Inverosímil situación

José Antonio Martín Pereira | 2 de abril de 2011 a las 10:27

La de ayer fue una de esas tardes dedicadas al desglose de la trama origen de la antigua Híspalis. Entre tabernas cofradieras y templos, calor de justicia recordando que más pronto que tarde se instalará definitivamente. Siempre grata la compañía de mi buen amigo Manolo Morales, objetivo en mano para colaborar activamente en la galería fotográfica del presente espacio.

Sin embargo, una inverosímil situación acaecida ponía nota disonante al atardecer cuaresmal de la mencionada jornada. Si ya es sorprendente conseguir entrar en alguna de las céntricas iglesias fuera del horario de misa, imagínese hacerlo en cualquiera de sus capillas cuyas rejas desprenden el óxido de la cerrazón. Allí que pasamos con la sana intención de tomar varias instantáneas, destinadas como le decía al archivo visual de un servidor para en un futuro ser protagonistas como ilustraciones de este Blog. Tras efectuar concretamente dos, aparecía el sibarita de turno con su jurisprudencia mindundi.

Fácil lo tendría para concretar detalles de los hechos pero eso me llevaría a pecar de injusto, ya que el iluminado de circunspecto rostro no es poseedor del derecho para manchar con su despotismo a toda una hermandad. Si me lo permite evitaré la exactitud de los nombres, centrándome en los detalles de lo acontecido. Dos fotos, solo dos, y a una distancia considerable de las Sagradas Imágenes merced a extraordinaria capacidad del equipo utilizado (además de la altura a la que se encuentran) fueron razón de molestia para que el visionario personaje nos llamara la atención expresando el siguiente comentario: «una o dos fotos sí, reportajes no se pueden hacer». Con la misma dábamos media vuelta. Los hay que no ablandan la obstinación de su interior ni en plena Cuaresma, y es realmente penoso para usted, que quizás sea hermano de la cofradía y esté en su casa tranquilamente mientras un sujeto confunde responsabilidad con autoridad deteriorando el nombre de su hermandad. De esos por desgracia abundan.

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