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A vueltas con el arte

Ulyfox | 5 de abril de 2015 a las 22:43

La escalera de salida de los Museos Vaticanos.

La escalera de salida de los Museos Vaticanos.

Esta también era una de las fotos buscadas. Dentro de los Museos Vaticanos se pueden hacer, pero no en la Capilla Sixtina. De todas formas, qué fotografía se puede hacer que refleje ese derroche desatado de arte, ese torrente de un Miguel Ángel sin más amarre que su genio único. Así que lo mejor es guardarse obligatoriamente la cámara, y en todo caso disparar cuando uno enfila la salida después de un paseo forzosamente ligero por este compendio inabarcable que tantos Papas reunieron, pagando lo mejor de la pintura, la escultura o la decoración de todas las épocas.

Y a la salida, esa larga escalera de caracol para descender de nuevo a la realidad mientras la cabeza le da vueltas a todo lo que acaba de ver, ese remolino de sensaciones que es el Vaticano dentro del vértigo placentero que es Roma.

Bajo el signo de la antigua Roma

Ulyfox | 6 de febrero de 2015 a las 13:08

En el patio del Museo Capitolino.

En el patio del Museo Capitolino.

 

Uno puede o no emocionarse ante los vestigios desvencijados o extraordinariamente conservados del mundo antiguo. La inteligencia, la sensibilidad y las ganas son particulares. De acuerdo, pero resulta difícil pensar que alguien normal pueda pasar indiferente ante la riqueza arqueológica de ciudades como Roma, que fue varias veces capital del mundo terrenal y desde hace casi dos milenios capital espiritual universal. Es posible que entre el gentío multitudinario que estos pasados Nochevieja y Año Nuevo invadía la Ciudad Eterna, entre los grupos que caminan apresurados tras el paraguas levantado del guía, entre las bandas de jóvenes y no tanto que esgrimen como una nueva arma de disuasión los palos de selfies, es posible que entre todos ellos haya mucha gente a la que le da igual estar pisando el mismo suelo que hollaban los emperadores, centuriones, patricios y plebeyos de la capital del Imperio, pero incluso ellos sentirán un microsegundo el peso ineludible de la historia.

El antiguo mercado de Trajano, un auténtico centro comercial en la Roma antigua.

El antiguo mercado de Trajano, un auténtico centro comercial en la Roma antigua.

Era la tercera vez que visitábamos Roma y sentíamos que se triplicaba, al menos, el gusto de estar allí, en medio del transcurrir imparable de los siglos humanos. Sí, porque aquello era el Foro donde se gobernaba el mundo, era el Coliseo donde se divertían todas las clases sociales con la cruel representación de la vida, era el Teatro de Marcello para la comedia y la tragedia, era el Ara Pacis para brindar por la paz del siglo de Augusto, era la huella del genio humano inmortal de aquellos genios de lo práctico y lo bello, en los bronces y mármoles del Museo Capitolino, en la arquitectura indestructible del Panteón, en la desmesura de los mausoleos imperiales como el que ahora se llama Castel Sant’Angelo.

El arco de Vespasiano, en los Foros Imperiales.

El arco de Settimio Severo, en el Foro romano.

Hay miles de razones para ir y volver a Roma, las siguen desde hace cientos de años millones de personas, todos los caminos del corazón llevan a ella. Aquel centro telúrico que inventaron los romanos sigue atrayendo multitudes que desafían al frío invierno. Aquellos hombres y mujeres de toga y túnica, de legiones y espectáculos sangrientos, de legisladores que marcaron el mundo son los responsables de esta atracción. Hay miles de razones, pero entre ellas, es la más importante el legado en ruinas brillantes de aquellos fundadores.

 

El Foro Romano.

El Foro Romano.

“Ver Roma y después morir” dice el dicho romano para halagar las bellezas de este lugar. Es mejor, pienso yo, ver y volver a ver Roma siempre.

El Coliseo, en la tarde del 31 de diciembre de 2014.

El Coliseo, en la tarde del 31 de diciembre de 2014.

 

Visión nocturna y fría del Arco de Constantino.

Visión nocturna y fría del Arco de Constantino.

 

El Castel Sant'Angelo, antiguo mausoleo de Adriano, y el puente del mismo nombre sobre el Tíber.

El Castel Sant’Angelo, antiguo mausoleo de Adriano, y el puente del mismo nombre sobre el Tíber.

 

El impresionante interior del Coliseo.

El impresionante interior del Coliseo.

 

El gentío ante el Arco de Tito.

El gentío ante el Arco de Tito.

 

El Espinario, maravilloso bronce en los Museos Capitolinos.

El Espinario, maravilloso bronce en los Museos Capitolinos.

 

La Loba Capitolina, símbolo de la antigua Roma.

La Loba Capitolina, símbolo de la antigua Roma.

 

La estatua ecuestre de Marco Aurelio, otra de las joyas del Museo Capitolino.

La estatua ecuestre de Marco Aurelio, otra de las joyas del Museo Capitolino.

 

 

Cerca del Teatro Marcello.

Cerca del Teatro Marcello.

 

Ante el Ara Pacis, prodigio de la escultura romana.

Ante el Ara Pacis, prodigio de la escultura romana.

Desaparecido en la gran belleza

Ulyfox | 8 de enero de 2015 a las 20:23

Fuente en el patio del Palazzo Nuovo, en el Capitolio romano.

Fuente en el patio del Palazzo Nuovo, en el Capitolio romano.

Desde que la vi en el cartel de La gran belleza, la desconcertante y hermosa película de Sorrentino, me apasionó esa colosal escultura de indudablemente un dios reclinado. Digo yo que será Neptuno o Poseidón, porque tiene una caracola en su mano derecha y está acompañado de peces. Y me preguntaba dónde estaría escondida en la eterna, inabarcable, embriagadora Roma. La he encontrado, en un recién acabado viaje a la capital italiana, donde pasamos el fin de año y unos cuantos días más, y que iremos contando a los lectores que todavía me quedan pese a la inconstancia de mi escritura. Digamos que en esta ocasión tengo algo más de justificación, ya que se nos olvidó el ordenador desde donde acostumbro a contar algunas cosas en estas escapadas a nuestra vida real.

La escultura, ante la que se sienta en el cartel el gran actor Toni Servillo en un supuesto sofá de mármol, está en el patio del Palazzo Nuovo, el lugar por donde se acaba la visita a los Museos Capitolinos, llenos de valiosísimas obras de todos los tiempos. El hallazgo fue sin quererlo, por casualidad, no sabía que estaba ahí. La imaginaba en una secreta estancia de alguno de los palacios que recorre el personaje Gambardella en buena parte de la película. No figura como destacada en las guías, no al nivel del Gálata moribundo, o del Espinario, o de la Loba Capitolina, o de la impresionante estatua ecuestre de bronce de Marco Aurelio, pero me proporcionó más alegría que ninguna de estas obras maestras capitales en esa corta visita. Y ahí os la comparto, por si os llega como a mí. Ya de regreso, salute e buon anno!

 

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Estambul cristiana y mora

Ulyfox | 23 de noviembre de 2014 a las 20:13

Sólo una pequeña parte de la maravilla que en San Salvador en Chora.

Sólo una pequeña parte de la maravilla que es San Salvador en Chora.

El precioso barrio junto a San Salvador.

El precioso barrio junto a San Salvador.

Ya, ya, ya sé que antes fue también romana y antes griega y antes… pero lo que se ve ahora en la capital turca son sobre todo ecos de las culturas musulmana y cristiana, aunque fuera un cristianismo tan propio como el bizantino y ortodoxo y el arte otomano tenga tantas diferencias con otras manifestaciones del Islam. Lo que se encontraron los turcos cuando se colaron por las bravas en Constantinopla fue una ciudad apabullante, llena de tesoros y monumentos que tenían su origen en el Imperio Romano, con muchos de ellos conservando aún el esplendor de aquellos tiempos clásicos, y que habían pasado luego por la revolución del pensamiento que supuso la doctrina de Cristo. Es verdad que había transcurrido mucho tiempo desde los tiempos de oro de Bizancio, pero el sultán Mehmet II debió de salivar de satisfacción ante la gran urbe cristiana que había vencido cuando la contemplaba desde la colina que luego se llamó del Serrallo.

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Casi inmediatamente después de que las tropas turcas vencieran la resistencia de la hermosa muralla de Teodosio, golpeando inmisericorde y continuamente un flanco con un gran cañón y por la increíble negligencia de los cristianos que se dejaron una puerta semiabierta (por favor, leed si podéis La conquista de Constantinopla, 1453 de Steven Runciman, yo lo hice gracias, una vez más, a Ricardo), el sultán apodado Fatih (el Conquistador) convirtió Santa Sofía en mezquita, y lo mismo pasó con muchas hermosas iglesias bizantinas. Algunas fueron respetadas, otras sufrieron destrozos… y algunas otras fueron reconvertidas con el paso de los siglos en museo para nuestro disfrute. El caso es que tenemos la suerte de poder contemplar obras de arte tan emocionantes como la propia Santa Sofía, o los bellísimos mosaicos de San Salvador en Chora (también llamada Kariye Camii, o mezquita Kariye), los escondidos de  la mezquita Fethiye (antigua iglesia de Pammakaristós), la iglesia del Pantocrátor (actual mezquita Zeyrek)… como si aún pudiéramos asistir a una disputa, ahora incruenta, entre los espíritus griego y turco, cristiano y musulmán.

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Las cúpulas y bóvedas de San Salvador, llenas de mosaicos.

Las cúpulas y bóvedas de San Salvador, llenas de mosaicos.

La primera visita de nuestro segundo día en Estambul fue a San Salvador en Chora, allí al norte de la antigua Constantinopla, precisamente pegada a la zona de muralla por donde más fuerte pegaron las tropas de Mehmet y por donde finalmente entraron. Demasiada historia para no caer rendidos ante su peso. Los mosaicos dorados de San Salvador son de verdad impresionantes, en su forma de contar la genealogía de Cristo o la vida de la Virgen. Miles de teselas de colores del siglo XI cubriendo techos y paredes, relatándonos historias de los personajes representados y de los propios, anónimos artistas que lo hicieron. La primera vez que fuimos a Estambul nos los perdimos, pero esta vez nos hicimos el favor, y viéndolos dimos incluso por bueno el timo del listo taxista que nos llevó hasta allí. La iglesia estaba llena de turistas, pero esta vez tanta belleza hizo que pareciera que los grupos estaban realmente interesados y atraídos por lo que veían.

Un café turco y repasar los planos y guías...

Un café turco y repasar los planos y guías…

En la muralla de Teodosio, en el lugar donde comenzó la caída de Constantinopla.

En la muralla de Teodosio, en el lugar donde comenzó la caída de Constantinopla.

Después de esa inmejorable manera de empezar el día, y tras un café turco junto al templo, teníamos que acercarnos a la muralla, a revivir la funesta jornada en que la caída de Constantinopla empezó a aterrorizar al Occidente cristiano durante un siglo, a contemplar el lugar donde ocurrió tamaño estrépito. Allí estaba, a un paso. Hay pocas cosas menos temibles que un muro vencido. Ya no inspiraban temor aquellas piedras taladradas por el cañón entonces, y ahora por las amplias avenidas por las que discurre hacia el centro el inmisericorde tránsito rodado de Estambul. Pero todavía guardan, entre los hierbajos y los grupos de borrachos, la memoria de un hecho capital. Si queréis visitar un lugar histórico para nuestra cultura, este es uno de ellos.

 

Bajando de San Salvador en busca de más mosaicos.

Bajando de San Salvador en busca de más mosaicos.

 

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Descendimos luego empinadas cuestas, no recordábamos tantos desniveles, a la busca de otro tesoro bizantino, Fethiye, y luego las subimos entre grupos nutridos de personas con gorras o velos, sorteando montones de mercancía y apartándonos de los coches para buscar las casi inexistentes aceras, alternando calles de casas de madera con abigarradas vías de edificios impersonales, preguntando por la mezquita que antes fue iglesia. La encontramos cuando ya creíamos que no lo haríamos, modesta pero hermosa en su apariencia tan griega de arcos y cúpulas, allí en un rincón tranquilo entre tanto ajetreo. Pammakaristós alberga ahora rezos musulmanes, pero una nave está abierta a las visitas que quieran contemplar otro pequeño tesoro de mosaicos, joyas brillantes bajo las cuales pasar apenas media hora de contemplación, esta vez sin gente. Los secretos a voces de Estambul, demasiado trabajosos para los grupos de turistas, ideales para paseantes que quieran concederles el tiempo que se merecen. Un reposo que necesitamos.

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Vistas del interior y el exterior de la iglesia de Pammakaristós, actual mezquita de Fethiye.

Vistas del interior y el exterior de la iglesia de Pammakaristós, actual mezquita de Fethiye.

Los días fueron largos en Estambul, plenos, y este dio mucho más de sí, apenas había comenzado a esas alturas del mediodía.

El hogar de Venus

Ulyfox | 30 de septiembre de 2014 a las 21:29

El lugar donde fue hallada la Venus de Milo, en Milos...

El lugar donde fue hallada la Venus de Milo, en Milos…

... y la placa que lo recuerda.

… y la placa que lo recuerda.

No había nadie en el escondido lugar, a unos metros por debajo del camino que conducía al teatro griego de Klima, la antigua y espléndida ciudad de la que apenas quedan ese teatro con una vista imponente sobre el mar Egeo y unos restos de poderosa muralla. En ese sitio sombrío (y fresco) bajo un árbol modesto y junto a unas piedras que antes fueron muro, un pastor encontró una escultura de mármol de Paros que asombra al mundo desde un salón parisino, pintado con relajante color. En un rincón de Milos apareció esa espléndida representación de Afrodita, y al poco tiempo, ya unas manos expertas y seguramente ventajistas la llevaron al Louvre para que a partir de ese momento fuera conocida en todo el orbe, y estudiada en todos los libros como La Venus de Milo.

Afrodita, o la Venus de Milo, en su sala del Louvre.

Afrodita, o la Venus de Milo, en su sala del Louvre.

Allí está, y si queréis verla en el Museo más famoso de la Tierra tendréis que soportar multitudes a su alrededor, una auténtica estrella del arte, admirada como obra maestra incluso por los millones de personas que no saben donde está Milos ni lo que significa el arte clásico griego. Sin embargo, allí en su patria chica (y tan chica) sólo queda de ella un modesto cartel en el camino y, más abajo, triscando un poco, una placa conmemorativa hecha de mármol, ese mismo material tan cicládico y tan duro que los griegos supieron hacer suave y sugerente.

El discreto cartel en el camino.

El discreto cartel en el camino.

No todo lograron llevárselo a la Europa que entonces se creía (y aún sigue haciéndolo) más civilizada que quienes modelaron nuestra civilización. En ese descuidado rincón sombrío lleno de hojas, de musgo y de ramas muertas, que debe de ser helado y aún más solitario en invierno, aún queda la emoción del hallazgo y de la cuna.  Y supongo que el orgullo de los pobres, más o menos enterrado.

Un teatro griego bien situado.

Un teatro griego bien situado, en la antigua Klima en Milos.

 

La patria bien entendida

Ulyfox | 15 de mayo de 2014 a las 19:46

El último árbol de Guernica, plantado ante la Tribuna de la Casa de Juntas.

El último árbol de Guernica, plantado ante la Tribuna de la Casa de Juntas.

El Árbol Viejo, en el jardín.

El Árbol Viejo, en el jardín.

Fuimos a Guernica, fuimos al lugar sagrado donde todas las esencias del alma vasca parecen haberse concentrado. Muchos nos habían dicho “id, hay que ir para comprender un poco o un mucho la historia vasca, sus fueros, sus reivindicaciones, su sentimiento”, lo que muchos llaman la patria, en definitiva. Y fuimos. Hay un tren modernísimo que lleva desde el mismo centro de Bilbao, del barrio de Atxuri, como deben salir los trenes, en poco más de media hora. Allí nos plantamos, dispuestos a aprender y comprender, objetivo eterno y obligado del ser humano.

La Sala de Juntas.

La Sala de Juntas.

No tengo muy buena afinidad con los llamados nacionalismos, y sin embargo me emocionan las tradiciones. Debe ser que entiendo que lo primero, por muy cargado de buenas intenciones que estén algunos, se basa en resaltar y exaltar la diferencia en los mejores casos, y los enfrentamientos en los peores, mientras que las segundas apelan a los sentimientos, las costumbres, la infancia, la tierra madre y el aire padre, y esas cosas que todos los pueblos, los seres humanos, compartimos. Si no existieran los nacionalismos de ningún signo, las gentes simplemente disfrutarían conociendo, disfrutando y hasta compartiendo las diferencias de los otros. Sin querer presumir de nada, a nosotros nos pasa esto último. Tal vez a fuerza de ser andaluces amamos la música griega, la comida turca, las procesiones italianas y el ritmo cubano, envidiamos la elegancia francesa siempre aparente y comprendemos la resignación portuguesa, anhelamos el orden suizo, dulcemente nos mareamos con el bullicio marroquí y nos reímos con la sinvergonzonería siciliana. Y tal vez, tal vez por eso, nos apasionan los viajes.

La impresionante Sala de la Vidriera.

La impresionante Sala de la Vidriera.

Detalle de la vidriera.

Detalle de la vidriera.

Así que, en la Casa de Juntas de Guernica aprendimos con las sencillas explicaciones de los paneles y pudimos sentir, sí, o intuirlo al menos, el carácter sagrado de los árboles para el pueblo vasco, y cómo ellos entienden que el derecho a defender sus fueros es tan fuerte como el roble de Guernica. No sentimos en ningún momento el aleteo de la violencia en aquellos sobrios salones y sí un canto, como si fuera el Gernikako arbola de José María Iparraguirre, a la historia de muchos millones de personas vividas durante siglos, apegadas a la tierra y abrazadas a un mar con mucho carácter. No vimos ofensas a nadie, y, si se me permite, incluso intuimos un amor muy español a sus tradiciones, ésas, las que nos gustan.

Junto al bardo José María de Iparraguirrre, autor de 'Gernikako arbola'.

Junto al bardo José María de Iparraguirrre, autor de ‘Gernikako arbola’.

Era como un canto a la democracia natural, la de las gentes reunidas bajo un árbol a decidir lo mejor y lo peor e incluso lo regular. No soy tan ingenuo como para no pensar que algo de pintura idealizada hay en todo eso, claro, pero el cuadro resultante me resulta atractivo, igual que repulsivo me resultarían las mismas palabras en el mismo hermoso idioma vasco con una pistola sobre la mesa o pronunciadas tras una capucha. Creo tanto en el poder de las palabras que las leídas en esa Casa de Juntas, escritas para seducir y no para conquistar, terminaron conquistándome. Conviene añadir que soy hombre fácil cuando las palabras tienen sentido.

El Parque de los Pueblos de Europa.

El Parque de los Pueblos de Europa.

Lo otro ya lo sabeis: el inmenso poder simbólico de un árbol viejo y muerto y de sus retoños herederos, una Sala de Juntas, el terrible recuerdo de un bombardeo destructor de tradiciones y personas, la voluntad por lograr el hermanamiento, un parque de los Pueblos de Europa, una escultura fraterno filial de Eduardo Chillida, Gure aitaren etxea (La casa de nuestro padre) acogedora e imponente como buena parte de la obra del artista vasco y por la que me permití pasear, entrar y casi vivir, el verde del césped y de los montes circundantes. Todo lo necesario para hacer de Guernica (Gernika) un santuario civil yo diría que pacíficamente orgulloso. Nos sentó bien.

Gure aitaren etxea, la casa de nuestro padre, de Eduardo Chillida, todo un símbolo en una ciudad símbolo.

Gure aitaren etxea, la casa de nuestro padre, de Eduardo Chillida, todo un símbolo en una ciudad símbolo.

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¿Dónde nació El Greco?

Ulyfox | 14 de febrero de 2014 a las 13:55

Los dos únicos cuadros de El Greco que se conservan en su tierra, Creta.

Los dos únicos cuadros de El Greco que se conservan en su tierra, Creta.

 

Todo el mundo sabe que Domenico Thetokopouli, más conocido como El Greco, murió en Toledo, y pronto, con las celebraciones que ya han empezado en la ciudad castellana, sabrán que eso ocurrió hace 400 años. Casi todo el mundo sabe que nació en Grecia, si no ¿de dónde iba a venir su universal apodo? Muchos menos están al tanto de que su lugar natal, su patria chica es la isla de Creta, de la que excuso deshacerme en alabanzas porque ya me conocéis. Casi nadie, a escala mundial, puede asegurar en qué pueblo vino al mundo uno de los mayores genios de la pintura de todos los tiempos. Y ya puestos, nadie lo puede asegurar con certeza, ni siquiera en la misma Creta. Los expertos parece que se han puesto de acuerdo en ese nacimiento se produjo en 1541 en Candia, actualmente la capital de la isla que ha cambiado ese nombre veneciano de origen árabe (de El Handak, ‘el foso’) por el mucho más mitológico de Heraklion. Pero la persona que tenga la feliz idea de visitar Creta encontrará que muchos folletos y guías remiten desde hace décadas la cuna del artista hispano-griego a un pueblo cercano, Fodele, a unos 20 kilómetros de distancia.

Animada charla en 'Domenico' de Fodele.

Animada charla en ‘Domenico’ de Fodele.

 

Y Fodele se muestra indiferente a la verdad histórica. Sigue vendiendo que es la auténtica patria del misterioso hombre que pintaba gente alargada. A un paseíto de diez minutos del centro se levanta una pequeña casa de piedra que se reclama el lugar donde el pequeño Domenico pasó su infancia. Dentro, reproducciones de las obras de El Greco y una curiosa vitrina en la que se muestran noticias sobre familiares descendientes del pintor, e incluso retratos que comparan los rostros de esos Theotokopouli con el autorretrato del caballero grequiano. En otro lugar se muestra un recorte de un periódico español de los años 40 del pasado siglo en el que se cuenta la expedición de unos turistas españoles a ese pueblo en busca de las raíces del artista. El Museo es uno de los escasos sitios de Creta en los que se ofrece información en español a los visitantes. Al final de la calle principal, donde el bonito río Pantomantris se sumerge en el fértil valle, junto a un viejo plátano de sombra, hay un monolito de piedra castellana que una comisión de la Universidad de Valladolid regaló en 1934 a la población, y en él una inscripción en español y griego para recordar la herencia común.

Vendedora de bordados en Fodele.

Vendedora de bordados en Fodele.

 

La supuesta casa natal y su correspondiente Museo no destacan entre los miles de atractivos de Creta, pero la iglesia bizantina que está justo en frente sí merece la pena, por su construcción antigua de piedra y sus difuminados frescos. Y Fodele como tal se gana una tranquila visita por su situación, por la carretera bordeada de frutales que lleva hasta él y por el casco urbano lleno de casas tradicionales, tabernas junto al río y puestos donde las ancianas venden sus bordados. Los dueños de establecimientos como ‘Domenico’ gustan de charlar con sus clientes, indagarles sobre su procedencia y bromear con las turistas. A veces la felicidad se condensa en unos minutos de tomar un café griego (helinikó) en terrazas como esa. Y si hay que creerse que aquí nació El Greco se lo cree uno, como se viene haciendo desde siempre.

Comparación, en el Museo de El Greco de Fodele, de una obra del pintor con un habitante del pueblo.

Comparación, en el Museo de El Greco de Fodele, de una obra del pintor con un habitante del pueblo.

La iglesia bizantinaq de la Panayía, en el campo que rodea Fodele.

La iglesia bizantina de la Panayía, en el campo que rodea Fodele.

Ante la casa de la supuesta casa de El Greco en Fodele.

Ante la supuesta casa y Museo  de El Greco en Fodele.

Pero parece que no, que en realidad nació en Heraklion, una ciudad fascinante, no por sus bellezas arquitectónicas, arrasadas casi por completo por el inmisericorde bombardeo nazi durante la llamada Batalla de Creta. La capital atrapa por su intensa vida ciudadana y cultural, por sus innumerables terrazas y restaurantes, por la posibilidad de escuchar la profunda y antigua música cretense, por las ganas de agradar de su gente y, naturalmente, por el incomparable y recientemente renovado Museo Arqueológico, que muestra joyas maestras únicas de aquella desaparecida y elevadísima cultura minoica, la primera civilización del mundo occidental.

La iglesia de Agios Titos, antigua mezquita turca.

La iglesia de Agios Titos, antigua mezquita turca.

Es casi un empeño heroico hablarles a los españoles de Heraklion. Pocos, la mayoría en fugaces cruceros, visitan Creta, y los que lo hacen se limitan a estar de paso en la capital. Como mucho, se acercan a ver las ruinas del palacio de Cnosos, hogar del rey Minos que dio nombre a esa cultura y también a su monstruoso bastardo el Minotauro. Nosotros supimos ver, sólo a la tercera o cuarta visita, el enorme encanto de esta ciudad caótica, sus estupendos lugares para comer de todas las maneras, sus tiendas de música, sus puestos de dulces loukoumades, sus arcos venecianos escondidos, sus mezquitas reconvertidas una y otra vez, la increíble manera de sus jóvenes de pasar horas en charlas de bares sin casi alcohol, su puerto veneciano viejo y dorado, con los leones de mármol labrados en sus muros, sus arsenales, la gruesa muralla, la tumba de Kazantzakis, su mercado aún vivo y sus tiendas de vista y olor antiguo, y esas baratísimas ouzeries, donde tomar el licor con entremeses.

El puerto veneciano de Heraklion, al atardecer.

El puerto veneciano de Heraklion, al atardecer.

Se entra a Heraklion desde el puerto antiguo por la calle 25 de Agosto, a la que llaman la calle de la Mentira, porque su bello aspecto de fachadas neoclásicas promete una ciudad hermosa que luego no existe en cuanto sale uno de ella. Pero, como buena urbe griega heredera de costumbres turcas, enseguida anima la vista la gran cantidad de tiendas y comercios esparcidas sobre todo en los alrededores del Mercado abierto: ferreterías, mercerías, bazares al modo antiguo con artículos que uno creería desaparecidos en nuestra vida moderna, escaparates repletos y boutiques de diseño, tiendas de recuerdos y cafés. Y de vez en cuando, una fuente con elementos romanos o turcos, o los dos mezclados. Y mucha gente, siempre mucha gente, el ritual oriental y mediterráneo del paseo sobre todo vespertino.

Una fachada neoclásica de Heraklion.

Una fachada neoclásica de Heraklion.

Una pequeña y antigua ouzerie en la calle del Mercado.

Una pequeña y antigua ouzerie en la calle del Mercado.

Una de los cientos de tiendas tradicionales de Heraklion.

Una de los cientos de tiendas tradicionales de Heraklion.

 

Aquí, en Heraklion encontraréis los dos únicos cuadros de El Greco que se conservan en su tierra natal. Están en el precioso Museo Histórico de la ciudad, y podréis apreciar que ya estaba en ellos la huella del pintor que luego terminó representando el espíritu español, mire usted por donde. Y si queréis ahondar más en sus raíces, entonces dirigíos a las cercanías de la brillante catedral de Agios Minas. Cerca de uno de sus costados está la iglesia de Santa Catalina (Agia Ekaterini) en el Monte Sinaí. En ella se encuentra el Museo de Arte Sacro, que contiene los mejores ejemplos de iconos bizantinos. El Greco fue uno de los discípulos de la prestigiosa Escuela artística que radicaba en su seno, y la colección del Museo muestra varias obras maestras de Mijaíl Damaskinos, contemporáneo de Theotokopouli.

No os puedo ocultar información: si queréis más detalles de estas dos poblaciones hermanadas por el genio toledano, comprad nuestra Guía Compact Un corto viaje a Creta editada por Anaya. Sí, ya está a la venta. Corred, en masa si queréis, a las librerías y si no la tienen, reclamadla. Por internet, seguro que ya podéis. Si pincháis ahí, podréis ver la portada: http://www.anayatouring.com/Guias/creta/

El mes que viene haremos la presentación en Cádiz. Ya os avisaremos, pero id preparando vuestras mejores galas.

La catedral de Agios Minas

La catedral de Agios Minas

 

 

No llegaron a ser

Ulyfox | 8 de noviembre de 2010 a las 14:20

Ante el obelisco abandonado de Assuán

Ante el obelisco abandonado de Assuán

En un modesto lugar de Assuán, cerca de la primera catarata del Nilo y de la gigantesca presa de los tiempos de Nasser, cientos de kilómetros río arriba de El Cairo, está la cantera de granito rosa que surtió de material de futuro a cientos de reinados faraónicos a lo largo de siglos. Es una piedra que si la ves, si la pisas junto a cientos de turistas, te puede parecer incluso fea. Convertida en estatua de Ramsés, de Akenaton o Nefertari es una brillante obra de arte, transformada en obelisco eleva tu mirada hacia el cielo mientras intentas descifrar sus jeroglíficos y cartuchos. Y en un lateral de esa cantera, pasando el cementerio meriní, yace abandonado, inconcluso para siempre, promesa eterna de monumento, un obelisco enorme que se quebró antes de ser separado de su madre piedra. Es uno de los más grandes jamás realizado, pero antes de su conclusión una grieta abortó para siempre su enhiesto y brillante protagonismo a la entrada de algún gran templo. El monolito yace increíblemente pulido, muerto pero enseñando a las generaciones cómo se fabricaban estos simbólicos gigantes en una civilización que amaba lo gigantesco.

Estas obras que no llegaron a ser encierran un agradable misterio, porque es como si nos hicieran autores de su imaginado resultado final, podemos ver cómo los esforzados obreros lograban sacar el oblisco de la cantera, transportarlo hasta Luxor, por ejemplo, y finalmente erigirlo ante los pilonos de algún templo de la Orilla de los Vivos. En la Galería de la Academia de Florencia, impresiona y deja sin habla el imponente volumen del David de Miguel Ángel, pero lo que intriga es ese pasillo lleno de obras inacabadas de aquel genio del Renacimiento, esos Esclavos retorciéndose como queriendo liberarse del mármol que los encerraba, desesperados ante la libertad prometida y, ya para siempre, frustrada.

El imponente David de Miguel Ángel. No tengo fotos de los Esclavos.

El imponente David de Miguel Ángel. No tengo fotos de los Esclavos.

Son obras de arte suspendidas para siempre en el aire, pese a su gravidez monolítica.

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