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Adjetivos para Hvar

Ulyfox | 4 de marzo de 2017 a las 20:17

Vista general de Hvar y su puerto.

Vista general de Hvar y su puerto.

Hay tantas ciudades bellas en el mundo que resulta difícil encontrar el adjetivo adecuado para cada una de ellas. En Croacia abundan, sobre todo en la costa dálmata, territorio de las antiguas andanzas de la república veneciana, dominadora del Adriático durante centurias. Cada isla croata es una joya. Entonces, qué decir de la llamada Hvar (pronúnciese Huar). Probablemente su capital sea la más hermosa de todas, rebosante de palacios góticos espléndidos en calles que se elevan desde el apacible puerto componiendo una pintoresca cascada de fachadas de piedra rubia y tejados rojos.

A pie de muelle, en Hvar.

A pie de muelle, en Hvar.

Intentemos un adjetivo: espléndida. Suntuosa, también podría ser. En cualquier caso, una ciudad para todos los sentidos, incluso para los no físicos. Si hubiera que elegir dos, serían la vista y el gusto. Porque los ojos se sitúan en la plaza de San Esteban, ganada al mar, y pueden explayarse mirando hacia la fachada de la Catedral con su altísima torre, o hacia el otro lado donde el muelle se encierra contra la antigua Loggia, o hacia arriba, hacia el Castillo Español al que se llega después de subir cientos de escalones. Y el gusto porque abundan los restaurantes con una cocina y unos vinos exquisitos. Croacia ha sabido digerir perfectamente la herencia italiana con la raíz eslava. Hvar, además es desde hace décadas un centro de atracción para el turismo de alto nivel, numerosos artistas y deportistas de élite incluidos.

La plaza de San Esteban, centro de la vida urbana.

La plaza de San Esteban, centro de la vida urbana.

Fachada de la Catedral de San Esteban, en la plaza del mismo nombre.

Fachada de la Catedral de San Esteban, en la plaza del mismo nombre.

Pero por supuesto que hay sitio para nosotros, siempre que vayamos en temporada baja, lo que siempre es más recomendable. Claro que hay muchos museos y lugares para visitar en la isla de Hvar, pero para mí lo más agradable es el paseo nocturno por sus calles empedradas de pavimento brillante, subir y bajar y pasear por el hermoso puerto, buscar donde tomar un aperitivo al atardecer y luego una sabrosa cena en cualquiera de los numerosos lugares entre arcos o escalinatas.

Calles del interior de la ciudad.

Calles del interior de la ciudad.

 

Desde las alturas de Hvar.

Desde las alturas de Hvar.

Siempre se sube y baja.

Siempre se sube y baja.

Trazas góticas por todos lados.

Trazas góticas por todos lados.

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La plaza de San Esteban, de forma rectangular, y los muelles cercanos concentran el mayor número de paseantes. No muy lejos, por un agradable paseo junto al mar, se llega a un esbelto monasterio franciscano ribereño a una pequeña playa de pinos. El lugar es elegido por casi todos para observar los bellísimos atardeceres del Adriático. Si la noche es tranquila, no hace falta mucho más para justificar el viaje. Cuando anochece, aunque no se queda precisamente desierta, Hvar parece adquirir otro ritmo, una vez que se han marchado las multitudes de excursionistas de un día o cruceristas. Eso sí, casi siempre es aconsejable reservar en los restaurantes más demandados.

El monasterio de San Francisco, y sus atardeceres.

El monasterio de San Francisco, y sus atardeceres.

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Pocas ciudades más bellas pueden encontrarse entre las bellas islas de Croacia. Falta quizá un adjetivo, que podría ser el de inagotable. Porque estuvimos allí hace ya mucho tiempo, tanto como quince años y desde entonces teníamos ganas de volver. Han cambiado cosas, claro, pero se puede afirmar que la belleza de Hvar no ha cambiado, aunque tenga que soportar el turismo masivo. El esplendor de sus piedras incluso ha aumentado, con el aumento de las restauraciones de edificios y, naturalmente, el aumento de la oferta gastronómica le beneficia. Allí os espera.

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