Paradojas

José Antonio Martín Pereira | 23 de abril de 2011 a las 22:17

Paradojas de quien sabe qué Sevilla amanecía de distinto rostro. El de hoy volvía a ser un desayuno sin torrijas ni pestiños, al modo habitual, y acompasado por inmejorable compañía cerca de la Casa donde El Cachorro recibe culto. Postrimerías de la Semana Santa más atípica a la que la memoria reciente alcanza, abrazando por ese entonces la Esperanza (de San Gil) de que el guión insistiera en recitar la última línea en San Lorenzo, como de costumbre. No obstante, pausadamente la ilusión desvanecería (por enésima vez) en medio de los cenizosos nubarrones que han venido sirviendo de cadencia a las horas, a la par que crecía el desconcierto del rebaño cuya vista no alcanza al Sagrario.

Entretanto, matutino paseo desde Alfonso XII hasta El Prado, pasando por Laraña, Imagen, Sales y Ferré, Boteros, Alfalfa, Muñoz y Pavón, Abades, Plaza del Triunfo y Avenida de la Constitución. A uno y otro lado, ríos de turistas de chancla y mapa bogaban la barcaza de curiosidades sobre un centro histórico en el que las suelas de los zapatos ausentaban el rechinar al contacto con el asfalto, como si nada hubiese ocurrido, ajenos al desoriente de una ciudad que necesitará de los días para recuperar el pulso y la respiración. Aún quedaban charcos que la lluvia no tardaría en ahondar con el devenir de una tarde que añadió su transitar al nefasto tablón donde se expone el listado de cofradías que no traspasaron dinteles.

Sevilla ha quedado pequeña al abrigo de desconsolados abrazos en la Semana de amargas decisiones jamás imaginada, pero ahora todo es distinto, la Pascua de la Resurrección toca a las puertas para recordar el triunfo del Hijo de Dios sobre la muerte. Su victoria, nuestra victoria, pilar fundamental de la Fe cristiana.


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