Archivos para el tag ‘Bolonia’

Baelo espléndida

Ulyfox | 29 de marzo de 2013 a las 22:26

Vista general de Baelo Claudia, el Viernes Santo.

Aprovechando que nos hemos quedado por aquí he realizado una excursión largo tiempo anhelada: volver a Baelo Claudia, ahí al lado pero sin visitar desde hace infinidad de años. Quería ver cómo había quedado el nuevo centro de interpretación, y los avances en la excavación y consolidación de las ruinas. En pocas palabras: ha quedado estupendo. El Centro es un hallazgo, moderno, racional y a la vez integrado en el entorno. Durante su construcción fue objeto de numerosas polémicas, pero a mí me parece que el resultado es espléndido, ligero, aéreo, luminoso. Un lujo en Andalucía.

El Foro, con su pavimento milenario, y la Basílica al fondo.

El lugar arqueológico está magníficamente señalizado y preparado para la visita, con explicaciones sucintas y claras. La visión con la ensenada de Bolonia al fondo es maravillosa. El teatro, que no pude visitar hace años, ha quedado extraordinariamente a medias entre la rehabilitación y la ruina evocadora. Por desgracia, no puedo decir lo mismo de la información que se proporciona. El día que nosotros fuimos se habían acabado los folletos en español, y cuando quise comprar una guía del sitio en la tienda tampoco la había en español: sólo en inglés. Al parecer se ha agotado, y el presupuesto no da para reeditarla.

La cavea del Teatro, restaurada.

Una cosa me resultó extraña: la entrada es gratuita para españoles y ciudadanos de la Unión Europea. Me encanta que la cultura esté al alcance de todos, pero creo que una entrada a precio simbólico, soportable por todos, pongamos un euro, ayudaría por ejemplo a tener fondos para reeditar esa guía, entre otras cosas. El yacimiento estaba lleno de visitantes, el aparcamiento a rebosar y numerosas familias disfrutaban de este tesoro gaditano. Un buen puñado de euros podría haber ido a parar a fin tan encomiable y ciudadano.

Los restos del acueducto, y el Centro de Interpretación al fondo.

Un asunto personal: disfruté sobre todo de pisar ese suelo antiguo, las baldosas de la calle principal, el Decumano Máximo, de casi dos mil años de historia y onduladas por los terremotos y los siglos. Deseé ser un mecenas antiguo e invertir miles de euros en sacar a la luz tanto secreto guardado bajo la tierra de Baelo Claudia. Me alegré de tener tan cerca ese pedazo de Roma. Y más después de rematar la faena con un almuerzo en el restaurante Las Rejas, nuestro comedor en la playa de Bolonia.

Patio del Centro de Interpretación de Baelo Claudia.

Bolonia la Gorda

Ulyfox | 3 de enero de 2012 a las 0:52

Un dependiente, asediado por la comida en una tienda de alimentación en el centro de Bolonia.

Es el segundo sobrenombre de Bologna la Rossa, la capital de la Emilia Romaña: Bologna la Grassa, por la abundancia y calidad de sus productos. Naturalmente, no hemos podido probarlos todos ni en nuestra anterior estancia de un día, ni en esta de día y medio con excursión a Módena incluida, pero con la vista los hemos apreciado casi todos.

Frutería nocturna frente a la puerta de nuestro Albergo delle Drapperie.

Pegado al Albergo delle Drapperie, nuestra parada en Bolonia, está el Mercado de Verduras, pero además, en dos o tres callejuelas de aquí mismo hay una gran cantidad de tiendas de embutidos, jamones, productos preparados y pastas caseras, especialmente los tortellini al ragú, la gran especialidad que en el resto del mundo se conoce como salsa boloñesa. Estaba loco por utilizar esta expresión: es una orgía para los sentidos. Da gusto ver las tiendas tan surtidas y con dependientes tan bien vestidos. Y mucha, mucha envidia si tenemos en cuenta además que por nuestra tierra los mercados están muriendo.

La fuente del Neptuno, en la plaza del mismo nombre, a las seis de la tarde

Y todo en los alrededores del centro histórico, en las cercanías de la Piazza Maggiore y la Piazza del Nettuno, impresionantes recintos urbanos, apabullantes muestras de vida ciudadana.

Bolonia la Roja

Ulyfox | 2 de enero de 2012 a las 0:59

Pues sí. Nos decidimos, después de darle muchas vueltas, y estamos los tres en Bolonia, la capital de la Emilia Romaña. Penélope siempre, Pepa con cámara nueva que le han dejado los Reyes adelantados, y el que esto transcribe, a bordo de Ryanair nos hemos plantado aquí, en dos horas y cuarto desde Sevilla. Comienza una decena de días que incluirá tres jornadas en Florencia, que revisitaremos después de más de veinte años, y una visita al lago de Como.

Bolonia la Roja, llamada así por el color de los ladrillos que revisten casi todas sus casas y también por la tendencia política de sus ilustrados habitantes desde hace décadas, es una ciudad de una gran categoría, estudiantil, animada, llena de tiendas, librerías, bares y restaurantes, y con un mercado de hacer la boca agua. Es como un ejemplo sabroso y permanente de que todo esto es compatible.

Nos ha recibido una noche de Primero de Año poco transitada y algo fría, pero sabemos que estamos en el mejor de los sitios posibles, el Albergo delle Drapperie, en pleno centro, junto a la plaza Mayor y la fuente de Neptuno, y rodeado de deliciosas tiendas de embutidos y pasta casera hecha a mano. Apenas nos ha dado tiempo a cenar muy bien y dar un mínimo paseo con foto incluida de la nueva camara de Pepa, ante una de las Due Torri, adornada para las fiestas. Mañana contaremos algo más. Digo yo.

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Nuestra arma, la fuga de capitales

Ulyfox | 1 de enero de 2012 a las 1:56

Ahora que hemos empezado el año con el ataque criminal que se esperaba a nuestros bolsillos, ahora que no habrá nadie leyendo este blog, digo que nos vamos a gastarnos algo de dinero a Italia, antes de que los chicos de Rajoy nos lo quiten todo, empeñados en hacernos pagar a los de siempre lo que se han gastado los otros de siempre. Que estamos hartos de que nos mientan siempre, que nos mintieron en la dictadura, que nos mintió Felipe cuando nos dijo que nos sacaría de la OTAN, que nos mintió Aznar cuando nos metió en una guerra contra unas armas de destrucción masiva inexistentes, que nos mintió Zapatero al prometer socialdemocracia y plegarse a los mercados, que nos mintió Rajoy cuando dijo que no iba a subir los impuestos. Que estoy harto de que nos mientan y de que les sigamos votando. Que empieza 2012 y nos tragaremos tantas mentiras, que nos vamos a gastar los capitales a otro país.

Que vamos a empezar el 2 de enero en Bolonia, que seguiremos por Florencia y luego en el lago de Como, y tal vez entre la belleza del Renacimiento y el Barroco encontremos la plenitud de aquellos tiempos en los que al menos había ideas, movimientos, escuelas… y que tendremos que volver, naturalmente.

Que si nadie promueve una rebeldía, una revolución, una escuela de pensamiento, un estilo de música, un genero nuevo, una religión, yo qué sé… nos vamos a morir. Que alguien quiso parar la historia y nos puso a todos de trinchera, y que se están forrando. Sólo nos queda el cava, afortunadamente, mientras las ideas se pierden entre los petardos de fin de año y unas campanadas desvaídas.

Feliz año, no obstante, y un deseo: que una marea de dudas e inquietudes nos devuelva la vida. Y que no nos falten los amigos ni los amores, ni el vino ni los besos. Felicidades a quienes gozan de todo eso. No lo dejéis marchar.

El próximo saludo, tal vez, desde Bolonia, Italia.

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Nuestro comedor en la playa de Bolonia

Ulyfox | 12 de junio de 2011 a las 23:03

Carlos a la izquierda, José Manuel a la derecha, en la barra del restaurante Las Rejas.

Hace muchos años, no recuerdo cuántos, pero muchos, comimos por primera vez en el Restaurante Las Rejas de la playa de Bolonia. Llegamos a ese sitio casi por casualidad, no recuerdo si porque estaban todos los demás (cuando no eran muchos) llenos de gente. Dos hermanos, Carlos y José Manuel, estaban a cargo de atender a los clientes, no demasiado numerosos. Todo lo que os diga de estos dos camareros sui géneris tendréis que ir a comprobarlo en persona. Es la risa asegurada desde el primer momento, no reñida sino hermanada con el mejor servicio posible y una cocina tradicional inmejorable, sobre todo los pescados y mariscos, pero también los pimientos asados o las croquetas. Es imprescindible probar los chocos en tinta y el mero a la plancha. Antes (ahora creo que ya no, o ya no tanto), mucho de este género lo pescaba el propio José Manuel con todo su aparejo de pesca submarina. El caso es que aquella primera vez estuvimos comiéndonos una enorme centolla cogida por él, recién cocida, aún caliente, lenta y golosamente durante más de una hora. El almuerzo se prolongó hasta bien entrada la tarde, y el propio Carlos vino a halagarnos nuestra forma de comer, pausada y amorosa. No volvimos hasta el año siguiente, pero nos saludaron como si fuéramos clientes de cada fin de semana, nos reconocieron, con todo lo que esa actitud tiene de agradable.

Las vacas tienen preferencia en Bolonia...

 Desde entonces, nuestra visitas son periódicas, y por desgracia mucho más espaciadas de lo que nos gustaría, con la culpa a medias repartida entre el trabajo y la distancia a recorrer. Una de aquellas veces antes más frecuentes, nos dijeron que les iba estupendamente, que venía mucha gente en verano, que ganaban mucho dinero, pero que eso les había supuesto no tener el tiempo que tenían antes para charlar con los clientes. Y se les notaba una cierta tristeza por eso. Es verdad que ahora es más arriesgado ir hasta allí sin reservar, y que sigue yendo mucha gente. Cada vez que vamos está asegurado el abrazo y la broma de José Manuel a Penélope: “Hombre, menos mal que vienes, tengo guardada hace un montón de meses una olla de chocos en tinta para ti”. Con Carlos hemos hecho algunos intercambios de música brasileña. Siempre tiene una estupenda selección sonando en el local.

Esa inmensa playa de Bolonia.

El sábado volvimos a ir, a disfrutar con sus excelentes platos, con sus chistes, con su compañía, y luego con el maravilloso día que hacía en la ensenada de Bolonia, tomando el primer baño de sol de la temporada. Y a sorprendernos con las vacas, los burros y los caballos sueltos, con preferencia de paso, mezclados con las familias nativas y con los guiris sonrosados, lo que da a la playa ese aspecto antiguo y ese aire auténtico. Sólo ha faltado la visita a las ruinas romanas, porque salimos demasiado tarde. Queda para otro día, pero ya quizá después del verano. Y volveremos a reír y a comer bien. Y a saludar a los amigos, lo mejor de esta vida.

... y los burros, por supuesto

El Restaurante Las Rejas está en la playa de Bolonia, cerca de Tarifa y poco después de pasar Facinas si vienes desde Cádiz. No está cerca de las ruinas romanas, sino en la dirección contraria, torciendo a la izquierda en cuanto se llega a la playa, en el poblado del Lentiscal, frente al colegio.

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Roma con chocos, aquí al lado

Ulyfox | 3 de marzo de 2010 a las 9:56

Tiene razón alguno de mis amables comunicantes cuando me dicen que no hay que ir tan lejos (a veces) para ver y sentir paisajes y gentes memorables. ¿Quién no conoce la playa de Bolonia, ese paraje grandioso a poco más de una hora en coche desde Cádiz? ¿Qué les voy a descubrir hablando de ella? Seguramente nada: sus evocadoras ruinas romanas, misteriosas por las maravillas que esconden aún, “esperando la mano de nieve que sepa arrancarlas” que diría Bécquer; su mar azul y profundo, helado; las montañas a su espalda, verdísimas ahora. Eso, lo que todos saben… o deberían saber. Pero es que estuve allí hace dos días y quiero contarlo. Contar lo del restaurante Las Rejas, hago publicidad gratis y tan a gusto, y lo de sus memorables chocos en su tinta, y lo de sus croquetas de ídem, su atún en manteca, su ensaladilla de pimientos, sus pescados recién cogidos, su arroces… Lo de la atención por parte de sus dueños es mejor que lo conozcan ustedes allí mismo. La conversación con Carlos y José Manuel incluye las risas. Tienen algo que le hace a uno desear que el negocio les vaya bien. Volvemos siempre y siempre es igual de familiar. Y con la bajada a la playa a diez pasos.

Está en el poblado del Lentiscal, tomando en dirección contraria a las ruinas de Baelo Claudia, a unos 400 metros más o menos. No recomiendo, sólo cuento lo que disfrutamos.

¡Buen viaje y buen provecho!