sopa, y vasos de rakí prolongados. En un momento dado Christóforo contó que su hija se casaba en diciembre, y que había puesto dos condiciones para la boda: que, en contra de la costumbre, no hubiera pistolas ni disparos al aire, y que, otra tradición, Angelikí no tuviera que bailar con todos y cada uno de los parientes y amigos del novio. Y que a cambio, él iba a cantar en la boda. “Porque yo soy cantante -dijo- y tengo varios premios”. Ahí me vine arriba, tal vez por el abundante rakí, y le entoné un estribillo griego para ponerlo a prueba: “An zimizís t’oniró mou, se perimeno narzís…“, que no es otra que la versión original en griego del gran Mikis Theodorakis de la Luna de miel que luego cantaron en español Gloria Lasso y Paloma San Basilio: “Ya siempre unidos, ya siempre, mi corazón con tu amor…“. (Aquí os podéis hacer una idea de lo bien que suena en griego, por Yiannis Parios en el auditorio de Likabitos, casi en el cielo de Atenas:  https://www.youtube.com/watch?v=L7W_s5oZiH8  ). Christóforo recogió el guante y los dos completamos la estrofa enlazados por los hombros. Y luego siguió también un trozo de Ítane mia forá de Nikos Xylouris, y un amago de Los niños del Pireo. Por supuesto, después de los cantos regionales y de la exaltación de la amistad, nos invitó a la cena.

Otra tarde más en La Canea.

Otra tarde más en La Canea.

No habían terminado las alegrías proporcionadas por nuestra pequeña pero bienamada obra. Ya en La Canea, nos llegó que el dueño de la librería Mediterráneo, en el puerto veneciano, quería hablar con nosotros de la guía, que se vendía en su establecimiento y que le había gustado mucho. Y era verdad, puesto que después de comentar lo que él entendía como cualidades del libro, nos hizo una sorprendente propuesta: que era una pena que sólo estuviera en español, a fin de cuentas un idioma minoritario entre los visitantes de Creta, y que estaba dispuesto a traducirla a otros idiomas más usados como el inglés, el alemán, el italiano o ¡el ruso!, que la traducción y la distribución correrían por su cuenta… Lo paramos, claro, eso no dependía de nosotros, sino de la editorial. Insistió en que lo pusiéramos en contacto con ésta… y ahí estamos: la propuesta está en manos ahora del director general de Anaya Touring. No creemos que llegue a buen puerto la cosa, pero ¿quién sabe?

La Canea, veneciana y turca, la joya de Creta. Para daros las gracias.

La Canea, veneciana y turca, la joya de Creta. Para daros las gracias.

Y lo último, no os canso más, ha sido a nuestra vuelta. Nuestra querida editora Ana López nos comunicó hace unos días que la guía está ¡AGOTADA! y que están pensando en una reimpresión para finales de año. No hay ejemplares en sus almacenes, pero seguramente sí quedarán en los puntos de venta. De todas formas, según ella es algo inusual para un destino como Creta, en el que los comerciales de la compañía no confiaban. Afortunadamente, sí confiaron los que más saben: el hasta hace muy poco director de Anaya Touring, Pedro Pardo (vaya usted a saber por qué dejó en manos de un desconocido la escritura de esta guía…)  y la propia Ana. ¿Qué más podemos pedir en apenas siete meses de vida de esta modesta obrita? ¿Cómo os podemos dar las gracias?

Celebración capital

Ulyfox | 29 de octubre de 2014 a las 2:01

La Gran Vía, y debajo, la plaza de Callao y la calle Princesa.

La Gran Vía, y debajo, la plaza de Callao y la calle Princesa.

DSC_1836

Ha sido con un motivo lleno de 30 razones, una por año, al menos, un aniversario, 30 causas que celebrar, ya sabéis. Y nos fuimos a Madrid el fin de semana. Siempre nos ha gustado la capital, desde aquellos lejanos años de carrera, aquellos jardines de la Complutense que no he vuelto a visitar. Muchas veces es Madrid una parada de horas para nuestros viajes, muchas veces ha sido estancia corta, lo suficiente para ver a los amigos y repasear antiguos pasos, asombrarnos de los cambios, perdernos en las calles que yo creía conocer después de cinco años de estudios. Mucha gente prefiere Barcelona, y sin embargo yo me siento comodísimo en Madrid.

No sé si sabéis qué plaza es esta.

No sé si sabéis qué plaza es esta.

Y nos fuimos a Madrid, a homenajearnos y homenajearla con lo más genuino. Intentamos un restaurante moderno y premiado, Diverxo, imposible por las reservas. Y nos dijimos ¿qué nos apetece en realidad? y nos contestamos: un buen cocido madrileño. Ahí apareció la taberna La Bola como recomendación de experto tan reputado como Peluso y corroboración de quienes viven allí desde siempre.

El Hotel Victoria, entre las plazas del Ángel y de Santa Ana.

El Hotel Reina Victoria, entre las plazas del Ángel y de Santa Ana.

Una colorida Plaza del Ángel.

Una colorida Plaza del Ángel.

Es tan fácil llegar a Madrid ahora en tren… recordé aquellos viejos tiempos de expresos y rápidos de doce horas. Ahora te plantas en el centro en poco más de tres horas y media, y con una gran calidad de asientos. Apenas el rato de repasar el periódico, echar una cabezadita y tomar algo y apareces en la siempre sorprendente Glorieta de Atocha, antaño gris de scalextric y abandono, hoy espléndidamente abierta y casi acogedora. Observé con cierta extraña alegría que el Ministerio de Agricultura, el Hotel Mediodía e incluso el Hospital ahora Museo Reina Sofía tienen ahora colores y claros. Me alegré al comprobar la supervivencia de El Brillante, de sus bocadillos y sus sándwiches que tantas cenas proveyeron, aunque se han producido las evitables muertes del bar Iris y el Agustín (inolvidables morcillas de arroz para el hambre de estudiante). Casi, casi como si fuera ayer en la noche de ese viernes contemporáneo.

Aquí se imprimió por primera vez el Quijote. Un respeto.

Aquí se imprimió por primera vez el Quijote. Un respeto.

Llegamos de noche, a un Hotel Paseo del Arte ( http://www.hotelpaseodelartemadrid.com/ ) abarrotado. Bastante bien. Enfilamos, como tantas lejanas veces, calle Atocha arriba, para entre las demasiadas tiendas asiáticas nuevas, reconocer aún la ornamentada placa que conmemora que en aquella casa de la esquina estuvo la imprenta donde se hizo la primera edición del Quijote. Reverencia. Arriba, plaza del Ángel del Café Central, plaza de Santa Ana de cervecerías rebosantes y recuerdos toreros, excelente Natural Beer, asombro por la abundancia, el Teatro Español con caras célebres en sus carteles. Y luego paseo por plaza Mayor en busca del Mercado de San Miguel, centro gastronómico que nos pareció, aun su fama, bastante artificial, un poco rota la huella en mi memoria de su arquitectura de hierro decimonónica en mis deambulares estudiantiles por el barrio de los Austrias, entonces todavía un Madrid en el que se podía respirar el aire zarzuelero o galdosiano. Fue la primera noche.

Las limpias fachadas ahora de la calle Arenal.

Las limpias fachadas ahora de la calle Arenal.

El Palacio de Oriente...

El Palacio de Oriente…

Escena en la plaza de Oriente...

Escena en la plaza de Oriente…

La plaza de la Villa...

La plaza de la Villa…

El sábado era el día. Primer turno en La Bola, es decir a la una y media de la tarde. Con tiempo para repasar antes, a la luminosa luz de este otoño, lo que entrevimos de noche. Con un desvío al Callejón del Gato a mirarnos en los espejos deformantes donde el Valle Inclán que me acompañó en Madrid vio nacer el esperpento con los ojos de Max Estrella. Que ya no son los mismos espejos, pero nos valen también para la reverencia. Con una extensión a la zona de Ópera y Palacio de Oriente, peatonalizados y tomados por los viandantes ociosos y los artistas o vividores urbanos. Aire de gran ciudad con tono amable.

El homenaje esperpéntico a Valle Inclán en los espejos del Callejón del Gato.

El homenaje esperpéntico a Valle Inclán en los espejos del Callejón del Gato.

Azulejos en las tabernas del centro.

Azulejos en las tabernas del centro.

Es La Bola ( http://www.labola.es/  ) una taberna centenaria, bella de fachada roja e interior de maderas oscuras, con camareros en blanco y negro, bien alimentados y discretamente chistosos, expertos en servir y explicar la forma de comer el cocido, sabroso y recordable, en sus tres vueltas: la sopa, los garbanzos con repollo, y la carne, con sus salsas y su ritual lento. El establecimiento ofrece una interesante posibilidad, la de pedir cocidos individuales en olla, así que nos permitimos pedir aparte un arroz a la madrileña, que no es sino este cereal hecho en el caldo y con la carne del cocido. Y lo mejor que se puede decir es que no sabemos si estaba mejor el arroz o el plato primitivo. Dos horas de disfrute tradicional, con un vino tinto de la casa bastante agradable, sus cafés, su sorbete y su aguardiente final por cuenta de la casa, por un precio muy arreglado. Os lo recomiendo desde ya como fuente de inagotables recuerdos. Me hablaron también de otro sitio, Malacatín, pero ya os digo que es imposible coger un sábado de aquí a febrero.

Ante uno de los templos del cocido madrileño.

Ante uno de los templos del cocido madrileño.

Disfrutando dentro de La Bola.

Disfrutando dentro de La Bola.

La Bola, una hermosa taberna madrileña.

La Bola, una hermosa taberna madrileña.

Lo recomendable después de esto dicen que es una siesta, pero preferimos no caer en la tentación ni librarnos del mal, y para reposar el banquete nos metimos en un cine de Callao (estupenda ‘Relatos salvajes’), y luego paseamos por la calle Preciados, Puerta del Sol, aún tuvimos ganas de merendar churros en la agigantada Churrería San Ginés… sólo nos faltó acudir al espectáculo de Lina Morgan para cumplir con el decálogo del antiguo provinciano que visitaba la capital. Disfrutamos, qué queréis que os digamos. Como lo seguimos haciendo cuando esa noche nos reunimos con amigos eternos, viejos camaradas de la Facultad por cuyas risas no pasan los años como los calendarios no muerden nuestras ganas de vernos, contarnos, asombrarnos, relatarnos, abrazarnos ni planear futuros encuentros. Por los siglos de los siglos.

Al cine en Callao.

Al cine en Callao.

Churros en San Ginés.

Churros en San Ginés.

Y sí, fuimos al Prado para despedirnos de Madrid al día siguiente, para saludar también a El Bosco, a Velázquez, a Goya… para seguir echándolos de menos en nuestro duro invierno de esta tierra eternamente aprendiza y muchas veces ignorantemente arrogante.

Despedida con arte, en El Prado.

Despedida con arte, en El Prado.

 

Idas y vueltas

Ulyfox | 9 de junio de 2014 a las 13:33

La escultura 'Gure aitaren etxea' de Chillida, en Guernica.

La escultura ‘Gure aitaren etxea’ de Chillida, en Guernica.

Por lo que se ve, y según defiendo, la gente se parece en todos los sitios, se ríe con cosas muy similares y sufre cuando se les hace daño en según qué partes. Si la gente se reúne, suele acabar charlando y soltando bromas, o canciones, o preguntándose por la familia o haciendo planes o criticando a otros, ya sea esto en Creta, Andalucía, Italia o el País Vasco. Así que no me extraña que un grupo de vascos haya decidido crear una página que es una empresa y una nueva región universal llamada Euskádiz: http://www.euskadiz.com/

Le debemos a uno de sus creadores, el despierto Antxon, ese hombre cuya mirada por encima de su bigote parece estar siempre tomando partida, analizando y buscando respuestas, muchas de las buenas pistas que seguimos en nuestra reciente visita a Bilbao y San Sebastián. Él, junto con sus socios, se ha empeñado en materializar, en hacer patente el puente que desde hace siglos existe entre nuestra tierra y la suya, y que quizá se evidencie en las mismas ganas de reír, de comer y de tolerarse. Así, organizan viajes de ida y vuelta, montan excursiones y preparan convivencias entre gentes del Norte y del Sur, doblando el mapa metafóricamente para que Cádiz y Euskadi no dejen nunca de tocarse. Les oigo y me identifico con ellos, y por eso me dio tanto gusto decirles, la última vez que los vi, que nos había encantado su tierra, y que habíamos disfrutado con su gente, con ellos, que en sólo una tarde habíamos hecho un grupo de amigos, habíamos logrado tener cuadrilla en Bilbao ¿Dónde están los tópicos que dicen que la gente del norte es más reservada? Nos bastaron esas horas en Bilbao, como nos han bastado dos ratos en Cádiz con Antxon para desmontarlos. Así que a partir de ahora, esta página, este espíritu quedan enlazados desde este modesto blog ¡Aupa!

Y eskerrik asko!

La cuadrilla

Ulyfox | 9 de mayo de 2014 a las 12:16

Dani, Elena, Joseba, Verónica, Penélope, Uly, Carmen, Arantxa, Jorge, Izaskun y Javi, la nueva cuadrilla, ante el Café Iruña.

Dani, Elena, Joseba, Verónica, Penélope, Uly, Carmen, Arantxa, Jorge, Izaskun y Javi, la nueva cuadrilla, ante el Café Iruña.

 

Fue casi lo último, como el prólogo del epílogo de nuestro reciente viaje, pero es obligado hacer de esta ocasión la primera entrada de la serie sobre nuestra visita a Bilbao y San Sebastián. Esto trata de la cuadrilla, el sonriente y acogedor grupo humano que nos proporcionó como compañía la impagable Verónica para una de las mejores veladas de los últimos tiempos, allí en la viva Bilbao. Unos cachondos.

Verónica era responsable de comunicación de FEVE, los Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha, y ahora sigue desempeñando parecida labor dentro de Renfe, que absorbió recientemente a aquella. Una fría definición para una mujer a la que es más fácil retratar diciendo que es un encanto, la anfitriona perfecta, en realidad ya nuestra amiga en el Norte. La conocí hace un par de años, gracias a su generosidad al invitarme a un memorable viaje de presentación del Tren Al Andalus. Luego ha seguido siendo generosa en convocatorias a las que por desgracia no he podido acudir. Pero esta vez se trataba simplemente de amistad. En cuanto reservamos nuestra estancia en Bilbao me apresuré a llamarla, del mismo modo que ella se apresuró a prepararnos una tarde-noche de gloria.

Podríamos decir que Verónica y su extremadamente atento marido Joseba nos prepararon la encerrona perfecta para que nos enamoráramos de Bilbao. Ellos ya sabían que la cuadrilla nos iba a gustar. Desde el primer momento nos sentimos integrados, como que se deshicieron en atenciones y facilidades para esta pareja de gaditanos caídos de sopetón en una reunión vasca, peregrinación en busca de txkaolís y pinchos, cultura y risas. Al minuto la simpar Carmen, madre de Verónica, periodista, escritora y autora de guías (colega), nos cogió del brazo y nos contó-preguntó. Viajera, articulista y viuda de periodista asesinado por ETA, venía aureolada de una tranquilizadora calma, que da la impresión de ser sólo aparente.

Al mismo tiempo, Joseba hacía de facilitador de vasos ida y vuelta de la barra. Casi en seguida, se apreciaba que la amabilidad daría paso a la confianza, y luego al humor, como así fue. De bastantes apellidos vascos, se le notaba que es un hombre universal, no en vano viaja mucho-ísimo por su trabajo. Nada malo puede encerrar un hombre que es amante de vinos y quesos.

Dani, marido de Carmen, con un pasado de gobernador civil socialista en la Vizcaya de tiempos peligrosos, hacía gala de la sabiduría y sano descreimiento que dan los años, y tiraba de ironía para decir sin palabras que nadie lo puede asustar ya con verbos ni con hechos. Fue el primero en hacer bromas, con lo que de mediador en el bienestar supone eso.

Javi es otro desahuciado voluntariamente de la política nacionalista (fue jefe de prensa con Arzalluz, imaginaos, y luego peleado con el PNV), y era capaz de entonar, instalado en una sonrisa, unas peculiares coplillas que él decía que eran de Cádiz y a las que yo respondía diciendo que tal vez, pero de la parte de Bermeo.

Arantxa sigue siendo nacionalista, periodista también (extraña abundancia de una especie que parece en extinción) y me arrastró amigablemente hasta la estatua de Sabino Arana para defenderme que el fundador del pensamiento abertzale había escrito y dicho cosas aberrantes, racistas, pero que había que entenderlo como hombre de su tiempo. Yo le dejé ese trabajo para ella, y me reí en su compañía cuando me llevó luego al salón del emblemáticamente vasco Café Iruña, de estilo mudéjar y adornado de manera impensada con farolillos feriantes, en el que bailaba sevillanas un grupo de personajes que parecían escritos a medias entre los Álvarez Quintero y Valle Inclán.

Jorge, atención, un respeto, firmes, es el jefe mandamás de la Ertzaintza en el País Vasco. Llegó un poco más tarde porque andaba liado con una manifestación en el Casco Viejo, la misma que nos llevó a tomar los zuritos, txakolís y pintxos al resguardo de la zona de Diputación. Se le notaba el carácter policial en su planta esbelta y en cierto tono de voz que impregnaba hasta su risa franca. Su mujer, Elena, daba el perfil atractivo y amigo del poli bueno. Un encanto cercano. Ninguno de los dos había visto ‘Ocho apellidos vascos’ pero creo que después de esa velada irán a verla sin falta.

Izaskun tuvo un restaurante y fue alcaldesa. Me quedó la falta de haber hablado más con ella porque sus ojos eran los más alegres y su actitud la más dispuesta. Pero esa falta mía quedará compensada, sin duda, con una excursión que ya tenemos prometida el año que viene: nos colaremos en una visita anual que suele hacer la cuadrilla al Archivo de Lazkao con posterior comida en una auténtica sidrería guipuzcoana. Será difícil sustraernos a esa invitación tentación.

Vuelvo a Verónica: risas todo el tiempo, factótum integradora, pergeñadora de una noche para el recuerdo. Desde que la conocí se ha deshecho en atenciones y me colma de elogios hacia méritos que sólo ella reconoce, y que no quiere que se les desmonten pese a mis sinceros y reincidentes desmentidos. Se agradece en el alma ese empeño, y que haya puesto por testigo su casi sagrada condición de vasca para advertirnos de que la invitación a esa próxima cita es sincera. Así nos los tomamos… y nos lo tomaremos, pues. Es una bendita deuda con ella y con su marido, Joseba.

 

Gaditanos ante la estatua de Sabino Arana.

Gaditanos ante la estatua de Sabino Arana.

 

Nosotros intentamos corresponder a tal derroche de amistad con algunas opiniones rotundas y sinceras y, claro está, con algunas bromas gaditanas. Incluso yo, osado, sacrílego, me atreví a entonar el ‘Eusko gudari’ ante la estatua del fundador de la patria vasca moderna, con un tono irreverente que ellos captaron con la debida complicidad de unas risas. Nos dijimos al retirarnos que daba gusto rendir culto a la amistad con gente así, y sentimos la alegría de haber puesto una pica en Euskadi, una pica profunda a la vez que amable, agradecida, risueña y feliz.

Penélope Travels

Ulyfox | 9 de abril de 2014 a las 13:54

Terraza del Stella Apartments en Kato Zakros, en Creta.

Terraza del Stella Apartments en Kato Zakros, en Creta.

Así nos gustaría llamar a una agencia de viajes que montáramos para amigos y confiados. Estos nos buscan y nosotros los buscamos. Se nos abre la expresión cuando alguien nos pregunta ¿habéis estado en tal sitio? y si es que sí, empezamos y no paramos. Especialmente conocida es nuestra pasión por el Mediterráneo, por lo que nos llueven las preguntas sobre ese lugar central del mundo que nosotros todos conocemos y vivimos.

Casas de Cefalú, en Sicilia, al borde de la playa.

Casas de Cefalú, en Sicilia, al borde de la playa.

A Ricardo y Cana, amigos en el alma viajera, les compartimos preparativos y están a punto de cerrarlo todo para irse a Creta este verano. Y era ver hoteles, lugares, tabernas y crecer la envidia en nosotros, la envidia porque ellos irán antes. Pero es a la vez llegar a casa Penélope y hacer lo que más le gusta: repasar estancias, comprobar direcciones, aconsejar alojamientos, confirmar horarios. De nuevo, una guía personalizada. Ya está.

Hace unos días, tres amigas y compañeras me consultaban su viaje a Sicilia. Programamos juntos paradas y fondas, desechamos algunos, reforzamos otros y rectificamos lo que había que rectificar, entre referencias cinematográficas a ‘El Padrino’ y ‘Cinema Paradiso’. Nada más agradable comprobar a la vuelta que ese lugar bendecido por la herencia griega y latina les ha encantado.

Y una pregunta que nos hacemos cada vez más a menudo: ¿no deberíamos dedicarnos a esto, a ayudar al necesitado de consejo a planificar su viaje, a no perderse los detalles más humanos de cada lugar, a compartir nuestros amigos, a que les lleven recuerdos y besos, a que los traten bien cuando lleguen, a cuidar que no tengan problemas y si los tienen encuentren la solución?

Esa es la cuestión.

Etiquetas: , , , ,

Gracias, gracias, gracias

Ulyfox | 23 de marzo de 2014 a las 12:08

El ser humano y el mar de Creta.

El ser humano y el mar de Creta.

Acabo de añadir esta foto.

Acabo de añadir esta foto.

 

¿Por qué vino tanta gente a la presentación de nuestra guía de Creta? No hay respuesta segura, a menos que se pregunte a todos y cada uno de los asistentes. Pero puedo deducirlo, si repaso mentalmente sus rostros. Estaba mi familia, la familia de Penélope, amigos, compañeros del trabajo, compañeros de profesión, conocidos, y sí, algún compromiso, supongo. Da igual, cualquiera de estas condiciones personales confiere buenas vibraciones a todos los que acudieron. Permítanme entonces que presumamos de que fue el cariño que nos tienen lo que les hizo acudir a la convocatoria. No es mal patrimonio para ir contento por esta vida.

Da igual, entre todos, con su paciencia y buena disposición al escucharnos, con sus risas, con sus sonrisas, con sus felicitaciones cuando acabamos, con esa generosa cola que se formó para que les firmáramos ejemplares, hicieron que fuera una de las mejores tardes de nuestra vida. Al final, continuaron con su generosidad al decirnos que les había gustado. De verdad que esto no tiene precio.

Tenía razón Óscar cuando me insistió, ante mi incredulidad, en que había que presentar el libro en Cádiz. Tenía razón Jesús cuando acudió porque entendió que el acto era la culminación de nuestro sueño. Tuvo el mérito de un amigo el desvelo de Fabián porque todo saliera bien; encerraba el compromiso del compañero la ayuda de Antonio y de la APC en la organización; contenían los gestos de Jose y Fito la importancia desinteresada de una mano técnica; desbordaron el apoyo y los besos familiares los límites obligados; acompañó en esa noche el cariño de compañeros que no tienen por qué demostrarlo tanto y sin embargo lo hicieron ¿Y sin el proyector de Paco, qué habríamos hecho? ¿Y si el apoyo de Anaya no hubiera tenido ese condimento del interés cierto y sonriente de Ana, el acompañamiento en la distancia del gaditano-bilbaíno Pedro? Y por supuesto, por supuesto, por supuesto ¿habría tenido el acto el ambiente de risas, amistad y calor si Pepe-Lobeli no hubiera tenido esa intervención llena de amor y humor?

Dos años de trabajo, investigación, escritura y pasión culminaron el viernes en la sede de la Asociación de la Prensa de Cádiz. Podemos descansar y, gracias a todos vosotros, sentirnos satisfechos.

Gracias, gracias, gracias. Y hasta la próxima.

 

El amor está en el aire

Ulyfox | 1 de marzo de 2014 a las 1:43

Brindis en el puerto de La Canea. Al fondo, difuminado, el faro veneciano.

Brindis en el puerto de La Canea. Al fondo, difuminado, el faro veneciano.

Siempre hay que buscar motivos para festejar. Y yo lo he encontrado hoy en una cifra: se cumple con ésta la entrada número 500 en este blog que tiene en el nombre otra cifra: mil ¿Significa esto que hemos llegado a la mitad del camino? Tal vez. Si me pusiera la meta de escribir al menos otras quinientas entradas el blog tendría asegurados unos cuantos años más de vida, y además tendría marcada una fecha de liberadora defunción. Pero quién sabe. Mil es sólo un número hipotético. Seguramente hay más de mil sitios tan bonitos como Cádiz y otros tantos al menos que la superan en belleza. A fin de cuentas, ésta se puede encontrar en cualquier lugar, persona o animal que nos rodea. Por no hablar de la música.

Y yo, que abomino de los llamados balances, de los ajustes de cuentas en la vida, de pararme a pensar en lo que he hecho y odio lamentarme de lo que no hice, que ni siquiera me pregunté nunca qué propósito me movería en la vida, encuentro un resultado satisfactorio en esta andadura. Si animé a alguien a visitar e intentar disfrutar de lo que nosotros disfrutamos en los lugares en que lo hicimos, en tan sólo alguno de ellos, sería ya motivo de satisfacción (dejo el orgullo para la Casa Real). Si, como los comentarios al blog dejan entrever, ayudé a viajar con nuestras palabras y fotos a quien no puede hacerlo de verdad, doy por bueno el empeño. Nunca me animó presumir, siempre contar.

Pero la mayor alegría, por inesperada, ha sido la creación de amistades verdaderas a partir del aire, esos espíritus que se han ido sumando al blog como atraídos por una llamada de raíz incierta pero común, esas personas a las que antes ni imaginaba y a las que ahora pongo nombres, rostros, y palabras y regalos intercambiados. Desde este aire virtual de los comentarios tomaron cuerpo Ana y Carlos (os echamos de menos), Jose y Moni (no sé cuándo, pero haremos el trasiego de grappa), Ricardo y Encarna (os prometemos el paraíso en Creta) y Antonio y Carmen (aprendemos tanto de vosotros…), amigos nuevos como traídos por los dioses antropomorfos porque estábamos quizá destinados a encontrarnos.

Y que unas palabras y unas fotos pegadas en la realidad virtual te sume amigos y te recupere a otros (Pedro, Flipatxi…) me hace a mí, al descreído en el que los años me han convertido, volver a creer, como cuando era niño, en los milagros.

Etiquetas: , ,

¡Ole tus huevos!

Ulyfox | 22 de enero de 2014 a las 12:37

Huevos fritos con patatas para los tres, y torreznos, chorizo y lomo al centro.

Huevos fritos con patatas para los tres, y torreznos, chorizo y lomo al centro.

 

Los huevos son los de Casa Tino en Valladolid, fritos a la antigua usanza, con su encajito dorado alrededor y todo, acompañados de unas patatas auténticas, limpias, jugosas y crujientes a la vez. Los mencioné en mi anterior entrada, pero cometí el injusto olvido de no poner la foto-evidencia. Tras reparar el fallo, ahí va la muestra de que la capital castellana tiene más de un atractivo para visitarla. Al menos, un par de ellos.

La tradicional fachada de Casa Tino.

La tradicional fachada de Casa Tino.

 

El día en Valladolid se remató con la compañía de Marta y Fernando.

El día en Valladolid se remató con la compañía de Marta y Fernando.

 

Aunque no queremos olvidar tampoco que nuestro principal motivo para acercarnos (en realidad era alejarnos de nuestra ruta) era el de visitar a esos amigos surgidos al calor griego, Marta y Fernando. Dos anfitriones acogedores, amables y amantes de su tierra. Ahí los tenéis, guapos y jóvenes.

Para disfrutarlos con esa carita.

Huevos para disfrutarlos con esa carita.