Archivos para el tag ‘penélope’

Aniversario

Ulyfox | 24 de octubre de 2014 a las 1:48

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Bueno, qué os puedo contar. Son 30 años y no conviene darle publicidad. A fin de cuentas, son cosas privadas, lugares secretos e intransferibles, raciones para compartir como mucho entre dos, una cama de matrimonio, habitaciones dobles, asientos juntos en el avión por favor, fumador pasivo, ¿hoy viene usted solo?, dos cafés con leche aquí, dío kafedes elinikús glikús allí, tú pides yo te llevo las bolsas, ponte a mi izquierda por favor, vale, agárrame la mano y no tengas miedo, aún llenas los huecos de mis manos, ¿tú estás bien?, dos butacas en el pasillo y por la parte de arriba, Silvio y Pablo al principio, Aquileas y Stelios siguen, sí, un balcón al puerto, yo antes no comía tanto pan, tú planeas yo llevo los planos, esos dos nos caen bien, ya sabes a quién le dejarás tu herencia, ¿y si nos vamos de aquí?, yo creo que deberíamos comprarlo, ¿podremos hacerlo algún día? hagamos cálculos ¿treinta años más? es físicamente posible, lo mejor la comida tradicional, nunca un crucero por las islas griegas ¿qué ponen bueno en el cine? ¿llamamos a los Molina? tenemos que ir a Murcia, a Bilbao, a León, qué tristes esos domingos de trabajo, sí, claro que nos tiene que tocar algún día la lotería, qué bien te cae esa camiseta esmanguillá, mira a la cámara, el domingo haré arroz negro, qué brillo más bonito en los ojos, dos chupitos de orujo, de hierbas no, blanco, ¿por qué no ahora? ya falta menos para las vacaciones, te acompaño no hace falta te acompaño, llevamos algo cada uno, ¿quieres una cerveza? hoy llegaré tarde, ve comiendo, de verdad, ¿tienes el diario? eso no es nada, seguro, yo te aparco el coche, ya hace mucho que no comemos pasta, no, nada, sólo quería hablar contigo un rato…

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¡No quiero nada más!

Ulyfox | 11 de abril de 2013 a las 13:03

Hemos encontrado esta foto en el pozo de los tiempos. Gracias a un préstamo valiosísimo de Ricardo, Penélope está escaneando con paciencia y esfuerzo muchas de nuestras diapositivas antiguas. Pe puede tener mucha paciencia y persistencia cuando se trata de algunas cosas, y como todos, puede perderla en un momento determinado. Para soportar el acoso de los guías espontáneos y vendedores ambulantes en algunos lugares de Marruecos hay que hacer alarde de ese aguante. Al menos lo era cuando visitamos por primera vez ese país, hace ya unos 24 años. Ahí está Pe, ya cargada de compras, explotando en las calles de Fez, gritando que no con la voz, con los ojos, con la cara entera y con el gesto de las manos, que no quería comprar nada más, que la dejaran en paz, que ya estaba bien de abalorios y souvenirs y regateos. Y ahí está la cara sorprendida y a la vez impertérrita del vendedor, uno de esos comerciantes callejeros de Marruecos que llevaban toda la mercancía colgada del cuerpo. No podemos ver el rostro del niño que contribuía con su presencia y su insistencia en el acoso mercantil, pero imaginamos el mismo gesto.

La foto refleja bien un aspecto de aquel nuestro primer viaje al vecino magrebí: el asedio al que se veían sometidos los turistas, bastante pesado por cierto. A unos niños que se ofrecían a ser guías por la ciudad o el zoco seguían otros y otros y otros según ibas diciéndoles que no. Era imposible dar un paseo en solitario. Aun así nos gustó el país, y de eso os podréis ir dando cuenta en cuando vaya metiendo las fotos gracias a que hemos podido recuperarlas con ese escáner prestado. Vendrán más.

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Penélope Glamour

Ulyfox | 26 de septiembre de 2012 a las 20:32

Carretera que sigue la garganta de Kotsifou, en Creta.

Yo no soy el único viejo. Así que seguro que muchos de vosotros recordáis también aquella serie de dibujos animados sobre una carrera interminable de coches locos a través de desiertos y montañas. Sí, hombre, la del malvado Pierre Nodoiuna y su sarcástico perro Patán. Uno de los personajes al volante era Penélope Glamour, claro que lo recordáis, una rubia ingenua de larga cabellera al viento. Me he acordado ahora, viendo a mi Pe conducir con mano experta por carreteras y caminos ciertamente complicados, mientras yo a su lado llevaba los mapas, haciendo de gps humano.

El paso antes del túnel de Topolia, construido por los invasores nazis.

Creta tiene una carretera buena, la que recorre todo el norte de la isla, la parte fácil. Los cretenses le llaman autovía, pero en realidad sólo tiene cuatro carriles en tramos contados. No importa, en Grecia una carretera nacional normal es utilizada como si fuera autovía, la gente sabe convertir un carril en dos, apartándose cuando el de atrás aprieta. En caso de necesidad, el arcén también se convierte en utilizable. Este modo de conducir choca mucho al principio, pero es conveniente adaptarse y adoptarlo cuanto antes si se va a conducir mucho tiempo, como ha sido nuestro caso.

Con Penélope al volante, no hay obstáculos.

Aparte de esa carretera nacional, el resto es bastante complicado. El interior de la isla es muy montañoso y atravesarla de norte a sur, como hemos hecho varias veces, es arduo, lleno de curvas y de pendientes. Las montañas cretenses conservan su salvajismo primitivo, y las carreteras tienen unos trazados antiguos, no hay túneles, excepto uno que construyeron los invasores alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, ni viaductos. El estado del piso no es demasiado malo, pero hay que atravesar los pueblos por calles, en algunos lugares realmente estrechas. Y constantemente hay que estar pendiente de las cabras. El término circunvalación solo vale para las grandes poblaciones del norte: Heraklion, La Canea, Rethimnon.

Carreteras sinuosas y travesías estrechas, paisaje cretense del interior.

Todo esto da como resultado unas carreteras preciosas, integradas en unos paisajes espectaculares, pero muy difíciles. Todo esto lo ha solventado mi Penélope Glamour con la gracia de un experto piloto de rallys, aunque bastante más nerviosa en algunas ocasiones.

La ruta pasa por paisajes costeros escarpados y espectaculares.

Tenía motivos, como yo lo tengo para darle el Grand Prix honorífico, también en la conducción. No extraña pues, que tras esa larga expedición por Creta, las carreteras de Mykonos y Paros le parezcan a Pe una divertida pista de karts.

Penélope se toma un descanso en la garganta de Kourtalioti.

La garganta de Kourtalioti, ventosa y estrecha.

La hermosa bahía de Plakias, desde la carretera que lleva a ella, en el sur de Creta.

Los trabajos de Penélope

Ulyfox | 11 de mayo de 2012 a las 19:59

Penelope en el centro de operaciones.

 

Los días, no es casualidad, se van haciendo más largos y brillantes conforme se acerca junio. Como queriendo adelantar lo que será el gran viaje para hacer la guía, como presagios luminosos, las jornadas avanzan temperaturas, vientos y pájaros, atardeceres más largos que nunca. Creta se va acercando no diría yo que a un ritmo demasiado rápido, tampoco demasiado lento. Hay mucho trabajo que hacer antes de emprender el rumbo adecuado.

El fuerte veneciano del puerto viejo de Heraklion, la capital de Creta.

En el puente de mando, Penélope estudia (y se aprende) mapas y planos, rutas y caminos, posadas y refugios. Sabemos ya que los primeros días tienen nombre: Heraklion para llegar, Koutouloufari para ver el vestigio auténtico en el caos turístico del Norte, Sissi para un río de sosiego, Mochlos para retirarse, Agios Nikolaos para el glamour, Sitia la capital de provincia, Paleokastro de playas vírgenes… No tiene medida su afán, no tiene fin su deseo, se rebela contra los límites de las horas su espíritu, y no caben sus ganas de que llegue el día en los planes del calendario. Se acerca su mirada al papel, a la pantalla del ordenador, su mente científica a su pesar conjuga con la fuerza que da el desafío. Dice sin querer decirlo que es el trabajo de su vida, de esta vida de estos meses al menos. Creta es esa Ítaca a la que ella va poniendo obstáculos para hacer el camino más difícil y venturoso, más sabio.  Su labor es preludio de mañanas y tardes con aire egeo y africano. Aspiramos a que estos guiones se representen en aquellas tierras y mares diacrónicos.

Aceitunas pequeñísimas de Creta y cerveza en el Este perdido de la isla, cerca de Paleokastro.

Cuando lleguemos a Creta, es decir casi ya aunque falta mucho, tendremos un mapa que Penélope ha ido tejiendo tarde a tarde, noche a noche, para que vayamos desenmarañándolo en un mes, dejando jirones en monasterios lejanos, en playas minúsculas o gigantes, en tabernas al borde del Egeo o del mar de Libia y en piedras con nombres minoicos, como pistas para cuando volvamos o para cuando alguien quiera ir.

En las escalinatas del palacio minoico de Festos.

Yo admiro su tesón, su método, agradezco su dedicación y le prometo la poesía (que en griego significa simplemente “obra”) que saldrá de ese material constructivo.

Se me pasó el cumpleaños pero lo hemos cumplido

Ulyfox | 20 de febrero de 2011 a las 2:18

Penélope, hace 28 años, en el palacio de Cnosos, Creta

Penélope, hace 19 años, en el palacio de Cnosos, Creta

No me suele ocurrir. Recuerdo siempre las fechas importantes, cumpleaños, santos, aniversarios. Pero esta se me pasó. Recordaba que era por estos días, y pensaba hacer un post especial, un pequeño autohomenaje: este blog ya ha cumplido UN AÑO. Con ese afán incomprensible por las fechas redondas, por las efemérides, hace algún tiempo busqué el día exacto en que se publicó la primera entrada de ‘Mil sitios tan bonitos': el 17 de febrero de 2010. Y me lo apunté en el móvil para que una alarma me lo recordara. Planeaba: haré un resumen de lo que he ido publicando, o elegiré la foto que más me ha gustado, o serviré una ración sentimental de lo que os agradezco que me hayáis seguido… nada un recordartorio sencillo. Llegó el día, sonó la señal digital y  me dije sorprendido: ¿para qué suena esto ahora? Lo apagué… y me olvidé. Así que, con la improvisación, pero también con la claridad de ideas que da la urgencia, cuelgo ahora la foto de arriba, que resume, tal vez, las dos constantes de mis viajes: Penélope y Grecia. Es ella, en nuestra primera visita a la Hélade, en el palacio de Cnosos, testigo de la desaparecida y espléndida civilización minoica. En el laberinto del Minotauro de Creta, como Ariadna sosteniendo el hilo, seguro que no es el único camino, pero es un buen camino. Tantas idas y venidas para al final recalar siempre en el mismo puerto, las mismas aguas pero siempre distintas, el mismo amarre pero no forzosamente complaciente. En fin, una mujer y una tierra.

Evidentemente, si veinte años no es nada como cantaba Gardel, imaginaos lo que significa un año. Nada, pero de verdad. Y, no obstante, aunque con varios días de retraso, os quiero felicitar a todos los que hayáis encontrado en esta ventanita al mundo inmenso un hueco por el que mirar vuestros mejores deseos de escapada y refugio, aunque haya sido un solo día, un minuto nada más. Felicidades porque no habéis perdido aún la ilusión, y porque queréis, como yo, comprender el mundo: el que nos rodea, no el que nos asedia, que no es lo mismo. Ni el mismo.

¡Y que cumplamos muchos más: años y sueños! Y muchas gracias

Penélope en los mares del Norte

Ulyfox | 13 de noviembre de 2010 a las 12:40

Navegando por el fiordo, al viento del Norte

Navegando por el fiordo, al viento del Norte

Creo recordar que era un fiordo cerca de Oslo. Debía de ser el 95. Noruega de frío, piedra y nubes,  muy lejos de aquellas imágenes límpidas y brillantes de los folletos turísticos. Los fiordos, seguro, son hermosos, pero nosotros sólo vimos lluvia y niebla. Atisbamos, adivinamos más bien, altos acantilados, cascadas larguísimas precipitándose a un mar gris y plano. Ese día el color tenía mucho de misterioso, y pudimos sentir que todo eso inspirara el mundo de los trolls y los gnomos. Queríamos contemplar el sol reflejado en el agua, en el verde muro de roca, pero desde el autobús, por la sinuosa carretera sólo se podía apreciar una vista blanquecina y lechosa y el único brillo era el de las gotas de lluvia en los cristales o sobre el asfalto. Luego, desde el barco que nos llevaba a la otra orilla, el paisaje adquirió un aspecto grandioso, inacabable y el mar se puso como un espejo empañado.

Penélope ¿qué pensaba? Ya llevaba dentro de sí una explosión que me tenía que ocultar, un germen de dicha y desgracia tan poderoso que la hacía andar sola aunque rodeada del grupo del viaje organizado, de mí. Ya era lo que fue. Algo tan enorme que parecía imposible de contener en un cuerpo tan pequeño, una fuerza adelante y atrás que nos hizo resistentes, rebeldes, derrotados, vencedores, saltarines y llorones. Fue difícil hacer que saliéramos indemnes. Lo logramos. Creo.

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La gracia de viajar Sin Rumbo

Ulyfox | 28 de mayo de 2010 a las 0:46

Viajar sol@ puede ser toda una experiencia

Viajar sol@ puede ser toda una experiencia

 

Me dice Sin Rumbo que ahora también podría llamarse Sin Compañía. Una ruptura amorosa, difícil, dolorosa y para la que no cabe más consuelo que la certeza de que al final todo se pasa. Como se pasa el amor pasa el desconsuelo, e inmediatamente se abren nuevas posibilidades. Perdóname, querida Sin Rumbo, no quiero oficiar de psicólogo barato. Medio en broma, medio en serio, me dice: “Así que ya sabes, Uly, escribe algo de viajes para solteros”. Y yo no sé. Yo encontré a mi Pe y los viajes nacieron con los dos. Nunca somos más nosotros que cuando estamos viajando. Está en todas las fotos, lo mismo que su perfume ha quedado en las mismas piedras que yo he pisado. Somos viajando.

Antiguamente, de alguien sin novio ni compromiso se decía “es solo, o sola”, no “está”, sino “es”. Para mí, esa distinción entre ser y estar le daba una dignidad a su situación, alejada de la compasión por el solterón o, sobre todo, la solterona. Sé que hay agencias que organizan viajes para solos, singles les llaman, así, en inglés, que parece que se refieren a aquellos discos pequeños que tenían una canción por cada cara. Es una posibilidad, Sin Rumbo, hay cientos de esas agencias en internet. Pero yo pienso que es mejor viajar solo de verdad. Ahí, presumiendo de serlo. Ya puestos, el orgullo por delante, nada de dar pena o impresión de que va uno-a buscando plan. El arte de guisarse y comerse el viaje solo, sin sombra ni nube que tape el horizonte, y si luego la nube te gusta, envuélvete con ella.

Hemos visto montón de gente que viaja sola, ya con una cierta edad, la verdad. No tan joven como Sin Rumbo, pero se les ve una serenidad unas veces, y otras una espera. Con un libro, dan casi envidia. Cenando en una mesa demasiado grande para uno, provocan desazón, porque quizá le atribuimos una pena que no tienen. A otros se les ve felices con su andar y su mirada, llegan, se sientan en la arena y miran a su alrededor con una media sonrisa mientras se quitan el sombrero para alisarse el pelo. El viaje, sobre todo en esos casos, es siempre al interior de uno mismo. Así que depende de lo que encontremos en esa profundidad íntima. Y estoy seguro, Sin Rumbo, de que ahí dentro hay una sonrisa, y una caricia sincera, y una mano para tu cabeza. Y hasta un pañuelo, y una bufanda y un gorro. Todo lo necesario para un viaje.

Ánimo, y para ti, una canción del gran Silvio Rodríguezs. Vamos a andar, no se puede parar:

http://www.youtube.com/watch?v=kIL9U2PoiYw

Viaje gastronómico a Girona

Ulyfox | 6 de mayo de 2010 a las 0:23

Vista de Girona

Vista de Girona

Nos vamos a Girona. Ahora me toca a mí pedir consejos, sugerencias, pistas. Tengo una inmejorable: comeremos en el Celler de Can Roca, considerado el cuarto mejor restaurante del mundo, el primero de España para la revista Gourmetour http://www.cellercanroca.com/PORTADA/intro.htm Tenemos reservado desde enero, y con suerte. Así son estos templos de la gastronomía moderna.

El viaje es casi exclusivamente para eso. Tal vez alguno de ustedes haya hecho alguno con el solo objetivo gastronómico. Nosotros hemos visitado así Castilla (por su cordero) o Portugal (por su bacalao) Esta ocasión es especial, y propicia: Penélope cumple una de esas edades que no se cumplen todos los días. Y ahora tengo que decirlo: nos lo merecemos, claro, ella sobre todo. Pe se pasa la vida pensando en los demás. Es justo que se reserve un fin de semana, y además como yo no le molesto mucho, voy con ella. Después de todo, soy yo quien la invita. El precio, qué más da. Ya lo decía Facundo Cabral: solamente lo barato se compra con dinero. 

El viaje, la semana que viene, incluye una noche antes en Cadaqués, la cena y la noche siguiente en Girona y la vuelta. Como siempre últimamente, ha sido ella la encargada de organizarlo casi todo. ¡Qué capacidad la de esta Penélope que no espera! Creo que nos dará tiempo de ver un poco de la Costa Brava y por supuesto la parte antigua de Girona, aparte de saborear la excelente cocina de los hermanos Roca. Así que se trata de que me hagan ustedes el favor de contarme cosas de esa zona, que no conocemos. Nunca es tarde.

P.S. Claro, la foto no es mía, sino mangada de internet, pero prometo inundar el blog de nuestras propias imágenes, durante y tras el viaje. Y de palabras.

¡Qué alegría, mamma mía!

Ulyfox | 3 de mayo de 2010 a las 0:10

Hora, la vieja capital de Alónissos

Hora, la vieja capital de Alónissos

Nuestro amor por Grecia es enorme y único. Los que nos conocen lo saben. El solo sonido de su nombre, la rotundidad de una palabra en lengua griega, cualquier foto publicitaria en azul y blanco nos emociona. Para Penélope es aún más intenso, y es frecuente que ante reportajes, películas o canciones con acento griego aparezca un brillo en sus ojos o la piel se le erice. Así son las pasiones. Nadie más que nosotros sabe las sensaciones que guardamos de nuestras numerosas visitas a la Hélade. De la misma forma, hemos comprado libros, hojeado revistas o acudido a ver cine por el simple motivo de que su temática tenía que ver con aquel país, lejano y tan nuestro. Por eso, fuimos a ver Mamma mía! en la pantalla, porque queríamos revivir aquellos paisajes de las Espóradas. La película no vale nada, pero la música de Abba es grande, y el escenario es grandioso, abierto, preparador para el combate contra el desánimo traidor.

Por todo eso también fuimos el sábado pasado al Teatro Falla, al musical. Lo mismo: la trama es inexistente y sólo existe Abba. Pero en esta ocasión, disfruté por algo más: por la alegría del público, de todas las edades. Fue estupendo comprobar la felicidad momentánea que puede dar la música, el placer que proporcionó a niños, jóvenes y mayores, reunidos allí sin ningún molesto espíritu crítico. Habían ido para acompañar las canciones, reír con los chistes fáciles y convencerse unos a otros, actores a público y viceversa, de que la vida puede ser estupenda a ratos. Thank you for the music cantaban los de Abba. Pues eso: no hace falta traducirlo para sentir el mismo, sencillo, inocente agradecimiento.

¡Ahí viene el ferry a Skópelos, corre!

¡Ahí viene el ferry a Skópelos, corre!

P.S. En el anterior post se me pasó dar algunas indicaciones por si alguien quiere visitar los escenarios de la película Mamma Mía! Ahí van: Primero hay que volar a Atenas. Iberia tiene vuelos directos diarios desde Madrid y Barcelona, pero suele ser más conveniente la opción de Aegean Air. También está la posibilidad de Vueling desde la ciudad condal. Y luego se puede ir en otro vuelo hasta Skiathos, una de las islas-escenarios. Desde allí hasta las otras, en cortos y agradables viajes en barco. Tres o cuatro días para cada una está bien. La especialidad culinaria es la exquisita tirópita (hojaldre relleno de queso, normalmente feta).

P y MJ emprenden un viaje con niños

Ulyfox | 15 de abril de 2010 a las 0:25

Una niña en la playa de Paranga, Mikonos

Una niña en la playa de Paranga, Mikonos

P acaba de tener una niña y MJ está a punto de tener gemelos. Ése sí que es un viaje. Todo bien para la primera, esperemos que igual de bien al menos para la segunda, más nerviosa. Una engordó de manera asombrosa, la otra ha guardado su eterna delgadez de manera milagrosa. La primera es también primeriza, pero parecía haber nacido para esto durante todo su embarazo, lento, digerido, naturalmente cansino, sonreído. En la segunda, ni en la risa han dejado de reír los nervios.

En la misma playa, grupo de niños al atardecer

En la misma playa, grupo de niños al atardecer

Ahora vendrán las frases manidas, aunque dichas con su mijita de razón: olvídate de los viajes, les dirán a los heroicos padres. Siempre, Penélope y yo hemos sostenido la tesis contraria, y siempre nos han replicado que es porque no tenemos hijos. P engendró muy probablemente a su niña en un viaje a Grecia. Y en la Hélade, hemos visto disfrutar a niños como en ningún sitio: en sus viajes en barco, en la playa, comiendo souvlakis, en la playa calmada y sin olas, jugando con los pequeños griegos en la plaza, en la playa dorada al atardecer. Sin peligro, el mar no sube, los padres están a un metro, con la hamaca rozando el agua.

El grupo se dispersa

El grupo se dispersa

Nosotros mismos hicimos uno de nuestros mejores viajes hace casi dos años a Grecia, con unos amigos y su hija de cuatro años, M, dormilona y la que menos come del mundo. Fue delicioso, gozoso, enseñar las islas a alguien tan pequeño y tan insistente en sus juegos, exigente como la vida, que te hacía estar alerta y se te subía a los brazos de un brinco, su cuerpecito tan ligero. Un aliciente más para el viaje, nuevo, un destello naciente en el azul del Egeo. Así. ¡Y buen viaje a las dos madres, acompañadas de los padres!

M y un amigo de su viaje, en la inmensidad azul de la playa de Elafonisi, Creta

M y un amigo de su viaje, en la inmensidad azul de la playa de Elafonisi, Creta