El «efecto contagio»

José Antonio Martín Pereira | 16 de julio de 2017 a las 12:51

El pasado viernes conocíamos el primer avance de las conclusiones de la investigación en relación al origen de las carreras en la Madrugá, elaborado por la Brigada Provincial de Información de la Policía Nacional . Dicho informe se ha basado según las propias fuentes oficiales en 70 testimonios de agentes que estaban aquella noche, así como en 1.188 archivos de audio de las comunicaciones de la Policía Nacional durante un intervalo de tiempo determinado. Del mismo modo, se han tenido en cuenta también 40 llamadas al 112, 8 informes facilitados por el personal de seguridad privada que prestaba servicio en la Madrugá, 10 capturas de vídeo de las cámaras de videovigilancia repartidas por el Cecop por el casco histórico y 58 vídeos aportados por los medios de comunicación, amén de otros 15 seleccionados de la plataforma Youtube. Todo ello además, con las declaraciones de los 58 testigos que resultaron heridos que presentaron denuncia y, sobre todo, los datos objetivos presentados por las hermandades.

Al hilo de lo anterior, la conclusión a la que se ha llegado es que el ruido de una pelea en la calle Arfe provocó una primera avalancha a las 4.10 horas, la cual afectó a 62 calles del centro de Sevilla. Así lo confirmaba el jefe superior de la Policía Nacional en Andalucía Occidental, que apuntó que ese ruido fue el detonante de una situación previa de temor provocada por los recientes atentados terroristas de aquella fecha e incluso a una alarma producida anteriormente cuando un senegalés gritó «Alá es grande» a las 3.53 horas en Reyes Católicos. De igual modo, la Policía descarta absolutamente que hubiera «ningún tipo de planificación, coordinación ni connivencia» entre los sucesos distribuidos por los distintos puntos de la ciudad, cifran por tanto lo ocurrido en el «efecto contagio».

Llegados a este punto, al cofrade de a pie le asaltan más dudas que respuestas. A todos o a casi todos nos vino a la mente el carpetazo cargado de interrogantes con el que se cerraron los incidentes de la famosa Madrugá del 2000. El caso es que 17 años después, el río desemboca en el mar y aquí pasó lo que pasó que fue nada. Obviamente cuesta creer que así fuera, y lo cierto es que la decepción generalizada es inevitable a la vista de las explicaciones aportadas. Esperábamos más, esperábamos la primera piedra de entidad para solucionar una jornada que va camino del cuarto de siglo desangrándose, desmembrada y desprovista en buena parte del clima que la hizo única y que quizás nunca logremos restaurar. La pelota queda ahora en el tejado de las seis hermandades implicadas, si toman el informe como verdad irrefutable entonces perfecto, pero si no es así ya van tarde a la hora de exigir otro tipo de responsabilidades. De momento el miedo sigue por delante en el marcador.

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Que perdure

José Antonio Martín Pereira | 19 de junio de 2017 a las 11:54

Dejamos atrás una semana intensa alrededor de la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. El Corpus Christi que recorrió las calles de media España acompañado de múltiples actos encaminados a engrandecer su presencia. Aquí en Sevilla, amén del debate acerca del numeroso cortejo que se congrega en la procesión del jueves, el tema recurrente de conversación ha sido el calor, que incluso dio pie a que alguna de las procesiones de ayer alterase su ritmo o acortarse el itinerario previamente establecido. En estas circunstancias siempre es bueno pensar que la Historia ha puesto continuamente a prueba la celebración de la fiesta en innumerables ocasiones, y que por suerte hoy día podemos disfrutarla en todo su esplendor. De nosotros depende que perdure.

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Foto: Dubois. Paso de la Custodia en la plaza de San Francisco, 19 de junio de 1930

El Cristo de los Desamparados, una joya por descubrir

José Antonio Martín Pereira | 9 de junio de 2017 a las 10:16

Mañana sábado será el día en el que el Cristo de los Desamparados, que habitualmente preside la Capilla Sacramental de la iglesia conventual del Santo Ángel de Sevilla, en la calle Rioja, saldrá en procesión extraordinaria en lo que será el gran acto público del IV Centenario (1617-2017) de su hechura a manos del insigne imaginero Juan Martínez Montañés.

Para tal ocasión se ha dispuesto la imagen sobre el paso del Cristo de la Salud de la hermandad de San Bernardo, formando una conjunción casi perfecta. Así mismo, dicha salida contará con el acompañamiento musical de la Banda de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras.

De este modo lo que se prevé es que resulte una tarde difícil de olvidar entorno a una de las joyas de la imaginería sevillana la cual, como tantas otras que no procesionan en Semana Santa (aunque ésta en concreto sí lo hizo siendo titular de la Lanzada desde el año 1851 hasta 1916) permanece en el más absoluto de los desconocimientos para gran parte de los cofrades. Lo curioso aquí es que haya tenido que ser un paso el que ponga en órbita este Crucificado que saliera de la gubia de uno de los grandes genios de la escultura española de la primera mitad del siglo XVII. Si esto sirve para despertar la curiosidad por los tesoros que esconde esa Sevilla oculta de la que no se habla pero sigue ahí, intacta en sus raíces bajo los centenarios muros de templos y conventos, ya nos podremos haber dado por satisfechos.

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El Cristo de los Desamparados sobre el paso de la hermandad de San Bernardo.

Foto: hermandad de San Bernardo

Descripción del IAPH tras su intervención practicada entre los años 2007 y 2008

Esta imagen representa a Cristo Crucificado clavado en una cruz arborea mediante tres clavos, con la herida de la lanzada en el costado derecho. La figura muestra un leve descolgamiento respecto al travesaño horizontal de la cruz. Tiene la cabeza inclinada hacia su lado derecho y hacia delante con el mentón apoyado en el pecho. Esta postura origina un pliegue en el cuello que el escultor realiza con gran realismo. El rostro tiene forma ovalada, los ojos están cerrados y ligeramente hundidos con marcadas ojeras y las cejas se encuentran algo arqueadas. La nariz presenta el tabique nasal pronunciado y las aletas nasales marcadas. La boca tiene los labios entreabiertos dejando a la vista los dientes de ambos maxilares que aparecen mostrando la tensión del sufrimiento padecido. El labio superior está oculto por el bigote, salvo la zona central que es más abultada, mientras el inferior es grueso. Muestra la barba bífida, al igual que el bigote la talla está realizada en el inicio mediante suaves incisiones, la barba se inicia también con leves incisiones y desde la zona inferior de los pómulos se va abultando formando pequeños rizos hacia la parte de la mandíbula y el mentón. El cabello es largo formado por sinuosos mechones que se encuentran pegados al bloque craneano y caen sobre la nuca. Por el lado derecho desciende un grueso mechón hacia delante por el lateral del rostro y por el lado izquierdo otro pequeño mechón enmarca la oreja dejándola a la vista. Lleva la corona de espinas tallada y le ajusta sobre la frente clavándole algunas espinas. Tras la restauración se ha puesto de manifiesto la rica policromía de la corona con matices de color verde, simulando las ramas que aparecen sujetas entre sí por una especie de cintas también talladas en madera. El torso muestra el tórax hinchado con el vientre rehundido y las costillas marcadas. Lleva el sudario tallado por un plegado anguloso situado a la altura de las caderas. Tras su restauración en el IAPH se ha puesto de manifiesto de forma más evidente el dramatismo del rostro, destacando la tensión de la boca y los rasgos faciales con los signos de la defunción. A esto hay que añadir la excelente calidad de la policromía que representa con gran virtuosismo los tonos de la piel y las marcas de la pasión de Cristo tras la Crucifixión. Se ha podido comprobar que las características técnicas de la misma son muy semejantes a la del gran Cristo de la Clemencia de la Catedral de Sevilla, realizado por Martínez Montañés en 1603 por encargo del arcediano Vázquez de Leca. Es una polocromía compuesta por unas capas muy delgadas que deja trasparentar casi la madera. El estudio realizado durante su intervención en el IAPH confirma la gran calidad artística de la obra. Através del análisis estilístico se observan claros grafismos de la producción de Martínez Montañés, sin embargo presenta algunas características tanto a nivel compositivo como técnico que difieren en parte de otras imágenes suyas del mismo tema iconográfico.

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Cofradías y territorio

José Antonio Martín Pereira | 22 de mayo de 2017 a las 10:33

La Geografía actual se refiere específicamente a la dimensión espacial de los procesos sociales. Su preocupación central es comprender y explicar las distintas formas en que las sociedades humanas diseñan, producen y transforman el espacio que habitan. Para los geógrafos, el objeto de observación y análisis dejó de asociarse sólo a una realidad física considerando el espacio social como una configuración donde intervienen dimensiones materiales (físicas, visibles) del mundo social, pero también dimensiones invisibles o inmateriales que pueden tener efectos materiales.

En síntesis las cofradías desde ese último plano precisamente aportan un legado de siglos que ha sabido adaptarse a las distintas concepciones y transformaciones territoriales. De este modo, el contraste de estilos artísticos que en su día confrontaba hoy comprobamos que es asimilado con naturalidad por el público presente, lo cual por defecto no determina conclusiones positivas. He aquí el mayor de los ejemplos.

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El Misterio de la Exaltación atravesando las Setas de la plaza de la Encarnación

¿Qué hacer?

José Antonio Martín Pereira | 15 de mayo de 2017 a las 10:23

¿Qué hacer? ¿Cómo proceder? En la última semana dos robos en sendas hermandades han sacudido la actualidad cofradiera, poniendo de nuevo en relieve la difícil tesitura a la que se enfrenta el patrimonio religioso a diario. Si bien el pasado domingo día 7 era la hermandad Sacramental de Umbrete la que denunciaba el robo de una parte importante del ajuar del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y María Santísima de los Dolores, el miércoles fue la hermandad de la Resurrección de la capital la que a través de los miembros de su junta de gobierno hacía lo propio en relación al robo de varias de las joyas que la Virgen de la Aurora portaba en ese momento en su capilla.

El problema se agrava si hacemos un repaso por la hemeroteca. Es fácil seguir sumando ejemplos, como los que tienen que ver con las cofradías del Transporte o la Cena de Jerez de la Frontera, o el conocido también que afectó a la corporación de la Soledad de Parla (Madrid), todos ellos acontecidos en lo que va de 2017. El tema en sí causa revuelo, pero como azucarillo se diluye al paso de los días sin que se atisben vías posibles de solución común. Es más, son muchas las ocasiones en que las sustracciones ni siquiera alcanzan a la opinión pública, generalmente porque o bien afectan a parroquias pequeñas, o simplemente porque el valor de lo que desaparece no alcanza la cuantía suficiente para hacer saltar las alarmas.

Lo cierto es que, en definitiva, la economía marca el discurrir para todos, y cuando decimos para todos aquí se engloban por supuesto hermandades e Iglesia, perjudicadas por este mal silencioso y en su mayoría con escasos recursos para intentar ponerle freno. En este sentido, a nadie se le ocurriría pensar en un museo cualquiera sin sus correspondientes medidas de seguridad y vigilancia, sin embargo a todos nos extraña encontrarnos con una cámara en alguna esquina superior de un determinado templo. La comparación es más curiosa si nos atenemos al valor patrimonial que generalmente custodian los templos, superior al de muchos museos en innumerables ocasiones.

Difícil encrucijada entonces teniendo en cuenta la innegable dificultad que ya se le plantea a la Iglesia, y dentro de la iglesia a las propias corporaciones, en aquello referente al mantenimiento y conservación de su patrimonio sin descuidar la incansable labor asistencial de la que dependen un sinfín de instituciones y personas cada día. Entre tanto imploramos para que este tipo de acciones no se conviertan en recurrentes, no estaría de más aunar criterios que planteen al menos alguna que otra alternativa para la resolución de un dilema que en cierta medida nos afecta a todos. La cuestión inicial sigue pendiente.

 

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Iglesia de Santa Marina. Foto: Diario de Sevilla

Optimismo

José Antonio Martín Pereira | 28 de abril de 2017 a las 11:35

Es evidente que la corriente nos arrastró. Fueron tres horas de una noche, de la noche más esperada del año cierto es, pero el tiempo justo para salpicar balances y análisis que se han venido sucediendo hasta la fecha en lo que fue la Semana Santa de 2017. En este sentido, no es menos cierto que los cofrades vivimos en permanente estado de sensibilidad ante el progresivo deterioro de la fiesta, producto de la sociedad en la que vivimos y su consecuente pérdida de valores y compromisos, no obstante y siempre bajo el reconocimiento de nuestras culpas, el presente casi que nos obliga a lanzar un balón de optimismo que contribuya a preparar esquemas futuros, apartando a un lado todo lo ingrato.

Precisamente por ello ni podemos, ni debemos caer en la tendencia derrotista, en vivir en la pesadumbre asumiendo que las posibilidades de cambio son inexistentes. La cuestión de fondo, no lo olvidemos, es más importante que cualquier alteración logística que seamos capaces de aplicar, y nos lleva por el camino del cambio de mentalidad entorno a la amalgama de problemas y condicionantes que nos rodean.

Debemos por tanto que reactivarnos en actitud, remar en una única dirección y fijarnos en aquello por lo que las cofradías y la Semana Santa se han engrandecido a lo largo de la historia, superando avatares mucho más crudos que el actual. Hace unos días tuvo lugar el IV Encuentro de Jóvenes de las Hermandades del Lunes Santo en la sede de la Hermandad de San Gonzalo. El templo se llenó, los jóvenes disfrutaron entorno a María, la oración y la convivencia en valores. ¿Aún pensamos que está todo perdido?

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Foto: Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla

Semana Santa 2017: la imagen

José Antonio Martín Pereira | 24 de abril de 2017 a las 11:04

En realidad, todos lo sabemos, la Semana Santa pasa como un suspiro. De su fugacidad en la conciencia quedan restos que, por más que intentemos retener, nunca nos devolverán el momento, sin embargo sí que pueden servir de inspiración o desahogo en esas noches en las que al corazón le puede la nostalgia y la riqueza del tiempo litúrgico por sí misma necesita del soplo de lo pretérito.

Instantes, situaciones personales o colectivas cuya riqueza resulta difícil de desgranar con palabras pero que quedaron ahí, fueron realidad por una fracción del minutero y contribuyeron a remarcar el sentido de aquello cuanto aconteció. Esta en concreto ocurría durante el apogeo de la tarde del Martes Santo, cuando el paso de Misterio de la Presentación al Pueblo de la hermandad de San Benito alcanzaba una de las vértebras principales de la ciudad. Ni siquiera el calor que se hizo evidente, rotundo todavía a esa hora, fue capaz de descomponer el ansia con la que el público esperaba.

Lecturas se podrían hacer cientos pero la principal, ahora precisamente que precisamos de una bocanada potente de optimismo, es que el fervor popular que congrega la Semana Santa de Sevilla sigue siendo su mayor bastión, defensa ante agresiones externas e internas y elemento esencial sobre el que vincular el futuro. Como dirían algunos, el poder de la fe.

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Foto: El Palquillo. Diario de Sevilla

Semana Santa 2017: a olvidar

José Antonio Martín Pereira | 19 de abril de 2017 a las 11:29

El miedo

Es inevitable volver a hacer mención a las escenas de miedo, pánico y confusión en las que derivó la pasada Madrugá por los incidentes a estas alturas más que conocidos. Sin lugar a dudas, estos hechos han marcado la nota negativa en la Semana Santa de 2017, y darán que hablar y mucho a lo largo de los próximos meses.

Las sillitas y los picnics

Mal endémico desde hace prácticamente una década. Auténticas barreras humanas, consentidas claro está, que ponen en peligro la seguridad de todos. Lo de los picnics playeros es una extensión de lo anterior, expuestos claramente en Trajano, Pureza, Orfila, Lasso de la Vega, Cuna y en la Alfalfa y la Cuesta del Rosario con sus respectivos entornos. Como las recomendaciones ya ha quedado claro no sirven de nada, habrá que irse planteando otro tipo de medias más restrictivas.

La recogida del Cristo de Burgos

Otrora cita ineludible para cofrades de paladar exquisito, este año la hermandad incluso expuso sus quejas públicamente en la tarde del Martes Santo porque en la propia plaza que lleva el nombre de su titular se habían instalado puestos ambulantes con la correspondiente contaminación visual derivada. Finalmente, y tras valorar incluso el cambio de itinerario, la cofradía tomó su discurrir tal y como estaba previsto con su maravillosa puesta en escena. Lo que no acompaña es el descontextualizado público, distinto desde hace algunos años, que resta al encuentro del recogimiento sugerido.

Revirás interminables

Hay capataces que tanto se están empeñando, que casi las empezamos a asumir como normales. Con lo bonito que es un paso andando de frente, y hoy hasta en cofradías de corte serio se dan revirás que parecen no tener fin.

Atasco en Torneo

Lo que sonó tras la levantá del Cristo de las Penas al paso por el palquillo de la Campana será lo que sea menos una marcha de Semana Santa. Resulta chocante que una hermandad como la Estrella, referente en muchos ámbitos para otras cofradías, no ate en corto una parcela esencial en la calle como es la música de su paso de Misterio. Si atasco en Torneo se trata de una nueva composición, y por compromiso hay que tocarla, por favor que sea donde menos pueda herir la sensibilidad del espectador.

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Fuente vídeo: Youtube; usuario: Marchas Procesionales

Semana Santa 2017: a destacar

José Antonio Martín Pereira | 18 de abril de 2017 a las 11:18

Pleno

Por tercera vez en lo que va de siglo XXI, el mejor resumen de la Semana Santa que podemos hacer es que hubo pleno de cofradías, y todas sin excepción pudieron realizar sus Estaciones de Penitencia sin ser condicionadas por la lluvia. Por suerte el tiempo respetó los esfuerzos e ilusiones, y sólo tuvimos quejas del apabullante calor que se hizo protagonista en las horas centrales de cada una de las jornadas.

Los servicios públicos

Amén de lo acontecido en la pasada Madrugá, y de que existan muchas circunstancias por pulir, los servicios públicos puestos a disposición de la ciudadanía para el disfrute de la Semana Santa son verdaderamente dignos de elogio. Cientos de profesionales de diferentes ámbitos han minimizado los impactos negativos de una fiesta que cada año se eleva un número más en cantidad de condicionantes.

Lo clásico

El gusto por lo clásico siempre es sinónimo de éxito. Por fortuna las cofradías, contrariamente a la tendencia de los últimos años, están volviendo a mirar la música con buenos ojos, y eso se aprecia en la calle. Bandas de cornetas como la Centuria o Esencia dignifican esa Semana Santa que creímos perdida, con repertorios a rebosar de clase y estilo. Un lujo también la trasera del palio de la Exaltación, con la Banda Municipal de Arahal, Tejera con Madre de Dios de la Palma, o la Oliva con la dolorosa del Museo.

Los costaleros

Por lo general, y salvo contadas excepciones, el nivel que exhiben las cuadrillas de costaleros es francamente alto. En este sentido, majestuoso el paso de palio de la Virgen de la Candelaria andando siempre de frente desde Miguel de Mañara hasta la Puerta Jerez; el Misterio de la Exaltación, siempre referente; o el paso de Misterio de la hermandad de San Benito, recuperando una esencia que parecía perdida.

El Cerro

En un Martes Santo marcado por las altas temperaturas, la cofradía del Cerro alcanzaba el centro de la ciudad con esa categoría propia que nunca abandona. Enorme esfuerzo desde la cruz de guía y hasta el último  de los músicos que bien merece ser destacado.

Binomios

El Misterio de San Esteban con la Agrupación Musical de la Redención, o el Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta con los imperiales sones de Santa María Magdalena de Arahal se elevan como binomios imprescindibles para cualquier análisis en el que confluyan música y costaleros.

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La Madrugá: altavoz de lo cotidiano

José Antonio Martín Pereira | 17 de abril de 2017 a las 11:09

A estas alturas poco queda que no se haya dicho en los distintos medios entorno a los sucesos que tiñeron de gris una Semana Santa cuyo principal enunciado debió ser que la ausencia de lluvias y por consecuencia el pleno de cofradías en la calle. Lo acaecido durante la pasada Madrugá de Sevilla, otrora noche más hermosa del año, hoy permanente exposición de la agonía a la que hemos sometido la fiesta con su desacralización constante, marca una actualidad que ojalá no quede en simple brote sino que vierta en manantial del que derive la solución (difícil) a los innumerables problemas que la rodean.

En este sentido, vaya por delante mi total respaldo a las fuerzas y cuerpos de seguridad, así como a los sanitarios y al resto de servicios públicos por su rápida intervención, porque estoy convencido que el mal podría haber sido mucho peor. Dicho esto, el ejercicio de reflexión nos compete a todos, desde el primero al último de los cofrades de la ciudad, pasando por nuestros dirigentes políticos, que no pueden mirar hacia otro lado y de los cuales esta vez sí, y no como en el año 2000, debemos clamar respuestas y no silencio o escapadas por la tangente. Valga sólo un dato, los oficialmente más de cien heridos, para que los altercados no queden en agua de borrajas.

Desgraciadamente los problemas a los que se enfrentan las cofradías no son exclusivos a la celebración de la fiesta, sino que afectan a lo cotidiano pero precisamente por ello pasan desapercibidos a la conciencia universalizada. La Semana Santa en general, la Madrugá de Sevilla en concreto, se alzan como un simples altavoces por la dimensión que obtiene todo cuanto se les cruza. Ese es precisamente el alimento de quienes se creen con derecho a reventar el invento, y como viene sucediendo desde hace casi dos décadas (se dice pronto) no es que necesiten tirar de inventiva para conseguirlo, basta con encender la mecha y dedicarse a observar como prende rápidamente en el colectivo, susceptible desde aquella Madrugá anteriormente citada y con frescos en la conciencia a tenor del reguero de terror que sacude a Europa y parte del mundo. El vídeo que ilustra la entrada expone claramente la rápida propagación del miedo, y como el paso de palio de la Virgen de la Presentación de la hermandad del Calvario, aún rodeado, parece invisible a los ojos del pánico extendido.

Es evidente que no podemos bunkerizar la Semana Santa, pero sí urge adaptarla a la sociedad actual, del mismo modo que las cofradías lo han venido haciendo a lo largo de su dilatada historia. Lo complicado esta vez es que el enemigo es disperso, y que la memoria reciente pesa mucho más que cualquiera de los llamamientos a la calma. Hay que tener en cuenta el espacio, la Semana Santa no tiene lugar en un recinto acotado como podría ser un campo de fútbol o un teatro, sino que se desarrolla en la calle, amplitud en la que conviven cofrades y no cofrades, comerciantes y particulares, vecinos y espectadores, sevillanos y turistas, con lo cual las restricciones deben hacerse con enorme cautela y siempre con el respaldo de la ciudadanía. La pelota en gran parte está en el tejado de las hermandades, obligadas si así se requiriera a ceder en horarios e itinerarios para garantizar la seguridad y el control de la ciudad.

Hay que ser conscientes del escenario de degradación social y anticlericanismo que nos ha tocado vivir, y también prudentes hasta que se esclarezcan las causas, pero no podemos dejar pasar ni un minuto en la búsqueda de mecanismos que puedan hacer frente a la gravedad con la que nos enfrentamos. Primeramente todo pasa por hacer ejercicio de reflexión común, y pensar que la culpa de lo ocurrido no la tienen ni cuatro niñatos, ni la supuesta mente pensante que los ha promovido, sino que en parte es responsabilidad de las propias hermandades y cofradías, de nosotros mismos que somos los que las formamos. Claro que, cuando observamos los dirigentes que tenemos, miembros de juntas de gobierno con escasa formación vocacional, miembros del Consejo sobrepasados por el cargo y políticos que, por no mancharse han preferido “recomendar” en lugar de aplicar sentido común y prohibir, como exigía la causa, el uso de las archiconocidas sillitas portátiles, al menos en los lugares donde bien se han encargado de contaminar visualmente con señales que no valieron para absolutamente nada, caemos en la cuenta de que tenemos lo que nos hemos labrado. Porque aquí estamos más preocupados por ensalzar a capataces y costaleros; por aplaudir los interminables solos de corneta (por suerte venidos a menos); por esos tres minutos de margen en la plaza de la Campana que parecen ser el fin de todo esto; por creerse periodistas cubriendo recorridos y poblar de fotografías inútiles las redes sociales; o por no dañar la imagen de esos “pobres” nazarenos que vistiendo hábito y en plenas facultades físicas salen de su tramo para tomarse un café (y lo que no es un café) asestando un mazazo a la Historia y al legado por el que muchas personas de bien dieron incluso lo que no tenían para entregárnoslo con la mayor dignidad posible.

La Semana Santa de Sevilla, la Madrugá, aunque nos duela, necesitan de respiración asistida y de un cónclave entre sus actores principales, eso es obvio, pero también que se apliquen las leyes y normas antes de que lamentemos algo mucho menos agradable de relatar.

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Foto: Agencia EFE

Vídeo: Youtube; usuario El Palquillo