José Antonio Martín Pereira | 26 de marzo de 2011 a las 11:36
Sin ser tomado de oportunista, duele comprobar la frialdad de la existencia. Probablemente se trate de un desconsuelo imposible de imaginar a ciencia cierta, pues dudo llegue a franquear con idéntica intensidad el interior de quienes lo padecen. Injustas sensaciones amenazan el sosiego que infunde la liturgia exhibiendo la cara amarga de un transitar ajeno a la probidad. Es Cuaresma, aunque no para todos.
«Ha sido una sentencia muy injusta, matar sale muy barato». Afligen insondablemente las recientes palabras emitidas por Eva Casanueva, madre de Marta del Castillo, tras conocer el fallo del juzgado de Menores nº 1 de Sevilla, que ha condenado al menor imputado por la desaparición y muerte de su hija a tres años de internamiento por encubrimiento, quedando absuelto de los delitos de asesinato y violación. Valoraciones aparte, cuando el amargor se ceba qué difícil es retirarlo. ¿Acaso esa familia no merece un descanso? Bastante sufrimiento transigido, ¿no es suficiente? Es deplorable que el sistema judicial se cebe con el doliente.
No se extrañe. Le he repetido hasta la extenuidad los placeres cuaresmales. Olores, sabores y vivencias que intentaré prolongar siempre y cuando usted así lo quiera. Pero la Cuaresma está prácticamente obligada a entenderse con las penurias del día a día. Se preguntará por el título del presente texto, tiene su explicación. Triduos, Quinarios, Septenarios y cualquier otra forma de culto interno o externo de cuantos se celebren en las primaverales tardes pulcramente aromatizadas pierden completamente su valor si se descuidan las necesidades vitales de una sociedad que requiere, más que nunca, del compromiso íntegro. Por desgracia nadie está en posesión de la capacidad que devuelva a esa familia el bien perdido, no obstante sirva como bálsamo para aliviar el desconsuelo una instantánea de la Esperanza de Triana, tomada anoche, en su traslado desde la Real Parroquia de Santa Ana y hasta su Capilla de los Marineros. Valgan los ojos de la Madre de Dios, auténtica fuente de confianza. A esos padres, Esperanza y justicia.
Foto: AG
26 de marzo de 2011 a las 12:28 pm | Enlace permanente
Que a estos sufridos padres,jamás les falte la Esperanza,por mucho que esta justicia tan absurda,anacrónica e incompetente se haya cebado con Marta y su familia.Dios está ahí arriba,al lado está su madre,Ella les bendecirá y protejerá siempre.
26 de marzo de 2011 a las 1:21 pm | Enlace permanente
Y yo me pregunto, sin cuerpo del delito, sin una confesión clara y concisa, con diferentes versiones de todos los imputados en el delito ¿cómo se pretende que se condene a este menor a lo que la familia considera justo? Las cosas no tienen que parecernos mal o darnos pena, las cosas ante la ley tienen que ser demostrables, y el testimonio de lo que una madre supone, por duro que nos parezca, no es imputable como prueba.
Este caso es muy triste, pero también está mediatizado de muy mala manera, incurriendo por parte de la familia y la prensa en aspectos que me resultan poco agradables, por su alejamiento en muchas ocasiones del pensamiento coherente que se le supone a cualquier persona que vive en un Estado de Derecho.