Archivos para el tag ‘Mikonos’

Grecia nos ama

Ulyfox | 4 de octubre de 2013 a las 2:04

Con Vasilis, el factótum del restaurante Nautilus de Mikonos..

Con Vasilis, el factótum del restaurante Nautilus de Mikonos..

Si no ¿de qué otra forma explicar lo que nos sucede allí? Además, no es que lo digamos nosotros, es que lo dicen algunos de ellos, los griegos, y sobre todo lo proclaman la fuerza de los hechos, de los gestos y de las sorpresas. En el mismo día nos los dijeron Anna y Bora, las dos camareras búlgaras del Hotel Damianos de Mikonos que cada año nos reciben con besos y achuchones de verdadera alegría en el primer desayuno. “S’agapame!!” (“os queremos”) gritaron cuando nos despedíamos, a la vez que nos deseaban que el año próximo volviéramos al menos por una semana. Digo yo que será verdad.

La terraza del siempre renovado Hotel Damianos  de Mikonos.

La terraza del siempre renovado Hotel Damianos de Mikonos.

El día anterior, en la playa de Ornos de esa isla, casi habíamos decidido no volver más a Mikonos cada año. En realidad,  nos dijimos, sólo veníamos ya porque nos sentíamos en la obligación deliciosa de ver todos los septiembres a la gente del Damianos, a la entusiasta Eleni y a su hijo Thanasis, encargados del establecimiento al que hemos visto crecer y mejorar durante casi una década, y donde siempre tienen una habitación, la número 27, para nosotros, aunque los llamemos dos días antes y estén completos. “Pero tampoco hay ninguna obligación” conversamos, teniendo las opciones cicládicas de Naxos o Paros, también ideales para acabar unas vacaciones griegas. Sí, sí, o casi sí, no volveríamos de momento. Pero eso fue antes de aquel último día, antes del grito amoroso de las dos búlgaras. Y antes de que esa misma noche fuéramos a cenar, de nuevo, al Nautilus, un blanquísimo restaurante en una blanquísima callecita del blanquísimo centro. El factótum de ese rincón se llama Vasilis, y es alto, bronceado, simpático a más no poder, guapo y con una hermosa melena negra, con lo que evito aquí decir en qué grado le encanta a Penélope. Nos vio llegar y empezó a abundar en exclamaciones de alegría del tipo kalós ílzate, yásas, y tí kánete! como es habitual en los pobladísimos saludos de los griegos, seguidas de besos y apretones de manos hasta acomodarnos en las apretadas mesas. A unos ingleses que se sentaron a nuestro lado la dueña les explicó que éramos unos very old customers cuando nos levantamos para dejarlos pasar, y cuando pedimos la carta de los postres después de una suculenta cena, lo que nos trajeron fue una bandeja con bizcocho de chocolate y helado “de parte de Vasilis”. Este apareció a los pocos segundos con una botella de mastija (un licor riquísimo de la isla de Quíos aromatizado con resina de lentisco) y tres vasitos. Yámas! (por nosotros) gritamos mientras compartíamos los tres el brindis. Al poco se sumaron los ingleses y la botella vio su fin con tanta ayuda, porque Vasilis no paraba de servirnos y de brindar. A esa hora, nuestra decisión de no volver tanto a Mikonos había decaído como una propuesta de la oposición en un parlamento con mayoría absoluta, sin llegarse a presentar.

El otro lado de la terraza del Damianos. Al fondo, arriba, nuestra habitación de siempre, la 27.

El otro lado de la terraza del Damianos. Al fondo, arriba, nuestra habitación de siempre, la 27.

Pero si hubiera alguna duda de la fuerza de esa mayoría aplastante que es Mikonos para nosotros, y de la laxitud de nuestra oposición, cuento nuestra última mañana, tras la declaración de amor de Anna y Bora. Dimos una vuelta por el centro, inmarcesiblemente bello, lleno de cruceristas extasiados o aburridos según. Hacíamos tiempo hasta la hora de nuestro avión a Atenas, tirábamos fotos, declarábamos de nuevo nuestra pleitesía a la Pequeña Venecia, y mirábamos tiendas. Entramos en una a que Pe se probara un traje que le había gustado. Mientras estaba en el probador le dije en griego al dependiente, por halagarlo y para que se supiera: “Oreos horos”, es decir, “bonito sitio”, y era verdad porque en el Mikonos del glamour cuidan tanto o más la apariencia de los locales como el contenido. Se sorprendió muy agradablemente porque le hablara en griego, y explicó que no le gustaba que mucha gente que iba uno y otro año no se preocupara por aprender siquiera cinco palabras. Yo le demostré que conocía bastantes más, y le conté por encima nuestra relación con Grecia, que escuchó con atención y una sonrisa. Le resumí y sentencié: “Agapame Helada”, amamos a Grecia. Y él nos lo confirmó, por segunda vez en el mismo día: “Ke Helada agapae sas”, o sea “y Grecia os ama a vosotros, seguro”. Pues ya está. Y rubricó su afirmación regalando a Pe un pañuelo a juego con el vestido, “por España, por dos españoles que aman a Grecia y que hablan su lengua”.

Con el dueño y uno de los camareros de la taberna Kounelas.

Con el dueño y uno de los camareros de la taberna Kounelas.

Menos efusivo, dos noches antes el dueño de la taberna de pescado Kounelas, un hombre  bajito que nos saluda como “los españoles” y nos habla en italiano, nos reconoció en seguida y nos dedicó una sonrisa y un apretón de manos para acceder a otra foto. Por cierto, el pescado, las almejas crudas y la ensalada de erizos, exquisitos como siempre. Volvemos, sin duda.

Con Andonis, 'dáskalo mou' , ante el Hotel Helena de La Canea.

Con Andonis, ‘dáskalo mou’ , ante el Hotel Helena de La Canea.

Última historieta de agapi (ya sabréis que ‘agapi mou’ en griego es ‘amor mío’) que os cuento: en La Canea, la preciosa joya de Creta, hemos descubierto un hotel con una de las mejores habitaciones del mundo, el Hotel Helena, y yo descubrí el mejor profesor de griego voluntario, su dueño, Andonis. Grande, charlatán y con bigote marinero, a todas horas nos preguntaba a dónde íbamos, de dónde veníamos y qué ibamos a hacer ese día. Yo procuraba que me hablara en su lengua, y yo intentaba seguirle la conversación. Terminó diciéndome que las clases eran gratuitas, por supuesto, y proclamándose ‘megas dáskalo’ (gran maestro). Yo, por supuesto, terminé dándole el tratamiento de ‘dáskalo mou heliniká’, mi maestro de griego. Ese hombre acabó haciéndonos una considerable rebaja en el precio de la habitación, simplemente porque éramos “unos muy buenos clientes”.

Puesta de sol romántica para el amor con Grecia.

Puesta de sol romántica para el amor con Grecia.

Así que, comprendednos, a despecho de nosotros mismos, a despecho de quienes puedan pensar con cierta razón que estamos ya pesados con tanto viaje a tierras helénicas ¿cómo romper esta relación en lo mejó del queré? ¿cómo darnos ni siquiera un tiempo como las parejas en crisis? Así que ahora que hemos vuelto, preparáos a un porrón de entradas de amor, que nos queda por contar casi todo. Helada, agapi mas.

Paraportiani

Ulyfox | 4 de marzo de 2013 a las 1:01

 

La iglesia Paraportiani de Mikonos.

 

Repasando fotos me he encontrado este aparente montón de nata o de merengue, esta capilla que parece hecha a pegotones, la más fotogénica de entre los cientos de capillas que hay en Mikonos, sobre todo cuando la tarde empieza a caer. La iglesia Paraportiani, a dos pasos del mar y de las calles del kastro, de contornos desaparecidos y redondeados a fuerza de siglos de cal, es una amalgama blanca en la que parece imposible que haya algo dentro, como si fuera una construcción maciza. Las minúsculas ventanas y esa cúpula que a pesar de todo destaca airosa en lo alto desmienten la impresión. Pese a su indefinible belleza, la plaza que se abre ante ella suele estar poco frecuentada, algo inconcebible en la atestada Mikonos, tal vez porque está mínimamente alejada de la ‘pequeña Venecia’ y los molinos de abajo, esos imanes para el turista de crucero deseoso de demostrar con sus fotos que ha estado en la más famosa de las Cícladas.

Y la vista lateral frontal

Pero la Paraportiani, ay, es para nosotros como un imán, y no podemos dejar de rendirle nuestra visita habitual cada vez que vamos a Mikonos, que es todos los años. Vaya aquí este mínimo homenaje, a la espera de nuestra próxima cita, allá por septiembre, cuando la isla fetiche de los gays y de la fiesta continua en la playa se convierte en un lugar amable para todos, marchados ya la mayoría de los partidarios del baile frenético y sin fin, cuando comienza a ser de nuevo griega.

Viajeros prevenidos

Ulyfox | 29 de noviembre de 2012 a las 14:17

Trip Advisor te dice lo que piensa la gente, por ejemplo, de estas tabernas en la playa de Parikia, en Grecia.

Esos viajeros prevenidos valen por dos. No estoy hablando de comprarse seguros de viaje, de prevenir inconvenientes o de asegurar daños. También vale si se emprende cualquier trayecto o si se reserva muy por adelantado, pero no hablo de eso. Hablo de saber a dónde, por dónde y cómo va uno a los sitios. A ver, es como si antes de ir al cine nos informamos de la película que queremos ver, sobre el director, de las críticas que ha tenido, o mejor aún, le preguntamos a algún amigo de confianza, de esos que no tienen el título de crítico pero en los que confías porque compartes simplemente visión de la vida. Pues eso.

Saber cuál es el hotel con mejores vistas de Mikonos…

Se supone que eso es lo que pretende Trip Advisor, una página web de éxito absoluto entre los vajeros de todo el mundo. Si contamos de la misma manera que lo hacen ellos concluiríamos que 75 millones de visitas certificadas son bastante como criterio sobre las cosas de viajar. Si le aplicamos el dicho de los millones de moscas y sus particulares gustos gastronómicos no nos serviría. Pero concluyamos que, viajeramente hablando, somos moscas, y entonces tendríamos una excelente guía para movernos por todo el mundo, y que lo que se saca en esta página son conclusiones y calificaciones medias sobre hoteles, restaurantes y lugares de interés en general. Como referencia, no está nada mal.

¿Y dónde se duerme mejor la siesta?

Bueno, todo esto es para que si queréis le echéis un vistazo a esta entrevista que hace unas semanas publicó en los periódicos del Grupo Joly un chico que algunas veces se hace pasar por mí: http://www.diariodesevilla.es/article/entrevistas/1394397/critico/tiene/su/idea/nosotros/millones.html

Y buen viaje.

A donde quiera que vayáis…

Lugares del alma

Ulyfox | 9 de noviembre de 2011 a las 15:25

Desde las alturas de Santorini

El camino que seguimos siempre para bajar del Hotel Damianos hasta el centro de Mikonos

Se me hace raro. Sé que puede resultar cansado. De nuestro último viaje, me queda por contaros Santorini y Mikonos, pero tantas veces he hablado de estas dos acogedoras, conocidísimas islas…

El placer de volver a Santorini

Si acaso, me queda decir que me siento contento de haber ayudado a gente, a alguna gente, a conocerlas. Tal vez sea mejor, hacer un rápido resumen de la estancia, aunque algunas cosas he contado ya. Recordad los que tengáis memoria, que ya hice entradas sobre nuestros amigos del Vallas Apartments, los singulares Andonis y Yiannis, sobre la improvisada sesión de canto en Il Cantuccio…

Mikonos, tan bello...

Esta vez fue como volver a esos lugares donde habita nuestra alma repartida, pero con el inconveniente del mal tiempo. El tiempo nos trató durante la mayor parte de las vacaciones con una amabilidad exquisita, nos dio días espléndidos de calor para bañarnos y de luz para admirar, en Jordania, en Angistri, en Rodas, en Halki, en Creta, pero se torció, aunque no de manera catastrófica en Santorini y Mikonos, las dos Cícladas más conocidas, amadas por nosotros.

Ayios Yiannis, un rincón de Mikonos

Ya la travesía en el ‘Flyingcat 4′ desde Creta fue bastante movida, con ese Mediterráneo que dicen tranquilo, pero que tiene esos terribles momentos de enfado. El viento no nos dejó ni un día desde entonces, de los ocho que nos quedaban de vacaciones. Podemos decir que nos dio CASI igual. Era ya el tiempo de volver a ver a los amigos; de redegustar las kremidópitas (empanadillas de cebolla) del Skala, en Ía, de disfrutar de la terraza del Vallas en desayunos, cafés y rakis.

Olas contra las casas de la Pequeña Venecia

Y, en llegando a Mikonos, reconocer los abrazos y besos de Eleni y Thanasis en el Damianos Hotel de Mikonos; comprobar como la familia de gatos okupas sigue creciendo (“desaparecen en invierno y reaparecen en verano”, nos dijo Thanasis). Madre e hijo repitieron sus gestos de amistad. Ni siquiera nos quisieron cobrar esta vez las comidas aparte. Volvimos a su fiesta de cumpleaños, nos emocionamos con los gritos y besos de recibimiento de las dos camareras búlgaras, tan morenas y tan guapas. Saludamos al dueño de la taberna Kounelas, que tiene el patio más estrecho del mundo para comer y un amplio salón con aire acondicionado, pero nadie quiere comer dentro.

La Trattoría Tassos de la playa de Paranga, en Mikonos. Garantía

El viento se puso demasiado desagradable en Mikonos, pero aún pudimos ir un día a la resguardada playa de Paranga, para comprobar que el turismo ha crecido considerablemente este año en Grecia, gracias a Zeus, a pesar de ser los últimos días de septiembre, y que los mejillones y la taramosalata de la Trattoria Tassos siguen siendo tan buenos como el agradable trato de sus camareros y la transparencia de su agua. Aún pudimos descubrir un rincón con tanto encanto como Ayios Yiannis, que parece mínimamente resguardado del furor crucerista.

Pe, ante la capilla de Ayios Yiannis

Y todavía pudimos certificar que es difícil competir con la belleza de las calles y las tiendas de Mikonos, con la blancura de su barrio de Alefkandra o con la perfección naïf de sus capillas de cúpula azul o roja, con la bravura de las olas en esos días, chocando contra la estrecha pasarela de la Pequeña Venecia donde los turistas juegas a esquivar la espuma.

Cruceros tras las casas de la Pequeña Venecia

 

Y nos relajamos con la serenidad de sus terrazas cuando la tarde pasa su ecuador, por ejemplo ante un risotto en Casa di Giorgio. Y mira que habremos estado veces en esta isla.

Púas con recuerdos

Ulyfox | 1 de febrero de 2011 a las 14:30

En la incomparable Trattoria Tasos, en la playa de Paranga en Mikonos

En la incomparable Trattoria Tasos, en la playa de Paranga en Mikonos

Ha vuelto a suceder: un sabor es un viaje. Erizos de mar. No esa aglomeración en las calles de Cádiz para atrapar un plato gratis sino una sorpresa gastronómica el pasado viernes, para cenar, a la llegada del trabajo, escogida en un supermercado. Abrirlos en esfuerzo de novatos con unas tijeras de cocina, verter su fruto rojo en un cuenco y saborear su dulzor increíble, la suavidad insólita de las entrañas de este equinodermo redondo, negro y rodeado de púas. Y volvió a suceder el recuerdo. Hay una taberna en la isla griega de Mikonos que lleva por nombre Kounelas, es decir Conejo en español. A su frente está un griego bajito al que conocimos con el pelo normal y que el último septiembre ya lucía una larga melena estilo mosquetero de película. En Kounelas ponen una ajinosalata (ensalada de erizos) que es sencillamente lo que nosotros hicimos. La última vez pedimos dos platos. Se le puede poner un poco de limón y aceite, pero casi es preferible al natural. En esa taberna con un minúsculo patio blanco al cielo de la noche, muy cerca del puerto, bien señalizada y siempre llena, hemos celebrado algunas cenas gloriosas en sus apretadas mesas. Pero también en otro de nuestros santuarios en Mikonos, la taberna-trattoria Tasos de la playa de Paranga, se puede degustar esta exquisitez, junto con los gloriosos mejillones y la suave taramosalata o las auténticas sardinas, esas griegas tan pequeñitas a la parrilla con limón.

Paranga es nuestra playa en Mikonos.

Paranga es nuestra playa en Mikonos.

Ya sé que Mikonos gasta fama de marchosa y desenfrenada en todos los sentidos. Y seguramente es así en verano. Pero al final de la temporada es deliciosa. Los últimos días de septiembre, si el meltemi, el pertinaz viento del norte, respeta nuestra estancia, la delicia se puede describir con pocas acciones: tomar el autobús en el pueblo por la mañana en dirección a Paranga (también se puede tomar el más frecuente a la playa de Platys Gyalos, y bordeando el mar llegar en pocos minutos, o acercarse en las barcas en un corto paseo) y en un cuarto de hora de curvas y subibajas llegar a la playa, tomar posesión de una hamaca con sombrilla, esperar a calentar el cuerpo mientras leemos, sumergirse varios chapuzones en un agua de ensueño, aguardar la  hora del almuerzo con una cerveza (“¿Amstel, Heineken, Mythos?”) y sentarse en Tasos a comer. Después da tiempo de poco más, si acaso una corta siesta antes de que el día caiga y toque regresar, por supuesto al Hotel Damianos o al puerto a ver atardecer, pertrechados de un libro y nescafé frappé. En pleno verano, todo esto puede ser un asco si no somos de los que gustamos de las fiestas ruidosas en la playa, pero finalizando septiembre en Mikonos nos reunimos los amigos.

Y en Mikonos, Penélope está en su elemento.

Y en Mikonos, Penélope está en su elemento.

Pero también aparecieron por mi mente los estupendos linguine con ricci que nos sirvieron en el puerto de Ischia, esa isla señorial frente a Nápoles, y ese delicado sabor que impregnaba la variedad de spaghetti. Estoy desde entonces citado con el reto de hacer una pasta con erizos de mar. Cuando la haga os lo contaré.
El puerto de Ischia, sabor a erizos

El puerto de Ischia, sabor a erizos

Mikonos está estupendamente conectado, ya lo sabéis. Se puede ir en avión directamente desde Barcelona, pero por supuesto es mucho más recomendable usar los servicios de Aegean Airlines desde Madrid, pasar un par de días en Atenas y luego coger algún avión o barco para dirigirse a la isla de múltiples colores sobre fondo blanco. Y siempre más recomendable junio o septiembre que julio o agosto. Y pedid, si os gusta, la ajinosalata en Kounelas o Paranga.

Para ir a Ischia hay que pasar por Nápoles, pero desde su puerto en apenas una hora y media os plantáis en el de Ischia en barco, y en la mitad de tiempo si tomáis un catamarán. Entonces, buscad alguno de esos restaurantes donde os sirven los spaghetti con erizos. Los recordaréis toda la vida.

Ya sé que he hablado de estos sitios antes, pero uno tiene sus debilidades.

¡La foto con Eleni no estaba perdida!

Ulyfox | 31 de octubre de 2010 a las 1:34

La familia del Damianos. Al fondo, Eleni y Penélope

La familia del Damianos. Al fondo, Eleni y Penélope

¡Albricias! No estaban perdidas las fotos del cumpleaños de Eleni, en el Hotel Damianos de Mikonos. Me lamenté mil veces, y estaban aquí, delante de mis ojos, y no las veía. Eran un recuerdo de los que merecen la pena conservar. Una vez recuperads, se las enviaré tal y como prometí a esos amigos mikonianos que nos invitaron a su celebración familiar (no sé si recordáis una entrada anterior), y les daré la misma alegría que yo tengo ahora por la recuperación. Y el año que viene volveremos a su hotel, seguramente, como en los últimos seis años, y ya que sabemos la fecha de su aniversario, lo celebraremos al estilo griego, con comida y vino. De nuevo jronia polá! es decir, felicidades.

Eleni y Penélope, la amistad greco-española

Eleni y Penélope, la amistad greco-española. El de la izquierda es el marido de Eleni.

El cumpleaños de Eleni en Mikonos

Ulyfox | 10 de octubre de 2010 a las 1:07

 

Atardecer en Mikonos desde la habitación 27 del Damianos

Atardecer en Mikonos desde la habitación 27 del Hotel Damianos

Hay pocos nombres femeninos tan griegos como el de Eleni. Tal vez María, o Sofía. Como en hombres es Kostas, Yiorgos o Manolis. Eleni es la dueña del Hotel Damianos, (http://www.damianoshotel.com/ ) en la parte alta de Mikonos. Tiene tres hijos, Yiannis, Anna y Thanassis, y un marido, Thomas. Tiene también dos hermanos, un padre y una madre. Todos tienen hoteles: el Hotel Aeolos, el Hotel Olia. No penséis por eso que son ricos. Ellos son la demostración del carácter familiar de la mayoría de los hoteles en Grecia, pequeños y manejables. Les da para vivir, bien supongo. Anna y Yiannis se han casado recientemente y en pocos meses harán que la familia Damianos crezca. Desde hace casi 10 años, el Damianos es nuestra parada en Mikonos. Es un sitio fantástico: Eleni y Thanasis, ellos dos, madre e hijo con la ayuda de dos camareras albanesas la mar de simpáticas, llevan el hotel de manera profesional y amable. Desde hace años, sólo tenemos que llamar unos días antes y ya sabemos que a nuestra llegada tendremos lista la habitación 27, la de mejores vistas y a la vez más apartada, a pesar de que últimamente tienen el hotel lleno los siete meses que abren al año. Van a recogernos al puerto o al aeropuerto y después nos llevan de vuelta. ¿Es mucho decir que somos como de la familia? No. Decir eso podría ser una osadía hasta ahora, pero no después de lo que ocurrió este año. La antepenúltima noche de nuestro viaje decidimos no bajar al pueblo. La verdad es que la subida es ardua, aunque saludable, y pensamos en cenar algo en el hotel. No tienen mucha cosa: algunos sandwiches o tortillas, pero por una vez, nos servía. Ha sido la única vez. No contaba con lo que ocurrió: bajé a cafetería a encargar la cena ligera y me encontré a Eleni muy arreglada. Sólo decir ‘kalispera’ (buenas noches) y ella me cogió del brazo: “Ven a conocer a mi familia y comes con nosotros”. “No hombre, no por dios, es tu familia”. “No, no, ven que te los presento. Váis a comer con nosotros, que hoy es mi cumpleaños, por favor, vosotros también sois mi familia, venís todos los años, he hecho mucha comida, comida tradicional griega, por favor, por favor”. Tras mi jronia polá (felicidades), no sirvieron de nada mil intentos de excusarme para evitar una situación violenta o incómoda, no pudimos negarnos. Cuando Penélope bajó también y expresaba su azoramiento en español, Eleni la abrazó y repitió “por favor, por favor, es una alegría para mí que estéis en mi cumpleaños”. Y allí compartimos una excesiva cena con hijos, hermanos, cuñados, yernos y cuñadas que hablaban todo el rato de hoteles y de barcos, según pudimos deducir de nuestro escaso griego. Comida, tarta y velas y un sinfín de agradecimientos, y la sensación final de que a lo mejor sí, a lo mejor tenemos algo parecido a una familia en Mikonos. (Desafortunadamente, las fotos del cumpleaños forman parte del grupo de las que borré sin darme cuenta; lo siento más por ellos, que prometí enviárselas)

El barrio mikoniano de Alefkandra o Pequeña Venecia, batido por las olas, un paisaje urbano único

El barrio mikoniano de Alefkandra o Pequeña Venecia, batido por las olas, un paisaje urbano único

A Eleni la conocimos la segunda vez que fuimos a Mikonos, allá por el 2000. Oronda y rubia teñida, estaba en el puerto como tantos otros, ofreciendo a los pasajeros su hotel con un cartel y un catálogo con fotos. En la furgoneta roja que aún tiene nos trasladó por primera vez al Damianos, blanco y con las puertas y ventanas de las habitaciones en rojo. Luego, hemos repetido cinco veces más y, naturalmente el recibimiento es cada vez más afectuoso. Desde hace un par de años, Eleni ya no va a la caza de clientes, simplemente acude a recogerlos a los barcos y los aviones. Desde que está en booking.com, el hotel está lleno siempre, cada vez los comentarios son más elogiosos, y ellos siguen manteniendo el precio extraordinario. Es probable que ahora hayan ganado bastante dinero, han hecho una reforma a fondo del establecimiento, pero no sabéis lo que ha trabajado esa mujer. Desde la terraza de su cafetería o simplemente desde la de nuestra habitación 27 se contemplan unos atardeceres grandiosos sobre el Egeo, con el sol poniéndose tras la cercana isla de Syros, o unas mañanas rosadas como cantaba Homero, cuando el meltemi, el insistente viento del norte, decide tomarse un descanso.

Penélope, en la Pequeña Venecia y ante los Molinos de Abajo (Kati Mili)

Penélope, en la Pequeña Venecia y ante los Molinos de Abajo (Kati Mili)

Paraportiani, la iglesia más representativa de Mikonos, siglos de cal en sus muros.

Paraportiani, la iglesia más representativa de Mikonos, siglos de cal en sus muros.

Mikonos fue, como ya nos es habitual, la etapa final de nuestras vacaciones de este año, el último capítulo de esta crónica larga en falso directo que algunos habéis tenido la generosidad de seguir. En los últimos días de septiembre, la mayoría de las islas griegas están prácticamente desiertas, con muchos negocios y restaurantes clausurados por fin de temporada. Pero Mikonos, parada de todos los cruceros e imán de viajeros, mantiene todavía su animación, sin las apreturas ni las masificaciones de la temporada alta, y resulta muy agradable, ya no esa fiesta continua y ruidosa que tanto han retratado programas como Callejeros viajeros o Arena mix. En esos días, es casi la isla griega perfecta, un dechado de buen gusto en las tiendas y bares, en los hoteles, en las propias tabernas de playa. Para nosotros lo es. Y en Damianos Hotel, mejor. Nos vamos a playa de Paranga a comer los mejores mejillones con vino del mundo y las hojas de rúcula más gigantes, vemos pasar a los cruceristas apresurados por el puerto mientras nos tomamos un frappé, leemos. No os lo perdáis, si decidís ser inteligentes, pasad de cruceros que os llevarán el mismo día a Mikonos y Santorini, y dormid un par de noches o tres en la blanca joya de las Cícladas. Igualmente, en el Damianos decid que vais de nuestra parte. Es lo que se suele decir una dirección de confianza. Nosotros, por supuesto, volveremos. A ver a la familia y a los amigos, ya sabéis.

El mejor vehículo de reparto para las calles de Mikonos

El mejor vehículo de reparto para las calles de Mikonos

Para este tipo de calles, quiero decir

Para este tipo de calles, quiero decir

Vuelo cancelado

Ulyfox | 17 de abril de 2010 a las 0:50

BRITAIN-ICELAND-VOLCANO-AVIATIONLas cancelaciones masivas de vuelos de estos días en Europa por la nube de ceniza de un volcán islandés me han recordado a aquellas dos voluntariosas azafatas de tierra de la mítica compañía Olympic Airways en el aeropuerto de Mikonos, a principios de octubre pasado. Las pobres no podían hacer nada más. La situación estaba desbordada. El vuelo de las siete de la mañana desde la blanca isla griega a Atenas simplemente había dejado de existir. Nos lo habían comunicado, días antes por correo electrónico, a la treintena de pasajeros que estábamos allí con cara de pasmo. Pero quién iba a mirar su correo: estábamos de vacaciones por Grecia. Para todos, era el peor final de vacaciones imaginado. Todos teníamos un vuelo que conectaba luego Atenas con España, o con Francia, o con Holanda, o con Estados Unidos. Todos perderíamos irremediablemente ese enlace. Pero no podréis creer cómo se portó el grupo. Nadie se puso excesivamente nervioso, si exceptuamos a un norteamericano que incluso amenazó a la azafata con hacerle perder su puesto de trabajo. Lo que no sabía ese turista maleducado era que la muchacha no tenía seguro su empleo, en medio del difícil proceso de privatización de la compañía que ha sido emblema griego durante décadas, desde que la fundara el no menos mítico Aristóteles Onassis.

Nosotros nos volvimos al hotel a dormir hasta media mañana, cuando nos aseguraron que volaríamos a la capital griega y que aún podríamos enlazar con España ese mismo día. No fue así. Hasta pasadas las cinco de la tarde no salió ese avión, y mientras, dio tiempo a que la gente bromeara, a que entabláramos conocimiento con una pareja gallega y a que conociéramos a otra de veteranísimos y bromistas viajeros que hablaban todos los idiomas conocidos. No nos dieron mucha información, no nos dieron muy bien de comer, pero luego nos llevaron a un espléndido hotel en las cercanías de Atenas, donde pasamos la corta noche, y nos proporcionaron otra cosa más que contar cuando volvíeramos a nuestro país. Así se toman las cosas los viajeros ¿no creéis?

¡Ah! de aquí veníamos (como para no tener buen espíritu): Ya hablaremos de Mikonos.

Penélope, en la Pequeña Venecia, en Mikonos capital, también llamada Hora

Penélope, en la Pequeña Venecia, en Mikonos capital, también llamada Hora

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P y MJ emprenden un viaje con niños

Ulyfox | 15 de abril de 2010 a las 0:25

Una niña en la playa de Paranga, Mikonos

Una niña en la playa de Paranga, Mikonos

P acaba de tener una niña y MJ está a punto de tener gemelos. Ése sí que es un viaje. Todo bien para la primera, esperemos que igual de bien al menos para la segunda, más nerviosa. Una engordó de manera asombrosa, la otra ha guardado su eterna delgadez de manera milagrosa. La primera es también primeriza, pero parecía haber nacido para esto durante todo su embarazo, lento, digerido, naturalmente cansino, sonreído. En la segunda, ni en la risa han dejado de reír los nervios.

En la misma playa, grupo de niños al atardecer

En la misma playa, grupo de niños al atardecer

Ahora vendrán las frases manidas, aunque dichas con su mijita de razón: olvídate de los viajes, les dirán a los heroicos padres. Siempre, Penélope y yo hemos sostenido la tesis contraria, y siempre nos han replicado que es porque no tenemos hijos. P engendró muy probablemente a su niña en un viaje a Grecia. Y en la Hélade, hemos visto disfrutar a niños como en ningún sitio: en sus viajes en barco, en la playa, comiendo souvlakis, en la playa calmada y sin olas, jugando con los pequeños griegos en la plaza, en la playa dorada al atardecer. Sin peligro, el mar no sube, los padres están a un metro, con la hamaca rozando el agua.

El grupo se dispersa

El grupo se dispersa

Nosotros mismos hicimos uno de nuestros mejores viajes hace casi dos años a Grecia, con unos amigos y su hija de cuatro años, M, dormilona y la que menos come del mundo. Fue delicioso, gozoso, enseñar las islas a alguien tan pequeño y tan insistente en sus juegos, exigente como la vida, que te hacía estar alerta y se te subía a los brazos de un brinco, su cuerpecito tan ligero. Un aliciente más para el viaje, nuevo, un destello naciente en el azul del Egeo. Así. ¡Y buen viaje a las dos madres, acompañadas de los padres!

M y un amigo de su viaje, en la inmensidad azul de la playa de Elafonisi, Creta

M y un amigo de su viaje, en la inmensidad azul de la playa de Elafonisi, Creta