‘Stop’ Halloween

José Antonio Martín Pereira | 29 de octubre de 2017 a las 10:08

Pasan los años y la irrefutable realidad es que la americanada celebración de Halloween, vulgo noche de los muertos vivientes, sigue acomodándose en las entrañas de nuestra rutina al punto inclusive de haber adelantado por la derecha a la mayor parte de las fiestas de nuestro calendario particular.

Síntoma evidente de las voraces garras de la Globalización, las modas y el consumismo, las mismas cuales vientos huracanados zarandean las ya descosidas raíces culturales que visten nuestro día a día, de igual forma que lo hacen las extraordinarias estanterías de mantecados que aguardan a la entrada de los supermercados a dos meses de la Navidad; o el cada vez mayor apego por la cocina de vanguardia que exponen las sacrílegas cartas de muchos nuestros restaurantes, capaces de destrozar hasta los encantos de la tortilla de patatas o el salmorejo a cambio de un puñado de ingredientes innecesarios y mucho reborde de plato blanco. La estandarización a la que socialmente estamos sometidos no parece tener límites.

Así entró Halloween, arrollando el entorno de nuestra conciencia colectiva tal vez porque no supimos, o simplemente no quisimos detenerlo como fenómeno voraz disfrazado con aires de libertad incontrolada. Puede sin embargo, que su introducción y asimilación únicamente se deba a que los tiempos de manera irremediable cambian, y como tal hay que saber adaptarse y convivir con estas circunstancias. Lo que está claro es que ahora es imposible detener la magnitud que ha alcanzado, al punto que ya cuenta hasta con sus propias vísperas. Surrealista.

Del mismo modo entristece, y mucho, comprobar como las nuevas generaciones ni siquiera tienen la posibilidad de elegir culturalmente hablando, ya que las propias administraciones, en unos casos por odio manifiesto a nuestras tradiciones, en otros por evidentes complejos para plantar cara y defenderlas, y siempre secundadas por los usos y el poder con los que cuentan los medios de comunicación, siembran cada vez con mayor ahínco un campo en favor de otros. Prueba sintomática es el calendario escolar, mediatizado al punto de que los niños entienden como de toda la vida una tradición que por lo menos aquí en España cuenta su profundidad con los dedos de la mano, y sin embargo toman con naturalidad que elementos propios de nuestra cultura sean silenciados e incluso prohibidos en favor de no se sabe muy bien qué.

Es absurdo pensar que las costumbres constituyen la idiosincrasia solo para un pueblo carca y manido, como lo es la insistencia de transformar el recuerdo de los que no están por un escenario virtual representado en la calle, el trabajo o en locales de fiesta, en el que los disfraces de brujas, diablesas, esqueletos y chamanes sajones, y el acopio calabazas huecas iluminadas con una vela dentro absorban totalmente la independencia que hemos adquirido como sociedad. No nos vendría mal hacer un poco de ejercicio de conciencia para intentar cambiar de tendencia.calabaza_de_halloween-540x405.

Detalles

José Antonio Martín Pereira | 5 de octubre de 2017 a las 20:08

Ante la convulsión política y social que nos rodea, compleja y temeraria se mire por donde se mire, existe otra realidad a la que pocas veces hacen frente los medios de comunicación, que en el fondo son los auténticos generadores de opinión para la sociedad en la que nos movemos. La caridad es el lema por el que la Iglesia y sus hermandades, aquí en Sevilla o en cualquier parte del mundo, trabajan incansablemente durante todos y cada uno de los días del año. Ejemplos hay miles, uno de ellos el que ha tenido como protagonista a la Hermandad de Jesús Despojado, la cual en el día de hoy y a través de su Bolsa de Caridad ha hecho entrega a Regina Mundi, institución benéfica del Sagrado Corazón de Jesús, la cantidad de 300 litros de leche, más zumos y batidos. Pensar en un mundo diferente es posible.

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El ‘Cachorro’ de Popayán

José Antonio Martín Pereira | 6 de agosto de 2017 a las 11:12

Si de algo puede presumir la Semana Santa de Sevilla en virtud a sus hermandades, es de haber servido de iluminación a lo largo de los siglos a tantos ojos como la han contemplado. En este sentido, numerosas son las curiosidades que rodean a una celebración religiosa que aún hoy despierta un ferviente interés entre propios y extraños tal como se observa en sus calles a rebosar cada primavera.

Y dentro de ese aura, sobresalen imágenes que bien por su calidad artística, su devoción incuantificable o por ambas realidades, desde su concepción han sido erigidas como referentes fuera de las fronteras a las que el Giralillo alcanza con su figura. Una de ellas, el Santísimo Cristo de la Expiración, conocido popularmente como el ‘Cachorro’, sirvió incluso de inspiración para la imagen del mismo nombre que se venera en la localidad de Popayán (Colombia), capital del departamento del Cauca localizada en el valle de Pubenza, entre la Cordillera Occidental y Central al suroccidente del país.

Desde 1954 procesiona dicha imagen esculpida a semejanza de la obra creada por Francisco Antonio Ruiz Gijón para satisfacer el gusto de la cofradía trianera en 1682. El Cristo de la Expiración de Popayán es obra del artista español José Lamiel en 1952, respondiendo a los deseos del entonces Embajador en España Don Guillermo León Valencia, natural de dicha localidad y que incluso a la postre llegaría a ser máximo mandatario de su país entre los años 1962 y 1966. Según narra el erudito local Carlos Gustavo Wilches-Chaux, «habiendo asistido Don Guillermo León a la procesión de Sevilla, situado en un balcón alto y en una de las calles centrales de la ciudad, al desfilar el paso frente a su balcón la mirada del Santo Cristo, denominado El ‘Cachorro’, coincidió con la suya quien, extasiado ante aquellos dulces y penetrantes ojos, concibió la idea de obtener auténtica copia y traerla a Popayán para sus procesiones, anhelo que cumplió sigilosamente». Se da la circunstancia además de que la talla de Lamiel está concebida con corona de espinas, probablemente a similitud de como lo haría aquella tarde de Viernes Santo la imagen titular de la corporación de la calle Castilla.

Una obra que participa cada Jueves Santo como parte del cortejo de procesión del Santo Cristo de la Vera-Cruz, partiendo de la iglesia de San Francisco. De este modo, una parte de Triana siempre está presente al otro lado del Atlántico.

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Cristo de la Expiración de Popayán, año 2009. Fuente: Wikimedia

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Cristo de la Expiración de Popayán,  Altar Mayor de la Iglesia de San Francisco.

Fuente: Semana Santa en Popayán, Carlos Gustavo Wilches-Chaux

El «efecto contagio»

José Antonio Martín Pereira | 16 de julio de 2017 a las 12:51

El pasado viernes conocíamos el primer avance de las conclusiones de la investigación en relación al origen de las carreras en la Madrugá, elaborado por la Brigada Provincial de Información de la Policía Nacional . Dicho informe se ha basado según las propias fuentes oficiales en 70 testimonios de agentes que estaban aquella noche, así como en 1.188 archivos de audio de las comunicaciones de la Policía Nacional durante un intervalo de tiempo determinado. Del mismo modo, se han tenido en cuenta también 40 llamadas al 112, 8 informes facilitados por el personal de seguridad privada que prestaba servicio en la Madrugá, 10 capturas de vídeo de las cámaras de videovigilancia repartidas por el Cecop por el casco histórico y 58 vídeos aportados por los medios de comunicación, amén de otros 15 seleccionados de la plataforma Youtube. Todo ello además, con las declaraciones de los 58 testigos que resultaron heridos que presentaron denuncia y, sobre todo, los datos objetivos presentados por las hermandades.

Al hilo de lo anterior, la conclusión a la que se ha llegado es que el ruido de una pelea en la calle Arfe provocó una primera avalancha a las 4.10 horas, la cual afectó a 62 calles del centro de Sevilla. Así lo confirmaba el jefe superior de la Policía Nacional en Andalucía Occidental, que apuntó que ese ruido fue el detonante de una situación previa de temor provocada por los recientes atentados terroristas de aquella fecha e incluso a una alarma producida anteriormente cuando un senegalés gritó «Alá es grande» a las 3.53 horas en Reyes Católicos. De igual modo, la Policía descarta absolutamente que hubiera «ningún tipo de planificación, coordinación ni connivencia» entre los sucesos distribuidos por los distintos puntos de la ciudad, cifran por tanto lo ocurrido en el «efecto contagio».

Llegados a este punto, al cofrade de a pie le asaltan más dudas que respuestas. A todos o a casi todos nos vino a la mente el carpetazo cargado de interrogantes con el que se cerraron los incidentes de la famosa Madrugá del 2000. El caso es que 17 años después, el río desemboca en el mar y aquí pasó lo que pasó que fue nada. Obviamente cuesta creer que así fuera, y lo cierto es que la decepción generalizada es inevitable a la vista de las explicaciones aportadas. Esperábamos más, esperábamos la primera piedra de entidad para solucionar una jornada que va camino del cuarto de siglo desangrándose, desmembrada y desprovista en buena parte del clima que la hizo única y que quizás nunca logremos restaurar. La pelota queda ahora en el tejado de las seis hermandades implicadas, si toman el informe como verdad irrefutable entonces perfecto, pero si no es así ya van tarde a la hora de exigir otro tipo de responsabilidades. De momento el miedo sigue por delante en el marcador.

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Que perdure

José Antonio Martín Pereira | 19 de junio de 2017 a las 11:54

Dejamos atrás una semana intensa alrededor de la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, de la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. El Corpus Christi que recorrió las calles de media España acompañado de múltiples actos encaminados a engrandecer su presencia. Aquí en Sevilla, amén del debate acerca del numeroso cortejo que se congrega en la procesión del jueves, el tema recurrente de conversación ha sido el calor, que incluso dio pie a que alguna de las procesiones de ayer alterase su ritmo o acortarse el itinerario previamente establecido. En estas circunstancias siempre es bueno pensar que la Historia ha puesto continuamente a prueba la celebración de la fiesta en innumerables ocasiones, y que por suerte hoy día podemos disfrutarla en todo su esplendor. De nosotros depende que perdure.

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Foto: Dubois. Paso de la Custodia en la plaza de San Francisco, 19 de junio de 1930

El Cristo de los Desamparados, una joya por descubrir

José Antonio Martín Pereira | 9 de junio de 2017 a las 10:16

Mañana sábado será el día en el que el Cristo de los Desamparados, que habitualmente preside la Capilla Sacramental de la iglesia conventual del Santo Ángel de Sevilla, en la calle Rioja, saldrá en procesión extraordinaria en lo que será el gran acto público del IV Centenario (1617-2017) de su hechura a manos del insigne imaginero Juan Martínez Montañés.

Para tal ocasión se ha dispuesto la imagen sobre el paso del Cristo de la Salud de la hermandad de San Bernardo, formando una conjunción casi perfecta. Así mismo, dicha salida contará con el acompañamiento musical de la Banda de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras.

De este modo lo que se prevé es que resulte una tarde difícil de olvidar entorno a una de las joyas de la imaginería sevillana la cual, como tantas otras que no procesionan en Semana Santa (aunque ésta en concreto sí lo hizo siendo titular de la Lanzada desde el año 1851 hasta 1916) permanece en el más absoluto de los desconocimientos para gran parte de los cofrades. Lo curioso aquí es que haya tenido que ser un paso el que ponga en órbita este Crucificado que saliera de la gubia de uno de los grandes genios de la escultura española de la primera mitad del siglo XVII. Si esto sirve para despertar la curiosidad por los tesoros que esconde esa Sevilla oculta de la que no se habla pero sigue ahí, intacta en sus raíces bajo los centenarios muros de templos y conventos, ya nos podremos haber dado por satisfechos.

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El Cristo de los Desamparados sobre el paso de la hermandad de San Bernardo.

Foto: hermandad de San Bernardo

Descripción del IAPH tras su intervención practicada entre los años 2007 y 2008

Esta imagen representa a Cristo Crucificado clavado en una cruz arborea mediante tres clavos, con la herida de la lanzada en el costado derecho. La figura muestra un leve descolgamiento respecto al travesaño horizontal de la cruz. Tiene la cabeza inclinada hacia su lado derecho y hacia delante con el mentón apoyado en el pecho. Esta postura origina un pliegue en el cuello que el escultor realiza con gran realismo. El rostro tiene forma ovalada, los ojos están cerrados y ligeramente hundidos con marcadas ojeras y las cejas se encuentran algo arqueadas. La nariz presenta el tabique nasal pronunciado y las aletas nasales marcadas. La boca tiene los labios entreabiertos dejando a la vista los dientes de ambos maxilares que aparecen mostrando la tensión del sufrimiento padecido. El labio superior está oculto por el bigote, salvo la zona central que es más abultada, mientras el inferior es grueso. Muestra la barba bífida, al igual que el bigote la talla está realizada en el inicio mediante suaves incisiones, la barba se inicia también con leves incisiones y desde la zona inferior de los pómulos se va abultando formando pequeños rizos hacia la parte de la mandíbula y el mentón. El cabello es largo formado por sinuosos mechones que se encuentran pegados al bloque craneano y caen sobre la nuca. Por el lado derecho desciende un grueso mechón hacia delante por el lateral del rostro y por el lado izquierdo otro pequeño mechón enmarca la oreja dejándola a la vista. Lleva la corona de espinas tallada y le ajusta sobre la frente clavándole algunas espinas. Tras la restauración se ha puesto de manifiesto la rica policromía de la corona con matices de color verde, simulando las ramas que aparecen sujetas entre sí por una especie de cintas también talladas en madera. El torso muestra el tórax hinchado con el vientre rehundido y las costillas marcadas. Lleva el sudario tallado por un plegado anguloso situado a la altura de las caderas. Tras su restauración en el IAPH se ha puesto de manifiesto de forma más evidente el dramatismo del rostro, destacando la tensión de la boca y los rasgos faciales con los signos de la defunción. A esto hay que añadir la excelente calidad de la policromía que representa con gran virtuosismo los tonos de la piel y las marcas de la pasión de Cristo tras la Crucifixión. Se ha podido comprobar que las características técnicas de la misma son muy semejantes a la del gran Cristo de la Clemencia de la Catedral de Sevilla, realizado por Martínez Montañés en 1603 por encargo del arcediano Vázquez de Leca. Es una polocromía compuesta por unas capas muy delgadas que deja trasparentar casi la madera. El estudio realizado durante su intervención en el IAPH confirma la gran calidad artística de la obra. Através del análisis estilístico se observan claros grafismos de la producción de Martínez Montañés, sin embargo presenta algunas características tanto a nivel compositivo como técnico que difieren en parte de otras imágenes suyas del mismo tema iconográfico.

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Cofradías y territorio

José Antonio Martín Pereira | 22 de mayo de 2017 a las 10:33

La Geografía actual se refiere específicamente a la dimensión espacial de los procesos sociales. Su preocupación central es comprender y explicar las distintas formas en que las sociedades humanas diseñan, producen y transforman el espacio que habitan. Para los geógrafos, el objeto de observación y análisis dejó de asociarse sólo a una realidad física considerando el espacio social como una configuración donde intervienen dimensiones materiales (físicas, visibles) del mundo social, pero también dimensiones invisibles o inmateriales que pueden tener efectos materiales.

En síntesis las cofradías desde ese último plano precisamente aportan un legado de siglos que ha sabido adaptarse a las distintas concepciones y transformaciones territoriales. De este modo, el contraste de estilos artísticos que en su día confrontaba hoy comprobamos que es asimilado con naturalidad por el público presente, lo cual por defecto no determina conclusiones positivas. He aquí el mayor de los ejemplos.

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El Misterio de la Exaltación atravesando las Setas de la plaza de la Encarnación

¿Qué hacer?

José Antonio Martín Pereira | 15 de mayo de 2017 a las 10:23

¿Qué hacer? ¿Cómo proceder? En la última semana dos robos en sendas hermandades han sacudido la actualidad cofradiera, poniendo de nuevo en relieve la difícil tesitura a la que se enfrenta el patrimonio religioso a diario. Si bien el pasado domingo día 7 era la hermandad Sacramental de Umbrete la que denunciaba el robo de una parte importante del ajuar del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y María Santísima de los Dolores, el miércoles fue la hermandad de la Resurrección de la capital la que a través de los miembros de su junta de gobierno hacía lo propio en relación al robo de varias de las joyas que la Virgen de la Aurora portaba en ese momento en su capilla.

El problema se agrava si hacemos un repaso por la hemeroteca. Es fácil seguir sumando ejemplos, como los que tienen que ver con las cofradías del Transporte o la Cena de Jerez de la Frontera, o el conocido también que afectó a la corporación de la Soledad de Parla (Madrid), todos ellos acontecidos en lo que va de 2017. El tema en sí causa revuelo, pero como azucarillo se diluye al paso de los días sin que se atisben vías posibles de solución común. Es más, son muchas las ocasiones en que las sustracciones ni siquiera alcanzan a la opinión pública, generalmente porque o bien afectan a parroquias pequeñas, o simplemente porque el valor de lo que desaparece no alcanza la cuantía suficiente para hacer saltar las alarmas.

Lo cierto es que, en definitiva, la economía marca el discurrir para todos, y cuando decimos para todos aquí se engloban por supuesto hermandades e Iglesia, perjudicadas por este mal silencioso y en su mayoría con escasos recursos para intentar ponerle freno. En este sentido, a nadie se le ocurriría pensar en un museo cualquiera sin sus correspondientes medidas de seguridad y vigilancia, sin embargo a todos nos extraña encontrarnos con una cámara en alguna esquina superior de un determinado templo. La comparación es más curiosa si nos atenemos al valor patrimonial que generalmente custodian los templos, superior al de muchos museos en innumerables ocasiones.

Difícil encrucijada entonces teniendo en cuenta la innegable dificultad que ya se le plantea a la Iglesia, y dentro de la iglesia a las propias corporaciones, en aquello referente al mantenimiento y conservación de su patrimonio sin descuidar la incansable labor asistencial de la que dependen un sinfín de instituciones y personas cada día. Entre tanto imploramos para que este tipo de acciones no se conviertan en recurrentes, no estaría de más aunar criterios que planteen al menos alguna que otra alternativa para la resolución de un dilema que en cierta medida nos afecta a todos. La cuestión inicial sigue pendiente.

 

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Iglesia de Santa Marina. Foto: Diario de Sevilla

Optimismo

José Antonio Martín Pereira | 28 de abril de 2017 a las 11:35

Es evidente que la corriente nos arrastró. Fueron tres horas de una noche, de la noche más esperada del año cierto es, pero el tiempo justo para salpicar balances y análisis que se han venido sucediendo hasta la fecha en lo que fue la Semana Santa de 2017. En este sentido, no es menos cierto que los cofrades vivimos en permanente estado de sensibilidad ante el progresivo deterioro de la fiesta, producto de la sociedad en la que vivimos y su consecuente pérdida de valores y compromisos, no obstante y siempre bajo el reconocimiento de nuestras culpas, el presente casi que nos obliga a lanzar un balón de optimismo que contribuya a preparar esquemas futuros, apartando a un lado todo lo ingrato.

Precisamente por ello ni podemos, ni debemos caer en la tendencia derrotista, en vivir en la pesadumbre asumiendo que las posibilidades de cambio son inexistentes. La cuestión de fondo, no lo olvidemos, es más importante que cualquier alteración logística que seamos capaces de aplicar, y nos lleva por el camino del cambio de mentalidad entorno a la amalgama de problemas y condicionantes que nos rodean.

Debemos por tanto que reactivarnos en actitud, remar en una única dirección y fijarnos en aquello por lo que las cofradías y la Semana Santa se han engrandecido a lo largo de la historia, superando avatares mucho más crudos que el actual. Hace unos días tuvo lugar el IV Encuentro de Jóvenes de las Hermandades del Lunes Santo en la sede de la Hermandad de San Gonzalo. El templo se llenó, los jóvenes disfrutaron entorno a María, la oración y la convivencia en valores. ¿Aún pensamos que está todo perdido?

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Foto: Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla

Semana Santa 2017: la imagen

José Antonio Martín Pereira | 24 de abril de 2017 a las 11:04

En realidad, todos lo sabemos, la Semana Santa pasa como un suspiro. De su fugacidad en la conciencia quedan restos que, por más que intentemos retener, nunca nos devolverán el momento, sin embargo sí que pueden servir de inspiración o desahogo en esas noches en las que al corazón le puede la nostalgia y la riqueza del tiempo litúrgico por sí misma necesita del soplo de lo pretérito.

Instantes, situaciones personales o colectivas cuya riqueza resulta difícil de desgranar con palabras pero que quedaron ahí, fueron realidad por una fracción del minutero y contribuyeron a remarcar el sentido de aquello cuanto aconteció. Esta en concreto ocurría durante el apogeo de la tarde del Martes Santo, cuando el paso de Misterio de la Presentación al Pueblo de la hermandad de San Benito alcanzaba una de las vértebras principales de la ciudad. Ni siquiera el calor que se hizo evidente, rotundo todavía a esa hora, fue capaz de descomponer el ansia con la que el público esperaba.

Lecturas se podrían hacer cientos pero la principal, ahora precisamente que precisamos de una bocanada potente de optimismo, es que el fervor popular que congrega la Semana Santa de Sevilla sigue siendo su mayor bastión, defensa ante agresiones externas e internas y elemento esencial sobre el que vincular el futuro. Como dirían algunos, el poder de la fe.

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Foto: El Palquillo. Diario de Sevilla