Semana Santa 2011: la lluvia

José Antonio Martín Pereira | 25 de abril de 2011 a las 12:25

Lo vería, se lo habrán contado, e incluso ambas cosas a la vez. Han superado la mitad las cofradías que se quedaron sin poder efectuar su estación de penitencia durante la Semana Santa de 2011. Desde la negativa del Polígono en la mañana del Lunes, los números no dejaron de crecer exponencialmente hasta la tarde de un Sábado Santo desprovisto de saetas en forma de cierre. Como novela a medio escribir, de improvisado remate y desagradable sabor que sin embargo bien debiera esquivar el laberinto de la tragedia haciéndonos recapacitar en cuanto al propósito de la verdadera manifestación de fe, es decir, aquella que tiene oportunidad de realizarse los 365 días del año. Los lamentos no cambiarán ni un ápice de lo acontecido, cosa que sí está en posesión de hacer la humildad de la Palabra de Dios, a la que es ineludible acudir para hallar respuestas en la vida diaria. Quizás El que habita en San Lorenzo y no necesita ser nombrado estimara necesario el correctivo en forma de lágrimas de San Pedro por tantos enfrentamientos, banalidades y paganismo agregados a la exposición de creencias que toma cuerpo en una Semana.

Concretamente 27, de 60, fueron las cofradías que lograron alcanzar el frío del mármol catedralicio, haciendo de la ya pasada Semana Santa una de las peores (por no decir la más pésima) a la que la memoria alcanza. Una decepción que echaba su cruz de guía a tierra en la mañana del Lunes como matizaba anteriormente, con la negativa de la Hermandad del Polígono a realizar su Estación de Penitencia. Motivada prudencia a tenor de los incidentes que la lluvia ocasionaba a la cofradía un año antes, que sin embargo no adquirió continuidad en el resto de corporaciones de la jornada, las cuales sí consumaron su salida soportado únicamente una leve llovizna sin efectos a la caída de la tarde.

Las complicaciones llegarían el Martes Santo, atendiendo a las advertencias de los meteorólogos. Predicciones certeras, prácticamente sin errores, que fueron facilitando la tarea a los miembros de las diferentes juntas de gobierno. No obstante, en medio de un Martes aciago en el que hubo cofradías (por ejemplo la de Santa Cruz) que no solicitaron la pertinente prórroga de cortesía para tomar su decisión, dos puntualizaciones nada honrosas ponían nota disonante. De un lado la acaecida en la Parroquia de Omnium Sanctorum con la Hermandad de los Javieres, particularizada en la persona que subía al atril desvelando el resultado de la votación del cabildo de oficiales y con intenciones de poner a la cofradía en la calle bajo el diluvio y la incredulidad de los allí presentes. Afortunadamente (por el patrimonio humano y material) el aguacero arreciaba justo cuando se abrían las puertas del templo imposibilitando la puesta en práctica de la capirotera decisión. De otro lado el lamentable final de jornada que el comisionado de la Hermandad del Dulce Nombre brindaba a la señera cofradía sita en San Lorenzo. Bochornoso espectáculo que esperemos haga recapacitar a quien corresponda en la Plaza Virgen de los Reyes y no quede impune de responsabilidades. Si la corporación ya era un polvorín, después de la impresionante mojada que sufrió su paso de Misterio habrá que estar atentos a las consecuencias.

Así las cosas, el cofrade de paladar selecto saciaba sus ganas poniendo punto y final en la Plaza de San Pedro. Madrugada ya del Jueves Santo que sacaba a la luz nuevamente el excepcional discurrir de la cofradía del Cristo de Burgos en sus últimos compases. A partir de ahí, tocaba redescubrir la Semana Santa de las capillas y paraguas. Ni siquiera existieron opciones reales para que las cofradías que tenían previsto realizar sus estaciones de penitencia desde la tarde del Jueves hasta el Sábado Santo amagaran el intento. La insistente presencia del líquido elemento iba facilitando decisiones en el transitar del reloj desproveyendo a las calles de la ciudad de sus mayores devociones: Gran Poder, Macarena, Esperanza de Triana y Cachorro. Excepciones fueron El Sol y La Trinidad, demostrando inmadurez la primera e irresponsabilidad la segunda (que estrenaba paso de Misterio). Así pues, la lluvia obligaba a la Hermandad de El Sol a refugiarse en la Catedral mientras que la de La Trinidad optaba por regresar a su templo cuando aún no había salido el segundo de sus pasos.

Con este panorama, las escasas vivencias acumuladas en la retina invitan desde el presente a imaginar un Domingo de Ramos que efectuará su nueva puesta de largo en la mañana del 1 de abril de 2012.