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Felicidades, Grecia, y fuerza y suerte…

Ulyfox | 26 de enero de 2015 a las 13:19

Una iglesia bizantina, una mezquita y la Acrópolis al fondo, en la plaza Monastiraki de Atenas.

Una iglesia bizantina, una mezquita y la Acrópolis al fondo, en la plaza Monastiraki de Atenas.

Lo primero fue una gran alegría. Podéis felicitarme, como ya ha hecho algún amigo. Estoy contento por Grecia, y por los griegos. Me alegro siempre que los pueblos deciden tomar la palabra enfrentándose al miedo. Sobre todo cuando los que intentan meter el temor en el cuerpo son los mismos que nunca han tenido motivo para temer nada, para sentirse amenazados: los poderosos siempre tienen armas.

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Ha vencido la izquierda en Grecia, pero sobre todo creo que ha vencido la capacidad de ilusionarse, la esperanza en que el futuro puede depender de nosotros, y que siempre tenemos que reivindicar el derecho a equivocarnos. Hasta ahora nos han dicho “no os equivoquéis, dejadnos decidir a nosotros, que no nos equivocamos nunca”. Ahora los griegos han tomado su derecho al error, por encima de todos los que no son griegos y reclamaban para ellos la única visión certera del futuro de su y nuestro amado país.

La escondida y popular taberna Platanos, en pleno centro de Atenas.

La escondida y popular taberna Platanos, en pleno centro de Atenas.

Lo primero fue una gran alegría. Lo segundo, llamar a nuestra amiga de Atenas y comprobar que ella también estaba contenta. Lo tercero será escribir a tantos amigos en la Hélade (stin Ellada) y desearles suerte y fuerza. En nuestros numerosos y gozosos viajes a Grecia, antes y después de esta inmisericorde austeridad impuesta, nunca he sentido que los griegos me deban nada. Siempre he notado cuanto les debemos. Ya no hablo de la Europa que heredó de aquellos grandiosos seres la filosofía, el teatro, la arquitectura, el arte, la poesía, la escultura, el concepto clásico del equilibrio entre la razón y la belleza para avanzar ¡la democracia! Hablo de nosotros propiamente, de Penélope y de mí, que les debemos tantas horas, tantas vivencias, tantas alegrías, tantos sabores frente al mar, tantos atardeceres, tantas risas, tantas conversaciones, tantos proyectos, tantos amigos, tantos descubrimientos, tanta calma y tanta agitación.

Fachada clásica de la Universidad de Atenas.

Fachada clásica de la Universidad de Atenas.

No sé si el cambio de rumbo en Europa hacia la solidaridad que nunca se debió abandonar ha comenzado en Grecia ayer domingo. Sé que algo ha cambiado. Tal vez sólo el comienzo de un camino en el que la gente le diga a los supuestos expertos económicos que también el pueblo, soberano, tiene algo que decir cuando se decide sobre sus vidas. Nadie manda sobre el pueblo. Ahora, tendrán que preguntarle, al menos. Esa es la grandeza de la democracia. Por cierto, un invento griego.

El Museo Arqueológico Nacional, lleno de tesoros, y ante el cual Alexis Tsipras celebró su victoria.

El Museo Arqueológico Nacional, lleno de tesoros, y ante el cual Alexis Tsipras celebró su victoria.

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Grecia nos ama (segunda y sabrosa parte)

Ulyfox | 28 de noviembre de 2013 a las 14:16

En el interior del Museo de la Acrópolis, con esas vistas...

En el interior del Museo de la Acrópolis, con esas vistas…

 

 

 

Con Marga, Irini y el jovial Vasili.

Con Marga, Irini y el jovial Vasili.

Marga nos llevó al restaurante Psariston.

Marga nos llevó al restaurante Psariston.

A Margarita, Marga para muchos, Margaritoula para otros, ya la conocéis, aunque seguramente muchos no la recordaréis. Es una mujer entusiasta y polifacética, de San Fernando y residente en Atenas desde hace 25 años. Una fantástica locura isleña instalada en la capital helena, da clases de español en una academia de idiomas, y desde hace poco también enseña cocina española. Alguna vez ha salido en este blog, es amiga nuestra desde hace poco, pero hemos conectado con la fuerza de quienes tienen más de una cosa en común, entre las cuales no es la menos importante el amor por el mundo griego.

Este pasado septiembre reservamos un par de días para visitarla en Atenas. Eran los últimos de las vacaciones, después de la gran vuelta por el Peloponeso, Creta, Naxos y Mikonos, y antes de volver a España. Nos preguntó qué queríamos hacer. Le respondimos “sólo estar contigo, verte en tu mundo, conocer a tus amigos”. A media tarde vino a buscarnos al hotel Athos, muy cerca de Plaka, con abrazos y besos y la compañía de su amiga Irini, una morena griega de ojos profundos, algo así como una Irene Papas en cuerpo y alma. El plan que traía era sencillo y atractivo: acercarnos al Museo de la Acrópolis, hacerle una breve visita y tomar un café en su espléndida terraza con vistas al Partenón; luego iríamos a cenar al restaurante de otro amigo, Vasili, que además es alumno de sus clases culinarias. Empezamos a andar recorriendo las caóticas calles del barrio de Plaka. Un gran todoterreno sonó su claxon para llamar la atención de Marga. Era la mujer del embajador de México que la saludaba, otra de sus alumnas de cocina española. Casi estuvo a punto la pareja diplomática de venirse a cenar con nosotros, pera esa tarde tenían una recepción.

La flor de loto que coronaba el Partenón.

Paseando, llegamos al Museo, un prodigio de arquitectura y exposición de cientos de obras maestras encontradas en décadas de excavaciones en la colina sagrada ateniense. Ese día la entrada era gratis y el luminoso edificio estaba lleno de gente atendiendo a explicaciones de los guías, cientos de griegos supongo que orgullosos de su espléndido pasado. Margarita quería enseñarnos su pieza favorita: una flor de loto de mármol de las que coronaron en tiempos los vértices del frontón del Partenón. Y la buscamos entre esculturas admirables de hombres, mujeres, leones, caballos y perros, allí al lado de los restos que dejaron los ingleses y otros pueblos en su despojo del Templo de Atenea. Y lucía en su filigrana, muy reconstruida pero emocionante, como una joya. Agradecimos la recomendación de esta pieza que desconocíamos. El café posterior fue largo y placentero con esa hermosa vista de las piedras de la Acrópolis, ya doradas a esa hora, casi encima de la embajada española.

En el camino hasta el metro, por la espectacular avenida arqueológica Dionisio Areopagita, saludando a las columnas dórica allá en lo alto y al Teatro de Herodes Ático ahí al lado, pasando junto a cuevas que eran santuarios y colinas que fueron parlamentos, tuve ocasión de practicar mi balbuceante griego con la comprensiva Irini. Y cayeron temas de cocina, de música, de trabajo y de vida mientras íbamos dejando a la derecha el Templo de Hefestion y la Estoa de Attalo en busca de la entrada del metro en la plaza Monastiraki, casi pegada a la biblioteca de Adriano y a los restos del Agora romana.

La fiesta empezó al final...

Margarita nos había dicho que el restaurante estaba lejos del centro, y era verdad. El tren eléctrico y luego un trayecto en taxi nos demostraron de nuevo lo extensa que es Atenas, una ciudad de edificios bajos en su mayoría que se pierden en el horizonte los mires desde donde los mires. El taxista nos llevó a un barrio muy diferente del turístico centro, un lugar que resaltaba su carácter lejano con calles oscuras y casas aisladas.

Allí estaba el restaurante Psariston ( http://www.psariston.gr/), con apariencia de una taberna de cualquier isla pero plantada en la capital, con colores blancos y azules. Un empleado que volteaba un gran pescado sobre una parrilla, justo delante de la puerta, nos dio la prometedora bienvenida. Y a partir de ese momento ya estupendo, la noche no hizo más que mejorar. Empezamos los cuatro con raki y unos aperitivos mientras esperábamos a Vasili: taramosalata con mejillones ahumados y setas a la plancha. El dueño del restaurante llegó al poco tiempo: ese era Vasili, un griego de mediana estatura, fuerte y con una cerrada barba enmarcando una permanente sonrisa de sabio divertido y disfrutón. Era incapaz de decir tres palabras seguidas sin soltar una broma que Margarita e Irini celebraban con risas. Nosotros nos sumábamos a la alegría primera sin entender apenas la mitad. Lo que sí entendimos es que empezó por su cuenta a diseñar nuestro menú de esa noche, que resultaría exquisito, desbordante e inolvidablemente marinero: huevas de erizos de mar en ensalada, otra ensalada con boquerones en vinagre y queso mizithra, mejillones con cebolla, vino y hierbas, langostinos a la parrilla con pimentón ¡de La Vera!, hígado de pescado, tataki de atún con miel y sésamo, bacalao con una salsa roja, arenque en otra salsa riquísima, almejas con mostaza, koutsoumuras (una especie de salmonetes) fritos… y algunos platos más que seguro que olvido. Y bañado en incontables botellas de vino blanco embotellado especialmente para la casa, a base de Chardonnay y Sauvignon blanc.

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Vasili ordenaba continuamente a los camareros que trajeran más vino, mientras él mismo se servía un vaso y brindaba ¡yiámas! una y otra vez. En vano pedíamos a los empleados que pararan. “Ha dicho Vasili que traigamos más vino” decían mientras se encogían de hombros y se desentendían de nuestro reclamo de moderación. Sonaba la música, sonaba Haris Alexiou, y acompañábamos su letra “matia mou i Ellada…” mientras los otros comensales miraban y se preguntaban quiénes eran esos extranjeros que tarareaban canciones griegas.

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La noche estaba decididamente lanzada. Vasili toca el bouzouki habitualmente los miércoles en su local, pero aquello estaba adquiriendo tintes especiales. El expansivo griego estaba feliz y nos hizo el honor de ir a a buscar su instrumento y tocar para nosotros. La gente ya se animó a cantar, y el ambiente acrecentaba nuestro amor griego. Irini, más sabia y pensativa, me previno: “Manolo, no creas, esto no es la Grecia real”. Seguramente, seguro, y hablamos de diferentes injusticias. Se notaba que tal vez le pesaba nuestra diversión exultante, nuestro propio banquete, en medio de situaciones tan terribles. Pero cantamos. El entusiasmo se fue durmiendo en una sucesión de sensaciones propiciada por el vino, y casi sin darnos cuenta nos fuimos deslizando a la calle. Vasili, en otro alarde, de generosidad hacia su amiga española y los amigos de su amiga, no permitió que pagáramos semejante homenaje, dejándonos una sonrisa emocionada y agradecida que nos ocupó todo el cuerpo y que aún no se ha borrado ¿Cómo no querer a esta gente?

 

En el taxi, el conductor se dio cuenta de que éramos extranjeros y nos preguntó qué nos había parecido el restaurante. Ante nuestra entusiasmada respuesta, corroboró: “A este sitio viene mucho el primer ministro, el anterior, Papandreu”. No me extraña, pensé. Habíamos comido como primeros ministros, aunque fueran socialistas, y encima, invitados. Sin duda, y como escribí hace algún tiempo, Grecia nos ama.

P.S. Una última aclaración sobre el nombre del restaurante: Psariston, es una mezcla de dos palabras, psari, que significa ‘pescado’ y ariston, que quiere decir ‘el mejor’. Así que ya sabéis donde se come el mejor pescado y marisco de Atenas. Está lejos de todo lo turístico, pero es algo excepcional. De precio, por suerte para nosotros, no os puedo hablar. Pero seguro que no es barato.

La zona VIP del Paraíso

Ulyfox | 26 de agosto de 2013 a las 12:42

Oia, frente a la caldera de Santorini.

Oia, frente a la caldera de Santorini.

Esta es la descripción feliz y certera que me envían Rafa e Isa desde Grecia, tras haber pasado tres días en Santorini y cuando empezaban su estancia de cuatro en Paros. “Esto es la zona VIP del Paraíso” me dicen para agradecernos el diseño de viaje que le hemos hecho, y con eso nos han hecho felices.  Me parece una definición acertadísima, y si es suya, les felicito por el titular y se lo copio. Espero que el resto de su periplo helénico, que incluye también dos noches en Atenas para rematar y que ya está acabando, les vaya tan bien. “El viaje ha superado nuestras expectativas” me cuentan, y a nosotros, que sabemos del encanto irresistible de aquellas tierras y mares, no nos sorprende. Y nos hablan de la gente del Vallas Apartments, y de la comida, y nos alegran el día. Porque esto de recomendar a alguien un sitio, lo sabéis, te crea una responsabilidad. Como cuando hablas bien de un restaurante a un amigo. Si te hace caso y tiene una mala experiencia, sin saber por qué, te sientes en parte culpable del chasco, pero si te viene hablando de lo bien que comieron crees que es también mérito tuyo.

La playa de Martselo, en Paros.

La playa de Martselo, en Paros.

Pues eso: Santorini, Paros, Grecia… la zona vip del Paraíso. Ya sé que somos pesados en esto, pero vamos teniendo cada vez más aliados.

Capilla y calle en Parikia, capital de Paros.

Capilla y calle en Parikia, capital de Paros.

Cuéntame

Ulyfox | 15 de abril de 2013 a las 13:40

 

¿En qué tabernas has comido?

 

Cuéntame Antoniodlr. Cuéntame y cuéntanos. Ya habrás vuelto de tu viaje a Atenas, ya habrás comprobado algunas cosas. Nos hemos acordado de ti en estos días. Ya sabes: “Ahora estará volando” , “ya habrá pasado las habituales turbulencias sobre Italia”, “ya estará aterrizando”, “habrá ido a la Acrópolis”, “¿en dónde estará cenando?”, “¿habrá ido a Egina al final?”.

¿Has subido los impresionantes Propileos?

Anda, cuéntanos y dinos tus impresiones: la gente, el aire, la alegría, la tristeza, el paisaje permanente y aéreo de la Acrópolis, si las terrazas están más tristes, si el barrio de Plaka ha perdido turismo, si desde la Acrópolis has visto el mar allá a lo lejos. Hace unos dos años que nosotros no pisamos la capital griega, aunque como sabes han abundado nuestras visitas a las islas. Pero te lo juro, nos interesan mucho tus palabras. Y más teniendo en cuenta el inmenso amor que tenemos a esa ciudad cuna de todos, tan despreciada y desconocida en el fondo. Tan bella en verdad.

¿Cuántas veces has mirado hacia la Acrópolis?

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Iberia rompe con Grecia

Ulyfox | 9 de diciembre de 2012 a las 2:52

Un antiguo anuncio de la compañía que entonces se denominaba orgullosamente Líneas Aéreas de España decía: “Con Iberia ya habría llegado”. Con gran dolor tengo que lamentar hoy que con Iberia ni usted ni nadie llegará nunca, ya no, a Grecia. La compañía ha anunciado que suprime la ruta con Atenas, al igual que hará con Estambul y El Cairo y más adelante con La Habana y Santo Domingo. Menos oportunidades.

En los Propileos de la Acrópolis, ante el templo de Atenea Niké (la victoriosa)

Iberia nos lo pone más difícil. Digo yo que siendo inteligente siempre habría que estar conectado con Atenas, permanentemente tener la puerta abierta en esa dirección, el hilo sin soltar, el cable del que tirar, la línea pintada en el suelo, las migas de pan en el sendero, las ramas rotas, las muescas en los troncos, las flechas en las rocas señalando a Atenas, el faro siempre encendido en la Acrópolis, el billete siempre dispuesto para acercarse a Plaka, a los barrios menesterosos de Monastiraki, para embarcarse en El Pireo, y el ánimo perenne a pasear siempre bajo la colina de las Ninfas. Pero ahora Iberia no, ya no, ya no quiere.

La Acrópolis ilumina la ciudad

Menos mal que nos queda, de momento, Aegean Airlines, si no ¿cómo volar desde Madrid sobre Valencia, Mallorca, Alghero, Nápoles y el Vesubio, Corfú, Patras, Corinto, Salamina… para aterrizar bastante más allá de Likabitos? ¿de qué manera llegar para saltar después a las Cícladas, a Rodas o Creta? Ya hace unos años, la clásica Olympic Airways suprimió los vuelos, pero entonces tomó el relevo Aegean. ¿Qué pasará ahora? Antes había hasta cuatro vuelos diarios con Atenas. Ahora quién sabe.

Seguiremos yendo a rendir pleitesía al Hefestion.

Iberia, donde estuvo el jardín de las Hespérides, donde Hércules robó las manzanas de oro, rompe con Atenas. Zeus, no se lo tengas en cuenta a ese presidente repeinado que tienen. Después de hacer un ERE con miles de empleados ahora lo va a hacer  con los usuarios. No podrá desde luego con nosotros. Atenas, la inmortal, siempre encontraremos la forma de llegar a ti. Como Ulises sabía que volvería a su Ítaca. Si toda la furia de Poseidón no pudo impedirlo ¿cómo va a poder hacerlo un engominado mortal? La sabia Atenea, patrona de la inmortal polis, que ya ayudó a Ulyses en su Odisea, sabe a quién tiene que guiar y cómo.

Seguiremos yendo a comer a las tabernas bajo el emparrado.

Los antiguos atenienses, lo sabéis, eligieron a Atenea como su protectora precisamente en competición con Poseidón. Este, para ganarse su favor, abrió con su tridente un gran manantial para surtir a la ciudad. La hija de Zeus les regaló el primer olivo domesticado, y los atenienses lo tuvieron claro. Desde entonces, un olivo crece en la Acrópolis, justo detrás del Erecteion de las cariátides. Pero para verlo, tendréis que coger un avión que no sea de Iberia. Así es.

Y seguirá el olivo siempre junto al Erecteion, y durará más que Iberia.

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Directo al corazón

Ulyfox | 5 de abril de 2012 a las 22:24

El Parlamento griego, en la plaza Syntagma

Si tenéis, como yo, un corazón gramatical y etimológico, enseguida comprenderéis que Plaza Syntagma quiere decir plaza de la Constitución. Syntagma no es un lugar bonito ni feo sino tremendamente hermoso. Es el corazón de Atenas y el sitio por el que deberíais empezar siempre una visita a la capital de Grecia. Aunque al salir de la boca del moderno metro encontraréis edificios no especialmente señoriales. En este espacio resalta, a un lado, la elegante fachada del elegante, este sí, Hotel Grande Bretagne. El resto son construcciones impersonales, feamente modernas, pero tiene unos jardines en el centro y mucha, mucha gente siempre, gente de todo tipo, como corresponde a la plaza mayor de una gran ciudad; y Atenas es muuy grande.

Los 'evzones' homenajean al soldado desconocido, ante el Parlamento,

Lo más importante de Syntagma está al otro lado de una amplia avenida, Amalias, siempre transitada densamente. Es el Parlamento griego, un gran edificio amarillento de estilo neoclásico, con un atrio solemne en el que se halla la tumba del soldado desconocido. Ante ella vigilan permanentemente los evzones, esos soldados que por mucha parafernalia que desplieguen en sus llamativos cambios de guardia nunca tendrán un aire imponente: las faldas de decenas de pliegues y los pompones de sus botas les dan un aire de varietés inevitable. La soberana presencia del Parlamento hace de la plaza el centro de todas las masivas manifestaciones ciudadanas, el campo de batalla de numerosos enfrentamientos, casi continuos y muy violentos en los últimos tiempos por las decisiones antipopulares de los diputados y del gobierno de emergencia, no elegido.

 

Un hombre llora ante el lugar donde se suicidó el jubilado griego, en Syntagma.

 

Sin embargo,  la protesta más rotunda y estremecedora la acaba de protagonizar una sola persona, un farmacéutico jubilado de 77 años, que hace un día se quitó la vida disparándose en esa plaza corazón, a la conmocionada vista del público que por allí pasaba. Se le encontró un papelito en el bolsillo, en el que razonaba su suicidio con una frase más dolorosa que su disparo: “No pienso rebuscar comida en la basura”. Después de una vida entera trabajando, no despilfarrando como diría el tópico actual sobre un griego, estaba arruinado absolutamente, acosado por los recortes de pensiones, subidas de impuestos, y ajustes de esperanzas que han decretado los vicarios (¿debería haber escrito sicarios?) de los mercados en el gobierno. No halló salida más digna.

Guardias ante el cuerpo del nuevo soldado desconocido en Syntagma.

Cuando vuelva a Atenas, acudiré junto al árbol en el que ese nuevo soldado desconocido, contemporáneo héroe armado, ejecutó con libertad última la protesta más pacífica de la manera más violenta, y le rendiré ya inútil homenaje desde mi herido corazón, que como el de todos habla en griego: sístoles y diástoles, para darnos vida con etimologías, cardiá, cardoúla mu (corazón, corazoncito mío). Y si alguno de vosotros va por allí, hacedlo en mi nombre.

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Amigos en el infierno

Ulyfox | 13 de febrero de 2012 a las 15:03

Una imagen de Atenas, el domingo 12 por la noche

 

A los amigos que tenemos en Grecia, a los que hemos ido cosechando desde nuestra timidez insistente de 20 años de visitas repetidas en las islas, hemos añadido hace solo una semana una amistad por correspondencia en Atenas, la eterna, despreocupada, caótica y últimamente castigada capital del mundo helénico, es decir del nuestro. La última adquisición ha venido vía correo electrónico, para una entrevista en este periódico. Se llama Margarita, es de San Fernando como nostros, y goza de la bendita locura de haberse enamorado de un país en el que no nació, es decir, el suyo es un amor sin obligación ni interés.

Atenas es en estos días un infierno de resistentes y también un paraíso de dignidad. Un pueblo que estaría dispuesto a hacer sacrificios, pero no a ser sacrificado, como leí el otro día no recuerdo en qué sitio. Los políticos y los economistas no le dan esperanzas, y en esta desesperanza se cultiva sola una violencia llamativa, explosiva, mientras por el otro lado invisible camina la violencia callada y cínica de los trajes planchados y el distanciamiento racional de los no afectados. Muy triste. Margarita me informa desde allí, como tantos que lanzan mensajes en botellas para que lleguen a alguna costa, de los desmanes y de las cada vez más famélicas esperanzas, y me remite fotografías de humaredas, pero también de una camiseta ingeniosa (porque el humor también nos salva) en la que se lee: “¡No nos echéis gases lacrimógenos, ya lloramos sin ellos!”

También nosotros lloramos por ese país amado y penalizado, y nos solidarizamos con nuestros amigos Eleni y Thanasis, madre e hijo dueños del Hotel Damianos en Mikonos ( http://blogs.grupojoly.com/mil-sitios-bonitos-cadiz/2010/10/31/%c2%a1la-foto-con-eleni-no-estaba-perdida/  ,  http://blogs.grupojoly.com/mil-sitios-bonitos-cadiz/2010/10/10/el-cumpleanos-de-eleni-en-mikonos/  ), nuestro refugio de finales de septiembre; con Andonis, Yiannis y su familia de los apartamentos Vallas ( http://blogs.grupojoly.com/mil-sitios-bonitos-cadiz/2011/09/26/lovely-friends-en-santorini/ ), que nos ofrecen el mejor panorama para gozar y charlar sobre la hiviente caldera de Santorini; con la entusiasta María en los apartamentos Arhontiko de Naxos, que todas las tardes tiene un regalo gastronómico para cuando volvemos de nuestro largo día de veraneantes; con todo el personal de la taberna Hipokampos en Heraklion, que infaliblemente convida con raki para terminar la comida; con Yiannis y Panagiottis en la lejana Makrygialos, uno de esos confines cretenses para perderse; con Manolis y Sofia en la acogedora Pension Sofia de Paros (http://www.pension-sofia.gr/), la de los incomparables desayunos en el jardín…

Margarita con sus platos gaditanos, pringá y panizas ante la inmortal Acrópolis de Atenas.

 y ahora también con Margarita, isleña repatriada en Atenas, propagadora feliz de cocina, lengua y cultura gaditanas en el corazón ateniense, a la que podéis conocer un poco mejor si pincháis aquí: http://www.diariodecadiz.es/article/provincia/1182636/pringa/la/sombra/la/acropolis.html

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Atenas no quiebra

Ulyfox | 24 de septiembre de 2011 a las 22:46

La Torre de los Vientos, y arriba la Acrópolis

Estamos a solo cinco días de acabar nuestras intensas vacaciones en Grecia y apenas he acabado de hablar de Jordania, nuestra primera etapa en el periplo anual de septiembre al otro lado del espejo, en ese lado donde no existe la jornada laboral y el ocio se convierte por derecho consuetudinario en la condición natural del hombre.

La reconstruida Estoa de Atalos, en el Ágora de Atenas.

Es hora de empezar a escribir, contar, más que viajes, sentimientos, sensaciones, sueños, encuentros, descubrimientos, reencuentros. Lo primero: llegamos a Atenas el día 4, desde Amman, y la encontramos más bonita que nunca, resplandeciente en los alrededores de la Acrópolis, en una tarde de temperatura fabulosa, con las terrazas llenas de gente. El ambiente parece haberse desplazado desde Plaka hasta la parte baja de la calle Adrianou, una vez pasado Monastiraki y camino del Keramikos. En ese tramo que vive a la sombra de la Acrópolis y junto a la antigua Ágora, se amontonan los restaurantes y cafés, todos cuidados y presentados con el inmenso talento de los griegos para lucir sus establecimientos hosteleros.

Ahí no encontramos ni sombra del fantasma de la quiebra que dicen amenaza al país. Nos dijeron que si andas por los alrededores de la plaza Omonia y otros barrios sí se ven incluso familias en las calles, sin casa. Pero no donde estuvimos nosotros. Vimos gente trabajando, y otras intentando disfrutar del domingo de verano. Y muchísimos turistas, algo que se convertiría en constante durante todo el viaje.

El Hefestion, da gusto verlo.

Era una primera tarde en la capital griega, sólo como espera para dirigirnos al día siguiente al Pireo y embarcar para Angistri, nuestra primera parada en Grecia. Pero ya nos quedamos con ganas de subir a la Acrópolis, donde los Propileos, el Erecteion, el Partenón y el templo de Atenea Niké parecían relucir más blancos tras las últimas restauraciones, quiero decir eternas. Es sí, aprovechamos para revisitar el Hefestion, un templo dórico casi perfectamente conservado, contemporáneo del Partenón aunque más pequeño, y que se encuentra en la antigua Ágora. No lo veíamos desde nuestro primer viaje a Grecia, hace ya 20 años. No sé por qué está injustamente postergado en los libros y guías. Quizá por la grandeza y perfección de su hermano mayor, allá en las alturas de la colina sagrada.

Ante la siempre impresionante Acrópolis ateniense

La plácida tarde continuó con dos nescafés frappés glikós me gala (con azúcar y leche) y acabó con una visita habitual: la cena en la Palia Taverna (Vieja Taberna) en el barrio de Plaka (no confundir con la Palía Taverna Tou Psara, también muy buena y justo detrás), con la música griega en directo, y unos sabrosos rollos de berenjena con queso y taramosalata. Una vuelta perfecta. El día siguiente sería el del descubrimiento de una pequeña joya: Angistri.

Los músicos de la Palía Taverna de Plaka

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La democracia tiene su cuna

Ulyfox | 23 de mayo de 2011 a las 17:29

La tarde cae en las cercanías del barrio de Monastiraki.

La antigua ágora de Atenas. Arriba, la Acrópolis

Cuando el pueblo habla todo el mundo debe escuchar. La ebullición, la revuelta pacífica en las plazas del país, tan esperanzadora, han tenido de momento una escala imprevista en la amplia victoria electoral de la derecha. En el escenario de la democracia han aparecido a la vez los buenos deseos y los miedos, el ansia de revancha y el castigo merecido, la mirada hacia el futuro y las ganas de retorno al pasado, la movilización y el conformismo, el descreimiento y la frustración. La ideología hace su reaparición de manera esplendorosa en el ágora, y se esconde de manera descarada en las urnas, tal vez expulsada por la mayoría que más debería cuidarla y que la orilló cuando las cosas se pusieron críticas.

El mejor camino para subir a la Acrópolis: el barrio de Anafiótika

Sea como sea, es hora de celebrar de nuevo, una vez más, miles de años después, la alegría por aquel invento de los griegos en el ágora, en la colina del Pnyx ateniense: la democracia. Y desear que perdure. Los griegos, otro pueblo maltratado, casi forzados de nuevo a venderlo todo por los que precisamente no han sido elegidos por nadie. No dejemos que eso ocurra aquí, no permitamos que ya esté ocurriendo.

Una casa neoclásica del centro de Atenas.

En esta hora de festejo democrático, es justo volver los ojos de la memoria a esa Atenas donde nacieron tantas cosas. Lo que son las cosas: he hablado poco en este blog de la capital griega, tantas veces pisada y paseada por nosotros. Mucha gente se fija en las maravillosas islas del Egeo y desprecia esta ciudad eterna elegida por Atenea como su morada y cuyos moradores la escogieron como diosa protectora. Mucha gente dice: sólo tiene la Acrópolis. Es porque no han bebido o no se han dejado tocar por el espíritu de esta metrópoli destartalada pero intensamente viva.Y hermosa en todo lo que rodea la colina sagrada, en el asombroso y poco conocido camino de subida a la Acrópolis, por el barrio de Anafiótika, como un poblaco cicládico trasplantado a la capital; en las casas neoclásicas, los kafenion más auténticos, las tabernas más turísticas, excelsa en sus ruinas, plácida y conversadora en sus terrazas. Ruidosa en su tráfico, basta refugiarse en el barrio de Plaka y sus alrededores para vivir la tranquila vida de los hombres sabios.

Las imponentes columnas corintias del Templo de Zeus Olímpico

Sólo en un lugar así pudo nacer la democracia. No abandonemos su legado, no abandonemos a los griegos. No dejemos de visitarlos. Hay vuelos a muy buen precio en Aegean Airlines. Seamos buenos hijos, y celebremos con ellos su herencia. ¡Alegría!

El Partenón, hogar de Atenea, la diosa protectora de Atenas.

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Popurrí y final

Ulyfox | 5 de julio de 2010 a las 1:59

Vista desde el impresionante Nuevo Museo de la Acrópolis

Vista desde el impresionante Nuevo Museo de la Acrópolis

La contemplación de la Acrópolis desde la planta superior del Nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas fue el punto final de nuestro último viaje a Grecia. Bueno no, el punto final fue la contemplación en pantalla gigante del triunfo de España sobre Portugal, en uno de los miles de televisores instalados en los miles de terrazas de bares y tabernas griegas, pero para el espíritu la culminación fue ese espléndido museo, manejable y a la vez reivindicativo: impresiona el hueco dejado en la última planta para cuando Gran Bretaña se digne devolver los frisos del Partenón.

Desde nuestra vuelta, cosas de la crudísima realidad, no he tenido oportunidad de escribir nada. Así que ahora intentaré hacer un rápido resumen a modo de popurrí y despedida, y dejar de cansar al sufrido lector de este blog con tanta Grecia, magna Grecia, bella Grecia, humana Grecia, hedonista Grecia… hasta la próxima vez, muy pronto. Si me paso en el tiempo, el jurado sabrá disculparme, aunque me caiga una justa penalización. Del público sólo espero que se quede con ganas de más.

En la terraza de Hotel Mitropoleos, con la Acrópolis al fondo

En la terraza de Hotel Mitropoleos, con la Acrópolis al fondo

Primera tarde y noche en Atenas, en el Hotel Mitropoleos, mejorable. Tiempo para andar por Monastiraki, contemplar la Torre de los Vientos, cenar en Plaka, todo bajo la presencia de la Acrópolis, y acostarnos pronto (relativamente) porque al día siguiente nos esperaba el bullicioso puerto de El Pireo y el viaje a Naxos, muy temprano.

En el paseo marítimo de Naxos, al atardecer, Penélope y nuestro amigo Mi

En el paseo marítimo de Naxos, al atardecer, Penélope y nuestro amigo Mi

Una espléndida terraza en Hora Naxos

Una espléndida terraza en Hora Naxos

Naxos es la isla donde Ariadna fue abandonada por el desagradecido Teseo, a quien había ayudado a derrotar al Minotauro en Creta con el famoso hilo que le guió en su salida del laberinto. Ari no perdió el tiempo y se lió con el señor de la isla, el divertido Baco, dios del vino y los placeres. Desde entonces se dice que el vino de Naxos alivia las penas. Su capital es Hora Naxos, y su paseo marítimo está lleno de terrazas, barcos y restaurantes. Al anochecer todo te convida a sentarte y mirar el mar. Antes, el paseo por los barrios de Bourgos y Kastro, donde ortodoxos y católicos venecianos dejaron sus recuerdos.

Casa y vehículo en Halki, pueblo en el interior de la isla de Naxos

Casa y vehículo en Halki, pueblo en el interior de la isla de Naxos

Halki, Filoti, Apíranthos son pueblos del interior de Naxos, la mayor de las islas Cícladas. En ellos, pese al turismo, aún se puede disfrutar de la vida del campo griego. Hicimos una excursión detenida por el primero y nos sentamos a comer en el segundo, en una plaza que cruzaba la carretera, con un inmenso plátano que daba sombra a las mesas, la estampa más clásica de las tabernas griegas. Gyros y lukániko para almorzar. Aceitunas que no falten. Vino fresco en jarrita  de aluminio coloreado.

Iglesia bizantina de Agios Georgios, en un olivar de Halki

Iglesia bizantina de Agios Georgios, en un olivar de Halki

Al final de un paseo hermosísimo por el campo con paradas en un túnel de zarzas, en una cabra, en una pequeña capilla blanca, en un árbol que da unas ciruelas pequeñísimas y sabrosas, en un olivar centenario, en una casa en restauración, aparece cerca de Halki la iglesia de Agios Georgios, una pequeña joya entre los olivos, que es un tratado de bolsillo de arquitectura bizantina, con su pórtico, su planta de cruz griega, su ábside, su cúpula y sus frescos coloridos ya muy deteriorados, porque del siglo XI hasta aquí ha pasado demasiado tiempo. Pequeña, pero en ella cabe toda la emoción de los cinco viajeros.

Gentío entra y sale del 'Highspeed' en el puerto de Naxos, camino de Paros

Gentío entra y sale del 'Highspeed' en el puerto de Naxos, camino de Paros

 

Tras cuatro días y cientos de baños de la pequeña Mu en las playas de Naxos resguardadas del viento y las olas, de nuevo al barco. Esta vez el destino era la cercana, luminosa y crecientemente chic isla de Paros, más selecta, más tranquila, más elegante. En el puerto de Naxos tomamos el Highspeed de la naviera Hellenic Seaways, un prodigio de modernidad y rapidez que nos había de dejar en Parikia, la de rojas buganvillas. Yiotis, el dueño de los Angie’s Studios, nos espera en el puerto con su furgoneta, y de corrido nos niega que haya crisis, le echa la culpa a la televisión, y se declara seguidor del Real Madrid… y de Mourinho. Los estudios son una preciosidad. El mar se calma, aunque el meltemi, el temible viento del norte, siempre está amenazante.

Vista desde la primera taberna que nos acogió en Parikia

Vista desde la primera taberna que nos acogió en Parikia

 

Paros es la isla del mármol más blanco. De las piedras casi transparentes de sus canteras salió la Venus de Milo, pero también infinidad de esculturas y edificios. Aún se pueden visitar los antiguos yacimientos que explotaron los griegos antiguos. De mármol son los cantiles del puerto de Naussa, blanco pueblo entre los blancos, futuro del turismo en las islas, incomparable teatro de mar y barcos  en su minúscula dársena rodeada de sillas, mesas y camareros guapos. Tarde de asombros amontonados en calles, espejos, tiendas, gritos de niños y olores a guisos clásicos.

Naussa, a lo mejor el puerto más pequeño del mundo.

Naussa, a lo mejor el puerto más pequeño del mundo.

 

El plan perfecto antes de pasear por Naussa es pasar el día en la extraordinaria playa de Kolimbitres, al otro lado de la bahía, en las hamacas habilitadas entre las rocas de caprichosas formas. El agua allí es tal vez la más clara del mundo, la más acogedora para niños y mayores, casi nunca se altera y es la soñada por un nadador que odie el cloro de las piscinas. Cada poco tiempo llega una barca desde Naussa, pero también se puede llegar por carretera.

DSC_0983 El plan se completa con el almuerzo en la taberna Ta Kima (La Ola), con su fabulosa taramosalata y su excelente vino de la casa. Y Sergio, el camarero que estuvo en Cuba, que un lejano día reconoció que éramos españoles por el Ducados que fuma Penélope, y que se acuerda de Cádiz porque de allí salía el bateau para Canarias.

Sobre una roca en la playa de Kolimbitres

Sobre una roca en la playa de Kolimbitres

El baño más tranquilo, en Kolimbitres

El baño más tranquilo, en Kolimbitres

DSC_1170Paros es maravillosa, pero la sexta huelga general de los griegos en dos meses nos obligó a adelantar nuestra vuelta a Atenas, embarcados en el Blue Star Naxos. No nos arrepentimos. Tuvimos tiempo extra para admirar las enormes columnas que quedan del templo de Zeus Olímpico, que el andaluz emperador Adriano tuvo el detalle de regalar a los griegos como una pequeña compensación a todo lo que Grecia dio a los romanos, de ver el Estadio de las primeras Olimpiadas modernas, reconstruido sobre el antiguo, de disfrutar de la Vieja Taberna, de aprender ¡por fin! en el Nuevo Museo de la Acrópolis, de volver a la Taberna Platanos, de conversar con una guapa cretense encargada de una tienda de recuerdos, de amar aún más a Atenas, la cuna de casi todo lo que sabemos y dudamos. Para la ciudad, para la eterna polis de todos, para Pericles, para Platón, ahí va la despedida, con las dos últimas fotos. No se puede pedir más a un país hecho por el hombre para el disfrute del hombre. Volveremos.

Felices en los Jardines Nacionales, ante el imponente templo de Zeus

Felices en los Jardines Nacionales, ante el imponente templo de Zeus

Plaka, el centro de Atenas, tabernas, Acrópolis

Plaka, el centro de Atenas, tabernas, Acrópolis

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