Presentado al Pueblo, en la “Calzá”.

José Antonio Martín Pereira | 22 de julio de 2011 a las 10:10

En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. 16 Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. 17 Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: “¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?”. 18 Él sabía bien que lo habían entregado por envidia. 19 Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: “No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho”. 20 Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: “¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?”. Ellos respondieron: “A Barrabás”. 22 Pilato continuó: “¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?”. Todos respondieron: “¡Que sea crucificado!”. 23 Él insistió: “¿Qué mal ha hecho?”. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: “¡Que sea crucificado!”. 24 Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: “Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes”. 25 Y todo el pueblo respondió: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. 26 Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado. (Mc. 15. 6-15  Lc. 23. 18-25  Jn. 18. 39-40; 19. 1, 4-16)

Sevilla entiende la Presentación al Pueblo de Jesús como lo marca el compás del barrio de la “Calzá” (Calzada). A extramuros de extintas murallas y allá por donde la Puerta de Carmona, existía ya un arrabal habitado en tiempos de los visigodos que tras la Reconquista configuró su escenario como lugar de posadas para aquellos que encontraban las puertas cerradas a su llegada a la ciudad. Un barrio que, veinte siglos más tarde, aún sigue siendo testigo cada Martes Santo de la mayor injusticia jamás cometida, la condena al Hijo de Dios.

Escribir o hablar acerca del arrabal de la “Calzá” significa inevitablemente hacerlo de la cofradía a la que éste da nombre. No obstante, cabe apuntar que la Hermandad de San Benito tuvo sus orígenes en la ermita trianera de la Encarnación allá por 1554. Después de diferentes vicisitudes, a finales del XIX la corporación desaparece y no es hasta el año 1921 cuando se reorganiza, incorporándose años más tarde el Misterio de la Presentación, cuya historia se antoja ciertamente peculiar.

Corría precisamente el año 1924 cuando varios miembros de la hermandad encargan el Misterio de la Presentación al Pueblo, incluida una nueva imagen del Señor, al escultor Castillo Lastrucci, estrenándose éste en 1928, al igual que las andas y la indumentaria de los nazarenos, que son las actuales. Para la realización de dicho Misterio, Castillo se basó en dos pinturas realizadas a finales del siglo XIX. Por un lado el Ecce Homo de Antonio Ciseri (1891), propiedad de la pinacoteca del Palacio Pitti de Florencia, de otro el Ecce Homo pintado por Mihaly Mukacsy, del museo Deri de Debrecen. De ambos cuadros tomó detalles que a la postre plasmaría en su obra, culminada insisto en 1928.

Se representa al “Ecce Horno”, Jesús es Presentado al Pueblo por Poncio Pilato. El Redentor es sujetado con una soga por un esclavo negro que lleva además un flagelo. A la izquierda de Jesús, el soldado romano que lo escolta, con una lanza en su mano izquierda y una trompeta en la derecha. Contempla la escena un miembro del sanedrín que porta la sentencia. En la trasera del paso, junto al trono de Pilato, se sitúan Claudia Prócula, esposa de éste, su sirvienta y el centurión romano que porta el senatus.

La conclusión, escrita por sí misma, viene a refrendar el valor de la iconografía vinculada a la representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, tal y como Sevilla lo ha venido gestando a lo largo y ancho de los últimos siglos.

  • Viale Bovio

    El cuadro del Palazzo Pitti es increíblemente parecido al misterio de San Benito. Cuando lo vi en Florencia el año pasado, inmediatamente reconocí el paso. Es maravilloso poder ver una parte de tu ciudad, de tu cultura está en mitad de una de las ciudades más bellas de Italia.