El electoralismo cofrade

José Antonio Martín Pereira | 3 de octubre de 2011 a las 13:23

Acostumbrados estamos, en el país donde cualquiera puede ser encumbrado a la categoría de político, incluyendo aquí las distintas versiones gramaticales de la palabra derivadas de los procesos judiciales, a recibir diariamente un encadenamiento de agasajos en forma de propuestas o falsas verdades encaminadas todas ellas a condicionar el pensamiento o las intenciones de cada cual en momentos puntuales, es decir, cada cuatro años. Así las cosas, la tendencia bien pudiera extrapolarse, dentro insisto de nuestras fronteras, a diferentes ámbitos de las sociedades privadas, sin distinción, dada la repercusión social que otorgan los cargos.

El capítulo de las cofradías por su parte no es ajeno a dicho estado, máxime si se halla inmerso en Sevilla, donde éstas gozan de una dimensión social, cultural, pública e incluso política innegable desde sus orígenes. Queda sin discusión por lo tanto que aquí la figura del hermano mayor, sea de una cofradía con tirón devocional o de una simple Cruz de Mayo, intrínsecamente queda alzada como personalidad notoria, con los efectos que ello implica en cuanto a la participación en numerosos actos y eventos. Luego viene siendo el tiempo quien pone y quita razones en función no ya solo del trabajo desarrollado por los máximos representantes visibles de las corporaciones, sino además por aquellos otros cuya teórica misión circula por mantener trabajo y compromiso bajo una segunda línea menos ostensible e igualmente cargada de responsabilidades. Existen para todos los gustos, en un tema cargado de variables y en el que, analizándolo superficialmente, es fácil caer en la cuenta del por qué de la coincidencia de diferentes candidaturas cuando llega la hora de escoger portavoz.

De lo anterior se deduce, al hilo de tal dimensión cívica y cultural, la tendencia a la decadente gestión de las campañas político-cofrades, derivada de dos factores que a su vez sintonizan desde prismas similares: las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y la prensa morada. La primera premisa dictamina novedosas formas de insinuación a los hermanos, que sin en cambio quedan expuestas al resto de los cofrades, cosa que ciertamente descubre dudas en cuanto a las intenciones (el sentirse protagonista). La idea pasa por presentar candidaturas a hermano mayor por todo lo alto (en salas de hotel incluido) y actualizar la figura por medio de las posibilidades que ofrece Internet, llámese Web personal y diferentes perfiles en Redes Sociales, de manera que todo el contenido de propuestas quede lo más público posible. La segunda tiene que ver con el condicionamiento, según afinidades, al que tratan de inducir distintos personajes dedicados a la información cofradiera. En lo último el tacto y la objetividad quedaron aparcados hace bastante.

En definitiva, lo anteriormente narrado pretende sintetizar, de manera frívola tal vez, el incuestionable método de generar capital social resultado de la permisividad eclesiástica y el afán de notoriedad con el que ciertos individuos usan a las cofradías. Fíjese en la última, un candidato a hermano mayor (cuya publicidad no me corresponde dar) de la Hermandad de la O, que celebrará elecciones el próximo 28 de octubre, regala camisetas con el logo de su candidatura por registrarse en la página Web dispuesta para tal efecto. Vamos sin rumbo, todo sea por un voto.

  • Moravia

    De acuerdo completamente contigo Muñidor. Aquí la Delegación de Hermandades y cofradías del Arzobispado debería poner pie en pared e impedir estas vergonzosas manifestaciones de laicismo ramplante. Que ésto no es un club de futbol ni una comunidad de vecinos. Que aquí damos culto a Cristo, y si Éste volviera ahora mismo, nos echaba del templo como a los cambistas. A veces me da miedo el poder social que las cofradías tienen en Sevilla.