Historias en el Cercanías

Raquel Garrido | 18 de julio de 2011 a las 11:54

Nuria Alonso / Fuengirola

Son apenas 48 minutos de trayecto, un tiempo que muchos turistas y malagueños usan para poner al día sus agendas, descansar o, incluso, leer. Este es el tiempo que separa la parada del Cercanías de Málaga Centro Alameda de la estación de Fuengirola, una línea de tren por la que pasan cada día cientos de viajeros que buscan, sobre todo, la comodidad y la puntualidad de este medio de transporte. De hecho, en 2010 este ramal fue usado por 8,2 millones de viajeros, lo que es sólo una muestra de lo popular que es la C1.

Entre los cientos de rostros anónimos que cada día llenan los vagones está el de Juan Antonio González, un vecino de Fuengirola que lleva sólo unos meses viviendo en la Costa. Juan Antonio lleva un tiempo en paro, aunque, por fin, tiene una entrevista de trabajo en un bar de Málaga capital. “Me han dicho que el tren es más directo que el coche y me ahorro los atascos. No quiero llegar tarde”, explica nervioso, ya que es la primera vez que usa este medio de transporte para ir a la capital de la Costa del Sol.

A unos metros se encuentra Remedios Sánchez, que cada día coge el tren para ir a trabajar a Benalmádena. Ella explica que opta por el Cercanías porque “es más cómodo” que el autobús y más continuo, por lo que cada mes renueva su abono. “Cuando lo coges una y otra vez las caras empiezan a sonarte; es una línea llena de turistas, pero los que cogemos el tren todos los días ya casi nos conocemos e incluso saludamos a los revisores”, asegura. Además, afirma que lo poco que sabe decir en inglés lo ha aprendido en esta línea. “El next stop me sale bordado, y a veces los turistas te preguntan y ya medio te entiendes con ellos. Es que ya son muchos viajes…”, explica con una sonrisa.

El caso de Fernando Merino es diferente. Este vecino de Málaga sólo coge el tren de manera esporádica para visitar a su familia en Benalmádena. Junto a él se encuentra Mari Carmen Magro, otra habitual de la C1, que usa este transporte para ir a Benalmádena desde Torremolinos para cuidar a sus nietos. “Llevo viendo el tren toda la vida. Para mí es algo que ya casi va con el paisaje. Además, te ahorras enfadarte en la carretera y si lo coges a tiempo nunca llegas tarde. ¿La pega? Que pasa cada media hora, creo que debería ser más continuo”, indica”. Algo que a partir de septiembre tendrá solución, toda vez que Renfe rebajará en diez minutos la actual frecuencia de paso de las circulaciones.

Pero dentro del tren se encuentra a otro tipo de viajeros, el de aquellos que lo usan para trabajar o leer. Mario Arjona revisa su agenda electrónica mientras recorre el trayecto entre Torremolinos y Málaga, momentos que aprovecha para leer o hablar por el móvil. “Creo que en lo que va de año me he leído ya tres libros en el tren. Es el único momento que tengo para tranquilizarme un rato y desconectar. A veces me duermo y me han tenido que despertar ya en la estación del centro”, afirma.

Otros pasan el tiempo escuchando música, viendo series en portátiles o, incluso, estudiando. Eso es lo que hace Tania López-Muñoz, estudiante de la Universidad de Málaga que dice, con cierta ironía, que ha aprobado la mitad de sus asignaturas repasando durante el trayecto. “Me da tiempo a echar un último vistazo a los temarios. En coche esto no lo podría hacer”, añade. Es un trayecto lleno de historias, de rostros anónimos que hacen del tren entre Fuengirola y Málaga un espacio más de su vida diaria.

  • Gerardo

    Qué suerte teneis en Malaga con tener Cercanías. En Córdoba los quitaron hace tiempo y no hay manera de que se repongan aunque todos los partidos del Ayuntamiento esten de acuerdo en su necesidad.
    Ya nadie se cree el milagro del monocultivo del AVE y las infraestructuras en el país de la crisis y el paro. Estamos montando una España a dos velocidades: Una de AVE, de primera, en ancho internacional, exclusiva para los trenes de alta velocidad, que utiliza una minoría de usuarios con alto poder adquisitivo y dotada de fuertes inversiones; y otra de segunda, en ancho ibérico, para trenes de cercanías, regionales y de mercancías, que utiliza la gran mayoría de usuarios del ferrocarril y con un gran déficit de inversiones.