Archivos para el tag ‘stomorska’

Solta, la isla tranquila

Ulyfox | 13 de diciembre de 2016 a las 12:48

El pueblo de Stomorska, en la isla croata de Solta.

El pueblo de Stomorska, en la isla croata de Solta.

 

De Split, la gran capital de la costa dálmata, a la isla de Solta hay poco más de media hora de navegación en un ferri pequeño y lento. Pero es una agradable forma de viajar cuando el mar está en calma. En este caso una ligera brisa movía el Adriático pero no lo suficiente para que la nave se agitara mucho, y casi antes de que nos diéramos cuenta estábamos en ese trozo de tierra pequeño. Apenas una decena de pasajeros más desembarcaron. No es una isla masivamente visitada, a pesar de encerrar rincones realmente muy bellos y, sobre todo y también por eso, muy tranquilos. Sencillez, la de los grandes momentos.

Penélope, en la terraza de nuestro apartamento en Stomorska, Casa Malvina.

Penélope, en la terraza de nuestro apartamento en Stomorska, Casa Malvina.

El barco atracó en Rogac, un pequeño puerto que es más bien un abrigo elegido por tener mayor calado. Pero nosotros íbamos a alojarnos en otra reducida población, a muy pocos kilómetros de distancia y de nombre tan eslavo que para mí remite a frías y lejanas estepas: Stomorska. Un autobús también de tamaño reducido hace el recorrido circular de la isla. No tiene mucha frecuencia, pero está perfectamente adaptado al horario de los barcos. En él embarcamos nuestro pesado equipaje preparado para un mes y en otro cuarto de hora más estábamos en nuestro destino. No, no es esteparia, sino muy mediterránea Stomorska. El pueblo es apenas una ensenada estrecha, un entrante del mar que le permite albergar un muelle en forma de ‘v’ aparentemente sólo apto para barcas. Una bella estampa, que a la hora temprana de nuestra llegada estaba casi desierta y recorrida por un viento más bien fresco.

En Maslinica, el puerto más 'turístico'.

En Maslinica, el puerto más ‘turístico’.

 

Después del plazo de un café tranquilo apareció nuestra anfitriona, una mujer grande y conversadora que nos condujo al alojamiento mientras nos contaba que su marido es judío sefardí, venido de Sarajevo pero que perdió el español antiguo que sí hablaban sus abuelos. Casa Malvina, allí mismo y un escalón por encima del puerto es una gran casa con salón y dormitorio amplios y una magnífica terraza anterior con vistas al mar. Equipada con casi todo, parece ideal para pasar varios días en familia… si no fuera porque la limpieza deja un poco que desear. A partes iguales nos gustó y nos disgustó por lo que he dicho.

 

Vista panorámica de Maslinica.

Vista panorámica de Maslinica.

Teníamos el día entero por delante, y los planes nos llevaron a alquilar un coche para recorrer la manejable Solta. Penélope, como siempre, tenía el terreno estudiado, y tras coger el vehículo allí mismo, nos dirijimos directamente a la punta occidental de la isla, en busca de otro puerto de bella resonancia, Maslinica, un lugar mucho más turístico, si es que se puede aplicar aquí término tan rimbombante. Pero a pesar de los pocos kilómetros de distancia, el ambiente era muy diferente. Aunque la estampa de casas de piedra rubia y tejados rojos sobre el puerto se parece mucho a la de Stomorska, allí había barcos de recreo, sobre los muelles un mayor número de restaurantes, y sobre todo un hotel de lujo que aprovecha un antiguo convento, el hotel Martinis Marchi, que tiene además un puerto deportivo propio. Sin acercarse ni de lejos a la masificación, al menos había algunos grupos llegados en barcos de excursiones y los locales hosteleros tenían bastante público. Un lugar precioso de los que salpican toda la ribera mediterránea en tantos países, una comunión natural del hombre con el entorno marítimo.

Baños en la escondida bahía de Sesula.

Baños en la escondida bahía de Sesula.

Todo eso invitaba a relajarse y dejar el tiempo pasar. Y naturalmente, a sentarse a beber y comer. Vino blanco croata, arroz negro (un plato omnipresente en esta zona), calamares, paté de pescado en un lugar azul y blanco frente a los barcos, la Konoba Sagitta, muy agradable de comida y trato. Excelente manera de cabalgar el tiempo en vacaciones. Y ya con esa confianza cogida con el tiempo, tras la comida un corto paseo por el escaso caserío, y una visita a una bahía muy cercana, la de Sesula: un entrante estrecho del mar que se ha convertido en un apacible lugar donde fondear o amarrar un barco, y en el que darse un baño entre las rocas y las barcas, sin más compañía que la de algunos pescadores solitarios y los comensales de algún chiringuito escondido bajo los pinos.

Una playita cerca de Stomorska.

Una playita cerca de Stomorska.

Todo parecía discurrir al mismo ritmo en esa isla apartada del bullicio turístico que invade Croacia en los últimos tiempos. Y el día se alargaba… aún nos dio tiempo de, en el camino de vuelta, adentrarnos levemente en dos pequeños pueblos casi pegados el uno al otro y a la vera de la carretera principal, Donje Selo y Srednje Selo. Dos poblaciones mínimas, de calles y casas de piedra, prácticamente desiertas y con el aspecto de que muchas de sus viviendas estaban abandonadas, pero un ejemplo de arquitectura popular, que nos hizo como siempre desear habitarlas, preguntarnos como esas bellezas podían estar ahí olvidades. Con el tiempo infinito de las vacaciones, poco más adelante dejamos el coche en un cruce de caminos y echamos a andar en busca del lugar más alto de la isla, una colina donde se enclava una cruz, en la que acaba un via crucis. Nos lo habían recomendado por las vistas, pero no eran para tanto. Eso sí, la subida fue tonificante y proporcionadora de la alegría que da el ejercicio físico.

20160906_170428

Calles abandonadas de Donje Selo.

Calles abandonadas de Donje Selo.

 

Stomorska al atardecer.

Stomorska al atardecer.

Por la noche, en Stomorska, el pueblo se retira temprano a dormir. En el puerto, dos españoles solitarios recorrían sus escasas dimensiones, en donde el griterío de dos chavales jugando resonaba como una gran fiesta, en busca de un lugar para cenar. Lo encontramos, claro, sin tener que andar mucho, un lugar con una camarera agradable, con una comida buena (especialmente bueno el pulpo) y con aperitivos de cortesía. Poca gente más había en el local, un grupo de hombres mayores contentos con la cerveza y que animaban a otro aún mayor que amenizaba, con una vieja guitarra y sus canciones internacionales de toda la vida, la velada. Muy agradable en una noche un poco fresca. La calma como concepto de vacaciones.

20160906_124441 20160906_142237 20160906_154003 20160908_124219