Santa Catalina a la palestra

José Antonio Martín Pereira | 31 de agosto de 2011 a las 8:53

Se divisa el inicio del nuevo curso cofrade y florece el repertorio de temas, con los nuevos estatutos del Consejo de Cofradías como asunto “estrella”. Terminada su redacción, a cargo de la comisión encargada para tal efecto, tiempo existirá para debatir y opinar acerca de ello antes de su aprobación por parte de la asamblea general de hermanos mayores. Mientras esa circunstancia ocurre, Monseñor Juan José Asenjo volvía a situar en la palestra otra de las cuestiones que generan inquietudes entre los fieles de la ciudad, así como entre aquellas personas amantes de la conservación del patrimonio: Santa Catalina.

En este sentido, el Arzobispo de Sevilla explicaba en una entrevista concedida a la agencia de noticias Europa Press, publicada en la jornada del lunes, que la restauración de la cubierta de dicha iglesia parroquial ha significado una obra «muy importante», llevada a cabo de «manera ejemplar», puesto que «antes de restaurar y afrontar los aspectos interiores de carácter casi siempre decorativo, había que arreglar la cubierta, ya que corría el riesgo de desplomarse». Siendo así, el prelado hispalense reiteraba que «Santa Catalina, en estos momentos, no corre ningún riesgo».

No obstante, el proceso de recuperación del templo continúa estancado, a la espera de «afrontar la obra del interior con la colaboración de las tres instituciones, Consejería de Cultura de la Junta, Arzobispado de Sevilla y Ayuntamiento hispalense», según manifestaba. Palabras que han desatado la controversia ya no solo por parte de los detractores de que se destinen subvenciones a los inmuebles de instituciones privadas, sino también desde el sector cuya preocupación pasa por la pronta rehabilitación de una iglesia, levantada en el siglo XIV, que obtuvo el título de Monumento Nacional, por sus particularidades artísticas, en el año 1912.

Así las cosas, hoy 31 de agosto de 2011, son 2671 días de puertas cerradas, de vergüenzas al descubierto, y de un horizonte, tremendamente incierto, difícil de camuflar a base de palabras.