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La lluvia en vacaciones

Ulyfox | 13 de febrero de 2015 a las 13:32

Nubes negras sobre Mykonos.

Nubes negras sobre Mykonos.

 

Dicen que el invierno también es bonito. Que la lluvia es romántica (yo creo que sólo en Midnight in Paris de Woody Allen) y que el frío tiene su encanto. No logro sentir la emoción de ese supuesto encanto invernal. Concedo la sorpresa infantil que nos provoca la nieve, sobre todo a los que no podemos verla más que en películas o en viajes, dos formas de fantasía. Pero para mí la vida humana plena nació con el calorcito, o en todo caso con la suave templanza de la primavera, que a fin de cuentas es la esperanza del buen tiempo. No en vano la civilización occidental nació en aquel rincón cálido del Mediterráneo extendido hacia el Oriente. Y por eso, tal vez, el ser humano empezó a serlo en África.

La lluvia sobre el puerto de Mykonos.

La lluvia sobre el puerto de Mykonos.

Por eso, el mal tiempo en vacaciones tiene ese punto de mala suerte, de inesperado paréntesis en el disfrute. Lo soportamos porque al ocurrir en verano siempre esperamos que sea una cosa pasajera, y que el sol termine reclamando, y conquistando su territorio natural. En esas ocasiones, hasta le podemos encontrar su mijita de gracia, con los turistas en chanclas y ropa ligera corriendo sorprendidos por el agua y el viento fresco. Estas pasadas vacaciones de septiembre, un mes propicio a que el invierno haga incursiones preparatorias, la lluvia, y en algunos casos un inesperado frío, nos visitó en casi todas las etapas del viaje a nuestro lado oriental de Europa, por otra parte bendecido con un buen tiempo en general. Nos ocurrió en la sorprendente y de moda Milos, nos volvió a ocurrir de manera torrencial en el Este de Creta, en el paraíso de Kato Zakros cuando estábamos en la playa. Christóforos, el jovial dueño de la maravillosa taberna Nostos, nos aseguró que hacía 17 años que no llovía de esa manera.

Pero en Mykonos la belleza siempre vence.

Pero en Mykonos la belleza siempre vence.

Era más normal en Estambul, tan visitada por la lluvia, donde el agua insistente en los dos últimos días nos fastidió dos veces una prevista visita al lado asiático de la impresionante ciudad. Pero le encontramos también la belleza a la silueta humedecida de la Mezquita Azul, y agradecimos más el tranquilo refugio del Museo de los Mosaicos, y el descubrimiento del vecino y precioso barrio de Cankurtaran, con sus casas de madera y colores, casi un barrio suizo o nórdico.

El inusitado chaparrón en Kato Zakros.

El inusitado chaparrón en Kato Zakros.

Sólo en la preciosa y blanca isla de Paros el cielo permaneció azul todo el tiempo. Pero en nuestra amada Mykonos de final de septiembre, el agua ya no tuvo piedad. Ni siquiera nos permitió visitar nuestra playa favorita, Paranga, ni degustar los estupendos mejillones de su Taberna Tassos. Pero claro, es que en Mykonos la amabilidad de la familia del Hotel Damianos, los abrazos de nuestros amigos y la belleza de su capital, Hora, siempre vencen. Incluso a las más terribles tormentas y nubes amenazadoras.

La frecuente lluvia en Estambul.

La frecuente lluvia en Estambul.

Cuando escampa en el barrio de Cankurtaran de Estambul.

Cuando escampa en el barrio de Cankurtaran de Estambul.

 

Esas mañanas

Ulyfox | 1 de febrero de 2015 a las 13:37

Por la mañana temprano en Parikia.

Por la mañana temprano en Parikia.

Hay que pillarlas al vuelo, asomarse al balcón y atraparlas con la cámara. No ocurren siempre, pero todos los que vivimos junto al mar lo sabemos. Más en vacaciones, en las que el clima se adueña de una buena parte de nuestros planes diarios. Te despiertas temprano en Grecia, porque el sol madruga más que nadie en esas latitudes y echas un vistazo porque seguramente el día anterior el viento sopló demasiado fuerte o las nubes impusieron con más fuerza de la deseada su mancha blanca o gris sobre el azul protector. Y de pronto ves, aún con la somnolencia de esa hora, el espectáculo, la imposible inmovilidad del mar. En qué cabeza cabe que tal cantidad de agua, que empieza donde tú ves y acaba al otro lado del planeta, represente para los madrugadores esa foto fija. La superficie, que ayer era gris y salpicada de olas es un espejo y una cama que apenas se abre un momento para que la surque una barca. La estela parece una perezosa onda, despreocupada y ansiosa por volverse a calmar. El blanco de las embarcaciones brilla encendido por un sol que se despierta.

Así de azul.

Así de azul.

Y el atardecer en la bahía de Parikia.

Y el atardecer en la bahía de Parikia.

Siempre hay, ay, un momento en el que antes que el viento aprecias la leve vibración en esa superficie. Y sabes que ya no será lo mismo durante el día, que instantes después, las banderolas, las enseñas empezarán a moverse, y así permanecerán hasta que, seguramente, al retirarse el sol de nuevo, el atardecer vuelva a reproducir, ahora en gris y violeta, la misma escena. Entre aquel primer momento y este último habrán pasado todas las cosas inútiles que ocurren en una jornada de vacaciones, pero son esas dos certezas las que harán que tus ojos recuerden esa fecha como inolvidable. Estas fotos ocurrieron en Paros, este pasado septiembre, desde nuestro balcón en el Hotel Irene de la capital, Parikia.

Desayunos frente al mar.

Desayunos frente al mar.

La zona VIP del Paraíso

Ulyfox | 26 de agosto de 2013 a las 12:42

Oia, frente a la caldera de Santorini.

Oia, frente a la caldera de Santorini.

Esta es la descripción feliz y certera que me envían Rafa e Isa desde Grecia, tras haber pasado tres días en Santorini y cuando empezaban su estancia de cuatro en Paros. “Esto es la zona VIP del Paraíso” me dicen para agradecernos el diseño de viaje que le hemos hecho, y con eso nos han hecho felices.  Me parece una definición acertadísima, y si es suya, les felicito por el titular y se lo copio. Espero que el resto de su periplo helénico, que incluye también dos noches en Atenas para rematar y que ya está acabando, les vaya tan bien. “El viaje ha superado nuestras expectativas” me cuentan, y a nosotros, que sabemos del encanto irresistible de aquellas tierras y mares, no nos sorprende. Y nos hablan de la gente del Vallas Apartments, y de la comida, y nos alegran el día. Porque esto de recomendar a alguien un sitio, lo sabéis, te crea una responsabilidad. Como cuando hablas bien de un restaurante a un amigo. Si te hace caso y tiene una mala experiencia, sin saber por qué, te sientes en parte culpable del chasco, pero si te viene hablando de lo bien que comieron crees que es también mérito tuyo.

La playa de Martselo, en Paros.

La playa de Martselo, en Paros.

Pues eso: Santorini, Paros, Grecia… la zona vip del Paraíso. Ya sé que somos pesados en esto, pero vamos teniendo cada vez más aliados.

Capilla y calle en Parikia, capital de Paros.

Capilla y calle en Parikia, capital de Paros.

Viajeros prevenidos

Ulyfox | 29 de noviembre de 2012 a las 14:17

Trip Advisor te dice lo que piensa la gente, por ejemplo, de estas tabernas en la playa de Parikia, en Grecia.

Esos viajeros prevenidos valen por dos. No estoy hablando de comprarse seguros de viaje, de prevenir inconvenientes o de asegurar daños. También vale si se emprende cualquier trayecto o si se reserva muy por adelantado, pero no hablo de eso. Hablo de saber a dónde, por dónde y cómo va uno a los sitios. A ver, es como si antes de ir al cine nos informamos de la película que queremos ver, sobre el director, de las críticas que ha tenido, o mejor aún, le preguntamos a algún amigo de confianza, de esos que no tienen el título de crítico pero en los que confías porque compartes simplemente visión de la vida. Pues eso.

Saber cuál es el hotel con mejores vistas de Mikonos…

Se supone que eso es lo que pretende Trip Advisor, una página web de éxito absoluto entre los vajeros de todo el mundo. Si contamos de la misma manera que lo hacen ellos concluiríamos que 75 millones de visitas certificadas son bastante como criterio sobre las cosas de viajar. Si le aplicamos el dicho de los millones de moscas y sus particulares gustos gastronómicos no nos serviría. Pero concluyamos que, viajeramente hablando, somos moscas, y entonces tendríamos una excelente guía para movernos por todo el mundo, y que lo que se saca en esta página son conclusiones y calificaciones medias sobre hoteles, restaurantes y lugares de interés en general. Como referencia, no está nada mal.

¿Y dónde se duerme mejor la siesta?

Bueno, todo esto es para que si queréis le echéis un vistazo a esta entrevista que hace unas semanas publicó en los periódicos del Grupo Joly un chico que algunas veces se hace pasar por mí: http://www.diariodesevilla.es/article/entrevistas/1394397/critico/tiene/su/idea/nosotros/millones.html

Y buen viaje.

A donde quiera que vayáis…

Postal desde Paros

Ulyfox | 22 de septiembre de 2012 a las 19:17

La playa de Alyki, una de las muchas maravillosas de Paros.

Ahora que hemos terminado nuestro trabajo de campo, estamos por fin de vacaciones. Han sido, en total, casi 50 días recorriendo Creta, descubriendo, comprobando, disfrutando, admirando, corrigiendo, sintiendo esta isla única, asimilando para poder contar dentro de un año, más o menos, a los lectores de nuestra próxima guía lo que no deben perderse, lo que deberían buscar, en qué deberían fijarse. A partir de ahora, dentro de poco, vendrá el trabajo de plasmar todo eso en letras sucintas, directas y con alma.

En la iglesia de Agios Ioanni, en el extremo noroeste de Paros.

Pero ahora, por unos días, estamos de vacaciones. Y hemos elegido Paros, una isla blanca del archipiélago de las Cícladas, pequeña, hermosísima, serena, humilde y elegante, lejana del ajetreo de, por ejemplo, Santorini o Mykonos. Una islita con un vino fantástico y unas playas limpias de arena dorada, un lugar espléndido con rincones edénicos, como Alyki, un pequeño puerto de pescadores con varias tabernas fantásticas y un agua cristalina en la orilla y azul graduado hacia el interior. Ahora que el viento está calmado es el lugar ideal para unas vacaciones.

Tras el almuerzo en la taberna To Balkony, de Alyki

Algunos de vosotros ya la habéis probado y sabéis que a vosotros, especialmente, va dirigida esta postal, con amor desde la isla del mármol que alumbró a la Venus de Milo, Paros.

Hostelería de por ahí (para Górdix)

Ulyfox | 27 de junio de 2010 a las 1:19

La cena, anoche mismo, en el puerto de Naussa, casi encima de los barcos de pesca

La cena, anoche mismo, en el puerto de Naussa, casi encima de los barcos de pesca

Contaba hace pocos días en su jugoso blog El Obélix de San Félix una mala experiencia con la hostelería gaditana, en un local concreto, pero su post dio origen a una catarata de comentarios de gente relatando vivencis parecidas y, en general, trasladando una imagen negativa de cierta hostelería gaditana. Estamos en Grecia desde hace unos días y, desde luego, una de las cosas que más hacemos es sentarnos a comer, lo que nos da ocasión de contar algunas experiencias, sin ánimo de ofender por comparación, aunque sí de comparar. La primera noche en Atenas, en una de las plazas más turísticas del barrio de Plaka, los camareros nos cazaron a lazo con unos modales exquisitos (aquí nadie te hace esperar) y nos apañaron las mesas necesarias. Diversos casos en Naxos: en la playa de Agios Georgios, repleta de bañistas y comensales, al segundo día nos saludaron con cortesía en la taberna y nos invitaron al postre: un exquisito yogur griego con fruta confitada; en otra cena, en el puerto, el camarero se pasó con los ‘olés’ al saber que éramos españoles y viendo que España ganó a Honduras se alegró con nosotros; en Parikia, capital de Paros, el encargado de una taberna de playa, nos hizo pasar a la cocina a ver el aspecto de los platos del día y así poder decidir mejor; todos celebran aparentemente el hecho de que seas español y, lo último, hoy mismo Sergio, un camarero en una espléndida taberna junto a la singular playa de Kolimbitres, frente a la refinada Naussa, nos ha reconocido porque la hemos visitado las cuatro veces que hemos estado en la isla de Paros, y nos ha demostrado los progresos que está haciendo con el español.

En la hostelería griega normalmente se desviven por agradarte, y saben que lo mejor es una sonrisa y que están allí para hacer que disfrutes, parecen siempre encantados de que entres en su casa y en ningún caso parece que te están haciendo un favor al atenderte. Forma parte importante de los encantos de este país, los que no se pierden. No te exagero, Górdix, si no, no repetiríamos tanto. Igual de importante que la comida es la atención, y no se las dan de profesionales, puesto que lo mismo te atiende el dueño que su mujer o su hija. Naturalmente, estamos hablando de la hostelería tradicional. Pero en los restaurantes más arreglaítos, aunque con otro estilo, la filosofía es la misma. Supongo que habrá excepciones, seguro, pero no las hemos encontrado.

Y ya no hablo de la hostelería turca, la más refinada y elegante que he conocido (probablemente no conozco tantas). Allí, en ese denostado, desconocido país, en cualquier parada de carretera te atienden al menos tres. Y desde luego, no te encuentras una mesa sin recoger: cada vez que algún cliente acaba, una minicuadrilla saca brillo al cristal. Cuando te retiras y dices adiós, es muy probable que haya un empleado en la puerta que te pide que les enseñes las palmas de las manos: entonces, para tu sorpresa, te vierte un chorro de colonia y te da una servilleta. Y hotchakal (adiós).
Terrazas de restaurantes y tabernas en el puerto de Naussa, listos para servir

Terrazas de restaurantes y tabernas en el puerto de Naussa, listos para servir

Se nos podría decir que dado nuestro amor por este rincón del Mediterráneo, la pasión nos quita el conocimiento, pero para nosotros es evidente la inmensa ventaja que nos llevan. Y podría seguir con otros aspectos, como la saludable costumbre griega de invertir los beneficios en constantes mejoras del negocio y en el creciente buen gusto en la decoración. Cada vez que volvemos, vemos cómo este país se está adaptando, y comprobamos por qué están robando turistas, por ejemplo, al nuestro, donde te encuentras tantos casos de personal desagradable y perdonavidas. No vamos bien, amigo.

Ruidos en la noche

Ulyfox | 26 de junio de 2010 a las 0:34

A punto de caer la noche en la playa de Piso Livadi, en Paros

A punto de caer la noche en la playa de Piso Livadi, en Paros

Estamos en la terraza de nuestro estupendo apartamento en la capital de Paros, Parikia. Hace una noche tan espléndida que no se oye ni el viento, y la luna brilla intensa allí arriba. Se escucha un sonido animal. “Alguien está berreando por ahí”, dice Penélope como si estuviéramos en nuestra casa de San Fernando y hubiera identificado el grito de un adolescente. Se equivoca, y el ih-ha, ih-ha posterior revela que el ruido es realmente animal. Es un auténtico rebuzno. Un burro en la noche de la bella Cíclada, pero un burro de verdad, con cuatro patas y orejas largas, no uno que merezca tal nombre por su comportamiento. Sigue a eso un concierto animal, puesto que un sordo tintineo señala después a un rebaño de cabras, y un perro ladra para dejar constancia de su presencia entre el cri-cri de los grillos. Es Paros de noche, en junio. “Está uno tan poco acostumbrado ya”, se excusa Pe. Es una de las diferencias  con la noche gaditana ¿no creéis?

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