Sevillano modo

José Antonio Martín Pereira | 13 de marzo de 2011 a las 15:59

Ahora caigo en la cuenta que llevo obrando incorrectamente desde que tengo uso de razón. Craso error autodenominarme «cofrade», esperpéntica osadía por mi parte la cual espero sepan perdonar aquellos que me conocen. Puedo asegurarles que vine haciéndolo sin intención, a partir de este momento me comprometo fielmente a corregir la funesta conducta de la cual me siento arrepentido. Ofrezco mi espalda para una flagelación pública en la Plaza Virgen de los Reyes. Me han dicho que no soy cofrade al sevillano modo.

«Me gusta la Semana Santa, y más las vísperas. Soy cofrade al sevillano modo, de las que no pisan nunca una iglesia. Cofrade del Tremendo y alrededores. Como lo son muchos sevillanos digan lo que digan». Aquí tienen las desacertadísimas declaraciones de una señorita (suficiente publicidad como para encima publicar su nombre) que pareciera necesitar de un insensato titular como lanzadera a la venta de su primera novela. Desde luego un servidor no va a ser quien le toque las palmas animándola a bailar, seguramente su pseudo-intelectualidad no haya encontrado aún el momento para descubrir ni el interior de las Hermandades, ni por supuesto el de la Santa Iglesia Católica (eso demuestra), lo que sí puedo afirmarle con rotundidad es que las puertas siguen (y se mantendrán) abiertas de par en par por si algún día pretendiera dar un giro a sus intenciones.

Obviamente el motivo de mentecatas disquisiciones reside en la propia estirada de la acepción del término «cofrade», sujeto al luctuoso vagar del desconocimiento. A ello vendría a añadirse lo populoso que resultan los guiños a la progresía fundamentados en la desacreditación de los quehaceres de la Iglesia. ¡Ojo!, la responsabilidad en parte es nuestra, porque quien calla otorga, así que intentemos demostrar con hechos lo equivocados que están algunos, la Cuaresma nos lo pondrá más fácil.

Por cierto, y a modo de conclusión, yo, que soy cofrade al sevillano modo de los que pisan habitualmente la Iglesia, les propondría a personajes de esta calaña una ruta por los diferentes centros asistenciales sufragados por la Archidiócesis de Sevilla. Ahí queda.

  • Antonio

    Lo que yo haría es obligar a la Iglesia Católica sevillana a hacer una buena purga entre tanto pecador que está sacando a flote, día a día, a nuestras hermandades, pequeñas, grandes, de penitencia y sacramentales. ¿Por qué no cumple estrictamente la Iglesia ordenando a los que son parte indivisible de ella misma, las hermandades , el acatamiento de las reglas? Empezando por las juntas de gobiernos llena de divorciados y gente de alegre vida sabida y consabida, y continuando por vestidores homosexuales de toda la vida, y capiroteros incumplidores de casi todos los preceptos de la Iglesis y de las reglas de la hermandad. Entonces, a lo mejor, tenían que venir Rouco, y su ejercito salvador con Intereconomía al frente a sacarnos las castañas del fuego, y de paso, las cofradías a la calle.

    Por cierto, nunca le leí a la escritora decir que no fuera a los centros asistenciales.

    Un abrazo
    Antonio

  • Antonio

    Añado también, que la expresión “al sevillano modo” me parece equivocada totalmente por no existir una manera más sevillana que otra, y ni mejor ni peor, todas son válidas. Por eso la categorización del articulista me parece desacertada.

    Y naturalmente el debate de poner una frase como titular, etc. y que en cuanto alguien tiene una obra de carácter público debe medir sus palabras.
    Salud(os)
    Antonio

  • Estrellamsc

    Cuesta poco atacar unas declaraciones que por su descontextualización, o morboso destaque de las mismas, dicen algo que puede ser más o menos acertado.
    Nos cuesta admitir sin embargo, que las iglesias en cuanto a misas se refiere, están tirando a vacías, no así como en actos y cultos de la hermandad, de besamanos ya ni hablo…
    Admitir que la Iglesia, por su hipócrita postura se aleja de la sociedad a pasos agigantados parece que duele tanto como arrancarse la piel a tiras… Menos mal que está la excusa asistencial, que por cierto, no es algo exclusivo de la religión católica, gracias a Dios.