Archivos para el tag ‘venecia’

El primer gueto

Ulyfox | 14 de julio de 2013 a las 22:06

Rótulo del Ghetto, al anochecer

 

Los judíos expulsados de España por los Reyes mal llamados Católicos se dispersaron por todo el mundo. También llegaron a Italia, naturalmente. Y en Venecia, aunque se les necesitaba, se les confinó en una pequeña zona del barrio en el Sestiere de Canareggio. Allí había una fundición (getto en dialecto  veneciano) y esa fundición dio nombre al barrio judío de Venecia, y posteriormente a todos los barrios judíos de Europa, y más tarde a los lugares donde se confina o se reúne un cierto tipo de gente. Cosas de la  historia.

Terrazas junto a los canales en las cercanías del Gheto veneciano

En la actualidad, la zona del Gheto veneciano es muy agradable de pasear, ya sin rejas que impidan la salida ni el paso. Detrás del precioso canal de Canareggio, un laberinto de calles en los que es posible ver a los escasos judíos que quedan en la Sereníssima, con sus particulares vestimentas negras, sus sombreros y sus rizos. Una gran parte fueron deportados durante la terrible Segunda Guerra Mundial. Un poco más lejos, los canales y sus muelles (fondamente) se han convertido en los mejores lugares para cenar en las terrazas junto al agua, aparentemente lejos del turismo masivo pero bien frecuentado por los que pernoctan en la ciudad vieja.

El canal de Canareggio, a la luz de la luna llena.

El gondolero

Ulyfox | 13 de julio de 2013 a las 23:16

 

El gondolero en su puesto, fotografiado por Penélope.

 

A Penélope le encanta Venecia, como a mí. Pero ella tiene una ventaja: le gustan los gondoleros, puede apreciar su belleza masculina, aunque naturalmente hay de todo. Yo reconozco que algunos no están mal, y admito igualmente que debe de ser una profesión que marca. “¿Tú en qué trabajas?- Yo, de gondolero en Venecia”. Innegable: tiene un tirón irresistible. No se trata de cualquier oficio. A todos los atractivos que podamos tener (si es el caso) los demás le añades el de poder ofrecer a tus ligues un paseo en góndola en una noche calmada por los canales de Venecia y el sujeto no tiene rival.

¿Envidia? Tampoco tanta, si tenemos en cuenta que a Penélope, de momento, me la llevo yo.

Una góndola va…

Ulyfox | 9 de julio de 2013 a las 1:35

Nuestra góndola, por el Canal Grande.

 

La góndola, ese milagro de barco largo, estilizado, asimétrico hacia la derecha, te pasea suave por los canales de Venecia. Pasear en góndola es de esos tópicos que te hacen felices cuando los cumples, como subir a la torre Eiffel en París o, supongo, entrar en la Estatua de la Libertad en Nueva York, arrojar una moneda a la Fontana de Trevi, ver el atardecer en Santorini.

 

El difícil embarque y el “esto se mueve mucho…”

 

En nuestro último, reciente viaje, ya infelizmente terminado hace varios días, hemos vuelto a montar en góndola. Se lo debíamos a Pepa. Sea lo que sea, sientas lo que sientas, pienses lo que pienses, creo que si se puede hay que montar en góndola una vez en la vida al menos, como hay que visitar Venecia. Increíblemente, existen canales tranquilos en la Serenísima, y en algunas vueltas puedes estar en silencio completo, con el solo acompañamiento del remo en el agua y el deslizar sobre las aguas verdes. Por encima, sobre los puentes, al asomarse al Canal Grande, el bullicio irrumpe de manera sorda a ratitos. Abajo, a bordo de la negra embarcación de asientos de terciopelo y brillantes dorados, todo va a otro ritmo.

El bullicio va por arriba.

 

El gondolero, que siempre es guapo y siempre parece feliz, va contando algunas historias de los palacios, iglesias y casas que va dejando al lado. Con un solo remo maniobra de manera admirablemente hábil, de vez en cuando apoya su pie en alguna pared para impulsar o desviar la trayectoria de la barca, y responde a todas las preguntas, suponemos que de manera veraz.

El Canal Grande es el tráfico.

 

Pepa no había montado nunca, y el miedo le cambió la cara al abordar la góndola, con sus naturales dificultades, durante bastantes minutos. Una vez sentada, con el dulce patinar, sus piernas se relajaron algo y sus manos dejaron el agarrotamiento. No se iba a caer. Desde el agua, Venecia es alta y roja, fresca y antigua como los siglos, milagrosa siempre. Se diría que el paseo, acordado precio y duración de media hora, podría alargarse placentera e indefinidamente. Hacía 25 años que dimos nuestro primer viaje en góndola, y no lo recordaba tan agradable, tan feliz a esa pequeña escala a la que te hacen dichoso cosas como la charla y la copa, o la cerveza en una terraza con vistas al mar. A veces, hacer el turista tiene hermosas, infantiles, absurdas compensaciones.

En góndola hacia Rialto.

 

Tras la vuelta, muy corta, emerge uno de nuevo a la multitud, y al cruzar o bordear canales mira con envidia a esa pareja que vuela en su embarcación, a esos amigos que comentan sonrientes desde su cómodo asiento navegante y, qué queréis que os diga, reemprende uno la marcha hacia los atractivos palacios con ánimo renovado.

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Mil veces más bonita

Ulyfox | 6 de julio de 2013 a las 18:09

Venecia es mil veces más bonita que Cádiz. En realidad, mil veces más bonita que casi todas las ciudades que el hombre ha construido, mil veces más asombrosa, más admirable, más increíble por mil veces que la veas. Venecia es un prodigio, una locura de un grupo de personas que una noche seguramente soñaron en montar un sitio para vivir, para trabajar, para comerciar, para crear, en medio de una laguna de agua salada, sobre cientos de miles de pilotes clavados en un barro marismeño, sobre decenas de islas separadas por canales salvados por cientos de puentes. Un laberinto de direcciones, de vías, de fundamentas, de sottoportegos, de calli, de campi, de rio terrá, de largos, de todos esos nombres para señalar cada calle estrecha y alta, un dédalo aliviado por carteles amarillos con indicaciones y flechas en negro: “per Rialto, per San Marco, per Sta Luzia…”.

Venecia no tiene comparación, ni sus estucos, ni sus ventanas góticas, ni sus ladrillos rojos, ni sus mármoles de todos los colores, ni sus góndolas asimétricas y estilizadas, ni su Canal Grande, la calle más bonita del mundo asaltada por palacios que no hace mucho fueron de oro puro, ni de pronto esa placita arbolada con esa torre alta y conventual, ni esa inesperada luna llena frente a la Trattoría Ai Pontini, sobre el canal de Cannareggio, ni el recodo sombreado bajo Rialto, ante el Mercato della Pescheria, cerca y lejísimos a la vez del intenso tráfico turístico del Gran Canal.

 

 

Pero Venecia ¡ay! se ve peor esta vez, rara, más extraña, ahora que muchas de sus vías principales y el mismo mercado viejo se han llenado de tenderetes de asiáticos ofreciendo baratijas recordatorias chillonas, ahora que muchas trattoría están regentadas por chinos, como si de pronto viéramos la plaza de Jemaa el Fna llena de noruegos vendiendo frituras. Y esa marea de cruceristas incesante, ese asalto inmisericorde a los rincones góticos, barrocos o bizantinos que la Serenísima asimiló con su categoría de navegante abierta a todos los mundos. San Marco, Rialto son conquistados cada día por ejércitos que no paran, y que siempre disparan.

 

 

Sí, Venecia conserva afortunadamente barrios como Cannareggio, como Dorsoduro, como parte de Santa Croce, como Castello, más apartados del turismo inclemente, paseables, en los que uno puede reconocerse como admirador de la ciudad más bella del mundo. Ahí se respira, las tiendas tienen otro aire, y en los campi se puede ver, fuera de las horas de calor, a los venecianos tomar el fresco. Menos lujos arquitectónicos, claro, a cambio de la tranquilidad que uno busca cuando quiere ir de verdad al encuentro de la belleza, árbol muchas veces oculto entre tanto bosque.

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No sin mi guía

Ulyfox | 15 de diciembre de 2012 a las 18:58

En Venecia, con la Guía del Trotamundos.

Recuerdo que sólo en nuestros dos primeros viajes no llevamos una guía. En Cuba éramos ignorantes viajeros, insulsos primerizos, y además aquello estaba tan organizado que no había por qué. Pero al año siguiente, en nuestro primer contacto con Italia descubrimos al sabio. Uno de los compañeros del grupo parecía saber más que todos los demás, y siempre tenía claro dónde se podía comer y qué esquina doblar para que el viaje fuera más interesante, mucho más que nuestro guía oficial, bastante interesado en que entráramos en ciertas tiendas y déspota a su manera. Ese hombre tenía un secreto que lo hacía más poderoso que a todos nosotros: iba armado con la Guía del Trotamundos, y en sus páginas mágicas encontraba respuesta a sus preguntas y a las de todo el grupo. Él por ejemplo, con sus letras, nos proporcionó uno de los mejores descubrimientos: la Trattoría Al Mascaron de Venecia, donde descubrimos que la pasta al forno con verdura podía ser una delicia, y en la que confirmamos años después que los spaguetti podían saber a almejas en toda su longitud.

En Atenas, con una guía mucho más gorda.

La Guía del Trotamundos fue nuestra biblia a partir de entonces, y a ella le debemos gran parte de nuestro descubrimiento de Grecia, cuando nos llevaba de cabeza a sitios en los que parecía inverosímil que se pudiera comer tan bien ¡Ese cerdo con berenjenas en Esparta! Regada con vino rosado de barril, con el acompañamiento del canto de los dos ociosos camareros en una mesa cercana, en un local que no invitaba precisamente a entrar, esa cena forma parte de nuestra vida casi como la primera vez que nos besamos. Y esa guía nos enseñó cómo ir y volver de los altos, etéreos monasterios de Meteora, sin perdernos, hasta ganarnos el calificativo de aventureros por todos los compañeros de grupo que no se salieron del carril.

La mejor guía para el Périgord.

El Trotamundos, las guías Total, Guiarama o Viva de Anaya Touring, la Lonely Planet son como nuestra Trilogía de las Guías. No se nos ocurre viajar sin esas páginas llenas de información hechas, sudadas, amadas y vividas por gente que conoce el destino al que están dedicadas. ¿Cómo ir sin guía? Pero, quién lo iba a decir, parece que en este mundo tan irreconocible que nos están dejando, la gente está empezando a perderle el cariño a las guías. O eso dicen.

Nosotros qué os vamos a decir, si estamos escribiendo una trabajada y gozosa guía de Creta para Anaya. Pero esto es lo que ha escrito nuestra editora (me encanta como suena) Ana López: http://www.anayatouring.com/blog/2012/12/14/%c2%a1no-sin-mi-guia/#comments. Leedlo, retuiteadlo, difundidlo o como quiera que se diga en lenguaje de ahora lo de apoyar una causa justa. Por los viajeros, que somos todos.

 

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¿Qué aconsejáis al Hombre Enmascarado?

Ulyfox | 7 de febrero de 2011 a las 1:49

Santorini, amor a primera vista.

Santorini, amor a primera vista.

He recibido un atento comentario de un misterioso personaje que firma ‘El Hombre Enmascarado”. Creo saber, con bastante certeza, de quién se trata, pero como no estoy seguro y como no añade nada al asunto, me lo callo. Quizá algunos ya lo habrán leído en algún comentario de una entrada mía. Pero, por si no, y por si tienen ustedes la bondad de ayudarle, lo reproduzco casi íntegro:

“Admirado Uly queria pedirle un favor suyo de usted. Vera, el proximo 5 de septiembre celebraré mi decimo aniversario de casado y queria hacer un viaje especial, muy especial. He pensado en tantas opciones que no se cual elegir y, ademas, temo que no haya caido en las mejores ideas.

Como soy gran seguidor de su blog aunque nunca haya comentado nada, he pensado en pedirle ayuda. Que usted vea si puede poner algun texto en el que se pidan sugerencias o en el que alguien me recomiende un viaje similar que haya hecho y le haya gustado. Mi presupuesto rondaria los 3.000 euros para una semana.

Por dar una pista, por ahora me inclino por Paris-Berlin en tren, aunque no me importaria volar, cambiar de continente, no me cierro a nada. Lamento usar el anonimato, pero tengo un alto cargo en la administracion de la provincia y si usara mi nombre comprometeria mi privacidad, me espondria a burlas y tambien le podria meter a usted en un lio. Ademas, quiero que sea una sorpresa para mi mujer que, que yo sepa no entra mucho por aqui.”

Para mí que las faltas de ortografía son un subterfugio para despistar, pero yo se las respeto. He pensado en darle mi opinión, mi sugerencia, pero creo que sería mejor que lo hiciéramos entre todos, y contáramos algún viaje que hayamos hecho, del mismo estilo que el que él prepara para su mujer, o quizá, el viaje ideal que nos imaginamos para estas circunstancias, esas en las que, pese al paso de los años, una pareja sigue manteniendo ilusión por viajar juntos, o por darle una sorpresa de este calibre al otro. Un viaje que, creo, debe aunar sorpresas y calma, descubrimientos y lugares en los que reconocerse, un hotel precioso o varios, restaurantes sencillos y sabrosos, pueblos y paisajes por los que pasear el cuerpo y la mirada, algún monumento del patrimonio universal y un ambiente que no moleste en nada al amor que debe circular en todo momento. Fácil ¿no?

Él propone de entrada un París-Berlín, pero yo, modestamente, me permito opinar que para una semana son dos capitales demasiado grandes, y la visita se haría demasiado apresurada por la distancia que las separa y los incontables atractivos que reúnen. Para eso, posiblemente sea mejor el combinado París-Amsterdam, mucho más cercanas y bien comunicadas. O directamente una relajada semana en la Ville Lumiére. Yo lo preferiría, pero no soy yo el que va a viajar. Ahí queda la opinión.

La playa de Kolimbithres, en la isla de Paros.

La playa de Kolimbithres, en la isla de Paros.

Me permito, para romper el fuego de las propuestas, ofrecer aquí una terna que, viniendo de mí, no serán una sorpresa. En primer lugar, naturalmente, Grecia. Por los 3.000 euros de presupuesto de que habla el Enmascarado, creo que es posible volar Jerez-Madrid-Atenas ida y vuelta, pasar dos días en la inmortal capital ateniense, otros dos en Santorini y otros dos en Paros, utilizando los Blue Star Ferries, en billete de cubierta para ir y volver a esas dos maravillosas islas. También es posible, y más descansado, visitar sólo Santorini aparte de Atenas, y en ese caso no es desdeñable la posibilidad de usar el avión para ir y volver. Consulte el Hombre Enmascarado precios y horarios en Aegean Airlines y Olympic Air o Athens Airways. Es imposible no volver encantado de esta opción, con hoteles en el centro de Atenas y mirando a la caldera en la isla volcánica.

Paisaje de la Toscana desde las alturas de Montepulciano.

Paisaje de la Toscana desde las alturas de Montepulciano.

Segunda opción: la infalible Venecia. Hay vuelos bastante baratos desde Sevilla con Ryanair. Es posible hacer un combinado de la romántica y bella Serenísima con la impar Florencia, volviendo en avión con la misma compañía desde Pisa. Ahí está garantizado el goce de todos los sentidos, y son muchísimas las opciones de hoteles asequibles, así como la atractiva posibilidad de moverse en coche por esa Italia deslumbrante a cada kilómetro.

Venecia nunca falla.

Venecia nunca falla.

Una tercera que también dejaría huella: Croacia, aunque es complicadísimo volar desde España, y más aún desde esta Andalucía que a veces parece tan remota. Pero yo he encontrado la posibilidad: por poco más de 400 euros pueden ir y volver dos personas de Jerez a Dubrovnik, con escalas en Barcelona y Zagreb. En Croacia, lo mejor es buscarse apartamentos o habitaciones (sobe), mucho mejores y baratas que los hoteles. En una semana, da tiempo a visitar la increíble Dubrovnik y recorrer parte de la costa dálmata, y alguna de sus venecianas islas, como Korçula. O simplemente, pernoctar en Cavtat, a pocos kilómetros de Dubrovnik, y desde allí desplazarse por la verde y azul riviera, o acercarse a Montenegro, o visitar Mostar, en Bosnia. Con un coche de alquiler es posible. Igualmente, por un precio similar es posible hacer el Barcelona-Split y luego ir bajando por la costa hasta Dubrovnik, quizá con una parada también en Mostar. Cualquiera de los dos es un plan exquisito, puesto que en Croacia, además, se come increíblemente bien.

Dubrovnik, bella entre las bellas.

Dubrovnik, bella entre las bellas.

Sí, mis recomendaciones son todas a la orilla del Mediterráneo, pero ¿qué queréis? es el mare nostrum. Ahora es vuestro turno ¿Qué viaje propondríais al Hombre Enmascarado? O lo que es lo mism ¿cuál haríais vosotros? Echadnos una mano

Estallan los colores

Ulyfox | 21 de noviembre de 2010 a las 22:14

Casas y personas en la islita de Burano

Casas y personas en la islita de Burano

Es la isla de Burano, a poco más de media hora en ferry desde Venecia, en el que parte de los muelles de Fondamente Nuove, en la misma laguna. No confundir con Murano, donde se produce el famoso cristal, y donde tiene parada antes el barco. No es muy caro el viaje. Este vaporetto es como un autobús urbano. Aquí, en Burano, lo famoso son los encajes, pero parece que ya incluso en la islita se venden muchas falsificaciones, así que hay que tener cuidado. Da igual, lo impresionante es ver como este pequeño pueblo de pescadores ha pintado sus casas. Nada de la delicadeza y el arabesco de la cercana Serenísima. Aquí priman los colores netos y básicos a la orilla de los canales.

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Amarillos, rojos pastel, rojo sangre de toro, azul chillón o desvaído, todo se mezcla y se refleja en el agua turbia de los canales. Además, se come bien el pescado y el marisco de la zona, acompañado de pasta o tal cual. De todas formas, lo que más emociona es ver la dedicación que sus habitantes ponen en el cuidado, limpieza y pintura de sus modestas casas de pueblo. Todo es muy pequeño y modesto comparado con el lujo y la grandiosidad del gótico y del barroco de la vecina capital del Véneto. Aquí no hay góndolas, sino barcas, y las mujeres pasean en bata mientras los niños corretean en las plazas, casi patios públicos, sorteando con sus carreras y sus bicicletas las coladas tendidas, colgando de cordeles sostenidos por palos en la misma calle, tendederos de quita y pon. Si tenéis la inmensa suerte, o la gran inteligencia, de pasar tres o cuatro días en Venecia, debéis ir a Burano a media mañana, dar una vuelta entre colores que estallan y almorzar en una de las trattorías junto al canal, un antipasto misto y por ejemplo unos spaghetti al scoglio. Luego, siempre podréis ir a Murano, (para mi gusto, menos interesante) y regresar a Venecia al atardecer, cuando el sol se pone sobre el Gran Canal. 

Una vista general de uno de los canales de Burano

Vista general de uno de los canales de Burano

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La pista veneciana para Begoña

Ulyfox | 13 de agosto de 2010 a las 1:19

Frente al atardecer en la Riviera de Makarska

Frente al atardecer en la Riviera de Makarska

Tengo ahora mismo a una pareja de amigos, jovencísimos, entusiastas e inteligentes, trabajadores y centrados en el mundo, de visita por Croacia. Se han servido mucho para la preparación de su viaje de los consejos de Penélope. En ciertos asuntos, no os fiéis de las agencias, tan fiables en otros: fiaros de Pe, y saldréis ganando. Ella escudriña en internet las combinaciones, los vuelos, los barcos, las ciudades, los hoteles, se pelea con el ciberespacio y sale victoriosa. Me pedía Begoña (qué gusto conocerla a ella y a su galois, el otro día en la quedada del Obélix de San Félix) en un comentario a un post sobre Dubrovnik que le diera pistas sobre cómo llegar a ese país del Adriático, tan veneciano por un lado y tan eslavo por otro. Tal vez debería pedírselas a Pe, pero ya que estamos, mejor cuento como lo hicimos nosotros las dos veces que hemos estado. La verdad es que no resulta difícil desplazarse en avión en verano desde Madrid, y mejor desde Barcelona. No es que haya muchas alternativas. Tenéis la opción de hacerlo reservando por internet en Vueling o en dos saltos por Easyjet. Nosotros la segunda vez llegamos en avión a Split, centro de la costa dálmata, pero tuvimos que dar un rodeo por Londres, que tampoco nos resultó tan pesado.

La manera más bonita es la que escogimos la primera vez. Se trata de volar desde Sevilla a Venecia y pasar luego en barco a la península de Istria, ya en Croacia. Hay vuelos de Vueling que pueden salir muy baratos si se escoge una buena fecha. Nosotros lo hicimos y pasamos tres días embelesados, paseados y cansados en la Serenísima. Venecia, cada vez más bella y más secreta. Venecia, que dominó durante siglos buena parte de la costa croata y dejó allí señales bellísimas de su mando. En la costa de Istria, decenas de campanarios repiten la estampa del de San Marcos, y el león insignia de la República se enseñorea en las paredes de multitud de palacios y fortalezas, en los bien preservados pueblos amurallados. Y el italiano, tan sencillo para un español, lo entiende allí todo el mundo. Hasta esa península triangular de numerosos restos romanos nos desplazamos en barco. Podéis consultar esta página   http://www.aferry.es/ En ella encontraréis las abundantes combinaciones para ir desde Venecia a Istria, y muchos otros trayectos mediterráneos, por si os apetece. No es barato, eso sí.

Nosotros hicimos el viaje Venecia-Porec (o Parenzo, allí muchas ciudades tienen el nombre en croata y en italiano). Desembarcamos en una costa sinuosa y llena de pinos y nos despertamos en un hotel cercado por los árboles y las ardillas. El pueblo, en una península, es tan evocador que sus calles principales conservan el nombre de Decumanus y Cardo Maximus que le pusieron los antiguos romanos cuando diseñaron su trazado clásico. Y tiene una basílica bizantina del siglo VI, la de San Eufrasio, que es emocionante como sólo lo pueden ser las piedras antiguas y los mosaicos del antiguo Imperio Romano de Oriente. También se puede hacer el trayecto de Venecia a Rovijn (Rovigno), Pula o Rabac.

Desde Porec nos desplazamos a Rovinj (colores cálidos y risottos) por carretera, y luego ya alquilamos un coche para recorrer el país a lo largo. Un Golf que nos llevó primero a la Riviera del Kvarner (dormimos en la antaño esplendorosa y modernista Opatija, hoy decadente), luego a la isla de Krk, donde en Malinska nos dimos un festín de pasta casera exquisita con mariscos; nos subió a los impresionantes y fríos Lagos de Plitvice (nadie debe perderse esta maravilla natural de estanques, cascadas y montañas surcada por senderos humanos); y nos bajó de nuevo, pasando por la gótica Trogir, a la calidez de la costa de Split, donde el emperador Diocleciano se construyó un palacio tan enorme que ahora alberga el casco antiguo de la ciudad, y que conserva las puertas romanas de entrada, sus fachadas de orden clásico, su peristilo de columnas y arcos y los sótanos imperiales: atrás en el tiempo.

Y desde Split nos embarcamos a la isla de Hvar (http://www.jadrolinija.hr/ es una página con los ferries). Hvar (pronúnciese algo así como Juar) es mejor que la veáis vosotros mismos porque no podréis creer si os digo que tiene un puerto con un almacén veneciano que luego fue teatro, una plaza central que es realmente para representar obras medievales, unas calles llenas de palacios góticos y piedra blanca de Dalmacia, unos restaurantes que ofertan desde la comida tradicional (exquisita) croata hasta lo más innovador en experimentación, y unos helados sabrosos. No me leáis: id a verlo. La excursión siguió hacia otra isla, Korcula, que se reclama la patria de Marco Polo y es otra joya amurallada, vestigio de lo que fue la incalculable riqueza veneciana. Y acabamos en Dubrovnik, pero eso os lo conté en otra entrada, y os voy a cansar. Resumiendo: esa fue para nosotros la mejor manera de llegar a Croacia, porque en realidad se trató de recorrer una buena parte de los antiguos dominios de Venecia, la Serenísima República. Lo malo es que entonces aún no estábamos con la fotografía digital, y tenemos problemas para colgar las fotos. Nada es perfecto. Buscaremos la forma de subsanarlo. Y que aproveche

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Aquí estoy

Ulyfox | 18 de febrero de 2010 a las 20:29

Penélope contempla el atardecer en Santorini
Mil sitios tan bonitos como Cádiz… o más. Lo primero es que estuve tentado de titular este blog ‘Mil sitios más bonitos que Cádiz’, pero luego recapacité que es mejor no molestar, si alguien se puede molestar por reconocer la incomparable belleza de Venecia. En realidad, está feo comparar. Si queréis le ponemos a esto ‘Diario de Ulyfox’, en homenaje a Ulises y alusión a mi verdadero nombre.

Lo segundo es por qué viaja uno. Por qué viajo yo. A lo mejor, sólo para tocar con la punta de mis dedos la Puerta de los Leones de Micenas, que hasta entonces y durante años fue sólo el recuerdo fijo de una mala foto en blanco y negro en el libro de Historia del Arte de sexto de bachillerato. Es una razón ¿Viajo, entonces, para tocar lo que he soñado? Claro, me he movido para comprobar si La Habana se parece a Cádiz (no tanto), y para llorar ante las colosales Pirámides; y para alegrarme porque se me saltaron las lágrimas de verdad en el primer patio del templo de Medinat Habu, o ante el Friso de los Arqueros del palacio de Darío, no allá en la inaccesible Persia, sino en la sala dedicada a ellos en el Louvre.

Viajo porque sí y por muchas razones, o tal vez sin razones y sólo porque necesito moverme, como esos zumos que hay que agitar para que lo sabroso suba del fondo y adquiera su sentido.

El viajero es valiente a su manera, porque busca el encuentro con lo desconocido fuera de su hábitat. Y un sentimental, porque tiende a encontrar un lugar preferido. Yo ya lo tengo, y está bajo el cielo de los dioses griegos. Soy un viajero acompañado. Ella me guía (no es una alusión religiosa, por favor) y se deja guiar. Es una Penélope que no se quiso quedar esperando. Prepara los viajes y me deja los mapas.Y tiene mucho que ver en estos cosas que os iré contando. Bien escoltado es más fácil sentirse valiente.

Podéis llamarme Uly, y además de compartir mis rincones, me gustaría que intercambiáramos lugares, recuerdos, vivencias, sensaciones… y por supuesto consejos sobre cómo llegar, dónde dormir, dónde comer o dónde conversar en esos mil sitios… o más. Si hay que estar en el mundo, estáis en vuestra casa.

Buen viaje.