Archivos para el tag ‘El Cairo’

Trilogía de Iberia (II) El Cairo

Ulyfox | 12 de diciembre de 2012 a las 12:00

Ante la maravillosa pirámide escalonada del faraón Zoser, la primera de todas.

Que no se piense Iberia que nos fastidia demasiado. Si a Atenas va a seguir viajando Aegean, tampoco El Cairo se va a ver huérfano de españoles por la supresión de la ruta. De hecho, nosotros fuimos a bordo de Egypt Air, y tan ricamente, hace ya cuatro años, tan rápido pasa el tiempo. Quién nos iba a decir. Entonces no había empezado la llamada ‘primavera árabe’, y las cosas estaban relativamente tranquilas, con esa paz falsa de las dictaduras asentadas. Poco después se vio cuán falso era. Había mucho turismo, y mucho español, la mayoría echando de menos la tortilla de patatas y, digámoslo, insensible a la hondura histórica de los templos y pirámides.

En el mercado de Jan al Jalili

Ahora reconozco que me he perdido con la evolución de la revolución. Islamistas radicales en el poder, militares que nunca lo dejaron, fanáticos de un lado, hombres y mujeres honrados por el otro. Algaradas en las calles y la sensación de que los poderosos siempre saben buscarse el hueco. Desazón.

Un coloso caído en el Museo de la necrópolis de Saqara, cerca de El Cairo.

No se puede decir que viéramos Egipto durante nuestro viaje. Pirámides y templos con guías propios, crucero en el hermosísimo Nilo en barco de lujo, turismo domesticado y seguro, con unas pocas licencias a una libertad viajera de mentira. Sólo una noche salimos a cenar por las calles de El Cairo, y cerca del hotel, en un restaurante insatalado en un barco en el río. Era Ramadán, y las familias muy numerosas cenaban y cantaban en la cubierta, roto ya el ayuno. Infinidad de niños correteaban y los trajes de las mujeres eran brillantes. Las luces eran amarillentas. Había mucha gente y cruzar la avenida paralela al Nilo era una aventura desafiante con el tráfico.

El gran río Nilo, en El Cairo.

Supongo que ahora poquísimos turistas visitarán Egipto, y ellos habrán perdido los suculentos ingresos del turismo, casi la única gran industria nacional. Por contra, debe de ser una delicia para los escasos visitantes pasear por los bosques de columnas de los templos en Luxor o entrar a las tumbas del Valle de los Reyes. Puede que ni haya colas ante la Gran Pirámide, y uno pueda por fin dejarse llevar por la propia pequeñez ante la reencarnación de los dioses que eran los faraones, y desaparecer en su propia verdad diminuta. O por el lado contrario, crecerse ante la evidencia de la capacidad creadora del hombre. Filosofías.

 

Pero el centro de El Cairo ¿cómo estará? Ya no hay esas grandes concentraciones en la plaza de Tahriri, no tan grandes tan cerca del fabulosos Museo de Antiguedades Egipcias. Lo admito, ni siquiera sé si habrá construido el nuevo Museo junto a la pirámide de Keops. El Cairo es tan caótico… En aquella apariencia de independencia vajera, visitamos el mercado de Jan el Jalili durante un rato, y no se diferenciaba mucho de tantos zocos árabes, con su abigarramiento y sus regateos. Si acaso, a la hora que lo visitamos y con Ramadán, había poca gente para lo acostumbrado. Pero pudimos sentarnos en un cafetín, y esquivar vendedores ambulantes, y comprender que todo el mundo es igual en todo el mundo.

La Gran Pirámide de Keops estará sola.

Iberia: tampoco en esto nos has fastidiado.

Etiquetas: , ,

Yo a los palacios subí, yo a las cabañas bajé

Ulyfox | 11 de julio de 2010 a las 18:24

Pasillos del hotel Four Seasons en El Cairo

Pasillos del hotel Four Seasons en El Cairo

El lugar más lujoso en el que hemos estado es excesivo hasta en el nombre. Se trata del Hotel Four Seasons at the First Residence, en El Cairo, a orillas del Nilo, frente a los barcos que sirven tanto de restaurante como de salas de fiestas. Nunca lo pensamos, no nos gusta el lujo entendido de esa manera, pero ese viaje a Egipto tenía que ser por la vía más cómoda: crucero por el río en el mejor barco y estancia en la capital en el mejor hotel. Four Seasons es una cadena que posee establecimientos de lujo en los lugares más exclusivos del mundo. ¿Por qué no? Fuimos al país de los faraones como los antiguos viajeros de las películas, cuando los turistas eran todos ricos, muy ricos. Teníamos coche y guía exclusivos para nosotros dos. Nunca faltaba agua y toallas frescas perfumadas cuando volvíamos de un templo caluroso. Nos faltó la oportunidad de alojarnos en el Old Cataract de Assuán, escenario del rodaje de Muerte en el Nilo y, en la vida real, alojamiento de cientos de visitantes ilustres. No pudo ser, estaba cerrado por obras. Creo que ya lo han abierto, por si alguien se quiere dar el gusto.

Nuestro hotel en El Cairo era el que sirve de alojamiento a grandes hombres de negocios y jefes de Estado cuando visitan el país. Es enorme, tiene pasillos donde caben pisos de protección oficial y un guardia de seguridad ancho, alto y negro en cada rincón. Además, está rodeado de policías y perros. La habitación podría albergar a una familia, y el tamaño de la cama es proporcional a sus dimensiones. El cuarto de baño es casi otra estancia. Nos aguantamos las ganas de traernos el albornoz de recuerdo. El televisor era ideal para ver la final de un Mundial con un grupo de amigos. Penélope dijo que había descubierto allí por qué algunos hoteles son de superlujo: todo estaba siempre brillante, pero nunca, a ninguna hora veías a nadie limpiando.

Atardecer en la terraza del adorable Hotel Damianos, en Mikonos

Atardecer en la terraza del adorable Hotel Damianos, en Mikonos

Sin embargo, con ser estupendo y un verdadero placer, no es el sitio donde nos hemos sentido más como dioses. Todo depende del concepto de lujo que se tenga. Más para nuestro disfrute son, por ejemplo, un hotel en la montaña, cuyo nombre no recuerdo, cerca de Lucerna; el hotel Athos en Atenas, el Liadromia en Alonissos, el querido Damianos de Mikonos, territorio de la trabajadora Eleni, los adorables Vallas de Santorini, un albergo sencillísimo en el centro de Venecia, esos apartamentos de Naxos donde María nos regalaba una tortilla, o un trozo de sandía al volver de la playa, los estudios Avra en Astypalea, bajo la ciudad antigua y blanca, el modesto Hotel Koufonissia en la increíble isla del mismo nombre; aquél La Tartana, de empinadas escaleras en la exclusiva Positano, la pensión Taksiyarhis en Ayvalik, una sobe en Croacia, sobrevolando los tejados de Hvar. Todos mucho más modestos, pero rebosantes de un lujo que no se puede ver ni tocar sino con los ojos y el tacto del alma, ese ente del que no sabemos que existe hasta que nos vemos en ciertas situaciones. Palacios, sí, pero desde luego también cabañas llenas de ese despilfarro invisible que te tira de la comisura de los labios hacia arriba.

El velo cristiano

Ulyfox | 22 de abril de 2010 a las 0:10

Misa en la Iglesia Colgante de El Cairo

Misa en la Iglesia Colgante de El Cairo

No sé por qué quería escribir sobre el caso de la prohibición del velo a una chica musulmana en un colegio de Madrid, si esto es un blog de viajes. Quería decir que me parece una locura que andemos en eso, cuando seguramente a ninguna monja se le impide acudir con el velo a una clase, ya sea a recibirla o a impartirla, en ningún colegio español, religioso, público o concertado. Desde aquí hablamos de sumisión de la mujer dando por supuestas demasiadas cosas. Es precisamente esa muchacha la que está diciendo que se pone el velo libremente, pero claro, no le otorgamos la capacidad de decidir, tenemos que dar por hecho que lo hace coaccionada, porque es musulmana, y ya se sabe que los moros… Justo lo que no diríamos de una monja.

Pero esto es un blog de viajes, y quería ilustrar esto con alguna foto de mujeres en un país musulmán. Y buscando, me encuentro con esa imagen de arriba. No la recordaba. Es un país  musulmán, podría parecer una mezquita, pero no: es una iglesia preciosa, la de la Virgen María en El Cairo, más conocida como Iglesia Colgante porque está edificada sobre una puerta de la antigua muralla romana. En pleno barrio copto (los cristianos egipcios) de El Cairo, cuando la visitamos se estaba celebrando una misa. Las mujeres, cristianas naturalmente, iban con velo, exactamente como en España y en todos los países católicos hasta mediados los 60. Yo tengo bastante edad como para haber acompañado a mi madre a misa, ella con su velo negro de tul cogido con agujetas. ¿De dónde si no viene la más llamativa mantilla?

Viajar tiene estas cosas buenas. Si no aprendes, por lo menos comprendes, y si no, te preguntas cosas. O las preguntas a otros. Mujeres, hombres, Ramadán, ayuno, niños, conversación, paseo, ojos abiertos, que te hacen replantearte tantas cosas, esa costumbre tan sana y revitalizante. Que no acabe el debate civilizado, y que no se lapide a nadie. No es mucho exigir. Andamos con estereotipos: velo=mujer sometida. A lo mejor no es siempre así. Por ejemplo: escote amplio=mujer objeto. Otro: traje chaqueta cara=mujer ejecutiva. Más: chaqueta de estampados brillantes=ministra o consejera socialista.

A lo mejor deberíamos dejar, millones de años después, de juzgar a Eva por la forma en que va vestida. A todas. Y ya puestos, ahí va otra foto, exterior de la enigmática Iglesia Colgante.

DSC_0080

A Egipto desde Chiclana

Ulyfox | 20 de abril de 2010 a las 0:11

Un obrero restaura un relieve en un muro de Medinat Habu

Un obrero restaura un relieve en un muro de Medinat Habu

El viaje al país del Punt

El viaje al país del Punt

Dice Juan de la Torre, presidente de la Asociación Andaluza de Egiptología (ASADE), que las últimas novedades sobre la familia de Tutankamon no son del todo ciertas (ver Diario de Cádiz del sábado). Él, que es un experto y vive en Chiclana (ambas cosas no son incompatibles), tiene sus argumentos de experto. Yo, pobre ignorante, no sé si lleva razón, pero lo que tengo por incontestable es que organiza unos estupendos viajes a Egipto, y que a esa organización debo, por ejemplo, mi primer estremecimiento en el patio del templo de Medinat Habu, en la orilla de los muertos, frente a Luxor, y la admiración por las terrazas de la misteriosa reina Hatshepsut casi a la entrada del Valle de los Reyes.

Una de las terrazas del templo de Hatshepsut

Una de las terrazas del templo de Hatshepsut

Apoyada en una inmensa columna de Medinat Habu

Apoyada en una inmensa columna de Medinat Habu

Comprendedlo: fueron mis primeras salas hipóstilas fuera de los libros de Historia del Arte, o de los Atlas. Ya no leídas sino contempladas en directo, metiendo las manos en las ranuras de los impresionantes jeroglíficos en relieve, levantando la mirada a los cielos estrellados dibujados en los techos de colores, siguiendo en las paredes el relato del viaje de Hatsepshut al país del Punt y las batallas contadas de Ramsés I (o tal vez II ó III, perdonadme, discúlpame Juan, excusa mi ignorancia, buen guía Mohamed), casi mareado de gusto por el vértigo de la Historia.

Techo pintado en Medina Habut

Techo pintado en Medina Habut

Mohamed el guía  y Penélope, ante el maravilloso templo de Hatshepsut.

Mohamed el guía y Penélope, ante el maravilloso templo de Hatshepsut.

Tiempo, ocasión y motivos habrá para contar cosas de Egipto en este espacio viajero. Ahora, sólo quiero recomendaros la dirección web que aparece abajo. Sólo tenéis que llamar a Juan y decirle qué tipo de viaje queréis y cuánto queréis gastar. Nosotros elegimos uno de superlujo (demasiadas películas de Hércules Poirot-Ustinov), con un crucero espléndido, guías y coches privados, y el mejor hotel de El Cairo. En casos como éste recomiendo no escatimar y viajar como si uno fuera Agata Christie. No nos quedó dinero ni para arrepentirnos, sólo el inigualable placer de una excursión a lo fantástico. Pinchad en la siguiente dirección, y el mundo de los faraones se abrirá para vosotros, desde Chiclana.

http://www.viajesegipto.eu/

Las paredes hablan en el templo de Hatshepsut

Las paredes hablan en el templo de Hatshepsut

Amal, trabajadora y musulmana en El Cairo

Ulyfox | 7 de marzo de 2010 a las 13:43

amalamal zoser

 

Se llama Amal y tiene al menos un amigo en Cádiz. Trabaja de guía para españoles en El Cairo, y fue la nuestra hace dos años por pirámides, mastabas, mercados e iglesias de la tumultuosa, aparentemente ingobernable, capital de Egipto. En la Ciudadela cairota, empezada a construir por el gran Saladino, se encuentra la Mezquita de Mehmet Ali, también conocida como la Mezquita de Alabastro. Allí, Penélope tiró de su bendita indiscreción para preguntarle a Amal sobre su condición de mujer en un país musulmán, insoportable a nuestros ojos occidentales. La guía tapaba su corpulenta anatomía de arriba a abajo, dejando sólo a la vista su rostro y sus manos. Dijo que a ella no le molestaba ir tan vestida en medio del sofocante septiembre egipcio; que las mujeres no deben exponer claramente sus atractivos físicos; que son las bellezas del alma las que importan y las que deben tener en cuenta los hombres, fácilmente excitables por otros medios. Me pareció sincera en sus ideas, compatibles en muchos puntos con los discursos más progresistas sobre la condición femenina, si las oyes bien.

Nuestra visita coincidió con el Ramadán. Amal no tomaba ni agua desde que salía el sol hasta que se ponía, pese a que el calor le hacía constantemente secarse el sudor de la frente y a que su trabajo consistía en hablar, y hablar. Rechazaba nuestros ofrecimientos en la explanada de Gizeh, y también frente a la pirámide escalonada, obra del gran Imhotep. Se limitaba a buscar la escasa sombra mientras nosotros desafiábamos el calor para acercarnos al primer monumento en piedra de la historia (un escalofrío de 4.660 años nos contemplaba), levantado para acoger los restos del faraón Zoser. En el restaurante con privilegiada terraza frente a la Esfinge, se apartó bajo una sombrilla a rezar sus oraciones mientras hacíamos lo posible por acabar el copioso almuerzo, y en un popular local cerca del Museo Egipcio se sentó en una mesa cercana a esperar que acabáramos. ¿Cómo aguantas? le preguntamos. “Por fe, hacemos esto por fe, nadie nos obliga, y además es bueno para el cuerpo, porque se depura” contestaba en su magnífico español.

Y sonreía mucho.